Author Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, le pertenecen a Hiromi Arakawa.
Existe un nuevo grupo que amenaza a Amestris, es el momento de que el equipo Mustang vuelva a la acción.
/
Capítulo 8: Nuevos planes, viejas costumbres.
Pasaron los días sin una nueva amenaza en Ishval. El escuadrón decidió quedarse unas semanas más para obtener más información de los atacantes y el grupo al que pertenecían.
Teresa ya había salido del hospital, de todas maneras, las heridas que tenía no fueron graves después de haber sido atendida por Cicatriz. Ella se encontraba atendiendo los temas de la escuela, intentando influir un poco en la malla curricular además de planear el siguiente operativo con su equipo.
Mientras ella hablaba con unos profesores esa mañana, dos hombres uniformados se acercaron a ella con una bolsa. Ella ya sabía quiénes eran y que era lo que traían consigo.
-Subteniente, teniente, no los esperaba tan temprano-. Dijo ella mirando a Falman y a Havoc.
-¿qué, no vas a comer sargento?-. Dijo Havoc de forma burlona.-Además, ya te dije, no seas tan atrevida con tus superiores. Teresa puso una cara de reproche mientras no la observaban, la verdad no podía tomar en serio a Havoc como superior. Bueno era de esperarse, creo que nadie en su lugar lo haría tampoco.
Falman tomó la bolsa que llevaba Jean y se la pasó a la sargento, tal vez con un poco de molestia al ver que ambos de sus compañeros se llevaban tan bien. Cuando Teresa iba a recibir la bolsa, sus dos manos se rozaron. Falman se sobresaltó, y con un rápido movimiento soltó la bolsa con la comida. Teresa pudo agarrarla antes de que esta cayera, pero miró a su superior con algo de curiosidad. Este, por su parte, solo pudo sonrojarse en extremo, darse la vuelta y caminar como si hubiera terminado con todo lo que tenía que hacer en el lugar.
Teresa no podía decir que la nueva actitud de su subteniente no llamara la atención. Sin embargo, no lo conocía lo suficiente como para pensar que esto era algo poco convencional en él. Al mirar la bolsa, recordó ese pequeño roce de manos, y se sintió inexplicablemente feliz.
Mientras caminaban alejándose del colegio, Havoc le entregó una sonrisa sagaz a su amigo. Falman, quien ya había descifrado el porqué de sus nuevos comportamientos, se sonrojó con gesto de molestia.
-¿Qué quieres Jean?-. Dijo finalmente ante las insistentes miradas del teniente.
-¿Y bien, ahora aceptaras que yo tenía razón?-. Havoc se acercó molestamente a Vato. Este abrió los ojos y ante la amenaza su mano se interpuso entre la cara de su amigo y la suya.
-Solo déjame en paz, no es como si yo pudiera hablar abiertamente de eso. Existen normas de fraternización…-. Falman decidió acelerar un poco su paso para evitar a su amigo.
-Ja! Así que lo admites… me alegra, y no te preocupes, siempre se pueden romper esas …reglas.
-Solo déjalo ya-. La cara de fastidio de Falman era más que evidente.
Una voz familiar hizo que la conversación terminara abruptamente.- Señores, ¿de qué hablaban?- Era Roy Mustang, el general de esa brigada.
-General, nada importante-. Dijo Falman ruborizándose de forma exagerada.
-Sí, solo algo sobre las hermosas mujeres de Ishval, nada más.
Los tres hombres caminaron hacia el comando central, este sería el día de la operación. Descubrirían al alquimista y lo arrestarían para interrogarlo. En el comando los esperaba Hawkeye, quien tenía las posiciones y la estrategia lista para la misión.
-Buenas tardes, Elizabeth-. Dijo el general en voz baja y con una sonrisa seductora, esto solo hizo que Riza pusiera una mueca y con los ojos cerrados le dijera.- Me parece un tanto inapropiada su conducta general, tomando en cuenta en que no me interesan los nombres de las mujeres con las que sale, y menos esa florista.
-Claro, olvidé que ustedes no pueden verse. Discúlpeme coronel. –La sonrisa de Mustang solo aumentó mientras se alejaba y caminaba en dirección hacia Fuery.
-¿Cómo va todo, sargento, puede escucharme?-. Fuery tenía unos audífonos especiales colocados.- Entendido, fuerte y claro sargento, esperaremos su señal. -. Fuery se dio la vuelta hacia sus superiores.
-La mini radio parece estar funcionando bien-. Esta era una de las creaciones personales del Mayor, así que saber que la sargento estaba conectada a ellos sin un equipo de radio gigante lo hacía sentirse más que orgulloso.
-Excelente Fuery, ahora solo nos queda esperar.
/
La sargento abrió la caja de almuerzo y encontró el aparato que le mencionaron la noche anterior. Se colocó la radio a su cintura debajo del abrigo y sintonizó el canal que se encontraba en una servilleta. De repente escuchó la voz de su superior por el auricular.
-Sí mayor, lo escucho fuerte y claro, ¿usted me copia?...Muy bien, a la orden señor-. Tras decir esto, ella salió del pasillo como si nada hubiera pasado y siguió sus tareas del día. Una hora después salió de la escuela en dirección al mercado, como lo hacía todos los días.
Ella mostró un gran interés por el lugar desde que llegaron a Ishval, así que no era sorprendente verla ahí. Se paró al lado de una vendedora en particular, una señorita joven de ojos rojos, cabello blanco pero ondulado y con un tapado violeta, tenía la mirada seria y desconfiada de una persona con un pasado difícil, una mirada que Teresa no olvidó desde el día del ataque.
Ya casi era la hora de cerrar para esa joven mujer, guardaba su puesto todos los días a las dos y media de la tarde y se dirigía hacia una calle vacía que daba a un callejón en específicos. Teresa la había seguido sigilosamente aprovechando que estaba segura que la mujer no la había visto y que ella, al ser nueva en el equipo, no era muy conocida y no sería considerada una amenaza.
Dio una vuelta mientras notaba como la señorita guardaba su mercancía.- Parece que ya cierran muchos puestos ¿verdad?-. Dijo de repente a una mujer que estaba en uno de ellos, pero esa frase no era para ella. Era la señal para Fuery, tenían que ponerse en marcha.
Cuando la mujer emprendió su camino la sargento la siguió de forma disimulada. Pasaron por las calles más concurridas de la ciudad, siempre guardando distancia entre sí. De repente la chica entró por el callejón. Teresa apresuró el paso y preparó la pistola.- Llegó-. Es lo único que dijo-.
Los demás ya deberían estar en camino, iba a estar resguardada así que dio la vuelta hacia la pequeña calle y en ese momento vio a la mujer que había seguido por días frente a ella. Se encontraba con un cuchillo en mano y apuntando al cuello de Teresa. No era para sorprenderse, pero sí que representaba un inconveniente.
-Así que me viste ese día, que pena que yo sea mucho más astuta que tu-. La mujer habló en la misma lengua antigua con la que llamó a su compañero ese día-. Está aquí-. Eso es lo que pudo entender la sargento Spearman antes de que sintiera como la muchacha soplaba un polvo fragancioso hacia ella, logrando hacer que se maree. Apuntó con la pistola hacia la pierna derecha de la chica, intentó ser rápida pero se dio cuenta que su visión se nublaba…y de repente todo se tornó oscuro.
/
El escuadrón llego al lugar, ellos vestidos de civiles, según el plan. El callejón que indicó Spearman se encontraba vacío, lo cual puso a todos en un contexto tenso y estremecedor.
-¿Dónde podrá estar?-Se preguntó la coronel en voz alta.
De repente la radio emitió sonidos de estática, y los oídos de todos se aguzaron. Lo que escucharon a continuación les heló la sangre.
-Mustang, espero que estés preparado si es que quieres volver a tu querida subordinada con vida-. Dijo una voz masculina y con un acento marcado detrás del teléfono portátil.
-¿Acaso quieres amedrentarme?, como si yo no conociera las habilidades de mis propios hombres y mujeres.- Mustang se veía serio pero su voz se escuchaba segura.
-Bueno, es más que seguro que a esta mujer le falta un poco de agallas para matar, pero seguro eso ya lo sabías. Bueno, te espero…si es que nos encuentras-. De repente el sonido de la radio se apagó dejando en el ambiente un vacío sonoro.
-General, aquí hay algo… en el suelo-. Havoc se dio cuenta que había un polvo brilloso de color blanco. El atacante había dejado un rastro que podrían seguir.
El equipo se movió siguiendo los pequeños indicios del polvo por las calles. Mientras avanzaban, ellos sintieron como la sangre volvía a llenarse de la adrenalina como hace más de un año en Central. Falman sin embargo, sentía muchas cosas más, tenía un molestoso nudo en su estómago, un temor que lograba que le tiemblen las manos y un vertiginoso presentimiento de estar a punto de perder la cordura. Sin embargo él era un hombre entrenado en asuntos bélicos, debía componerse. Una mano le tocó el hombro, era Breda.
-Ella es buena en lo que hace, así que cálmate y concéntrate.
Falman solo asintió y se puso a trabajar.
