VIII
¿Ocultándose de nuevo?
Bella necesitaba parar de alguna manera todos esos recuerdos que la estaban ahogando, la chica estaba a punto de llorar porque había dejado su reputación por el suelo y además había hecho que su desorden psicológico engañara la confianza de su mejor amiga. De su hermana.
Ella jamás habría hecho algo así estando en sus cabales, pero la noche anterior se había dejado llevar por lo más fuerte que había sentido nunca. No era completamente su culpa, ella necesitaba buscar la manera de salirse de ese paquete como fuera.
Ella, conscientemente, nunca habría pensado estar con más de un hombre una misma noche y mucho menos con cuatro, era algo terrible para ella, era algo fuera de lo lógico… Algo… Algo… La chica levantó su mirada hacía la ventana que tenía frente a ella y los dijo en voz alta.
—Algo tan maravillosamente satisfactorio.
Pero, entonces bajó la mirada al suelo.
Se sentía culpable por pensar así, creía que las cosas estaban mal, pero su cuerpo lo recordaba de otra manera. Ella se encontraba en una batalla moral interna de la cual no iba a salir ganando de ninguna manera porque su mente le decía una cosa y el resto de ella otra.
Tenía que buscar la forma de evitar que todo eso sucediera de nuevo, ¿cómo era posible que no pudiera tener la valentía para encarar una fuerza que venía desde ella misma? Bella se sentía atada de manos y pies, creía que ese desorden solo le traería problemas.
A menos que ella encontrara la manera de convivir con eso sin que la dominara, pero, al parecer eso sería imposible. Parecía ser secuestrada en cuerpo, alma y mente.
La chica estaba desesperada porque lo más seguro era que hora todos se enteraran que era una cualquiera, que le encanta estar con varios hombres a la vez, que está dispuesta a que la follen toda una noche porque no consigue la manera de satisfacerse.
Casi podía escuchar todos los rumores sobre ella.
No podría salir de nuevo y mucho menos ir a la universidad, todos la señalarían y sabrían lo que pasó, ella estaba ahora entre la espada y la pared.
Bella se sentía desesperada, pero, no solo por lo que podría pasar con su persona, sino que quizá perdería a una amiga y eso era lo que más le dolía en el alma.
Recordó cada uno de los momentos con Alice y eso nunca lo podría cambiar por todas las noches de sexo alocado por mil hombres.
Se levantó de la cama y entonces caminaba por su habitación buscando una solución a todo lo que estaba pasando.
Justamente en ese momento su móvil comenzaba a sonar, pero, ella no tuvo ni siquiera el valor de ver de quien era la llamada entrante, se sentía incapaz de hablar con nadie en ese momento. Dejó que el buzón de voz hiciera su trabajo.
Pero, el móvil comenzó a sonar de nuevo, era como si se tratase de una tortura, así que se acercó y lo cogió sin pensarlo. Era Edward.
Es bastante extraño que esté llamando.
Claro que iba a llamarte, quiere más de lo que fácilmente le diste.
¡Cualquiera!
Soltó el aparato sobre la cama.
Bella tenía cosas más importantes que hacer y resolver, pero, al parecer Edward no se quedaría tranquilo hasta que ella le atendiera. El móvil comenzó a sonar nuevamente y entonces ella le atendió.
—¡Sí!
—Hola, Bella. Espero estés bien.
El tono de voz del chico era neutral y realmente llamó la atención de ella.
—¿Qué sucede, Edward?
—¡Vaya! Parece que no estás de humor.
—Para nada.
Ella estaba reaccionando de la manera equivocada.
—Solo quería saber si podríamos vernos esta noche.
¿Es en serio? ¿Para qué querría verme? Esa voz, por Dios. Esa voz me recuerda tantas cosas.
—No creo que sea buena idea, Edward. Yo la verdad…
—Creo que sí es una buena idea. Todos los muchachos queremos hablar contigo.
Entonces ella se quedó sin habla por un momento y sintió un escalofrío al saber que estarían todos juntos.
—No entiendo que me quieres decir.
—Si lo sabes. Te esperamos en mi casa a las 4:00 pm, no faltes. Ella intentó decir algo más, pero, ya la llamada estaba cortada.
Su corazón no dejaba de palpitar fuertemente y ahora no sabía qué pensar. Por un lado, estaba la duda de asistir, pero, por el otro, y aunque no tan fuerte como la noche anterior, estaban las ganas de verlos juntos de nuevo, de tener la oportunidad de tenerlos de nuevo.
Pero, no. No era eso lo que ella quería, ¿o sí?
Bella estaba atrapada por su propia culpa, ya no sabía qué pensar.
Ir hasta allá sola era como dejar que una gallina entrara en una cueva llena de zorros hambrientos, sería una locura porque no habría nadie más allá. Al menos durante la fiesta había más personas y podría pedir ayuda si la necesitaba, pero, ahora las cosas eran diferentes.
Las ideas iban y venían, pero, ahora los recuerdos eran más fuertes y la verdad es que por momento se dejaba llevar y hasta sentía como se mojaba. Bella estaba luchando por mantener encerrada a esa lujuriosa mujer y si tomaba la decisión de ir sería solo para saber qué era lo que ellos tenían que decirle.
También sería una buena oportunidad para hacerles entender que fue cosa de una sola noche y que fue gracias al alcohol. Simplemente una noche de locura que no se repetiría jamás.
Jugaba nerviosamente con su móvil. Lo pasaba de lado a lado intentando llamar a Alice, pero, no podía hacerlo, realmente no sabía lo que le iba a decir. ¿Estaba segura que valía la pena hacer pasar a su amiga por algo así?
Pero, también estaba el punto de que el chico quizá no la estaba tomando en serio y eso también le preocupaba, porque si llegaran a estar juntos algún día ella tendría que advertirle, pero, ¿qué iba a decirle? ¿Qué el chico la engañaría fácilmente? ¿Y después como lo probaría?
Tomó la decisión de ir hasta la casa de Edward y primero aclarar todo con ellos, después vería cómo iba a actuar con respecto a Alice. Saldría de una situación a la vez.
Tomó una ducha rápida y entonces bajó a comer algo y a tratar de organizar sus ideas y tranquilizarse.
—¿Recordaste que tenías familia?
—De hecho, me siento muy mal para tus sarcasmos, papá.
El hombre la miró con detenimiento y supo que algo le pasaba.
—Desde que llegaste en la mañana estás extraña, pero, ahora pareces atemorizada.
—Son ideas tuyas.
—Está bien, no pasa nada entonces. Solo te recuerdo que puedes contar conmigo para lo que quieras y quizá hasta un buen consejo puedo darte.
Su padre siempre tenía la manera de hacerla reír, era su especialidad y Bella lo agradecía siempre.
Le pidió el coche a su padre y justo quince minutos antes de la hora para la cita salió decidida y con la frente en alto, no había nada de que sentirse avergonzada, o al menos no se lo demostraría a ellos.
El camino fue más corto de lo que esperaba y no lograba calmarse por completo, seguía luchando por no pensar en los momentos de la noche anterior porque de una u otra forma la excitaba completamente. Se aparcó justo en la entrada de la casa y entonces respiró profundamente, tomó su móvil y llamó.
—Estoy afuera.
Le dijo a Edward después que le atendiera de inmediato.
—Bien, Bella. Entra. Estamos en la terraza.
La terraza. ¡Vaya sitio para hacer la reunión! Justo donde comenzó y terminó toda la locura anoche. Ella tenía que armarse de valor porque realmente no sabía con qué iba a encontrarse.
Había muchas opciones, pero, la verdad es que no sabía qué pensar. Dejó que simplemente las cosas pasaran, era lo mejor que podría hacer y mientras más rápido fuese, mejor.
Las imágenes comenzaron a invadirla más rápidamente, no paraba de ver los miembros de cada uno de los chicos y como la follaron individualmente. Eso la hacía salirse de concentración, hacía las cosas más difíciles.
Se bajó del coche, respiró de nuevo y comenzó a caminar.
Te gustaría que él entrara a follarte también, ¿cierto?
Dime Débora.
Bella trataba de mantenerse cuerda, pero con cada paso las cosas se ponían más difíciles. Todo le traía recuerdos.
Por fin vio a los chicos y se acercó hasta donde ellos estaban. Sin nervios, con calma y mirando siempre al frente, ella no quería dar la sensación de lástima o de tener culpa por algo.
—Hola, Bella. Puedes sentarte.
Los cuatro estaban muy serios y observó que la puerta de entrada a la casa estaba completamente cerrada. Todo parecía estar muy tenso en el ambiente.
—Gracias.
Edward fue quien habló.
—Al parecer las cosas se fueron de control para todos anoche y sé que es extraño que estemos aquí hablando de eso, normalmente sería más fácil olvidarlo y dejarlo pasar.
El chico parecía estar un poco nervioso, su voz no era tan segura como solía ser. Definitivamente había algo detrás de todo esto, esta era una conversación muy importante para ellos también.
—Pero, la verdad es que no hicimos nada malo, por si no lo recuerdas.
—Lo recuerdo todo perfectamente y tienes razón, no hicimos nada malo.
—Perfecto, nos alegra que pienses de la misma forma y más allá de eso, muy personalmente me complace que lo recuerdes todo, así podremos avanzar más rápido.
Mientras Edward hablaba ella recordaba como la había levantado fácilmente del sofá donde justamente estaba sentada en ese momento para meterla a la casa después. Ese despacho estaba lleno de historia.
El recuerdo la hizo estremecer.
—Perfecto, Edward. Es lo que quiero y así podremos irnos a casa.
Bella se aclaró la garganta.
El la miró fijamente.
—El punto es que a pesar de que la pasamos muy bien hay algo que nos afecta directamente y es que estamos a punto de entrar a hacer nuestras carreras como deportistas y un cuento como el de anoche podría perjudicarnos mucho por la parte de comportamiento y disciplina.
¿Los muchachos le estaban pidiendo que mantuviera el secreto? Eso sería genial porque ella también se vería beneficiada al respecto. Quizá las cosas se equilibrarían un poco a su favor.
—Entiendo.
En su mente la imagen del miembro de Edward apareció de pronto al igual que la noche anterior justo cuando estaba dispuesta a comenzar la acción con un poco de sexo oral. Su lingote de oro. Otra vez se le hizo agua la boca, casi podía saborearlo.
Ella no podía evitarlo, pero se mantenía inmutable sentada en el sofá.
Tomó la palabra Emmett.
—No queremos que tomes las cosas a mal, creo que lo que hicimos fue algo genial y no queremos despreciarte como mujer, solo que lo dejemos como la aventura de una noche y que no salga de aquí. Te respetamos por lo que eres, eso tenlo por seguro.
Bella se veía sobre el escritorio llamando a Emmett cuando lo veía a través de la ventana y recordaba la manera en que sus brazos se tensaban con fuerza cuando la tomaba por la cintura. Los músculos del chico estaban bastante definidos y la fuerza con la que la folló era increíble, casi podía escuchar cada vez que chocaban sus cuerpos.
Ella se acomodó en su asiento, estaba mojándose. Debía dejar de pensar esas cosas.
—Entonces me están pidiendo que les guarde el secreto, ¿cierto?
Todos asintieron con la cabeza. Parecía más bien que estaban siendo regañados por su maestra de primaria.
Jacob intervino de pronto.
—Lamentablemente las cosas se dieron mientras estábamos bebiendo y todo ese tipo de cosas nos podrían afectar directamente. No queremos sonar como egoísta, pero, estamos hablando de nuestro futuro y es algo muy importante.
Seguía interviniendo de la misma manera en que se la había follado, parecía que lo hubieran organizado de tal manera.
La imagen que se le vino de Jacob al principio no fue la mejor, pero recordó sus caricias y la manera en que él la hizo suya a pesar de lo borracho que estaba. Eso la hizo sonreír levemente.
Así que las cosas pintaban bastante bien para ella, pero había uno solo de ellos que no había dicho nada y ni siquiera la había visto a la cara.
Jasper estaba tranquilo esperando que terminara la reunión y mientras el resto seguía hablando ella aprovechó que usaba sus lentes oscuros y lo miró fijamente.
El recuerdo que le venía de él era un poco más confuso, pero le encantaba como se veía la piel del chico con la luz de la luna y la manera en que la penetraba. Él fue el que más se hizo sentir, durante todo el acto nunca perdió la fuerza y además parecía estar sacándose algo que llevaba por dentro.
Quizá pensaba que en algún momento ella le diría a Alice lo que había pasado y era lo más lógico o tal vez estaba pensando la manera de salir de ahí sin mirarle ni decirle nada.
Edward levantó su voz de nuevo.
—Yo termino diciendo que no me arrepiento de nada.
Ella dirigió de nuevo su mirada hacia él. Edward fue quien lo inició todo, fue él quien encendió la mecha y después nadie, más que ella misma, pudo apagarla. Recordaba cómo pudo hacerle todo el sexo oral que quiso, como lo hizo beber whisky de su pie y cada una de las penetraciones que el chico le dio.
Fue él quien hizo que saliera ese alter ego, era su culpa. Por culpa de sus músculos perfectos y su atractivo rostro. El causante de todo ese terremoto.
Las imágenes de todos aparecían sin para, pero, ahora ella no sufría por eso y dejaba que las cosas fuesen como tenía que ser.
Bella se quedó callada un rato y entonces se levantó de su puesto.
—No puedo negar que las cosas anoche se salieron de control como ustedes mismos dicen, pero, dentro de toda esa locura las cosas salieron muy bien, chicos. Créanme que lo vivido anoche me perseguirá por siempre, pero, jamás saldrá nada de mi boca, con este secreto nos beneficiamos todos y es lo importante.
Se colgó su gran cartera en uno de sus hombros y se arregló las gafas de sol.
Ellos la seguían viendo como una diosa, de hecho, no podían creer que la habían tenido.
Bella se dio media vuelta y entonces habló.
—Todos tenemos momentos difíciles y otros que no comprendemos completamente, quizá el alcohol ayude a desinhibirnos y llegar a hacer cosas que no nos atreveríamos a realizar con todos nuestros sentidos intactos, pero, hay otras situaciones con las que tienes que aprender a vivir.
Ellos la escuchaban atentos, pero, no entendían lo que estaba haciendo.
—Así que, si va a ser un secreto, que sea uno que recordemos por completo.
La chica abrió la puerta de la casa, volteó a verlos y bajó sus gafas hasta la punta de su nariz para que la vieran directamente a los ojos.
—Que pase uno por uno y me llaman Débora.
Fin
Hasta aquí este adaptación. Espero que hayáis pasado un buen rato.
Todos los derechos, todos los reviews, favs… van para el autor de esta historia:
Jorge Borges "Una Chica Virgen, Cuatro Hombres y Mucho Sudor"
