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TODOS LOS PERSONAJES, ESCENARIOS Y HECHIZOS CONOCIDOS PERTENECEN A JK ROWLING, YO SÓLO LOS TOMO, LOS MEZCLO Y AGREGO COSAS
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Capitulo 16:
-DRACOOOOO…
El terrorífico grito que profirió Hermione alertó a Harry de la posición en la que se hallaba y de esa forma pudo guiar a los medimagos. Le parecía irónico que aquel salón solo existiera para que su mejor amiga enfrentara a los peores miedos.
La escena que encontró fue desgarradora. La habitación era completamente distinta a como era en la noche que fueron llevados allí por los carroñeros. Sin embargo, la escena parecía repetirse aunque ligeramente diferente, y en otras circunstancias.
Malfoy estaba mortalmente pálido y el charco de sangre bajo su cuerpo era demasiado grande. No tenía que ser un genio para saber que una pérdida de sangre que generara una mancha de esa dimensión no auguraba nada bueno. Sin querer recordó cuando le lanzó el hechizo sectumsempra, Y se sintió asqueado.
Hermione lloraba a la vez que intentaba despertar al rubio y les gritaba a los medimagos que hicieran algo para ayudarlo. Harry tuvo que usar toda su fuerza para alejarla de aquel cuerpo inerte, que pertenecía a su enemigo escolar, devenido en padrino de bodas.
-Harry. Se murió, Draco se murió
El niño que venció tuvo ganas de llorar al ver el estado en que su hermana del alma se encontraba. Hermione siempre había sido la mente práctica, la mujer de hierro, la que contenía a todos a su alrededor y no dejaba que se derrumbasen, aun en las peores circunstancias.
Parecía diminuta entre sus brazos, y con toda su ropa cubierta de sangre suplicaba por ayuda. Jamás pensó que viviría para ver a Hermione en ese estado tan desesperante. Seguramente Malfoy había calado hondo en el corazón de su mejor amiga.
Lanzó una silenciosa plegaria a quien quisiera oírlo. Entendía las motivaciones del hombre que lo atacó en el callejón. Pero también creía que era injusto que Malfoy pagara con su vida por las faltas de su familia. El ya había pagado con su libertad por los errores propios, ahora merecía rehacer su vida, pero sin embargo todo parecía haber terminado.
- Tiene pulso. Es débil, debemos trasladarlo de inmediato.
Lo que siguió a aquella frase fue un borrón de actividad. El medimago que había anunciado el traslado gritaba órdenes a diestra y siniestra, mientras en sus brazos, Hermione se desmayaba.
La bruja que se había mantenido firme durante una guerra a los dieciocho años, no había aguantado la presión de ver a su prometido intentando quitarse la vida y colapsó casi al mismo tiempo que una esperanza nacía en los presentes.
Cuando Hermione volvió en sí, segundos después, pudo ver como los medimagos se llevaban a Draco en muy mal estado rumbo a San Mungo. Harry fue quien los apareció allí. Pues el temblor de sus manos le impedía, siquiera, tomar su varita.
Ya en el hospital Hermione pudo controlarse a sí misma un poco. Aun seguía cubierta de sangre y sus ojos estaban rojos por las lágrimas derramadas. Harry la había dejado sola por un momento para ir a mandar una lechuza que avisara a Narcissa de lo sucedido.
Le llevó muchas respiraciones profundas, y más de diez intentos, conjurar su patronus para que le avisara a Pansy lo que había sucedido.
Los medimagos se habían llevado a Draco tras unas puertas dobles y ya no lo había vuelto a ver. Solo esperaba que sobreviviera pues, en ese momento, no sabría como continuar su vida sin él.
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Ron había pensado toda la noche en las palabras de su padre, e inevitablemente había llegado a la conclusión de que tenía razón. Llevaba años culpando a los demás de sus fracasos y dejándose llevar por la corriente.
Había llegado la hora de que tomara las riendas de su vida y asumiese las consecuencias de sus actos, ya no culparía a las personas por sus fracasos ni reclamaría cosas que en verdad no merecía.
Con la convicción de un hombre renovado, luego de decidir lo que quería para su futuro, se dirigió a la tienda de Pansy. El primer paso sería componer su relación con su futura esposa.
Al llegar, ella había sido demasiado hostil. Con un hábil oppugno había encantado unas tijeras para que lo atacasen. Por alguna razón, a todas las mujeres en su vida, les encantaba aquella forma de castigarlo. Astoria también lo había atacado con ese hechizo cuando lo dejó algunos años atrás.
La ira de Pansy solo se había aplacado cuando él lanzó su varita en señal de rendición y esta rondó a sus pies. Desarmado como estaba, Pansy cesó con sus ataques. Aunque la creyeran traicionera por ser Slytherin, ella nunca atacaría a un mago desarmado. Simplemente eso no era parte de sus convicciones.
- Está, bien habla. Tienes un minuto.
- Pansy yo quiero pedirte una nueva oportunidad. Me he dado cuenta cuan profundo he metido la pata esta vez. sé que nada va a cambiar el pasado, pero sé que estuve mal. Y estoy aquí para pedir tu perdón. No merezco tu indulgencia, pero quiero empezar otra vez, y si lo deseas puedo hacer un juramento inquebrantable ahora mismo. Tu pon las condiciones, y yo las cumpliré.
La respuesta de Pansy quedó suspendida en el aire porque en ese instante el patronus de Hermione ingresó a la habitación.
"Draco intentó suicidarse, está en san Mungo, está muy grave"
Hacía mucho que Ron no oía ese tono de voz en Hermione. Desde que los rescataran de Malfoy Manor no había sonado tan rota como en ese mensaje y Ron sintió celos, pues en ese tono de voz, notó mas sentimientos que todos los que él supo despertar en ella cuando estuvieron juntos.
Pansy inmediatamente comenzó a llorar y eso aumentó los celos de Ron. Malfoy mantenía en vilo a todos a su alrededor y había minado, sin querer, todo el avance que había hecho con Pansy.
En contra de lo que su corazón dictaba, se ofreció para acompañarla a san Mungo. Muy a su pesar, estar presente en un momento triste de su vida, le daba la oportunidad de mostrar sus verdaderas intenciones de cambiar.
Cuando llegaron al sector de urgencias, Pansy corrió hacia Hermione. Hasta ese momento su amiga había estado abrazando a Luna y Pansy se unió al férreo abrazo. En ese instante Ronald lo entendió todo.
Esas no eran una Gryffindor, una Ravenclaw y una Slytherin compartiendo un abrazo. Allí no existían las casas de Hogwarts ni los bandos a los que pertenecieron durante la guerra. Solamente eran tres mujeres, con un pasado en común, que habían madurado y compartían un gran dolor en ese momento.
Ver la falda de Hermione manchada de sangre causó una profunda impresión en el menor de los varones Weasley. Lo que sea que haya hecho Malfoy debió ser algo muy drástico como para dejar marcas tan visibles.
En ese instante un medimago, vestido con la clásica bata color verde lima, emergió desde las puertas dobles por las que se habían llevado a Draco minutos antes.
La expresión del rostro de aquel hombre de piel oscura no auguraba nada bueno. Las mujeres, que hasta ese momento habían compartido un abrazo, contuvieron una bocanada de aire cuando lo vieron aparecer.
- buenas noches, ¿familiares de Draco Malfoy?
- yo, soy su prometida.
- claro, señorita Granger, un gusto conocerla. Debo informarle que hemos logrado detener la hemorragia y hemos logrado colocar al señor Malfoy bajo un hechizo que protege su cerebro y corazón de la falta de oxigeno, por el momento. Pero aun no hemos logrado estabilizarlo por completo. La pérdida de sangre ha sido demasiada y el alcohol que ingirió impide que se le administren pociones re abastecedoras de sangre.
- ¿eso qué significa doctor?
- significa que el señor Malfoy deberá ser transfundido de la forma muggle lo más pronto posible. Necesitamos conseguir con urgencia un donador de sangre.
-yo puedo hacerlo, yo lo haré.
- no señorita Granger usted no podrá. Vera, la transfusión sanguínea en magos tiene ciertas complicaciones. Los magos sangre pura solo pueden recibir sangre de otro sangre pura o el núcleo mágico se vería afectado. Funciona como el grupo y factor sanguíneo por el que se rigen los muggles, no sé si me entiende.
- ¿cuánto tiempo tenemos para conseguir el donante doctor?
- muy poco en realidad. El hechizo de animación suspendida no dura mucho tiempo señorita Granger. Y la poción que el donante debería tomar, para poder multiplicar su propia sangre, tiene un efecto retardado de unos quince minutos.
Pansy, por primera vez desde que se enteró, maldecía el ser mestiza. Su sangre no servía para ayudar a su único amigo. Y todas las demás personas en la sala tenían un cierto grado de mestizaje que les impedía donar. Narcissa, y otros sangre pura conocidos, demorarían demasiado en llegar y era posible que cuando lo hicieran Draco ya hubiera muerto.
La respuesta golpeo a Pansy como si fuera un bludger, la solución a su problema era Ronald. El era sangre pura. El inconveniente, ahora, radicaba en convencerlo de que donara sangre para Draco.
El pelirrojo había tomado asiento unos cuantos metros más allá de donde el medimago daba el informe del estado de su amigo. Pansy corrió hacia él. Y sin pensar en el dolor de sus rodillas se arrojó a sus pies en gesto suplicante.
-Ron, por favor, dona la sangre que Draco necesita. Por favor, haré lo que sea, te daré la oportunidad que me pides, solo hazlo. Sálvalo, es mi amigo y morirá si no lo ayudas.
Ron vio en esa suplica la oportunidad que necesitaba. Lo haría, donaría la sangre que Malfoy necesitaba. Quizás sus motivaciones no fueran altruistas, pero lo haría, si con eso conseguía arreglar las cosas con su prometida.
-lo haré.
La poción que los medimagos le hicieron beber tenía el aspecto del lodo, y sabía prácticamente igual. Durante el tiempo que el bebedizo hacia efecto, las personas en la sala le lanzaron diversos hechizos sanitizantes y le colocaron una extraña túnica con capucha sobre su ropa.
Luego lo dirigieron hacia una habitación tan blanca e iluminada que dañaba la vista. En el centro de la pared más alejada a él, un Malfoy extremadamente pálido yacía inerte en una cama. Si no fuera por el lento movimiento de su pecho, diría que estaba frente a un muerto.
Las manos de Draco habían sido magistralmente vendadas y no podía adivinarse que bajo esas vendas residían dos nuevas cicatrices que se unían a la colección. La ropa manchada de sangre había sido quitada y el cuerpo, semidesnudo, lavado y cubierto con suaves mantas celestes de hospital. Sobre su rostro una especie de casco burbuja enviaba oxigeno hacia los pulmones.
La enfermera que lo escoltaba le indicó un sillón, cercano a la cama, donde debía sentarse. Una vez que hubo tomado asiento la enfermera lanzó un hechizo que unió, con una especie de tubo etéreo, su muñeca al pliegue interno del codo de Malfoy.
- señor Weasley, permanezca quieto el tiempo que dure el conjuro. Una vez cortada la conexión será libre de retirarse.
Ron observaba a Malfoy mientras la sangre fluía de torrente a torrente sanguíneo. Tendido allí, el aristócrata sangre pura y ex mortífago no parecía tan peligroso, ni tan malo, ni rico ni tan distinto a él.
Quizá, en otro universo, donde la pureza de sangre no hubiese importado, aquel hombre inconsciente y él, hubieran sido amigos. O tal vez, si su familia no hubiese sido traidora de la sangre, amante de los muggles, él y Malfoy se hubieran criado juntos. Había un mundo de posibilidades entre lo que era y lo que hubiese sido si solo algo en sus vidas se hubiera modificado a tiempo.
Ambos tenían la misma edad. Ambos habían asistido al mismo colegio y eran hijos de familias antiguas con linajes puros. La epifanía se encendió en la mente de Ronald. Él y Malfoy eran iguales en casi todos los aspectos, menos en lo que a ideología familiar se trataba. Si los Weasley hubiesen sido puristas y los Malfoy traidores, quizás él ahora estaría en Azkaban.
Saberse igual al hombre que había envidiado por años sanó el ego herido del pelirrojo, ego que Malfoy había maltratado largamente en la niñez. Y al fin pudo entender lo que Hermione siempre había dicho y que él no había querido comprender.
Su amiga siempre decía que nadie nace inherentemente malvado. Es la crianza y las circunstancias de la persona la que forman su carácter y le brindan las herramientas para elegir su futuro. El se había reído cuando ella sugirió que si a Tom Riddle se lo hubiese criado en un ambiente amoroso, quizá la guerra jamás hubiese sucedido.
Quizá ese había sido el problema de Malfoy. Quizá su loca tía y su enfermo padre lo habían llevado por el mal camino. Quizá sin toda esa influencia malvada, Malfoy era solo un tipo normal y es por eso que Hermione estaba tan afectada por lo que le sucedía… Bueno, normal no porque había atentado contra su propia vida. Pero probablemente si tenía algo que Hermione consideraba que era posible salvar.
Con el correr de los minutos y el hilo de pensamientos, el rencor que Ronald sentía por Malfoy fue disminuyendo. Probablemente jamás serian amigos porque mucha agua mala había corrido bajo el puente. Pero si cabía la posibilidad de que, en un futuro, dejara de ser hostil con él. Sobre todo por el bien de su relación con Hermione y Pansy, que fuera de todo pronóstico, parecían adorarlo.
Cuando la conexión se desvaneció y la sangre dejó de correr, Ronald pudo ver que Malfoy tenía mejor semblante que cuando entró. Sus mejillas estaban algo sonrosadas y sus parpados cerrados no parecían tan azules como al principio.
- Recupérate Malfoy, no seas cobarde…
Con esas palabras Ron abandonó la habitación. Había pasado los últimos cuarenta minutos de su vida sentado al lado de su némesis infantil y muchas verdades se habían revelado ante sus ojos.
Cuando Ronald dejó la habitación Draco abrió sus ojos por primera vez desde que los cerrara en la mansión. Sintiéndose realmente bien se levantó de la cama y caminó hacia la puerta. Aun el recuerdo de lo que hizo no había regresado a su mente así que se sintió un poco extraño al despertar en un sitio desconocido. Pero lo realmente extraño vino después.
Una enfermera abrió intempestivamente la puerta que él, segundos antes, había intentado abrir. Eso no era lo raro, lo raro fue que la enfermera lo atravesara como si fuera aire, sin percatarse de su presencia. Giró sobre sus pies y lo vio.
Su cuerpo reposaba indolente sobre una cama de hospital, sobre su rostro un casco burbuja enviaba oxigeno hacia sus pulmones. Y la enfermera realizaba hechizos extraños sobre su pecho. Una segunda enfermera lo atravesó, seguida de un medico que gritaba ordenes. Algo extraño ocurría en aquella habitación, y no estaba completamente seguro de que era.
-¿Estoy muerto?...
-evidentemente aun no lo estas. ¿Por que seguirían trabajando los medimagos si ya hubieras muerto?
-¿Severus?, padrino, tu estas…
-¿muerto?, es verdad.
-¿Qué haces aquí?, y ¿por qué puedo verme en esa cama?
- eso Draco no lo sé. Tú me has invocado, tú manejas la situación. Así que tú dime.
- no sé qué sucede Severus.
-¿No es evidente?, has intentado suicidarte y has fracasado casi por completo.
Los recuerdos de los acontecimientos de la mañana regresaron en tropel a la memoria de Draco. Luego del enfrentamiento con el hombre del callejón Diágon, había huido hacia la mansión y se había emborrachado hasta el tuétano.
Preso de la culpa por haber formado parte del bando equivocado en la guerra había dejado ganar, por primera vez desde que recibió la marca tenebrosa, a sus demonios internos.
Nunca había sentido esa necesidad tan fuerte, ni siquiera en sexto, cuando debía matar a Dumbledore, la idea había permanecido el tiempo suficiente en su cerebro. Quizá había superado el egoísmo de asegurar su supervivencia, para limpiar con su muerte las culpas de otros.
El jamás había asesinado a nadie, y cuando debió lanzar la maldición cruciatus, su convicción era tan débil que sus víctimas gritaban mas por costumbre que por verdadero dolor.
Nunca había tomado una cautiva a la fuerza, ni había posado lujuriosos ojos en las prisioneras más bonitas que encerraban en las mazmorras. Él y su madre habían llevado comida y medicinas a los que estaban privados de su libertad en la mansión. Él mismo entregaba pociones anticonceptivas a las muchachas que habían tenido la desgracia de ser ultrajadas por los asquerosos mortífagos que residían en su hogar ancestral.
El no era realmente culpable de todos los atroces actos que los verdaderos mortífagos habían cometido, pero se sentía tan culpable como si de su varita hubieran salido todas aquellas maldiciones asesinas.
O quizás había tenido un momento de debilidad al admitirse, finalmente, lo que sospechó aquella tarde en París. Estaba enamorado de Hermione, y su pasado había vuelto a recordarle que no la merecía y por eso había tenido el estúpido impulso de convertirse en un mártir por ella, para que no tuviera que atar su vida a la suya.
Y ahora estaba en esa especie de limbo, ni vivo ni del todo muerto. Podía ver la desesperación de los medimagos por reanimarlo, y sin embargo no sentía más que un leve cosquilleo en su pecho.
- creo que estoy muriendo…
- eso parece, pero sin embargo creo que la elección es tuya. ¿Qué deseas Draco?
-no lo sé padrino.
- entonces primero debes pensar porque lo intentaste en primera instancia.
- por culpa, por amor.
- veamos, ¿qué clase de culpa te impulsó Draco?
- no lo sé, creo que escuchar a ese hombre me recordó que soy hijo de un mortífago. Que fui un mortífago, que intenté matar.
- y la palabra clave es esa, intentaste. No lo hiciste Draco, tus estúpidos e inútiles intentos solo denotaban la falta de corazón que ponías en esa misión. Estuviste en la cárcel por eso. Ya pagaste tus culpas. Y tu padre pago las suyas con su propia vida. No tienes por qué hacerte cargo de cosas que tu no hiciste.
- es verdad, sin embargo no hice nada para evitar esas terribles cosas.
- no hubieses podido. No eres un Gryffindor, tú no te presentas como un mártir voluntario, jamás te inmolarías por la causa. Eres astuto Draco. En ese momento no podías hacer nada, pero siendo un Slytherin, y si de verdad quieres enmendar esos errores, solo estando vivo podrás marcar la diferencia.
- creo que tienes razón.
-naturalmente. En cuanto al amor…
La figura semitransparente de Snape colocó su mano sobre su barbilla en un gesto pensativo.
- hablamos de la señorita Granger si no me equivoco.
- sí, el ministerio la eligió como mi pareja, he llegado a conocerla y considero que es perfecta.
- la insufrible sabelotodo, la prefecta perfecta ha derretido el congelado corazón del príncipe de Slytherin. Si he de ser sincero, siempre supe que en el fondo esa sangresucia te atraía.
- ¿de qué hablas padrino?
- vamos Draco, el colegio estaba repleto de sangre sucias y tu solo molestabas a una. Qué casualidad que el único blanco de tus burlas haya sido tu pareja ideal. No digo que siempre te haya gustado, cambia esa expresión, solo digo que siempre hubo algo que te atrajo de ella. Y para bien o mal tengo razón, pues es tu pareja perfecta.
- no lo había pensado.
- ese es tu problema. Jamás piensas.
- tú has estado enamorado de una sangresucia de Gryffindor, morir sería un buen acto, ¿no lo crees?
- No Draco. No lo seria. Si de verdad amas no morirías, porque uno no muere por amor. Uno vive por ese amor, lucha, pelea, vence por ese amor. No cometas mis errores muchacho. Pelea por lo que sientes, no dejes que tus demonios internos ganen y la alejen de ti. Porque te arrepentirás amargamente.
Draco no respondió. Solo pudo observar como el medimago que parecía ser el jefe, obligaba a todas las enfermeras a retirarse de su cuerpo para invocar con su varita algo muy parecido a un rayo de tormenta.
- Debo irme ya, ¿has decidido?, ¿vienes o te quedas?
- me quedo.
El haz de electricidad pura dio de lleno en el pecho de Draco y al mismo tiempo que decidió quedarse, su corazón comenzó a latir nuevamente. Y todo se desvaneció a su alrededor.
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- ¿Familiares de Draco Malfoy?
- aquí, yo soy su madre.
- y yo su prometida.
Narcissa había llegado a San Mungo cerca del anochecer, justo cuando Pansy, Luna, Theodore y Ronald se retiraban a descansar. Hermione no había querido moverse de su asiento, pero si había accedido a limpiar la sangre de su ropa para que cuando Narcissa llegase no tuviese que ver el estado en el que estaba.
Harry había regresado a su trabajo, y ahora solo ellas dos estaban esperando por novedades del estado de salud de Draco.
- el señor Malfoy ha sufrido un episodio cardiaco. Pero hemos logrado estabilizarlo completamente. Sus niveles de sangre han demostrado mejoría. Creemos que lo peor ha pasado
- ¿episodio cardiaco?
-un ataque al corazón Narcissa. Doctor, ¿Draco puede quedar con secuelas?
- la estabilización ha sido relativamente rápida señorita Granger. Los hechizos de diagnostico indican que no hay secuelas, sin embargo solo estaremos cien por ciento seguros cuando el señor Malfoy despierte. Pueden pasar a verlo, de a una por vez, si son tan amables.
Narcissa fue la primera en pasar, Hermione moría por volver a ver a Draco, pero su madre era quien tenía mas derecho que ella. Así que la animó a entrar.
La señora Black lloró al ver a su pequeño niño recostado en esa fría cama de hospital. Le parecía ayer que lo tuvo entre sus brazos y acariciaba sus finos cabellos de bebé. Draco había sido su pequeño milagro. Había perdido varios embarazos y bebés recién nacidos antes que él. Por alguna razón, antes de Draco, sus hijos no permanecían en su vientre lo suficiente como para nacer sanos. O nacían y la abandonaban antes de poder ponerles un nombre.
Fue su hermana Andrómeda quien le sugirió que visitara un medico muggle. Había mantenido correspondencia, en secreto, con ella desde que fuera expulsada de la familia. Y su concejo había sido el que salvara a Draco de la muerte en su vientre.
Y ahora estaba ahí, parecía tan joven tendido en esa cama. Su cabello se veía opaco y sus ojos del color de las tormentas estaban implacablemente cerrados. Su niño casi había muerto culpa de los recuerdos que aquel hombre demente, a causa de su marido, había reflotado.
- Draco, mi amor, vuelve. No dejes a tu madre sola, aun no es tiempo de que te vayas…
Narcissa tomó asiento en el pequeño sillón ubicado a la derecha de su hijo y tomó la mano vendada. Con sumo cuidado besó las heridas cubiertas como hacia cuando era niño y se lastimaba. Lo besó como cuando un beso sanaba cualquier herida y las lagrimas cesaban inmediatamente.
Había estado tan feliz y tranquila los últimos tiempos, llegó a pensar que Hermione era todo lo que Draco necesitaba para sanar su corazón definitivamente. Pero se había equivocado, ella solo era un aliciente, su hijo tenía cicatrices más profundas que las que nadie había podido imaginar y las consecuencias habían sido fatídicas.
Pidió auxilio a cada una de las deidades que conocía, sin ser religiosa, rogó a quien pudiese oírla. Rogó como solo una madre puede hacerlo cuando su hijo se encuentra en peligro. Ofreció su vida si era necesario, con tal de que su hijo viviera, ella estaba dispuesta a hacer cualquier cosa. Enfrentaría a Voldemort nuevamente si era necesario.
Alguien golpeó la puerta y Narcissa enjugó sus lágrimas antes de besar la frente de su hijo. Seguramente más personas deseaban verlo y quería darles ese privilegio.
- Señora Black, Hermione ha ido a la cafetería, llevaba horas sin comer nada y Luna la ha obligado a bajar. Si me lo permite quiero entrar a ver a Draco.
- por supuesto querido Theodore, estoy segura de que Draco se alegrará de verte.
Narcissa abandonó la habitación con rumbo a la cafetería, y Theodore se adentró en el cuarto donde un Draco inconsciente lo esperaba.
Los hombres no deben llorar según las costumbres, pero puede que Theodore no fuera el hombre que las costumbres dictaban. Sentado junto a su único amigo de la infancia derramó silenciosas lágrimas antes de atreverse a emitir palabra.
- eres una gran reina del drama Malfoy. Pero esta vez hiciste algo terriblemente estúpido.
Theodore rió mas para sí mismo que para la única otra alma de aquella habitación.
- Estamos bastante rotos, ¿verdad? La guerra nos hizo perder mucho hermano. Salimos vivos de milagro, y tu intentaste quitarte el único premio que obtuviste por toda esa mierda que te tocó vivir. No puedes morirte grandísimo idiota.
Contrario a su costumbre Theodore desordenó su cabello con algo de desesperación.
- voy a ser padre Draco. Luna está embarazada… Ya lo sé, aun es pronto, pero ella dice que las casualidades no existen. No puedes morirte porque mi hijo necesita a su padrino con vida. Eres al único que le confiaría mi hijo y no puedes fallarme porque te iría a buscar a cualquier infierno donde te escondieras, si fuera necesario.
Sé que te abandoné cuando más me necesitabas, Blaise y yo nos arrepentimos de eso. Pero siempre fuiste tan cabeza dura, fue imposible razonar contigo y no tuvimos otra opción. Lo siento por eso.
Debes despertar hermano. Hay muchas cosas que debemos experimentar juntos todavía, quiero ver crecer a tus hijos y que sean amigos de los míos.
Allá afuera Granger está hecha toda una leona enjaulada, sospecho que no le eres indiferente. Eres asquerosamente suertudo. Todos te aman o te odian con la intensidad de mil soles. Y si no me equivoco ella ya no te odia…
Theodore Nott siguió con su monologo por un tiempo más, hasta que Hermione golpeó a la puerta y tuvo que retirarse finalmente. Si no salía, esa mujer lo hechizaría tan fuerte que sus nietos seguirían sintiendo los efectos de la maldición.
Hermione pudo ver finalmente a Draco. Su semblante era mucho mejor que el de esa mañana, cuando los médicos lo sacaron de la mansión. Ahora solo parecía dormir, solo el casco burbuja evidenciaba que en realidad estaba sumido en un coma bastante profundo.
Caminó lento hacia el sillón, temía que el durmiente despertara con sus torpes pasos. Tomo asiento y al acercarse a él pudo ver, en su torso desnudo, decenas de cicatrices que no sabía que existían hasta ese momento.
En su hombro, y por lo que podía ver, también parte de su espalda, una piel rosada, suave y arrugada mostraba una gran quemadura ya sanada. Hermione recordó automáticamente el fuego demoniaco que se desató en la sala de menesteres durante la batalla final y a Crabbe siendo consumido por las llamas.
Luego observó las decenas de pequeños cortes con cicatrices blanquecinas que poblaban el marcado pecho, sin dudas esas eran las marcas del sectumsempra que Harry le lanzara en sexto año.
En su brazo izquierdo estaba la única cicatriz que conocía de antes. La que Draco se había hecho intentando extirpar la marca tenebrosa y que los médicos de Azkaban habían cocido sin ningún tipo de cuidado.
En su abdomen había marcas similares a las que dejaría un cigarro. Sin dudas aquellas eran producto de algún tipo de tortura. Pero lo que más le llamó la atención, fue lo que tenía en el centro de su pecho. Un conjunto pequeñas cicatrices en forma de estrella de muchas puntas. Cicatrices que solo la maldición cruciatus puede dejar. Las conocía bien. Pues ella tenía en su propio pecho una similar.
Ahora entendía las acciones de Draco. El ataque que sufrió en el callejón Diágon había abierto cicatrices mucho más profundas que las que podían observarse a simple vista en su piel.
- lo siento Draco, no me di cuenta que sufrías. ¿Por qué no me lo dijiste?, quizá te hubiese podido ayudar. Despierta Draco por favor.
Hermione se echó a llorar y apoyó su frente en el colchón de la cama en la que Draco reposaba, a la vez que tomaba su mano, donde el anillo de compromiso refulgía en rojo sangre desde la mañana. Ella internamente agradecía internamente que aun siguiera marcando que Draco estaba en problemas, temía que al borrarse el mensaje labrado, Malfoy dejara de existir. Ver el anillo vivo en su dedo era la esperanza de que no todo estaba perdido, al menos aun respiraba.
- Despierta Draco, no me dejes sola, yo también te amo…
Hundida en su dolor, Hermione no pudo notar como el ritmo de la respiración cambiaba, ni vio como las largas y doradas pestañas revoloteaban con el despertar de los ojos que las portaban.
- Repite eso Granger…
Con voz ronca y quebrada, Draco hacía notar que había oído las últimas palabras de Hermione.
- ¡Draco!, ¡estás bien!, no puedo creerlo, estas bien.
Hermione hipaba mientras se abrazaba al cuerpo de Malfoy, aun se encontraba muy débil, pero que con ese abrazo sintió que las fuerzas volvían a él.
- repítelo.
- Te amo Draco Malfoy, y no vuelvas a intentar suicidarte porque yo misma te mataré…
Hermione deshizo el casco burbuja por un momento, y besó los labios de Draco intentando poner en acciones las palabras que había dicho.
Hacía tiempo que algo había cambiado con respecto a él. Pero no fue hasta el romántico viaje que hicieron que sospechó que podría tratarse de verdadero amor y no mera atracción física. No fue hasta que el anillo de compromiso lo nombrara que tuvo la oportunidad de confirmarlo. Malfoy se había metido bajo su piel y no había poder en la tierra que pudiera sacarlo de su corazón.
- tomaré eso como una advertencia… me alegra que también me ames Hermione, porque yo estoy totalmente perdido de amor por ti, y no tengo idea de qué hacer con eso…
- yo tampoco, pero lo averiguaremos juntos, lo prometo.
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N.a: perdooon, no quería hacer sufrir a nadie, ni siquiera a Draco pero juro que él solo hizo eso, yo solamente lo escribí. (No estoy loca, mi realidad es diferente). Espero que les haya gustado este capítulo, y aguardo sus opiniones ansiosamente. Como siempre: HASTA LA PROXIMA!
