Disclaimer: No tengo ni un activo en Disney, así que ninguno de sus personajes me pertenece.
NA1: Haré lo posible para que cada vez que actualice no deban releer lo anterior para acordarse ja,ja. Lo que está entre diagonales y en negritas está tachado.
Viñeta 7
Estimado Hans,
Una costumbre bien arraigada en mí es pensar antes de actuar, aunque en contadas ocasiones no lo haga, por lo que tu frescura y falta de artificios no pueden ser imitados en mi carta.
Encuentro poco efectivo qué decir a la confidencia en tu carta anterior; puedo comprender tu aflicción, mas palabras mías no alcanzan para ofrecerte el apoyo que te mereces. No sería justo de mi parte opinar sin haber vivido lo que tú has enfrentado, pues le resta o suma valor a algo que no sientas. El que te haya brindado valentía, empero, puede ser lo más valioso que haga por ti ante tus circunstancias.
Por otro lado, contradiciéndome en ese respecto, me es imposible darte a entender indiferencia de mi parte; en virtud de esto (entendiendo tu situación de no compartir el mismo espacio y admitiendo que todavía no me siento segura de mirarnos a la cara), quiero ofrecerte la única forma de compañía a mi alcance.
Cuando te acompañe la peor de las soledades, confía en que mi mano se posa sobre la tuya. A veces tengo la sensación que el viento lleva algo tuyo hasta donde me encuentro y ahora tengo la certeza de que he interpretado bien esa señal; tal vez ha estado ahí toda mi vida sin haberlo yo comprendido.
El mundo debe ser más mágico de lo que sabemos, Hans, así que confía. Sé que a ti también este aire bello que nos da vida te hará sentir el susurro de mi piel en contacto con la tuya, como si yo estuviera junto a ti, recordándote que no estás solo. En esencia, nuestras almas se tocan y están ahí cuando lo necesita la otra.
Confía.
Aún si no dejo atrás el pasado y si tú no resuelves el enigma que rodea tu poder, haciendo que nuestros ojos no puedan verse, confía.
Nunca estarás completamente solo.
Las palabras de su alma gemela provocaron que los ojos de Hans se humedecieran y debió parar de leer, conmovido del esfuerzo de ella por consolarlo. Había tocado directamente su corazón, comprendiendo su malestar y la necesidad que tenía de alguien.
Por segunda ocasión ella había aparecido cuando estaba por rendirse y dejarse a la marginación definitiva y a su futura inexistencia.
Y le daba aliento, confirmando un presentimiento que creía locura y desesperación.
—Gracias —susurró cerrando los ojos.
A partir de ese momento procuraría mantenerse calmo, ya que no quería que recurrentemente llegara a ella su desesperanza.
Una serie de ideas acudieron a su mente como relámpagos. No solo él le comunicaba su sentir y obtenía su respuesta, sino que viceversa, aunque en ese instante no recordara alguna señal en particular de su congoja.
Más allá de eso, ¿sería un intercambio nuevo, luego del baile, o una comunicación que existía desde tiempo atrás y apenas le hallaban sentido? Antes de encontrar a su alma gemela todo parecía brumoso, ¿quizá hubo momentos en los que ella le transmitió aflicción y él lo malinterpretó como propios?
Tenía que ahondar en su pasado para tratar de encontrar algo que sirviera a esa hipótesis.
Lo haría después. Contaba con el tiempo, dado su poco avance con sus preocupaciones actuales, y quedaban líneas de la carta en sus manos.
Espiró, alzó los párpados y continuó leyendo.
Ahora bien, sospecho que quieres paz de tu poder. Lo último que me queda por decir del tema es que agradezco la confianza que más de una vez has depositado en mí y solo puedo corresponderla permitiéndote saber que respondo por Louise.
Hans jadeó haciendo otra pausa en la lectura.
¡Tenía un nombre!
—Louise —pronunció con su voz barítona, probando cada letra con su lengua para familiarizarse con la palabra completa.
Era un nombre importante, combativo, toda vez que contenía una dulzura que podía asociar a la dama que había conocido en el baile de meses atrás. No obstante, era demasiado común en todo el continente; se había cruzado con muchas mujeres que lo ostentaban —en Corona, las Islas del Sur, Francea, Arendelle, Suione y Albilond—, complicando su labor de recordar a cuál le había hecho daño, máxime porque el espejo la considerara insignificante.
Incluso su difunta madre tenía Louise como segundo nombre.
De cualquier forma, era una noticia estupenda que ella le otorgara ese privilegio en su carta, porque le estaba dando una oportunidad que no creía posible antes. Un nombre volvía su contacto más personal y avivaba la esperanza de que en el futuro pudieran verse cara a cara.
Con una sonrisa, prosiguió su lectura, donde Louise le explicaba que era un nombre usado por generaciones en su familia paterna; para las mujeres, puesto que con los hombres utilizaban otro, el cual no le daría con la finalidad de guardar su identidad. Esto lo comunicó con frases divertidas y el pelirrojo descubrió con frustración y alegría que ella se daba el gusto de entretenerse a su costa.
Y la hacía más cercana.
A aquello le siguió la plática de una de sus ocupaciones actuales, leer una novela junto a O., quien supuso era un niño y su pupilo. Louise esperaba que él tuviera placer de revisarla antes y pudiera compartirle sus impresiones, de las que ella tenía unas iniciales, bastante perspicaces, que le causaron interés por la obra.
La carta no era extensa, pero sí llena de significado; además de unirlos y no desestimar la magia que les vinculaba, ella le abría un espacio de su vida, invitándole a formar parte del modo en que les era posible. Asimismo, no juzgaba al espejo y lo que le había orillado a hacer.
Sintiéndose contento, Hans decidió no escribir su respuesta inmediatamente, sino que se colocó un gabán de paño fino negro —que le serviría para la ligera precipitación típica de la temporada— y abandonó la solitud de su apartamento para hacer una visita rápida a la librería, esperando encontrar disponible una copia del libro mencionado por Louise.
Aprovechó su caminata para pensar en las féminas que poseían aquel nombre y se detuvo en medio de la acera al recordar claramente una joven que lo hacía.
Anna.
¡Anna de Arendelle!
En su juego de preguntas de la noche del baile, la princesa le había dicho que Louise era su segundo nombre, aunque no recordaba más al respecto. A ella la había lastimado terriblemente y podía entender su renuencia a creer en él.
Sin embargo, recordaba oír que se había casado.
¿Y si enviudó? ¿Podía "O" ser su hijo? ¿No estaba ella emparentada con la Familia Real de Corona? ¿No era Arendelle frío? ¿No su hermana tenía poderes de hielo?
¿Su forma de ser cambiaría con los años, presuntamente por la madurez, el matrimonio, la maternidad o la viudez?
Para ser justo, no la conoció en realidad.
¿Sería ella?
¿Podrían estar destinados?
¿Entonces el espejo realmente no era inmune a su alma gemela?
Antes de hacerse más preguntas tenía que investigar su estado actual.
…&…
Al ver el paquete que Rapunzel le había hecho llegar, además de cuestionarse qué le habría enviado Hans, Elsa pensó de nuevo en un detalle en el contenido de su carta anterior, asunto que había dejado atrás con el paso de las semanas y la cercanía de las fiestas navideñas.
Se preguntó si había sido buena idea darle su nombre, o, bueno, el segundo de ellos, ya que le daba una pista para averiguar quién era, por popular que fuese el "Louise".
¿Es que acaso prefería que el príncipe lo supiera? ¿O se divertía con la incertidumbre que provocaba en él?
¿La respuesta dada por Hans era a causa de su revelación?
No prologando su expectativa, caminó hacia la puerta por la que recientemente había salido Kai y colocó el seguro para no ser interrumpida. Si bien solo Anna y Olaf accedían sin tocar previamente, haber cerrado le otorgaba una clase de poder que no sabía cómo explicarse.
Sintiendo los latidos acelerados de su corazón, Elsa procedió a desenvolver la caja envuelta en una tela roja e hilo, la cual su prima debió colocar para ocultar lo que había debajo, como hacía con las cartas de Hans, que sellaba con un papel exterior. Rapunzel se tomaba muchas molestias; pero debía emocionarle llevarlas a cabo y no lo señalaría.
Al retirar la tela, vio el papel amarillo que envolvía la caja, con las direcciones de Corona y las Islas del Sur bajo la escritura elegante de Hans, ligeramente inclinada, con curvas bien hechas. Como en la carta anterior, la ubicación era distinta al Westergaard Slot, la residencia oficial de la Familia Real de las Islas del Sur, a donde había enviado su primera misiva. Si no se equivocaba, él vivía por su cuenta; desconocía las condiciones de la zona, pues nunca había estado en ese reino y menos sabía de los lugares populares.
Tampoco creía que viviera mal, pero se imaginaba que estaba solo, y eso era triste.
Al romper el papel, se encontró con la carta de Hans doblada a la mitad y se debatió entre leerla o levantar la tapa de la caja para descubrir lo que había dentro. Su corazón brincaba de la impaciencia y la curiosidad.
Como recibiría una explicación a lo que contenía el paquete, Elsa desdobló la misiva de varias hojas, sonriendo al leer su nombre al comienzo de ella.
Él se tomó unas cuantas líneas en expresar su agradecimiento y su confianza, continuando con su punto de vista sobre El tesoro en la isla. Resultaba muy interesante al tratarse de las ambiciones, y lo era tanto que se concentró en el punto de vista de él y se puso en pie para leer, replicando en su cabeza como si estuviese conversando en tiempo real.
(Con las correcciones de él y la sensación mutua de compañía, la impresión era "más sólida".)
Era una obra dirigida al público infantil y, sin embargo, ahí estaban dos adultos reflexionando sobre ella con seriedad.
—Solo es lo que pienso, debe haber más. Estoy seguro que tienes una mejor opinión —releyó incrédula en voz alta una vez que alcanzó la quinta hoja de su ensayo. Con una frase pretendía restarle importancia a su buen análisis, a sí mismo.
Elsa se sintió impotente y molesta con él, aunque al resoplar y coger aire cayó en la cuenta de que su inseguridad podía ser resultado de su espejo.
—Sí, Hans, mi opinión es mejor, pero tienes buenos argumentos —farfulló apoyando la cadera contra su escritorio, moviendo la mano donde tenía las hojas ya leídas.
En el rabillo de su ojo notó la caja en la mesita frente al diván y dio un respingo, recordando que había obviado aquel artículo.
Negando para sí, regresó sus ojos a las letras, agradeciendo que seguida de la frase que la había disgustado se hallara la razón de un acompañante para la extensa carta.
Si no has abierto la caja antes de leer mis palabras, quiero explicarte el porqué de ella.
A partir de mis cálculos, esta carta debe llegar a ti en vísperas de Navidad, así que te doy un obsequio que no hiera tu susceptibilidad ni rebase los límites del decoro. Tengo tanto a mi alcance en términos monetarios que podría proveerte de lo que necesites y me veo en la necesidad de medirme con tal de no ofenderte.
/Sí, es cuestión de dinero y no propasarme con un regalo ostentoso para una dama, que se preste a interpretaciones, aunque nadie sepa que tú y yo no nos encontramos en persona para actos indebidos./
Es impropio hablar al respecto y te pido disculpas por hacerlo; empero, debo remarcar mi desconocimiento sobre tu identidad, que me lleva al de tus circunstancias, las cuales pueden distar mucho de las mías y, por lo tanto, invitarme a una reflexión.
En lo tocante a ti, /por falta de/ la época navideña puede ser una temporada sin gozo debido al trabajo o un hogar de condiciones menos privilegiadas para celebrar alegre; tus empleadores tal vez te roban la felicidad que popularmente abunda en esos días o la falta de recursos limita una experiencia como la que te gustaría.
Por otra parte, cabe la posibilidad que me equivoque y te encuentres en un nivel mucho mejor que mis deducciones; así pues, te he hecho llegar esa figura de madera que equilibra cualquiera de las dos posturas. Si es /pe/ humilde tu disfrute de la Navidad o es lo contrario, el pequeño árbol servirá para acompañarte en las fiestas, ya sea para proveerte del abeto que no puedas adornar o para decorar un espacio de tu agrado con un bonito detalle.
Nuevamente, lamento adentrarme a un tema de mal gusto. Espero que te guste el regalo que escogí y que tus Navidades sean disfrutadas por ti.
Atentamente,
H.W.
PD. En la espera de no hacerte revivir tristes momentos, me gustaría pedirte una respuesta a la pregunta, ¿eres viuda? Una curiosa situación me señaló que nunca se me ocurrió ni te lo cuestioné en el baile.
Al leer el final, Elsa pasó de la diversión al desconcierto, lamentando que él no profundizara en la curiosa situación que le invitó a creer que estuvo casada; quería los pormenores del asunto, que seguramente serían entretenidos.
En cuanto al motivo de su regalo, ella le aclararía que no debía preocuparse porque pasara carencias, pues era evidente que él no estaba tranquilo imaginándola en una mala situación. Hasta le conmovía su posición al respecto, era noble de su parte.
Así también, Hans tenía suerte que ella no fuese de un estrato social menor, o se habría ofendido de sobremanera por la actitud casi condescendiente de él, que se mostraba en sus palabras, hasta sin querer, solo por ser de la realeza. Como no vivía lo que él temía y estaba en igualdad de condiciones monetarias, era capaz de comprender las intenciones de él.
Era diferente a lo que creía.
Elsa agitó su cabeza para no pensar en ello, ocasionando que su trenza saltara de su hombro a su espalda, y en su lugar se dirigió al diván, colocando la carta en la mesita.
Con cuidado levantó la tapa de la caja, preparándose para la figura de madera en el interior. Al verla, abrió la boca de la impresión.
El árbol era una pieza de color claro de unos quince centímetros, con la forma de un pino navideño. Tenía velas encendidas y flores que únicamente podrían ser hechos por un verdadero artista, puesto que cuidó los detalles en un material algo complicado.
Rió entre dientes. Se trataba de una figura excepcional, que hasta el ojo menos experto sabría de costo alto.
Lo pidió específicamente para ella.
Había acertado, porque le encantaban las decoraciones y artículos de esa clase, los cuales la inspiraban a su propia creatividad.
Cogió el árbol con ambas manos y lo trasladó a su escritorio, donde le buscó un sitio en la esquina derecha; mirándolo, hizo un pequeño movimiento con su mano derecha y le colocó brillos, proveyéndolo de vida.
Satisfecha, dio un paso atrás.
—Gracias… Hans —dijo sin recelo por el responsable, haciendo otro aporte a la lista que lo igualaba con su Caballero Negro.
Dirigió su vista hacia la ventana, perdiéndose en la nieve blanca que caía.
—Feliz Navidad —murmuró suavemente.
NA2: Hasta parece coincidencia que se mencione Navidad arriba. ¿Mi inconsciente ya sabía que actualizaría hasta ahora? Escribí esta viñeta a mitad de año, ¿pueden creerlo?
Quise mostrar en la carta de Elsa su inseguridad, con la contradicción, pero ya no tan marcada como habría sido antes. También traté de introducir un vínculo más importante entre los dos. Esa parte es la que más me detuvo con la carta. ¿Qué tal?
El nombre del libro es una parodia a La isla del tesoro. Escogí Louise porque era común entonces y muchos en la nobleza tenían este nombre, así como la princesa de Noruega hoy día; si combina o no con Elsa, pues es lo de menos, en la aristocracia juntas nombres que se escuchan mal ja,ja. Slot es palacio en danés. Suione es Suecia, potencia para ese entonces, ¿en qué año están, lo sabrán en la próxima viñeta?
Hasta aquí le dejo, lo revisé hace unos momentos, tras terminar el siguiente, y en mi estado somnoliento lo vi bien, sean libres de señalarme algún detalle (y si me meto a hacer muchos cambios se pasa otra semana sin publicar). No sé si actualizaré antes de Navidad, así que les deseo felices fiestas, protegidos en casa. Gasten sus uvitas en pedir que se acabe la pandemia y que milagrosamente no haya catástrofe económica en 2021.
Besos, Karo.
Guest: Anna is a grown-up here ha,ha, I don't want her causing more problems, even if her pregnancy hormones are there to cause a bad reaction. Thanks for reading.
