Capítulo 8

Hinata tenía varias de las viejas, no muy usadas corbatas de su padre colgando de la cintura de su pantalón de gimnasia cuando ella dejó el dormitorio. El rifle estaba en sus manos.

Sasuke estaba sentado silencioso, exactamente como ella lo había visto la última vez, no es que él tuviera muchas opciones. Abrió su ojo bueno cuando la oyó, su pupila se dilató cuando vio el rifle. Él emitió una risa débil, satisfecha y la aprobó cabeceando.

Naruto estaba en el fregadero, retorciendo un trapo. Había limpiado la mayor parte del lío, aunque ella ahora estaba tristemente escasa de muebles y todavía había algunas superficies sucias con harina. Él alzó la vista, e independientemente de lo que hubiera estado a punto de decir, murió en sus labios cuando ella levantó el rifle.

- Mantén tu mano derecha donde pueda verla -, dijo ella con calma. - Usa tu mano izquierda para sacar la pistola de tu cinturón. Ponla sobre el gabinete y deslízala hacia mí.

Él no se movió. Sus ojos azules se volvieron duros y helados.

- ¿Qué diablos piensas que estás haciendo? -.

- Asumiendo el control -, contestó ella. - Haz lo que dije.

Él no había echado aún un vistazo al rifle. Su boca era una línea severa, cuando comenzó a avanzar hacia ella.

- Encontré las balas -, dijo Hinata rápidamente, antes de que él se acercara lo suficiente para agarrar el rifle. - En el bolsillo de un abrigo -, añadió ella, solamente entonces él sabría que ella realmente las había encontrado.

Él se paró. La furia que oscureció su cara la habría aterrorizado si ella no hubiera tenido el rifle.

- La pistola -, ella repitió.

Despacio, manteniendo su mano derecha apoyada en el fregadero, él dirigió su otra mano a su espalda y sacó la pistola. Colocándola sobre el gabinete, él la empujó hacia ella.

- No olvide la mía -, dijo Sasuke detrás de ella, las palabras ligeramente mal pronunciadas; su boca y mandíbula dañadas se estaban hinchando y volviéndose oscuras.

- La otra también -, dijo Hinata, sin estremecerse con la mirada enfurecida que Naruto le dirigió.

Silenciosamente él obedeció.

- Ahora aléjate.

Él lo hizo. Ella recogió la pistola y dejó el rifle, porque la pistola era más conveniente.

- Bien, siéntate en la silla y pon tus manos detrás de ti.

- No hagas esto, Hinata -, dijo él entre dientes apretados. - Él es un asesino. No lo escuches. ¿Por qué le creerías, por Dios? ¡Míralo! Él lleva el mono de trabajo de la prisión.

- Sólo porque tu robaste mi uniforme -, gruñó Sasuke.

- Siéntate -, le dijo Hinata a Naruto otra vez.

- ¿Caray, por qué no me escuchas a mí? - dijo él con furia.

- Por que me enteré por la radio sobre el vuelco del autobús. Dos alguaciles murieron, y cinco prisioneros se escaparon -. Hinata no sacó los ojos de su cara. Ella vio sus pupilas dilatarse, su mandíbula endurecerse. – Por que tu camisa del uniforme es demasiado pequeña para ti. Por que no tenías una cartera, y aun cuando los pantalones del uniforme estaban rasgados y ensangrentados, no estabas herido en ninguna parte -.

- ¿Y con respecto al revólver de servicio? ¿Si tomé la ropa de un alguacil, por qué también no habría tomado su arma?.

- No sé -, admitió ella. - Tal vez quedaste sin sentido en el choque, y cuando recobraste el conocimiento, otros prisioneros ya se habían escapado y se habían llevado las armas con ellos. No conozco todos los detalles. Todo lo que sé es que tengo muchas preguntas, y tus respuestas no me cierran. ¿Por qué descargaste el rifle y ocultaste las balas?.

Él no parpadeó.

- Por motivos de seguridad -.

Ella no lo hizo tampoco.

– No te creo. Siéntate -.

Él se sentó. No le gustó hacerlo, pero sus dedos estaban sobre el gatillo y su mirada fija no vaciló.

- Pon las manos en tu espalda -.

Él las puso en su espalda. Casi parecía salir vapor de sus orejas. Manteniéndose fuera de su alcance, en caso que decidiera girar de repente y tratar de arrancar el arma de su mano, ella sacó una de las corbatas de su cinturón y le dio dos vueltas flojas. Moviéndose rápidamente, ella pasó los lazos sobre las manos de Naruto y ató las puntas apretadas. Él ya se estaba moviendo, cambiando su peso, pero él se congeló en el lugar cuando la tela se apretó alrededor de sus muñecas.

- Que buen truco -, dijo él impasible. - ¿Qué has hecho?.

- Lazos, como los de enlazar a un becerro. Todo lo que tuve que hacer fue tirar -. Ella enroscó los lazos flojos entre sus muñecas, atando cada uno de los lazos por separado, y luego lo apretó sobre sus muñecas. - Bien, ahora tus pies -.

Él se sentó sin moverse, dejando que ella atara sus pies a las patas de la silla.

– Escúchame -, dijo él con urgencia. - Realmente soy un ayudante del sheriff. No he trabajado en esta zona mucho tiempo y no muchas personas me conocen -.

- Sí, seguro -, gruñó Sasuke. – Tu mataste a aquellos dos guardias, y probablemente la habrías matado a ella antes de marcharte. Desáteme, señora, mis manos están entumecidas -.

- ¡No lo hagas! Escúchame, Hinata. Te has enterado sobre este tipo. Él ha estado por esta zona. Así es como él sabía que vivías con tu padre. Sasuke-, dijo, señalando con su cabeza al otro hombre, -secuestró a la hija de un rico ranchero de esta área y pidió un millón de rescate. Ellos le pagaron el dinero, pero él no mantuvo su parte del trato. La muchacha no estaba donde él dijo que la había abandonado. Lo atraparon mientras trataba de pasar el dinero, y nunca dijo donde ocultó el cuerpo de la muchacha. Estuvo en todas las noticias. Él estaba siendo transferido a una cárcel más segura, y pensamos que valía la pena intentar ponerme con él, tal vez hubiera conseguido que hablara. Él puede ser condenado por asesinato con pruebas circunstanciales, pero los padres quieren encontrar el cuerpo de su hija. Ellos han aceptado que está muerta, pero quieren darle un entierro decente. Ella tenía diecisiete años, una bonita niña que él ha enterrado en alguna parte de las montañas, o ha tirado en una mina abandonada -.

- Tu sabes muchas cosas -, lo culpó Sasuke, su tono salvaje. - Sigue hablando; dime donde ocultaste su cuerpo -.

Hinata fue hacia el salón y añadió más leña al fuego. Después hizo una pausa en el teléfono, levantando el receptor para comprobar si había tono de marcar. Nada.

- ¿Qué hace usted? – exigió Sasuke. – Desáteme -.

- No -, dijo Hinata.

- ¿Qué? -. Sonó como si él no pudiera creer lo que había oído.

- No. Hasta que el servicio telefónico sea restaurado y pueda llamar al sheriff para arreglar esto, calculo que lo mejor que puedo hacer es mantenerlos a los dos justo como los tengo ahora -.

Hubo un momento de atónito silencio; entonces Naruto tiró su cabeza hacia atrás riéndose a los gritos.

Sasuke la miró fijamente, boquiabierto; entonces su cara se tornó de un rojo oscuro y gritó, - ¡Usted estúpida perra de mierda! -.

- Esa es mi muchacha -, dijo Naruto, todavía riendo. - ¡Dios, te amo! Te perdonaré por esto, aunque los muchachos van a vapulear mi culo por años por haber dejado que una pequeña morena de dulces ojos perlas consiguiera atraparme -.

Hinata miró aquellos risueños ojos azules, brillantes por las lágrimas de alegría, y ella no pudo menos que reír.

- Probablemente yo te amo también, pero eso no significa que vaya a desatarte -.

Sasuke se recuperó bastante para decir,

- Él la está haciendo hacer la idiota, señora.

- ¿Señora? – repitió ella. - No es lo que usted me llamó hace un segundo -.

- Lo siento. Perdí la cabeza -. Él inhaló desigualmente. – Me irrita verla enamorarse con toda esa dulce mierda que él le dice a cada mujer -.

- Estoy segura que lo hace -.

- ¿Qué tengo que hacer para convencerla de que él miente? -.

- Usted no puede hacer nada, así que también podría ahorrar su aliento -, dijo ella correctamente.

Media hora más tarde Sasuke dijo,

- Tengo que usar el cuarto de baño -.

- Hágase en sus pantalones -, contestó Hinata.

Ella no había pensado en aquella complicación, pero no iba a cambiar de idea y desatar a cualquiera de ellos. Le lanzó una mirada de disculpas a Naruto, y él le guiñó un ojo.

- Yo estoy bien por ahora. Si el servicio telefónico no está restaurado cuando caiga la noche, pienso que probablemente te estaré rogando por un jarro de fruta -.

Ella se lo traería, pensó. No le importaría realizar aquel servicio para él en absoluto. Le echó un vistazo a Sasuke. De ninguna manera; ella no se lo tocaría ni con un par de pinzas.

Hinata comprobó el teléfono cada media hora, mirando como el sol de la tarde se hundía detrás de las montañas. Sasuke se retorció, y ella no tenía duda que él estaba sufriendo. Naruto tenía que estar incómodo también, pero no lo demostraba. Él le sonreía abiertamente siempre que captaba su mirada, aunque con su cara magullada la sonrisa parecía más bien una mueca.

Justo en el crepúsculo, cuando ella levantó el receptor, oyó la señal de marcar.

- ¡Bingo! - dijo ella triunfalmente, recogiendo la guía telefónica para buscar el número del departamento del sheriff.

Naruto recitó a toda prisa el número para ella, y aunque estaba casi segura que él decía la verdad, en ese momento lo supo con certeza. La luz brotó de su cara, y ella le dirigió una radiante sonrisa mientras marcaba el número.

- Departamento del Sheriff -, dijo una enérgica voz masculina.

- ¡Hola! , soy Hinata Hyuga, de la Posada Byakugan. Tengo a dos hombres aquí. Uno es Naruto Uzumaki y el nombre del otro es Sasuke. Ambos dicen ser alguacil y que el otro es un asesino. ¿Puede usted decirme cual es cual?

- ¡Mierda! - bramó la voz. - ¡Maldición! Mierda, lo siento. No pensé decir esto. ¿Usted dice que tiene tanto a Uzumaki como a Sasuke? -.

- Exacto. ¿Cuál es su ayudante? -.

- Es Uzumaki. ¿Cómo los tiene usted? Quiero decir... -

- Los estoy apuntando con un arma -, dijo ella. - ¿Cómo es Uzumaki? ¿Qué color de ojos tiene? -.

El alguacil en la línea pareció desconcertado.

-¿Sus ojos? Ah… el sujeto es de aproximadamente un metro noventa, noventa kilos de peso, pelo rubio, ojos azules -.

- Gracias -, dijo Hinata, agradeciendo que los oficiales de la ley estuvieran entrenados para dar descripciones sucintas. - ¿Quisiera usted hablar con el alguacil Uzumaki? -.

- ¡Sí, señora! -.

Recogiendo el teléfono, lo llevó todo lo lejos que pudo, pero el cable no era lo bastante largo para llegar.

- Solamente un momento -, dijo ella, apoyando el receptor.

Ella se lanzó a la cocina y consiguió un cuchillo afilado. Volvió corriendo hasta Naruto, se arrodilló y cortó la tela que ataba sus muñecas, luego volvió su atención a sus tobillos mientras él se frotaba para volver a sentir sus manos.

- Necesitas un teléfono sin cable -, dijo él. - O uno con un cable más largo -.

- Me procuraré uno la próxima vez que vaya de compras -, dijo ella mientras liberaba sus tobillos. El teléfono de la cocina estaba más cerca, aunque aquel cable tampoco era lo suficientemente largo para que llegara tampoco. Él anduvo con dificultad, sus músculos tiesos de estar sentado tanto tiempo en una posición forzada.

- Soy Uzumaki. Sí, todo está bajo control. Le daré un informe completo cuando usted llegue aquí. ¿Los caminos son transitables ya? Bien -. Él colgó y anduvo con dificultad hacia ella. - El camino todavía está bloqueado, pero ellos van a usar un quitanieves. Deberían estar aquí en unas dos horas -.

Él pasó cojeando. Hinata parpadeó.

- ¿Naruto? -.

- No puedo pararme a hablar -, dijo él, acelerando su cojeo, enfilando directamente hacia el cuarto de baño.

Hinata no pudo sofocar su risa. Sasuke la miró airadamente cuando ella pasó por delante de él para colgar el teléfono en el salón. Ella todavía tenía el cuchillo en su mano. Ella hizo una pausa y lo miró fijamente, y algo debe haber mostrado su cara, porque él palideció.

- No lo haga -, dijo cuando ella avanzó hacia él, y luego comenzó a gritar.

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- LE CORTASTE -, dijo Naruto, su tono de voz era de asombro. – Tu realmente le cortaste -.

- Él tenía que saber que sabía lo que hacía -, dijo Hinata. – No fue nada más que corte pequeñito, nada para hacer semejante alboroto. En realidad, fue un accidente; no tenía la intención de llegar a eso, pero él saltó -.

No era todo lo que Sasuke había hecho; él también había perdido el control de su vejiga. Y luego él había comenzado a hablar, parloteando tan rápido como él podía, gritando por Naruto, diciendo cualquier cosa para impedirle que lo cortara otra vez. Naruto había llamado al departamento del sheriff y había retransmitido la información, que ellos esperaban fuera exacta.

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ERA DESPUÉS DE LA MEDIANOCHE. Ellos estaban en la cama, abrazados. Ella sostenía una compresa de hielo en su mejilla; él sostenía otra sobre su espalda.

- Hablé en serio, sabes -, dijo Naruto, besando su frente, - sobre que te amo. Sé que todo pasó demasiado rápido, pero... Sé lo que siento. A partir del minuto en que abrí mis ojos y vi tu rostro, te deseé -. Él hizo una pausa. - ¿Y…? -.

- ¿Y? – repitió ella.

- ¿Y, tu "probablemente" me amas también, huh?

- Probablemente -. Ella se acurrucó más cómodamente contra él. – Definitivamente.

- ¡Dilo! – ordenó él sin aliento, sus brazos apretándose alrededor de ella.

- Te amo. Pero nosotros realmente deberíamos tomarnos un tiempo, llegar a conocernos el uno al otro -.

Él se rió por lo bajo.

- ¿Tomarnos un tiempo? ¿Es un poco tarde para eso, verdad?.

Ella no tenía una respuesta, porque había pasado demasiado en un tiempo demasiado corto. Se sentía como si el día pasado hubiesen sido semanas. Habiendo afrontado juntos unas circunstancias tan extremas, ella lo había visto en una multitud de situaciones, y sabía que su primera aturdida, delirantemente alegre impresión de él había sido exacta. Ella sintió como si lo conociera inmediatamente, el instinto primitivo que reconoce a su compañero.

- Cásate conmigo, Hinata. Cuanto antes. Con los riesgos que hemos corrido, nosotros probablemente ganaremos como premio gordo un bebé -. Su voz era perezosa, seductora.

Ella levantó la cabeza de su hombro, mirándolo fijamente en la oscuridad. Ella vio el destello de sus dientes cuando él rió, y otra vez sintió una sacudida de conciencia, de reconocimiento.

– Bien -, susurró ella. - ¿No te importa?

- ¿Importarme? -. Él tomó su mano y la llevó a su entrepierna. Estaba más duro que una piedra. – Estoy impaciente por hacerlo, cariño -, susurró él, y su voz temblaba un poco, como lo había hecho cuando ellos hablaron anteriormente de la posibilidad. - Todo lo que tienes que hacer es decir la palabra, y me dedicaré devotamente al proyecto.

- Palabra -, dijo ella, rindiéndose alegremente ante lo inevitable.

FIN

Una cortita historia, me entretuvo hoy entre leerla y adaptarla para ustedes jaja.

La historia de Linda Howard se llama «Nevada»