Buscar su rumbo en Lehigh no fue una tarea fácil.

Siempre a la sombra de Vasilissa, cuando ella misma era un solcito rutilante.

¿Qué hacer?, ¡había tanto por dónde escoger!.

Y, de pronto; una compañera la invitó a ver un especial de tv.

Nada fuera de lo común, dirías.

Pero mostraba el mundo de las ciencias forenses, desde dentro.

¡Los auténticos CSI!,y estaban siendo formados!.

"Hay poquísimos cupos, este semestre", le decía la chica, acomodándose; "y me gustaría mucho entrar, ¿sí?. ¡He oído que el programa de la de Pensilvania es tan cool!".

Sin mucha ilusión, Rose acomodó su humanidad para... acomodar el popcorn y... se sumergió en el mundo de la realidad.

¿Lo extraño?, si sacabas el audio y las explicaciones... ¡ella veía una escena post strigoi, por doquier!.

Y sus ojos se abrieron como OVNI. Su pulso se aceleró.

Y puso todas sus clases (aburridas, y teóricas de los guardianes) a funcionar y solucionar los casos.

¡Y acertaba en varios!

"Deberías intentarlo, Rose", le dijo la chica, "¡eres buena en esto!".

"¿Cierto que sí?"

Y así, su destino (profesional) quedó sellado y escogido.

Por ella misma.


"¿Forensics?, que interesante", murmuró Janine, entre sorbos de vino, "muy útil, si me lo preguntas. Nos serías muy útil -profesionalmente hablando- a tu padre y a mí".

"Sin hablar de los guardianes, los alquimistas, y los morois con líos de sangre", completó Dimitri, entre masticadas de su cena.


La cena familiar era ya una tradición.

Los cuatro disfrutaban por toda la ciudad (ni Rose, o Janine, o Abe; podían cocinar para sobrevivir. O eso decían). Y no le permitían a Dimitri el que cocinara.


"Un campo fascinante, al que puedes dedicarte, Tienes el tiempo, los recursos e inteligencia", dijo Abe, "la arqueología y antropología es un poco eso, y son las elecciones de Vasilissa, ¿cierto?. No tuvo dedos para las Ciencias Políticas, esa niñita... Quizás... ¿especializarte en finanzas forenses o leyes?", inquirió Abe, esperanzado.

"Claro, Baba. Eso puedo hacerlo. ¡Debe haber mucho dinero perdido por los royals!, sin ofender, Dimi".

"No lo haces, Roza Beliova", sonrió, "además, desde los 18 años, ya no soy Ivashkov. Me lo quité como un cáncer. Soy sólo Belikov".

"Interesante", dijo Abe.

"Si no estoy en su testamento, no está en mi vida", explicó, "desheredó a mi familia, por ser dhampirs. Así que lo desheredé de mi vida".

"Bien hecho, muchacho. Ahora, si quieres ser un Belikov-Mazur, yo honrado".

Y Dimitri sólo sonrió.


"... Y, en fin. Ya no trabajo más, con ni para ellos", explicó Rose, a su terapeuta, al retomar sus sesiones, "mis padres insistieron en que volviera a Lehigh, y nos apoyaron con un dúplex. Dimitri sigue trabajando allá y yo, bueno, ya doy clases de defensa personal. Soy muy buena en eso".

"¿Y... es difícil?".

"¿El qué?".

"Crecer así. Tomar tus propias decisiones, hacer tu propia vida. Eso".

"¡Puff!, ¡sí que lo es!. Pero no había tenido el tiempo de disfrutar al sol, es en serio. ¡Y lo amo!. Y no volveré a cambiarlo... jamás".

"¿Y, referente a lo que tu otra terapeuta dice?, ¿qué vas a hacer?, ¿vas a escribir?. Para sacar lo que llevas adentro. Puedes publicarlo, si quieres. Internet da para todo, en estos días".

"Pero, ¡se darán cuenta que soy yo!"

"No es necesario, Rose. Cambia algunas cosillas por aquí y por allá y conviértelo en historias y aventuras. No tienes porqué ocultarte. Sólo piénsalo", le sonrió. "Incluso, usa un apodo. Antuña Hue suena ideal para tí. La Hija del Sol. Tú amas al Sol, ¿cierto?".


Como dijo su Terapeuta, ¿por qué ocultarse? así que sólo cambió algunas cosillas en sus aventuras (para que no la pillara algún moroi caliente que navegara por esas páginas rojas).

Y pronto, encontró sitios en que le podían pagar por ellas.

Estaba algo corta de dinero (siempre), así que, cuando empezó a publicarlo, se puso como apodo La Sombra que besa (para no decir la SK, ¿cierto?), pero se decidió por Antuña Hue, al final.

Era más... ella misma.

Así diferenciaba la fantasía que surgía de sus manitas de la realidad que la golpeaba fuerte por esos días.


Y ya sabía por dónde partir.

Por el inicio, claro.

El inicio de sus ¿qué habría pasado si...?


Del diario de Faride Zaryf

"Hola, Soy Faride, y tengo 17 años.

Ni idea porqué estoy escribiendo estas estupideces aquí.

Pero era esto o volver al psicoloco. Así que serás mi terapeuta".

"Mi madre se divorció del tal Cok (déjalo así), cuando yo tenía como 10 años.

Mi padre (biológico) la había dejado cuando yo era una cría, y ella nunca más lo mencionó".

"Entonces vivíamos en una pequeña ciudad llamada Turquía -pero no en la misma Turquía, lástima- y mi mamá consiguió un trabajo en Montana".

"El Distrito no era tan malo.

Allí encontró una Escuela Elemental -parte de un Completo de 3 Escuelas- fundada por una orden religiosa de Europa del Éste -La de St. algo (no es importante, a mí nunca me importó, en realidad), ya casi extinta ¡afortunadamente!- y la única con cupos a esa altura del año".

"Ahí estuve todo el tiempo y temí -en un momento- que moriría.

Una epidemia traída por uno que había viajado con sus papis casi asoló a toda la Escuela.

Ni que decir que nadie más le habló al tal Jessa Choclo (así quedó, después que le pegué un combo por imbécil) por... bueno, hasta que nuestra memoria infantil durara".

"Georgi y Abe eran mis mejores amigos.

Entre las niñitas, estaba Marissa (Le decíamos Riza), pero era tan blancucha, enfermiza y delicada que no jugaba mucho -o nada- con nosotros.

Así que no contaba, en realidad".

"A mí me gustaba jugar a los combitos.

O sea, al que me molestaba, combos iban y combos volvían.

No entiendo porqué vivía suspendida.

Mi mamá ya no iba a la Escuela cuando eso pasaba".

"En fin, tampoco me fue mal allí (eso creo).

Cálculo no era mi amigo -ni yo de él, aparentemente- pero igual nos tolerábamos.

¿Lenguaje?, los Maestros siempre me lo recordaban.

¡Pero era la primera en subir a las cuerdas! y en no querer bajarlas, obviamente".

"En la Escuela Intermedia todo fue igual.

Georgi y Abe.

Y menos combos.

Algunos ya decían que estaban demasiado grandes para eso... ah, claro.

Me llevaban como una cabeza.

Es que soy mitad Pixie (o sea, mi mamá) y mitad Jinn ( o sea, E.Q.N.D.S.N).

¡Que años más maravillosos!, si pudiera recordar algo más que la oficina de La Directora, claro".

"La Escuela Secundaria es en donde comenzaron los reales problemas.

Las niñas que ya no éramos tan niñas (¿?) debíamos asistir a clases con la enfermera escolar sobre higiene y cuidados y esas cosas.

De mi clase, era la única.

Por ende, la única que se arrastraba por el piso una vez al mes.

Pero también la única que empezó a ver cómo los niñitos pasaban a chiquillos...

¡Y Georgi estaba ÑamiÑami!".

"Sipi. Los chiquillos se volvían bonitos. Más grandes. Más rellenitos. Menos rodilludos.

Pero eran más estúpidos.

Los programas de animalitos decían que -cuando entraban en este periodo- las estúpidas hormonas los volvían estúpidos. y a los potros y toritos y perritos; había que castrarlos...

Cuándo se lo sugerí a Georgi y Abe -al verlos a las trompadas- huyeron como a mil por hora.

¿Por qué?".

"Fue entonces que ellos comenzaron a notarme.

Pero fue el momento en que mi mamá cambió de trabajo y encontró novio.

Un tal Toño.

Y se fueron a vivir juntos a Pensilvania.

Yo cumpliría 15 años en marzo.

Y debería armarme de paciencia al tener que cambiarme a una nueva -y extraña- escuela".

"Esa escuela era un desastre de escuela.

Según el tal Toño -qué manera de rebajarse mi madre por ese imbécil, casi arrastrándose y dejando que la callara y mandara- era de lo mejorcito.

Si, seguro.

Camino seguro al reformatorio".

"La familia del tal Toño eran ricachones arribistas, para quienes la sencilla oficinista (mi madre) y su problemática hija (yo) eran un problema social.

Eso implicaba que en los asados, reuniones y esas cosas, no podían -simplemente- insultarla y llamarme callejera".

"El deporte fue mi forma de escapar a esa estupidez hormonal de mi madre.

Después de todo, mujeres de su edad -30 y algo de años- se inseminaban a falta de un semental... ¡Les regalo al tal Toño!, no quiero que deje inseminada a mi madre y yo tenga que criar al fruto de esa estupidez".

"¿Ha que no sabes quien asomó la nariz... y el pene?.

¡Mi propio donante de semen!, ergo, padre. O el Baboso, como yo insistía en llamarlo.

El quería que yo lo llamara padre, ¡el muy patúo!.

Antes de eso, quiero la manutención que me debe.

A mi madre -claro- no a mí.

Sí. A mi.

Quiero un pasaje de ida a alguna parte o de vuelta a Montana.

Lo que sea primero".

"¡Y se casaron!, mi madre y mi padre. Claro.

¡En las Vegas, los fugados!, volvieron de su viaje de reencuentro con anillo en el dedo.

¡Y yo ni me enteré!.

Y... ¡A Montana los Boletos!... Adiós, Pensilvania, hola... mis casi 18 años".

"Me sentí como pollita en corral ajeno al volver a mi vieja escuela.

No era tan chica entonces, ¿cierto?.

Yo era la nueva. Y en el curso senior.

Había perdido todo el crecimiento -o achique- de la escuela.

Y para todos era un bicho raro. ¡Rarísimo!.

Las chiquillas eran mucho más estiradas y flacuchas que antes.

Riza estaba que daba risa, de lo anoréxica que se veía, la pobre.

Y las que no... eran invisibles, las pobres.

Los chiquillos parecían postes de alumbrado.

¿Y quién era yo entonces?".


"Buen día, estudiantes, soy Miss Petra, la profesora de deportes y él es Milán Bonasic, que estará en su práctica con nosotros. Se graduará de la Universidad este verano".

" ¡Que. Pedazo. De. Hombre!, llegué a aullar. En mi mente (bajo el ombligo, esa mente, claro).

Altísimo. Ojos y pelo de ese chocolate caro, que sólo podía ver pero no comer.

¡Qué hombros y qué trasero!. ¡ÑamyÑamyÑamy!.

Podía ver que todas se derretían por él.

Incluso podía olerlas.

Y sospechaba que algunas irían a estrujar su ropa interior al baño e incluso... a... bueno, estrujarse a sí mismas.

Aprovechando.

Milán tenía 23 años.

Becado en deportes en la Universidad de Montana.

¡Y era eslavo!.

Su acento era muy sensual y sus músculos dejaban a todos los chiquillos como niñitos, otra vez.

"Farride", ¿en serio me estaba llamando a estar con él?. Floté hasta su posición. "Tengo entendido que erres una excelente deporrtista. Así que nos verremos una horra antes y otrra después de clases. Serré tu entrrenador perrsonal, en vías a que obtengas una beca deporrtiva. Los Scouts de las Univerrsidades vienen entrre marrzo y abrril".

Que qué... él y yo... ¿juntos hasta la eternidad?.

Sus ojos me hechizaron totalmente.

No sólo eso.

Una sola mirada y ya soy suya.

Para siempre. Sólo faltaba que él lo supiera".

"No me importaba la diferencia de edad.

Me importaba él.

Acostarme con él.

Estrujarlo a él.

Incluso, ¡tener los bebés de él!."

"Así que me aboqué a hechizarlo.

Seducirlo.

Engatuzarlo.

Para enfundarlo, pero dentro de mi cuerpo".

"Jamás había sentido tanto deseo por alguien, antes.

Y Él era un hombre.

Y lo quería para mí. Mi solita".


Dimitri leyó la historia, sorprendiéndose con el tono... picaresco, de la misma.

Finalmente, levantó una ceja hacia Rose.

"Sólo imaginé que habría pasado si hubieras llegado a St. Vlad, cuando yo tenía 17 años"; se encogió de hombros.

"Altamente ilegal, si me lo preguntas"

"¡Exacto!, pero no es el tema, Dimi. ¿Acaso a una adolescente no le puede gustar uno como tú, aún teniendo 17 años?. ¡Algunas de mis compañeras eran más calientes que el volcán en erupción, y casi se ofrecían a los guardianes más jóvenes!, así que Bertie obligó a Croft a cambiar el staff, y que le enviara los más... marinados y mayorcitos. ¡A los cabritos se los comían con limón, así de crudos!. Ellas se acostaban con ellos, ¡no ellos con ellas, Dimi!. Seguro, muchos permidieron la virginidad con ellas. ¿Ilegal?, ¡claro!, pero ¡díselo a ellas!. Hubo todo un curso senior, que le hicieron cuarto oscuro a un dúo, que fueron enviados a su reacondicionamiento...".

"¡Roza!"

"¡Pero si es verdad!, ¡se los comieron!, los cabritos huyeron, pidieron cambio de lugar, y, desde entonces, que Bertie no permitía a nadie tan... ¡apetecible!"

"¿Fue con uno de ellos que... que tú...?"

"¿Oh, mi virginidad?, nop. Fue Mase. Antes del viaje de Vasilissa. Debut y despedida. Era algo que sacar del camino y punto... ¿por...?".

"Celos, supongo", reconoció, "que cualquiera se me acerque y me diga, ¡oye, yo me la comí antes que tú!".

"No seas ridículo, Dimi. Entonces, ¿qué te parece?".

"Publícala, y veamos que pasa", sonrió Dimitri.


Antu es el pseudónimo de Rose, con sus historias picarescas.

Estarán entremezcladas con las vivencias de Rose.


¿Quién no tuvo un lindo practicante (de educación) en la secundaria?, ¡pasaba cada cosa!.

Estudié en una secundaria de sólo chicas. ¡Imaginen!