¡Buenas! ¡Ha pasado tanto tiempo! Pero juro que no he olvidado este proyecto.
Espero poder actualizarlo más seguido. ¡Mil disculpas!
¡Espero que lo disfruten!
-Es hermoso – dijo Hanabi luego de haber estado contemplando la vista de una antigua mina de hierro de la ciudad del Hierro.
-Es uno de mis lugares favoritos – dijo Kiba abrazándola por los hombros – Pero es hora de volver al viaje, nena – continuó mientras caminaban juntos hacia el vehículo.
Habían pasado la noche juntos, pero ambos actuaban naturalmente comuna complicidad palpable, pero mucho más cómodos el uno con el otro. Aún les faltaba un día entero de viaje por la ciudad de la Lluvia.
Pero era algo que divertía a Kiba, y era la timidez de Hanabi después de su encuentro.
-Oye, nena – llamó, ella solo asintió con la cabeza – dicen que todas las mujeres tienen un lunar en la teta…- no pudo terminar la frase por el agudo chillido que soltó Hanabi mientras se sonrojaba furiosamente y apartaba la mirada.
Oh sí, lo iba a disfrutar.
-Hanabi, ¿haces ejercicio? – preguntó Kiba de repente. Ella lo miró extrañada antes de responder.
-Sí, voy al gimnasio que está cerca de mi departamento – contestó ella.
- ¿Qué piensas de los ejercicios Kegel? – preguntó él soltando una risa.
La joven lo miró horrorizada y eso fue suficiente para desatar su carcajada.
Una hora después, se detuvieron a comprar algunos bocadillos para el camino en una tienda junto a la carretera. Kiba la seguía de cerca, ambos agarrando papas fritas y galletas.
-Oye, Hanabi – le dijo mientras ella examinaba un paquete de galletas de chocolate con frutos secos – el chocolate es un muy buen afrodisiaco – susurró cerca de su cuello.
Ella arrojó el paquete de nuevo al estante mientras se alejaba murmurando algo como "Inuzuka indecente".
Pagaron sus compras y retomaron su viaje.
-Hanabi – volvió a decir después de unos minutos – dicen que en la Lluvia hay moteles de lujo con habitaciones temáticas.
- ¡Idiota! ¡No haremos eso! – le gritó ella desviando la mirada con el ceño fruncido y sonrojada hasta las orejas - ¡Más te vale buscar un hotel normal! – ordenó mientras él se destornillaba de la risa.
Luego de un par de horas, se podía divisar el gris cielo de la ciudad de la Luvia en el horizonte, la temperatura descendía gradualmente.
-Una ciudad donde no para de llover – susurró Hanabi arrugando levemente la nariz.
-Pensé que te agradaba, querías venir por aquí todo el viaje ¿no? – bromeó Kiba con una sonrisa ladina.
-No me agradan las tormentas eléctricas – respondió ella mirándolo con sus grandes ojos perla. Él tomó su mano sin despegar la vista del camino, pero ese simple hecho la reconfortó bastante.
No tenía problemas con la lluvia, pero las tormentas eléctricas que aparecían sutilmente le causaban incomodidad.
Kiba condujo todo el día, hasta entrada la noche cuando se dispusieron a buscar un establecimiento para pasar la noche. Entraron a un pequeño local que se veía acogedor, la lluvia era intensa y los truenos y relámpagos se hacían más potentes.
Él se acercó a la recepción, ambos con la ropa mojada, para pedir una habitación.
-Buenas noches, estamos buscando un lugar para pasar la noche, necesitamos dos…- Kiba sintió el toque de Hanabi en su brazo y lo entendió – una habitación doble, por favor – le pidió al joven que atendía en la recepción.
El joven les entregó la llave y los guio hasta su habitación.
-Pido el baño primero – dijo Hanabi apresurándose hacia el pequeño cuarto.
Kiba suspiró con una sonrisa mientras acomodaba el vestido de Hinata en el pequeño sofá y sus maletas en un rincón de la habitación.
- ¡Hanabi! – gritó Kiba de pronto - ¡Hanabi! – mientras golpeaba la puerta del baño con insistencia - ¡Hanabi, abre por favor!
La joven asustada abrió la puerta lo más rápido posible al escuchar la voz desesperada del Inuzuka cuando aún estaba envuelta en la toalla.
- ¿Qué sucede? – le preguntó preocupada.
- ¿Quieres que te acompañe? – preguntó mientras se sacaba la camiseta mojada y sonreía ladinamente.
- Idiota – le dijo ella mientras lo besaba entre risas.
Luego de cenar, se acomodaron en camas separadas para dormir, pero la intensa lluvia y la tormenta eléctrica tan potente no dejaban que Hanabi concibiera el sueño.
Nunca le habían gustado los truenos y relámpagos, en parte, por eso se había mudado a Suna, donde prácticamente llovía nunca.
Miró a Kiba por enésima vez en la noche, él se veía tan tranquilo, tan cálido.
De pronto, él levantó la cobija con la que se estaba tapando, invitándola a dormir con él. Ella solo sonrió mientras se acurrucaba en los fuertes brazos morenos de Kiba.
¿Review?
Kana~
