"Capítulo dieciséis"
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Una semana pasó de que Todoroki se quedó a dormir en la casa de los Midoriya y apenas un día que le quitaron el collarín. Respiró tan a gusto luego de que le hubieran quitado el molesto collarín que le impedía ver periféricamente.
Cabe destacar que en la mañana en la que el mitad y mitad se retiró de la casa de los Midoriya, éste le dijo a Deku que trajera a su gato a la escuela, para que los demás pudieran tener oportunidad de mirarlo, a lo que Deku respondió que estaba de acuerdo con aquella sugerencia, pero que no haría nada al respecto hasta que le retiraran el collarín a Katsuki, puesto a que no quería que su gatito estuviera incómodo frente a personas "nuevas", aunque para Katsuki no eran nuevas. Eran los extras.
Pero eso no lo podía saber Deku, puesto que no se lo diría.
Además, ya estaba viviendo demasiado cómodamente bajo los cuidados del pecoso y la tía Inko, como para tener toda la intención de volver a su anterior vida de humano.
Sin embargo, esa reticencia de regresar, hacía mella en su cabeza de que la idea de estar en casa y que todo siguiera el curso de antes, era la única opción que le restaba en el libro de opciones que mantenía visualmente en su esquema mental.
Y por miles de razones que encontrara en el pozo de sus pensamientos, abriría una abertura en la coraza de su corazón latente que le dijera que pese a toda resistencia que pusiera, debía abandonar el tiempo que llevaba bajo el cuidado de su ex amigo de la infancia.
Sus reflexiones se interrumpieron con el sonido del timbre, haciéndolo detenerse de lamer su pelaje, como medio de asearse sin recurrir al baño.
El auto cuidado lo exhumaba de tener que ser aseado por Deku, en víspera de que los gatos se podían limpiar solos.
La tía fue a atender la puerta, surgiendo un "¿Mitsuki? Buen día, ¿Gustas pasar?" Que le hizo saber que su madre había venido de visita.
Habían pasado unos días sin que ella viniera, pero al parecer no pasarían ni dos semanas para que decidiera irrumpir con su tranquilidad.
Su madre se sentó en el sofá, luciendo unas ojeras debajo de sus ojos que le sacaron de onda, debido a que su madre siempre se veía impecable en su pulcro aspecto.
Frunció el ceño, mirándola desde abajo, dado que previamente había bajado del sofá.
¿Tan preocupada estaba para descuidarse?
Su corazón se encogió culpable de lo que su egoísmo provocó en sus seres queridos.
Su madre cruzó la pierna, mostrándose lúcida, pese a su aspecto ligeramente descuidado. La tía se sentó a su lado, señal de que la apoyaba en su pesar, aunque ella no había recurrido a las palabras, mas que al gesto de pesadumbre de entrar a la casa y tomar asiento.
—Mitsuki, ¿necesitas que te escuche?
Su madre sopló, meneando la cabeza. —¡Qué jodida molestia!—Respingó. El gato se acomodó en el centro de la sala, observando sigilosamente a su madre. —¡Ya ha pasado un maldito mes y seguimos sin encontrar a ese maldito mocoso! Masaru ya no sabe a qué sitio buscarlo, porque ya lo buscamos con el equipo de rescate durante todo el jodido mes y ¡nada! Ese malcriado sigue sin aparecer.
Si tan solo supiera que ahí estaba él, todas sus preocupaciones si irían por la borda.
—¿Katsuki sigue sin aparecer?— Asintió. —Qué raro. Izuku lo ha estado buscando por su cuenta, pero tampoco lo ha encontrado.
—Izuku es un amor— Dijo. —, es una pena que tampoco pueda encontrarlo. No lo culpo si no lo hace. Es un niño que fue víctima del egoísmo de mi tonto hijo.
—Mitsu-
—Dile a Izuku que muchas gracias por su ayuda, pero que deje de buscar a Katsuki— Indicó con frialdad. —Si mi hijo no aparece, tendremos que tomar otras medidas.
—¿Cuáles medidas?
Katsuki tembló en su sitio, empapado de circunstancia.
Su madre podía llegar a ser muy recia en sus decisiones, llegando incluso a tomar medidas bastante precarias por el bien de todos. Y eso le ocasionaba temor, dado que no quería ser encontrado como un gato y sacado de esa casa tan acogedora.
Pues no pensaba dejar a Deku solo.
—Tendremos que averiguar si no fue víctima de un ataque de un villano— Expuso fríamente—. O en todo caso, si no fue víctima de un accidente con algún tipo de quirk.
Él abrió los ojos ampliamente, sintiendo un escalofrío por todo su cuerpo, alterando sus terminaciones. El calor que minutos antes de su visita sentía se evaporó de un parpadeo.
¡No! Gritó. ¡No quiero irme de aquí!
—¿Accidente de quirk?— Balbuceó la tía, incrédula.
—Me he enterado que ha habido muchos accidentes de quirk en la zona de Musutafu— Prosiguió su madre. — Nos dedicaremos a investigarlo con el equipo de rescate y el detective, en caso de que hayamos pasado algo por alto. Si mi hijo fue víctima de un accidente de quirk, encerraremos en la cárcel a ese malnacido que osó joderle la adolescencia a mi hijo. Y de Katsuki me encargaré yo. Le haré ver las consecuencias que lo atañen por ser tan jodidamente débil para todo.
—¿Débil?— Enarcó una ceja la tía.
Katsuki apretó los dientes, crispando su cuerpecito en relación a ese insulto. Él no era débil, solo fue desafortunado(temporalmente) por sufrir un accidente de quirk, pero hasta ahí. No supuso una consecuencia de su debilidad, sino todo lo contrario.
—Mi hijo siempre ha sido carne débil— Bufó su madre, insuflando aire de su pecho. —Necesita que ande detrás de él para que se ponga los pantalones y entienda en qué situación está.
—¿Y cuál es esa?— La cara de la tía Inko estaba pétrea.
—Que acepte que es débil— Manifestó contundente.
¡Maldita!
La tía cogió aire, cerrando los ojos un momento, abriéndolos después.
—Perdóname Mituski, pero—Dijo—;Katsuki no es un niño débil. Estas equivocada en asumir que tu propio hijo es de cierta manera cuando él es quien decide si es de una u otra manera. No puedes liderar su carácter en base a lo que tu quieres que sea. Él es un adolescente suficientemente inteligente y perspicaz, para saber qué hacer con su vida. Si desapareció o no, él tiene la capacidad de sobrellevar esa fatal consecuencia que no le tocó vivir. Y no me mires así, Mitsuki, porque lo mismo diría por mi hijo.
—¡Oye!— La refirió furiosa. —¡¿Me estás jodiendo, Inko?! ¿Ahora me dirás como criar a mi hijo?
—No, pero sí cómo controlarte cuando las cosas están lejos de tu control— Exteriorizó firme. Su madre se quedó callada por unos segundos. Incapaz de replicar. —¿Entiendes lo que te estoy diciendo?
Su madre la ojeó con cierta reticencia, debido a que su silencio repercutía a la característica de que no solía ser muy abierta con sus sentimientos, como lo es él.
Su crianza se vio rodeada por la represión de emociones por encima del ego. La sociedad en su totalidad opacó su verdadera personalidades, eclipsando los vestigios de sus palabras, tapando los huecos de sus acciones por diversas vertientes que no buscaba sacarlas a relucir en sus pensares.
—Lo entiendo— Sopesó su madre con un recelo agrio que cortaba la tensión con un cuchillo. —Aunque sigo pensando que mi hijo es débil de carácter, no de personalidad, Inko. Es débil porque no admite sus sentimientos, no es débil físicamente. Excluye eso. Táchalo de mis palabras. Katsuki es débil de sentimientos, porque malamente lo crié para que no los mostrara, y sus mismas amistades fundamentaron ese fatídico hecho. Ah— Exhaló un bufido. —Es una pena que su talento sea desperdiciado por su egoísmo.
—No exageres, Mitsuki— Disuadió la tía.—Katsuki volverá, aunque tarde en hacerlo. Tal vez el lugar en donde este le impida volver con facilidad.
—Hmm, tienes razón, Inko— Admitió meneando la cabeza en concordancia. —Sueles mirar las cosas donde nadie se atreve a poner el ojo. Bien. ¿Qué dices si tomamos un té y hablamos de otras cosas?—Sugirió de mejor humor.
—Por supuesto.
Y las dos señoras se dispusieron a beber té en el comedor. Platicando y recordando viejos tiempos, mientras que Katsuki se retorcía de la vergüenza de que su madre revelara detalles de su infancia delante de la tía Inko, si de por sí aborrecía recordar lo imbécil que él era para muchos razonamientos, no quería que le recordaran el pasado ni en pintura.
De cualquier manera, la mañana se pasó volando en un santiamén, beneficiando a un ansioso Katsuki de tener la oportunidad de recibir al nerd. Sabía que llegada la tarde, no faltaría mucho para que éste entrara rebosando de alegría, repartiendo mimos a su gatito con un afecto desmesurado. La premura de sus dedos sobre su pelaje, mandaba electricidad por todas sus terminaciones hasta desbocar su corazón de un salto.
Su dulce voz era magia para sus oídos de escuchar.
—¿Cómo estás, hermoso? ¿Qué tal tu día? Te extrañé— Expresaba con gratitud de verlo. El gatito meneaba la cabeza, indicándole que siguiera con sus mimos, lo que él concedió con mucho afecto. —Te tengo una sorpresa.
El gato abrió los ojos, dirigiéndolos a él, desplegando curiosidad.
¿Una sorpresa?
¿Qué es, Deku? El gatito maulló exigente, imponiendo sus patitas hacia adelante.
Quiero saber que demonios me trajiste.
Con sus garritas toqueteó las pantorrillas de Deku, exigiendo que se le diera su sorpresa.
¡Vamos, Deku!
Sus maullidos acaparaban el silencio del aula.
—¿Quieres saber qué es?
¡Sí, joder! Maulló más intenso y más demandante.
Deku soltó una risita, encantado.
Esas reacciones para con él no hacían más que elevar su espíritu a niveles inimaginables. Mecía sus latidos a un ritmo acompasado con relación a su penetrante presencia en su vida.
Juraba que si tuviera manos, éstas le sudarían y la oleada de explosiones se originaría de ellas. O en su caso, explotaría a Deku por accidente.
—Está bien— Accedió, depositando su mochila en el sofá, donde posteriormente sacó una bolsa con un contenido dentro. —Mira— Un collar salió de la bolsa, exaltando los sentidos del gato que receptivos de la acción, miraron absortos un collar con los mismos colores de su traje. Naranja y negro. —Te compré un collar, que dirá que eres parte de la familia. Porque ya perteneces con nosotros desde que llegaste a nuestras vidas— Se hincó, acariciando la espalda delicada del gatito con enternecido afecto. Katsuki no quitaba sus ojos del collar, aborreciéndose por ser merecedor de tal gesto, pero que de alguna manera, le brindaba un gran regocijo ante la dicha de tener un distintivo que diga que es parte de la familia Midoriya. Que es parte de Deku. —Katsuki, ¿Me darías el honor de ponértelo?
Se deshizo en un charco de agua, siendo absorbido por esos enormes ojos verdes que atravesaban hasta su mismísima alma.
Incapaz de negarse, aceptó que le colocaran el collar alrededor del cuello. Un collar que decía el nombre de "Katsuki" en perfectas letras doradas y en la parte de atrás el número de celular del nerd y un letrero que decía: "Si encuentran a este gato solo, por favor llamar a este número"
Pese a tener la opción de negarse, el orgullo de hacerlo, corrió sus venas en un amargo pesar de no tener la desdicha de ver esos ojos bañarse de tristeza, pues no quería ser la causa de su amargura. De sus muchas angustias.
Teniendo el collar que declaraba que formaba parte de la familia Midoriya oficialmente. No cabía en sí mismo para desplegar muestras de alegría que atañen su personalidad siempre violenta y agresiva.
El gatito ronroneó jugueteando con los gruesos dedos de Deku, demostrando el sentimiento de agradecimiento por su paciencia y amor. Oía los cantos de su risa endulzando su gozo, limpiando su arrepentimiento en una capa de pureza que todo lo pintaba de níveo color.
—Me da mucho gusto que te haya gustado tu collar, Katsuki— Agradeció reconfortante. —No sabes lo feliz que estoy de saber que me aceptas.
El momento fue arruinado por el celular de Deku que sonó a una tonada latosa, que reventó su burbuja de felicidad horrendamente.
—¿All Might?— Atendió la llamada, sin percatarse de que era observado atentamente por éste.
¿Qué querrá su ídolo para llamarle en un pésimo momento?
—¿Vendas?— Preguntó confundido, dándose la vuelta. —Bueno, las compraré. Sí, de acuerdo. Las consigo sin problema. ¿Otra dirección? Sí, sí ahí estaré— Se giró a poner su mano sobre su cabecita, sobándola como medio de cerciorarle que todo estaba bien.
Qué perceptivo eres, idiota. Pensó, ronroneando.
Nunca pensó que ronronearía por el nerd, pero la posibilidad de decir «nunca» con Deku, era nula. No valía. Pues sabía que Deku iba por delante de él en cuanto a sentimientos respecta. Lo probaba equivocado cada maldita vez que creía que sus avances no surtirían efecto en su organismo, cosa que lo hacía quedar como un completo idiota en la materia. Pero eso lo enfrentó con fiereza, pese a temer por su sanidad mental, que no se vio afectada de mala manera como predispuso en un principio.
—De acuerdo, ahí estaré— Aseguró, sonriéndole a él. Colgó el celular, dando pie a un silencio corto, pero confortante.
Los silencios penetrantes de Deku significaban tantas cosas que no dilucidaba ninguna, pues eran diluvios del pensamiento.
—Hoy tocará en entrenar en un gimnasio. ¿Quieres acompañarme?
¿Acaso te lo tengo que deletrear, maldito nerd? Gruñó en asentimiento. El contrario sonrió ampliando sus resaltaras pecas en ambos lados.
Pudo sentir que su corazón dio un vuelco.
—Primero tenemos que ir a una farmacia por unas vendas y después nos iremos al gimnasio.
Katsuki asintió sin mostrar su confusión ante la realización de que iría a una farmacia, puesto a que para qué ir, si no hay necesidad de ir.
¿Por qué All Might pedía unas jodidas vendas para entrenar?
Sin más dilación, partieron de la casa rumbo a la farmacia, con Katsuki asomando su cabeza de la abertura de la mochila.
Todo transcurría en perfecto orden hasta que una muchacha de más o menos su edad se posicionó en la fila de pagar con un doberman del tamaño de un fenómeno.
En cuanto Deku pagó el par de vendas, el perro vislumbró la cabecita del gatito asomada y comenzó a ladrarle, sobresaltándolo.
Deku apretó la mochila contra su pecho en su instinto de protegerlo.
—Perdona— Disculpaba la muchacha, apurada. —Mi perro odia a los gatos.
—¿Qué?— Pestañeó temeroso. Apretaba la mochila con tanta inquietud que se notaba su transparente preocupación por él.
En ese momento de distracción, el perro mordió la mochila, provocando que Deku perdiera el equilibrio de sus pies y se viniera para atrás, haciendo que Katsuki emergiera de la mochila, asimismo recibiendo el feroz aliento del perro, quien le ladró, dispuesto a morder su pequeño cuerpo.
Temiendo por su vida, salió disparado hacia la puerta. —¡Katsuki!— Deku gritó yendo tras él, quien corría con sus cuatro patas cortas a toda marcha, oyendo los ladridos del doberman sobre su rastro.
El corazón le amartillaba la cabeza, golpeando contra su cráneo en un dolor agudo.
¡Maldición! Lo que me faltaba, que un maldito perro me persiga.
Si supiera que no soy un gato, lo convertiría cenizas en este mismo instante.
—¡Katsuki! ¡Cuidado!— Seguido de los ladridos del perro, era la voz de Deku que iba corriendo con la voz ronca debido a los gritos.
Katsuki cruzó la calle sin ver, moviendo sus patas a una velocidad tan fugaz que ardían con hacer contacto con el pavimento.
—¡Katsuki!— Gritó el nerd muerto de la mortificación en cuanto un carro se avecinaba hacia él velozmente. El gato se frenó en seco. Sus latidos se oían tanto que apenas logró dilucidar lo que pasaba realmente a su alrededor.
Los ladridos del perro desaparecieron de la faz de la tierra. Y ¿Deku? Ya no lo oía.
Sus ojos como platos vislumbraron el carro que amenazaba con aplastar en menos de un segundo. Quiso moverse, pero sus patas no reaccionaron. Cerró los ojos fuertemente, temiendo por su vida.
Las llantas del carro perforaron sus oídos rasgando sus tímpanos, sintiéndose como si estos sangraran. Sintió un jalón, seguido de una ráfaga cálida que lo envolvió como una bienvenida. Un abrazo reconfortante.
Un pitido se oyó a la distancia similar al claxon de un carro. Muchos pitidos se agolparon en sus ensordecidos oídos.
Acto seguido, se vio moviéndose en círculos hasta estamparse con algo duro. Fue recibido por unos latidos acelerados, cerciorándole de que podía abrir los ojos, dado que el aroma que le llegaba a las fosas nasales era familiar. El aroma de Deku.
¿Fue él quien lo salvó?
¿De nuevo?
Poco a poco despegó los párpados de los ojos, cual cortinas corridas. Un aliento cortado penetraba su cabecita, abanicando sus orejas peludas.
Movió la cabeza hacia arriba, viendo un mar de pecas bañadas en un blanco teñido de rojo.
Respiraba agitado.
Parecía que casi se muere si algo le pasaba a él.
—Por favor, por favor, que te no pase nada— Dijo entrecortado, aproximando la distancia de su miedo a sus mismos oídos, quienes captaron el mensaje más que claro.
Arrepentido, apegó su cabeza a su pecho, sobándose contra su textura.
Deku…
Sus brazos tonificados aprisionaron la pequeña figura del gatito, dilucidando que se dejó caer en la banqueta del otro extremo de la calle de donde vislumbró el carro a punto de arrollarlo.
Unos pasos precipitados se avecinaron a ellos, rompiendo su pequeña burbuja de comodidad.
Frunció el ceño.
Otro condenado extra vino a arruinar su momento.
—Perdona— Deku se levantó, abrazando el gato entre su cálido cuerpo. —¿Usted está bien?—Le preguntó la muchacha—dueña del doberman— con una clara cara de arrepentimiento.
—Sí, sí— Aseguró amable. —¿Y usted? ¿No se lastimó?
Deku se puso de pie. La muchacha tuvo una vista del nerd que ocasionó un pequeño rubor en su rostro blanquecino.
Katsuki gruñó molesto con aquella reacción.
Esa chica de cabello castaño a la altura del pecho, ondulado, estatura del promedio, de complexión delgada. Nada agraciada a sus ojos.
—¿Señorita?
—¡Ah!—Reaccionó precipitada.—Bien. Bien. ¡Oh! ¡Sí muy bien!. ¡Fantástica!
Joder, cállate, maldita.
—Es bueno saberlo— Soltó un suspiro aliviado. —Disculpe si no le permití comprar en la farmacia.
—Oh, por favor no— Excusó la muchacha. —Es mi perro—Señaló al perro con la mirada, quien veía a Katsuki con claras intenciones de morderlo. —No le gustan los gatos.
Hmmm, ni lo menciones, estúpida.
A la mención de "no le gustan los gatos" aprisionó a Katsuki a modo protector, desatando un sonrojo en el pequeño gatito.
—Pero, descuida, Joseph no le hará nada, ¿Verdad Joseph?— Le dijo al doberman con un dejo de regaño. Luego se regresó y entornó sus gestos en unos más suaves.
—Bueno, si tú dices— Dijo precavido. —Hum, si no le molesta, la acompañaré a la farmacia, por haber interrumpido su compra.
—¡Qué!— Espetó ella, ofuscada.
—Si le disgusta, la dejo en paz— Aseguró.
Desde cuándo el nerd era bueno hablando con las mujeres, si siempre que hablaba con alguna era un manojo de nervios.
—¡No! Digo, ¡sí!— Reparó sonrojada. —Por favor, acompáñame…. ehm.
—Es Izuku— Pronunció reservado.—Bueno, la acompaño.
¡Qué molesto! Pensó tronando los dientes entre gruñidos.
¿Por qué tengo que escuchar los flirteos de esta chica idiota? Deku ni siquiera se ve bien con ella.
¡Qué jodido asco!
Mientras tanto, Deku acompañó a la muchacha de nombre desconocido, dado que Katsuki no quiso recordarlo, y para acabarla, ella le pidió su número de celular, a lo que Deku firmemente se negó. Cosa que engrandeció una sonrisa divertida en sus labios, surcando un despliegue de triunfo en él.
Luego de eso partieron rumbo al gimnasio donde All Might los esperaba.
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NOTA: Esos celos Katsuki. Bien hecho, Deku. Te salvaste de coquetear con alguien que no es tu Kacchan.
