Miraculous, les aventures de Ladybug et Chat Noir y sus personajes son propiedad de Thomas Astruc y Zag Entertainment.
Palabras: 1095.
Septiembre: Despedida
La había despertado un mensaje de Alya. A veces odiaba a su amiga por no ser capaz de contener su entusiasmo hasta mediodía. La luz de la pantalla le iluminó el rostro mientras abría el mensaje:
¡Mari! ¡Lila se marcha, pero para siempre!
Frunció el ceño. ¿De verdad creía Alya que le importaba lo más mínimo que aquella bruja que le había hecho la vida imposible se largase? No podía importarle menos.
El móvil vibró en su mano de nuevo:
Vamos a hacerle una fiesta de despedida esta tarde. Tienes que venir. Que venga Adrien también, sería raro que no lo hiciera.
Ir a una fiesta de despedida para Lila, el sueño de su vida. A pesar de ello se apresuró a contestar:
Claro, ¿a qué hora es?
Optó por levantarse y ponerse a trabajar un poco en el vestido de novia de Mylène, aún tenía que tomarle las medidas, pero podía empezar a garabatear la idea que le rondaba para ella. Le hacía mucha ilusión pensar en ello, adoraba a Mylène y a Iván, pensar en que compartirían sus vidas la hacía soñar despierta.
Ignoró al fisioterapeuta de Adrien mientras hacían los ejercicios de rehabilitación en medio del salón, no sabía muy bien cómo había ocurrido, pero con el paso de los días había aprendido a ignorarlos, incluso cuando Adrien soltaba algún quejido
Con cierta incomodidad se vistió y ayudó a Adrien a bajar las escaleras hasta la calle donde les esperaba Gorilla con el motor en marcha dispuesto a llevarlos a la fiesta de despedida de Lila. Adrien saludó con afecto al que había sido su guardaespaldas hasta el día en que se rebeló contra su padre, Marinette no necesitaba preguntar nada para saber que la relación entre Adrien y Gorilla no era, simplemente, la de guardaespaldas y protegido y eso la alegraba, porque significaba que Adrien no estaba solo.
Llegaron en seguida encontrándoselo todo montado y con Lila en el centro como la protagonista absoluta. Con un suspiro, Marinette, se decidió a avanzar y Adrien no dudó en imitarla.
—¡Oh! ¡Adrien! Y… Marinette —musitó Lila echándole una mirada fría que la obligó a forzar, aún más, su sonrisa—. Que alegría me da veros.
—No podíamos perdernos tu fiesta de despedida —pronunció Adrien tomando la iniciativa—. Es una lástima que te marches.
Marinette admiró la diplomacia de la que podía llegar a hacer gala Adrien. Lila, de algún modo, había sido perjudicial para él también, sabía que había tenido un enfrentamiento, aunque no sabía bien en qué consistía y no pensaba preguntar.
—Aunque me sorprende verte aquí también, Marinette —continuó Lila sacándola de sus pensamientos—, al fin y al cabo, nunca te gusté.
La muy maldita estaba provocándola, pero no iba a caer en aquella trampa, no ahora que ya no estaba sola y no era una adolescente asfixiada entre responsabilidades que le venían grandes.
—La gente madura, Lila —replicó con toda la intención de dejar patente que no pensaba iniciar un enfrentamiento pueril con ella.
Lila abrió la boca para replicar, pero volvió a cerrarla sin soltar palabra alguna, dibujó una sonrisa torcida que suavizó cuando Alix pasó por su lado dirección a la mesa en la que se encontraban las bebidas.
—Espero que tengas un buen viaje —musitó con cordialidad tragándose la ganas de añadirle un "y no vuelvas".
—Gracias, Marinette —contestó Lila tomando sus manos y llevándolas a su pecho como si fuesen las mejores amigas del mundo—. Significa mucho para mí.
—No es nada —continuó deseando que la soltase de una vez para poder irse a la otra punta del parque.
—¿Te vas para siempre? —preguntó Adrien viendo los nervios de Marinette.
—Seguro que volveremos a vernos, Adrien —musitó soltándola y acercándose más de lo necesario a él—. Ya sabes que me encanta París, no podré estar siempre lejos de aquí.
—Ya —contestó incómodo con el recorrido que el dedo de Lila iba dibujando sobre su pecho—. Cambiar de aires te irá bien.
—Oh, ya sabes, la vida de los diplomáticos es muy estresante, pero permite ver mundo.
Adrien sacudió la cabeza, allá iba con una nueva mentira. Contuvo el suspiro que quería abrirse paso por entre sus labios y movió ligeramente una de sus muletas.
—Estoy cansado —musitó mirando a Marinette—, ¿nos sentamos un rato?
—Sí, claro —contestó ella comprendiendo que no quería seguir hablando con Lila, pasó la mano con delicadeza por sus riñones y le acompañó hasta uno de los bancos—. Podemos irnos si quieres, nadie se lo tomaría a mal.
—No, esperaremos un poco más. Rose e Iván la tienen entretenida y sería descortés marcharse así.
A Marinette le daba igual si era o no descortés, ya había fingido que le importaba durante un buen rato, pero aceptó quedarse a su lado. Pronto se les unieron Nino y Alya dispuestos a satisfacer su curiosidad.
Desde que Adrien había salido del hospital que todos pasaban de puntillas sobre el tema. Ni siquiera Nino, se había atrevido a preguntar qué había ocurrido entre Adrien y su padre, ni por el motivo por el que se habían ido a vivir juntos a un lugar del que Adrien no podía salir sin ayuda mientras durase su recuperación. De hecho, ni se habían atrevido a preguntar qué tipo de relación mantenían, aunque era evidente que había mucho más que una amistad entre ellos.
Mientras Nino intentaba sonsacarle todo tipo de información a Adrien, Marinette, observó a Lila, siendo el centro indiscutible de la atención y los comentarios admirados de sus amigos. A diferencia de otras veces no se sintió molesta, ni incómoda, tampoco sintió la rabia presionando la boca de su estómago porque nadie fuese capaz de ver sus mentiras. Quizás había madurado, tal vez había logrado pasar página, o a lo mejor, simplemente, ya no le importaba en absoluto.
—Me ha sorprendido que hayas venido —le susurró Alya—. Sé que Lila sigue sin caerte bien.
—Bueno, no podía perdérmelo.
—Pensaba que te negarías o que la llamarías mentirosa otra vez.
Marinette sacudió la cabeza, sabía que Alya no lo había dicho con mala intención, pero le molestaba que después de tanto tiempo aún flotase la sensación de que lo suyo con Lila era una rencilla absurda por celos.
—Para qué iba a hacerlo —soltó con tono plano—. Sólo quería despedirme de ella, al fin y al cabo, estudiamos juntas.
—Eso ha sonado muy maduro, Marinette.
—Supongo que he crecido —replicó encogiéndose de hombros, no pensaba dejar que el fantasma de Lila Rossi y sus mentiras siguiese entorpeciendo su vida.
Continuará
Notas de la autora:
¡Hola! Una despedida para Lila porque es el único personaje al que Marinette despediría sin que le importase en absoluto. Creo que es el prompt que más me ha costado escribir de todo el reto.
Nos leemos en unos días.
