Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is iambeagle, I'm just translating her amazing words.


Thank you iambeagle for giving me the chance to share your story in another language!


Gracias a Yani por ayudarme a betear esta historia.


Capítulo Ocho: Ojos morados

Para cuando Bella y yo regresamos a mi auto —a salvo, debería añadir— ya es cerca de la una de la mañana.

Me abrocho el cinturón y enciendo el carro mientras Bella se gira en su asiento para poner la muñeca atrás. Cuando mueve su cara hacia adelante, atrapo su mirada. Está justo ahí, inclinándose ligeramente hacia mí con el codo apoyado en la consola.

—Pues eso fue interesante —dice.

—¿Qué cosa?

—Todo el… —Usa las manos para hacer un gesto que asumo se refiere a todos los actos violentos sucediendo dentro de Walmart. Su codo sube, supongo que para imitar el codazo que recibí en el ojo, pero se acerca de más y retrocedo por instinto—. Lo siento —murmura, sacudiendo la cabeza—. Me pongo a delirar cuando es muy tarde.

—Y también te pones muy teatral. —Me río y entrecierra los ojos cuando comienzo a recrear su representación. Me doy cuenta de lo que estoy haciendo y dejo caer las manos—. Tal vez también estoy delirando.

—¿Estás bien para manejar? —pregunta, riéndose sin aliento.

—Sí. No hay problema. Estoy cansado, no ebrio. No es que necesitemos un CD* o algo así.

—Ya eres un CD. —La miro sin comprender hasta que explica—. Un conductor delirante.

—Qué lista.

—Eso pensé —concuerda—. ¿Sabes qué más pienso? Que hacemos un buen equipo.

Busco en su cara y no puedo evitar sonreír.

—Sí. Sí lo hacemos.

La luz interior sobre nosotros se apaga y nos quedamos sentados en la oscuridad de mi carro, mirándonos el uno al otro. Su sonrisa crece con cada segundo que pasa. Me pregunto rápidamente si debería besarla otra vez. No estoy seguro de cuáles son las reglas, especialmente ya que nuestro primer beso fue en medio de Walmart. ¿Tengo restringido intentar hacer algo solo dentro de tiendas departamentales? ¿O puedo besarla cuando quiera? Como ahora, por ejemplo.

Puede que esté pensando de más esto. Borra eso, que estoy pensando de más esto. Me duele la cabeza, pero eso podría deberse a que me dieron un codazo en el ojo. Además, tener que esperar formado casi dos horas no ayudó mucho a mi cordura. Creí que intentar conseguir la muñeca era la parte difícil, pero me equivoqué. La parte complicada fue esperar formados mientras intentábamos mantener la muñeca escondida. Creo que en cierto punto estuve al borde de sufrir una crisis porque estaba segurísimo que alguien iba a descubrir lo que Bella tenía escondido bajo su abrigo, luego nos seguiría a mi carro, nos quebraría las rodillas y robaría la muñeca.

El Viernes Negro le jugó una mala pasada a mis nervios tanto como a mi imaginación.

Bella se recarga en su asiento y se abrocha el cinturón. Parpadeo y me doy cuenta que perdí mi oportunidad de besarla porque estaba pensando en alguien quebrándome las rodillas.

Estoy comenzando a preguntarme si el codazo en el ojo causó algún tipo de daño cerebral.

El sonido de una campana rompe el silencio. Bella saca su celular y sonríe mientras empieza a teclear en la pantalla.

Me salgo del estacionamiento, mirando el retrovisor cada pocos segundos. No porque sea paranoico y esté asegurándome que nadie nos está siguiendo. Primero está la seguridad o algo así.

Un par de minutos después nos detenemos en un semáforo rojo cuando me doy cuenta que probablemente ella necesita un aventón a casa. A menos de que le esté mensajeando a Voltereta Garrett para que la recoja de casa de Rose, en ese caso ella no necesitaría un aventón… solo un examen cerebral.

—¿Necesitas ir a casa? —suelto de repente.

Ella sonríe ante eso.

—En algún momento, sí. Tendré que irme a casa.

—Bien. De acuerdo. Pues iba a pasar por casa de Rose y Emmett para dejar la muñeca, porque no me siento cómodo teniéndola en mi posesión. Pero si necesitas ir a casa, puedo pasar a dejarte primero.

Todavía no quiero despedirme, pero no sé qué más hacer. Ya es muy tarde. No es como que pasar un poco de tiempo juntos sea en realidad una opción.

—Hmm… —Pretende pensarlo. O tal vez de verdad lo está pensando.

El semáforo cambia a verde.

—Habla ahora, porque en unos cien pies necesito girar a la izquierda si vamos a ir a casa de Rose.

—No sé trabajar bajo presión —murmura frenéticamente—. Um, podemos pasar por la casa de tu hermana primero. De todas formas, queda de camino a mi casa.

—Bien, genial.

—A menos de que estés cansado de mí y quieras dejarme en casa. Eso también está completamente bien.

Una sonrisa aparece en mi cara. Comprendo que tal vez ella se siente tan insegura como yo sobre todo esto.

—No, no estoy cansado de ti. Al menos, todavía no.

—Ja, ja —dice secamente, moviéndose hacia enfrente y jugueteando con la radio para poner una estación que está tocando una canción de una banda indie. La canción ha perdido su encanto debido a todas las veces que se escucha durante el día—. ¿Está bien esto? ¿O preferirías escuchar tu popurriz? —bromea, lo cual me recuerda algo.

—Oye, no me contaste algo vergonzoso de ti.

Su sonrisa desaparece.

—¿Y qué?

—Estoy esperando.

Ella gime, mirando por la ventana.

—Bien. Una vez yo sola me dejé el ojo morado.

Suelto una carcajada. Ni siquiera sé qué puedo decir ante esa información.

—¿Cómo lo hiciste? —pregunto cuando mi risa disminuye al fin.

—La verdad no sé. Pasó cuando estaba en un campamento. Tenía diez años y llevaba una linterna en mi mano porque, cuando estaba oscuro afuera, jugábamos a la trae con linternas. Me tropecé o algo así, y cuando mi manó subió, la linterna me pegó en el ojo…

Estoy muy convencido de que no es seguro manejar mientras me río tan fuerte.

—Edward. —Cruza los brazos—. No me reí de tu horrible gusto en música.

—Sí, sí te reíste.

—Bien, me reí un poco. Fue apropiado.

El semáforo frente a nosotros cambia a amarillo y decido no acelerar porque me siento agradecido de poder detenerme para componerme.

—Mi reacción al escuchar que tú sola te diste un ojo morado es completamente apropiada —insisto, secándome los ojos porque puede que haya llorado a causa de la risa.

—De todas formas estaba mintiendo —murmura—. Solo intentaba hacerte sentir mejor por tu ojo morado.

—No necesitas hacerme sentir mejor por esto. No es como que me lo haya hecho yo mismo.

Sus labios se mueven cuando me golpea el hombro con un poco de fuerza de más.

—Como sea. Maneja. El semáforo está en verde.

—Oye —la regaño, volteando hacia enfrente—. No jodas al chófer. Tu vida está en mis manos.

—No me asustas —insiste, empujándome juguetonamente de nuevo.

—¿No? Pues tú sí me asustas a mí. Le diste un puñetazo en la garganta a alguien, Bella. Eres una matona. Eres letal.

—Se sintió natural —musita—. Y oye, tú también actuaste muy matón.

—Oh, ¿sí? ¿Cuándo?

—Cuando… le gritaste a ese tipo que me dejara en paz.

—Cierto. Eso fue extremo —resoplo.

—No te subestimes —dice, suena sincera. La miro—. Tus habilidades verbales son incomparables.

—Entonces… ¿te gusta lo que puedo hacer con mi boca? —pregunto, porque no puedo dejar pasar esta oportunidad de ver su reacción.

Exhala una carcajada y sus ojos se posan en mis labios.

—Tu boca no estuvo tan mal.

¿No estuvo tan mal? Vamos —la presiono, sonriendo.

—Ojos en la carretera —me indica.

Veo su sonrisa antes de apartar la mirada.

Y así es como, un minuto después, me estoy preguntando cuándo podré mostrarle lo realmente bueno que soy con mi boca.


*CD: Conductor designado.


Y ya sólo nos falta un capítulo más para el desenlace de esta historia. Mil gracias por sus comentarios, alertas y favoritos ;)