No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de la genial Olivia Cunning. Yo solo me divierto un poco.

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Isabella tocó la puerta trasera de "Sólo Personal" del estadio. Un hombre grande la entreabrió, bloqueando la apertura con su ancho cuerpo.

―¿Puedo ayudarle, Señora?

No había tenido más que ponerse que su trae profesional, pero ser llamada señora la hizo apretar los dientes.

―Soy una invitada de los Sinners.

Él le dio una mirada de "Sí, claro" y consultó la lista adjunta a su portapapeles.

―¿Nombre?

―Isabella. ― Ella tosió. ―Isabella Suxsed. ― Él le sonrió.

―Debe tener un montón de hermanas. Hay una docena de chicas con el mismo apellido en mi lista.

Ella se aclaró la garganta.

―En efecto.

El tipo se hizo a un lado, entregándole un pase tras bastidores con su nombre falso y señaló el pasillo. Las personas estaban paradas fuera de las puertas marcadas con los nombres de las bandas de apertura. La mayoría eran mujeres jóvenes que parecían estar esperando algo. El uso de un sujetador negro como una camisa parecía ser la moda.

Isabella pretendía encajar, pero sobresalía como un pulgar hinchado. Cada persona que pasaba hablando se detenía a mitad de frase para mirarla estúpidamente. Tal vez debió de haber comprado unos jeans. No había pensado que vestir un traje seria la gran cosa. Uh, estaba equivocada.

Cuando ella se detuvo en el camerino marcado con Sinners, sonrió. Estaría a salvo de las miradas de las rabiosas fans una vez entrara. ¿Verdad?

Tocó la puerta y alguien abrió. Esperando ver sólo a los miembros de la banda, encontró el camerino lleno de personas a las que no reconocía. Entró y cerró la puerta. Mientras se hacía camino a lo largo de la habitación buscando a alguien que pareciera remotamente familiar, obtuvo varias miradas.

―¡Isabella! ―Gritó Emmett. ―Lo hiciste.

Ella se encogió cuando él corrió por la habitación y la levantó del suelo, con los brazos atrapados en sus costados. Su altura la tomó con la guardia baja, tal vez medía 1,94. No se había dado cuenta de lo malditamente alto que era hasta que sus pies se elevaron cerca de treinta centímetros del suelo.

―Bájame.

Emmett le dio una vuelta, la besó con fuerza en la sien y la puso sobre sus pies. Una joven con lápiz labial negro agarró a Emmett por el brazo.

―¿Quién es ella?

Él le dio una palmada en el trasero a la chica.

―No es asunto tuyo. Ve a traerme una cerveza.

Y ella se marchó sin protestar.

―¿Dónde está Edward? ― Preguntó Isabella.

―Se está emperifollando para salir al escenario. Yo puedo lucir como una mierda. Me siento detrás de la batería. Pero él está en el centro así que necesita lucir hermoso. ¿Quieres una cerveza?

―No, gracias. Y tú no luces como una mierda. ―Ella le alisó el mechón de pelo de color carmesí que descansaba contra su cuello.

―¿Isabella se ha enamorado de mí? ― Él envolvió un brazo alrededor de sus hombros y la apretó contra su lado.

Alguien tomó una foto.

―Oye. ― Le gritó Isabella al tipo con la cámara y se retorció para liberarse del agarre de Emmett.

―Oye, no dije que podías tomarme una foto. ¡Oye!

Una camiseta negra sobre un duro y musculoso pecho apareció ante ella de manera que hizo una pausa. Demasiado alto para ser Edward. Ella levantó la mirada y las rodillas se le debilitaron.

―¿Jazz?

Sus labios se torcieron en una sonrisa de auto-satisfacción, pero ella no podía ver sus ojos bajo las oscuras gafas. Él tocó el pase tras bastidores que había puesto sobre la solapa de su traje.

―Hola, Señorita Suxsed. Me alegra verte por aquí.

―Te-te ves…diferente. ― Ardiente era lo que trataba de decir, pero no quería convertirse en una de esas fans lloronas que se postraban a sus pies. Tenía media docena de ellas a cuestas con su apariencia.

―No puedo creer que te pongas un traje de negocios para un concierto de metal, Profesora. Creo que tus bolas son más grandes que las mías.

―Imposible. ― dijo la rubia a su izquierda y soltó un bufido por su propia broma.

―Master Cullen está en el baño. ― Jazz sacudió la cabeza en dirección a la parte posterior de la habitación. ―Necesita la tranquilidad antes de un concierto, pero estoy seguro que no le molestará ver a su musa durante unos minutos.

―Gracias, Jazz.

―¿Quién era esa? ― Le preguntó la rubia a Jazz.

―No es asunto tuyo. Ve y tráeme una cerveza. ― Y ella se marchó sin protestar. Una morena tomó el espacio vacío al lado de Jazz.

Isabella se abrió paso a través de la habitación. Localizó a Benjamin en la esquina arreglándose el cabello en picos con un tubo de gel verde. Garrett tenía dos chupetas en la boca y una chica en la rodilla. El joven increíblemente atractivo sentado a su lado tenía una mano en el muslo de Garrett, pero él no parecía darse cuenta. Saludo a Isabella cuando la vio. Ella también lo saludo, se detuvo frente a la puerta del baño y tocó.

―Ocupado. ― Se oyó la voz de Edward desde el otro lado.

―Es Isabella. ¿Puedo entrar?

La puerta se abrió. Una mano en un guante de cuero sin dedos la agarró del antebrazo y la llevo dentro. Edward la envolvió en un fuerte abrazo. Ella hundió la nariz en su hombro sobre la chaqueta de cuero. Dios, olía bien. En las tres horas desde la última vez que lo había visto, ya lo extrañaba. Eso no era bueno. Tenía que decirle adiós en un par de otras.

―Me alegro de que lo hicieras. ― murmuró él.

Su duro cuerpo temblaba contra ella. Se echó hacia atrás para mirarlo y no pudo evitar quedarse boquiabierta. El delineador negro rodeaba sus ojos.

―Llevas más maquillaje que yo.

―¿Parezco una chica? ― Mirándose fijamente en el espejo por encima del lavabo, él mostró los dientes ante su reflejo para lucir más malvado.

Isabella lo abrazó por la espalda.

―No. Como siempre, luces más sexy de lo que debería ser permitido por la ley.

―¿Vas a arrestarme?

Su mano se deslizó hacia abajo para acunar su paquete a través de los pantalones.

―No, pero podría castigarte. ― Edward le agarró la mano.

―No me excites ahora. ― dijo. ―Tengo que estar en el escenario en treinta minutos y escasamente puedo caminar.

Ella se rió. Sus caderas y piernas habían conseguido un buen entrenamiento hoy.

―Conozco esa sensación. ¿Es por eso que estás temblando? ― Él sacudió la cabeza.

―Nerviosismo típico antes del show. Estaré bien en cuanto me suba al escenario. ― Él le dio la vuelta para que pudiera mirarlo de frente. Ella se apoyó contra el lavabo y acepto su tierno beso. ―Me alegra que hayas venido. ― dijo él. ―Tenía en mi cabeza que ya nunca te volvería a ver.

―No me perdería este show por nada. Podría no parecer, pero soy tu más grande fan.

―Me gusta este traje. ― Él tocó el primer botón de su blusa. ― ¿Tienes tus ligas debajo?

―Si decido que eres digno, es posible que lo descubras después del show.

―Ahora hay un incentivo. Será mejor que entre en calor. Mis dedos están rígidos.

―¿Me besarás primero?

Él apoyó las manos en el lavabo a ambos lados de sus caderas y se inclinó hacia adelante para reclamar su boca.

Al igual que una cerilla, se encendió con la necesidad. Ella envolvió sus brazos alrededor de su cuello, sus dedos se entrelazaban en el cabello de su cuello. Normalmente era suave, pero ahora estaba duro y pegajoso con laca y gel. Sentía que tenía acceso a dos hombres indudablemente sexys en uno. El Edward real con el que había pasado el día—era un diez de diez. Y esta versión de estrella de rock, Master Cullen—era otro diez de diez. Ellos eran la misma persona y a su vez eran totalmente diferentes.

Alejándose lentamente, él abrió los ojos para darle una mirada sensual.

―Tocaré algo para ti en el escenario.

―¿Qué? ―preguntó ella con la voz entrecortada.

―Ya lo sabrás.

Dejando a Isabella apoyada contra el lavabo, Edward abrió la puerta del baño. Una chica con cabello negro y purpura llego al instantáneamente a su rostro.

―¡Master Cullen! Por fin. ¡He estado esperando mucho para verlo! ―Ella le agarró el brazo y dio pequeños saltos. ―Oh, Dios mío, te amoooooo. ¿Me puedes dar un autógrafo? Por faaaaaavor. ― Él apenas la miro mientras firmaba un CD de los Sinners que ella le había entregado. La chica miró por encima de su hombro hacia el baño. ― ¿Quién es esa?

―No es asunto tuyo. ― Él le devolvió el bolígrafo y el CD. ―Ve y tráeme una cerveza.

Y ella se marchó sin protestar.

Isabella se rió. Edward la miró por encima del hombro arqueándole una ceja. Ella sacudió la cabeza, todavía sonriendo. ¿Qué tan fácil sería tener un complejo de superioridad con esas fans corriendo alrededor para satisfacer cada una de sus peticiones?

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Holi! Como dije en mi grupito de Facebook super exclusivo y super secreto jajaja (mentira, se llama Twilight Over The Moon), hoy tendremos doble actualización.

No olviden dejar un comentario, me gusta saber qué opinan de la historia n.n

¡Nos leemos pronto!