Disclaimer: MARVEL & Disney ni sus personajes me pertenecen. Esta historia es mi versión de End Game si lo es.
Notas de la autora: Letra cursiva es flashback. Hechos ocurridos después de Civil War. Capítulo completamente en pasado.
En modo de contexto, esto pasa entre a finales de Three Years Later I y el principio de Three Years Later II.
Alpes Suizos, hace tres años.
—Chicos, no he venido a arruinarles las vacaciones, pero... tenemos trabajo. —Sam cambió su semblante a uno más serio.
—Dinos ¿Qué hay que hacer? —Natasha se unió a ellos sentándose en la mesa también.
—Bueno —siguió Falcon—, recientemente, algunas bases de HYDRA que se volvieron a activar, y están planeando algo y obviamente no es bueno. —suspiró—, Scott estaba vigilando algunas en Alemania.
—No creo que sea con respecto al proyecto "Soldado del Invierno", dijiste que todos habían fallecido o no Steve. —ella lo miró y el rubio asintió dándole la razón.
—Sea cual sea el motivo, debemos investigar. Lo más probable es que gente inocente esté en peligro. Pero debemos ser cautelosos, ya saben... somos prófugos aún. —recordó Sam a sus compañeros.
—Hace bastante tiempo que no tenemos acción. —dijo Steve un poco más relajado que hace un momento—, ya me estaba empezando a aburrir.
—Anoche no dijiste eso. —habló Natasha algo pensativa y Sam se quedó sin palabras. Miró a Steve y éste tampoco decía nada.
—Creo que alguien está en problemas. —Fue lo único que atinó a decir Falcon en ayuda para Rogers. Los tres rieron ante la broma que había dicho Natasha. Obviamente, si había algo de verdad en eso, pero era un secreto que ambos se llevarían a la tumba.
—Y bien ¿Cuándo partimos? —dijo el ex capitán américa.
—Lo más pronto posible... —suspiró. Su semblante además se veía agotado.
—Claro, pero primero come algo con nosotros —dijo Natasha—, no podemos cumplir una misión sin el estómago vacío.
—Es verdad. Ni siquiera alcancé a comer algo antes de venir acá —dijo Sam—, bueno, desayunamos entonces.
Steve y Natasha rápidamente prepararon un par de huevos más con tocino para su compañero. La rubia sacó más café en grano, donde se lo sirvió en una taza más o menos grande.
Ahora los tres estaban sentados en la pequeña mesita tomando desayuno. Sam sacó una tostada recién horneada y le echó un poco de huevo.
—¿Y cómo han estado? —preguntó el moreno—, bueno, acá nadie los va a descubrir. El lugar está prácticamente alejado de todo, pero imagino que fue idea tuya —miró a Natasha y Steve se sintió ofendido—, ¿ah no?
—No Sam, esta vez fue idea de Steve aunque no lo creas.
—A veces si se me ocurren ideas buenas de escondite —refunfuñó Rogers.
—Lo siento amigo, sabes que Natasha es la experta en esconderse. No por algo es la mejor espía del mundo.
—No sé si sentirme halagada con eso, pero gracias por el cumplido Sam. —agradeció la rubia
—Y ¿Cómo lo haremos para investigar? recuerda que somos prófugos de la justicia...ya sabes —preguntó Steve a sus amigos.
—Pues imagino que sólo tener cautela. Utilizar trajes que no llamen tanto la atención —ella miró a Sam.
—¿Qué?¿Yo? pero sin mi traje no puedo combatir —se quejó el moreno.
—Algo inventaremos —dijo Steve—, pero no debemos preocuparnos tanto. El Quinjet tiene modo furtivo.
—¿Tienen el Quinjet? fabuloso. Podremos desplazarnos de manera segura. —agradeció Sam.
—Entonces, recapitulando... hay un par de bases de HYDRA que se han activado por alguna extraña razón. No sabemos a qué nos enfrentamos —empezó a hablar Natasha—, hasta me da un poco de pánico saber de qué se trata.
—Además no tenemos mucho apoyo del gobierno... —suspiró Steve—, ¿con quien nos apoyaremos...? ya saben lo que pasó por culpa de esos acuerdos.
—Dímelo a mí —respondió Natasha—, firmé a favor y ahora si que buscan mi cabeza en todo el planeta.
—Por cierto Nat, ¿por qué firmaste? —el moreno preguntó intrigado—, ahora que te veo con Steve escondiéndote, no le encuentro lógica ¿No apoyabas a Tony?
Natasha guardó silencio unos minutos y Sam comprendió de inmediato que había sido tal vez algo invasivo con respecto a esa pregunta.
—Lo siento, si no me quieres contar, no lo hagas. Sé que fue tu decisión —regresó su mirada a su café humeante.
—No, está bien... —dijo finalmente Natasha—, sólo quería espiar a Tony. Ver sus movimientos, si estaba en lo correcto o no.
—¿Y lo estaba? —ahora Steve preguntó.
— No responderé a tu pregunta... —dijo seria—, sé que ambos tenían sus propósitos de firmar o no firmar. De igual forma, no me parecía tan descabellado ver hasta dónde podían llegar nuestras atribuciones. Alguien tenía que sacrificarse, firmar e investigar.
—O sea que nunca estuviste de acuerdo ¡eso me gusta! —alabó Sam—, pero bueno, ya estamos en esta situación. Ahora lo que más importa es no separarnos.
—Esa es la idea. —finalizó Steve, mirando a su compañera.
—Bueno, me daré una ducha —ella se levantó del comedor—, después siguen ustedes muchachos. —la ex espía rusa se retiró de ahí, cerrando la puerta de la habitación para tener más privacidad.
—Gracias por el desayuno Steve, estaba hambriento.
—No es nada... —el rubio respondió algo desanimado.
—¿Estás así por lo que dijo Nat? —preguntó y él asintió.
—Natasha es una mujer tan misteriosa, Sam —confesó—, hay veces en donde simplemente no puedo leerla. Me hace querer confiar en ella, y luego sale con cosas como estas... no lo sé.
—Steve —apoyó su mano en el hombro de su amigo—, si ella está acá, es porque está de nuestro lado ¿qué más lealtad que esa? Ella perfectamente hubiese arrancado desde la batalla que tuvimos en el aeropuerto...
—Lo sé... —suspiró—, pero bueno. Supongo que tienes razón.
—No la conozco totalmente, pero ella es sincera contigo. Me lo dice mi intuición —palmeó su hombro.
—Bueno, vayamos a preparar el Quinjet y llevemos algunos víveres —ahora Steve se había levantado de su puesto.
—Te ayudo.
Natasha quedó pensativa con aquella pregunta que Sam le había dicho. La mayor parte de su vida la había vivido escondiéndose y cambiándose de identidad. Estaba cansada de aquello. Por eso firmó los acuerdos. Quizás en algún futuro, ella podría caminar con total libertad en las calles, sin miedo a lo que la gente dijese de ella; pero también sabía que este plan podría salir mal. Pero no tenía miedo. Siempre lograba salir a flote a pesar de las consecuencias.
Entendía a Tony y su razones de querer que todos los que tuviesen poderes o armas letales que podrían amenazar a la humanidad debían firmar. Así todos estarían regidos por el gobierno y se tendría algo de regulación; pero por otra parte, le daba mucha razón a Steve, quien siempre ha velado por los derechos y la libertad de todos. Era literalmente estar entre la espada y la pared. Además, ella le tenía estima a ambos hombres. Simplemente, hizo lo que mejor pudo hacer.
Salió de la ducha para vestirse y ponerse su traje negro de combate. Se miró en el espejo y al mirar su cabello, recordó que siempre debía cambiar de apariencias para poder sobrevivir. A veces esa vida le cansaba, pero era la única que conocía. Y un pequeño escalofrío recorrió su espalda ¿acaso Steve estaba seguro de querer estar con ella a pesar de todo? Era una pregunta que se respondería más adelante...
Al salir de la habitación, el comedor estaba vacío y supuso que sus compañeros estaban afuera arreglando las últimas cosas para marchar.
Natasha ya había preparado su bolso de viaje con algunas mudas de ropa y sus armas letales de viuda negra, las cuales sólo ella conoce cómo funcionan.
—Hey, Nat —la voz de Sam la sacó de sus pensamientos—, Steve me dijo que llevásemos algunas cosas para comer ¿me ayudas?
—Llevemos todo lo que esté en la despensa, Sam. No queremos que toda esta comida se eche a perder —la rubia abrió una de las puertas de madera, donde tenían todos los alimentos que habían comprado la última vez en el pueblo.
—Nat, quería disculparme por preguntarte aquello —el moreno estaba algo arrepentido.
—Oye tranquilo. No me he enfadado por eso —respondió—, y está bien que quisieses saber. Después de todo, nadie confía en mí...
—Steve lo hace. —ella lo miró—, y creo que siempre lo ha hecho.
—Supongo que no le quedó otra opción —se rio—, estando solo, no tenía a nadie más en quien confiar.
—Pues yo creo que Steve si cree en ti. Deberías dejarlo entrar más en tu corazón, Nat —dijo esto, mientras sacaba unas latas de atún del mueble.
—Créeme que si lo he dejado entrar un poco más allá... —sonrió de manera coqueta y Sam comprendió a lo que se refería. El moreno iba a responder algo, pero fue interrumpido.
—Chicos —Steve entró de pronto a la cabaña—, la nave está lista. Solo falta cargar los víveres y dejar cerrada la casa.
—Perfecto. Pero ustedes dos deberían tomarse una ducha, huelen espantosos y no pienso subirme a la nave con ustedes.
—La señorita tiene razón. Iré por una ducha —Sam se retiró de ahí, dirigiéndose a la única habitación que tenía la cabaña de Steve y Natasha.
—En el armario hay toallas limpias, Sam —le alcanzó a decir Natasha.
—Gracias Nat. —dijo y antes de que se fuera, volteó para decir algo— Oye Steve —el aludido lo miró— ¿por qué no te bañas conmigo? así ahorramos tiempo. —Steve le lanzó una manzana para que se entre pronto.
—Oye eso era una buena idea. —dijo Natasha riéndose.
Falcon cerró la puerta y mientras Steve estaba mirando el cargamento de comida para ver si no faltaba algo.
—Está todo —ella se cruzó de brazos—, le dije a Sam que es mejor que nos llevemos todo. No me gusta que la comida se desperdicie.
—Es verdad, además no sabemos cuando volveremos a este lugar —suspiró agotado. Natasha se acercó a él y le dio un caluroso abrazo, el cual él respondió de la misma manera, hundiendo su rostro en el cuello de ella.
—Steve... —susurró ella—, sabes que puedes confiar en mi. Por favor no dudes de mi...
—Confío en ti a ojos cerrados —respondió susurrándole al oído.
—Al único que contaré mis secretos será a ti... —ella se separó y lo miró a los ojos—, eres mi confidente, mi mejor amigo y el hombre a quien más amo.
Steve tomó su rostro para besarle. Ella respondió de la misma manera, besándolo y siguiendo sus movimientos lentamente.
—No quise decirle más a Sam sobre mi decisión de haber firmado... eso sólo lo sabes tú.
—Te entiendo, pero además de eso... ¿No le diremos sobre nuestra relación? —preguntó un poco preocupado.
—¿Se lo quieres decir? —la mirada de Natasha demostraba un poco de temor. Él sabía que ella prefería que todo estuviese en el anonimato
—Sé que no quieres que él sepa. Mejor dicho, entre menos gente lo sepa mejor...
—Se dará cuenta tarde o temprano. Nuestros sentimientos hablan por sí solos —le dedicó una sonrisa cálida—, además, sabes que en este mundo del espionaje debemos permanecer ocultos. Y eso incluye nuestra relación, para que no corramos peligro, ni nosotros ni nadie que nos rodee.
— Lo sé. —asintió dándole la razón— Bueno, me llevaré esta caja a la nave.
—Esa es una. La otra está en aquella esquina. Son alimentos no perecibles. Y lo que llevas ahí son botellas de agua y algunas bebidas energizantes.
—¡Esta ducha estuvo deliciosa! —se escuchó decir a Sam, mientras se secaba con una toalla. Y estaba vestido con sus vaqueros y camiseta color gris—, ¿está todo listo entonces?
—Así es Sam. Partimos en cinco minutos —dijo Natasha.
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.
Llevaban sobrevolando al menos un par de horas. La misión era sencilla al parecer: tráfico de armas. Se había hecho costumbre desde la invasión alienígena el invertir en esta tecnología y sacarle provecho. Y qué mejor que venderlas a países pequeños para armar conflictos y así apoderarse de las riquezas.
—Entonces... —habló Natasha—, se trataría de una organización dedicada a la "tecnología" y fue fundada en el 2013.
—Si, según Scott han estado vendiendo esta tecnología extraña a países en conflictos bélicos —añadió Sam—, son unos bastardos.
—El mundo funciona así...
Natasha y Sam se quedaron perplejos al escuchar decir esas palabras al ex capitán América ¿Dónde había quedado el heroico Steve Rogers? Bueno, Romanoff había notado grandes cambios en Steve desde que comenzaron a vivir juntos. La situación lo había hecho tal vez madurar un poco.
—Eso es verdad —complementó la rubia—, el mundo es un lugar muy hostil. Todos sacarán provecho de esto...
—Chicos, donde quedaron mis héroes favoritos. No sean tan pesimistas. Que ahora estemos prófugos no significa que no podamos ayudar a la gente ¿y sus valores de vengadores? —Sam intentaba animarlos de alguna manera.
—Ya no existen los vengadores, Sam —respondió Rogers—, eso se acabó el día en que llegaron esos acuerdos.
Un sepulcral silencio los inundó. Y pues pensándolo fríamente, había mucha razón en ello. El firmar aquellos documentos significaba perder la libertad de defender a la gente, y eso era lo que Steve Rogers defendería hasta la muerte. No se iba a dejar llevar por un control sólo porque Tony no podía contenerse así mismo...y lo demás es historia.
—Entonces aprovechemos nuestra libertad de ayudar a los demás —dijo Sam—, es lo único que nos queda...
—Es nuestro deber hacerlo —Natasha le respondió de vuelta.
Steve también había notado grandes cambios en su compañera. Ya no era la misma de hace un par de años, ella había crecido y había entendido el verdadero sentido de hacer las cosas correctas. Desde el día en que ella desertó en seguir en el lado de Tony y ayudarlo a él junto a Bucky a escapar del aeropuerto, supo verdaderamente del lado que estaba.
Luego de haber interceptado a esos sujetos, el equipo los los arrestó y los llevó hacia su ex hogar: la base Avengers que quedaba en Nueva York. Ahí en ese lugar los esperaba Rhodes, quien estaba en terapia. Aún no se recuperaba del todo.
—Tanto tiempo sin vernos. —saludó Steve a su compañero. Luego, Natasha y Sam también lo saludaron con un abrazo.
—Los veo sanos, eso es lo importante. —sonrió— ¿se piensan quedar?
—Si nos invitas, no hay problema amigo. —dijo Sam muy contento.
—Mientras no tengas algún equipo S.W.A.T del gobierno donde nos vayan a capturar, será un gusto quedarme. —ahora Natasha habló, haciendo reír a los presentes.
—¿Dónde dejarás a los sujetos? —preguntó Steve a Rhodes.
—No te preocupes. Tenemos una celda de máxima seguridad. Estarán ahí hasta que lleguen los del gobierno. Ellos verán que harán con ellos. —Steve asintió— Gracias muchachos...de verdad no sé que haríamos sin ustedes...
—No es nada... —suspiró Steve.
—Es nuestro deber. —dijo Natasha.
—¿Aún cuando un planeta entero los esté buscando por prófugos? —Rhodes quedó admirado de la lealtad de sus amigos— No sé qué decirles...
—¿Entonces nos quedamos? —preguntó Sam. Steve y Natasha asintieron.
—Si quédense a descansar. Partan mañana por la mañana si gustan. Saben que éste es su hogar al fin y al cabo. —dijo sin más Rhodes— Iré a chequear las celdas y me iré a dormir. No duden en sacar cosas para comer.
—No te preocupes, trajimos víveres. No te comeremos nada. —sonrió la rubia.
—Ah pero dejen eso para ustedes. Mientras estén acá, disfruten de la comida. Así no se echa a perder. —los demás se miraron entre sí y asintieron— Bueno muchachos, me despido. Que pasen buena noche.
War Machine se retiró y dejó a los tres ahí en la sala.
—Bueno... —Sam se estiró— Yo iré a relajarme también a una de las habitaciones ¿ustedes se quedarán ahí de pie?
—Yo no tengo sueño aún. —dijo Steve— pero si están cansados vayan. Aprovechen el tiempo.
—Yo me haré un emparedado. —dijo Natasha— se me antoja uno de atún, tomate y mayonesa ¿seguro que quieres irte a la cama con el estómago vacío? —le preguntó a Sam.
—Se me hizo agua la boca con ese sándwich Nat. Claro que quiero. —ella río y miró a Steve, invitándolo a que comieran.
Se dirigieron a la cocina y Natasha abrió inmediatamente la nevera para sacar lo que necesitaba para su receta. Los dos hombres se sentaron en la pequeña mesa redonda que tenía la cocina y Sam sirvió en vasos algo de jugo de naranja.
—¿No quieres que te ayude con eso? —preguntó Steve a su novia.
—Son emparedados Steve. —dijo ella rodando los ojos. Sam soltó una pequeña risita y Steve se ofuscó.
—Sólo preguntaba...
—Está bien ser caballero, pero vamos, sólo es pan. —el moreno también estaba molestando a su amigo y logró sacarle una sonrisa.
Ya con los tres sándwiches preparados, Natasha puso un plato frente a sus amigos y ella tomó asiento también para comerlo.
—Está...muy bueno. —decía apenas Sam.
—Si, la verdad es que hace mucho tiempo no comíamos pan. —dijo Natasha dándole una mordida el suyo— Y además tenía ganas de comer atún.
Luego de unos veinte minutos de cena, los tres terminaron de comer y dejaron las cosas para lavar mañana. Ya estaban agotados.
—Bueno ahora sí me iré a dormir muchachos. —dijo Sam mientras íban caminando por los pasillos de las habitaciones— Nos vemos mañana.
—Descansa Sam. —dijo Steve y el moreno abrió una de las puertas y entró.
—Ahora nos toca a nosotros irnos a dormir. —Natasha miró a Steve para ver que le respondía.
—Sigo sin sueño... —suspiró el rubio— pero si quieres anda tú. Yo te sigo después.
—No, te acompaño ¿quieres salir a caminar fuera del complejo?
Eran pasadas las 00:00 de la noche y ambos estaban paseando afuera. Corría un viento veraniego, así que frío no hacía en lo absoluto.
Steve tomó la mano de su compañera entrelazándola, a lo cual ella respondió de la misma manera.
—Me siento como una adolescente saliendo por primera vez con su novio. —dijo Natasha y Steve rio ante esto.
—Pues podría ser una cita si así lo quieres. Lástima que estemos en estas circunstancias y no podamos disfrutar de una velada como corresponde...
—Ya te lo había dicho antes Steve... seguir juntos es más importante que las circunstancias. —Steve detuvo su paso de pronto, cosa que ella también detuvo su caminar.
—Nat... —aquel viento tibio alborotaba su cabello— ¿Estás segura de querer seguir con esto?
¿Steve dudaba? Eso si era nuevo para Natasha. Claramente no era una actitud propia del mismísimo capitán américa.
—¿Por qué me preguntas eso Steve? ¿sucede algo?
—No es nada... sólo me puse a pensar en la situación actual... no sabemos que pasará mañana y eso tal vez me esté atormentando un poco. —la viuda negra acarició su mejilla, pudiendo sentir aquella frondosa barba que se había dejado crecer.
—Es normal tener miedo del futuro. Las cosas están hostiles y como te he dicho...es importante mantenernos unidos. —susurró.
—Aún así... ¿quieres estar conmigo? —los ojos de Steve parecían las de un cachorro pidiendo amor. A Natasha se le apretó el corazón al verle así.
—Claro que sí. Ya te lo dije... —tomó sus manos y acercó su rostro al de él, tocando frente con frente— quiero estar contigo, pase lo que pase...
—Pero... es una vida que tal vez no deseaste vivir... —dijo él con los ojos cerrados. Sólo estaba pendiente de escuchar su voz.
—Estoy acostumbrada a los cambios. Pero ya nada me importa si estoy contigo. —confesó ella— Si vamos a caer, que sea juntos. Es mejor hacerlo a no haberlo intentado.
Las palabras de Natasha hacían que el alma de Steve tomara un descanso. Habían pasado tantas cosas después de la guerra civil, que necesitaba estas palabras de aliento.
—Te amo Natasha...
—Y yo a ti mi vida.
Ambos juntaron sus rostros para sellarlo en un tierno beso. Steve tomó nuevamente la mano de su novia y siguieron caminando unos momentos más.
—Deberíamos devolvernos para ir a descansar. Ya es tarde y los chicos buenos no andan hasta tarde vagando. —bromeó Romanoff.
—Si, lo sé. Sólo quería tomar algo de aire y recordar lo que una vez fuimos...
—¿Fuimos?
—Vengadores...
Luego de aquel paseo nocturno, se devolvieron a la base y se dirigieron a la habitación para descansar. Pero los deseos de ambos de estar juntos no se los quitaba nadie. Como si sus vidas dependieran de ello. Y es que tal vez ni siquiera pensaban en ser padres. Nunca lo habían conversado realmente.
Natasha rodeaba con sus piernas la cintura de su amante, quien la penetraba lentamente, ocasionando que se le salieran unos pequeños gemidos. Llegar al clímax era el cielo para los dos, y es que Steve siempre quería que Natasha se sintiera bien en la intimidad.
Al otro día...
—Buenos días amigos. —saludó Sam, quien había llegado a la cocina para tomar desayuno. Steve y Natasha ya estaban sentado tomando el suyo— Que temprano se levantan ustedes ¿eh?
—Hay que aprovechar el día. —dijo Steve. De pronto notó que Natasha no estaba comiendo nada— ¿Nat? ¿pasa algo?
Realmente no sabía que decirle, pero de que se sentía un poco mal era un hecho.
—No me siento muy bien la verdad chicos. —suspiró. Su mirada notaba agotamiento.
—¿Hay médicos acá? —preguntó Sam— Tal vez te puedan examinar. Es horrible estar enfermo.
—No hay médicos. —dijo Steve— Lo mejor será ir a Wakanda. Allá Shuri puede examinarte bien.
—Bueno, debemos partir ahora ¿Wakanda queda en África no? —Steve asintió— Pues vayamos, no conozco ese lugar.
[Continuará...]
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