Capitulo 8. "Adiós".

El lago Lema era hermoso, o al menos la parte que Rin podía ver desde la ventana de su cuarto.

Bueno, técnicamente era la habitación de Sesshomaru, pero como el solía ausentarse la mayor parte del día junto con Ah-Un, regresando tarde por la noche, dejándola sola el resto del día, había llegado a pensar en el cuarto como suyo.

Miro el blog de dibujo en su mesa, casi lleno ahora por los bocetos, antes de observar con nostalgia las hermosas montañas a la distancia.

No estaba segura de por qué Sesshomaru la trajo a Suiza. Pasaba todo el día sola, ya ni siquiera contaba con la presencia de Ah-Un, porque él se los llevaba.

Tenía que escapar. Tenía que hacerlo. Porque estaba asustada.

Asustada de lo que estaba pasando. Aterrada porque con cada semana que pasaba, era más y más difícil saber lo que sentía respecto a Sesshomaru.

Asustada de despertar una mañana, olvidando que tenía una vida a la que regresar en casa. Una vida a la que deseaba regresar.

Estaba asustada de perderse a sí misma. Asustada de que fuese demasiado tarde. Ya había signos de ello.

Vestía la ropa de Sesshomaru todo el tiempo, y le gustaba. Tenía marcas de sus besos en sus piernas y muslos, y lo amaba. Su cuerpo estaba cubierto de mordeduras de amor y moretones en su cuello que no podía dejar de observar con fascinación en el espejo.

Sesshomaru la hacía suya cada noche, tan a menudo que solo tenía que verlo para estar lista para recibirlo en su interior.

Era aterrador lo compatibles que eran en la cama.

Siempre había disfrutado el sexo con sus anteriores parejas, pero nunca se había sentido de esta manera. Tan adictivo, tan necesario. Nunca había sentido como si las manos de un hombre deberían permanecer sobre su cuerpo. Era aterrador.

No se suponía que se sintiera de esta manera, no con este hombre.

Mirando por última vez su dibujo de las montañas, se acerco al armario, tomo una toalla y se metió en el baño de la habitación. Se dio un largo baño de burbujas mientras tomaba una lata de refresco que saco del pequeño refrigerador que había junto a la cama. Tomo el control del reproductor y puso una canción al azar. Mientras el agua caliente limpiaba su piel, el dulzón sabor de la bebida llenaba su boca y la música penetraba en sus oídos, miro el techo blanco, y escucho una voz en su cabeza que le preguntaba. –"¿De verdad quieres irte?"

Frunciendo el seño, sacudió ese pensamiento de su cabeza, y termino su baño en tiempo record.

Se seco el cabello con la toalla y camino de regreso a la habitación, trataría de terminar su dibujo antes de dormir una pequeña siesta.

Se sentó en la cama, pero justo en ese momento un sonido en la puerta la hizo estremecerse, arrancándola de sus pensamientos. Con el corazón acelerado, Rin giro en esa dirección cuando la puerta se abrió. Pero no era Sesshomaru...

Era una joven. Ella la miraba con la boca abierta. Rin le devolvió la mirada asombrada.

Era una mujer hermosa, con cabello y ojos oscuros cargados de perplejidad. Había algo familiar en ella, pero no podía determinar que...

-Oh. –Murmuró ella en chino.- Bueno, esto definitivamente no es lo que esperaba. –Se acerco a Rin, mirándola con curiosidad.

-Hola.- Dijo Rin, roja hasta las orejas, mientras se amarraba la bata de baño de Sesshomaru, que la cubría como un enorme abrigo, y trataba de ocultar sus piernas desnudas, ¿Quién era ella?, ¿Cómo había entrado en el cuarto?

Hasta donde Rin sabia, Sesshomaru era el único con una tarjeta-llave de la habitación, y que la casa estaba custodiada por cada rincón.

-¿Quién eres tú?

La mujer la miro con expresión de incredulidad.

-Eso debería preguntarlo yo... Esta es mi casa.

El estomago de Rin se apretó, y se sintió medio en pánico. ¿Su casa?, ¿Acaso Sesshomaru tenía una... una esposa de la que nadie sabía?

Hasta donde ella sabía, era muy posible. Sesshomaru nunca anuncio públicamente su matrimonio con Abi, podía entonces hacerlo de nuevo... cuantas veces quisiera... Con quien él quisiera...

Antes de que pudiera formular una respuesta, escucho el sonido de pasos y una pálida Sara entro en la habitación.

-Kagome... No deberías estar aquí. –Dijo en ruso. –Sesshomaru estará enojado, ya está enojado. Lo llame.

La mujer quien aparentemente se llamaba Kagome, puso las manos en sus caderas y resoplo.

-Yo también estoy enojada. –Se quejo y señalo a Rin. -¿Quién es ella? ¿Por qué esta en el cuarto de mi hermano?

¿Hermano? ¿Era la hermana de Sesshomaru?

Sara frunció el seño antes de lanzar una mirada tenebrosa a Rin. –Es un huésped. –Dijo agarrando el brazo de Kagome y arrastrándola hacia la puerta.

Kagome no se movió.

-No me trates como a una estúpida, Sara. ¿A qué tipo de huésped se le permitiría entrar al dormitorio de Sesshomaru, vistiendo solo lo que parece ser, la ropa de Sesshomaru?

Sara miro hacia otro lado, su piel de porcelana ligeramente sonrosada, mirando a todos lados menos a la mujer frente a ella.

Rin sintió su rostro en llamas.

Kagome miro de una a la otra antes de que sus bonitos labios formaran una "O". Y entonces una lenta y malévola sonrisa estiro sus labios.

-¿De verdad? Mi anticuado y xenófobo hermano está durmiendo con una chica asiática. –Su sonrisa desapareció antes de mirarla. –Una niña... ¿Eres legal? –Dijo ahora en japonés impecable. –No sabía que a Sesshomaru le interesara la pedofilia.

-Soy perfectamente legal. –Dijo Rin con un puchero. –Tengo 19 años.

-Ah. –Dijo ella con sorpresa entretejida con diversión y algo de envidia.

-Aun eres mucho más joven que Sesshomaru... Y eres demasiado adorable, incluso para que él se interesara en una mujer tan joven.

-¡Higurashi Kagome, debes irte ahora! Por favor. –Sara parecía querer sacarla a patadas al tiempo que trataba de ser respetuosa. Parecía al borde de un ataque de nervios.

-¿Por qué? –Dijo Kagome. –Quizá me gustaría familiarizarme con la persona que tiene a Sesshomaru abandonando a su familia –Y ensayos de boda muy importantes- cada noche. –Rio alegremente, se acerco a Rin y le ofreció la mano. –Higurashi Kagome, pronto a ser Taisho Kagome. Encantada de conocerte.

-Igualmente. –Dijo Rin después de recuperarse un poco de la sorpresa. ¿Sesshomaru estaba aquí por la boda de su hermano? –Soy Rin...

-Qué agradable que encontraras tiempo para venir a meter tu nariz donde no te llaman, querida. –Dijo una tranquila voz en un tono amigable que le detuvo la respiración a las otras mujeres.

Rin miro a la puerta, ¿Ahora qué? ¿Quién mas quería reírse de su vergüenza en primera fila?

Se arrepintió de haber preguntado.

Por la puerta entro una preciosa mujer, de lejos la más hermosa que Rin hubiera visto. Tenía el pelo rubio platinado, blanco rostro afilado parecido a la porcelana. Los ojos dorados eran fríos y misteriosos, sentía que podrían robarle el alma si los observaba mucho tiempo. Sus finos labios pintados con un bello colorete purpura, y sombra rosada sobre sus ojos perfectamente delineados y dos extrañas, pero no desagradables, marcas del mismo tono sobre sus mejillas parecidas a un rayo.

El flequillo estaba abierto por el medio mostrando una luna menguante en el centro de la frente que lucía con orgullo. Vestía un precioso vestido que la hacía ver como una modelo con zapatos altos que podía manejar con la confianza de una reina, y una esponjosa y suave estola envolviendo sus desnudos hombros.

Si la belleza de Kagome la había avergonzado por sus "prendas", esta mujer la hizo sentir como si fuera una fea, desagradable y asquerosa cucaracha que debía ser aplastada sin miramientos.

La mujer quedo frente a Rin, dándole una mirada de arriba abajo antes de mirar con frialdad a la otra mujer nipona, y arrebatarle la tarjeta-llave que la joven aun tenía en sus manos.

-Eres tan metiche que a veces logras sorprenderme, cariño. –Dijo con un tono amable que en realidad nada tenía que ver con la amabilidad.

Kagome se sonrojo por la humillación. –Yo... Yo solo tenía curiosidad, señora... Tenía curiosidad de porque mi herm... Sesshomaru no se quedaba con su familia por la noche.

-Curiosidad. –Repitió la hermosa mujer. –Qué curioso, niña, yo no recuerdo que el casarte con el medio hermano de Sesshomaru te hiciera parte de los negocios de la familia, y más importante aún, en la vida personal de mi hijo.

La muchacha parecía querer replicar pero lucia lo suficientemente aterrada para no hacerlo ante el tono de la dama.

-No solo arriesgaste tu propia seguridad, sino que la de todo nuestro Clan, y a solo un día de pertenecer a él... Creo que es un nuevo record, ¿no crees?

-Señora Irasue...

-Mira, mocosa, no me importan tus intenciones, tus excusas o tu falta de sentido común... Pero déjame recordarte que tu futuro esposo es Inuyasha. Si quieres controlar a alguien, ve por él... Pero deja a mi hijo en paz. Ya a estas alturas deberías haber notado que no eres más que una molestia para él. –Sonrió de una manera tan dulce que provocaría al hombre más valiente orinarse encima. –Ahora, vuelve a la casa y no menciones una palabra de lo que viste aquí, o tu matrimonio con mi hijastro será tan desagradable que preferirás estar muerta.

Kagome respiro profundamente, probablemente contando al millón para no llorar, y se dio la vuelta para salir con toda la dignidad que podía, hasta que se detuvo en la puerta.

-Adiós, Rin, fue un placer conocer a la chica de Sesshomaru, aunque no sabía que existías.

-¡Fuera! –Espeto duramente la mujer, y Sara y Kagome salieron, casi tropezando.

Rin quiso ir con ellas. Esto era más que incomodo.

La mujer empezó a caminar por la habitación con sus ojos recorriendo todos los rincones del cuarto, deteniéndose frente al blog de dibujo, pero sin decir nada mientras pasaba las páginas con sus delicados dedos.

Rin se pregunto si esto era peor a cuando estaba encerrada en el pequeño cuarto frio de la casa de Sesshomaru, la primera semana que estuvo secuestrada. Al menos Sara actuaba como una matona, no como un tiburón acechando una presa indefensa.

-Pensé que ya estarías dentro de una zanja. –Murmuro sin verla. –Con el tiempo que llevas sin aparecer, hasta pensé que había vendido tu carne a los caníbales.

Rin parpadeo sin entender. -¿Disculpe?, ¿Usted sabe quién soy?

-Por supuesto que lo sé. –Dijo secamente. –Mi hijo es tan desconsiderado que no piensa en los sentimientos de su pobre madre y esta tiene que arreglar su desastre. Cada idiota que quiso chantajearnos con que tenía información, policías entrometidos, espías corporativos, y ahora tú. –Suspiro. –Si no fuera tan bueno en los negocios, sería una completa decepción para mí, por eso me preocupo tanto por él.

-"No se ve muy preocupada." –Pensó ella, viendo a través de la ventana como ella ponía una falsa cara de pesadumbre.

-Pero... –Volviendo a estar firme. -...No pensé que él realmente te trajera a la boda de su hermano. –Miro el cuarto. –Y te tiene muy bien vigilada, y pareces muy cómoda. –Dijo, mirándola con una sonrisa burlona en el rostro y recorriéndola de arriba abajo con los ojos enfocados en su cuello y piernas.

Sonrojándose, Rin trato de verse un poco más presentable, pero era una causa perdida.

-Yo... –No sabía que decir, la situación era ridícula de por sí y no tenía ganas de escuchar insultos fríos de esta mujer, como los que le había dado a la pobre de Kagome.

-No te preocupes, querida, yo no insulto a los invitados. –Sonrió dulcemente y tomo su mano. –Solo estaba aquí para advertirte.

-¿Advertirme?

-No te encariñes con él. –Sonrió más ampliamente.

-Yo no...

-Él no va cambiar, yo lo sé y creo que deberías saberlo... Él no es una mala persona, pero no sabe cuidar de lo que realmente importa... Si no tienes cuidado, devorara tu corazón y tu alma.

Rin miro a la mujer que ya no sonreía, una mirada indiferente se mostraba en su bello rostro. Rin solo asintió.

-Estoy consciente de ello.

-Buena niña. –Sonrió, dando unas palmadas en su cabeza y se levanto. Miro a la puerta y sonrió. –Antes de que ese ingrato me eche de sus aposentos que no tendría sin mi infinita amabilidad, te deseo suerte, cariño.

Tocaron a la puerta violentamente apenas dejo de hablar.

La mujer se levanto de su lugar, alisando su pulcro vestido y camino hasta la puerta.

-Piensa en lo que te dije, niña. –La mujer le dijo antes de abrir la puerta y ver el rostro enojado de Sesshomaru.

Por un instante, Rin temió por la vida de la mujer.

La mujer de hecho sonrió y dijo con un tono amigable.

-Hola, querido. Ya conocí al nuevo juguete sexual que compraste.

Sesshomaru miro a Rin, asegurándose de que se encontraba bien, antes de volver a la mujer.

-Que agradable que encontrara tiempo para hurgar entre mis cosas, madre. –Dijo con una voz tranquila.

La sonrisa de la mujer se amplio, haciéndola ver como una dulce e inocente mujer.

Sesshomaru se acerco a ella, le arrebato la tarjeta-llave de sus delgados dedos femeninos, y lo aguardo en el bolsillo.

-Explícate. –Dijo muy suavemente.

La mujer rodo los ojos. –Asegurándome de que la hembra de tu hermano no volviera a entrometerse en tus cosas, querido.

-Mujer entrometida. –Murmuro como si la sola mención de aquella mujer fuera motivo de desagrado. -¿Y por qué sigues aquí entonces, madre?

-Tenia curiosidad, querido, del porque no te quedabas con tu familia por las noches...

-Curiosidad. –Murmuro Sesshomaru. -¿Y que si se encontraba algo peligroso en la casa? ¿Cómo explicaría la muerte de la "Reina de Hielo" sin que me viera involucrado?

-Oh, por favor, no seas dramático.

-Vaya a casa... –Dijo con un tono aun más frio. –Ah-Un te llevaran.

-Tú no puedes or...

-Hablare con usted más tarde. Ah-Un, escóltenla a casa.

La mujer salió tranquilamente de la habitación con los dos grandes hombres a su lado haciendo una reverencia. Ella a un saludo a la chica con una sonrisa.

-Adiós, querida, fue un placer conocer a la chica de mi hijo. Empezaba a pensar que era asexual...

-¡Fuera! –Espeto Sesshomaru y la mujer se alejo soltando una risita.

Sesshomaru azoto la puerta y miro a Rin. Algo en su expresión cambio, su mirada perdió la rabia y sus rasgos más suaves.

-¿Por qué me miras así?

Rin lo miraba con la boca medio abierta, y parpadeando rápidamente, aun incrédula de lo vivido hace solo unos minutos.

-¿Tiene una familia?, ¿Con una cuñada metiche, madre molesta y ensayos de boda?

-Sí, chocante, ¿No te parece? –Dijo mientras se aflojaba la corbata y le sonreía con suficiencia. –No todos los villanos tenemos infancias horribles y quedamos trágicamente huérfanos.

Rin se levanto y se acerco para quitarle la corbata. Sesshomaru se lo permitió.

-Es solo que no lo imagine como un buen hermano mayor e hijo complaciente.

-No lo soy. No empieces a pensar que soy una buena persona, cachorra. Me protejo a mí mismo y a los míos, y si esa odiosa mujer forma parte de ella ahora, la incluye en el paquete, lamentablemente.

Rin sonrió ligeramente divertida. –Es muy amable y es bonita, no creo que la señorita Kagome sea tan desagradable como usted dice.

Sesshomaru la miro con algo parecido a la incredulidad. –Trato de coquetearme cuando nos conocimos, me ponía esos estúpidos ojos tratando de lucir dulce y esperaba alguna reacción de mí.

La sonrisa de Rin se borro hasta formar una mueca. Ahora que lo pensaba mejor, esa mujer de pelo negro era bastante tonta, y torpe, y muy entrometida... Hacer todo esto por no tener la atención de Sesshomaru era bastante patético e inmaduro y–

La risa de Sesshomaru la hizo volver a la realidad, se dio cuenta de que sus manos estaban aferradas a él y que estaba haciendo ridículas muecas.

Sonrojándose, tomo la corbata y la puso alrededor de su propio cuello e hizo un puchero. –Las mentiras no son atractivas, ¿Sabe?

-¿Quién dijo que era una mentira?

Rin balbuceo un par de cosas antes de apartar la mirada. -¿Estamos aquí por la boda de su hermano?

-Medio hermano. –Corrigió algo brusco.

-¿Por qué me trajo entonces? ¿No debería estar con su familia?

-Haces demasiadas preguntas. –Murmuro mientras colocaba uno de los mechones azabaches que cubrían el rostro de la joven tras la oreja.

-Solo contesta una pequeña parte de ellas, así que estimo que mientras más preguntas haga, mayor será la posibilidad de conseguir algunas respuestas. –Rin le sonrió dulcemente.

Sesshomaru la miro fijamente, algo aturdido, y dijo algo en ruso antes de besarla. Él la beso.

Rin soltó un ruidito ahogado, con los ojos abiertos de par en par y su cuerpo paralizado. No podía respirar bien.

Sesshomaru pareció notarlo también por que se separo y miro a la muchacha como si tampoco pudieran creer lo que había echo.

Rin seguía aturdida, no se supone que esto pasara ¿Verdad? De seguro esto no era algo que tenía en mente para este momento. ¿Así se sentían los primeros síntomas del Síndrome de Estocolmo?

Sesshomaru lucia disgustado, se dio la vuelta y camino hacia la puerta.

-¿Ya se va? –Exclamo Rin. Inmediatamente se horrorizo, avergonzada por su tonta e inapropiada falta de cuidado. Mierda. Esto era peor de lo que había pensado. Esto no podía seguir así.

Tenía que escapar, tan pronto como fuera posible, antes de que esto pudiera empeorar.

-¿Ya? –Dijo, girándose hacia ella, sus cejas algo levantadas, la mirada en su rostro era fría y especulativa.

Estaba impecable y vestido con un traje a la medida, parecía más joven de lo que era. Debería haberlo hecho lucir más accesible, pero tenía el efecto contrario.

Le recordaba al extraño de ojos fríos que tanto la había alterado en su primer encuentro en aquel restaurante.

Ella se había acostumbrado al Sesshomaru desaliñado y relajado. No a este. Este la hacía sentir incomoda.

Y realmente, realmente le gustaba el cabello largo y suelto; no en una coleta como lo llevaba ahora.

-¿Quieres que me quede? –Dijo el hombre con el rostro imposible de leer.

Rin llevo sus manos a la espalda y miro al hombre frente a ella, ¿Toda esta situación sería solo un juego para él?, ¿Todo era tan frio y calculado para Sesshomaru?

A veces, Rin se sentía como una pieza de ajedrez, para ser movida a donde fuera necesitada, y ser derribada una vez que ya no le fuera útil a Sesshomaru.

Nunca se había sentido tan idiota en su vida.

Estaba tan harta de ello.

Deseaba un poco de control. Quería que Sesshomaru cediera control por una vez.

Hizo una mueca y fue a acostarse sobre la cama, ignorándolo.

Se estiro haciendo que sus piernas largas salieran de la bata y el escote fuera más visible.

Estaba desnuda debajo de ella, porque Sesshomaru no creía necesario darle más ropa de la que necesitara.

Podía sentir los ojos de Sesshomaru en ella cuando empezó a abrir los listones de la pesada bata. Se negó a avergonzarse bajo su escrudiño. Ella no era fea y Sesshomaru había demostrado en múltiples ocasiones que deseaba su cuerpo. Podría ser un manipulador, pero no se podía fingir la lujuria.

La deseaba lo suficiente como para que no le importara su edad o su nacionalidad, o la forma en que se comportaba.

-¿Esto significa que quieres que me quede? –Dijo Sesshomaru. El muy imbécil sonaba divertido.

Rin se encogió de hombros y se estiro en la cama. –Prefiero que se vaya. –Dijo tranquilamente mientras sus manos hacían un cairel con su dedo índice. –De todas formas usted no sabe cuidar de mí.

Silencio.

Rin sonrió mirando al techo.

-Esa no es la impresión que tengo cuando ruegas que te folle más duro. –Dijo Sesshomaru con un tono cortante.

-No es muy difícil si solo haces eso, hasta una chica podría entretenerme si lo hace correctamente. Pero usted no sabe cuidar apropiadamente de mí.

-¿Qué se supone que significa eso? –Exclamo, ahora indudablemente irritada.

Eso estaba bien. Rin lo miro a los ojos.

-Me gusta ser dominada... Para que lo entienda, me gusta que me inmovilicen en la cama.

Algo brillante en los ojos de Sesshomaru. Algo oscuro y difícil de leer... ¿Era ira? ¿Era asco? ¿Era demasiado para un hombre tan conservador?

Para ser un hombre tan frio y cruel, era un amante muy generoso, que no tenía problemas por ser suave con ella e incluso haciéndole sexo oral cuando ella se lo pedía.

Pero parecía que había un límite entre esto. No era algo totalmente inesperado. A muchos hombres no les gustaba sujetar mujeres y tomarlas de esa manera. Que lastima. Había pocas cosas que Rin amara más.

-Cyka.

-¿Qué? –Dijo con un fruncimiento de ceño. Aunque estaba algo feliz de que no fuera un amante perfecto. -¿Es demasiado para usted? Entonces puede irse. Así podre ponerme a gusto y recordar algunas de mis fantasías favoritas, y no lo incluyen a usted.

-¿Y a quien involucra?

Había algo extraño en la voz del hombre. Rin ladeo la cabeza preguntándose si serian celos. Lo más probable era que no pero la idea la divertía.

-¿Henry Cavil? –Sonrió muy dulcemente, y algo divertida al ver la mueca en su cara.

Por un lado, quería vengarse de Sesshomaru por su arrogante insinuación de que ella le abriría las piernas el día de su boda con el hombre de sus sueños. Por otra parte, ella jamás había compartido su fantasía favorita. Tal vez era un poco escalofriante por tener un rostro tan inocente y pensar en ese tipo de cosas tan escabrosas. Pero las fantasías eran inofensivas, ¿Verdad?

Rin se dio la vuelta, apretando su enrojecida cara contra la almohada, y sintió como la tela de su almohada de la bata bajaba más.

-Estoy en mi casa, durmiendo, solo usando un camisón corto y unas diminutas bragas. Escucho pasos por la puerta de mi cuarto, pero no puedo abrir los ojos. Ciento una respiración junto a mi cuello, me asusto, porque no conozco al tipo, pero al mismo tiempo no me muevo porque me siento extraña. Escucho como se quita el cinturón y luego toma mis manos y las ata sobre mi cabeza. Luego me besa el cuello y siento cosquillas por el cabello largo que roza mi piel. –Era casi una mentira que su fantasía no involucraba a Sesshomaru. Últimamente el extraño sin rostro estaba empezando a parecerse, sospechosamente, a Sesshomaru. –Quiero gritar, pero me da una mirada extraña que me impide decir nada, luego baja por mi pecho y mis piernas hasta que las abre y mete su lengua dentro de mí. Estoy avergonzada y abochornada por mis reacciones, él se mueve con brusquedad hasta que me pone en 4 patas y juega con mi cuerpo, pero no puedo pedirle que pare. Quiero que se detenga, pero a la vez lo quiero dentro, y lo quiero más profundo, y quiero más...

Unas manos tomaron su cintura hasta arrastrarla boca arriba y unos labios masculinos se estrellaron con los suyos. Correspondió el beso, o lo intento, porque recibió fuertes mordidas cuando ella trataba de ponerse a su nivel.

Sesshomaru tomo la corbata que seguía colgando de los bonitos hombros de su "cachorra" y en un movimiento ágil, le amarro las manos. Encima de su cabeza.

Rin sollozo un poco aturdida por el beso y abrió lentamente los ojos para verlo, parecía un animal salvaje, apunto de devorar una presa suculenta.

-Rojo, amarillo, verde. –Susurro, algo falta de aliento. A Rin le costó un poco comprender, pero lo entendió. Le estaba dando una palabra segura, si ella no quería, podía parar, solo tenía que decir "Rojo", y esto se terminaba. Solo una palabra. 4 letras-

-Verde. –Murmuro, más roja de lo que nunca había estado en su vida. Una lenta sonrisa se formo en la cara de Sesshomaru.

Rin jadeo, y ya estaba húmeda desde antes que Sesshomaru estimulara de forma oral en su interior. La punta de su lengua jugaba con sus pliegues y ella solo podía gemir y retorcerse.

Podía sentirlo ir más profundo y apretando dolorosamente sus muslos para mantenerlos abiertos, pero aun así se sentía tan bien.

Los gruñidos salvajes que aquel hombre hacia se mezclaban con los agudos sollozos de Rin.

-Por... Por favor... –Apenas pudo articular palabras, casi sollozando, sudor goteando por su cuello.

Sesshomaru retiro su lengua del húmedo interior pero ahora dejaba mordiscos y chupones en sus muslos y piernas. Ella ya tenía lágrimas saliendo de sus ojos.

-Por favor, por favor, por favor. Te necesito, papi.

Solo cuando dejo de sentir los dientes enterrándose en su carne, se percato de lo que acababa de decir. Una oleada de vergüenza se apodero de ella, si sus manos no estuvieran atadas, se taparía el rostro avergonzada.

-Yo- -Empezó a decir, pero Sesshomaru se lo impidió, moviéndose más rápido y Rin gimió, excitándose aun mas por lo indefensa que se sentía. -¡Por favor!

Sesshomaru se separo, haciéndola quejarse de frustración hasta que sintió el pesado cuerpo masculino sobre ella, completamente vestido, excepto por su corbata y su bragueta desabrochada.

-¿Quieres ser follada, cariño? –Murmuro con voz ronca y gruesa, sus hambrientos ojos clavados en ella. -¿Quieres a papi dentro de ti?

Rin asintió tan rápido que se mareo, pero seguía moviendo su cuerpo, ansiosa por el rose de sus grandes manos hábiles. Quería ser suya, quería que la tomara ahora.

-Te dije que respondas. –Exigió, succionando, cruel y codicioso, el blanco cuello, manos pellizcando su pezón y la otra torturando su interior.

-Sí, por favor, tómame, hazme tuya. –Casi grito, sino estuviera tan falta de aliento por los gemidos previos y continuos. Sesshomaru, de alguna manera, logro ponerse un condón antes de enterarse en su apretada y cálida cavidad con una embestida poderosa. Rin soltó lágrimas de placer al sentirse llena.

Rin enterró sus uñas en carne de sus manos, mientras la gruesa longitud trabajaba en su interior.

Se sentía abrumada por el contraste de texturas entre su desnudez, su híper sensible piel, y la costosa ropa de Sesshomaru rozándola.

No estaba segura de cuánto tiempo paso. No podía ver nada más allá de unos pocos centímetros, su visión borrosa por sus cálidas lagrimas, sobre estimulada por la sensación de estar a su merced, mientras seguía moviendo sus caderas a un ritmo casi insoportable, estirándola, llevándola mas y mas alto.

Ahora tenía sus dientes alrededor del cuello de Sesshomaru, succionando con avidez, abrumada y desesperada, y simplemente quería más de él.

-Vamos, princesa. –Dijo Sesshomaru en su oído, con una voz tan baja que apenas sonaba reconocible, entrando hasta el fondo de su ser. –Córrete para papi.

Y eso fue todo. Con un ruidito lamentable, Rin se corrió con tanta fuerza que por poco perdió el conocimiento, con sus dientes enterrándose más en su cuello.

Intento empujarse más hacia él, tratando de corresponder las embestidas, pero estaba debilitada, su corazón latía mas rápido que nunca en su vida. Su cuerpo entero débil y tembloroso.

Dejaba escapar rotos jadeos, aun sintiendo como Sesshomaru usaba su cuerpo para llegar al orgasmo. La cara de Sesshomaru retorciéndose del placer era lo más maravilloso que había visto en su vida.

Sesshomaru dejaba escapar jadeos tan altos que a Rin le encantaban, amaba la idea de ser la causante de esos gruñidos animales.

Era ella la que logro romper su autocontrol mientras llegaba al clímax.

Cuando el peli plata finalmente se corrió, Rin suspiro satisfecha, sintiéndose orgullosa y contenta.

. . .

Un par de horas más tarde, se encontró acurrucada en el hombre de Sesshomaru, mirándolo con fascinación su hermoso rostro dormido.

Se separo ligeramente y miro al techo, preguntándose si estaría perdiendo la cabeza.

Papi.

Había llamado "Papi" a Sesshomaru. Ni siquiera ella sabía que estaba interesada en ese tipo de cosas.

Pero por supuesto, nunca antes había estado con alguien tan asertivo y maduro como Sesshomaru.

Nunca se sintió tan naturalmente sumisa con cualquier otro hombre. Nunca antes había sentido esta necesidad de constantemente querer complacer a ninguna otra persona de una manera tan enfermiza. Nunca antes se había atrevido a mostrar sus deseos "Raros" y "Enfermizos" a ningún novio anterior al que ella hubiese tenido.

Con Sesshomaru se sentía protegida, como una mascota que deseara ser mimada por su dueño. Por su papi.

Por su Amo.

Y era una maldita locura. Definitivamente estaba loca. Bueno, ella era una mascota, una mascota en una jaula de oro. Sesshomaru no la mimaba. Solo la usaba.

Tenía planes que la involucraban, y eran planes que ciertamente no estaba compartiendo con ella.

Sesshomaru era la peor persona con la que ella pudo haberse involucrado para esta fantasía en particular. Por que confiar y complacer a un hombre cuyo corazón era frio, y del que cada acción realizada era premeditada, era una receta para el desastre.

Rin podría ser ridículamente romántica y optimista, y le tenía cierto cariño al ruso, pero no era estúpida ni ingenua. Esto era malo. Esto era terrible. Porque esta "Cosa" con Sesshomaru tenía fecha de vencimiento.

Mejor temprano que tarde, Sesshomaru la usaría contra Naraku, e independientemente del resultado, ambos irían por caminos separados.

El sexo entre ellos ya era demasiado intenso. No necesitaba otro punto débil sobre ella para empeorar más las cosas.

Un ruido en la puerta la saco de sus pensamientos. Volteo la cabeza hacia ese lugar.

La puerta se entreabrió lentamente, y la cabeza de Sara se asomo entre ese espacio. Rin dio un respingo, ¿Qué quería?

Sara negó con la cabeza, luciendo más pálida de lo normal.

Rin frunció el seño, mirándola.

Sara sacudió la cabeza de nuevo, ¿Quería hablar con ella?

Viendo al hombre dormido a su lado, dejo la cama en silencio, sin molestarse en taparse, y camino hacia la puerta. Sara le entrego un papel doblado.

Tenía unas gotas de sudor resbalando de su frente mientras que, nerviosa, seguía mirando a Sesshomaru, por encima del hombro de Rin.

Frunciendo el seño, Rin tomo la nota y la leyó.

. .

"Querida Rin:

Mí cuñado probablemente me matara por esto cuando se entere, y siempre lo hace, pero no puedo ignorar tu situación. Se lo que la familia Taisho hace, Inuyasha, mi futuro esposo, me dijo en que trabaja su hermano antes de proponerme matrimonio, pero él me prometió que no estaba involucrado.

Lo comprobé después de preguntárselo personalmente, y efectivamente, no sabe nada sobre ti, pero no pude convencerlo de liberarte. Es aterrador ir contra Sesshomaru, lo abras notado ya.

A veces se deja llevar y no entiende, ni se preocupa, si lastima severamente a otras personas.

No puedo estar de acuerdo con eso.

Mañana es mi boda, y quiero que sea un día perfecto, no solo para mí, sino para todo el mundo. Me gusta pensar que soy una buena persona. Quiero tener la conciencia limpia cuando diga mis votos matrimoniales frente a Dios y a la gente.

Sí, como ya puedes asumir, estarás libre mañana.

Conseguí persuadir a Sara, y a los gemelos para que te saquen, y que hagan parecer que lo hizo alguien más.

Fue, de hecho, sorprendentemente fácil, en realidad. Por algún motivo, Sara estaba casi ansiosa por desacerté de ti, y los gemelos estuvieron de acuerdo al instante.

Sara te sacara alrededor de las 11 de la mañana, mientras que Sesshomaru no está, y la mayor parte de la seguridad estará en mi boda. Los gemelos no irán por el mismo motivo, así que ellos te llevaran a un sitio seguro.

Tendrás casi 12 horas para hallar seguridad, solo te pido que no le digas a nadie que Sesshomaru estuvo involucrado en tu secuestro, eso le rompería el corazón a la señora Izayoi, la madre de Inuyasha.

Ella cree que el no es un monstruo, tal vez no lo es. Sí, es áspero, y un frio mandón dominante, pero hizo todo lo posible para no involucrar a Inuyasha en el negocio y mantener los a él y a su madre en un sitio seguro. Incluso cuando es un cabrón, generalmente tiene un motivo para ello.

No estoy completamente segura de cuales sean sus planes contigo, pero tiene motivos para querer vengarse de Naraku.

Probablemente no te lo haya dicho, pero una de las personas que murieron en el accidente de tren fue la mejor amiga de Sesshomaru, Kagura. Creo que tenían algo más, por que sufrió mucho con su perdida. Era una buena mujer, que solo buscaba la libertad y un buen trabajo. Mi cuñado no puede ser tan buen hombre, pero tiene una virtud que no todos los hombres poseen: Es incondicionalmente leal con quienes son importantes para él, y haría cualquier cosa para mantenerlos fuera de peligro.

La mejor de las suertes, Kagome."

. .

Rin releyó la nota antes de levantar la vista hacia Sara. Su nerviosismo y palidez tenía una descomunal cantidad de sentido ahora.

Sara asintió bruscamente, antes de agarrar la carta de Kagome de su mano y cerró la puerta.

Con una sensación de entumecimiento en su pecho, Rin regreso a la cama y se deslizo entre las sabanas. No quería mirar al hombre acostado con ella, a pocas pulgadas de distancia. Iba a ser libre mañana.

Luego de casi dos meses de incertidumbre, se iba a casa. Eso era todo lo que importaba. Era todo lo que quería. Era lo que necesitaba.

Sesshomaru se movió en sueños y envolvió su pesado brazo alrededor de la cintura femenina, acercándolo más a él.

Rin cerró los ojos y no se atrevió a respirar. Se iba a casa. Estaba regresando a la normalidad.

Finalmente había terminado.

La sensación de desagrado en su pecho no era nada importante. Las lágrimas que picaban eran de sueño. Nada más.

. . .

-¿Hay algún motivo por el que me estés mirando fijamente desde hace 10 minutos? –Pregunto Sesshomaru, abrochándose la camisa de vestir en el espejo de cuerpo completo.

Rin aparto la mirada hacia la ventana. Estaba en la cama, las rodillas pegadas al pecho, y los brazos desnudos enroscados entorno a ellas. Se veía pequeña y muy joven.

La luz de la mañana se reflejaba en su pelo azabache brillante por el agua de la ducha, coloreaba sus mejillas con un brillo saludable, sus ojos oscuros reflejaban el cielo frente a ella.

Habría parecido un ángel inocente e incorrupto, si no hubiera algo tan sensual en la curva de su bonita boca.

No por primera vez, Sesshomaru pensaba que era extraño que una criatura así lo mantuviera tan atraído.

-Mire quien habla. –Dijo Rin sin mirarlo, con una notable sonrisa forzada en los labios.

Estaba de un humor muy extraño.

Sesshomaru su perfil por un momento, antes de decidir que no tenía tiempo para interrogarla.

Ella había estado particularmente insaciable esta mañana. Había despertado con cálidos labios de la joven alrededor de su miembro a primera hora de la mañana, y luego continuaron en la ducha.

Ahora estaba llegando tarde por su culpa.

Kagome le importaba un comino, al igual que su estúpido medio hermano, pero si los plantaba el día de su boda, su madre no lo dejaría continuar viviendo tranquilo.

-No volveré hasta la madrugada. –Dijo Sesshomaru, poniéndose la chaqueta de su smoking blanco. –Sara te traerá tu comida. Mañana regresaremos a Rusia.

Mordiéndose el labio inferior, Rin asintió, aun sin mirarlo.

-Adiós. –Murmuro, sus brazos apretando sus rodillas, su voz se le había quebrado un poco.

Sesshomaru se detuvo junto a la puerta mientras se colocaba una estola alrededor de su brazo derecho. -¿Pasa algo?

Rin negó con la cabeza, sonriendo torpemente. –Solo estoy harta de estar encerrada aquí adentro todo el día, al menos Ah-Un me hacia compañía antes.

A Sesshomaru no le convenció, pero realmente no tenía tiempo para esto.

-Te veré esta noche. –Dijo abriendo la puerta.

-Espera.

En un abrir y cerrar de ojos, Rin atravesó la habitación, enrosco sus brazos alrededor de su cuello y presiono sus labios.

Sus labios suaves, carnosos y desesperados, como si no hubieran pasado horas de la noche y mañana teniendo sexo.

Sesshomaru rio, apretando codicioso el redondo y suave trasero de su cachorra, Pero le devolvió el beso, tomando fácilmente el control del mismo justo como le gustaba a "Campanilla".

Fue recompensado con suaves y rotos gemidos de placer mientras que la niña se aferraba a él.

Sesshomaru lo permitió, aunque luego de horas de sexo tener una erección era imposible, incluso para un hombre con su libido, quería demostrar que todavía era capaz.

Pero realmente no podía quedarse un momento más.

Se aparto, sus labios se separaron con un ruidito húmedo y se aclaro la garganta.

-Suéltate de mi camisa, Cachorra.

Aturdidos ojos marrones lo miraron largo rato, como si no entendiera. Unos segundos después, Rin se alejo de un salto, y con las manos tras de su espalda, luciendo nerviosa.

Se sonrojaba tan bellamente.

Los labios de Sesshomaru se adelgazaron con disgusto ante la idea.

Realmente no le gustaba el efecto que la mocosa tenía en él. Cuanto antes se deshiciera de Rin, mejor.

Sin decir nada más, dejo la habitación con una inquietud en su mente. La puerta se trabo tras de él.

. . .

Las bodas eran increíblemente aburridas, y sumamente fastidiosas. No lo ayudo que estuviera la mayor parte del día teniendo que soportar a invitados metiches preguntando por su propio estado civil y cuando este iba a cambiar.

Tampoco ayudo que su, ahora cuñada, le enviara cada media hora a una de sus molestas, fastidiosas, insoportables, inmaduras y parlanchinas amigas para tratar de llamar su atención.

Por supuesto, ignoro a todas esas mocosas cabezas huecas de voces chillonas.

Aparentemente estar del lado equivocado de los 30 y ser soltero era trágico, simplemente trágico.

Había un motivo en especial por el que no le gustaba pasar tiempo con su familia: Era difícil intimidar a alguien para que se calle, cuando te habían visto en pañales.

La familia de directa era la peor, empezando por su madre. Lo había estado regañando toda la noche, queriendo saber cuándo iba a seguir los pasos de su medio hermano y establecerse seriamente.

El idiota del Novio, que se había separado de su grupo de amigos por la ocasión especial que era molestar a su hermano mayor, se estaba riendo de él.

Su madre parecía impresionada cuando el finalmente se había exasperado y les había dicho que tenia mejores cosas y mas importantes para hacer que jugar a la casita con alguna mujer.

La cara de Inuyasha lo había divertido en grande, porque había retrocedido.

-Vamos, los dos, no molesten a Sesshomaru. –Dijo una dulce voz al lado.

Los tres peliblancos voltearon a ver en esa dirección, una hermosa mujer de cabello negro largo azabache, amable rostro blanco y sonrisa dulce regañaba a Inuyasha y a Irasue, aunque se veía que no quería hacer un escándalo.

-No estoy haciendo nada, mamá. –Dijo el menor del Clan con una sonrisa inocente.

-Lambiscón. –Le susurro al oído su hermano, provocando una mirada de odio en él.

-Pero es que este tonto es un egoísta, no se atreve a pensar en mí ni en mis necesidades, como que quiero tener edad suficiente para cuidar de mis nietos, y malcriarlos para que no le hagan caso. –Dijo la mujer de blanco cabello mirando a la otra mujer.

Cualquiera pensaría que dos mujeres que compartieron el mismo hombre, y posteriormente la misma casa aun después de su muerte, se odiarían hasta la medula. La mayoría pensaba que estaban fingiendo llevarse bien.

No estaban muy equivocados.

Cualquiera que las conociera, y las viera interactuar, notaria el ligero acurrucamiento de la mujer Nipona en la estola suave de la mujer Polaca.

Había sido raro los primeros dos años, por eso se había alejado de su familia en primer lugar, pero ahora, no le importaba... Lo que moviera su tren.

A Inuyasha también le parecía normal, porque había convivido con ambas, más de lo que había convivido con su padre.

Aun así, la imagen seguía siendo, de alguna manera... extraña.

Se alejo antes de que se pusieran azucaradas, y Kagome se acercara a su esposo para hacer plática.

Dio una larga calada a su cigarrillo, y miro a la puerta principal. Era tan tentador la idea de irse con la mocosa y "Celebrar" de una manera más divertida que por fin le habían puesto correa al pulgoso de su medio hermano.

Frunció el seño y se alejo de la entrada principal. Rin era su boleto a la empresa de Naraku, quien le ayudaría con sus planes futuros... No era una amante para complacerlo cada vez que estuviera caliente. Era una herramienta, nada más. No podía ser nada más.

-Si frunces más el seño, te saldrán arrugas, guapo. Y eso no es atractivo, ni siquiera en ti.

Se detuvo. Miro de reojo. Se dio la vuelta. Y la vio.

Se veía hermosa en ese vestido rojo con corte de sirena y zapatos altos. Seguía viéndose tan sensual como la primera vez que la vio.

La mujer le extendió la mano coquetamente y él la tomo antes de besarla caballerosamente. De repente le parecía que el salón estaba más en silencio que nunca.

-No esperaba verte aquí, Abi. –Dijo después de un rato, y evitando el contacto visual con otras personas.

-Tu madre me invito, fue muy considerada, o tal vez solo porque ella y mi madre son amigas, ¿Qué se yo?

Los dos se miraron a los ojos, los dorados de él eran fríos e indiferentes, y los de ella eran coquetos y picaros.

-¿Me concedes esta pieza?

. . .

No supo cuando, ni como paso, pero en algún punto de la noche, él y Abi habían terminado en una de las habitaciones del segundo piso, besándose y tratando de desnudarse.

Abi se separo para respirar mientras desabrochaba los botones del saco.

-Extrañe esto. Nadie es tan guapo y sexy, como tú. –Dijo entre jadeos. –Vamos, galán. Por los viejos tiempos.

Sesshomaru la miro antes de tomarla de la cintura y arrojarla al colchón y ponerse sobre ella.

Con una sonrisa, Abi intento desabrochar sus pantalones. El deseo continuaba en ellos, aun después de tanto tiempo. Tal vez no sentían amor el uno por el otro, pero eso no significaba que no pudieran retomar donde lo habían dejado. Después de todo, ella era hija de una mujer muy influyente en la Mafia Francesa y Sesshomaru aun necesitaba de su ayuda si quería ampliar su imperio como tanto deseaba. Si jugaba bien sus cartas, podrían estar juntos de nuevo.

Tomo la estola de Sesshomaru para envolverse en ella, divertida, recordando lo molesto que se ponía cuando tomaban sus cosas.

Pero al alzar su mirada del pecho musculoso a sus ojos, no le gusto para nada lo que vio.

Sesshomaru se veía... Enojado. Sus orbes doradas brillaban de ira, y no entendía el por que... Era aterrador, ya no sentía excitación, sino un instinto de huir en sentido contrario.

-Se- -El ruso la beso. Ella trato de corresponder, pero él no se lo permitió, el beso era duro, cruel y castigador.

Al separarse, Sesshomaru le arrebato la estola, puso a Abi boca abajo y la aplasto contra la cama. ¿Qué carajos...?

-¡Oye! Esto no es divertido, ¿Qué estás-?

Se tenso al sentir una mano alrededor de su cuello. Esto era malo, se estaba asustando en serio. Se removió incomoda bajo él, pero casi respiro de alivio cuando él se aparto.

Abi se levanto temblorosa, viendo como su ex marido miraba por la ventana del cuarto, con los puños apretados y la mandíbula tensa.

-Fuera.

Abi tomo sus zapatos, abrigo y cartera, antes de salir corriendo a toda prisa, como si en cualquier momento él tratara de agarrarla de nuevo. ¿Qué carajos había sido eso? Ella era fanática del BDSM, y todo lo que implicara sexo duro, pero esto... Esto fue jodidamente espeluznante.

-Loco. –Dijo en voz baja antes de irse en silencio por la puerta trasera de la casa.

Al demonio ampliar su mercado comercial con Sesshomaru. Si su madre lo quería, era libre para intentar convencerlo. Ella se mantendría definitivamente lejos de ese tipo.

Esperaba que no le hubiera dejado marcas.

. . .

Entrada la madrugada, Sesshomaru ya se había acabado su paquete de cigarrillos, y no estaba contento con el final que había tenido la noche.

Siempre se sintió atraído por Abi, aunque ya no estuvieran casados, el sexo siempre era bueno. La actitud que tuvo con ella fue muy inapropiada.

Pero estaba enojado. Enojado con Abi por no ser mas bajita, por no ser más dulce, por no ser Rin.

Enojado porque tomo su estola para envolverse con ella cuando Rin lo había echo hace dos días. Su cachorra lucia tan pequeña y dulce, mientras que Abi trataba de ocupar esa imagen en su mente. Y eso no quería permitirlo.

Y se odiaba a sí mismo por no poder controlarse y hacer un escándalo en la fiesta. Claro que no ver a Abi salir por la puerta principal había llamado la atención, despeinada y enojada, pero él no dijo nada, y nadie le dijo nada a él cuando se retiro finalmente.

Todo era culpa de la mocosa.

-"No es culpa de la pobre niña, que tú seas un idiota posesivo." –Una voz muy parecida a la de Kagura le dijo al oído. –"Ella solo hace lo que quieres, ¿Cómo va a ser su culpa si no ha hecho nada?"

Sesshomaru lanzo un suspiro exasperado, agradecido de estar por fin lejos de toda esa gente, y entro en su casa del lago.

Estaba maravillosamente tranquila, a comparación de la ruidosa mansión que había dejado atrás.

Sara lo estaba esperando en el recibidor.

Supo que algo estaba mal al ver su pálida cara.

-La niña no se encuentra en la casa.

Sesshomaru la miro fijamente. -¿Qué? –Se oyó a si mismo decir.

-Huyo. –Dijo Sara, poniendo las manos tras su espalda.

Huyo.

La palabra resonó en sus oídos, su mente agotada negándose a comprenderla.

Entonces, se movió a la habitación. Subió a las escaleras hacia su dormitorio, con Sara siguiéndolo.

La cerradura estaba rota. La habitación estaba vacía.

El armario estaba completamente abierto. No había rastro de la dulce niña de pelo lacio y hoyuelos en los labios.

La cama todavía estaba desecha, las sabanas tiradas a un lado como consecuencia del sexo que compartieron esa mañana.

-¿Cómo? –Dijo, sin apartar la vista de la cama.

-Ah-Un. –Dijo Sara. –Ella todavía estaba aquí cuando le traje la comida a las 11 en punto. Obviamente comprobé las grabaciones de seguridad, pero parece que las cámaras funcionaron mal cerca del medio día. No lo descubrí hasta horas después, por que no encontraba a los gemelos para que pasaran por ti, y por que, bueno, ya sabes por qué. Luego de que me dijiste que dejara de espiarte, ya no monitoree tu dormitorio.

Sesshomaru se giro lentamente. Estudio a Sara en silencio.

Los ojos de Sara se movían por toda la habitación. –Mi suposición es que logro convencer a ese par de idiotas grandulones para que la sacaran, aprovecho que ellos conocen todos los recovecos de la casa y puntos ciegos, se llevaron un auto diciendo que iban por un encargo ordenado por ti, y mandaron a alguien más para recogerte.

Sesshomaru observo la gota de sudor que corría por la cara de Sara. –La casa todavía estaba vigilada por 23 guardias profesionales, altamente entrenados, hombres que supuestamente son los mejores. Pero, de alguna manera, no notaron que dos enormes hombres entraron sin autorización aun área restringida, y hurto mis cosas de mi dormitorio. Explícame eso, Sara.

Sara seguía tragando compulsivamente. –Tal vez recibieron ayuda externa. Tal vez de Naraku, o su amiga policía, parecía sospechar mucho de ti.

Sesshomaru temblaba ligeramente, la rabia creciente en su pecho. –Posible. –Dijo mientras veía a Sara exhalar de alivio. –Pero improbable. Hay una explicación más evidente, ¿No lo crees?

-No entiendo. –Dijo Sara.

En un movimiento rápido, Sesshomaru la agarro del cuello y la empujo contra la pared. La cabeza de Sara reboto con un ruido sordo. Parecía dolorosa.

A él no le importo.

-¿Por qué? –Dijo, la ira lo hacía ver rojo. -¿Por qué lo hiciste?

Cualquier rastro de su máscara desapareció de la cara de Sara, su cuerpo flácido, como si fuera una muñeca de trapo. –Yo-

-¡¿Por qué?! –Repitió Sesshomaru, apretando su garganta con más fuerza, viéndola ahogarse.

Romper el cuello de una persona, en especial de una mujer, no era difícil. Habían pasado años desde que estuvo tan tentado a hacerlo.

-¡Lo hice por ti! –Logro decir, casi sollozando. –Hice lo mismo que hiciste tú cuando la niña comenzó a nublar mi juicio: ¡La quite de tu alcance! Cuando te calmes, sabrás que hice lo correcto. Has sido completamente irracional desde que empezaste a joder con esa pequeña puta. No es más que problemas, por eso Naraku no la ha buscado. Puedes vengarte de esa sucia alimaña de alguna otra manera, sabes que puedes.

-¿Cómo te atreves-? –Dijo de Sesshomaru. –He sido demasiado indulgente contigo, Sara.

-No... No puedo... Yo no- -Sesshomaru apretó un poco mas su agarre, y vio como el rostro de Sara se volvió grisáceo.

Cuando Sara empezó a perder el conocimiento, Sesshomaru la dejo caer al piso como un costal de papas.

-Sabes que no manejo bien la traición. –Dijo viendo hacia abajo a la mujer tosiendo. –Confié en ti, en que hicieras bien tu trabajo. Confié en que cubrirías mi espalda, no que me apuñalarías por ella. –Salió de la habitación.

-¿Qué vas a hacerme?

-Nada. –Dijo Sesshomaru. –Tienes 15 minutos para irte de mi casa, y será mejor que no vuelva a oír de ti.

-¡Pero... Pero... Te he sido leal por 15 años! ¿Eso no vale nada para ti?

Sesshomaru se detuvo. –Lo hace. Es el único motivo por el que sigues viva. Ya sabes que no me gusta cuando mi gente se siente con el derecho de decidir lo que hago, porque cree que sabe más que yo. No lo hacen.

Sesshomaru se perdió en el pasillo, escuchando, con satisfacción, el sonido de desesperación, ira y frustración que salió de la garganta de Sara.

Ira y arrepentimiento se envolvían en sus entrañas, y eso le hacía hervir la sangre.

-"Maldita seas, Sara Asano. Maldita estúpida."

Pero ella tenía razón en algo. Incluso sin la mocosa, Sesshomaru podía, y haría, pagar a Miasma Naraku. El bastardo era el único responsable de haber perdido a 4 de sus mejores hombres, en los que había confiado con su vida. Primero Kagura, luego los gemelos, y ahora Sara.

Ciertamente, Naraku iba a pagar. Pronto.

Y la mocosa volvería a su lado. Quisiera o no.

FIN.

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¡Feliz Navidad!