Autora POV
La pelirrosa suspiró mientras recargaba su espalda contra el tronco del árbol al que se había subido.
Sabía que la estaban buscando, había visto pasar a varios grupos de shinigamis cerca de su escondite, hablando de cómo debían encontrar a la "Akuma Hunter de cabello rosa" lo antes posible. Ahora que se había descubierto que ella era quien portaba el prisma del rey, su seguridad se había convertido en prioridad número uno tanto para los shinigamis como para su propia gente. Después de todo, si ella moría, quién sabe cuanto tiempo pasaría hasta que encontrasen a una nueva descendiente de Sakuya que portase el prisma.
Ahora, Sakura no estaba realmente intentando huir de sus responsabilidades. Sabía que la situación en la que se encontraba actualmente era seria, y no podía ser egoísta y negarse. Estaban hablando del destino del mundo, al fin y al cabo. Pero eso no significaba que no necesitase un momento para alejarse de todo y procesar lo que se había enterado hace unas pocas horas.
Siempre había creído ser una muchacha normal… Durante la mayor parte de su vida incluso había vivido a la sombra de sus compañeros de equipo ¿Cómo no? Siendo ambos los mejores Akuma Hunters de la historia, descendientes de Ashura e Indra… Y ella siendo una simple pueblerina que había tenido que esforzarse mucho para lograr estar a la altura…
Y ahora resultaba que ella misma era una de las descendientes de Otsutsuki Sakuya, y no solo eso… sino que en su vientre llevaba el prisma del rey, lo que le permitiría engendrar a un nuevo gobernante y salvar los cuatro mundos. Era mucha presión de golpe sobre sus hombros.
Y no solo eso, sino que ella también tendría que ser la que identificara al hombre que tendría que procrear con ella… ¿Cómo se suponía que iba a darse cuenta de aquello? Existían miles de hombres a lo largo de los cuatro mundos ¿Cómo podría ella saber cuál era el más apto?
– Solo espero que no sea un hombre desagradable… –suspiró para sus adentros.
Cerró sus ojos y respiró profundamente buscando algo de calma, sin embargo… El universo no parecía estar a su favor en aquel momento.
Un rugido ensordecedor resonó por toda la sociedad de las almas. Sakura sabía bien de lo que se trataba… Un demonio había aparecido allí.
– Lo que faltaba… –murmuró. Extendió su mano para convocar su guadaña y saltó del árbol encaminándose hacia donde percibía la presencia del demonio.
No tardó mucho en llegar, y al hacerlo notó que ninguno de sus compañeros había llegado aún.
La visión del demonio era tan espantosa como estaba acostumbrada: Un cuerpo que se asemejaba al de un gorila gigante con cuatro brazos, pero con cabeza de humano; Pelaje púrpura sucio y piel grisácea; Ojos completamente negros como el vacío mismo; Colmillos gigantes y amarillentos que podrían aplastar a cualquier persona al igual que una nuez; Grandes cuernos de carnero sobresaliendo a cada lado de su cabeza; Y finalmente una fuerza sobrenatural con la cual arrasaba todo lo que se encontraba a su paso.
– Maldición… ¿No puedo tener un momento para mí? –se quejó la pelirrosa mientras se lanzaba al ataque. – ¡Shannanaro! –gritó mientras acertaba un puñetazo al rostro del demonio.
El golpe había sido lo suficientemente fuerte como lograr hacer que la bestia se tambaleara y cayera de espaldas en el suelo.
Si por algo era conocida Sakura, era por su fuerza física sobrehumana, la cual asemejaba e incluso superaba la de su maestra, Tsunade. Absolutamente nadie deseaba estar en el camino de los puños de la joven, pues con un solo golpe era capaz de derrumbar montañas enteras si así se lo proponía.
Tal y como lo había hecho la primera vez que habían llegado a la sociedad de las almas, la pelirrosa comenzó a girar su guadaña entre sus manos. La hoja del arma comenzó a resplandecer, y cuando la luz alcanzó su punto máximo, Sakura comenzó a dibujar un rectángulo en el aire del cual comenzaron a materializarse las puertas del averno.
Cadenas doradas aparecieron, envolviendo el cuerpo del demonio quien forcejeaba para intentar zafarse. Las cadenas comenzaron a arrastrar al demonio hacia la puerta con la intención de enviar a la criatura hacia el mundo de los Akuma Hunters.
Sakura frunció el ceño al ver como la bestia clavaba sus garras en la tierra, intentando resistirse, haciendo más difícil el proceso de captura.
– ¡Vuelve al infierno de una vez! –gruñó mientras usaba su guadaña para cercenar las cuatro manos que el demonio poseía.
Un aullido de dolor escapó de los labios de la bestia, a la par que su sangre, tan negra como el petróleo, comenzaba a brotar de sus heridas. Ya sin sus miembros para aferrarse, la bestia no pudo evitar ser arrastrada hacia las puertas. Tan pronto como su cuerpo atravesó la frontera, las puertas se cerraron y desaparecieron por completo.
En ese mismo instante, el resto de los Akuma Hunters que estaban presentes en la sociedad de las almas decidieron hacer acto de presencia.
– ¡Sakura-chan! –exclamó Naruto al ver a su amiga en aquel lugar.
– Haruno… Veo que hiciste un buen trabajo encargándote de la situación. –comentó Madara encaminándose hacia donde estaban las manos cercenadas del demonio. – ¡Amaterasu! –exclamó e inmediatamente, llamas negras comenzaron a consumir la carne y la sangre del demonio. No podían dejar que parte de esa bestia quedase en la sociedad de las almas.
– ¿Dónde te habías metido, molestia? –inquirió Sasuke mirando seriamente a la pelirrosa. – Todos te estaban buscando. Los shinigamis creen que intentaste huir para no ayudar en la causa… Casi nos metes en un gran problema…
– ¡Teme! –lo regañó Naruto. – No le hables así a Sakura-chan…
– Es la verdad. –se quejó el pelinegro. – Ya de por si es difícil que confíen en nosotros, y que Sakura haya salido huyendo de esa forma ha puesto la relación aún más tensa que antes.
La pelirrosa suspiró.
– Lo siento… No tenía intenciones de huir de mis responsabilidades. –murmuró. – Solo necesitaba un momento… para procesar todo esto… –se mordió el labio.
Las facciones de Sasuke se relajaron, e intercambió miradas con el rubio. Ambos estaban preocupados por la chica con la que habían estado formando equipo desde que eran niños. Kakashi se acercó a los tres, posando una mano sobre el hombro de la pelirrosa.
– Está bien… No es una situación fácil de afrontar. –murmuró con empatía. No le agradaba ver a su querida alumna, a quien veía prácticamente como una hija, angustiada por algo. Sabía que no podía hacer mucho por disipar la carga que ahora recaía sobre sus hombros, pero al menos esperaba ser de apoyo para la pelirrosa.
Sakura tomó una respiración profunda.
– No tienes que hacerlo si no quieres, Sakura-chan… –murmuró entonces Naruto. – Podemos encontrar otra forma de resolver este problema, ttebayo.
– Te seguiremos en la decisión que quieras tomar… –asintió Sasuke. Incluso si él era generalmente el que tomaba las decisiones lógicas, no iba a ignorar los sentimientos de la chica.
No era un secreto para nadie en el averno que tiempo atrás, Sasuke y Sakura habían estado enamorados. Y aunque aquella relación jamás había llegado a buenos puertos, aún existía una cierta tensión romántica entre ambos. El pelinegro haría cualquier cosa por proteger a la chica, incluso si no lo demostraba abiertamente.
Sakura miró a sus compañeros con una sonrisa triste antes de negar con la cabeza.
– No voy a huir de esto, chicos… –declaró. – No quiero ser egoísta. Si no hay un rey ¿Quién sabe cuanto tiempo pasará hasta que podamos reparar por completo las puertas de nuestro mundo? En ese tiempo podría haber grandes catástrofes si los demonios consiguen cruzar las fisuras. Sin contar que no hay una garantía real de que el cuerpo de Ywach pueda estabilizar el mundo por mucho tiempo. Incluso si se trata de algo tan grande como entregarle mi cuerpo a un hombre para engendrar al nuevo rey… Estoy dispuesta hacerlo.
Ambos muchachos la miraron con cierta preocupación. Deseaban tanto insistir y decirle a la chica que no era necesario que lo hiciera, pero sabían que Sakura ya había tomado una decisión, y era bastante difícil hacerla cambiar de parecer cuando estaba segura de algo.
– Si es lo que has decidido… Te acompañaremos hasta el final… –dijo Kakashi al ver que ninguno de los muchachos planeaba decir algo al respecto. – Creo que es mejor que volvamos al seiretei entonces. Hay que calmar la ira de los capitanes antes de que intenten hacer algo en contra de Tsunade-sama. –murmuró.
– Estoy de acuerdo… –Madara habló, acercándose a ellos una vez que se cercioró de que no habían quedado rastros del cuerpo del demonio.
Ya estando todo dicho, los cinco Akuma Hunters emprendieron camino de regreso a los cuarteles del gotei 13, donde Tsunade se encontraba discutiendo con los capitanes de las trece divisiones. Cuando arribaron al lugar, Sakura se sintió un poco culpable al encontrar que todos se encontraban discutiendo prácticamente a los gritos.
– Silencio. –ordenó Madara con tono autoritario. Inmediatamente todos se callaron y voltearon a verlos. Sakura nuevamente se encontró siendo el foco de todas las miradas.
– Sakura… –dijo Tsunade aliviada al ver que su querida estudiante estaba bien.
La pelirrosa tomó una respiración profunda, enderezó su espalda, levantó el mentón y tomó un par de pasos colocándose por delante de sus compañeros.
– Lamento haberme ido del modo que lo hice… –comenzó a hablar intentando mantenerse serena y hablar con profesionalismo, aunque podía escucharse un atisbo de cansancio en su voz. – No pretendía causar conmoción, y tampoco estoy intentando huir de mis responsabilidades. –los miró a todos a los ojos. – Pero espero que entiendan que no es una noticia fácil de digerir el hecho de que se espera que engendre al nuevo rey. Necesitaba un momento para aclarar mi mente, eso es todo.
La habitación quedó sumida en el silencio por unos segundos, pues nadie sabía realmente qué decir. Algunos de los capitanes se encontraban un poco avergonzados de pensar que la pelirrosa estaba negando la responsabilidad, cuando era cierto que no era un hecho fácil de asimilar.
Kyoraku se aclaró la garganta, tomando finalmente la palabra… Incluso si nunca había sido el más ejemplar de los capitanes, ahora era él quien lideraba a todo el gotei 13, y necesitaba dar el ejemplo.
– No hay nada que disculpar, Sakura-san… –habló con calma. – Creo que todos simplemente estamos bastante tensos por la situación actual…. No se le puede culpar por necesitar unos minutos para pensar en el rol que se le ha dado. –hizo una pequeña pausa. – En cualquier caso… Es respetable que tenga tanta convicción de cumplir con el ritual.
– Aunque aún quedan muchas cosas por discutir… ¿O me equivoco? –dijo Sakura.
– En efecto… –suspiró Tsunade. – Ahora que sabemos que eres tú quien tiene el prisma, es necesario garantizar tu seguridad a toda costa. –explicó. – La división cero deseará tomar cartas en el asunto, ya que eran quienes solían proteger al rey…
– Aunque, si se me permite opinar, me gustaría que algunos de nuestros hombres también participen en la protección de Haruno. –habló Madara cruzándose de brazos. – Incluso si estamos en un relativo estado de paz… El nacimiento de un nuevo rey es un evento que podría atraer atención indeseada. Aún no sabemos si hay enemigos escondidos, esperando la oportunidad perfecta para atacar.
– Tengo que estar de acuerdo con eso. –habló Toushiro cruzándose de brazos. – La protección de Haruno-san es prioridad número uno en este momento hasta que de a luz al nuevo rey.
Sakura se mordió el labio. Aún no se acostumbraba a oír que realmente tendría parir al sucesor del rey espiritual.
– ¿No deberíamos preocuparnos también por el hecho de que aún no sabemos quien es el hombre que deberá acompañarla durante este ritual? –inquirió Rukia desde su lugar. – Haruno-san, ¿no has sentido nada en particular?
Las mejillas de la pelirrosa adquirieron una suave tonalidad rojiza. Bajo su mirada sintiéndose un par de avergonzada de tener que responder tal pregunta frente a toda esa gente.
– No es algo a lo que haya prestado particular atención antes de enterarme lo del prisma. –murmuró. – Es un tanto difícil pensar en ello considerando la cantidad de hombres que existen en el mundo… Pero, al mismo tiempo, he estado pensando… Si se trata de la persona más apta para engendrar al rey, no puede tratarse de cualquier hombre… Y tengo mis sospechas de quién podría ser. –hizo una pequeña pausa volviendo a levantar la mirada. – Necesito hablar con Kurosaki Ichigo…
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– Nii-sama… –un hombre de cabellos blanquecinos y ojos rojos se adentró a la habitación donde el líder del averno, Hashirama Senju, se encontraba.
– ¡Tobi! –exclamó alegremente el castaño al ver a su hermano allí. – ¿Puedo ayudarte en algo?
– Tenemos un problema. –anunció el albino. Inmediatamente, la alegría de Hashirama fue reemplazada por una expresión seria. – Hiruzen y yo hemos estado haciendo un registro de todos los demonios que han logrado escapar cuando las puertas se rompieron. La mayoría de ellos son demonios menores de los cuales no hay que preocuparse demasiado… Sin embargo, acabamos de percatarnos de algo preocupante. –hizo una pequeña pausa. – Zetsu ha escapado…
Un estremecedor silencio llenó la habitación. La tensión era tan espesa que se podía cortar con un cuchillo.
De pronto un golpe. El líder de los Akuma Hunters había golpeado su escritorio con enojo, una acción que era totalmente impropia de él, quien se caracterizaba por ser un hombre alegre y hasta incluso inocente.
– ¡Maldición! –exclamó. – Pon en alerta a todos. Hay que encontrarlo antes de que sea demasiado tarde.
