«Tu vida parece ser repetitiva, pero nadie sabe realmente qué podría pasar mañana»
7. En el día libre.
Incrédula a lo que acababa de escuchar, Sakura tuvo que tomar asiento antes de que sus rodillas flaquearan. De la nada se sintió bastante acalorada y con aquella sensación caliente empezando a bullir en su pecho.
Era algo idiota de su parte, después de todo, ella debía sentirse aliviada, pero le resultaba dificil procesar con rapidez aquella información.
Kakashi estaba como si no hubiese dicho nada, mientras picaba una carne para almorzar en el fregadero, y fue Gai quien corrió a la velocidad de la luz de vuelta a la cocina, por un vaso de agua para ella.
—¿Por qué parece que vas a desmayarte, pelo de chicle? —inquirió Genma. Asaba trozos de carne en la briqueta.
—Está en shock, imbécil—salió Asuma a su defensa.
Ella lo miro a su lado y trato de sonreír, mientras las comisuras de su boca no se movieron, luego volvió a mirar la espalda del Hatake que seguía muy concentrado en su labor.
—No sé qué decir —murmuro.
—Siéntete aliviada ¡No ha pasado nada!
Gai apareció con un vaso de agua. Sakura dio sorbo y un sabor muy dulce invadió su paladar.
—Es que no puedo creerlo… Yo… ¡Ni siquiera podía dormir!
Un cuchillo se clavó con fuerza en la madera y todos volvieron a ver al capitán que tranquilamente lavaba la carne. La pelirosa trato de no concentrarse en su comportamiento decidió que era mejor rememorar las palabras que salieron de su boca: Tu compañero escapó.
—De cualquier modo, es la información que se maneja. —dijo Tenzo, traía cargado en ambos brazos varios kilos de maíz —Esta mañana llego a Konoha el memorándum oficial de los comandos de Sur, lo encontraron en la frontera inconsciente. Está en coma en el Sur.
Sakura se terminó de un trago todo el almíbar dulce que había traído el sargento Gai, y se sintió un poco más despierta, pero aun así veía imposible —además de preocupante— que Aoki haya sido encontrado en la frontera Sur aún vivo, pero en coma. Ella se preguntaba qué sería de él ahora, cómo sería su estado. Ella sabía que él tenía familia, posiblemente hijos, quien sea que tuviese estaría loco y desesperado buscando por él. Agradecido por verlo vivo, asustado por encontrarlo en ese estado.
¿Así también estarían Sasuke y Naruto? ¿O ya habrían dejado de buscarle?
—¿Y cómo saben ustedes de eso?
El peliplata dio un gruñido extraño y arranco la toalla que estaba tendida en la cuerda, para luego marchar hasta dentro de la casa en grandes zancadas.
—¿Quieres que vaya a estregarte la espalda, cielito? —dijo Genma sonriendo de lado.
—Acércate a la puerta del baño y te meto una bala en las pelotas.
Asuma se carcajeó, y la cara de enojo que puso Tenzo no parecía nada normal. Kakashi entro a la casa azotando las puertas de papel con fuerza.
Así mismo, Genma siguió en lo suyo y aquel asunto murió, pero el teniente se aproximó hacia el lugar bajo el árbol donde estaba ella y en sus ojos, Sakura lo vio dispuesto a continuar la otra conversación.
—Tenemos amigos, en Konoha—dijo—. Sospechamos que esa información nunca llegara hasta acá.
—¿Por qué?
—El Sur lo reporto como un suceso incidental, pues atraparon a varios extraños armados recorriendo la frontera.
Sakura se estremeció.
—¿Los enmascarados que me buscaban?
El castaño suspiró y miró algo por encima de la cabeza de la mujer, hacia el follaje del árbol.
—Eso creemos. El problema es que ellos tienen documentos oficiales que los respaldan, y contradicen lo que reportamos el capitán y yo. Eso quiere decir que o de verdad estamos equivocados, o alguien de arriba los está protegiendo.
Sakura se levantó de golpe. Toda esa cosa sonaba a conspiraciones sacada de alguna película de espías, sin embargo, ella ya estaba metida en ese lio desde cruzo la frontera. Su vida completa se convirtió en uno de esos thrillers de la noche a la mañana.
—¿Ustedes están metidos en problemas? —preguntó con la voz mas bajita de lo que hubiese querido.
Asuma colocó una mano en su hombro, extrañamente reconfortándola. Solía hacerlo desde que lo conoció.
—No por ahora —continuó Tenzo—. Tenemos un par de ojos encima, pero nada que debamos preocuparnos en este momento.
—El capitán quería que supieras que tu amigo escapo. Es todo —Dijo Gai.
Sakura aun lo encontraba fuera de lugar. No podía decir que estaba no estaba aliviada, porque, aunque sea un poco, lo estaba; pero todo ese asunto solo ponía más zozobra en su corazón.
—¿Sabrán de mí? —los ojos de todos se pusieron en su persona— Quiero decir, si los atraparon, alguien más arriba de ellos podría saber de mí.
El castaño se tumbó en uno de los pequeños troncos que servían de asiento bajo el árbol y comenzó a liberar los maíces de la bolsa. Entonces dijo:
—No creo.
Y con ello dio por sentada la conversación, y todos volvieron a los deberes de un día libre, pero Sakura miro sus ojos, perdidos en la tarea delante de él, y estos gritaban Si creo.
Sakura guardó silencio, y se sumó a los muchachos a pelar en maíz.
-o-
Cuando Kakashi salió de la habitación, se sintió fresco y relajado. Luego de una ducha de agua fría, su mente siempre se aclaraba lo suficiente y su humor cambiaba un poco. Y era algo que necesitaba urgentemente.
Todo el asunto de la noche a la mañana había dado otro vuelco descontrolado. En un momento estaba intentado conseguir la ocasión precisa para sacar a la mujer del país, y al siguiente estaba pensando en una conspiración de espías. Era impensable y difícil de imaginar, pero sin quererlo terminó metiendo muy profundo su nariz en el asunto.
Ellos no saben que ella esta aquí, se repitió. No podían saberlo. Lo que sea que los intrusos del arrozal hayan dicho en el Sur, estaba seguro que no tenia nada que ver con la mota rosada que estaba en su patio. Sakura para ellos —y lo que sea que estuvieran haciendo cuando la secuestraron— debía ser un grave error que no tardarían en buscar por su cuenta. Y si bien, ahora tenía los ojos del mayor encima y todavía no logra descifrar el por qué del interés desmesurado en él, tener a la sureña en casa aun no era un riesgo.
Podrían no encontrarle nunca, pensó, puesera una frontera muy amplia y peligrosa. Animales salvajes, alimañas ponzoñosas, minas en quien sabe dónde. Ella podría nunca aparecer. Kakashi rogaba que ellos dieran el asunto por perdido, por lo menos por ahora.
Entonces tenía aproximadamente veinte días para devolverle al sur sana y salva.
Sacudió la cabeza mientras se secaba el cabello. Estaban en un lio muy grande, y lo único que podía pensar era en devolverla segura a su país, como si aquello no representara un riesgo enorme, como si la única consecuencia de tenerla allí fuese la seguridad propia de aquella mujer. ¡Sus camaradas también se estaban jugando el pellejo en eso! Su propia vida estaba en juego… Y él solo pensaba en sacarla para salvarle de quien sea que quisiera ajustar cabos sueltos.
¿Por qué tenía que encontrarte, Sakura Haruno?
Los hombros le dolían por la tensión acumulada, solo quería acostarse a dormir todo el día mientras pudiera sin tener molestias de nadie. Acostarse en su cama, no en el piso como un animal.
Las risas y bromas venían del patio trasero y el peliplata ni se molestó en poner orden. Hacía mucho tiempo desde que los muchachos no disfrutaban de un día completo de descanso y no sería él quien pusiera un alto. Estaban extrañamente felices, incluso Tenzo quien era el más serio de todos, soltó un par de risas, así que los dejaría con la forastera todo lo que pudiera siempre y cuando no causaran problemas. Y aunque le molestaba oírla hablar de los lujos del sur, prefería oírla reírse que llorar como sucedió un par de noches atrás, o gritar como lo hacía en pesadillas.
—Por lo menos es entretenida…
Los golpes en el portón principal llamaron su atención. Y luego de asegurarse que las puertas que daban al patio estaban cerradas, tomó la camiseta que tenia en la silla y salió al frente a abrir la puerta.
Odiaba las visitas cuando estaba solo, las odiaba aun mas cuando tenia compañía. Aun así trato de verse imperturbable cuando abrió los portones.
—¡Oh! ¡Kakashi-kun!
Hanabi apareció delante de él y en cuestión de segundos lanzo sus brazos a su cuello. Su cabello rojizo se agitó delante de él y Kakashi trato de despegársela lo más rápido posible.
—¡Suéltame! —exigió deshaciendo su abrazo.
—No sabía que estarías en casa, Kakashi-kun, de ser así hubiese venido más dispuesta.
Sus mejillas se tiñeron de un suave color rojo.
—¿Qué haces aquí?
—Viene a hablar con la mujer esa. Necesitamos ayuda con lo del festival.
El jodido festival.
El día anterior Sakura le habia hablado sobre la curiosidad que sentía la gente del pueblo por ella y como le querían presionar con la obligación del festival, y aunque se lo prohibió —y Sakura no le comento— él estaba seguro que por la tarde ella si asistió. Nada más la podía tener tan molesta anoche.
—Sakura.
—¿Eh?
—Se llama Sakura—corrigió.
Le vio torcer la boca en un gesto desagradable.
—¡Como se llame! No puedes obligarme a tratarla como si fuera mi amiga —hizo un gesto con la mano— Y ya se lo dije.
Los ojos del peliplata se abrieron como platos.
—Por favor, cállate, Hanabi —le interrumpió el Hatake. Imposible que su humor tranquilo luego de una buena ducha viniera a ser arruinado de ese modo— Deja de decirle cosas.
—Pero es que tu… ¡Ni siquiera me dijiste que estabas casado! Y aparece ella de nada y yo…
Sus ojos se entristecieron repentinamente y Kakashi se vio moralmente obligado a dar una explicación. Había cosas que de verdad no soportaba, y entre eso estaba tener que dar explicaciones, rendir cuentas personales era casi un castigo para él.
—Tu nunca me lo preguntaste.
Ella parpadeó un par de veces intentando asimilarlo.
—Es que tu… ¡Ni siquiera usas un anillo! ¡Nunca hablaste de ella! Es como si no estuvieras casado, o tal vez no la quieras…
Kakashi se rasco la nuca incómoda, las mujeres a veces eran un verdadero problema. Emocionales, impulsivas, frágiles, y sobre todo enamoradizas. Él no necesitaba una mujer apegada tras él, mucho menos en el enorme problema que poco a poco empezaba a envolverlo.
Ella le miraba con sus grandes ojos caramelos, cual cachorro regañado fuese. Y el peliplata abrió la boca para contestarle, listo a cortar de raíz el asunto, cuando sintió una mano enroscarse en el hueco de su codo.
—Un gusto verte, Hanabi-san— saludó Sakura que apareció de la nada y se pegó a su costado mientras se aferraba a su brazo—¿Qué te trae por aquí hoy?
El capitán se sintió repentinamente nervioso. Toda la tristeza se esfumo en segundos de los ojos de Hanabi y fue reemplazada por algo que no podía ser más que pura ira.
—Las mujeres quieren que vengas a ayudarnos esta tarde, de nuevo— dijo. Tomó en sus manos un mechón de su largo cabello rojo—. Les dije que no eras necesaria, pero insistieron.
Kakashi intentó hablar de nuevo, pero el agarre de su brazo ejerció más presión.
—No creo poder. Kakashi y los muchachos están en su día libre — posó la cabeza contra su hombro—. Debo quedarme a atenderles. Ya sabes como son los hombres de inútiles.
Hatake carraspeó incómodo. Podía sentir la electricidad flotando entre ambas, casi como si se dispararan rayos con la mirada. Estaba experimentando el enorme impulso de darse la vuelta y dejarlas a ambas ahí resolviendo sus problemas e indirectas.
Incomodo es poco.
Volvió a rascarse la nuca.
—Oh, esta bien. Como dije, no eres tan necesaria—entonces miró a la pelirosa directamente a la cara—. Eres bastante inútil, la verdad.
Tengo que parar esto.
—Mis manos son para salvar vidas, así que poco puedo hacer en banalidades. Mis disculpas.
Antes de que Kakashi pudiera intervenir nuevamente, Sakura ya estaba tomando el picaporte de la puerta y despidiendo a Hanabi ferozmente con la mirada. Kakashi le dejo hacerlo, tenia un punto a su favor, así podía quitársela de encima sin tener que rendirle cuentas por ahora, y Sakura se mantenía alejada de las concentraciones del pueblo por un rato más.
Sin embargo, mentiría si dijera que no sintió un poco de pena por Hanabi cuando vio la ultima mirada que ella le dio, con aquellos ojos tristes de cachorro. Sakura cerró la puerta tras la mujer, mientras toda el aura sombría se disipaba con velocidad, y su cara volvía a la normalidad.
—¿Qué? —dijo cuando lo miro a la cara
—Nada—él atino a responder
—Ayer fui a ayudarles, olvidé mencionarlo anoche.
Bastante molesta como para olvidarlo.
—Está bien—se rasco la nuca. Repentinamente empezaba a entender un poco el humor de perros que traía la noche anterior.
Ella asintió levemente y comenzó a caminar de regreso al patio por los pasillos laterales de la casa. El capitán se quedó unos pasos atrás mientras le seguía.
—¿Pasó algo ayer?
Sakura se detuvo a mitad de camino. Desde donde estaban, escuchaba la risa escandalosa de Gai.
—No. Todo estuvo bien—contestó mientras ajustaba algunos mechones rosas tras su oreja.
—¿Sin preguntas incomodas?
—Tampoco.
Kakashi quiso presionar más, pero algo en sus ojos agudos se lo impidió.
Ella siguió caminando como si nada hubiese pasado hasta llegar a la sombra del árbol donde Asuma y Tenzo le esperaban con bolsas de maíz sin pelar. El peliplata tomó asiento en el piso bajo la sombra del techo, donde casi inmediatamente Genma empezó a hablar de lo que sea que estuviera haciendo. Cuando Kakashi quiso empezar a prestarle atención, los ojos color jade se toparon en con los suyos a la distancia.
—Mas tarde deberíamos hablar—le dijo.
Todos la miraron como si sus palabras estuvieran fuera de lugar. Pero el peliplata las asimiló rápidamente y asintió como confirmación, para luego continuar escuchando el monologo de su sargento.
La mirada que le dio con sus grandes ojos verdes, le decía claramente que lo que sea que quisiera decirle era algo importante, o por lo menos para ella. Kakashi sintió que si bien había evitado darle explicaciones a Hanabi, tendría que rendirle cuentas a Sakura.
-o-
Cuando la tarde llegó, y la lluvia vino con ella, todos se encontraron dentro de la pequeña casa dispersos en cualquier rincón en sus asuntos. Sakura se percató de que era la primera vez que los tenia a todos juntos por tanto tiempo. Si bien había pasado bastante rato con todos —a excepción del teniente Tenzo— solía hacerlo por partes. Gai y Genma en la mañana, Asuma y Kakashi por la tarde, era casi como una religiosa rutina que adoptaron naturalmente siempre y cuando sus obligaciones se lo permitieron.
Era divertido verlos interactuar entre ellos.
—¿Hoy no hay telenovela, Gai? —preguntó Asuma desde la cocina mientras pelaba unas mandarinas.
Gai, que estaba haciendo flexiones junto a la ventana se levantó inmediatamente. Los ojos grandes y llorosos.
—No—dijo con voz quebrada—No me alcanzo el dinero para eso.
Sakura se extrañó de sus palabras.
—¿El dinero? —preguntó.
—Si. Veras, Gai compra las telenovelas en CDs de contrabando y los ve en el puesto de vigilancia cuando tenemos turnos.
Sakura se carcajeo fuertemente ¡Vaya ocurrencia!
—¡Y no me alcanzó para comprar los últimos capítulos! —gimoteó.
—¿Y Kakashi permite esto? —pregunto devuelta ella.
El aludido solo resopló, como si estuviera enojado y abrió la puerta del patio trasero.
—Sempai, ¿A dónde vas? Está lloviendo muy fuerte.
—Tenzo-kun, deja que tu papá salga a hacer lo que quiere hacer —se burló Asuma.
—No sabes que los lobos no soportan estar encerrados —continuó Genma.
—Está haciendo frio, te vas a enfermar y no voy a estar cocinando sopa para enfermos toda la semana ¡Estas avisado, mi estimado rival!
No hubo respuesta del Hatake, pero tampoco llego a sus oídos el chirrido del portón, por lo que todos continuaron en sus asuntos y dejaron que Kakashi hiciera lo que quería hacer en el patio. Sakura continúo mirando la puerta corrediza por donde había salido, hasta que el sonido de la radio le distrajo.
Genma la había encendido y ahora se escuchaba una música extraña distorsionada por los ruidos usuales del envejecido aparato.
—Tú le ves así de rígido, pero Kakashi-sempai es muy permisivo con nosotros —dijo Tenzo.
Estaba mirando el mismo punto en la puerta que la ojiverde antes estaba observando. A ella le pareció que Tenzo —quien lucía mucho más joven que todos ahí— tenia en la mirada algo por Kakashi que ella antes no había notado. Era un chico introvertido, de carácter aparentemente imperturbable, y que poseía una enorme autoridad sobre los demás, a diferencia de Kakashi, pero sus ojos de caoba, se suavizaban un poco cuando se dirigía a su capitán o acerca de él.
—Lo imagine. No cualquier capitán traería a sus subordinados a pasar su día libre en su casa.
—Eso es correcto, pelo de chicle—una de las sillas a su lado se movió cuando Genma tomó asiento—Kakashi-kun podría meterse en muchos problemas por nosotros, pero siempre está intentando cubrirnos.
—A estas alturas, yo diría que somos algo más que sus amigos.
Sakura entendía lo que Asuma quería decir, ella lo entendía perfectamente.
—Kakashi no es solo mi estimado rival… Todos somos algo así como una familia.
Naruto, Sasuke… Ellos no eran sus simples amigos, también eran una familia.
Naruto era la persona más humanamente hiperactiva, y Sasuke era jodidamente silencioso, ella misma era una bomba explosiva, y aunque eran completamente diferentes, encajaban perfectamente en la vida de los otros dos. Sakura sabia que su compromiso con Sasuke se rompería de un momento a otro, pero ella aun tendría a quien llamar cuando quisiera que le escucharan, y aunque corriera mil veces a Naruto de su casa o trabajo, siempre iría a buscarlo cuando las cosas se ponían rudas… ¿Por qué así eran las cosas no? Eso es lo que la familia hacía.
—Ya sabes, pelo de chicle —dijo Genma—, la familia no siempre es la familia. A veces los amigos son familia, a veces tus camaradas son tu única familia.
Sakura tragó el nudo de su garganta y asintió.
—¿Tienes familia, Sakura?
La pelirosa miro a Asuma y tomó la mandarina que le ofrecía. Y aunque sabia a que se refería, tardó unos segundos demás en encontrar las palabras que estaban tan atascadas en su pecho desde que llego ahí.
—Si. Tengo un hermano, y él es literalmente un remolino. Es vibrante y viste de naranja casi siempre. Extraño sus llamadas para darme los buenos días. O las visitas de sorpresa para almorzar. Nuestras peleas…
Su corazón se estrujo ligeramente. No se sintió cohibida cuando se percató de que tenía los ojos de todos encima. En cambio, continuo:
—Y también esta mi prometido. Era mi amigo desde hace mucho… y es tan silencioso, ¡Ni Kakashi puede igualarlo! Cuando le veo, puedo pasar horas y horas hablando de la misma cosa y sé que me escuchara pacientemente…
Era increíble como el ánimo cayo drásticamente entre los presentes.
Sakura tomo un gajo de mandarina y se lo llevo a la boca para pasar el sabor amargo que le dejaron sus propias palaras. Las cosas sonaban muy diferentes en su cabeza, decirlas dolía más.
—¿Y ustedes tienen a alguien más? —pregunto intentando sacar de si la atención.
—¡Asuma está casado! —exclamo Gai como si aquello fuese la noticia de moda.
Sakura miro al de la barba que sonrió discretamente.
—Eso es noticia vieja—se excusó— Ya tenemos un año juntos.
Vaya, entonces hasta estos hombres saben sentar cabeza.
—¿Cómo es ella? —pregunto curiosa.
El teniente y Genma se perdieron en la cocina y Gai volvió al ejercicio.
Asuma medito por un momento, con la mano en la barbilla pensativo.
—Ella es ruda. Ya es capitana de su propia unidad. Esta en las provincias del este.
—¿Y no quieres estar con ella allá?
—Tal vez, pero no por ahora. Mi puesto esta acá. Y estamos bien como estamos.
Ambos debían confiar mucho mutuamente y Asuma parecía un buen tipo.
Sakura le sonrió sin saber que más decirle y se levantó hacia el librero. La verdad es que quería preguntarle por Kakashi. Su naturaleza curiosa no podía dejar de traer a su mente los fragmentos del pequeño diario, pero tal cual lo encontró y se tomó el abuso de leer, no podía preguntarle a él o a sus amigos sobre ello.
Buscó entre todos los textos que acomodó y limpió hasta dar con la pequeña novela sin cubierta que bien conocía, lo abrió en una de las partes que más le gustaba.
—¿Qué es eso? —dijo Asuma.
Sakura se devolvió a la mesa, libro en mano.
—¿El qué? —los otros hombres venían de la cocina con un plato de maíces hervidos.
Sakura tomó gustosa lo que le ofrecían.
—¿Esto? Es un libro que encontré mientras limpiaba.
—¿En el librero de Sakumo-sama? —preguntó Shiranui jugando con un palillo de dientes entre sus dedos.
Sakura lo miro confundida.
—¿Eh?
—El librero del papá de Kakashi—aclaró— Esta es la casa de los padres de Kakashi, por eso, pensé que todos los libros eran cosas de historia militar o cosas así. Tendrían décadas sin tocarse.
La única mujer miró el libro entre sus manos. Si bien estaba bastante usado y deteriorado, ella no creía que tendría décadas ahí estancado. No se veía tan antiguo como el resto de los libros, y Sakura —que aun conservaba su ejemplar— estaba segura de que no podía ser un texto tan viejo.
—Él lo dijo una vez—interrumpió Gai—todos los libros que están allí eran de su padre. No le gusta que los toquen.
—Supongo, si—concedió y se llevó un maíz a la boca y luego hablo de nuevo: — Lo devolveré a su lugar antes de que se percate.
Ella miro por la ventana, ya había parado de llover, y Kakashi tenía mucho rato que había salido al patio, pero nadie allí parecía preocupado por no verlo entrar. Sakura metió el libro en el bolsillo de su sudadera y se levantó, rumbo a fuera de la casa.
Cuando descorrió la puerta, se encontró con un patio completamente destruido.
Los asientos de pequeños troncos de madera habían sido movidos por completo de lugar, la mesa de madera estaba volteada contra la pared, y bajo el gran árbol y debajo de fregadero había numerosos agujeros llenos lodo. ¡Incluso los arbustos de flores silvestres habían sido arrancados de raíz! El desastre que haría un perro mal domesticado.
Un lobo salvaje.
Kakashi estaba sentado en el pequeño piso de madera, en la esquina más alejada bajo el techo. Su cuerpo cubierto de pies a cabeza con tierra y lodo como si se hubiese revolcado en cada uno de los hoyos, mientras temblaba un poco y se aferraba a una pala fangosa.
—¿Qué demonios…
—Ni una palabra— le silenció con autoridad. Sus dientes castañearon al terminar la frase.
Sakura le ignoró.
—Eres como un animal salvaje.
El árbol escurría gotas desde sus ramas que se unían al pantano de fango en el suelo. Kakashi se sacudió su melena plateada, dándole más razón a Sakura y de paso salpicándole algunas gotas.
—Un perro salvaje—volvió a decir. No podía parar de ver como el patio se había convertido en un campo de guerra.
Él soltó la pala en el barro, se levantó y caminó hacia ella hasta confrontarla, como si sus palabras le resultaran ofensivas.
Es la verdad, se convenció la pelirosa. Así que fijo bien los pies en la madera humedecida y le miro a la cara frunciendo lo mejor que pudo el ceño.
—Con permiso—dijo planamente y le aparto de la puerta como si ella fuera una muñeca de trapo.
La mujer escuchó la exclamación general de los hombres dentro del salón y momentos después escuchó el agua caer en el baño.
¡Santo Dios! Todavía no entendía con que clase de loco estaba viviendo. Un día Kakashi era frio y calculador, y al siguiente era cálido y empático. Hoy había hecho un voto de paz y silencio y mañana estaba destrozando el patio en algún arranque de locura.
Sakura se rascó la cabeza desconcertada.
Ni la lluvia le había detenido. Como mínimo esperaba encontrarlo acurrucado en el piso de madera feliz de poder evitarlos, no esperaba verlo enlodado y con una mirada de satisfacción.
—Él no está muy cuerdo que digamos ¿verdad? —le dijo a Tenzo que fue el primero que se aventuró ver el fruto del desastre.
—No mucho—dijo convencido—. Ha hecho cosas peores, quiero decir.
—¿Debo temer por mi vida?
—No lo creo. O bueno, no por ahora.
Inmediatamente los otros hombres aparecieron para admirar la obra de arte de su capitán.
Asuma estaba en silencio, Gai se preguntaba qué rayos pasaba por la mente de Kakashi, y Genma soltaba maldiciones porque estaba seguro que ellos tendrían que arreglar eso.
Cuando Kakashi salió del baño a los minutos, Sakura estaba en el pórtico con los muchachos observando el cielo encapotado. Habían acordado que nadie mencionaría nada a no ser que él lo hiciera. Sakura no estuvo muy de acuerdo con esto, sentía que rendirse bajo los arranques emocionales de Kakashi no era realmente su estilo asertivo de luchar con las cosas, pero sus amigos —familia— insistieron en que debía ser así.
¿Y qué más podía hacer ella? Después de todo, era su casa.
—Ya son casi las seis— dijo asomándose por la puerta principal—. Váyanse.
Todos se pusieron firme casi instantáneamente. El peliplata y Tenzo intercambiaron una mirada rápida.
—¡Si, mi capitán! —exclamaron al unisonó.
Luego de eso mientras todos salían de la casa, Sakura escucho a Genma y a Gai gritar en conjunto: —¡Gracias por recibirnos en tu casa, señora Hatake!
Sakura cerró el portón con fuerza excesiva. Esperaba tener un poco más de confianza con ellos y darles una golpiza. A Kakashi no pareció molestarlo, solo volvió a la casa como si nada, y cuando su esposa ficticia cruzo el umbral, le encontró intentando ordenar la sala.
La pelirosa lo tomó como una señal discreta y le ayudo en esa misión. Entonces mientras apilaba los platos en el fregadero, decidió que era hora de hablar.
—¿Kakashi-san? —le llamo respetuosamente.
El apareció en la puerta de la cocina, con una bolsa de cascara de mandarinas.
—Deberías decidirte, no puedo ser un perro salvaje y al siguiente Kakashi-san. Decide como quieres tratarme.
Mira quien habla, pensó Sakura con molestia, pero respiro profundamente para calmarse: —¿Podemos habar?
Era la frase trillada que utilizaba con Sasuke cuando sabía que debía hacer un reclamo, más sin embargo, haría una excepción esta vez con él. Ella no era nadie para hacer reclamos en la vida de ese estoico capitán.
Hatake se arremango las mangas de su sudadera verde oliva y se aproximó a Sakura con la clara intención de ayudarle con los platos, ella le dio espacio en el pequeño fregadero y empezó a enjabonar para que él secara.
—Ayer fui a la preparación del festival —Kakashi asintió—. Esta muy bonito. Las mujeres de consejo comunal se esfuerzan.
—Es de los pocos eventos que permite el Estado. Quieren lucirse.
Sakura asintió y tomó otro plato.
—Y hable con esa mujer.
El peliplata tomo un gran suspiro de aire. Sakura se decidió.
—¿Por qué no me dijiste que estabas con alguien? Quiero decir, no a mí, sino ¿Por qué me presentaste como tu esposa si ya tenías a alguien aquí? No le hablaste de mí, tu no…
—¿Por qué tendría que hacerlo? No estoy con nadie, ni aquí, ni en ningún lado. Y si lo estuviese, no podría hablarle de ti.
—¡Pero dijiste delante de todos que soy tu esposa! —exclamó— Y esa mujer me dijo, que no estaba amenazada.
—Lo que paso con ella, fue hace algún tiempo— Sakura notó como su voz sonaba un poco más alta que de costumbre—. Y ya no pasa, ni pasara nunca más.
—Cuando regresaba a casa, había mujeres mirándonos. A ella y a mí. Susurrando cosas —trató de mantener su voz lo más calmada que pudo.
—La gente siempre hablara.
—No soy nadie para decirte con quien estar y con quien no, pero mientras yo esté aquí y tenga que interpretar este papel, procurare hacerlo lo más creíble posible. Así que si hay algo más que debería saber…
El peliplateado sostuvo un plato en sus manos, secándolo más de la cuenta hasta hacerlo rechinar.
—A la gente le gusta hablar. Ten en cuenta que eres nueva en este pueblo, llamativa, bonita, no luces y no actúas como nadie de aquí. Siempre van a hablar.
Sakura continuó con las manos en el agua jabonosa y sus dedos ya empezaban a arrugarse.
—No, no hay nada más que debas saber.
Eso dio por sentada la conversación. Y si se lo preguntaban, mientras Sakura continuó en silencio limpiando el hollín de las ollas, pensó en que estaba bastante de acuerdo con él. Mas allá del resentimiento personal que estaba sintiendo Hanabi contra ella, habría muchas otras personas que le mirarían con desprecio. Ella era la forastera en estos momentos, la recién aparecida esposa del capitán Hatake, que no era aparentemente buena para nada y no cumplía con los estándares para las mujeres allí.
Ellos eran una sociedad muy conservadora, lo notaba a leguas, y le costaría montones poder adaptarse, aunque sea un poco en los días que tendría que estar allí.
Kakashi no parecía tan conservador como ellos. Por lo menos era lo suficiente cortés para ayudarle a limpiar los platos que también ensucio. Solo que no estaba lo suficientemente cuerdo como para dejar ileso su propio jardín.
Él terminó de secar la última olla y se recostó contra la encimera. La mujer sintió sus ojos encima.
—¿Qué pasa? —preguntó.
Vertió los restos de comida contra la cesta de la basura y cerro el grifo.
—Dijiste que te vas a casar —le dijo.
Sakura se quedó la boca abierta, no esperaba esa pregunta.
¿Lo dije?
—Si, algo así.
—¿Qué paso con el anillo?
Él le lanzo el paño de cocina y ella se limpió delicadamente las manos, miró su propio dedo anular vacío.
—No hay anillo —le respondió— Soy cirujano. Las prendas en las manos son un poco peligrosas. Así que no uso anillos, y recortó mis uñas contantemente— sintió su cara comenzar a calentarse por rubor.
El hombre asintió convencido.
—Mi madre no usaba anillo de matrimonio—dijo, su voz suave como si hablase de una reliquia—. O así lo recuerdo. En aquellos tiempos el estado no permitía que las personas usaran prendas. Todo lo de valor debía ser entregado a las autoridades para recaudar fondos para el ejército.
Sakura esperó un poco más, pero la mirada del hombre se perdió en algún punto de la habitación y luego caminó fuera de la cocina. A Sakura le costaba mucho saber cuándo Kakashi daba por terminadas las conversaciones.
Ella salió tras él, y se sentó en la mesa a no hacer nada en específico. Kakashi fue al cuarto y en instantes regresó y se sentó frente a ella. Un silencio cómodo llenó el vacío entre ambos. La ojiverde sintió el libro en su sudadera.
—Encontré esto en el librero ¿Puedo leerlo?
Kakashi parecía estar a punto de decir algo, pero cerró abruptamente la boca, y asintió casi obligándose a ello. La mujer dio un suspiro interno, por lo menos estaba haciendo las cosas bien. Y aunque se sentía incomoda bajo la mirada de Kakashi, abrió el libro en una parte que le gustaba y se dispuso a buscar un pasaje para leerle.
Uno bonito, hablaba sobre decisiones y destinos. A ella le parecía inspirador.
—Aun así, mi padre le dio un anillo.
Sakura se detuvo en la lectura. Kakashi estaba mirando un punto en la madera desgastada.
—¿Y qué pasó? — le insto a continuar.
El sonrió débilmente.
—Ella no quería ponérselo.
Sakura sonrió levemente de vuelta. No creía que cosas como esta lograran sacarle ese tipo de gesto al hombre.
—También le dio uno de matrimonio—continuó—pero él era un soldado, no podía usarlo aun si quisiera hacerlo. Así que nunca lo hicieron.
—Eso es tan triste…—antes de que pudiera percatarse que lo que decía, su boca ya había soltado las palabras.
—Supongo, no lo sé. Al final, la prohibición fue abolida, pero mi madre ya había muerto. Padre murió un par de años después. Yo aun era un niño, pero recuerdo que hablaba siempre eso.
Sakura el nudo de su garganta empezar a formarse. Últimamente se encontraba mas emocional que nunca.
—¿Y qué paso con los anillos?
Trato de mirar las paginas descoloridas del libro y concentrarse en eso, era mejor que mirarlo a él.
—Nadie podía encontrarlos o habría muchos problemas, entonces mi madre decidió enterrarlos.
Sakura levanto el cabeza tan rápido que su cuello debió doler, pero no le dio importancia. Ahí delante de ella, el hombre le estaba mirando fijamente. En el punto descolorido de la mesa, Kakashi había colocado un par de alianzas de matrimonio doradas, que brillaban y que la mujer juraba que continuaban brillando aun cuando la luz se cortó en ese preciso instante.
—¿Qué…
—Si vamos a interpretar este papel, es mejor que lo hagamos bien.
¡Muchas gracias por leer!
