Adora despertó con el sol en la cara, el reflejo de éste le llegaba por una ventana que estaba frente a ella. Se incorporó lentamente, mirando a su alrededor, aquella habitación era demasiado lujosa para ser de ella. A su lado dormía plácidamente Catra, quien ya no tenía alas en su espalda, sólo su cola. La caza demonio supuso que fue ella la que la había llevado hasta allí, aunque no tenía idea donde estaba.

Pero le molestaba el sol en la cara, por lo que se levantó a cerrar la compuerta de la ventana. Aquel movimiento despertó a Catra, quien encendió una lámpara de aceite que estaba en una mesita al lado de ella. La caza demonio notó que la súcubo había despertado.

—¿Dónde estamos, Catra?

Catra sonrió al escuchar que la nombraba, volvía a ser la misma Adora de siempre.

—Este es uno de mis escondites favoritos, aunque seguimos cerca de Frightzone.

Adora se acercó a la cama, recostándose de costado, mirando a Catra, quien se puso nerviosa con la cercanía de la caza demonio.

—Gracias por ayudarme ayer, no tenías por qué hacerlo —le dijo sonriendo, dejando embobada a la súcubo.

—Adora, si quieres volver a tu vida normal y acabar conmigo, lo aceptaré, no voy a huir de mi destino. Puedes hacer conmigo lo que quieras —le dijo con seriedad la súcubo.

Adora quedó sorprendida por su afirmación. Había olvidado su amenaza, le había prometido matarla al cabo de 7 días y 7 noches. Y ese tiempo ya se había cumplido. Esta vez, para sorpresa de Catra, Adora se echó a reír a carcajadas.

—No lo haré, Catra. Te debo la vida.

—No es cierto, tú me salvaste de Hordak primero.

—Y después me besaste, lo que me ayudó a detener la infección. Sin eso no lo hubiera logrado —sonrió triunfal Adora.

Catra no replicó. Recordó cómo murió Light Hope, la reacción de Adora a su muerte fue quedarse en una especie de trance.

—¿Me temes por lo que pasó?

—No lo sé.

—Aunque no lo parezca, estaba en completo control de mí misma en ese momento. Es sólo que… no podía creer que Hordak de nuevo me había arrebatado a mi familia. Al final… la fuerza que me brindó Light Hope, fue lo que me ayudó a terminar con Hordak.

—Entonces eso fue lo que hizo, te entregó su fuerza antes de morir.

—Algo así. Me siento… liviana… como si ya no hubiera carga sobre mis hombros. Espero que Mara y Light Hope estén en paz —Adora se recostó boca arriba, estirándose.

Catra le sonrió con amabilidad, se sentía realmente feliz por ella. Adora se sentía relajada por fin, como si por fin hubiera cerrado un ciclo de muerte y sangre.

—Me pregunto qué pasará con el botín mágico de Hordak —preguntó en voz alta la súcubo.

—Apostaría mi vida a que la reina Glimmer está ahí con sus súbditos llevándoselo todo.

Catra hizo una mueca de disgusto, no podía creer que se había acostado con ella. Aunque, pensándolo bien, no fue muy difícil seducir a la reina, con lo aburrida que estaba. Pero ahora, después de la intensa semana que había pasado con Adora, le molestaba pensar en lo oportunista que podía llegar a ser.

—Tendremos que darle una lección.

Adora volteó para observarla, sonrió al escucharla rabiar por la realeza igual que ella hace unos días atrás. A la luz de la lámpara, Catra se veía hermosa. Su perfil altivo la hacía incluso más atractiva a los ojos de la caza demonio. Se incorporó levemente, la agarró por el cuello y la atrajo hacia sí para besarla.

La súcubo no se esperaba aquello, pero se dejó llevar por la mano de Adora, terminó recostada muy cerca de ella. Siguieron besándose por largo rato, el tiempo parecía flotar distante de aquella habitación, como si aquellos suspiros, aquellas lenguas húmedas que se entrelazaban, se fundieran en un instante eterno.

Se fueron quitando las prendas poco a poco, disfrutando del momento, de la vista de la piel de la otra, aquella que olía y se sentía bien para la otra, como si sus instintos más profundos gritaran que debían amarse, debían fundirse y ser una sola. Adora acariciaba la espalda suave de Catra con su mano, mientras la otra jugueteaba con los pechos de la súcubo, que gemía suavemente en su boca, porque no habían dejado de besarse.

Catra, en cambio, con una mano traviesa jugueteaba en la entrepierna húmeda de Adora, estimulando suavemente ese nodo de placer ya expuesto. La caza demonio ahogaba sus gemidos besando a la súcubo, sentía como si se derritiera al tocar la piel de Catra, al sentirla contra la suya propia. La súcubo notó esto, así que se posicionó sobre Adora, acomodando las piernas de la caza demonio mientras ella se quedaba con las piernas abiertas de tal forma que sus sexos se rozaban.

Se movió suavemente en principio, pegándose al cuerpo de Adora, sus pezones se rozaban y producían un cosquilleo de placer en ambas. Todo parecía arder en ese momento para las dos, la piel, sus sexos, sus vientres e incluso sus corazones. Catra comenzó a moverse más rápido, Adora se aferró más a ella, rasguñando su espalda, gimiendo cada vez más fuerte, al igual que la súcubo.

Catra sentía que perdía la cabeza, en determinado momento, se acercó al cuello de Adora y lo mordió con fuerza, otra vez, arrancándole sangre, pero la caza demonio no se quejó, sólo jadeó el nombre de la súcubo, mientras le murmuraba que no dejara de moverse. Adora también se las arregló para morder el cuello de Catra, mientras rasguñaba con fuerza su espalda, que sangró levemente, pero a la súcubo le arrancó un gemido más alto.

Catra se movía cada vez más rápido, a medida que el ritmo de sus respiraciones se entremezclaban, los gemidos se hacían más incontrolables, la piel más húmeda, al igual que sus sexos, hasta que arder juntas las llevó al clímax, tan intenso que ambas se quedaron tendidas en la cama, al lado de la otra, tratando de calmar sus cuerpos.

Cuando ambas se recuperaron, Adora saltó hacia Catra, besándola, pero no sólo su boca, también sus mejillas, sus párpados, su mentón, incluso su nariz. Algo le producía Catra, que la instaba a mimarle, ya sea besándola o acariciándola. La demonio se sentía como en un sueño plácido, el calor que le transmitía Adora era muy agradable, se sentía adicta a ella, su olor la embriagaba, su manera de besarla y acariciar su piel le encantaba.

Mientras se besaba con Adora, llegó a la conclusión que no necesitaba más, no importaba ser desterrada al mundo mortal, era capaz de renunciar a su inmortalidad sólo por caminar junto a ella. Ya no tenía dudas, le pertenecía completamente a Adora Grayskull, ella se había robado su alma desde la primera vez que se encontraron.

Sin embargo, la caza demonio había entrado en un trance, lo único que podía pensar era en el hermoso cuerpo de Catra, su olor, su piel suave, sus puntos sensibles que llamaban a su lengua. Lamió su cuello, mordisqueándolo también, sus manos recorrían desde los pechos de Catra, hasta sus muslos. Sin pensarlo, con ambas manos separó las piernas de la demonio, mientras bajaba dejando besos húmedos en su piel.

Se internó en la humedad de Catra, su lengua recorrió su interior, estaba húmedo, parecía derretirse en su boca, y sabía muy bien. Luego se enfocó en ese nodo de placer, a la vez que internó un par de dedos en su húmedo interior, haciendo que Catra comenzar a gemir incontrolablemente, intentaba en vano callarse mordiendo su propia mano.

Adora estaba muy concentrada en su labor, por lo que no se dio cuenta cuando ella misma comenzó a darse placer con su mano libre. Catra lo notó al verla de reojo, por lo que la tironeó levemente de la cabeza agarrándole el pelo. La caza demonio se detuvo, mirándola con un rostro de pregunta, su mirada se veía perdida en el deseo, lo que encendió más a Catra.

—También quiero saborearte, Adora.

La caza demonio le sonrió, toda su boca y mentón brillaba por los jugos de Catra, quien sintió que se mojaba un poco más ante tal vista. Adora entonces se movió para posicionarse de forma invertida, abriendo sus piernas para Catra a la vez que volvía a internarse en el interior de ella.

Adora estaba tan o más mojada que ella, por lo que Catra no podía desaprovechar tan preciado elixir. Lamió con devoción, logrando interrumpir a Adora en ciertas ocasiones debido al placer intenso que le brindaba. A pesar de esto, fue la súcubo quien alcanzó primero el clímax, ahogando sus gemidos en el húmedo interior de Adora.

Poco después llegó el turno de Adora, quien también sentía que se derretía en la boca de Catra. Continuaron el resto del día así, entre jugueteos casuales, donde abundaban los besos y caricias, hasta que el deseo las volvía a consumir y se fundían en una sola piel ardiente. Sólo hasta entrada la noche se cansaron, ya que no habían comido nada desde el día anterior.

Así que salieron del escondite de Catra, para buscar una taberna y celebrar su victoria comiendo y bebiendo algo que no fuera ellas mismas. Ambas se sentían dichosas y felices, como si nada en el mundo las pudiera detener en ese instante.

Una vez sentadas en la mesa, pudieron conversar alegremente sobre lo que harían a partir de entonces.

—Entonces, ¿quieres darle una lección a Glimmer? —preguntó Adora en tono cómplice.

—Sí, esa maldita no se merece tener su báculo de vuelta, ni todo ese botín.

—Es cierto, pero ahora deberíamos quitarle algo más valioso.

Catra sonrió, escuchar a Adora hablar sobre robar algo de valor le excitaba.

—Oh, ¿y qué sería eso?

—Vamos a robarle el granate oscuro y restaurar la casa Escorpión.

Catra se rio, divertida ante la idea, seguramente sería todo un desafío.

—Suena como una aventura para mí.

—O mejor dicho, para nosotras, ahora trabajas conmigo, Catra —sonrió seductora Adora.

—¿No es de mala reputación para una caza demonio andar con una súcubo? —preguntó con sarcasmo Catra.

—No te preocupes, sólo diré que eres mi mascota —contestó con suficiencia la rubia.

Catra sonrió ante su respuesta, de alguna manera, estaba orgullosa de Adora, y la seguiría hasta el fin del mundo si era necesario. Juntaron sus jarras de cerveza para sellar el trato, conseguirían el granate oscuro y restaurarían la casa Escorpión, era una promesa.

Nota autora: Esta historia continuará en "Una aventura con la súcubo".