Naruto Y Hinata en:

EL LENGUAJE DE LAS FLORES


CAMELIA ROSA
Seducción


Hinata no sabía qué esperar de sus clases de baile, pero suponía que sobre todo consistirían en aprender algunos pasos. Estaba totalmente equivocada.

─¿Que quiere que haga qué? ─preguntó, mirando sorprendida a Naruto.

─Que camine. ─Y diciéndolo, la tomó del brazo y la llevó fuera de la habitación, hasta el principio del largo pasillo.

─Qué tonta soy ─murmuró ella─,pensaba que iba a enseñarme a bailar.

─Lo haré, pero primero quiero ver cómo camina.

Ésa era la última cosa que Hinata deseaba hacer, pero cuando vio que él se ponía las manos a la espalda y echaba a andar, no tuvo más remedio que seguirlo.

─Para bailar bien, señorita Hyuga ─añadió─, tiene que andar bien. Bailar no es más que caminar con música. Sólo habían dado unos pasos cuando Naruto se detuvo.

─¿Por qué se para? ─preguntó Hinata.

Él no contestó, sino que se volvió hacia ella y la rodeó con sus manos. Le colocó una encima del diafragma y la otra al final de la espalda. Al notar el contacto a ella se le cortó la respiración.

Él no debió de darse cuenta, porque aún apretó más las manos contra su cuerpo y, en un tono muy pragmático, dijo: ─Recuerde mantener la espalda erguida. Esta noche no es una restauradora intentando reparar una vieja vasija de bronce, sino una joven dama disfrutando de un agradable paseo.

Entonces él la soltó, pero la piel de ella se mantenía caliente allí donde la había tocado, y Hinata se sentía capaz de todo menos de imaginarse que era una joven dama paseando. Intentó caminar como él le decía, pero el corazón le retumbaba en el pecho como si hubiera estado corriendo durante horas. No estaba acostumbrada a que la tocaran, eso era todo, se dijo. En los últimos días él ya la había tocado varias veces y a ella siempre le sorprendía lo mucho que eso le gustaba. Se derretía sólo de pensar en lo que había sentido cuando él le acarició la mejilla, o ahora, cuando había colocado sus manos sobre su cuerpo. Ella no quería sentirse así, no quería que él le hiciera sentir así.

Recorrieron el pasillo innumerables veces sin dirigirse apenas la palabra, sólo para las correcciones que él le hacía. Barbilla arriba, hombros atrás, sin correr. Ella no lo miraba, sólo lo veía con el rabillo del ojo, pero él sí la observaba con detalle. Cuando creía haber recorrido aquel pasillo unas mil veces, al fin le dijo que se detuviera.

─Excelente, señorita Hyuga ─ comentó, y le indicó que volviera a la habitación─. Tiene usted una gracia natural, seguro que bailará muy bien. Me atrevería a aconsejarle que se pusiera corsé, eso le ayudará a mantener la espalda recta. Además, si no lleva, su pareja de baile se escandalizará cuando le ponga las manos en la cintura y la note desnuda.

Naruto se encaminó a la chimenea y empezó a dar cuerda a la caja de música. ─Pero procure no apretárselo mucho. No me gustaría que se desmayara en medio del baile por falta de aire.

─No creo que sea apropiado que usted haga comentarios sobre mi ropa interior ─dijo ella con la mayor dignidad de la que fue capaz.

Él hizo una pausa en lo que estaba haciendo y la miró directamente a los ojos.─Creo que estaba comentando algo sobre la ausencia de ropa interior ─ contestó él serio, aunque con una media sonrisa apuntando. Ella había visto otras pocas veces esa sonrisa traviesa. Empezaba a gustarle y no pudo evitar sonreír.

Naruto dejó la caja encima de la mesa y empezó a sonar la música.

─El vals es un baile muy sencillo ─le dijo mientras se situaba frente a ella. Tomó su mano derecha en su izquierda y colocó la otra en su cintura.

Hinata se tensó al instante.

─Relájese, señorita Hyuga.

─Estoy relajada ─mintió.

─¿De verdad? Pues su cuerpo parece creer lo contrario. ─Él aflojó su abrazo─. No se preocupe, no tengo ninguna intención de violarla. Al menos por ahora ─se corrigió─. Relájese.

Hinata quería hacerlo, pero la idea de que él no quisiera violarla entonces pero sí en otro momento no ayudaba mucho. Se sentía mareada, como si hubiera bebido más vino de lo normal. Se acordó de que aquella misma tarde, en la colina, él casi la había besado. Ahora era agudamente consciente de la mano de él en su espalda, y tenía que controlarse para no salir corriendo. De golpe, la habitación había subido mucho de temperatura. Demasiado para bailar.

─Cuando se baila un vals ─ continuó Naruto como si no hubiera notado que ella se sonrojaba─, lo primero es mantener la distancia apropiada. Tiene que estar a un pie de su acompañante, justo como estamos ahora. Ponga la mano en mi hombro.

Ella dudó un instante antes de apoyar la mano en su oscura chaqueta verde. Podía notar contra su palma los fuertes músculos de su hombro y recordó el aspecto que tenía sin camisa. Lo había dibujado muchas veces y conocía cada plano de su torso, pero al tocarlo sintió cómo un extraño fuego le quemaba por dentro y tuvo que concentrarse para escuchar lo que le decía.

─Lo segundo que debe recordar es que yo mando y usted me sigue. Su cuerpo va a donde le dice el mío.

─Creo que me gustaría más si fuera al revés.

─¿De verdad? ─murmuró él─.Ésa sí que es una idea interesante, señorita Hyuga. Quizá algún día le permita hacerlo. ─Volvió a cogerle la mano y levantó el brazo adoptando la postura previa al inicio de la danza─. Los pasos del vals son muy sencillos, es una cadencia de un, dos, tres. Así.

Naruto empezó a moverse llevándola con él, pero ella sólo miraba los pies y él se detuvo al instante. ─Lo tercero y más importante es que tiene que mirarme a mí, señorita Hyuga, no al suelo.

─Pero ¿y si le piso?

─Sobreviviré, estoy seguro. No se preocupe, si se equivoca sólo estoy yo para verlo, y ya sabemos que a usted no le importa lo que yo piense. ─Naruto empezó a moverse de nuevo llevándola a ella─. Un, dos, tres ─contaba él al ritmo de la melodía, y los dos iban completando las figuras del vals a lo largo de toda la habitación─. Un, dos, tres.

Hinata se sentía bastante torpe dando vueltas sin sentido, e incluso después de haberlo pisado y haber hecho que se parase incontables veces él no se mostró impaciente ni un instante. Sencillamente le decía que volviera a intentarlo. Una y otra vez.

─Lo está haciendo muy bien ─la tranquilizó dando cuerda por tercera vez a la caja de música─. Sabía que sería buena bailarina.

─Usted es buen profesor ─reconoció ella al tenerlo de nuevo delante─. Sólo desearía no sentirme tan torpe e insegura.

─Eso requiere práctica. ─Volvió a cogerle la mano y empezaron a bailar.

Naruto tenía que recordarle constantemente que lo mirara a él y no al suelo.─ Es que creo que el único modo de no pisarle es si miro donde pongo los pies ─confesó ella─. Pero no importa lo que haga, me temo que cuando acabe la noche va a estar lleno de moratones.

─Entonces debería apreciar el sacrificio que estoy haciendo por usted. Ella le miró con fingida preocupación. ─Oh, pobre. Seguro que está sufriendo muchísimo, aunque podría ser peor. Yo podría pesar cien kilos. La mano de él le apretó la cintura. ─Eso sería una pena ─murmuró, y la miró─, aunque seguiría teniendo esos increíbles ojos.

El corazón de ella dio un vuelco, y casi tropezó de nuevo. ─Baila muy bien ─dijo ella para cambiar de tema. No quería que él le dijera cumplidos que sabía que no eran ciertos─. ¿Por qué no le gusta?

─La verdad es que bailar me gusta, lo que no me gusta son sus consecuencias.

─¿A qué se refiere? ¿Qué consecuencias?

─Las mismas que me obligan a evitar a las damas con tendencia a desmayarse. Ser un acaudalado duque y, además, soltero me convierte en la presa perfecta en un baile. Todo lo que hago, todo lo que digo, es estudiado y analizado en todas las notas de sociedad. Si bailo con una dama, las viejas matronas difunden rumores a la misma velocidad que la música, y si por casualidad he disfrutado de su compañía y bailo otra vez con ella, ya estoy perdidamente enamorado; si bailo una tercera vez, mi boda es inminente.

─Eso es una locura.

─Aún es peor para la dama en cuestión. Las habladurías siempre se centraran más en ella. No importa lo bella que sea, lo dulce o educada, siempre habrá una madre despechada que creerá que su hija sería mucho más adecuada para ser mi duquesa.

─Supongo que eso es inevitable ─ se rió ella.

─Sí, así es. Por eso no bailo.

─Bueno, ya que aquí no hay nadie que nos vea y pueda criticarle, debería intentar disfrutar de esta noche.

─Lo estoy haciendo. ─Le apretó la mano más fuerte─. Créame, estoy disfrutando mucho.

Antes de que Hinata pudiera pensar una respuesta, la música se fue desvaneciendo hasta desaparecer por completo. Naruto se detuvo y apartó la mano de su cintura, pero no soltó la otra; sus dedos seguían entrelazados cuando le dijo:─Ni un fallo.

─¡Es verdad! ─exclamó ella sorprendida─. Pues me he olvidado de contar los pasos.

─Exactamente. ─Él se dirigió hacia la esquina─. Cuando finaliza el baile, su pareja la escolta hasta su sitio. ─Acompañó sus palabras con acciones, como si de verdad estuvieran en un baile. Le soltó la mano y le hizo una reverencia. Ella supuso que probablemente ella también debía saludarle, así que cruzó un tobillo detrás del otro y le hizo una breve genuflexión.

No, no, señorita Hyuga ─dijo él sonriendo─. Tiene que hacer una genuflexión completa. Después de todo, soy un duque. Se supone que su rodilla casi debería tocar el suelo. Ella se agachó de nuevo, con un saludo mucho más pronunciado.

─Está disfrutando con esto, ¿verdad?

─Sí, mucho ─admitió él cuando ella se levantó. Le miró los labios y su sonrisa desapareció por completo─. Desde que me ha acusado tan severamente de intentar aprovecharme de nuestra amistad es que estoy queriendo vengarme. Tengo que aprovechar la más mínima ocasión para hacerlo.

Esa tarde ella no había querido reprenderle, sólo había sido un intento desesperado de salir de la situación. Él había querido besarla, y lo peor de todo es que ella lo deseaba con todas sus fuerzas.

─Yo no he hecho tal cosa.

─No quiero volver a pelearme con usted, así que no voy a picar el anzuelo. Aunque sí me veo obligado a recordarle que una dama nunca, nunca contradice a un duque.

─Hay muchas reglas, ¿no es así? ─ preguntó ella intentando parecer relajada─. He leído todos sus libros de etiqueta pero aún me siento intimidada. ¿Hay algo más que debería saber?

─Sí ─contestó él acercándose a ella─. Como ya le dije en otra ocasión, una dama que quiera estar a la moda nunca lleva gafas cuando asiste a un baile. ─Él ignoró sus protestas y le quitó las gafas─. Intente llevarlas lo menos posible y, si puede, acostúmbrese a ir sin ellas.

─He leído que una dama debe saludar siempre a sus conocidos. ¿Cómo espera que lo haga si no puedo verlos? Hinata intentaba recuperarlas, pero él no paraba de mover el brazo manteniéndolas así inalcanzables. Ella se puso de puntillas, pero él era tan alto que no sirvió de nada, y Hinata no se atrevía a saltar por miedo a romperlas. Dejó de intentarlo y, con los brazos en jarras, lo miró enfadada.

─¿Vamos a tener que discutir otra vez sobre este tema?

─No. ─Naruto se guardó las gafas en el bolsillo de la chaqueta─. Porque no pienso devolvérselas hasta que finalicemos nuestra clase de baile. Esta vez, quiero que baile sin gafas.

─Pero no veo nada.

Él la apretó contra su cuerpo.

─¿Me ve a mí?

Ella lo miró a los ojos: de cerca parecían de un color azul oscuro similar al mar de noche, con destellos dorados.

─Sí, pero...

─Bien, su pareja es lo único que tiene que ver. ─Dio un paso hacia atrás intentando llevarla hasta el centro de la habitación, pero ella se soltó la mano y se negó a moverse. Odiaba no llevar las gafas, aparte de que todo lo que le quedaba en un radio de dos metros era confuso para ella, y eso le hacía sentirse muy insegura. Se mordió el labio inferior y miró el bolsillo de él: tenía que haber un modo de recuperarlas.

Naruto le leyó el pensamiento y negó con la cabeza.

─No se le ocurra intentarlo.

A pesar de la advertencia, ella acercó la mano a su chaqueta, pero antes de que pudiera abrir el bolsillo, él le atrapó la muñeca.

─Le he avisado ─dijo él mientras le apartaba la mano del bolsillo─ y ha hecho caso omiso de mi advertencia. Nunca ignore a un duque. Detestamos que nos ignoren.

El corazón de Hinata empezó a latir con fuerza. Él la soltó, pero no se apartó. Ella sabía que debía retroceder, que lo mejor sería que saliera de la habitación, sin embargo, se quedó donde estaba como si estuviera hechizada. ¿Qué sentiría si él la besaba?. Hasta que él eliminó la poca distancia que había entre los dos ella no dio un paso atrás, y luego otro, y otro.

Pero él la seguía, manteniendo unos escasos milímetros de separación entre los dos. Cuando Hinata se topó con la pared, Naruto la atrapó entre sus brazos.

─Corra ─dijo él como si le estuviera leyendo el pensamiento. Apoyó las manos en la pared─. Ahora corra, señorita Hyuga. Si puede.

Hinata levantó la cabeza y le miró directamente a los ojos. En ellos vio algo que le inquietó, le cautivó y le hizo temblar. Pero ya no sentía miedo.

─Si quisiera podría recuperar sus gafas fácilmente, ¿sabe? Su voz era suave, y Hinata supo entonces que tendría que haberle hecho caso y huir cuando tuvo la oportunidad.

─¿Cómo?

─Las mujeres tienen mucho poder ─dijo él casi para sí mismo─. No entiendo por qué no lo utilizan más a menudo.

─¿Qué poder?

─Una mujer puede lograr cualquier cosa que se proponga de un hombre si sabe hacerlo. Algunas mujeres nacen con ese instinto y otras no tienen ni idea de cómo utilizarlo. Usted, señorita Hyuga, pertenece al segundo grupo. ─ Él se acercó aún más y, aunque no la estaba tocando, ella podía sentir el calor que irradiaba su cuerpo─. Yo podría enseñarle a utilizar ese poder, si usted quisiera.

─Si tiene que ver con mi educación en las artes de la alta sociedad, dígamelo de una vez ─susurró ella─. Si no, deje de jugar conmigo.

─Estoy jugando con usted porque esto es un juego. No voy a dejarla ganar, pero si quiere, puedo enseñarle cómo se juega. Algo en esas palabras le puso los pelos de punta.

─No sé de qué me está hablando. De verdad.

─Lo que de verdad importa es si quiere saberlo. ¿Quiere ser una dama respetable o quiere ser Cleopatra?

─Ambas.

─Ah. Una respuesta interesante y que plantea una pregunta aún más interesante. ¿Puede una joven ser cautivadora, misteriosa y respetable a la vez?

─¿Por qué no?

─No lo sé. ─Él entrecerró los ojos hasta que sólo se veía de ellos una pequeña ranura entre sus tupidas pestañas─. Si le devuelvo las gafas, ¿qué obtengo yo a cambio?.

─¿La satisfacción de saber que ha hecho lo correcto?

Él se rió.

─No es suficiente.

─¿Qué? ─preguntó ella─. ¿Qué es lo que quiere?

Su mirada bajó hasta sus labios.

─¿Qué me ofrece?

Hinata se humedeció los labios y notó cómo a él se le aceleraba la respiración.

─Tres días ─susurró─. Le doy tres días más.

─¿Tres días? No es muy generoso de su parte, señorita Hyuga.

Ella tenía que mantenerse firme, tenía que ser fuerte. ─Tres días. Ni uno más.

─Una semana.

─Tres días.

─No. ¿Qué más puede ofrecerme? Él bajó la cabeza acercándose cada vez más. Esta vez ella iba a permitir que la besara. Ya empezaba a sentir la misma excitación que la inundaba cuando lo observaba a escondidas con el catalejo. Cuando soñaba con que él un día la besara, y, por el momento, todo se asemejaba a ese sueño.

En un intento de ganar un poco de espacio, Hinata se apretó contra la pared, pero no le sirvió de nada. Su propia imaginación la había traicionado. Quería que la besara, quería saber cómo era en realidad aquel hombre al que había estado persiguiendo en sueños.

Era una idiota, a pesar del daño que le había hecho quería que la besara. Naruto inclinó su cabeza un poco más y entonces ella recordó que aquello era sólo un juego, el de él, y que ella estaba a punto de perder. Maldito fuera por jugar así cuando ella ni siquiera era capaz de girar la cara e irse de allí.

─Le devolveré las gafas si... ─Se detuvo cuando sus labios casi se rozaban─. Si usted me da un beso.

Fruto de la desesperación y pensando sólo en huir de todos los sentimientos que él le estaba despertando, Hinata se puso de puntillas y le dio un casto beso en la comisura de los labios.

─Ya está ─dijo mientras se apartaba─. Ahora devuélvame las gafas.

─ No, no. Creo que está muy equivocada. Eso no ha sido un beso.

─Para mí lo ha sido.

─Para mí no, y creo que en lo que a besos se refiere yo sé mucho más que usted.

─No se burle de mí. ─Hinata se ofendió ante el comentario.

─¿Burlarme? ─se rió él─. No me estoy burlando. En realidad eso es lo último que me apetece hacer en este momento, especialmente con usted. La verdad es que estoy haciendo grandes esfuerzos por controlarme.

─Mentiroso ─dijo ella incrédula.

─Es verdad. Estoy siendo caballeroso y me estoy esforzando por controlar las ganas que tengo de besarla.

─¿Caballeroso atrapar a una dama contra una pared e intentar chantajearla para que le bese?

─Ni siquiera la estoy tocando, y usted sabe muy bien que no voy a chantajearla. Ya le dije que le devolvería las gafas al finalizar nuestra lección. Y en lo que se refiere a estar atrapada, no lo está, puede irse cuando quiera. Yo no la detendré.

─Yo... ─Se calló y tragó saliva─.Yo no creo que esto sea un juego. ─ Seguía sin moverse.

─Pues lo es. Usted y yo estamos enfrentados en una dura lucha, y es incapaz de darse cuenta del poder que tiene sobre mí. Ella no lograba entender lo que él quería decir.

─Lo único que sé es que estamos jugando a su juego y con sus reglas.

─Al contrario, las reglas van siempre a su favor, porque, como caballero, no me está permitido besarla, y usted en cambio puede torturarme eternamente con la promesa de un beso.

Ella levantó la cabeza y lo miró intrigada. No sabía si le estaba diciendo la verdad o si sólo quería provocarla. Decía que las mujeres tenían un gran poder sobre los hombres, pero ella nunca se había sentido así frente a él, más bien al contrario. La tentación de comprobar si eso era cierto era demasiado grande y Hinata decidió intentarlo. Se humedeció los labios lentamente y esta vez fue ella la que se apretó contra él.

─¿Se refiere a esto? ─Suspiró de un modo sensual mientras se repetía que sólo era un juego─. ¿Le estoy atormentando?

─Es usted una gran alumna, señorita Hyuga. ─Él estaba muy quieto.

─¿Es eso un cumplido a mi inteligencia, señoría? Me siento halagada.

─Debo confesarle que ahora mismo su inteligencia es lo último que me preocupa. Dios, ¿va a besarme o no?.

─No hace falta.

Entonces Hinata se apartó y, sonriendo, le mostró las gafas que tenía en la mano. La cara de sorpresa de Naruto fue su mayor satisfacción y, antes de que él pudiera reaccionar y reclamar su beso, ella se escurrió por debajo de sus brazos. Se puso las gafas, lo miró directamente a los ojos y disfrutó de su triunfo.

─Creo que he ganado esta partida, señor. Dio media vuelta y salió de la habitación.

─Esto ha sido sólo el principio, señorita Hyuga ─le gritó él riendo─.Sólo el principio.

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Continuará...