Capítulo 15
Sakura no pretendió espiar cuando salió al pasillo y fue hasta la escalera a fin de encontrar a la doncella para que le trajeran un poco de agua para Sasuke. Sin embargo, cuando escuchó voces en el vestíbulo se acercó a mirar desde lo alto de la escalera, en un lateral donde la luz era más tenue y podía pasar desapercibida.
En un principio temió que fuera lady Brooks, sin embargo cuando vio a la señora Graves y a lady Senju junto a un hombre, su inquietud menguó. Pensó en darse la media vuelta y volver con Sasuke, pero una palabra llegó hasta sus oídos y la hizo parar. ¿Ese hombre era el hermano de Sasuke? A partir de ahí todo lo que escuchó hizo que se le encogiese el corazón, especialmente cuando la señora Graves contó un suceso terrible de la niñez de Sasuke. Se imaginaba a ese niño que acababa de perder a su madre, sin el afecto de sus hermanos y con un padre brutal a raíz del relato del ama de llaves y solo podía sentir rabia hacia esas personas y un dolor intenso por lo que tuvo que pasar Sasuke.
Al ver a Daisy salir de una de las habitaciones recordó por qué había salido en un principio y después de pedirle que le subiera un poco de agua volvió a la habitación junto a Sasuke. Al entrar le vio moverse, agitado, mientras articulaba una serie de palabras que no llegaba a entender.
No pudo llegar a él antes de que en un movimiento espasmódico tirara una taza vacía que había en la mesilla junto a la cabecera de la cama. Sakura ni siquiera se molestó en recogerlo. Se acercó rápido a él, intentando tranquilizarle. Le tocó la frente y notó que la fiebre que parecía haberse estabilizado durante unas horas había vuelto a subir con virulencia.
—Tranquilo, Sasuke —dijo Sakura intentando sujetarlo.
Mojó el paño en la palangana y se lo puso en la frente, a pesar de las protestas cada vez más débiles de Sasuke.
Daisy abrió la puerta y entró con el agua. Cuando vio la situación se quedó parada.
—Señorita Haruno, me ha llamado la señora Graves para decirle que debe salir de la habitación ya. Lady Senju sube con el señor Óbito.
Sakura agradeció la deferencia de la señora Graves. Entendía perfectamente que quería salvarla de una situación comprometida, pero la realidad era que su situación ya era bastante comprometida, y no pensaba abandonar a Sasuke. En aquel momento no le importaba el precio que tuviese que pagar.
—Daisy, deja el agua aquí, por favor —dijo Sakura mirando a la puerta mientras la doncella dejaba un vaso y una jarra encima de la mesilla y se retiraba.
Solo unos segundos después se abrió la puerta. Lady Senju y el desconocido entraron en la habitación.
—¿Pueden ayudarme a sujetarlo, por favor? —dijo Sakura, que sabía que en ese estado iba a ser prácticamente imposible darle más infusión para intentar mitigar la fiebre.
El primero en reaccionar fue el nombre que acompañaba a Lady Senju. Debía ser verdad que era el hermano de Sasuke, porque ahora que podía verle de cerca con total claridad, las similitudes entre ambos eran más que palpables. Los ojos de aquel hombre, de un color negro iguales a los negro azabache de Sasuke, la miraban de forma penetrante e inquisitiva de un modo que le resultaba más que familiar. De complexión algo más delgada pero igual de atlética que el marqués, su presencia era intimidatoria como la de su hermano. Sus facciones, algo menos marcadas, con una nariz perfecta y unos labios plenos, hacían que fuese también muy atractivo.
Sakura vio ensombrecerse el semblante de aquel hombre al centrar su atención en Sasuke.
—¿Que necesita que haga? —pregunto.
—Por favor, ayúdame a sujetarlo para que pueda darle un poco de infusió mucha fiebre y si no conseguimos que le baje no podrá aguantar mucho tiempo.
Óbito pasó un brazo por detrás del cuello de Sasuke y lo incorporó lo suficiente para que a Sakura le fuese más fácil darle la bebida, a la vez que con el otro brazo sujetaba los de Sasuke por delante para que no se moviera tanto.
La situación era tensa y extraña. Lady Senju habló rompiendo el silencio mientras Sakura cogía el vaso de la mesilla que contenía la mezcla de infusiones.
—Es una situación inusual, así que creo que podemos dejar las formalidades a un lado.
Señor Óbito, le presento a la señorita Haruno, una estimada amiga de la familia. Es sobrina del conde de Westfield. Señorita Haruno, el caballero es el señor Óbito Ōtsutsuki.
Si a Óbito le sorprendió que ella estuviese allí no dio muestras visibles de ello.
Sakura acercó el vaso a los labios de Sasuke hasta que pudo verter algo de líquido en su boca. Ya estaba preparada para la tos que vendría a continuación, así que intentó que no expulsara con ella toda la infusión. Casi milagrosamente, Sasuke tragó y Sakura probó con un poco más hasta que casi se hubo tomado el resto de la infusión que quedaba.
—Eso es —dijo Sakura a Sasuke, dándole ánimos. Después miró al señor Óbito. Este no parecía estar haciendo esfuerzo alguno al sostener a Sasuke. Su cara no delataba ninguna reacción si no fuera por la forma en que parecía apretar la mandíbula mientras miraba a Sasuke.
—Muchas gracias, señor Óbito —dijo Sakura—. No podría haberlo hecho sin su ayuda.
Óbito volvió a dejar a Sasuke recostado sobre las almohadas. Un pequeño quejido salió de sus labios resecos. Estaba sufriendo, sin duda, y a pesar de que en cualquier otro momento a que yo no le hubiese importado ni lo más mínimo, en aquel instante no podía ser indiferente. Aquellos lo desconcertó. La señora Graves y lady Senju no le habían mentido al decirle que lord Uchiha se encontraba en un estado muy grave.
Al cogerlo había podido sentir cómo todo su cuerpo hervía de calor. Su respiración era agitada y su piel tenía un color grisáceo.
Aquella situación le recordó a los últimos días de su madre. Durante años había pensado que lord Uchiha era igual que su padre. No sería hasta más tarde cuando realmente fue consciente de que había sido Sasuke el que se había ocupado de ellos, pero nunca había sabido concretamente hasta qué extremo. Siempre había pensado que la motivación de Uchiha había sido la prepotencia y el orgullo que su posición le conferían. Como el que ofrece sus migajas a un mendigo para así aliviar su conciencia, algo que más de una vez había dudado que tuviese. Sin embargo, después de que Aburame y lady Senju le revelaran que no era un bastardo y los pormenores de la influencia de Sasuke en su vida, algo en su interior se reveló. Dudó de lo que hasta ahora consideraba cierto e inmutable.
Lady Senju se acercó a Sakura.
—No hay ninguna mejora, ¿verdad? —preguntó con desaliento.
Sakura la miró, cogiéndole una de las manos.
—Todavía es muy pronto para que haya algún cambio, pero es fuerte —dijo con total convicción.
Lady Senju asintió.
—Esperemos que lo suficiente —dijo Tsunade con solo un atisbo de esperanza.
Sakura no se separó de la cabecera de Sasuke, y conminó a la señora Graves y a Lady Senju a descansar un rato. Ambas se veían exhaustas, ya que llevaban días velando a Sasuke. Lady Senju se retiró, algo reticente, pero Sakura la convenció diciéndole que la llamaría si hubiese algún cambio significativo.
—Yo me quedaré con la señorita Haruno —dijo Óbito con determinación.
Óbito miró a ambas mujeres. No sabía cuál de ellas parecía más sorprendida. Francamente, si la situación no hubiese sido tan grave le habría parecido hasta divertido.
Lady Senju asintió con la cabeza, recuperada ya de la sorpresa inicial. Óbito creyó atisbar una tenue sonrisa en sus labios.
Cuando esta cerró la puerta tras de sí, Óbito se sentó en la silla que había al otro lado de la cabecera de Sasuke. Este parecía ahora algo más tranquilo. La señorita Haruno le puso una compresa fría en la frente durante unos instantes. Después, se sentó también. Así, cada uno a un lado de la cama, enfrente el uno del otro, ignorarse era harto complicado.
Óbito tenía curiosidad por saber cómo una mujer que pertenecía a la alta sociedad había acabado cuidando a lord Uchiha. Había varias explicaciones. La más obvia era que aquella mujer era su amante. Desde luego era muy hermosa, con unos enormes y expresivos ojos verdes, el cabello rosa algo que era una rareza y una silueta que bajo aquel vestido recatado y algo pasado de moda se entreveía exquisita.
—No es lo que piensa —dijo Sakura mientras dejaba el paño frío de nuevo en la palangana que tenía junto a ella.
—¿Y qué es lo que pienso? —preguntó Óbito con curiosidad.
Sakura le miró fijamente y Óbito vio fuerza y determinación en su mirada. Sin embargo, el rubor de sus mejillas delató que aquella conversación no era fácil para ella. Eso dejaba al descubierto que no se trataba de una mujer mundana, ducha en aquellos asuntos.
—No tengo ninguna relación con lord Uchiha, solo somos amigos —dijo Sakura.
Óbito se inclinó un poco hacia delante de la silla, y ladeó levemente la cabeza como si la estuviese evaluando.
—Francamente, señorita Haruno eso no es de mi incumbencia. Sin embargo sí que debo admitir que me pica un poco la curiosidad. Debe ser una amistad muy fuerte para estar aquí. No solo está en juego su salud, sino también su reputación.
Sakura no pudo esgrimir nada en contra del razonamiento de Óbito. Era bastante difícil de explicar qué hacía allí.
—La primera vez que vi a su hermano fue en una fiesta —dijo Sakura con una tenue sonrisa. Su mirada estaba algo ausente, como si estuviese inmersa en algún recuerdo—. El marqués —continuó Sakura— intentó ayudar a su primo en una situación comprometida y yo accidentalmente me encontré en medio. Quise ayudar y me entrometí. Todavía recuerdo como me miró, como si quisiera estrangularme. Al final de nuestra conversación, le llamé simple y necio.
Óbito alzó una ceja, mientras una sonrisa algo irónica se insinuó en sus labios.
—La segunda vez que le vi, fue en un baile. Aquella vez me invitó a bailar un vals. Pensé que lo había hecho en venganza por lo que había pasado cuando nos conocimos.
Óbito frunció un poco el entrecejo.
—Hasta donde yo sé, invitar a bailar no es una condena a muerte —dijo Óbito algo divertido.
—Para mí sí —dijo Sakura—. Verá, tengo un problema físico derivado de un accidente que tuve hace muchos años. Mi pierna derecha es mucho más frágil y a veces me duele bastante. Cuando estoy muy cansada o el dolor es intenso se me nota más, cojeo levemente en esos casos.
—Lo lamento —dijo Óbito serio.
Sakura sonrío levemente. Parecía que su preocupación era genuina.
—No pasa nada. Como le he dicho, fue hace mucho tiempo.
—Entonces, usted cree que la sacó a bailar en venganza, para mortificarla —dijo Óbito animándola a continuar.
—Lo primero que pensé fue eso, sí. Apenas lo conocía. Le acusé de estar riéndose de mí y de ser todo lo despreciable que decían que era.
La expresión de Óbito cambió de forma sutil.
—No se anda usted por las ramas, señorita Haruno. Me está cayendo cada vez mejor.
Sakura sonrío de medio lado.
—Todavía no he acabado —dijo Sakura retomando de nuevo la historia—. Lord Uchiha no reaccionó como yo esperaba. Me miró fijamente y me dijo que la mujer que le había llamado necio, la mujer que se había enfrentado a él y que había mentido para salvar a una chica de los planes indignos de su padre, esa mujer podía hacer lo que se propusiese. Solo tenía que confiar en él y dejarme llevar. Y como esa, podría contarle unas cuantas anécdotas más.
Óbito lo escuchaba en silencio, y en esas horas que pasaban lentas e inexorables, en aquella situación tan extraña, aquella conversación parecía casi normal. Como si fuesen amigos de toda la vida que se hacían confidencias.
—Lo que quiero decir con todo esto es que desde hace muchos años, las personas que están en mi vida me han tratado de diversas maneras. Con indiferencia, con crueldad, con lástima, considerandome en muchas ocasiones débil, frágil, insignificante. Yo no siempre he sido como me ve ahora. Hasta que tuve el accidente era bastante rebelde y temeraria, pero después de ello, cuando el trato de los demás hacia mí cambió, fui protegiéndome, metiéndome en un caparazón para no sufrir, para ser indiferente a esta sociedad que margina a aquellos que según su estándar no son perfectos. Y eso permaneció imperturbable hasta que conocí a lord Uchiha. Él me retó a no permanecer impasible. Vio a la mujer que hay debajo de la máscara, la mujer que llevaba ocultando durante largo tiempo convenciéndome de que era lo más acertado. Ese, señor Óbito, es el lord Uchiha que conozco. Al que le ofrecí mi amistad, la cual, tengo que confesar intentó rechazar porque, según sus propias palabras, él no tenía amigos. Porque, según afirma, es un egoísta. A mí me ha demostrado que esa afirmación carece de fundamento, aunque a él le cueste reconocerlo. Y por eso estoy aquí. Me ofreció su ayuda y su apoyo incondicional cuando más lo necesitaba, a pesar de él mismo. No puedo dejar que muera si puedo hacer algo. ¿Vale menos la vida de un hombre que mi reputación? Sería un precio pequeño a pagar si se salvará, señor Óbito.
—Lord Uchiha tiene suerte —dijo Óbito mirándola fijamente.
Sakura ladeó un poco la cabeza y le miró a su vez con curiosidad.
—Usted es el Óbito Ōtsutsuki dueño del Baco, ¿no?
Óbito esbozó una sonrisa que se parecía mucho a las de Sasuke. Ese tipo de sonrisa que rezuma peligro por todos los costados.
—Sí, soy el dueño mayoritario del club. Pero haga la pregunta que de verdad está deseando hacer.
Sakura inspiró hondo antes de preguntar.
—¿Por qué lo odia tanto?
Óbito apoyó la espalda en la silla mientras se tomaba su tiempo para responder.
—Mi madre sufrió mucho a manos del viejo marqués. Abusó de su estatus de poder para aprovecharse de ella y después la despreció, la echó a la calle sabiendo que llevaba un hijo suyo en su vientre. No le importó ni lo más mínimo. Sus hijos no eran muy diferentes a él. Itachi era despótico y sin ningún aprecio por la vida de los demás, y a Diana no la conozco personalmente, pero sí a su marido, un ególatra presuntuoso y prepotente que cree que los que no pertenecen a su clase son peor que una mierda. —Una sonrisa más amplia se dibujo en los labios de Óbito antes de continuar—. Obtuve un inmenso placer en denegarle el acceso al club. Lo de Sasuke es distinto. Mi madre sentía respeto por él, y eso me enfurecía. Apenas le vi en los años que ella estuvo enferma, y las dos veces que vino a verla apenas cruzó dos palabras conmigo. A su favor también he de decir que tampoco yo era un muchacho fácil. Odiaba que mi madre le tuviera en alta consideración cuando estaba claro que no éramos lo suficientemente buenos como para que tuviéramos alguna presencia en su vida. El viejo marqués y sus dos hijos eran peores que alimañas, pero por lo menos iban de frente, sin embargo, Sasuke era como un lobo con piel de cordero. Yo era un bastardo, pobre y sin apellidos, pero tenía el suficiente orgullo como para agradecer las migajas que nos dispensaba como si con eso hubiese cubierto expediente y aliviado su conciencia.
Sakura pudo reconocer en alguna de las palabras de Óbito el dolor que aún existía detrás de las mismas.
—Y si piensa así, ¿por qué ha venido? ¿Por qué sigue aquí? —dijo Sakura viendo cómo Óbito tensaba los hombros al escuchar su pregunta.
Sakura pensó que Óbito ya no le contestaría cuando escuchó sus palabras.
—Esa misma pregunta llevo haciéndomela yo desde que traspasé la puerta de esta casa. Y aunque no me complazca la respuesta, si tengo que ser sincero, quizás sea porque en el fondo sé que mi odio hacia él durante todos estos años no ha sido justo. Desbordé toda mi frustración y mi rabia en él porque fue el único que tuvo la decencia de pensar en nosotros. Era más fácil odiarle que albergar la duda de que pudiera no ser como los demás. Como dueño del club, he tenido la oportunidad de conocer a muchos caballeros de la alta sociedad, y créame cuando le digo que solo unos pocos son dignos de poder llamarse caballeros. Pero después de las revelaciones de esta noche, del ímpetu de lady Senju, del rapapolvo de la señora Graves y de lo que usted me ha contado, no puedo sino darle el beneficio de la duda. Alguien que despierte en todas esas personas esa lealtad férrea, capaz de defenderles, de arriesgar sus vidas por él, no puede tomarse a la ligera.
Sakura sonrío brevemente mientras observaba a Óbito con nuevos ojos.
—¿Sabe una cosa? Se parece más a él de lo que piensa.
Óbito hizo una mueca al mismo tiempo que la miraba con intensidad.
—Tampoco hay que pasarse —dijo, no sin que antes Sakura pudiese ver un destello de diversión en sus ojos.
Dos horas más tarde, Daisy entró en la habitación precipitadamente. Estaba nerviosa y alterada.
Sakura, que con algo de esperanza, comprobó que Sasuke no parecía tener tanta temperatura y que su respiración parecía algo más calmada, dió un pequeño respingo ante la emergencia que parecía traslucir la presencia de la doncella.
—¿Qué pasa? —preguntó Óbito, que se había levantado de inmediato.
—Lady Brooks está abajo, con el médico. Lady Senju y la señora Graves están con ella, pero no creo que puedan detenerla por mucho tiempo.
Óbito se dirigió hacia la puerta de la habitación. Antes de cruzar el umbral se volvió y se dirigió a Sakura. Su semblante no hacía presagiar nada bueno.
—No te muevas de aquí, y no salgas bajo ningún concepto.
Sakura asintió brevemente, mientras que lo veía traspasar la puerta y cerrarla tras él.
Óbito bajó las escaleras que conducían al vestíbulo de la mansión. Voces alteradas provenían de él.
—Déjeme pasar ahora mismo si no quiere que llame a un magistrado. Usted no es nadie para tomar decisiones en esta casa. —Escupió prácticamente Diana Uchiha a la cara de lady Senju mientras sus ojos parecían velarse con un brillo peligroso—. Y usted, usted —continuó señalando con un dedo a Graves— puede ir despidiéndose de su empleo. La quiero en la calle antes de que me vaya de aquí. Y ahora, ¡apártense! —gritó Diana en un tono brusco.
—Creo que eso no va hacer posible —dijo Óbito terminando de bajar el último tramo de escaleras.
La cara de Diana al verles se contrajo, como si hubiese sido presa de un profundo espasmo. Apenas fue capaz de hablar durante unos segundos, en donde pareció tan sorprendida que balbuceó algunas sílabas sin sentido, hasta que pareció recomponerse lo suficiente como para decir algo coherente. En cuanto lo consiguió, el odio que destilaron sus pequeños y sibilinos ojos redujo su cara a una mueca de asco y desconcierto cercana a la ira.
—¿Qué haces aquí, bastardo? ¿Cómo te atreves a poner un solo pie en esta casa y profanarla con tu sucia presencia?
—Ese no es precisamente el recibimiento que uno esperaría de la familia.
Diana tensó todo su cuerpo cuando escuchó las palabras de Óbito.
—No creas que esto va a quedar así —dijo lady Brooks entre dientes—. Mi marido conoce el magistrado y conseguirá que se presenten cargos contra ti por allanamiento. No eres más que un sucio criminal.
Óbito se acercó hasta ella y se puso delante de lady Senju y la señora Graves.
—No siga por ahí, lady Brooks —dijo remarcando la palabra lady como si fuera el peor de los insultos—. La única que se va a ir de aquí es usted, y lo hará en un espacio de tiempo ínfimo si no quiere que yo mismo la arrrastre hasta la puerta y le dé la patada que merece en su aristocrático trasero.
Diana se llevó la mano al pecho como si hubiese recibido un disparo. Su cara se crispó, llena de rabia.
—Pagarás por tus palabras. Voy a venir con las autoridades y van a encerrarte. Me encargaré de ello.
Óbito miró al señor Aburame, que estaba en la puerta de la biblioteca.
—Señor Aburame... —pidió Óbito.
El señor Aburame entendió a la perfección lo que Óbito le solicitaba y prestó desapareció dentro de la biblioteca para aparecer segundos después con un papel en las manos, que alcanzó al señor Óbito al punto.
Una vez que Óbito tuvo el papel en sus manos miró fijamente a Diana. Esta dió un paso atrás ante su mirada.
—Solo lo voy a decir una vez, y después de eso no quiero volver a verte, jamás. No volverás a esta casa, nunca, bajo ningún concepto, no volverás a molestar a los que en ella viven. De lo contrario, pagarás las consecuencias, y créeme que viniendo de mí no son vanas amenazas. Sería un verdadero placer que intentaras obviarlas.
Óbito le tendió el papel y Diana, reacia a mirarlo, lo hizo con desgana. En cuanto vio lo que era, su expresión cambio y su rostro adquirió el tono blanquecino del papel.
—Esto no es cierto. Es un engaño, una burda mentira, es imposible —dijo demasiado alterada.
Óbito esbozó una sonrisa que le hubiese erizado el cabello hasta el hombre más aguerrido.
—Créeme, es cierto, y si vuelves a intentar interferir en el tratamiento de mi hermano o a intentar traspasar de nuevo esa puerta, me enteraré y entonces será de dominio público en todo Londres que estás emparentada con el hijo de una sirvienta con la que tu padre se casó después de haberla dejado escándalo acabará con toda tu familia.
Diana negó con la cabeza como si así pudiese hacer que aquella pesadilla desapareciera, pero cuando vio el papel de nuevo, lo tiró al suelo, como si este le hubiese quemado las manos.
Sin más se dió la vuelta y salió de aquella casa con él médico tras ella, como alma que lleva el diablo.
