Todo sucedió como en cámara lenta, la sonrisa que llevaba se congeló en el mismo instante que mi madre pronunció la palabra prometida.

Como buscando respuesta busqué los ojos de Terry, esperando y anhelando que dijera que era una mentira de mi madre, pero él me evadía. Aquello solo provocó que mi corazón se desmoronara poco a poco, en mi estómago se instalaba una llaga que crecía a cada instante.

-¿Hija?- volví en sí cuando mi madre puso su mano en mi brazo y ligeramente lo apretó - ¿Te sientes bien querida?-

-Emm, sí, solo, ¡wow! No me esperaba que mi hermano tuviera una prometida-

Y entonces mi atención se posó en la susodicha; alta, de curvas muy pronunciadas y con una piel de porcelana que me hacía parecer a mí como una muñeca de trapo, su cabello de un lacio y negro azabache llamaba la atención, pero lo que me dejó atontada fueron aquellos y muy a mi pesar, sus bellas pupilas de un violeta intenso; toda ella era una muñeca de aparador, toda ella era lo que yo no sería jamás, estaba claro porque le había pedido que se casaran.

La vi acercarse hacía mí con tal seguridad que me hizo sentir la cosa más pequeña del mundo, pasé saliva cuando la tuve frente a mí, el estómago se me retorció y sentí miles de agujas perforar mi cuerpo.

-Hola, mucho gusto, tú debes ser Candy, Terry me ha hablado mucho de ti- y sin esperarlo, me encerró en un abrazo. Ni siquiera sabía cómo debía de actuar ni comportarme, lo único que mi cerebro podía procesar, era que quería estampar mi puño en ese bello rostro. Como robot puse las palmas de mi mano en su espalda. Intenté de nuevo buscar con la mirada a Terry, pero él evitaba a toda costa corresponderme.

-Lo lamento, pero él no te ha mencionado para nada- prácticamente escupí en su oído, si le molestó el tono de mi voz no lo hizo saber y la solté.

-Así son los hombres, olvidan cosas importantes-

-Claro, todo lo importante- le respondí y me giré para ir a la cocina. Mi madre se enfrascó en una conversación con su nueva nuera.

-Terry, debiste decirnos que tendríamos visita- la voz de mi madre parecía estar dos cuartas más arriba de lo normal. Buscaba un vaso mientras trataba de controlar el llanto, sentía que mis ojos picaban y respirar se estaba convirtiendo en un problema.

-Yo…-

-Quise sorprenderlo-

-¿Candy?- mi cuerpo se tensó en cuanto su mano tocó mi hombro, mis manos se aferraron a la encimera como si la vida se me fuera en ello. No quería voltear, no debía, porque si lo hacía lloraría y le gritaría en la cara todo lo que se merecía, y bueno, todos se enterarían de lo que sucedía… perdón, de lo que había sucedido entre nosotros.

-¿Sí?-

-Hay una explicación para todo-

-¿Todo? ¿Cuál todo? Aquí no hay nada, así que si me disculpas- sin mirarlo me giré y lo golpeé con el hombro al salir de la cocina.

-¿Qué quieren cenar, chicos? Esto debemos celebrarlo, no todos los días nuestro hijo trae a su futura esposa a la casa-

Yo no sabía si mi madre decía todo esto porque lo sentía o simplemente porque quería fastidiarme, aunque ella ni siquiera debía saber lo que pasaba entre él y yo, así que lo más seguro era que estaba feliz porque Terry había encontrado a alguien.

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De alguna manera en menos de veinte minutos había una espectacular cena en la mesa. De todos era la única que parecía se encontraba en un funeral, en cámara lenta veía como todos sonreían y brindaban por la vida y el amor, con cada palabra, gesto y acción que ella hacía, mi corazón se moría cada vez más. Me dolía ver como mis padres se desvivían en atención por ella, pero ese dolor no se comparaba al saber que ella era la prometida de Terry.

- ¿Hija, te encuentras bien? – con movimientos lentos me limpié la comisura de los labios y dejé la servilleta aun lado del plato. Alcé el rostro y sonreí tratando de no derramar ninguna lágrima al ver que las manos de Terry y aquella intrusa se mantenían unidas sobre la mesa.

-Solo estoy cansada, papá. Fue un fin de semana intenso, además tengo jaqueca-

-¿Por qué no vas a descansar, cariño? Tómate una aspirina y duerme, mañana te sentirás mucho mejor- no lo creía pero ella no debía de saber eso, así que asentí y me levanté sintiendo que el nudo crecía en mi garganta. Me detuve bajo el marco y me giré para mirarlos a todos, en especial a ellos. Hacerlo fue aún más devastador de lo que había imaginado, y más cuando ella recargó su cabeza en el hombro de Terry.

-Buenas noches a todos- me giré y en cuanto comencé a subir las escaleras dejé que mis lágrimas salieran sin pudor alguno.

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Entrar en mi habitación fue un golpe todavía más duro; los recuerdos de lo que habíamos vivido me abofetearon sin piedad, y me derrumbé. Caí en el suelo llorando de dolor, pero sobre todo de rabia, Terry era la única persona en la que había puesto toda mi confianza, todo mi amor, y me había pagado de la peor manera. ¿En qué momento dejé que esto pasara? ¿Cómo creí en toda y cada una de sus falsas palabras? Mi mente no dejaba de darle vueltas a todas las cosas que habíamos pasado, a todo lo que me había dicho, me dolía saber que las cosas no serían como hasta ahora, que nuestro tiempo juntos se había terminado y la única que pagaría las consecuencias sería yo.

Abrí los ojos y me sentí desorientada, seguía en el suelo, la cabeza me taladraba, aunque no sabía qué era más insoportable, si el dolor de cabeza o del corazón. Me arrastré hasta llegar a la cama y me acosté, tomé una almohada para hundirme de nuevo en mi miseria y en mis pensamientos.

Miraba hacia la nada hasta que sentí que mi corazón se detuvo en cuanto vi que la luz del baño se encendía, me levanté lo más rápido que pude, tomé una silla para evitar que quien fuera, tratara de entrar a mi habitación, y como si eso no fuera suficiente, unos minutos después mi escritorio también formaba parte de mi muralla. Internamente me reía de mí por ser tan patética, en realidad no debía de mostrar que me afectaba tanto, aunque la realidad era que me sentía morir al saberme traicionada.

Me miré en el espejo y dejé que mis lágrimas volvieran, me veía devastada, mis ojos estaban tan hinchados que parecía un alien, mi rostro de un rojo tomate me hacía ver todavía más patética. Seguí llorando, aunque por dentro sentía que ya no quedaba nada en mí.

-¿Candy?- me sobresalté al escuchar su voz detrás de mi puerta principal. Mordí mi labio como si eso me salvara de saber qué hacer. Podría hacerme la dormida –Sé que estás despierta, por favor déjame entrar-

¿Podría ser ésta mi oportunidad para aclarar las cosas?

No lo volví a pensar, abrí la puerta, ¿qué más daba que me viera en esas condiciones? Si no le importé antes, ahora menos. Lo vi titubear ante mi aspecto, Terry se veía mucho más alto de lo que recordaba, y aun así, armándome de valor lo enfrenté.

-¡Vete a la mierda!- y cerré la puerta en sus narices.

Hacer eso se sintió bien, no era suficiente, pero por el momento menguaba parte mi dolor. Suspiré y me metí de nuevo en la cama, caí en cuestión de minutos.

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De todos los días del año, de todo el tiempo que disponía, ¿no había otra fecha en la que podía arruinar mi vida? Era en este momento en el que me reprochaba toda y cada una de mis malas decisiones anteriores.

Miraba a mi familia estar contentos con mi supuesta prometida, el estómago se me revolvía de solo pensarlo. No había otro culpable mas que yo, yo era el único responsable de mis consecuencias, y vaya que las pagaría.

Me sentía tan culpable que mirar a Candy solo provocaría que quisiera ahorcarme a mí mismo.

Desde que Berenice llegó todo se volvió un caos, en especial para Candy y para mí. Simplemente no veía la hora en que pudiera hablar y aclarar las cosas con ella, claro, si es que me dejaba hacerlo.

Sentí el verdadero miedo cuando mi madre sugirió que Berenice pasara la noche en la casa, en cuanto estuché eso pude sentir como el cielo se caía y me aplastaba.

-¿Qué dices?-

-Bueno, esnormal que los novios quieran estar juntos después de tanto tiempo-

-¡Mamá!-

-Ay, Terry, no seas un aguafiesta, tu novia…-

-Necesito hablar contigo, Bere-

-¡Claro! Disculpe- nos levantamos de la mesa y salimos al jardín. Trataba de controlar mi temperamento, pero es que ninguna de las dos me lo permitía. En cuanto estuvimos lo suficientemente lejos de la casa, exploté.

-¿Se puede saber qué demonios haces aquí?-

-Parece que no te da gusto de verme, CARIÑO- y la carcajada que se echó solo aumentó mi coraje.

-Claro que me da gusto, pero no cuando andas inventando que eres mi prometida-

-Bueno, no soy la única que tiene la culpa, tú no me sacaste del error. Además, te recuerdo que me dijiste que Candy no te haría caso jamás, así que…-

-Sí, sí, recuerdo lo que te dije, pero las cosas han cambiado desde que llegué-

-Lo -

-¿Qué?-

-Terry, es obvio que ella me odia, ¿y quién no lo haría cuando le están quitando lo que es suyo?-

-¿Cómo sabes?-

-Fue evidente cuando tu mamá dijo que era tu prometida. Nunca he visto la desilusión tan marcada en una persona como la vi en ella-

-Me odia-

-Y ¿Quién no lo hace? Sino le cuentas la verdad, entonces te seguirá odiando-

-¿Por qué no me dijiste que vendrías, Bere? Pudiste haberme ahorrado tantos problemas. Las cosas con Candy estaban tan bien-

-Bueno, tú pudiste haberme dicho que todo era diferente, que eras feliz y yo no habría puesto en marcha el plan "Bere la cupido"-

-Eres una loca-

-Por eso soy tu mejor amiga-

Para este punto nos encontrábamos sentados en los camastros, mi mirada vagaba por el cielo como tratando de encontrar una solución al problema en el que me había metido sin siquiera haberlo pedido.

-Es muy bonita-

-Ni lo sueñes- la miré divertido ante su comentario.

-¿Qué? Solo estoy diciendo lo obvio, aunque bonita no es la mejor palabra para describirla-

-Bere…-

-Sí, sí, lo entiendo. Mira, Terry , si quieres que las cosas entre ustedes estén bien, debes de ser sincero con ella-

-¿Acaso crees que no lo he pensado? Me veré como un estúpido cuando le diga la verdad-

-Es mejor que se entere ahora que después, además, como yo lo veo, no creo que se enoje-

-¿Estás loca? Es que tú no la conoces, me verá como un demente-

-¿Por qué? ¿Por querer hacerla reaccionar ante unos sentimientos que no sabías que ella tenía por ti? Te recuerdo que inicialmente fue tu idea la de orquestar todo esto-

-Pues sí… soy tan estúpido-

-No, no eres estúpido, solo eres un hombre enamorado que no tenía idea de cómo saber los sentimientos de una mujer-

-¿Dónde te quedarás?- intenté cambiar de plática, me sentía todavía más incómodo cuando ella me recordaba mis planes tontos y al parecer, de chico de secundaria.

-¿No escuchaste que tu madre me pidió que me quedara contigo? ¡Oye, es un poco intensa, eh!-

-No entiendo de dónde sacó esa idea, creo que le afectó verte-

-Me iré al hotel, ahí dejé las maletas, así que no te preocupes, mejor ocúpate de tu asunto rubio-

-No querrá escucharme-

-Bueno, Romeo, ese es tu trabajo ahora, ideártelas para que te escuche… Ya sabes, a ti se te dan los planes brillantes- sentí mi cuerpo sacudir al escuchar aquel clásico tono de burla en ella.

- ¡Cállate!-

-Terry, la farsa no puede durar mucho tiempo-

-Lo sé, Candy…-

-No, no hablo de nuestra farsa, hablo de la que tienen ustedes dos. No pueden esperar que la familia los vea de buenas a primeras agarrados de la mano-

-¿Crees que no lo he pensado? Me la vivo imaginando lo que tendremos que hacer para que no nos odien-

-Mira, un paso a la vez, primero resuelve el asunto de Candy, luego ya veremos qué se nos ocurre-

-¿Nos? Me suena a muchos-

-¡Querido! ¿acaso crees que me perderé la trama de esta historia? No lo creo-

Regresamos al comedor, mis padres seguían en la mesa platicando amenamente, en cuanto nos vieron entrar, mi madre se puso de pie y sonriente se acercó a Berenice intentando convencerla de que subiera a descansar. Fue toda una guerra decirle que ella se iría al hotel, muy renuente mi madre se dio por vencida cuando vio que no ganaría esta batalla.

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El regreso se me hacía pesado, sentía que cargaba miles de piedras. Pero el único culpable era yo, y tenía que solucionar las cosas. Realmente no quería llegar a casa, y menos cuando sabía que era la persona menos favorita de Candy en estos momentos.

Abrí la puerta de mi casa y no me sorprendió encontrar a una furiosa Pauna.

-¿Cómo pudiste dejarla en ese hotel?-

-¡Mamá, por favor no empieces!-

-¿Me pides que no empiece? Es tu prometida la que está en aquel lugar-

-Mamá, escucha lo que te diré. Berenice no es mi prometida…-

-¿Qué? Pero tú… ella…-

-Es mi culpa por no aclararlo, pero no, no me voy a casar y mucho menos con ella. Entre nosotros nunca ha habido alguna relación que no sea amistosa. Berenice es mi mejor amiga, le gusta hacer bromas de ese tipo y más cuando…-

-¿Cuándo qué?-

-Olvídalo, me iré a mi habitación, me siento muy cansado-

-Pero…-

-Cariño, déjalo descansar, ya sabes cómo es la juventud de hoy día-

-Esas cosas no se hacen Richard, mira que jugar con algo tan delicado-

-No le veo nada de delicado…-

-Recuerdas a…-

-Buenas noches- subí lo más rápido que pude, mientras caminaba podía escuchar la plática de mis padres sobre lo tonta que eran las nuevas generaciones. Mi corazón palpitaba más rápido a medida que me acercaba a nuestras habitaciones. Entré a mi cuarto y fui directo al baño, pero segundos después escuchaba a Candy mover todas sus cosas de un lado para otro.

-Será más difícil de lo que había imaginado-

Toqué la puerta de su habitación, no tardó mucho en abrir. Creí que una bofetada era lo que me esperaba, quizás hubiera dolido menos que aquel bello ¡Vete a la mierda! Que me gritó, y después cerró la puerta en mi cara.

-Eres un completo imbécil, Terry- me dije y recargué mi espalda en la puerta de ella. ¿Qué tengo que hacer para que me escuche? Mi cabeza no nada para más, por más que buscaba una solución, simplemente no nada con ninguna.

-¡Annie!- aquello vino a mí como una revelación, su mejor amiga podría ayudarme, sabía que era riesgoso pero tenía que intentarlo. Busqué en mi celular el contacto de Susan, la hermana de Annie, le pedí que le diera mi número y quince minutos después, me acostaba en mi cama con una sonrisa.