Los personajes de Twilight no son míos sino de Stephenie Meyer, yo solo me divierto un poco con ellos.


Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite fanfiction)


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Capítulo 8

—Hola, hermosa, ya casi tengo la cena lista, he preparado pasta, no le puse albahaca, sé que la última vez te dio náuseas.

Esperé su dulce risa en respuesta, pero en lugar de eso, su sollozo me preocupó.

»Bella, amor, ¿qué pasa?

No sabía lo que pasaba, pero sí sabía que los Swan tenían la culpa, ella se había marchado de aquí con una sonrisa en el rostro y ahora ni siquiera podía formar una oración por sus sollozos.

—Nena, amor, dime qué pasa, ¿dónde estás?

La escuché gimotear un poco más, me estaba volviendo loco.

¿Y si los Swan la convencieron de irse y ahora mismo estaba en el aeropuerto y la llamada era para despedirse?

¿Y si los Swan la condenaron y la repudiaron?

No sabía qué era peor.

Yo podía viajar a Washington y traerla de regreso, incluso la secuestraría y me aseguraría de que los Swan no pudieran acercarse a ella nuevamente.

Tal vez ella me estaba llamando para que fuera por ella y la alejara de su egoísta familia, tal vez...

Pepillo conciencia:Tal vez deberías callarte y escuchar a nuestra esposa.

—Nena, intenta respirar profundamente, llorar no le hace bien a Journey.

—Mi bebé.

—Sí, amor, nuestro bebé, intentan tranquili...

—Me duele mucho, Edward.

Apagué la estufa y corrí hacia la puerta tomando las llaves y la cartera en el proceso.

—¿Dónde estás, nena? Voy para allá ahora mismo.

—Estoy a un lado de… —Se quedó sin aire y yo quise explotar, tenía que ir con ella, tendría que haber ido, no quedarme en casa porque ella lo había pedido, debí insistir más, incluso obligarla a aceptar que la acompañara.

Sabía que no podía confiar en los Swan, ¿y si ellos habían adelantado el parto para tener al niño con ellos?

Pepillo conciencia:Creo que estás exagerando... o tal vez no, ve ahora mismo por nuestra princesa.

Escuché movimiento a través del teléfono, así como la voz de una mujer tranquilizando el incontrolable llanto de Bella.

—¿Bella?

¿Esa era Carmen?, no podía diferenciar voces.

Solo sabía que estaba gritando a través del teléfono, Bella ni siquiera me respondía, podía escuchar sus sollozos a lo lejos.

—¡Bella! ¡Bella! ¡Amor!

Estaba a punto de volverme loco de la ansiedad, pateé las puertas del elevador porque no se abrían rápido.

Escuchaba movimiento y voces lejanas, Bella decía algo sobre nuestro bebé, sobre estar en las últimas semanas del embarazo, escucharla decir el nombre de la obstetra me desestabilizó.

¿Ella estaba teniendo al bebé?

Llegué a mi auto pensando en ir al hospital, si ella lo dijo es porque iría ahí, pero...

—¿Hola?

—Hola, ¿quién es usted? ¿Qué pasa con m i esposa? ¿Cómo está ella? ¿Dónde está? ¿Está de parto?

—Soy el paramédico de la ambulancia, llevaremos a su esposa al Hospital Universitario, está en trabajo de parto, aún no ha dilatado completamente, pero el tiempo entre contracciones es muy corto.

—¿Trabajo de parto? Ella estaba bien cuando salió de aquí.

—Tenemos que llevarla al hospital, señor, podrá verla allá.

El paramédico me colgó y yo arrojé el teléfono contra el asiento del copiloto, necesitaba llegar al hospital de inmediato.

Mientras salía vi a Carmen llegar con un auto que supuse era rentado, no me detuve a preguntar por qué ella estaba ahí y no con Bella, yo solo necesitaba llegar a ella.

Debí ir con ella, debí hacerlo.

Mi esposa e hijo estarían bien si tan solo hubiera ido con ella, si hubiera presionado y demandado ir.

...

Entré corriendo a la recepción preguntando por mi esposa, la enfermera revisó y me autorizó a entrar diciéndome el número de la habitación y qué pasillo seguir.

Si ella me dejaba entrar entonces quizás Bella no estaba mal.

Si algo le llegaba a pasar a ella o a Journey, o a ambos, jamás me lo perdonaría.

Entré a la habitación encontrando a Bella recostada con cables conectados a su pecho y en el abultado vientre.

La enfermera intentaba consolarla recordándole que no era bueno estar tan alterada.

—¿Amor?

Bella me miró y comenzó a llorar aún más, la enfermera suspiró.

—Señora Cullen, si no logra controlarse tendremos que sedarla, y en su actual condición, eso solo podría retrasar la dilatación. —Se giró a verme—. Por favor, intente calmarla, regresaré con el médico en un momento.

Asentí y me acerqué a Bella.

Ella me aceptó enseguida, queriendo que la rodeara con mis brazos, lo cual hice, y besé el tope de su cabeza.

Comenzó a balbucear mientras seguía llorando, lo que imposibilitaba que le entendiera cualquier cosa que quería decir.

—Vamos a calmarnos primero y después hablamos, ¿de acuerdo?

Ella asintió, pero siguió sollozando.

La ayudé a respirar suavemente como nos habían enseñado en las clases prenatales, sostuve sus manos todo el tiempo, besándolas de vez en cuando y recordándole lo mucho que la amaba. Lentamente fue tranquilizándose, seguía hipando debido al largo tiempo que estuvo llorando, pero por lo menos estaba más calmada, el latido de su corazón era más estable al igual que el del bebé.

—No quiero preguntar qué pasó porque lo último que quiero es que vuelvas a alterarte —le dije besando los nudillos de sus manos—, pero necesito saber qué es lo que te ha alterado tanto como para ponerte en trabajo de parto.

Bella negó con la cabeza al mismo tiempo que apartaba sus manos de las mías.

»¿Acaso fue el sexo lo que hizo que tu parto se adelantara? —Podría ser, habíamos sido un tanto efusivos, quizás la lastimé sin darme cuenta.

Bella se encogió de hombros aún sin querer verme.

Sabía que no era eso, no era estúpido, ella había estado bien cuando se marchó del departamento, habíamos estado riendo y bromeando, incluso se marchó con la promesa de otro round sobre la alfombra que había sacado de la habitación de Journey y llevado a la nuestra.

Tomé una bocanada de aire antes de hacer mi siguiente pregunta.

—¿Pasó algo con tu madre?

Bella comenzó a llorar de nuevo y yo me sentí el mayor imbécil por haberlo provocado, pero necesitaba saber qué había pasado para poder ayudarla a superar lo ocurrido y quizás olvidarlo, si era lo que ella quería.

Porque por más que los Swan no me agradaran, eran la familia de Bella y sabía cuánto ella quería que Journey fuera amado y aceptado por ellos.

—Soy un asco —dijo, dejándome sorprendido y contrariado.

—Eso no es cierto.

—Claro que lo soy —murmuró cabizbaja para después mirarme asustada—. Por favor, Edward, por favor, dime que tú me vas a seguir amando, por favor.

—Yo siempre te voy a amar, nada de lo que me digas o pienses va a cambiar el hecho de que te amo con cada parte de mi cuerpo.

Ella me miró con sus enormes ojos llenos de temor antes de asentir, sopesando lo que acababa de decir, intentando creer en mis palabras.

¿Qué había pasado con los Swan para que Bella pensara de esa manera?

—Charlie no es mi padre.

—¿Qué? —Jamás esperé que me dijera eso, pero ¿realmente se había alterado solo con esa noticia? No lo creía, mi esposa era más fuerte que eso.

—No lo es, y no sé si está muerto o fue solo otra de sus mentiras.

¿Otra de sus mentiras?

—Princesa, realmente no te estoy entendiendo.

Me miró con esos enormes ojos color chocolate inundados en lágrimas, era la primera vez que la veía de esta forma, ¿qué tan lastimada estaba? Jamás le perdonaría a los Swan haberla lastimado tanto.

—Dime qué ha pasado, amor, permíteme ayudarte.

Bella me contó cada detalle, desde lo inquieto que estaba nuestro bebé durante el trayecto al hotel en donde se hospedaban los Swan, hasta que la mujer detrás de su auto se bajó para reclamarle porque había frenado de repente, solo para encontrarla doblándose del dolor por la contracción.

—Fue ella quien llamó a la ambulancia, no sé qué habría hecho sin ella, yo estaba muerta de miedo, solo quería regresar a ti, pero ya no podía conducir, por eso es que te llamé, necesitaba tenerte a mi lado, necesitaba sentirte cerca de mí.

Me sentía asqueado y dolido.

Durante los diez años que llevábamos juntos, los Swan siempre me habían tachado de indecente, de no encajar en sus estándares conservadores, decían que mi familia no tenía buenas costumbres como las suyas.

Juzgaron cada paso que dimos.

Nunca estuvieron de acuerdo con nuestra forma de vivir, siempre recordándole a Bella que no era la manera en que la habían criado y lo malagradecida que estaba siendo por no escucharlos y corregir lo que ellos consideraban incorrecto.

¿Cómo se habían atrevido?

—Sé que... —sorbió y limpió su nariz con la manta que la cubría— sé que quizás ya no soy la esposa que quieres, entiendo que ahora sientas repulsión por mí, pero por favor, por favor no...

—¡Cállate en este instante! —Quizás fui un tanto brusco pues ella me miró lastimada, pero no podía escucharla hablar de esa manera—. Deja de decir esas estupideces, nunca me darías repulsión, siento asco por Renée y Eleazar y por lo que hicieron.

—Me hicieron a mí —sollozó cubriendo su rostro con sus manos—, yo te doy asco.

—Claro que no, nena, lo único que siento por ti es amor. —Tiré de sus manos para que dejara de esconderse, me miró aún con lágrimas en los ojos, intenté limpiarlas, pero volvían a salir más.

Me incliné y besé castamente sus labios, fue ella quien se aferró a nuestro beso, sin querer terminarlo, la complací besándola lentamente, saboreando su sabor. Dejando que nuestro beso la calmara lo suficiente.

—Te amo a ti —dije separándome de sus labios, pero seguí dejando suaves besos en su rostro—, amo a Isabella Cullen, no Swan, no me importa quiénes te engendraron, amo a la maravillosa mujer que eres, la mujer sexi y valiente, la mujer que lucha por lo que quiere, amo a mi esposa y nada de lo que digas hará que cambie mi opinión.

—¿Lo dices en serio? —preguntó echando la cabeza hacia un lado, dejando que mi boca besara su cuello.

—Completamente —dejé un beso en su clavícula sintiéndola suspirar—, ni siquiera un jodido meteorito haría que dejara de amarte como lo hago.

Bello tiró de mi cabello para que la besara nuevamente.

Le hice el amor con mi boca, expresando todo lo que sentía en ese beso.

Necesitaba que ella creyera en mis palabras.

Que supiera que nada de lo que ahora sabíamos afectaba lo mucho que la amaba.

No sabía cómo lidiar con esto, sabía que estaba lastimada y sería condenadamente difícil que dejara de estarlo, no era fácil ni sencillo de procesar encontrar a tu madre y tío en la cama, lo era mucho menos cuando la posibilidad de que fuera hija de Eleazar y no de Charlie la atormentaba.

Sabía cuánto Bella amaba a Charlie, era su héroe, había fallecido cuando ella era demasiado pequeña, apenas si lo recordaba, pero sus recuerdos de cuatro años junto con las historias de su familia habían hecho que Charlie Swan fuera un héroe para Bella.

Incluso lo fue para mí, Bella y toda la familia hablaban de Charlie Swan con tanto respeto que era imposible no sentir admiración por el hombre.

Necesitaba llamar a Victoria, quizás intentar que entrara a ver a Bella y hablar con ella, realmente no sabía qué hacer.

Bella estaba deprimida.

El día que se suponía debía ser uno lleno de alegría, nervios y emoción estaba siendo opacado por esa noticia.

La obstetra de Bella entró a la habitación seguida por la enfermera.

—Veo que te encuentras más tranquila, Isabella —dijo la obstetra mientras acercaba un banquillo a los pies de la cama—. ¿Por qué no me dejas ver cómo van las cosas acá abajo? Llegaste con contracciones cada quince minutos, ¿ha disminuido el tiempo entre cada una?

—No he tenido contracciones.

Caí en cuenta de las palabras de Bella, desde que había llegado ella estaba sollozando y después me centré en intentar calmarla, escuché lo que tenía que decirme y luego volví a besarla.

Habían pasado más de treinta minutos y ella no había tenido ninguna contracción, yo no pregunté porque, bueno, sabía que los partos se demoraban, y si el trabajo de parto se adelantó fue por el disgusto que pasó, pero aun así supuse que íbamos a pasar el día y la noche por completo en este lugar hasta que por fin tuviéramos al bebé con nosotros.

La obstetra revisó a Bella en su zona íntima, palpó haciendo que Bella hiciera muecas y revisó las máquinas a las que estaba conectada, no sabía realmente qué tanto hacía, pero ya que su semblante era clamado, quería creer que las cosas estaban bien.

—No hay razón para creer que el niño o tú estén en peligro, ambos tienen ritmos cardiacos estables, tienes apenas cuatro centímetros de dilatación, así que no tendremos a este bebé hasta dentro de unas cuantas horas más, te mandaría a casa, pero ya que tuviste un leve caso de estrés y te han traído los paramédicos, te dejaremos aquí para prevenir.

—¿Mi bebé estará bien?

—Está estable y nos aseguraremos de que siga así hasta el momento del parto.

Ambos asentimos mientras la obstetra salía de la habitación.

...

Pasamos las siguientes dos horas hablando de banalidades, en un momento tuve que regresar al departamento por la maleta que habíamos preparado para este día y dejé a Bella por cuarenta minutos a pesar de que no quería hacerlo.

Caminamos por la habitación, la ayudaba con suaves masajes en la espalda baja y en sus hinchados pies, la besaba cuando ella lo quería.

Las contracciones habían vuelto, esta vez se repetían cada cierto tiempo, pero eran con el suficiente espacio como para saber que aún nos faltaban muchas horas más en este lugar.

Pero, aun así, yo necesitaba saber el estado emocional de Bella, no era sencillo para nadie procesar lo que ella sabía ahora, y lo era mucho menos cuando estabas embarazada y en labor de parto.

Le repetí en todo momento cuánto la amaba y lo mucho que significaba para mí, la besaba por largo tiempo, si hubiera podido, le habría hecho el amor para que estuviera segura que aún me seguía gustando, que no había nada en ella que detestara o me desagradara.

Las horas pasaron y con ellas las contracciones iban en aumento.

Temí que los Swan se presentaran, pero ese no había sido el caso, quizás habían regresado a Washington, por lo menos teniendo la decencia de comprender que Bella no estaba en condiciones para verlos, que no había manera de que yo priorizara lo que ellos necesitaban. Realmente no sabía si era Carmen a quien vi en el estacionamiento del edificio cuando yo salí a toda prisa.

Pasaron otras tres horas más para que llegara el momento, las contracciones en este punto eran demasiado fuertes, Bella apenas si podía soportarlas.

Para cuando la obstetra regresó a revisarla por última vez, ordenó a Bella pujar en la siguiente contracción.

Realmente no me había detenido a pensar en cómo era un parto.

Sabía lo básico, todo el mundo sabía lo que pasaba en un parto o por lo menos de manera superficial.

Sabía que iba a haber gritos, me iba a lastimar, iba a doler.

Habíamos leído libros, tomado clases prenatales preparándonos para este momento, pero no podía recordar nada de lo que había aprendido, estaba en blanco, sintiéndome un estorbo en lugar de ayudar.

Bella sollozaba en la cama, apretando las barandillas de la camilla, jadeando por aire y sudando a mares.

Tenía las piernas levantadas en los estribos, pujaba cada vez que la obstetra se lo pedía, las enfermeras a nuestro alrededor se movían, sabían lo que había que hacer mientras que yo estaba ahí parado sosteniendo la mano de Bella.

—No puedo —jadeó dejándose caer sobre su espalda, le faltaba el aire, estaba sudada y tenía los ojos llorosos.

—Vamos, Isabella, puedes hacer esto, dale otro empujón a tu bebé.

—No, no puedo —negó con la cabeza llorando.

Me acerqué a ella, entrelazando su mano con la mía.

—Hazlo, Bella.

—Duele mucho, no puedo.

—Claro que puedes, es nuestro hijo, lo has cargado por nueve meses, lo hemos estado esperando con ansias, es el último paso y puedes hacerlo.

—No puedo, no soy suficiente para él.

—Sí lo eres, eres todo lo que él necesita, todo lo que yo necesito y más. —Besé sus labios al mismo tiempo que otra contracción se apoderaba de ella—. Puja, amor, trae a nuestro niño al mundo, un niño que, al igual que a mí, no le importa quiénes sean tus padres o de dónde vengas, te amamos por ser simplemente tú, solo tú.

Bello pujó cuando otra contracción la invadió.

Sostuvo mi mano todo el tiempo y besé el tope de su cabeza recordándole lo fuerte que era y lo mucho que la amaba.

Ya no me sentía como un estorbo.

Era cierto que la mujer hacía todo el trabajo, fue Bella quien cuidó a nuestro bebé por seis meses, se enfrentó a los cambios de su cuerpo, a la alteración de hormonas, a la hinchazón y falta de sueño. Bella era la que soportó las siete horas que estuvimos aquí con contracciones cada vez más dolorosas. Tuvo la fuerza emocional para soportar todos los cambios que un embarazo conlleva durante nueve meses, ahora era mi turno de motivarla y recordarle lo magnífica que era.

—La cabeza está afuera, Isabella, un empujo más para sacar esos hombros.

Sostuve la mano de Bella mientras ella pujaba con sus últimas fuerzas.

Pensé que todos los bebés lloraban apenas estaban en este mundo, pero cuando la enfermera dejó al diminuto bebé en los brazos de Bella supe que él estaba bien, tenía los ojos abiertos, sabía que ni siquiera podía vernos, mucho menos enfocarnos, sin embargo mientras lo sosteníamos y él nos miraba era como si nos estuviera diciendo que todo estaría bien.

—Eres tan perfecto —murmuró Bella acariciando la tersa mejilla del bebé.

—Ambos lo son.

Besé castamente los labios de Bella y dejé un beso en la cabecita calva del bebé.

Todo estaría bien.

...

Journey Cullen tenía tan solo cinco horas de haber nacido, le habíamos cambiado el pañal dos veces, Bella lo alimentó una vez e hizo gestos de querer llorar por unos momentos antes de que se quedara dormido de nuevo.

Era tan pequeñito, perfecto y nuestro.

—Muy bien, mami, sonríe.

Bella sonrió, se notaba cansada, la dejaría dormir en cuanto tomara la fotografía, yo también estaba cansado, bastante, a decir verdad, pero ya que fue ella quien expulsó a Journey y a quien le dieron dos puntos porque aparentemente él era un poquito más grande de lo que previeron, se merecía el descanso más que yo.

Le envié la fotografía a mi madre junto con otras de Journey solamente, se la hubiera mandado también a Renée, pero primero le preguntaría a Bella qué quería hacer, aunque claro que sería después de que ella tomara una merecida siesta.

—Ahora, campeón, ven con papi, dejemos que mami descanse un poco.

—No estoy cansada —dijo en medio de un bostezo—, solo un poco, pero tú también necesitas dormir, te mantuve despierto toda la madrugada.

—Dormiré después, ahora tú descansa, lo necesitas.

—Pero...

—Nada de peros, duerme, estaremos aquí cuando despiertes, hermosa.

Bella sonrió, pero no protestó más, la ayudé a acomodarse en la cama y la arropé con la fina sábana.

—¿Quieres que suba un poco el termostato?

—No, así estoy bien.

Asentí, me quedé junto a ella mientras se iba quedando dormida, no pasó mucho tiempo, estaba cansada.

El teléfono en mi bolsillo vibró, me senté en el sofá que había en la habitación con mi bebé en brazos y saqué mi teléfono sonriendo cuando vi el nombre de mi mamá, deslicé el icono verde aceptando la videollamada.

—¿Dónde está mi nieto? —preguntó con su rostro demasiado cerca de la cámara de su teléfono.

—Aquí está, mamá —dije alejando el teléfono para que viera al pequeño que dormía plácidamente entre mis brazos—, dormido al igual que Bella.

—Deja descansar a Bella, un parto es muy difícil —dijo para después gritarle a papá que se acercara a conocer a su nieto—. Es una preciosura, Edward, se parece tanto a ti cuando eras un pequeño.

Me reí y vi a mi hijo, era difícil decir que se parecía a mí, ni siquiera tenía un día de vida, seguía arrugado y rosado, Bella y yo ni siquiera podíamos encontrarnos en él, solo sabíamos que era perfecto.

—¿Cómo está Bella?

—Bien, cansada, pero bien, está durmiendo en este momento, después de darle de comer a este pequeño glotón.

—Muy bien, te dejaré descansar, iré a apurar a tu padre a conseguir boletos para ir a conocer a mi nieto.

—Los estaremos esperando.

Terminé la llamada no sin antes escuchar a mi madre gritar nuevamente por papá.

Suspiré mirando al pequeño.

Yo pensé que lo más difícil sería sacar a Bella de su caparazón, aquel en el que su madre la había encerrado y atemorizado con quedarse sola si intentaba escapar.

Bella por fin había entendido que las cosas no eran blancas o negras como su madre le hizo ver, que había distintas formas de vivir la vida.

Nosotros marcábamos las pautas en nuestra relación.

Por fin lo estábamos logrando, pero ahora, al saber el sucio secreto de Renée y Eleazar que afectó tanto a Bella, no sabía cómo lo superaríamos. Teníamos que hacerlo, de alguna manera encontraríamos la forma de superarlo, pero temía que Bella volviera a alejarme.

¿Qué se suponía que haría?

Bella se removió en la camilla, al igual que Journey en mis brazos.

Algo tenía que ocurrírseme para que Bella dejara de creer que los pecados de su madre y tío la definían a ella.

Nadie nos había dicho que un recién nacido podía ser tan divertido.

Bella lo tenía entre sus brazos riendo ante los gestos involuntarios que hacía, no eran realmente la gran cosa, solo abría y cerraba la boca como pececito, pero aun así nos tenía embobados con cada movimiento que hacía.

Nos marcharíamos a casa esa misma tarde, Bella y Journey estaban en perfecto estado, así que no había razón para que nos quedáramos más tiempo.

Bella aún seguía con la bata del hospital, le había dicho que la ayudaría a vestirse, pero ella me dijo que mejor me encargara de guardar las cosas de Journey en la maleta mientras ella vestía al pequeño, no vi razón para negarme, así que era lo que estaba haciendo mientras ella estaba con Journey hablándole suavemente y diciéndole lo guapo que era.

No había mencionado nada de lo ocurrido el día anterior, temía preguntarle, pero sabía que debía hacerlo, por mucho que quisiéramos, no podíamos ignorarlo.

La puerta de la habitación se abrió, pensé que era la enfermera con la silla de ruedas que usaríamos para sacar a Bella del hospital, si ese era el caso, estábamos demasiado retrasados.

El jadeo de Bella me hizo voltear rápidamente temiendo que fuera Renée, pero en su lugar Carmen con un peluche y globos de color azul se mantenía de pie en la entrada.

Miré a Bella, quien mantenía oculto bajo las mantas a Journey.

Di un paso hacia adelante, no hacía falta que Bella hablara, su lenguaje corporal lo decía todo.

—Carmen, no creo que este sea un buen momento para que estés aquí.

—Lo sé, Edward, pero tenía que venir a disculparme con Bella, jamás pensé que el parto se le adelantaría.

—¿Tú lo…?

—Planeé que te enteraras —respondió Carmen a mi pregunta inconclusa.

Esperé que dijera que todo había sido un accidente, que ella realmente había creído que Eleazar y Renée nunca se atreverían a hacerlo aquí, debido al riesgo que corrían de ser descubiertos, quizás no le creeríamos ni una palabra, pero hubiera sido mejor que intentáramos tragarnos ese cuento que escucharla decir que todo fue planeado.

—No quiero hablar de eso, vete por favor.

Bella sostenía a nuestro pequeño contra su pecho, meciéndolo.

—Por favor, Bella…

—No es el momento, Carmen —intervine—, acabamos de tener a nuestro bebé y lo último que queremos es que manchen más este día.

—Es lo último que quiero hacer —dijo mirando a Bella, intentando ver a través de las mantas, pero la carita de Journey estaba perfectamente cubierta—, quería que tuvieras una vida plena.

—No ahora, por favor —sollozó Bella.

—Es mejor que te marches, Carmen.

La tomé del brazo dispuesto a sacarla de la habitación, lo último que quería es que Bella volviera a alterarse y se llevaran a Journey. Estábamos a punto de irnos a casa, la idea de que por culpa de Carmen nos retuvieran en este lugar y nos alejaran de Journey, aunque sea por unas horas, no me agradaba en lo más mínimo.

—Ellos querían presionarte —dijo Carmen antes de que pudiera sacarla—, que escogieras entre ellos o Edward, iban a usar a Journey contra ti, realmente pensé que habíamos venido aquí para apoyarte, pero siempre estuvo en sus planes presionarte para que eligieras entre Edward o ellos.

Eso me dejó en shock, ¿tanto les desagradaba que estaban dispuestos a apartarme de mi hijo? ¿O solo era un simple capricho de tener al niño con ellos?

—Jamás hubiera dejado a Edward. —Me llenó de alivio escucharla decir eso.

—Ahora lo dices con seguridad, después de ver lo que viste, pero ¿si te hubieran dicho que Journey estaba condenado? ¿Si te amenazaban con abandonarte a ti y al niño? ¿Y si hablaban de malformaciones por ser una pecadora?

Escuchar las palabras de Carmen me hizo estremecer, los Swan eran capaces de lastimar a quien sea con tal de conseguir lo que deseaban.

Quería escuchar a Carmen, necesitaba respuestas, sabía que podía hablar con ella afuera, pero Bella también necesitaba saberlo, afrontar las cosas.

Miré a Bella notando su indecisión. Ella más que nadie merecía respuestas. La habían obligado a vivir una mentira, ¿Charlie era realmente su padre? ¿Desde hace cuánto Renée y Eleazar eran amantes? ¿Por qué Carmen no hizo nada? ¿Por qué la condenaban a ella cuando ellos eran peores?

Suspirando, solté el brazo de Carmen, regresé con Bella y me senté junto a ella en la camilla. Entre más rápido tuviéramos respuestas, más rápido podría ser el apoyo que mi esposa necesitaba y podíamos dejar esto en el pasado.

—¿Charlie no es mi padre? ¿Realmente está muerto?

—Sí, falleció en acción cuando tú tenías cinco años, era su último año, no se iba a volver a enlistar, ya no quería hacerlo porque estabas tú.

—Entonces él sí es... —Noté el tono de esperanza en la voz de Bella solo para verse aplastado cuando Carmen negó.

—Charlie se hizo pasar por tu padre para encubrir la infidelidad de Eleazar.

Bella sollozó junto a mí.

Escucharlo era mil veces peor.


Hola!

Primera actualización de este nuevo año y aunque la verdad si cueste creerlo, he puesto todo mi empeño para tener capítulos y compartirlos con ustedes, así que crucemos los dedos para que estos lleguen rápido a ustedes

Yanina, muchas gracias por la ayuda con la revisión del capitulo, eres la mejor en el mundo entero, te adoro.

Déjenme sus comentarios, opiniones, criticas, teorías o lo que quieran compartir conmigo en un review.

Nos vemos pronto


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