CAPÍTULO 15.

Candice se asustó al recibir una llamada de un despacho legal. El asunto era su hija. Decidió tomar la situación en sus manos, no quería abogados involucrados en el asunto. No sabía donde vivía Terrence, demonios no tenía como comunicarse con él. No le quedó más que hablarle a Anthony para pedirle los datos de Terrence. Esperaba que Anthony no le reprochara por haber ocultado a Eleonor. Fue a la biblioteca en la casa de Melinda y tomo el teléfono con manos temblororosas. Después del tercer pitido se escucho la voz de Anthony.

Cuando Candice llegó a la dirección que le dio Anthony, se sorprendió al ver el lugar. Se trataba de una mansión bastante grande de tres plantas. Tenia un jardín en la parte delantera qué le pareció un parque, aunque no había juegos infantiles, no le cupo duda de que si cabrían algunos cuantos. Las manos le empezaron a temblar cuando pagó al taxista.

Terrence, no se sorprendió de ver quién aparecía en su casa, pero si se enfureció al ver lo que su presencia provocaba a los latidos de su corazón. Sintió el ácido en su estómago subirle por la garganta. Candice vestía con elegancia y sencillez. No tenía nada muy ajustado o revelador, aun así, él sabía lo que había debajo de esa ropa. No pudo obviar que se había puesto brillo de labios y tuvo el insensato deseo de quitárselo con un beso. "Céntrate, hombre", pensó, molesto, porque su cuerpo reaccionaba, así estuviera furioso con ella. Ella lo saludó y carraspeó, incómoda. Terrence. la invitó a pasar.

—¿Y Elynor ? —preguntó, mirándole los labios.

—Vengo sola. —Movió la mano en el aire e inspiró profundamente—. ¿Podemos hablar un momento? Terrence le hizo un ademan para que se sentara. Enseguida un montón de recuerdos invadieron a Candice. Miro el lugar para despejar su mente. Todo estaba decorado con lujo y elegancia. Nunca imagino que Terrence. pudiera llevar una vida así, tan extravagante, él nunca se mostró de esa manera. Comprendió que había muchas cosas que no conocía de él, y eso solo la hizo sentirse desigual, por qué para Terrence no había nada que no supiera de ella.

—Habla. — La manera con que le hablo sólo le confirmó lo enfadado que estaba con ella. Terrence. cruzado los brazos completamente a la defensiva le indicó con un movimiento de mano para que tomara asiento y esperó a que dijera lo que la trajo aquí. Ella no se sentó, caminó hacia la ventana mirando las flores que seguro alguien cuidaba. Se moriría si viera salir una mujer. Carraspeó, obligándose a centrarse. No era su asunto lo que él hiciera con su vida.

—Quiero hablar de Elynor. Lo hubiera hecho anoche mismo, pero no tengo tu número de teléfono ni sabía como localizarte —Terrence abandono el lugar sin decir ninguna palabra, volvió unos segundos despues con un tarjeta que le dio de mala manera y con gesto brusco le dijo:

—¿Algo más?

—Quiero lo mejor para mi hija.

—Nuestra hija — Corrigió enfadado— y, ambos queremos lo mejor para ella —refutó él. Candice bajó la vista y aspiró de nuevo. Estaba nerviosa y no quería que se notara.

—Creo que si somos razonables podemos llegar a un acuerdo sin involucrar a los abogados —dijo, e inevitablemente su mirada deambuló por su camiseta blanca que llevaba. La añoranza llegó a ella, recordó cuando tenía la potestad de acercarse y besarlo o acariciarlo o consentirlo, y ser parte de su vida. Noto cómo la miraba antaño, y en su paseó visual vio un tatuaje y lo que vio le partió el corazón, supo que por su paz mental debía evitarlo. —No quiero que Elynor se vea afectada por esto. Quiero que tu llegada a su vida la viva con alegría, como debe ser —agregó.

—Nos hubiéramos evitado esto si tú…

—Por favor —interrumpió ella, fastidiada—, no quiero que me eches en cara eso más. Lo que vivirá Elynor cuando le diga que eres su padre, el conocerte, son cosas que le causaran gran impresión, no quiero que la lastimemos ni la confundamos haciendo patente que tú y yo no nos llevamos bien. Él clavó la mirada en ella, entrecerró los ojos y su boca se transformó en una línea recta.

—Hablé con el abogado porque necesito saber dónde estoy parado, tengo una responsabilidad hacia la niña —admitió, serio—. Necesito tener la seguridad de que Elynor llevará mi apellido y voy a estipular para ella una pensión de alimentos. Me precipité sobre venir a vivir con migo. Quiero que cuando ella sepa quién soy yo lo haga por que quiere venir. Candice respiró, aliviada.

—Puedes verla mientras estemos en Nueva York. Él la miró, furioso.

—¿Cuándo vuelves a Nueva York otra vez? Candice negó con la cabeza.

—No por ahora, lo siento, pero puedes ir a visitarla cuando quieras.

—Ya pedí hoy la cita en la embajada para actualizar mi pasaporte y limpiar todo de mi historial.

—¿Viajarás pronto? —Ella lo miró, sorprendida.

—Tardará un tiempo, sabes cómo son las cosas aquí.

—Me alegro, ojalá las cosas se resuelvan bien... Por el bien de Elyonor

—Necesito que sepa que soy su padre antes de que te vayas.

—¿No te parece muy pronto?

—No. Resignada Candice asintió. —No creo que sea problema, dijiste que si no me hubiera aparecido, tú me habrías buscado. —La golpeó con su sarcasmo, ella se dio cuenta de que no le creía—. ¿Deseas tomar algo?

—No, gracias. Ella también cruzó los brazos y caminó por la sala, rodeando los muebles.

—Quiero que la veas un par de veces más antes de decírselo.

Él la miró con ojos fríos, pero medito la situación y llegó a la conclusión que si era necesario que la niña se acostumbrase a su presencia, si él quería ganar la confianza de su hija empezaría con el lado conveniente, y por su alma que lo haría.

—¿Dónde nació? Necesitaba saber en qué situación se encontraba con su hija.

—Aquí en América. Terrence respiró más tranquilo, si la niña era Americana todo sería más fácil. Miró a la mujer enfrente de él, de arriba a abajo, detuvo su examen en las piernas y en los pechos, Candice se enrojeció.

Fueron inevitables los recuerdos de esa melena extendida en la cama o en su cuerpo, y la vio como era seis años atrás. Apasionada, vulnerable y muy, muy enamorada de él. Despertó del sueño y recordó lo que había hecho, pero ni eso pudo controlar el deseo que parecía quemar sus entrañas.

—Bien. Dijo sintiéndose un bobo.

—¿Qué más te preocupa?

Candice levantó la vista, sorprendida, antes de fruncir el ceño.

—Nada, es solo que... Son tonterías —musitó, colocándose un mechón de su cabello detrás de la oreja.

—Puedes confiar —repuso él con una sonrisa.

—No, es nada.

—Yo creo que sí, ahora hablemos de nosotros. Ella se sonrojó.

—¿Qué tenemos que hablar de nosotros dos? —preguntó ella sin comprender—. Tú y yo no nos llevamos bien pero no tenemos que matarnos con las miradas cada que estemos uno delante del otro.

—Tienes temor de que nos llevemos demasiado bien — la miró con un brillo conocido en los ojos. Ella soltó una risa nerviosa.

—No has cambiado. Pero ya no soy la tonta de antes que corría detrás de ti.

—No te creo, pero para tu tranquilidad, solo eres la madre de mi hija. No acabarás en mi cama, puedes estar tranquila. El tono en el que pronunció esas palabras la golpeó. A lo mejor había otra mujer o él la había olvidado. Se tragó su decepción, pero que tonterías pensaba. Ella estaba con Archie. No había amor, pero estaba tranquila y se sentía cómoda, alzó la mirada y dijo fastidiada:

—Y tú solo eres el padre de mi hija, tengo una vida. Los tiempos a tu lado, Terrence ya pasaron. —bajo su mirada y vio sus uñas en un intento por no mostrarle sus verdaderos sentimientos Él frunció el ceño. Los celos lo asaltaron al imaginarla con otro, se tragó su molestia como pudo, no quería que se diera cuenta de cuánto lo afectaba que compartiera su vida con otro hombre.

Unos minutos más tarde candice se retiró sintiéndose lastimada, pero más tranquila, por lo menos había calmado un poco la situación con Terrence. Ahora le faltaba encontrar las palabras adecuadas para decirle a su hija quién era su padre y cuanto antes lo hiciera mejor.

Sin embargo a la mañana siguiente no pudo y así dejo pasar dos días, sin encontrar las palabras adecuadas para decirle a Elynor que su padre era Terrence.

Melinda fue más rápida y hablo del parentesco que existía entre su hermano y ella, por supuesto evito detallés que involucraban temas que no podía explicar a una niña de su edad.

Terrence quedó con Candice que quería llevar a su hija a un sitio muy bonito, y como si no le importaba si ella iba, le dijo que era bienvenida. Candice por su parte no pensaba dejar ir a Elynor sola con Terrence, no era desconfianza, sino que conocía a Elynor y estaría más tranquila si su mamá estaba junto a ella.

—Mi amor, al medio día vamos a ir con Terrence, que desea invitarnos al almorzar y tienes que arreglarte.

—¿Terrence va a venir ? —preguntó la niña, contenta.

—Sí, mi amor. La sonrisa de Elynor que tenía en sus labios era deslumbrante. Elynor contenta asintió con la cabeza vigorosamente. Ella le devolvió la sonrisa. Había hecho lo que tenía que hacer y punto, no se iba a dar más látigo, su hija era una niña hermosa, sana y feliz. Respecto a su padre, él tenía razón, no valía la pena llorar sobre la leche derramada.

En cuanto llegaron al restaurante, Elynor corrió hasta el parque. Candice ya iba detrás, cuando Terrence la detuvo.

—Déjame a mí, quiero conocerla los dos solos, desde aquí me puedes ver si es que piensas que la voy a secuestrar. Candice lo miró molesta.

—No he dicho nada de eso —Terrence la miraba con mucho recentimiento, mientras se alejaba, Candice observó cómo las mujeres lo miraban por donde iba. Es un hombre muy atractivo, pensó con tristeza.

Terrence empezó a columpiar a su hija, que empezó a entonar una canción, que resultó ser la misma que había escuchado los últimos cuarenta minutos que duró el viaje en el automóvil.

Elynor se bajó del columpio y se montó en un tobogán, mientras le hablaba a el de cualquier tema que fuera importante para la niña.

—Mi mamá no me deja tener un perrito.

Elynor se bajó del tobogán, menos mal, estaba nervioso de que se fuera a caer. Le tomó la mano a Terrence y caminaron hacia los ponys. El lugar dónde se encontraban contaba con todo tipo de diversiones. La niña estaba emocionada. Terrence la montó en uno de color blanco, y tomando la rienda, la llevó a dar una vuelta.

Miró alrededor, los padres y las madres acompañaban a sus hijos en los juegos. Quiso esa sensación de familia. La niña pidió bajarse, para correr donde su madre, en una mesa, los esperaba. Faltaban dos días para volver a Chicago y Candice no le había dicho nada aún a Elynor, en cuanto iba a tocar el tema, se acobardaba.

Cuando regresaron Elynor corrió para contarle a Melynda todo lo bien que se la paso, pero Terrence detuvo a Candice.

—¿Por qué no le has dicho nada? Candice retorció los dedos, nerviosa

—No es fácil darle la noticia.

—Espero que no me estés mintiendo. No pretendas ganar tiempo para largarte y quitarme mis derechos. Ella lo miró, sorprendida.

—¡No! Cómo se te ocurre.

—Necesito que sepa que soy su padre. No me hablaste de ella en seis años y ella no sabe quién soy yo, no voy a esperar más.

—¿Mami? —preguntó su hija desde la puerta, mirando a Terrence muy confusa. Candice se volteó enseguida y se angustió al ver la cara de su hija.

—Es mejor que te vayas —dijo con seriedad a Terrence. Él se agachó frente a su hija, la miró fijamente y se sintió miserable al ver su expresión.

—Lo siento, pequeña. Quiso abrazarla, pero le temió a un rechazo. ¿Qué excusa se le daba a una niña por la ausencia del padre durante cinco años? Se reprendió por boca suelta, si hubiera dejado las cosas en manos de Candice, no se sentirían como se sentían en ese momento. Volvió a mirar a la madre sin saber si irse o quedarse, pero por la expresión de ella, se veía que lo quería lejos de allí. Le tocó la mejilla a su hija y salió sin despedirse de Candice. Se subió a su automóvil, consternado, y golpeó el timón de la rabia. Llamaría más tarde, necesitaba saber cómo había tomado la niña la noticia. Él no había querido que lo supiera de esa forma. Había querido que se pusiera contenta por la noticia. No sabía lo que pensaba en ese momento, no sabía si volver al día siguiente a primera hora o dejarles un espacio, lo único que sabía era que no quería volver a ver esa expresión en la cara de su hija.

Candice apagó la lámpara al ver que Elynor se había quedado dormida. Se levantó de la cama y le llamo a Terrence diciéndole que podría ver a su hija al día siguiente en la tarde. Fue escueta y corto la llamada, no tenía ganas de entrar en una discusión con Terrence. Había tratado de explicarle a la niña por qué no le había dicho nada de ella a su padre, le explicó que en ese tiempo su padre estuvo en un lugar del que no podía salir y ella no quiso entristecerlo más.

—¿Y si no le gusto? —preguntó la niña, mirando a su madre por el espejo. Candice sintió una piedra en la garganta. Elynor, su niña tan segura de sí misma y del cariño de los demás, no estaba segura de su padre.

—Claro que le gustas. No estés nerviosa. La niña no dijo nada.

Terrence, nervioso, esperó en el recibidor, la ama de llaves le ofreció un café, que él declinó. Se levantó de la silla tan pronto ellas aparecieron. No pudo evitar mirarlas con gesto posesivo, así la madre le hubiera mentido. Fijó la mirada en su hija.

—Hola, Elynor

—Hola.

—Ya sé que tú eres mi papá y que estuviste en un lugar feo, porque alguien dijo que habías hecho algo malo. Terrence tragó el nudo en su garganta y la niña continuó:

Su hija no estaba siendo nada amigable con él. Terrence miró furioso a Candice. Lo que faltaba ahora, ella tenía la culpa, se dijo, molesta. Nunca hablaría mal de él con su hija, el corazón de Elynor era sagrado para ella y había que protegerlo de malos sentimientos. También estaba sorprendida por el inusual comportamiento de su hija, la niña no estaba segura de cómo tratarlo, era una figura ausente que llevaba añorando mucho tiempo.

—Quiero estar un rato con ella a solas, iremos al centro comercial. ¿Quieres? Elynor hizo un gesto afirmativo.

—Adiós, mami, te quiero.

—Yo te adoro. —Se acuclilló y le señaló la mejilla para que le diera su beso. Elynor besó a su madre. Terrence sintió celos, quería los besos y abrazos de su hija para él, pero era un hombre que había aprendido a ser pasiente, no se pasaban años en prisión sin aprender a tenerla.

Durante toda la salida, la niña estuvo muy callada, Terrence no sabía qué hacer, entraron en un almacén, él le compró una Barbie que ella quería,. Le pareció el dinero mejor invertido al ver la sonrisa de agradecimiento en la cara de su hija y se sintió patético, como si estuviera comprando su amor. La invitó a comer helado mientras le hablaba del caballo que le iba a regalar. Ella se quedó mirándolo unos segundos.

—Ya sé que estuviste en un lugar feo, porque alguien dijo que habías hecho algo malo. Habían comprado un helado y estaban sentados en una banca dentro del centro comercial. Él se sintió miserable.

—¿No vas a volver al lugar feo, verdad? —No.

Se quedaron en silencio. Elynor comiendo el helado, él absorto en ella.

—Ya no quiero más. —Rodó el helado hasta sus manos—. Puedes llevarme a casa, Terrence, quiero a mi mamá.

—Mañana te recogeré para llevarte al aeropuerto —le dijo Terrence a Elynor al llegar a la puerta de la casa—. Iré a visitarte a Chicago, Mi amor, quiero que sepas que ahora me verás muy seguido. Elynor no contesto.

—Adiós, hija. Ella hizo un gesto afirmativo.

—Adiós, Terrence. Dijo Elynor. No lo había llamado papá en todo la visita, no sabía qué esperar, solo sabía que el camino al corazón de su hija iba a ser largo y tortuoso.

—¿Qué le dijiste? ¿Por qué está tan rara conmigo? Le reclamo Terrence a Candice.

Ella levantó el dedo índice.

—Me ofende que me digas que le he hablado mal de ti a Elynor. Es una niña, pues claro que la impresionó saber que eres su padre, no sabe cómo actuar contigo, una cosa es el amigo y otra, el padre, alguien que era un misterio vedado para ella.

—¿Culpa de quién?

—No voy a entrar en eso ahora. Se frotó los ojos.

—Yo tampoco, mañana las llevaré al aeropuerto. Hizo el amague de salir.

—Terrence…—llamó ella, con ese tono de voz que lo derretía, solo que en ese momento estaba furioso.

—Lo siento, estoy segura de que las cosas mejorarán.

Terrence las dejó en el aeropuerto con la promesa de que iría a visitar a su hija. La niña había estado más comunicativa, le sonrió en varias ocasiones y él dio gracias por eso, en el trayecto Elynor le contó todo con lujo de detalles sobre su vida, cuando al momento de ponerse en la línea de abordar, Elynor se acercó y le dio un beso en la mejilla. Él la abrazó, no supo si demasiado fuerte, no quería separarse de ella, quería su risa, sus charlas interminables, pero más que todo, ver su carita todos los días.

Pensaba viajar a Chicago en los próximos días.

Continuará...

Saludos. JillValentine.x