Furia
Esta historia no es mía; fue escrita por Laurann Dohner. Esta es una adaptación (sin fines de lucro) de su trabajo con personajes del anime/manga Fairy Tail, creados por Hiro Mashima. Hace unos años leí esta historia y la empecé a compartir con ustedes como un crossover entre Inuyasha (mi anime favorito) y Fairy Tail (mi segundo anime favorito), pero perdí el archivo en el que estaba trabajando y al final, decidí que sería mejor compartirla sólo con personajes de Fairy Tail.
Esta es la primera novela de una larga saga de libros (actualmente hay 15 y por lo que veo la autora seguirá escribiendo más), tengo que admitir que me he encariñado con la resiliencia de los personajes en estas historias, imaginarme a mis parejas favoritas de FT fue relativamente fácil.
Espero que disfruten la historia tanto como yo y si es así, los invito a leer la novela (Fury) en su idioma original, inglés, ya que tengo entendido que no se ha traducido de manera oficial al español.
***Advertencia***
El contenido de esta historia es fuerte, tiene escenas de sexo, violencia física, sexual y psicológica. Así que lean bajo su propio riesgo.
Capítulo Siete
"Gatita, gatita, gatita" dijo. Empezó a abrir los armarios al otro lado de la cocina.
El cuerpo de Lucy tembló, su mano agarró el cuchillo tan fuerte que el mango de madera se le clavó en la palma. Ella cerró los ojos y escuchó mientras él cerraba de golpe las puertas. De repente algo golpeó el mostrador encima de ella.
Ella reprimió un gemido de terror. Tal vez, no se le ocurriría mirar en el interior de los armarios inferiores, ella rezó fervientemente. Su suerte se acabó cuando la puerta del armario de al lado se abrió de golpe. Él metió la mano y la agarró del brazo izquierdo. La arrastró fuera de su escondite de un fuerte tirón.
"Te tengo, gatita."
"Yo no soy un gato," le informó con voz temblorosa. "Soy tan humana como tú."
Él la puso en pie y la miró. Parecía tener unos veinticinco años, media un poco más de cinco pies y medio y su complexión era robusta. Un tatuaje asomaba por el cuello de su camiseta. "No me importa lo que seas, perra. Ahora estás muerta. Este es nuestro país y no necesitamos animales de dos patas." Fue a agarrar la pistola que tenía detrás, en la cintura de los pantalones.
Comprendió que pensaba pegarle un tiro. Con terror ella le hundió el cuchillo en el pecho. Lo miró a los ojos, su mirada verde estaba en shock. Se tambaleó hacia atrás, la arrastró por el brazo y ella soltó el cuchillo. La sangre broto de él, salpicándola. Levanto el brazo con la pistola en un último intento de dispararle. Lucy le agarró la muñeca con ambas manos y luchó para evitar que le disparara.
Poco a poco se debilito, sus rodillas cedieron y se derrumbó sobre el suelo de la cocina. Un horrible gemido, junto con sangre salió de su boca. Lucy gimió horrorizada mientras miraba al hombre, su dolor, el terror y la rabia claramente se reflejaba en su rostro.
El arma cayó al suelo y murió. Lucy lo miró fijamente en silencio. Estaba tendido de espaldas, con los pies bajo los muslos. El mango del cuchillo sobresalía de su pecho, lo había apuñalado en el corazón. Se tragó la bilis que se le subió a la boca.
Otro cristal se rompió cerca. El sonido venía de la otra habitación, forzó su atención hacia el muerto a sus pies. El instinto se hizo cargo. Ella agarro el arma en el suelo con las dos manos y se colocó detrás de los muebles, miró por encima del mostrador hacia las entradas de la cocina.
El arco abierto y la puerta del comedor eran sus únicas vías de escape. Utilizó los muebles para proteger su cuerpo y apuntó con el arma entre las entradas. Ella dispararía a cualquier cosa que se moviera.
No tuvo que esperar mucho tiempo antes de escuchar que alguien hacia ruido desde el comedor al derribar una silla. Apuntó el arma en esa dirección. Ella se estremeció, asustada, había apuñalado a un hombre hasta la muerte. Empujó ese hecho de su mente. Ella no tenía tiempo para hacerle frente a las repercusiones de lo que había tenido que hacer para sobrevivir.
El tipo con la escopeta entró en la cocina, entraba como si no tuviera ninguna preocupación. Eso cambió instantáneamente cuando la vio con la pistola, apuntándole. Su boca se abrió, sus ojos se agrandaron y entonces él reaccionó. Empezó a bajar el cañón de la escopeta hacia ella. Su boca se comprimió en una línea apretada cuando intentó disparar, pero, Lucy apretó el gatillo primero. El sonido la ensordeció cuando el arma disparó.
El hombre se resguardo de nuevo en el comedor y desapareció de su vista. La escopeta asomó por la pared y disparó, la bala dio en el techo, detrás de Lucy. Algo suave que le recordó a la nieve cayó sobre su cabeza. Ella gritó en respuesta y le disparó a la pared, donde el hombre se escondía detrás.
Ella no estaba segura de sí había golpeado a ese bastardo o no, pero eso esperaba. Se dio cuenta de que no lo había herido cuando el cañón de la escopeta se asomó de nuevo. Él disparo a ciegas. El mueble cerca de Lucy voló en pedazos. Ella se tiró al suelo, justo encima del chico muerto.
Se lleno de sangre espesa, cuando trató de levantarse sus rodillas patinaron en la mancha de sangre y cayo, se quedó sin aliento. Tuvo que rodar para salir de la sangre que manchaba el suelo.
Ella vio el movimiento por el rabillo del ojo. El tipo con la escopeta corría hacia ella. Ella apuntó con el arma y disparó. Se lanzo detrás del mostrador y se estrelló contra los muebles.
"Suelta el arma, perra," exigió. "Y no te torturare antes de volarte la maldita cabeza."
Lucy miro aterrorizada el mueble destrozado por el disparo. La madera tenía un agujero del tamaño del puño y partes de él estaba dispersado por el suelo. Respiró profundamente, tenía que salir y encontrar un lugar nuevo para esconderse. Lo que ella realmente necesitaba, pensó, era que ese hijo de puta se pegara un tiro con la escopeta.
"¿Lucy? Oímos disparos por los comunicadores. ¿Estás bien?"
Mierda. Se había olvidado de apagar el sistema. La voz de Cana sonaba preocupada, pero Lucy no podía responderle. Ella se consoló sabiendo que Cana y las otras mujeres estaban encerradas y seguras dos pisos más arriba. Sólo el jefe de seguridad y el Director conocían los códigos que abrirían las puertas de acero. Ni siquiera ella los sabia. Los hombres podrían torturarla y no obtendrían la información que necesitaban para llegar hasta las mujeres.
"¿Lucy?" se rio "¿cómo un nombre humano lo lleva un animal tan estúpido?" Lucy abrió la puerta del armario. Él tenía que estar justo detrás. Ella se agachó y apuntó. "Voy a matarte puta, muy lentamente por lo que le hiciste a Eddie."
Lucy apretó el gatillo y disparó, vacío el arma contra la madera. Lucy intento escuchar y no hubo ningún sonido. Se asomó por la esquina para echar un vistazo, el corazón le latía con fuerza. Escuchó un gemido. ¿Le había dado? Se arrastró hacia adelante sobre sus manos y rodillas. El hombre estaba muerto.
Ella continúo avanzando hacia adelante, aterrorizada, sabía que había otros dos hombres y que podrían aparecer en cualquier momento. Si ella se quedaba dónde estaba, definitivamente, la matarían.
"¿Buck?" Una voz de hombre le llego desde la sala de estar. "¿Eddie?"
Ella se levantó de un salto y corrió hacia el comedor. El lugar más seguro sería la biblioteca. Si podía llegar hasta allí sin ser descubierta, tendría la oportunidad de hacer una barricada en el interior. Había muchos muebles pesados dentro. Podría moverlos y bloquear las puertas. Con ese nuevo plan en mente, corrió.
Un hombre estaba junto a la puerta de una de las habitaciones. Ella sabía que él la había visto y corrió más rápido. Lucy llegó a la biblioteca y cerró la puerta. Se apoyó en la madera, escuchó, el tipo le estaba pisando a los talones. No tenía tiempo para mover los muebles. Ella jadeaba, estaba sin aliento, se miró e hizo una mueca al ver sus manos, brazos y su camisa cubiertas de sangre.
"Por aquí," gritó un hombre. "Ella está aquí."
"Buck y Eddie están muertos," gritó un hombre. "Ella los mató. Esa perra los ha matado."
Uno de los hombres trató de abrir la puerta. Lucy gritó y empujó con toda su fuerza. Escuchó una maldición y entonces alguien la golpeó con fuerza, el impacto le golpeó duramente la espalda. Ella frenéticamente buscó con su pie algo que pudiera arrastrar, para bloquear la puerta, pero no había nada.
Necesitaba un arma. La gran sala contenía unos cuantos sofás, mesas, unas sillas y cómodas. La chimenea estaba al otro lado de la habitación. Los libros estaban alineados en los estantes que rodeaban la habitación. Su mirada desesperada voló hacia la chimenea y al conjunto de atizadores que estaba a su lado. Su objetivo, cogerlos.
Los hombres se estrellaron a la vez contra la puerta. Con la fuerza suficientemente como para enviar a Lucy volando lejos de ella. Ella se golpeó con uno de los sofás y cayó detrás de él. Gateó frenéticamente por la alfombra para llegar a su objetivo.
"Coge a esa perra," gritó uno de los hombres.
Lucy agarró el atizador, se puso de pie y se volvió para enfrentarse a sus atacantes. Golpeó al hombre que estaba más cerca de ella, usó el atizador como si fuera un bate de béisbol. Le dolieron las manos cuando el impacto hizo contacto con el cuerpo del hombre.
El hombre aulló de dolor y retrocedió de un salto, se quedó mirando su camisa y la sangre que apareció por el rasguño de la tela. Miró a Lucy. "Vas a pagar por esto" dijo entre dientes.
El otro hombre sacó un cuchillo de su cintura, los dos hombres se separaron. Lucy se mantuvo de espaldas a la chimenea y agitó el atizador entre los hombres, tratando de contenerlos. Avanzaron y para Lucy fue más difícil mantener un ojo sobre los dos.
Corrieron a la vez hacia ella. Lucy se volvió y logró golpear a uno de ellos, el segundo la abordó. Ella cayó al suelo con el tipo encima, aplastándola. Ella se quedó sin aliento, trató de gritar, pero no podía ni respirar.
"Eres una puta" bramó el que ella había golpeado. "Creo que me rompió la mano. ¿La tienes Roy?"
El hombre encima de ella la agarró por el pelo y la mantuvo contra la alfombra. Ella intentó luchar, pero no pudo escapar de él. La empujó con más fuerza contra la alfombra y con una rodilla le inmovilizo las piernas.
"Tengo a la perra rabiosa, Chuck."
Se movió lo suficiente para poder girar la cabeza. Lucy inhaló aire y al instante se arrepintió. El aliento del hombre olía a podrido. La mantuvo inmovilizada. Ella no podía quitárselo de encima. Pesaba cerca de trescientas libras.
" La perra me cortó" se quejó Chuck. "Creo que me rompió la mano. Me duele como el infierno."
Roy gruñó. Se movió y Lucy gritó de dolor cuando su cuerpo se pegó sobre el de ella, el tipo presionó su cuerpo contra ella con fuerza, sus costillas amenazaban con rompérsele. "Ayúdame a levantarme" gruñó Roy y alzo una mano. "Sé cómo mostrarle a esta perra su lugar en la sociedad y luego te dejaré cortarle la garganta como si fuera un maldito conejo. Observaremos como se desangra. "
Lucy dejó de retorcerse. El objeto presionado contra su trasero no era precisamente un misterio. Roy estaba caliente. La forma de ese hijo de puta de mostrarle su lugar en la sociedad era violándola.
Unas manos la agarraron por los tobillos y un segundo más tarde Roy la tumbó de espaldas, le soltó el pelo y la agarro de las muñecas. Entre los dos la llevaron en volandas. Lucy gritó y luchó, trató de golpear al hombre que la tenía sujeta por las piernas, pero no la soltó. Chuck parecía no tener problemas para sostenerla de los tobillos, a pesar de que dijo que le había roto la mano.
"Sobre el sofá. Y después agárrala del pelo. " Dijo Roy jadeando.
Tiraron el cuerpo de Lucy, pero no cayó en el sofá y se golpeó contra la mesa de café. Un dolor agudo explotó en su cara. Se preguntó si le habrían roto una costilla, le dolía al respirar. Los hombres la alzaron, la tiraron de nuevo, esta vez golpeó contra el sofá y la sujetaron con brutalidad. Roy le soltó los brazos y Chuck las piernas.
Ella intentó patear a Roy cuando se inclinó sobre el respaldo del sofá. Roy la puso sobre su estómago, se tumbó sobre ella, la aplastó. Ella gritó cuando la agarró del pelo y le apretó la cara contra el sofá. El pánico la atravesó cuando se dio cuenta que no podía respirar. La estaban ahogando.
"Pásame el cuchillo." dijo Roy excitado y sin aliento.
La mano en su pelo le permitió girar la cara para respirar. Roy agarró la parte posterior de su camisa y el cuchillo se deslizó a lo largo, cortándola. Gritó de terror. Ella intentó patearle, pero ya no tenía fuerzas.
Ella extendió la mano a ciegas, trató de agarrar Chuck. Una mano brutal la agarró del pelo de nuevo, ella le clavó las uñas en la piel mientras empujaba su cara de nuevo contra el sofá, trataba de asfixiarla nuevo.
Ella oyó su maldición y Lucy contuvo el aliento cuando sus pantalones fueron empujados por sus piernas, iban a violarla. Lucy lucho más, gritó y de pronto el peso se apartó de ella. Se movió y cayó al suelo de pompas. Tomó aire mientras miraba boquiabierta a los hombres que la rodearon. Instintivamente se subió los pantalones.
Roy yacía boca abajo en el suelo con una pistola apuntándole en la cabeza. Chuck tenía las manos sujetadas a la espalda y parecía aterrorizado. Cuatro hombres vestidos de negro con las letras ONE impresas en blanco en sus chalecos la miraban. Sus rostros no eran humanos. Los identificó de inmediato, eran de las Nuevas Especies. Llevaban armas y tenían cuchillos grandes atados en sus muslos. Oyó un movimiento detrás de ella y giró la cabeza hacia el ruido.
Natsu estaba allí junto a los otros hombres.
Natsu dirigió a sus hombres hacia el edificio de mujeres en el instante en que Jellal le dijo que Lucy estaba en peligro. Aterrorizado de llegar demasiado tarde.
Cuando entró en la habitación y vio a esos a punto de violar a su Lucy, un impulso asesino lo golpeó. Tuvo que echar mano de todo su control para no rugir de ira y matarlos. Su animal quería verlos sangrar y morir.
Él respiró con fuerza, la vio jadear mientras intentaba subirse el pantalón. Su cabello cayó alrededor de su cara magullada, tenía la camisa cortada, vio los moretones en su espalda.
Podía oler su terror en el aire y eso le hizo más difícil mantener el control para no matar a sus atacantes con sus propias manos. Miró las cámaras y mantuvo la compostura. Si las cámaras no hubieran estado allí, habría asesinado a los seres humanos sin pensárselo dos veces por atreverse a tocar Lucy. Por haberle hecho daño a su mujer.
Dio un paso amenazante hacia uno de los hombres, Lucy gimió y su mirada se dirigió hacia ella. Cuidarla era su principal prioridad. Asegurarse de que no estaba gravemente herida. Podría matar a esos hijos de puta más tarde.
Él respiró por la boca para no continuar oliendo su terror y luchó contra su animal para asumir el control. Miró a cada uno de sus hombres, vio su rabia, estaban esperando a que él les dijera que tenían que hacer. Eso le ayudó a calmarse, se obligó a abrir los puños. Le hizo señales con la mano a sus hombres para que arrestaran a los hijos de puta.
Él se acercó a Lucy. Quería arrodillarse en el suelo y estrecharla entre sus brazos, darle consuelo. Decirle que estaba a salvo. El olor de los humanos estaba en su cuerpo. Eso lo enfureció. Ella era suya, maldita sea. Tras la advertencia de Jellal, había estado luchando contra sí mismo para mantenerse alejado de ella. Durante algunas noches se había conformado con observarla a distancia y casi muere. Ahora tenía que tocarla.
Se movió con cuidado para no asustarla. Tenía que asegurarse de que estaba bien, iba a inspeccionar cada centímetro de su cuerpo. Él no se conformaría con menos.
Natsu sabía que tenía que mantener la cabeza fría. Lucy estaría recelosa después del incidente en su casa. Lo último que necesitaba era otro malentendido con Lucy.
Mantente quieto, se ordenó. Tenía que actuar como si pudiera controlarse en su presencia. Ella tenía que confiar en él. Su animal quería mantenerla a salvo, llevarla de vuelta a su casa y atarla a su cama de nuevo. Y ella no necesitaba eso en este momento.
Natsu necesitaba estar a su lado, hablarle y asegurarse de que estaba bien o de lo contrario, iba a enloquecer.
Lucy miró los ojos de Natsu cuando se agachó frente a ella. Le coloco un dedo bajo la barbilla y le examinó el cuello y la cara. Llevaba guantes negros de cuero, pero su toque era suave. Le soltó la barbilla. Y sin decirle ni una palabra, la agarró de los codos y suavemente la levantó.
La parte trasera de su camisa se abrió y dejó al descubierto su piel. Le temblaron las piernas. Un suave gruñido salió de la garganta de Natsu, la rabia volvió a su rostro. Lucy se asustó.
Natsu le soltó los brazos, se inclinó, la cogió en brazos y la apretó firmemente contra su pecho. Él no la miró. "Voy a limpiarla y comprobar si tiene heridas. Llévenlos afuera. Y que nadie entre en el edificio. "
Un hombre de aspecto feroz con el pelo largo y negro le asintió con la cabeza. "Entendido."
Natsu se encaminó y Lucy vaciló un segundo antes de envolver su brazo alrededor de su cuello. Estaba cansada, sufriendo y demasiado traumatizada para preocuparse de adonde la llevaba. Ella apoyó la mejilla contra su hombro y cerró sus ojos. Por alguna razón, él y sus hombres habían venido a salvarla de una muerte horrible. Unos minutos más... Se estremeció al pensar en lo que habría sucedido. Ella se apretó más contra Natsu, su cuerpo se tensó, pero continúo caminando.
Lucy abrió los ojos cuando él se detuvo y abrió la puerta del baño de mujeres. Frunció el ceño, miró a su alrededor y luego se dirigió hacia los lavabos, la sentó en el borde. Ella lo soltó cuando Natsu lentamente retrocedió.
Natsu se giró y empezó a mirar en las esquinas de la habitación. Lucy sabía lo que buscaba "No hay cámaras aquí" le informó en voz baja. "Seguridad quería instalarlas, pero eso era invadir la intimidad de las mujeres."
Natsu asintió y volvió su atención hacia el lavabo junto a ella. Se quitó los guantes y los tiró sobre el mostrador. Agitó las manos bajo el grifo, para activarlos. Cuando el agua comenzó a fluir se lavó las manos y luego se fue a un dispensador de toallas de papel. Lucy lo miró con las cejas levantadas cuando sacó todas las toallas de papel, las dejó a su lado y se trasladó al siguiente. "Creo que eso es mucho."
Natsu le frunció el ceño. Cogió el resto de las toallas y se dirigió hacia ella, parecía a un gato a punto de saltar. "Quítate la ropa, ahora."
Lucy se quedó con la boca abierta y jadeo. "No lo haré."
Le gruñó suavemente. "Estás cubierta por su olor y sangre. No sé si es suya o tuya. Voy a lavarte para ver tus lesiones. Si no puedes desnudarte tú, yo lo haré por ti. "
Lucy se relajó ante la explicación. "¿Quieres limpiarme y tratarme las lesiones? ¿Eso será todo?"
Sus ojos se estrecharon. "¿Prefieres que lo haga uno de mis hombres? Tus guardias de seguridad todavía están tratando de mantener el orden." Él soltó un bufido. "Puede que tengamos que permanecer aquí por un tiempo. Uno de nosotros te quitará la ropa y te limpiará para ver si estás malherida. Decide ahora si lo hago yo o uno de mis hombres. No quiero perder el tiempo y eso es lo que estamos haciendo."
Lucy apretó los dientes. Él a veces era un bastardo grosero. Ella había pasado por el peor trauma de su vida y él no tenía por qué ser tan brusco. "Creo que puedo hacerlo yo"
"Te atrapé antes de que te cayeras. Ni siquiera puedes caminar."
"Acabo de matar a dos hombres, podría haber sido brutalmente violada e iban a matarme. Discúlpame por estar un poco débil "
Él se acercó a ella.
"¿Mataste a dos? No me paré a examinarlos, cuando te escuché luchar corrí a tu lado."
Ella todavía temblaba. El recuerdo de lo que había hecho para sobrevivir hizo que la sangre desapareciera de su rostro. "No se mataron entre ellos. Los maté yo."
Natsu gruñó una maldición suave. "Fue en defensa propia. No vayas por allí, Luce. No tuviste otra opción y se lo merecían. Le has hecho un favor al mundo al matarlos. Te habrían matado sin pensárselo ni segundo." Se acercó hasta quedar unos centímetros separados. Él agarró la parte delantera de su camiseta y de un tirón la rajó. "¿Entiendes? No valen esa mirada afligida en tus ojos. Discute conmigo, habla conmigo, pero no te desmorones porque no puedo soportar ver tus lágrimas. " Ella parpadeó sus lágrimas. Tenía los ojos más bellos del mundo. El impulso de arrojarla entre sus brazos era casi abrumador. Apartó su mirada de la de ella para no hacerlo "Necesito limpiarte. Realmente no puedo soportar olerlos sobre ti. Hace que tenga que luchar contra mi rabia." hizo una pausa, la miro. "Mis instintos son el efecto secundario de lo que me hicieron y a veces tengo que luchar contra los impulsos. Es peor cuando estoy enojado, agitado o asustado. Si ese hedor no se aparta de ti pronto, me veré obligado a salir a rasgarles sus gargantas. "
"Está bien." Ella asintió con la cabeza. "No protestaría si alguien le hiciera eso a esos idiotas, pero no quiero que seas tu. Te meterías en problemas. "
Cuando Lucy se dio cuenta de que le había rasgado el sujetador con la camisa levantó las manos para cubrirse los pechos desnudos. Natsu la agarró por las muñecas antes de que pudiera esconderse de él y le estiró los brazos. No miró sus pechos, pero si sus manos ensangrentadas.
"No te toques con su sangre. Al suelo y a la pileta, Luce. Voy a limpiarte."
El tono suave y ronco de Natsu hizo que relajara y que no luchara contra él cuando sus miradas se encontraron de nuevo. Ella se deslizó hacia el filo del mostrador, sin discutir.
Estaba tratando de distraerla del dolor que le provocaba la realidad y era casi dulce. Tampoco se perdió el hecho de que él la había llamado "Luce." Cuando se puso de pie las piernas todavía le temblaban. Natsu le dio la vuelta y se colocó a su espalda. Le agarro la cintura con una mano y movió la otra bajo el grifo para activarlo de nuevo. Él le agarró las muñecas suavemente y le puso las manos bajo el agua fría. Lucy observó el agua roja que caía de sus manos y cerró los ojos con fuerza para luchar contra la sensación de malestar que le provocó.
"¿Por qué demonios no tienen duchas aquí abajo?" Gruñó Natsu.
"Tenemos baños privados con ducha dentro de nuestros apartamentos. Nadie pensó que el edificio podría ser asaltado. "
Él suspiró. "Bueno, las necesitamos en este momento y todo lo que tenemos son estos lavabos."
Lucy mantuvo los ojos cerrados, agradecida de que él mantuviera su mente ocupada haciéndole preguntas. Natsu estaba apoyado sobre su espalda desnuda, sus brazos le rozaban las costillas mientras le frotaba la sangre de su piel. Le ordenó que se inclinase hacia adelante y ella no dudó.
Le limpió los brazos y los hombros. El agua corrió por su cuerpo y le empapó los pantalones.
"Quítate los zapatos." Le susurró al oído.
Lucy se quitó las zapatillas manchadas de sangre. Natsu le bajó unos centímetros los pantalones de algodón y después vaciló. "Sólo estoy limpiándote. Esfuérzate sólo un poco más. Estás a salvo y nadie te hará daño, Lucy. No lo permitiré. Tendrían que pasar por mí para llegar a ti y eso no va a suceder. "
Ella le creyó. "Está bien."
Mantuvo los ojos cerrados para evitar ver si Natsu miraba su cuerpo. Sus manos eran suaves cuando tiró de sus pantalones hacia abajo, sus bragas siguieron el mismo camino. Levantó una pierna y luego la otra cuando se dio cuenta de que él la quería totalmente desnuda. Natsu le vertió agua con las manos ahuecadas, sobre el cuerpo. Cuando cada centímetro de su cuerpo estuvo mojado, usó las toallas de papel para limpiarle suavemente la piel.
"Esto es lo mejor que puedo hacer," dijo Natsu con voz profunda y tensa. "Necesitarás una ducha, pero al menos ya no tienes sangre. Tu cabello no huele a ellos y tampoco está manchado."
Lucy abrió los ojos cuando no volvió a tocarla otra vez. A través del espejo vio que Natsu se había girado de espaldas a ella, estaba desabrochándose la camisa y bajándosela por los hombros, su boca se abrió por el shock.
"¿Qué estás haciendo?" La sorpresa se reflejó en su voz.
"Necesitas algo seco y limpio para ponerte. Pensé en darte mi camisa y los calzoncillos." Él la miró por encima del hombro y se encontró con su mirada en el espejo. "¿Quieres salir de este cuarto de baño desnuda?" Entrecerró los ojos oscuros. "No te permitiré ni siquiera pensarlo. Si me hubieras dicho que te enviara a otro hombre para ayudarte a desvestirte, tampoco lo habría permitido. "
Ella sacudió la cabeza y cruzó los brazos sobre sus pechos para ocultarlos de su vista. "Por favor, préstame la camisa y los calzoncillos. Gracias. "
Volvió la cabeza. "No tienes que mirarme."
Lucy cerro los ojos para no verlo a través del espejo. Lo escuchó mientras se desvestía y esperó lo que le pareció una eternidad.
"Ya estoy decente. Toma."
Cuando Lucy abrió los ojos se encontró a Natsu todavía de espaldas. Tendiéndole su camisa y el bóxer azul. Lucy se volvió y extendió la mano para cogerlos. "Gracias."
"Te lo debía." dijo con un gruñido.
Lucy se enojó y apretó los dientes para no contestarle groseramente. No necesitaba que le recordara eso ahora. Se vistió rápidamente. Los bóxer eran de algodón, aún estaban calientes. Ella sonrió mientras se ponía la camisa. Ahora olía a él y el calor de su cuerpo envolvía al suyo.
"Ya puedes darte la vuelta. " Le dijo mientras terminaba de abotonarse la camisa. Poco a poco Natsu se giró. Estaba tan sexy con el chaleco y con los pantalones ajustados. Sus brazos musculosos quedaron totalmente expuestos. Apartó la mirada de sus bíceps y comenzó a enrollarse las mangas de la camisa. Natsu se acercó para ayudarla. Ella miró el chaleco, tenía ONE impreso en letras grandes. "No sabía que ustedes tuvieran un equipo de seguridad."
Respiró profundamente. "Sí, bueno, no confiamos totalmente en los humanos para protegernos. Hemos entrenado en secreto y tu gente no lo sabía, hasta ahora. Mira que incompetentes fueron hoy. Tártaros nos dio fuerza, reflejos y resistencia. Aprendemos rápido. "
"¿Por qué lo hacen en secreto? Este es su hogar. Pueden hacer lo que quieran. "
"Pregúntaselo a tu gente." Él vaciló. "Pedimos un lugar para entrenar y no lo negaron. Arrancamos todas las cámaras del edificio de los hombres. Y entrenamos dentro. "
Ella frunció el ceño. "¿Mike no se lo dijo al Director?"
"¿El encargado del edificio?" Natsu sacudió la cabeza. "Él pasa todas las noches bebiendo alcohol. Lleva nueve años así. Podría estallar una bomba en su apartamento y ni se movería. No se entera de nada. "
"Siento que tengan que hacerlo así." No sabía qué más decirle. "Si las mujeres quieren entrenar aquí, no voy a decirles que no. Ellas no tienen que esconderse de mí. "
Él se encogió de hombros. "Pasamos los obstáculos conforme los lanzan en nuestro camino, pero gracias por la oferta. Lo conseguiremos. De un modo u otro, seremos autosuficientes."
"Sé que lo conseguirán."
Él extendió la mano, pero luego la dejo en el aire, sus dedos quedaron a centímetros de su cara. Lucy se movió hasta que las yemas de sus dedos la rozaron. Los dedos de Natsu se curvaron en su cara, se deslizaron en su pelo y ella apretó la cara contra su mano. Su toque la calmó.
El simple hecho de verlo, incluso en circunstancias tan terribles, la hizo feliz, pero no se lo diría. Lucy levantó la mirada hacia él. "Gracias por salvarme."
Sus ojos oscuros eran hermosos y una emoción desconocida parpadeó en su interior por un instante "¿No te dije que ya no te quería muerta?" Él le acarició el rostro. "Estaba preocupado por ti."
Ella vaciló. "Algunas mujeres me dijeron que te habían visto vigilando el edificio. ¿Por qué lo haces?"
Sus mejillas enrojecieron por la vergüenza durante un instante, apartó la mano de su rostro y la dejó caer. "Me gusta saber que hacen mis enemigos. Vamos" le gruñó. "La sangre no es tuya. Tienes algunos moretones y rasguños, pero vivirás. Tengo trabajo que hacer. Tengo que ver que está sucediendo."
Se sintió como si él la hubiera abofeteado con sus duras palabras, ni siquiera los consideraba amigos. Ella apartó la mirada de la suya. "Voy a ponerme los zapatos."
"No lo hagas. Tienen sangre y te acabo de limpiar. No puedo hacerlo de nuevo. No soy tan fuerte" murmuró.
¿Qué significaba eso? Lucy no estaba segura. Natsu caminó a su lado hacia la puerta del baño, pero no la tocó, se puso los guantes de nuevo, abrió la puerta y se alejó, ella lo siguió mientras se preguntaba que había querido decir con esas palabras. Él había sido amable con ella hasta que soltó eso del enemigo.
Cuatro oficiales de la ONE protegían la entrada. Darren Artino y una docena de sus guardias de seguridad esperaban. Miró a Natsu. "Tus hombres no me permiten entrar."
Natsu le dedicó una sonrisa que no llegó a sus ojos. Le mostró los afilados colmillos. "Puedes entrar ahora."
Artino maldijo e indicó a sus hombres que entraran en el edificio. Su mirada enojada viajó por el cuerpo de Lucy y se tensó. Se dio la vuelta para mirar a Natsu.
Natsu se encogió de hombros. "Necesitaba ropa. Deberías poner una ducha y toallas en los baños del primer piso ya que tienes una seguridad de mierda. Así ella podría haberse lavado la sangre con algo más de comodidad después de salvar su propio trasero. Las toallas de papel no iban a cubrir su pudor, mi ropa interior era mejor que caminar desnuda."
Lucy se llevó la mano a la boca para ocultar su sonrisa. El rostro de Artino enrojeció tras esas palabras. Dejó caer la mano cuando vio a Natsu hacerles un gesto a sus hombres y marcharse del edificio de mujeres sin mirar atrás.
Artino miró a Lucy con indignación. "¿Te puedes creer lo que me ha dicho?"
Ella vaciló y eligió cuidadosamente sus palabras. No estaba en condiciones de decirle que su seguridad era una mierda. "Deberías poner al menos una ducha y toallas en el cuarto de baño del primer piso. Habría venido muy bien. " Lucy apartó la mirada de su expresión aturdida y se dejó caer sobre el sofá. Estaba agotada y quería descansar.
Natsu se detuvo en la acera frente a sus hombres y miró por encima de su hombro a Lucy. Se había sentado en un sofá, se veía cansada y pálida tras la terrible experiencia traumática. Le había resultado muy difícil dejarla, cuando en realidad quería envolverla en sus brazos y darle comodidad. Si ella se echaba a llorar, volvería y la abrazaría hasta que su miedo disminuyera.
Su teléfono sonó y él lo cogió. "Jellal."
"¿Qué hiciste con la hembra humana mientras estuvieron en el baño? Las cámaras los siguieron cuando la llevaste allí, pero no hay en el interior. ¿Todo bien?"
"Sí." Natsu se tensó.
"Deberías haber enviado a uno de nuestros hombres con ella si necesitaba ayuda. Sabes lo que hablamos de ella ¿Estás bien?"
Bajó la voz. "La toqué y me dolió, pero mantuve la calma."
"Bien." Jellal hizo una pausa. "Hiciste un maldito buen trabajo Natsu. Estoy orgulloso de ti. Los humanos están un poco molestos porque fue nuestro equipo quien salvó a la mujer. No están muy contentos con el que tengamos nuestro propio equipo de seguridad."
"Es nuestro hogar. El Presidente de los Estados Unidos nos dijo que esta es nuestra casa y que podemos ser independientes. "
"Lo sé. Se siente culpable por haber financiado a Industrias Tártaros. No tenía ni idea de que era lo que estaban haciendo. Ahora quieren hacer las cosas bien con nosotros. Y nosotros necesitamos tiempo para poder gobernarnos. Tu conversación con Darren Artino fue hostil. ¿Qué te dijo?"
"Estaba disgustado porque nosotros tuvimos éxito donde ellos fracasaron. Se disgustó porque le ordené a mi equipo que no dejara pasar a nadie hasta que comprobara que ella estaba bien. "
Jellal dudó. "¿Mantienes el control? Necesito que lo hagas. Nuestra gente necesita el liderazgo y la orientación para prosperar en este mundo. Te elegí como mi segundo al mando porque eres respetado, porque generalmente mantienes tus emociones a raya y porque quieres lo mejor para nuestra gente al igual que yo. "
"No tienes nada de qué preocuparte," le juró Natsu con la mirada todavía fija en Lucy. "Yo sé que no puedo tenerla."
"Ojalá pudieras." Suspiró suavemente Jellal. "Te mereces la felicidad. Vuelve al edificio de hombres. Estaré allí pronto. "
Que intenso, ¿alguien más sintió que tenía el corazón en la garganta?
¿Creen que ahora el equipo de seguridad humano y el de la ONE tenga roces? ¿o podrán llevarse bien hasta que se complete la transición de poder?
