Hey ¿Cómo han estado? Espero que bien. Les quiero dar un pequeño y amistoso recordatorio de que este fanfic es categoría M por buenos motivos. Sin más preámbulos continuemos con el capítulo ¡Anuncio importante al final del capítulo!


La casa de la locura

- ¿cómo que es normal?- su tono siendo peligroso el hombre cojo.

- a mi tampoco me gusta esta situación- comentó con frustración- he tratado varias veces de que me diga qué es lo que hace o por qué de repente desaparece por varios días, pero nada- suspiró- se ha mantenido firme en quedárselo para él, cada intento no da ningún resultado- finalizó desganado. Samuel se pasó su mano por la cabeza mientras extrañas sensaciones surgían en el interior de su estómago y su corazón se contraía. Su mirada recayó sobre el viejo soldado, su abatida mirada decía bastante sobre cómo se encontraba.

No podía creer que le quitó la vista al chico. La manera en que lo defendió de la mujer le dio la sensación de que el chico sabía cuidarse, de que sabía moverse por la ciudad sin problemas. Eso no quitaba que no fuera a preocuparse por el niño ¿quién no? El problema para él fue que en el momento en que dejó de estar presente en su mente de manera activa, en el momento en que se preocupó en por conocer al otro hombre y que podría entenderlo, él había desaparecido. Eso en particular le sentaba bastante mal.

Si lo que Jacob le decía era cierto no era algo extraño en la conducta del chico y ya lo veía como normal según lo que entendía de su explicación. También sugería que en sus "paseos" sabía hacerlo con cuidado para volver al refugio sin que nada le haya pasado. Eso no lo calmaba, en lo absoluto. Nada aseguraba que el chico fuera a estar bien, menos aún de noche ¿Que adulto responsable dejaba a un niño merodear por la ciudad sumida en el velo de la noche? Que haya tenido éxito en el pasado no aseguraba que alguna vez no le fuera bien y solo se necesitaba que fallara en cuidarse una sola vez, una, para que algo trágico le sucediera. Una sola vez para que nunca más lo vieran.

- pero no podemos quedarnos acá ha hacer nada- insistió- ¿quién sabe lo que le puede pasar? ¿si sufre un accidente o lo asaltan?

- ¡y acaso crees que no quiero!- respondió de manera abrupta casi gritando- cada vez que desaparece me consume un terror enfermo y no puedo hacer nada al respecto- dijo con una fuerte sensación de impotencia a la vez que se apoyaba contra un pilar de cemento.

- ¿¡cómo que no puedes hacernada!?- espetó- seguirlo sería una buena solución o ponerse firme tal vez- ofreció con agresividad- por lo que he entendido hasta ahora lo tratas como si fuera un adolescente y no como el niño que es- agrego mientras lo señalaba con intensidad. Su cuerpo entero se deprimió más, su expresión se relajó y sus ojos adoptaron un melancólico tinte.

- tal vez tienes razón- concedió.

- ¿huh?- soltó sin evitarlo. Jamás se le ocurrió que fuera a estar de acuerdo con él, en su experiencia eso casi nunca pasaba.

- creo que desde hace tiempo que no lo trato como un niño- dijo mientras su mirada estaba fija en el suelo- es muy fácil de olvidarse, una actitud tan fuerte y madura con un lenguaje que sorprende bastante, las sonrisas que dan con ausencia de inocencia y sin embargo su calidez es como ningún otra- levantó su mirada con una ligera sonrisa en su rostro- él me salvó de mi mismo hace unos meses, me salvó la vida, algo que nadie en mi vida hasta ahora pudo, los que trataron se rindieron y otros ni quisieron, era mucho problema- cerró los ojos- pero él se mantuvo firme, cada día que pasaba desde que me vine para acá dudaba de si es que podía salir del enorme agujero que había cavado y que seguía cavando y cada vez que hablaba con él o estaba simplemente en silencio, pero acompañado podía sentirme a mi mismo que debía dejar de escavar y comenzar a escalar- terminó con unas pequeñas lágrimas comenzaban a acumularse en sus ojos.

El otro soldado también sintió las lágrimas escaparse y se aseguró de inmediato de contenerlas, de hacer de que desaparecieran con rapidez. Cuando volvió a mirar al viejo notó que él dejaba que corrieran con total libertad por su rostro, ningún esfuerzo hecho para reprimirlas dejándolas que hicieran lo que debieran hacer. Un nudo se formó en su garganta, su furia ya se había calmado y no tenía ni idea de qué decir.

- el pequeño realmente es un regalo en este mundo ¿no lo crees?- dijo con una alegre sonrisa.

- sí- murmuró- difícil creer que él te ayudó como lo ha hecho- comentó con suavidad a la vez que evitaba su mirada, no podía aguantar su expresión. Un silencio se alojó entre ellos, incómodo para uno y necesario para el otro. Era extraño para los dos que un huérfano abandonado en la calle haya podido hacer tanto por el anciano de la habitación y ambos se preguntaban qué fue lo que dijo que las antiguas personas en sus vidas no dijeron.

¿Qué fue lo que dijo? ¿Qué fue lo que hizo que ellos no? ¿La diferencia estaba en que quién ofrecía la mano o quién era el que la rechazaba? No tenían ni idea ¿Tal vez era una mezcla de muchos factores? No podían saber, al menos no de momento, pero Jacob aceptó la ayuda y tal como dijo desde ahí se esforzaba cada día para no volver a ser la persona que lo llevó mantenerse en las calles, solo, abandonado y sin razón para vivir, solo sobrevivir.

- me preocupo todo el tiempo por él- comentó de manera repentina- cada día que estoy trabajando me pregunto si es que cuando vuelva él ya no va a estar, si es que se fue en uno de sus viajes y no volverá de él- explicó- las veces en que se iba por más de un día yo creo que no podía dormir de lo ansioso que estaba y cuando volvía me sentía extremadamente aliviado- tomó un segundo de silencio- tal vez tienes razón, no importa cuantas veces haya vuelto de sus viajes solo toma que una vez no se cuide bien para que el desastre lo agarre, ahora no tengo ni idea a dónde fue por lo que solo podemos esperar a que vuelva para lidiar con esto.

- sí- respondió un poco ausente- una vez que vuelva nos pondremos firmes respecto a lo que hace- afirmó para sí.


Era extraño. No podía ponerle nombre a nada de lo que estaba sintiendo, era como si no fuera capaz de pensar lo que no era cierto porque estaba seguro de que sentía cosas innombrables tanto en cuerpo como mente y eso debía contar como algo. Por supuesto que no pensaba lo anterior con dicha claridad, estaba muy desorientado para mantenerse concentrado en las raras sensaciones. Más bien estas venían y se iban con rapidez sin poder ser capaz de lograr descifrar cuál era el problema si es que había uno en lo absoluto.

No supo cuando comenzó, solo se dio cuenta de que en un instante podía sentir pequeños chispazos en que pensaba con mayor claridad que venían acompañados de fuertes y breves tirones de su cuerpo, estaba seguro que era más de su cabeza sobre todo. Estos reiterados momentos venían acompañados de unos breves haces de luz de los cuales no podía identificar nada lo cual duró por mucho rato ¿o poco? Poco importaba a fin de cuentas.

Cuando se dio cuenta de que era luz lo que entraba en su apenas coherente mente trató de reconocer qué era lo que estaba "viendo". Nada, nada de lo que entraba a sus ojos producía una imagen. Su mente era incapaz de darle significado a lo que le entraba incluso en momentos en que sus ojos lograron, de manera inconsciente, enfocarse en ciertas figuras de su entorno.

~~~~a. A medida que progresivamente iba recuperando el control de su cuerpo y mente también comenzó a reconocer que había algo, alguien, allí que estaba tratando de llamarle la atención. ~~~~ta bo~~~~. Esos sonidos, esa voz, le causaban una cierta sensación al interior, ansiedad. Tal vez no era la voz en sí, no había voz en la tierra que con tan solo hablarle le causara ansiedad. Entonces ¿Por qué sentía una creciente ansiedad en su interior? ¿Por qué sentía esa extraña sensación de que algo no estaba bien y que tenía que prepararse.

~~~~ierta m~~ b~~ prí~~~~. Su visión se aclaró un poco más en los siguientes instantes permitiéndole reconocer qué, o quién mejor dicho, tenía en frente. Su mente reconoció un rostro, uno aparentemente humano. Una vez que se dio cuenta de que estaba mirando un rostro, que estaba bastante cerca de su rostro, comenzó a notar más detalles. Unos acentuados, gruesos y cristalinos labios rojos se movían con lentitud manteniendo una ligera y atractiva sonrisa. Los ojos eran de un profundo color azul que no era ni opaco ni brillante. La piel parecía ser de mármol, un blanco pálido en la justa medida con la superficie más lisa y suave que había visto.

Eso, des~ierta mi c~~~~~o. Y con ello vino otro detalle que no se había dado cuenta que ahora le parecía importante tenerlo en cuenta, la voz era femenina. Con eso presente logró distinguir más rasgos femeninos en el rostro que tenía en frente. Sus pestañas acompañaban con suavidad los lentos y controlados parpadeos de los cuales sentía que tenían un mayor significado que por algún motivo siempre estaba fuera de su alcance. Sus delineadas y brillantes cejas se encontraban ligeramente arqueadas en lo que asumía que era una cierta pizca de interés y asombro.

- ¿qué?- murmuró sin darse cuenta.

- ¿de vuelta conmigo cariño?- dijo la suave, atractiva y aguda voz de la mujer- me había comenzado a preocupar- su tono acompañado con preocupación y algo más que no pudo reconocer. Dicho eso ella puso un poco de distancia, le dio la espalda y caminó hacia una mesa que estaba pegada a una pared. Parpadeó con más intensidad, recién ahora se venía a dar cuenta de que habían paredes.

Su visión ya estaba recuperándose con rapidez ya habiendo pasado el umbral de la consciencia. El primer detalle que notó, ahora que su mente estaba funcionando relativamente bien, fue la vestimenta de la mujer. Era un extraño atuendo negro con algunas partes de cuero y otras de género siendo lo más raro lo poco que cubría. Podía verle el culo con total claridad, algunas partes de la pierna, lo mismo con los brazos y su espalda estaba casi completamente descubierta. Cuando su visión cayó de vuelta al poto una pregunta se disparó de inmediato ¿por qué anda sin calzones? Asintió mentalmente, la vestimenta entera de la mujer era extrañísima.

- menos mal despertaste- comentó la mujer- si estabas inconsciente por más tiempo significaría que algo malo sucedió contigo y si ese era el caso...- golpeó con fuerza la mesa haciendo al pequeño "saltar"- alguien la habría pasado bastante mal- su voz adquirió un tono bastante profundo y peligroso. En ese instante Percy se dio cuenta de otras cosas. Primero, cuando reaccionó al golpe notó de inmediato que su cuerpo no podía moverse y al inspeccionar vio que estaba amarrado a una silla con sus brazos atados a su espalda y sus piernas a los pies de la silla; Segundo, sus palabras le dieron la sensación de que estaba involucrada en más de alguna manera en el resultado de su situación actual; Tercero, se encontraba completamente desnudo; Cuarto, no tenía ni la menor idea de dónde estaba o quién era ella; Por último, ella era un peligro inminente para él.

- ¿dónde estoy?- preguntó tratando de controlar el creciente pánico en su interior. La mujer giró ligeramente su cabeza para mirarlo directo a los ojos. En ese instante sintió un escalofrío recorrer por todo su cuerpo, era como si estuviera mirando directo a los ojos de un depredador y él era la preciada presa, acorralada y sin escapatoria.

- a salvo- respondió a la vez que volvía a concentrarse en lo que estaba haciendo sobre la mesa. Percy notó que no respondió a su pregunta. Sus ojos se deslizaron a lo que estaba manipulando y no pudo lograr descubrir qué era lo que tenía entre manos. Luego su vista se deslizó a las otras cosas que habían sobre la mesa. Frunció el confusión debido a que no entendía lo que era la mayoría de las cosas que veía, en parte porque no tenía un buen ángulo, y lo que sí lograba comprendía le causaba aún más confusión ¿por qué habían objetos de plástico con la forma de penes? Habían de todos los tamaños y colores ¿por qué? ¿cuáles eran su objetivo?

- estamos casi listos- comentó al aire con un tono un poco más agudo que antes- pronto podremos divertirnos- agregó con un tono que parecía ser más para ella el comentario que para él, o ellos. De todas maneras no le agradó para nada lo que dijo. Trató de escapar de sus amarras utilizando todas las fuerzas que podía acumular, lástimamente no era suficiente. Incluso cuando estaba consciente y su mente funcionando sus fuerzas no eran las mismas de antes, sea lo que sea que le hayan hecho para traerlo hasta acá definitivamente interrumpía con el funcionamiento normal de sus músculos, no creía ni que fuera capaz de abrir una botella de agua por su propia cuenta y mucho menos utilizar sus poderes.

Ojeó con cuidado la figura de la mujer y luego sus alrededores analizando todo centímetro cuadrado en busca de pistas que pudieran darle más información de dónde se encontraba como a la vez tener una mejor imagen de que tan terrible era su situación. Lo único que esperaba de todo esto era que la mujer fuera humana. Si era así entonces escapar le sería mucho más fácil por varios motivos el más obvio siendo que los humanos eran muchos más débiles que los monstruos y si ya había sobrevivido peleas contra monstruos entonces un humano no sería mayor problema, cuando recuperara su fuerza por supuesto. Eso le dio una idea. Solo necesitaba beber agua y y se recuperaría lo suficiente para poder escapar de allí, dónde sea que estén.

- agua- dijo con una áspera voz- tengo sed. Eso capturó la atención de la mujer quien se dio vuelta con una ceja arqueada y una mirada calculadora. Esa mirada lo hizo sentirse incómodo y asqueado, como si estuviera calculando seriamente los beneficios y problemas de cumplir con su petición. La idea de que estaba lidiando con una humana comenzaron a disminuir en su mente ¿Qué humano le negaría a otro agua cuando tenía sed? Para él la única razón de por qué ella estaba vacilaba era debido a que debía sospechar de sus poderes, debía ser un monstruo.

- más rato- respondió finalmente- cuando te la hayas ganado- agregó con un tono cortante. Eso lo molestó bastante ¿Cuando te lo hayas ganado? ¿Y qué mierda se supone que debía significar eso? Estaba débil, cansado en un lugar desconocido sin tener la más mínima idea de en qué tipo de peligro se encontraba mientras que ella parecía disfrutar de su situación. Sin pensarlo le gritó.

- escúchame perra. Se detuvo en seco lo que estaba haciendo y se volteó al instante.

- así es, me dirijo a ti- agregó- estoy en una situación de... *SMACK*. Se sintió muy desorientado de un segundo a otro. Luego cuando comenzó a recuperarse sintió un moderado dolor en su mejilla, sobre todo en el labio, como a la vez algo líquido en su boca. Antes de que pudiera recuperarse por completo la mujer lo agarró con fuerza de las mejillas y lo tiró hacia adelante causándole más dolor, que era peor que el anterior. Su cuello, muñecas y tobillos estaban sufriendo bastante gracias a la nueva posición en la que se encontraba.

- ¡escúchame tú pedazo de mierda!- vociferó la mujer.

- ¿y por qué... *SMACK* Otra cachetada lo volvió a aturdir momentáneamente a la vez de que lo mandó a chocar contra el piso mientras seguía amarrado a la silla. Mientras se estaba recuperando del golpe y sentía la característica sangre de su nueva herida en el labio y en la mejilla por dentro de la boca la mujer no se detuvo en su ataque. Aplastando su cuello con fuerza con su zapato de taco alto comenzó a ahogarlo. Al principio logró mantener su compostura tratando de pelear con todas sus fuerzas contra la imparable presión en su cuello. A los pocos segundos la falta de aire comenzó a ganarle llevando a que comenzara a desesperarse como nunca antes en su vida. Llegó a la horripilante claridad de que estaba por completo a merced de esta mujer.

- ya no somos la ostia ¡huh!- siguió la mujer- déjame como van a ser las cosas de ahora en adelante. Levantó ligeramente el pie permitiéndole respirar con un poco más de normalidad, pero no quitaba la sensación de completa desesperanza en la que se encontraba.

- solo hablarás cuando se te ordene ¿entendido?- preguntó a la vez que incrementaba la presión en el cuello. Ante no haber respuesta levantó el pie para plantarle una patada al diafragma quitándole cualquier rastro de aire que tuviera en los pulmones. Si la sensación de ahogo era insoportable ahora no tenía ni idea qué era, lo peor era que a pesar de que no tenía nada restrigiéndolo para poder respirar aún así no podía inhalar y alimentar su cuerpo del tan necesitado aire que demandaba.

La mujer volvió a aplastar su cuello con la misma fuerza de antes. La presión que se estaba acumulando en su cabeza era insoportable, cada segundo que pasaba era como si estuviera a punto de explotar y era incapaz de comprender cómo esa sensación no hacía nada más que crecer. El terror comenzó a devorarle con voracidad por dentro. Su corazón explotaba con cada latido. Su cuerpo parecía dejar de responderle.

Un extraño olor lo trajo de vuelta y con ello el terror se instaló con mucha más fuerza que antes. No pasó ni un segundo más y volvió a sentir la abrumadora presión en su cuello.

- ¡deja de resistirte o solo empeorará!- advirtió la mujer con un tono imperioso. Ante la amenaza de que volviera a sufrir como antes sin darse cuenta dejó de luchar al instante. Para su gran alivio la presión se alivió un poco permitiéndole respirar con un poco de dificultad lo que era para él un regalo del cielo comparado con lo anterior.

Sintió un par de dedos deslizarse con suavidad por sobre su cabeza, a ratos parecía que jugaban con su pelo tirándolo suavemente y desenredándolo cada ciertos momentos.

- que pelo más bonito tienes- comentó con una extraña suavidad- y esos ojos verdes se comparan con la belleza de los diamantes- soltó una suave carcajada en su garganta- eres todo un galán, el más bello que he tenido hasta el momento- agregó mientras se saboreaba los labios. Él vio el gesto y le causó una sensación de terror que no había sentido antes en su vida. Era como todos los monstruos que se había encontrado hasta el momento. El típico gesto que el depredador hacía antes de atacar sin piedad a su presa. Hasta ahora nunca se había sentido como presa. Siempre tenía algo de su lado que le permitía luchar contra los monstruos, siempre era él quien estaba cazando a los supuestos cazadores y siempre podía la luz en las noches más oscuras. Nada, ahora nada. Ni la fuerza para luchar, nada que cazar y ni un pequeño haz de luz en su corazón.

Su respiración que comenzó a volverse errática fue forzada a detenerse con un ligero aumento de la presión en el cuello.

- ahora vamos a revisar las reglas- dijo con un tono de sermón- si las sigues al pie- la fuerza aumentando momentáneamente- de la letra entonces no habrá ningún problema, incluso aprenderás a disfrutar de ello tanto como yo lo hago y...- la presión aumentó- si es que no obedeces entonces habrán consecuencias, sería una pena que esos bellos ojos dejarán de brillar para siempre- agregó mientras le acariciaba una mejilla- ahora- el pie alivió un poco la fuerza- solo hablarás cuando se te diga, dirás lo que yo te diga y te dirigirás hacia mi como "bella Agnes" ¿entendido?.

- sí- respondió a penas.

- aprendes rápido, adoró los inteligentes como tú- felicitó con una sonrisa- aunque de todos los que he tenido creo que solo tres hasta ahora han aprendido rápido, aunque nunca lo suficiente para durar, me preguntó ¿durarás lo suficiente para complacerme?- se señaló con la mano en el pecho.

Dicho eso ella levantó el pie y volvió a respirar, al menos trató debido a que se desencadenó en él un ataque de tos como nunca antes. Mientras él trataba de regular su respiración la mujer lo levantó y volvió a poner en su posición previa la sesión de sofocamiento.

- ahora antes de comenzar tienes que estar listo, no me sirves para nada si es que te quedas flácido ¿no?- dijo con un dulce tono. Aparentemente tenía que responder porque a los dos segundos de silenció le dio una fuerte abofeteada que le dejó medio aturdido.

- ¿no?- dijo con un tono insistente.

- para nada- respondió débilmente. *SMACK*

- para nada qué- insistió.

- para... nada... mi bella Agnes- respondió jadeante. Ella gimió ligeramente con satisfacción.

- que obediente, debería recompensarte. Dicho eso lo tomó de la mandíbula y le besó profundamente. Lo único que sintió él fue el sabor a mango que tenían sus labios y si hubiera estado más consciente entonces se hubiera cuestionado por qué los labios de la mujer tenían sabor a fruta, pero ahora estaba muy agotado e ido como para ello. A lo más habría reforzado su idea de que ella era un monstruo.

- ahora vamos a pasar a mi parte favorita. Dicho eso ella se dirigió hacia la mesa mientras que con cada paso su cadera parecía bailar, él ni lo notó estando más concentrado en la mesa ¿Qué era lo que ella buscaba? Cuando llegó de vuelta tenía en su palma abierta una pequeña pastilla.

- si no te la tragas el agua será la menor de tus preocupaciones ¿entendido?- preguntó con una suave voz y ligera sonrisa.

- sí mi bella Agnes- respondió al instante. Su sonrisa creció aún más.

- entonces abre grande- ordenó. Él obedeció. Ella le colocó la pastilla en la boca.

- ahora cierra, traga y chupa- ordenó mientras mantenía dos dedos en su boca. Por lo más extraño que le pareciera sus acciones obedeció. Le costó tragar la pastilla, su boca y garganta estaban secas solo que no obedecer estaba fuera de la imagen por lo que se esforzaría lo más que pudiera para cumplir cada orden, no volvería a someterse a lo de antes nunca más si es que podía evitarlo. Una vez que logró tragarse la pastilla procedió a chuparle los dedos y en respuesta a ello la mujer gimió con una sonrisa en su rostro. Ni siquiera trató de pensar en su reacción, estaba convencido de que jamás entendería. Con un *pop* salieron sus dedos y de forma inmediata ella se chupó los dedos.

- una pena que tengas sangre todavía, estoy segura que sabría mejor de lo contrario- comentó- bueno, ahora nos queda esperar un poco hasta que la diversión comience. Dicho así los minutos comenzaron a pasar en los que él no podía quitar su mirada de ella mientras que la mujer no le quitaba los ojos a la parte baja de su cuerpo, rehusándose a mirarlo a los ojos.

- ¿sabes?- rompió el hielo- va a tardar antes de que haga efecto y no vamos a dejar a una mujer desastifecha mientras espera el acto principal ¿o no? no respondas- se apresuró en decir- es imposible que tengas una respuesta atractiva o medianamente satisfactoria- agregó. Dicho eso ella se acercó hasta estar a un par de centímetros de él. Percy notó algo extraño en la mujer. Su vagina parecía estar húmeda lo que era bastante raro para él porque no recordaba en ningún momento que ella se hubiese echado agua o algún tipo de crema ahí.

Antes de que pudiera seguir pensando en ello ella puso la pierna derecha sobre el respaldo de la silla, luego agarró su cabeza y la presionó contra su vagina.

- chúpala- ordenó con firmeza. Y así lo hizo. Al principio espero que fuera agua o algo por el estilo idea que no se sostuvo con mucha fuerza al notar el dulce y extraño sabor que tenía, decidió ignorarlo. Para su decepción no lo revitalizó de ninguna manera por mucho que fuera un líquido que asumía que era semejante al gua, por ahora archivaría ese nuevo descubrimiento mientras tanto se concentraba en obedecer cada orden que se le ocurriese a la mujer.

Cada cierto rato ella se presionaba más contra él o le daba instrucciones sobre cómo hacerlo mejor. No entendía cuál era el fin y tampoco le importaba. Solo le preocupaba el hacerle caso por el momento, tal como pensó antes, y que se quede contenta, al menos de esa manera no sufriría de asfixia como antes o cualquier otra cosa que se le ocurriera.

De pronto ella dejó de presionarlo y lo dejó relativamente tranquilo mientras recuperaba su aliento. La mujer por su parte se mordía el labio, como si estuviera saboreando algo, mientras gemía con suavidad.

- para mi sorpresa no eres malo- comentó- eres un buen chico después de todo, mejor de lo que esperaba- agregó como si fuera un cumplido. Un par de segundos pasaron y su sonrisa se distorsionó de manera horrible. De un segundo a otro la consciencia del chico volvió a tambalear por un par de segundos hasta que volvió de manera progresiva. El ardor en su mejilla izquierda era bastante desagradable y el sabor a sangre que sentía en la boca, debido a que se había hecho una herida por dentro del cachete, solo empeoraba ese sentimiento. Un par de dedos lo agarraron con fuerza y tiraron de su cuerpo hacia adelante para quedar cara a cara con la torturadora.

- revisemos otra regla- dijo con evidente enojo- si te felicito por lo que sea tu me agradeces y cuando pregunte lo que sea tal como "quien es mi juguete favorito" o ese tipo de cosas tú respondes "yo soy tu juguete favorito"- tomó una pausa- ¿comprendes?- su tono bajo y peligroso. Él tragó saliva y sangre.

- sí mi bella Agnes.

- ¿quién es mi puto favorito?

- yo soy tu puto favorito- respondió en un instante sin pensarlo.

- ¿quién es la más magnífica por soportar tu triste existencia?

- tú mi bella Agnes- respondió un poco jadeante. Ella sonrió satisfecha. Su mirada predadora se deslizó por el cuerpo del chico hasta caer en sus regiones de abajo y su sonrisa se tornó un poco más peligrosa a su parecer.

- parece que necesita un poco de acción más directa si queremos resultados- murmuró para sí. Dicho eso su mano envolvió con cuidado su pene, acción que le puso los pelos de punta y en un estado de alerta como nunca antes. Él sabía por experiencia, que fue bastante doloroso en su momento, que esa área del cuerpo era muy sensible y lo último que quería es que la sádica decidiera entretenerse con él al infligirle dolor por esa parte.

Para su sorpresa en vez golpearlo o estrujarlo como había esperado ella comenzó a frotarlo, deslizando la piel de abajo hacia arriba con circulares movimientos. Lo primero que sintió su pecho contraerse como si de repente le faltara el aire, luego sintió una sensación indescriptible en su miembro seguida por otra sensación en su garganta como si tuviera la necesidad de exhalar un aire que no tenía ni idea que contenía que a la vez empeoraba lo que sentía en el pecho. Todo era muy raro.

Al poco rato sintió su pene crecer, podía sentir la sangre de su cuerpo corriendo a su miembro de manera descontrolado y eso lo hizo sentirse ligero tanto en la cabeza como en las piernas ¿Qué trataba de hacer la mujer? Su mente no podía comprender lo qué hacía o qué buscaba lograr con esos actos, lo único que tenía claro de todo el acto es que lo hacía sentir débil y no le agradaba en lo más mínimo. Los segundos pasaban y sentía como su miembro se endurecía aún más hasta el punto en que le causaba dolor físico y dicho dolor permanecía junto a todas las sensaciones anteriormente mencionadas incluso cuando ella dejó de frotarlo y se alejaba para admirar su trabajo.

- bueno- murmuró para sí- no es el más grande que he visto y tampoco el más pequeño dentro de tu edad, solo podemos esperar que con el tiempo también vaya creciendo- su sonrisa se torció de tal manera que le dio escalofríos- por supuesto asumiendo que dures lo suficiente, spoiler, no lo suelen hacer- tu tono teñido con fuerza de un placer que parecía ser transcendental.

La enorme cantidad de diferentes de sensaciones y emociones desagradables sumando ese comentario que acababa de escuchar lo acercaron más a la desesperación, pero no lo suficiente. Apretó con fuerza la mandíbula y de manera subsiguiente el cuello. Todo con el objetivo de acumular la suficiente voluntad para prevalecer, por supuesto que esos pensamientos eran de una naturaleza más del subconsciente que cualquier otra cosa. Sabía que tarde o temprano que iba a estar en presencia de agua, que iba a beber de ella y cuando ese momento todo cambiaría a su favor.

Se distrajo momentáneamente del terror y de la ansiedad, que estaba siempre presente desde la sesión de asfixia, al imaginarse las miles de manera en que iba a poder matarla, las miles de manera en que podría hacerla chillar de dolor y horror. Podía saborearlo y si no estuviera tan agotado entonces habría sonreído una de las sonrisas más escalofriantes de la década.

De manera imprevista ella posó su pie, ya habiendo descartado los zapatos evento que no notó, en el borde de la silla en frente de su pene. Solo tuvo tiempo para pensar en que no le iba a gustar lo que iba a seguir y ella hizo su movida. En un instante su pie presionó su miembro a la vez que su pulgar e "índice" lo envolvían. Se imaginaba que iba a sentir un gran dolor y para su gran sorpresa la enorme presión que se había ido acumulando, y con ello el dolor, se redujo de manera notable causándole alivio.

Su mente se detuvo en seco. De manera inmediata la presión en su pecho se alivió un poco y el aire contraído en su garganta se liberó en la forma de un ligero gemido que lo hizo relajarse un poquito. Esa serie de reacciones fueron totalmente inesperadas para él y más aún los efectos que tuvieron ¿Alivio? ¿¡Cómo podía sentir alivio!? No lo podía comprender, no había manera, ángulo posible que le diera una ligera pista de por qué reaccionó así. Agnes sonrió ante su reacción.

- un pequeño pervertido ¿eh?- dijo con un tono bochornoso- excitándote de esa manera, un chico muy malo y travieso- agregó mientras gemía desde la garganta. Continuó con su trabajo, frotando y jugando con él mientras que Percy sentía un huracán de emociones y sentimientos contradictorios. Al poco rato estaba jadeando con fuerza mientras gemía, no sabía si estaba reaccionando a sus acciones como lo había hecho al principio o si se estaba hiperventilando. Su mente estaba tan alterada, entre el dolor y el alivio, que ni si quiera podía concentrarse para darle una respuesta al dilema anterior.

Su mente estaba tan desorientada que apenas logró darse cuenta de la creciente presión en su pene acompañada de un dolor de cabeza y debilidad general en sus piernas, que al igual que la presión descrita iban agudizándose. De pronto dejó de sentir la presión y en vez de eso tuvo la sensación de que se acababa de orinar. Dicha sensación estuvo acompañada de un gran alivio, el dolor causado por la presión desapareciendo en gran medida, mientras que el dolor de cabeza también se vio atenuado y la debilidad en sus piernas se vio agravada.

- vaya vaya vaya pero qué tenemos aquí- dijo con una intensa mirada acompañada de una ligera sonrisa mientras se saboreaba los labios resaltando el brillante color rojo que tenían- eres un mayor pervertido de lo que esperaba, disparando tu semen en el piso y encima mío, eres un chico sucio jiji- se río mientras deslizaba sus manos sobre sus pechos a la vez de que los frotaba entre sí- deberías limpiar el desastre que hiciste ¿no lo crees?- su mirada volviéndose como la de un agila al acecho. A pesar del estado en que se encontraba, del dolor en su miembro, la debilidad y confusión, reconoció al instante que esa era una pregunta que debía responder debido al cambio de actitud que tenía. No se iba a arriesgar de nuevo.

- sí me bella Agnes- dijo jadeante. Ella sonrió con satisfacción, era claramente la respuesta que esperaba y con ello la hizo sentirse más "piadosa". Levantó su manchado pie y lo presionó contra su boca. El procedió a lamer la sustancia blanca, ahora conocida como semen. El sabor que invadió su lengua era una mezcla entre salado y dulce, optó por ignorarlo, simplemente tenía que cumplir sus tareas, eso era todo lo que tenía que hacer.

Agnes forzó su pie dentro de su boca y lo ordenó que lo chupara, luego pasó a que limpiara el resto de su pierna y cuando terminó con ello volvió a presionar su rostro contra su vagina. Esta vez no necesitó instrucciones.


El silencio era tenso, extraño y con un pizca de peligro. Todo marchaba bien ese día el cual mejoró cuando Hefesto le dijo que quería conversar en privado en la noche. Amaba a su hermano y dicho amor se fue reforzando en los últimos meses gracias a que pasaban más tiempo juntos, conversando y compartiendo a veces con sus empleados y otras, las instancias más importantes en sus días, con sus hijos.

Desde la primera vez que fueron a visitar a sus hijos e hijas en el campamento se volvió una especie de hábito para ellos. Compartir con su hermano y sus sobrinos era una actividad que no podía creer que fuera tan revitalizadora. No era nada en comparación con las juntas divinas que lo drenaban hasta el punto en que deseaba en poder ser capaz de hibernar y mandar el mundo a la mierda por un año o más.

Gigante fue la sorpresa cuando se encontró con la cara seria que tenía su hermano acompañado de un frígido silencio que le disparó todas las alarmas posibles en su cabeza ¿Acaso había embarazado sin querer a una de sus humanas? No, no podía ser después de todo a diferencia de algunos él tenía la cuenta con cuantas mujeres se juntaba y más claro aún si dichos encuentros terminaban en un embarazo. Dicho eso últimamente no había tenido ninguna actividad sexual con mortales ¿Olvidó una fecha importante? Uh uh, no, entre ellos no habían fechas importantes que solo involucrara a los dos a sus conocidos más íntimos y si faltaba a las otras fechas importantes le podría haber importado más la caca de un asno ¿La visita semanal al campamento? Tampoco, era en dos días. Entonces ¿¡QUÉ SIGNIFICABA ESE COMPORTAMIENTO!?

- Hermes- su profunda voz rompió el hielo. Estaba cargada de emoción y de enojo, o al menos eso creía en lo último.

- qué. Vino su respuesta inmediata, completamente seria y sin rodeos.

- déjame contarte una pequeña historia- dijo mientras se volteaba y comenzaba a caminar sin sentido alguno al mismo tiempo que le daba vueltas a un martillo que tenía en la mano de color rojizo. Decidió no comentar. Su hermano no era alguien de irse por rodeos, si quería decir algo lo decía y si no quería hablar lo dejaba en claro, contar anécdotas para conseguir tiempo o pasar el tiempo en discusiones serias como estas no era su estilo por lo que sea que iba a contar debía ser importante.

- hace varios siglos existió alguien muy especial, tanto así que incluso dentro de su misma especie sobresalía obteniendo grandes halagos de sus pares y lo hizo muy popular con las chicas de su tipo- su voz sonaba lejana y un poco afectuosa- era un herrero impresionante ese chico, tanto así que rumores de su impresionante trabajo llegaron a mis oídos ¿te lo imaginas? desde las fraguas más profundas del océano hasta las forjas de los cielos, tal así sus habilidades que recorrieron hasta los cielos sin problemas- su tono creció más afectuoso- un día me sentí generoso y fui a visitarlo en persona, a conocer esta leyenda que estaba causando huracanes en las forjas acuáticas, las leyendas como todas eran exageradas- tomó una pausa en la cual respiró profundo y exhaló con fuerza.

Hermes notó como su tono iba volviéndose cada vez más cálido al hablar de esta persona, era como si estuviera hablando de uno de sus hijos. También notó que mientras más hablaba más observaba y jugaba con el martillo entre sus manos, pasando de una a otra con experta fluidez. Quería pegarse un tiro ¡Por supuesto que esa arma pertenecía a alguien importante y por supuesto con su suerte Percy tenía que haberlo matado! Eso explicaba las heridas de ese día cuando insistió en comprar el celular. Tendría que conversar con él más tarde ¿Sobre qué? Lo pensaría por el momento. Esa charla iba a suceder, eventualmente, cuando tuviera claro de qué, por ahora escucharía con un ligero y creciente pánico a la historia de su hermano.

- era un chico fuerte y determinado como los cíclopes suelen ser- rompió el silencio- también tenía gran ambición- su tono adquiriendo una pizca de ensueño- quería ser el mejor herrero de la historia mortal, eso me tomó por sorpresa y yo le dije "por qué no el mejor de la historia, de mortales y dioses" a lo que me respondió "por qué tú eres el mejor y jamás podré superarte"- exhaló con fuerte emoción- me movió el corazón y decidí enseñarle todo lo que podía entregarle, fue el mejor aprendiz que he tenido en toda mi vida, era el más proactivo, el que más cuestionaba y el que más trabajaba- describió mientras miraba hacia al "horizonte"- décadas pasé a su lado y en ese tiempo llegó hasta superarme en algunos aspectos- tomó otra pausa- y cuando llegó ese momento forjamos un martillo, la herramienta más importante del herrero y su arma favorita, una obra de arte si es que había visto alguna.

Sip. Era como el protagonista de la historia era más que un hijo para el viejo herrero y Percy seguramente lo mató. Un arma de tamaño significado uno no la pierde así que como si nada y si el chico la tenía entonces definitivamente peleó por ella, sin contar las heridas que había adquirido.

- antes de marchar le di un último regalo, algo que apenas le doy a mis hijos, incluso los que sé que están destinados a la grandeza no se los concedo, tienen que ser realmente especiales para que lo haga- se volteó a mirarlo directo a los ojos, los suyos ardiendo con blancas llamas- le obsequié el don de las llamas, un cíclope con el poder de las llamas del mismísimo Hefesto, poético hasta- comenzó a avanzar hacia él, su hostilidad radiando hasta el infinito- así que imagínate mi sorpresa cuando llegas hace unos meses con esta arma a vendérmela.

- eh... No alcanzó a responder o comentar nada.

- al principio pensé que estaba equivocado, o sea Hesíodo jamás en su vida partiría de ese martillo, debía ser una imitación buen o una réplica de él mismo, era lo que tenía más sentido en el momento- dijo tomando un poderoso paso en su dirección- pero un día me ganó la curiosidad y traté de localizarlo... nada, ninguna respuesta así que solo puede estar en dos lugares, el Laberinto o el Tártaro y sé muy bien que jamás pondría un pie en el primero dejando solo una opción- dio un pisotón final estando cara a cara con el mensajero- y sé muy bien qué has estado haciendo últimamente, tus cazadores o "recolectores" como una vez los llamaste debieron estar muy ocupados ¿no? sobre todo ese estrella que todo el mundo está perdiendo la mente ¿no lo crees?

Hermes evitó suspirar, tomar aire o lo que sea, mantenerse rígido parecía muy atractivo en este momento a decir verdad. Su mente estaba en un estado similar debido a todas las cosas que debía procesar ¿Acaso Percy había matado a un cíclope legendario con la bendición del fuego de Hefesto? ¿Qué mierda comía el chico que lo hizo tan poderoso? Tenía sus serias dudas que dominar el agua le iba a dar tamaña ventaja contra un hijo del océano. Impresionante y si no fuera porque había desatado la ira de uno de sus hermanos entonces estaría bailando, al menos su plan estaba teniendo relativo éxito.

Ahora tenía que enfrentarse a el inevitable hecho de que Hefesto sabía bien que él y el "anónimo" Percy estaban involucrado en la muerte del supuesto Hesíodo. También tenía que lidiar con el hecho de que dicho dios estaba emputecido y quería sangre, no estaría amenazándolo de esa forma si es que no fuera eso su objetivo ¿Cómo salvaba la vida de Percy y de manera subsiguiente la relación que tenían?

Algo tenía que venirse a la cabeza, no era idiota y ya había estado contrarreloj en el pasado habiendo tenido éxito en esas situaciones. Siendo honesto ninguna situación había sido ni en lo más mínimo parecido a esto, pero eso no significada que no se le iba a ocurrir algo ¿Cierto?

- Hefesto- dijo de manera cortante. Su figura comenzó a atraer los vientos mientras que comenzaba a brillar con la luz divina que tanto caracterizaba a los dioses. El herrero frunció el ceño y apretó los puños, estando listo para blandir el arma en mano de ser necesario, idea que se veía cada vez más necesaria con cada segundo que pasaban en silencio.

¡EUREKA! ¡La tenía! Por fin se acordó de una de las muchas conversaciones que tuvo con Elaine, su leal secretaria. Ella le había comentado en una ocasión que desde la inesperada primera visita al campamento ella se fascinó por el comportamiento de los semidioses y sobre todo el de los mortales. Al investigar un poco descubrió que los humanos tenían extensos estudios sobre el comportamiento de las personas y la mente ¡Quién lo diría! ¿Por qué esto era relevante? Por que en esas conversaciones, que siendo honesto apenas pescó, aprendió qué era lo que tenía en frente.

Su hermano estaba en inmenso dolor, eso era evidente hasta para un ciego, el truco era el por qué de ese dolor. Todos reconocerían que la supuesta muerte del cíclope era lo que lo tenía destrozado por dentro. El detalle que probablemente todos ignorarían era que gran parte del dolor venía de que probablemente se sentía traicionado. Siempre dejado de lado por su familia, apenas teniendo relaciones más allá de las que la sangre demandaba con sus padres y hermanos.

Él mismo lo había reconocido antes y ahora que había estado trabajando para reparar esa relación, ser más cercano con su hermano. Lo que había estado logrando con éxito y de repente ahora traiciona toda esa relación, todas emociones compartidas, al ser el "responsable" de la muerte de alguien muy amado de él y para pero dicha persona estaba atrapada en un lugar horrible como el tártaro. Solo quedaba una posible solución ahora.

Decir que Hefesto estaba impactado era como decir que Julio César murió hace más de una década, uno se quedaba MUY corto. No podía pensar con claridad, bueno, más que antes cuando la ira había comenzado a nublar su mente y habría hecho cosas de las cuales no se arrepentiría en el momento. Ahora estaba conmovido de una manera que no podía creer. Su propio hermano, del cual estaba seguro de que era el responsable de la muerte de Hesíodo, lo estaba abrazando, incluso cuando él estaba literalmente ardiendo en llamas.

Al final eso fue lo que desató las cataratas. Envolviendo a su hermano comenzó a llorar de manera desenfrenada. El mensajero por su parte lo sostenía con fuerza mientras se aguantaba el ardor que sentía del fuego. Había sufrido bastantes heridas a lo largo de su vida y algo de esta magnitud era tolerable cuando su salud física en ese momento no era un prioridad. Una vez que terminara con esto, que definitivamente le iba a tomar mucho tiempo, se preocuparía del pequeño hijo del océano y del lío que había causado.


Jadeaba con fuerza, su mente apenas podía procesar lo que estaba sucediendo, sus piernas débiles, el dolor de cabeza se iba y venía de tal manera que lo volvía loco, su pene estaba húmedo y ardiendo y, por los dioses que no lo podía comprender incluso si estuviera bien de la cabeza, la mujer se encontraba chupándoselo y saboreándolo. La presión muy familiar que había estado sintiendo varias veces a lo largo de toda esta tortura culminó dentro de la garganta de ella.

Agnes lo saboreó con gusto, deslizando sus dedos sobre los labios esparciendo la blanca sustancia que había liberado. Gemía del placer, por fin habiendo descubierto por qué gemía de manera constante en... estas actividades sin nombre. No comprendía cómo ella podía sentir placer de su agonía y lo peor para él es que estaba un poco seguro de que en esos breves momentos donde eyaculaba, "nombre extraño" pensó en los pocos momentos de claridad, la sensación extraña que seguía parecía ser placer ¿Por qué sentía eso? Estaba seguro de que la razón yacía en la píldora que le dio al principio, no había otra explicación para el pequeño.

- buen sabor- comentó- parece que alguien sabe alimentarse- agregó con un dulce tono. Si tuviera energías se habría sentido asqueado por la manera en que lo decía, pero como estaba exhausto solo podía esforzarse en respirar grandes bocanadas de aire.

- has sido un buen chico- comentó gustosa- tal vez debería recompensarte- dijo apenas audible. Dicho eso se dio media vuelta y se dirigió a la puerta. Sus instintos disparándose con fuerza le dieron las suficientes fuerzas como para observar a dónde se iba. Cuando la puerta se abrió notó que lideraba a un pasillo y juzgando por la cantidad de pasos que dio antes de volver a escuchar otra puerta asumió que ese pasillo debía ser largo. Por ahora no le encontraba uso a esa información y por el momento la archivaría en su mente.

La erección, nombre del fenómeno que estaba ocurriendo en su pene y que la mujer tuvo la gracia de compartirle el nombre, todavía estaba ardiendo y causándole dolor, como si estuviera a punto de explotar el alivio previo de la "corrida", otro nombre que la mujer utilizaba, ya se había desvanecido. Optó por aspirar lenta y profundamente para recuperarse lo más que podía como también un método para controlar el dolor. Jacob le había comentado que tener una respiración controlada ayudaba mucho con el dolor en general y le había funcionado en sus sesiones de entrenamiento, solo esperaba que ahora también lo hiciera.

Un pensamiento surgió en su cabeza causando que exhalara con desprecio hacia él, se quería dar una buena paliza. Todo esto había sucedido porque bajó la guardia solo porque estaba cerca de su hogar ¿Qué no había aprendido antes que incluso su cada no era segura? Si así lo hubiera sido entonces... su mamá no hubiera muerto a manos de ese puerco.

Sintió su corazón arder. Él había disfrutado de la brutalidad con la que había matado a su madre, podía recordar con bastante claridad esa sonrisa de satisfacción en su rostro una vez que terminó con ella. Apenas había salido vivo de ella y no tenía nada a favor en ese momento para haber "ganado". Ahora estaba entrenado y bien consciente de su ascendencia divina y aún así no podía arreglárselas para escapar. Tenía miedo y estaba débil, no lo iba a negar. Estaba igual que en aquella destinada noche, noche de la que logró salir vivo.

El ruido de los pasos de la mujer mientras tarareaba distrajo su atención. Su corazón comenzó a arder con más fuerza ¿Por qué fue que sobrevivió esa noche? La respuesta fue porque perseveró. Ahora solo tenía que hacer lo mismo, perseverar y triunfaría después de todo había estado haciendo lo mismo desde entonces contra cada encuentro con los monstruos que rondaban en el mundo y ahora haría lo mismo con el monstruo que tenía en frente ¿por qué ahora sería diferente? Lo sería si se rendía, lo sería si se quebraba, lo sería si es que se dejaba llevar por sus demandas y no le daría la satisfacción, el placer, a Agnes de derrotarlo.

Cuando ella apareció con una botella de agua en la mano tuvo que contener con todas sus fuerzas la depredadora sonrisa que amenazaba con surgir, no debía darle pistas de que pronto él estaría libre. Pensamientos repentinos sobre cómo la torturaría hasta que su cuerpo fallara y se desvaneciera en el típico polvo dorado surgieron en su mente. Dichas imágenes ayudaban a fortalecer sus convicciones. Pronto, pronto la haría sufrir como ella lo había hecho con él.

- mira lo que traje- anunció con dulzura mientras mostraba la botella de agua de 500ml- y es toda para ti- agregó con una sonrisa. Respiró profundo en anticipación y ella lo notó causando que soltara una ligera carcajada.

- soy una persona muy considerada ¿no lo crees?

- la más considerada de todas mi bella Agnes- respondió al instante. No podía arriesgarse a que cambiara de opinión en el último momento. Al ver sus labios torcerse supo que fue la acción correcta, estaba satisfecha.

- abre la boca- demandó con firmeza. Él obedeció al instante. En el segundo que lo hizo ella levantó su pierna y colocó su pie en la abierta boca de Percy. La fuerza con la que colocó su pie lo tomó por sorpresa la cual desapareció casi al instante, no sabía por qué se sorprendía a estas alturas ¡Por supuesto que no iba a ser simple! Inhaló profundamente por la nariz con un único pensamiento en su mente. "Pronto".

Procedió a abrir la botella y liberó lentamente el contenido en su pierna. Parte del agua cayó al suelo de inmediato mientras que la otra parte comenzó a deslizarse por la suave piel de la mujer. Pronto sintió la anhelada, fría y refrescante agua entrar a su boca. Gimió de manera involuntaria, la sensación que le causó era indescriptible.

- chupa declaró. Él obedeció sin problemas. Podía sentir el agua cayendo por su garganta mientras que la gotas que no llegaban a su boca caían sobre su pecho y, a veces, piernas. El cansancio comenzaba a desvanecerse, el labio roto empezó a sanar, el dolor en su pene parecía aliviarse y su mente se volvía más atenta. Y tan pronto como llegó terminó. La vacía botella ahora yacía en el piso. No podía creerlo. Se la había acabado en un instante y ahora añoraba por más. Un par de suaves manos se posaron sobre sus mejillas y guiaron su vista hacia el bello rostro de la mujer.

- sigue comportándote bien y tendrás más- dijo con suavidad. Sonrió mentalmente.

- todo por mi bella Agnes- comentó tratando de imitar su tono. Eso pareció complacerla porque la sonrisa que generó era impresionante ¿Y qué si tenía que seguir soportando su tortura? Había recuperado parte de sus fuerzas, el dolor estaba bajo control, su mente concentrada y su corazón ardía con una intensidad que no conocía, no iba a flaquear ahora. Podía aguantar hasta la siguiente y cuando llegara el momento le daría su merecido.


4 horas más tarde.

Era uno de esos días en que todos agradecían que la ciudad estaba tranquila. La atmósfera se encontraba relajada permitiéndoles a los oficiales un buen respiro. Mientras algunos tomaban ese tiempo para mantenerse frescos antes de la inevitable acción que casi nunca faltaba otros pocos, bien pocos, decidían utilizarlo para seguir con sus trabajos, en especial una mujer.

Dina se encontraba sumergida en una montaña de papeles que eran desde reportes forenses hasta rumores en la internet. Su mirada de concentración era impresionante, parecía que nada en la tierra podría distraerla de su trabajo. Lamentablemente para ella no importaba cuánto revisara una y otra vez la información disponible o cuánto tiempo le dedicara a seguir las pocas pistas nada daba frutos. Se echó sobre la mesa a la vez que suspiraba en frustración.

- Dina- dijo una voz a su espalda con un tono firme. Ella casi salta hasta el techo y se volteó de inmediato. En frente se encontraba un hombre alto y físicamente adepto con una expresión neutra en su rostro mientras que sus ojos eran como los de un halcón.

- s-¿sí capitán?- preguntó mientras trataba de recuperar su compostura.

- corrígeme si no estoy en lo cierto- comenzó a decir- tú no trabajas en el turno nocturno ¿cierto?- preguntó con su voz neutra.

- no capitán- vino la respuesta inmediata.

- tampoco te encuentras trabajando horas extras oficiales ¿me equivoco?- dijo su monótona voz.

- no- respondió mientras tragaba saliva. Ya sabía hacia dónde iba esta interrogación y no le agradaba para nada. No podía hacer nada al respecto, sea lo que sea que viniese se lo merocía.

- sin embargo aquí estás- de repente su tono más fuerte- trabajando de tal manera que ni siquiera me escuchaste las primeras tres veces que llamé tu atención y los sabemos que hay un solo motivo por el que no solo me ignorarías, sino también continuarías trabajando a estas horas de la madrugada con el sol ya saliendo, horas en las que deberías estar en tu hogar durmiendo descansando para tu verdadero horario de trabajo en el que necesitaríamos todas tus habilidades de detective. Jamás llegó a gritarle y tampoco hizo movimientos bruscos o violentos y aún así hubiese preferido que lo hiciera. Porque el enojo podía manejarlo, era parte de su rutina ¿pero la decepción que percibía del hombre que tenía en frente? Dolía como nunca.

- sabes algo- dijo con un tono un poco más suave- para ser tan buen detective parece que no puedes seguir las más simples pautas de salud personal y como no pareces cambiar me veo obligado a forzar mi mano, estás suspendida de servicio sin paga por las dos semanas siguientes efectivamente desde hoy- dijo con firmeza- ¿algo que quieras decir?- agregó. Era evidente que quería hacerlo su compostura entera gritaba que algo tenía que liberar, además así había sido en las situaciones anteriores. Ella tomó un respiro.

- es que no puedo quedarme a esperar q-que... ese pedazo de MIERDA- dijo con furia casi gritando- vuelva a actuar para poder tener otra pista y poder tener una oportunidad para atraparlo- soltó con evidente frustración, cualquier rastro de profesionalismo perdido. Él se mantuvo tranquilo en su lugar, esperando a que continuara.

- es tan frustrante que toda la evidencia que hay en las tres ocasiones que ha actuado no queda nada que pueda darnos una dirección dura, TODO ES INCONCLUSO, la única pista que podía dar frutos es la muestra de sangre no identificada en el asesinato doble en ese departamento e incluso en ese caso se asume que puede ser la sangre del niño desaparecido. El hombre asintió, familiar con la historia que estaba escuchando. Compartía un par de sentimientos con la detective. El primero fue una tragedia en toda regla, en el segundo no sabía qué pensar después de todo los adolescentes involucrados eran unas mierdas de personas de acorde a todos, incluso sus padres, y el mendigo fue desconcertante porque no calzaba de ninguna manera con el perfil armado hasta el momento.

- bu-

- ¡CAPITÁN!- dijo con fuerza una ronca voz. Los dos se voltearon ante la repentina interrupción encontrándose con la vista de un oficial quien estaba sudando como caballo y parecía a punto de sufrir un ataque de pánico.

- ¿sí?

- ha sucedido de nuevo- dijo con la voz flaqueando.

- tendrás que ser más específico Ritchi- respondió.

- ha sucedido una masacre en Burlington en el estado de Vermont, al menos veinte muertos. La atmósfera se volvió tensa, los dos que antes estaban discutiendo ahora estaban escuchando atentamente con expresiones serias y de absoluta concentración en sus rostros.

- ¿por qué de nuevo?- preguntó la detective con una ligera pizca de temor en su voz.

- es él- anunció con claro temor- el Asesino de la Escarcha.


4 horas atrás.

La presión llegó a su límite y sintió el alivio que llegaba con la eyaculación. Ella gimió de placer y procedió a limpiar su miembro con gran dedicación, al poco rato se había tragado cada pizca que quedaba.

- te has comportado muy bien, parece que mereces una recompensa- anunció con dulzura. Él sonrió internamente, este era el momento que estaba esperando. Iba a ser la tercera botella de agua y en vez de beber de ella para recuperarse la utilizaría como arma. Incluso si es que estaba en sus mejores momentos no podría escaparse así no más de unas amarras como esas, necesitaría algo filudo para ello y el agua de esa botella sería justo lo que necesitaba.

- muchas gracias mi bella Agnes- respondió con el tono que había aprendido que le gustaba. Sonrió gustosa. Se dio media vuelta y partió por ese preciado regalo. Cuando desapareció de la vista su expresión se contrajo en una de absoluta concentración y una apenas restringida furia. Solo un pensamiento anidaba su cabeza. "Pronto, pronto, pronto, pronto...".

Los minutos pasaron y ella finalmente se hizo visible, con la botella de agua en mano y una placentera sonrisa, para el ojo ignorante. Él repasó rápidamente las decenas de escenarios que se había imaginado y sobre cómo iba a proceder una vez que se presentara la oportunidad. Al final decidió que le traía una gran sonrisa mental, tenía que ser cuidado con sus expresiones después de todo estaba seguro que ella disfrutaba de su dolor, de su debilidad.

Ella destapó la botella y se acercó a dársela de la misma manera fueron las dos veces anteriores, solo que esta vez él intervino.

- mi bella Agnes- llamó su atención. Ella arqueó la ceja.

- ¿sí?

- tengo algo que decirte- dijo con timidez. Ella sonrió ligeramente.

- dime- dijo con ligero placer.

- es que es un secreto y no quiero que nadie más lo oiga- dijo con un tono más bajo mientras trataba de encogerse. Supo al instante que esa fue la correcta decisión porque la manera en que esa sonrisa se acentuó solo podía significar una cosa, le gustaba. Decidió seguirle el juego y se puso a la altura del pequeño.

- no te preocupes, nadie nos va a escuchar- dijo con un tono afectuoso. Sus ojos se agrandaron brevemente ¿Nadie más los iba a escuchar? Parece que no iba a tener problemas con matarla sin que nadie mas viniera a su rescate, la iba a tener para él sin ningún problema y eso hacía arder su corazón.

- he estado esperando este momento...- su voz suave y baja. Ella colocó su oreja izquierda más cerca de su boca disfrutando de la actitud del niño y su excitación crecía con cada segundo que pasaba ¿Qué era lo que había estado esperando con tanta anticipación? ¿Finalmente lo había corrompido? ¿Acaso ya era completamente su esclavo? Estaba sorprendida consigo misma, las veces anteriores le había tomado considerablemente más tiempo cerca de...

-...el momento en que te voy hacer chillar- finalizó con un tono amenazante. Lo único que pudo pensar fue en cómo su voz sonó tan aterradora y cómo los pelos de su cuerpo se pararon de punta antes de que fueran completamente interrumpidos por un dolor que nunca antes había sentido. Su mente dejó de pensar, solo un agudo dolor gobernando su consciencia. Con el grito más desgarrador y fuerte que había generado en toda su vida se echó hacia atrás lo más rápido que pudo cayendo al suelo con fuerza.

Él sonrió mostrando sus ensangrentados dientes con la oreja izquierda desgarrada y completa entre ellos. La sangre se esparcía con rapidez por sobre su piel y congelada por el miedo solo podía observar. No había furia o una gigantesca rabia por parte de ella, el miedo era muy grande que eclipsaba cualquier otra emoción corriendo por su cuerpo. Era la primera vez en su vida que estaba frente a una situación en la que su vida estaba en peligro mortal y el shock de que dicha amenaza provenía de un niño entre los seis y siete años solo empeoraba las cosas.

Escupió la ya inútil parte corporal al suelo. Luego con un puntada en las tripas comenzó a controlar el agua esparcida en el suelo hasta que logró llevar una considerable cantidad hasta su muñe derecha. Se materializó por debajo de la articulación en la forma de un cuchillo, después tomó la empuñadura y con un fuerte giro logró cortarlo.

La adrenalina estaba corriendo como un demonio por sus venas, explosiva y rápidamente. Su respiración se estaba acelerando. El sabor a hierro en su boca nublaba su mente dejando solo un pensamiento "MATAR", estaba tan cerca y nada se interpondría entre su objetivo sabiendo lo cerca que estaba de lograrlo. Rápidamente cortó el resto de las amarras y cuando cortó la última se sintió increíble, por fin era libre de nuevo. La euforia que sentía era más que evidente en su rostro. Unos aterrados gemidos capturaron su atención volviendo a posar su mirada sobre su indefensa presa. Ella estaba tiritando y gimiendo mientras trataba inútilmente detener el sangrado. Él sonrió, mostrando todos los dientes.

De un salto se lanzó hacia ella. Viendo al... monstruos perseguirla logró romper el shock que la había estado dominando pudiendo darse vuelta y tratar de correr en desesperación, tratar siendo la palabra clave porque era más parecido a arrastrarse mientras aleteaba bruscamente. En un par de segundos Percy estaba sobre ella con una daga de hielo en la mano.

Con un errático movimiento le corto los ligamentos colaterales de la rodilla derecha causando un fuerte alarido de la mujer. En su terror se dio vuelta y le plantó una patada directa a la cara del niño logrando ponerle un breve alto a su ataque. Tomando esa oportunidad continuó tratando de escaparse mientras chillaba de dolor y por ayuda. Recuperándose del golpe resumió su carga atacando esta vez la rodilla izquierda. Sus gritos se intensificaron mientras en su mente se dio cuenta de que ya no tenía escapatoria, solo le quedaba darse vuelta y pelear para detener a ese demonio que lo único que quería era enterrar sus fauces en su cuerpo.

Con un giro trató de darle un puñetazo a la cara el cual el niño vio venir logrando esquivarlo a tiempo. Trató de darle otro golpe con su brazo izquierdo a lo que él respondió con recibirlo solo para atraparlo y proceder a apuñalarlo repetidas veces. Los chillidos de desesperación eran parecidos a los de un animal en el matadero. Trató de sacárselo de encima al golpearlo sin tregua contra su cuerpo sin rendir resultados. El dolor en su brazo comenzó a diluirse volviéndose cada vez menos intenso a la vez de que podía sentir la sangre escapándose con rapidez de su cuerpo. Sus tripas se retorcieron ante la horripilante revelación de que no importara qué hiciera ella iba sí o sí a morir. Esa revelación le quitó todas las fuerzas que tenía como también cualquier voluntad para responder.

Los ojos del chico se desviaron a los de ella notando que estos se encontraban mirando perdidamente la nada. No es cómo que le importara porque pasó de apuñalar en el brazo al estómago y de ahí hacia arriba. Los gritos ahora eran débiles y cuando llegó a el hielo llegó a los pulmones estos comenzaron a ser más gárgaras que gritos, la sangre sofocando cualquier posible chillido que pudiera salir. Al minuto cuando notó que Agnes ya no hacía ningún tipo de sonido o reaccionaba físicamente a sus ataques, estaba muerta.

Jadeó con fuerza. El huracán en su interior estaba ni cerca de poder calmarse ¡HORAS PASÓ SUFRIENDO Y AHORA QUE ERA SU TURNO NI DURÓ MÁS DE UN MINUTO! No podía creerlo, la frustración en su interior creciendo con cada segundo que pasaba. Tomó una respiración profunda mientras se paraba del cadáver, estaba muerta y ya no tenía que pasar más tiempo en... donde sea que estuviera.

Se dirigió a la mesa donde estaban sus cosas, suspiró con un ligero alivio que todo lo que tenía cuando salió a caminar se encontraba efectivamente allí. Sin esperar ni un momento más comenzó a vestirse. Con cada prenda que colocaba sobre su cuerpo podía sentirse relajarse un poquito y nunca del todo. Una vez que estaba vestido y equipado completamente se dio cuenta que todavía sentía una presión en sus genitales. No era igual de dolorosa que antes y parecía que estaba disminuyendo a medida que avanzaba el tiempo. Suspiró con alivio, no sabía qué era lo que le había hecho ese monstruo y por ahora no quería pensar en ello, tenía mejores cosas que hacer.

Al darse vuelta se dio cuenta de que el ensangrentado cuerpo de la mujer todavía se encontraba allí, la sangre lentamente esparciéndose por el suelo. Eso le causó confusión más que nada. Un millar de preguntas surgieron en su interior y decidió ignorarlas todas, ahora tenía cosas más importantes que hacer.

Una vez que estaba en la puerta al final del pasillo, que resultó ser dos metros de largo, comenzó a prepararse mentalmente. No sabía qué o quiénes estaban afuera, si es que habían en lo absoluto. Su corazón todavía estaba palpitando a grandes velocidades y el huracán continuaba igual de intenso que antes. Si es que habían hostiles los eliminaría y si es que no entonces los dejaría en paz. Tomando la manilla con determinación abrió la puerta.

Lo primero que vio fue un gran pasillo en el cual habían cuatro figuras vestidas de negro, tres hombres y una mujer, y otra figura que era la clásica que alguna vez vio en la tele sobre las mujeres de la limpieza llevando un carro con diferentes artilugios. Frunció el ceño ¿Enemigos o neutrales? No tuvo tiempo para ponderar la respuesta.

- ¡hey chico!- llamó uno de los hombres, quien tenía una prominente barba- ¡no puedes estar acá sin tu dueño! no me importa de quién seas la mascota para adentro te vas- dijo con fuerza. Entrecerró los ojos, ahora tenía bien claro que no lo iban a dejar tranquilo y en estos momentos solo había una respuesta para ello.

Con un ligero y automático movimiento de su pulgar sobre su anillo dándole vida a su confiada espada. El hombre no alcanzó a reaccionar y solo se dio cuenta de la acción del chico cuando ya tenía el frío acero enterrado en su pecho logrando solo tomar una bocanada de aire del shock que sufrió. Las otras tres figuras de negro notaron la extraña reacción de su compañero y la mujer se acercó para ver por qué actuó de la manera que lo hizo.

- ¿sucede algo 4?- preguntó con el ceño fruncido. Con gran velocidad retiró la espada del moribundo hombre y se abalanzó sobre ella cortándole el cuello de un solo movimiento. Los otros dos hombres ignoraron los guturales ruidos de su compañera y se enfocaron en la nueva e inesperada amenaza, su extenso entrenamiento apenas sacándolos del shock. Sacando sus pistolas apuntaron al pequeño y cuando sonó el grito de la mujer de la limpieza abrieron fuego.

El ruido del metal impactando metal los distrajo brevemente. La figura del semidios ahora estaba cubierta de pies a cabeza en armadura mientras que en su brazo izquierdo un escudo se materializó frente a su vista en menos de un segundo. Percy aprovechó la pequeña ventana que se le abrió para correr hacia ellos con el escudo y espada en posición.

Su mente estaba corriendo a mil por hora, jamás se habría imaginado que los enemigos habrían tenido armas de fuego y si no fuera por fuerza de hábito de activar su armadura cada vez que se encontraba en una pelea probablemente hubiera muerto allí mismo. No sabía qué tan resisten era su armadura y no quería probar su suerte por lo que decidió acabar con ellos lo más rápido que pudiera. Los guardias resumieron con su ataque solo para terminar siendo inútil, sus balas siendo incapaces de siquiera abollar el metal. Con un fluido movimiento le cercenó el antebrazo a uno de ellos continuado por una apuñalada al estómago para luego proseguir contra el otro quien trató de probar su suerte en cuerpo a cuerpo lo cual terminó con él perdiendo las dos manos y la cabeza.

La mirada del pequeño se desvió hacia la mujer que estaba huyendo aterrorizada por el pasillo. Decidiendo allí en ese instante "enfundó" su espada para luego tomar la pistola del cadáver y disparar cinco balas en su dirección logrando acertarle la cuarta que la mandó a estrellarse de cara contra la pared, no se volvió a mover. Miró la pistola con intensidad, decidió que la mantendría con él hasta que perdiera su utilidad. Devolvió la mirada hacia el cadáver al final del pasillo, sus entrecerrándose apenas liberando la titánica furia que contenía en su interior, era claro que ella sabía lo que estaba sucediendo y si lo permitía como los de negro entonces debía estar con ellos.

Ojeó el resto del pasillo, deteniéndose brevemente en cada puerta de las seis en total. Una idea cruzó por su cabeza. Sí es que él se encontraba sufriendo detrás de una de ellas qué tan improbable era que hubieran otros como él sufriendo un destino similar. Su expresión se deformó en una mezcla de absoluta determinación y una ira que no parecía conocer límites.

Se acercó a la puerta más cercana y cuando vio lo que estaba dentro se congeló brevemente. Una figura de pelo largo que estaba amarrada a una silla se encontraba en el suelo. Al acercarse notó que la cabeza estaba retorcida en un ángulo innatural. Era un cadáver, el de una adolescente y, si tenía que juzgar, la causa de muerte parecía ser por haberse roto el cuello.

- ¡hey! ¿has visto al bastardo que hizo esto?- preguntó una voz femenina a su espalda. Sin pensarlo se dio vuelta y descargó tres balazos en la mujer, acertando dos de ellos. Parece que tendría que encargarse de muchas más personas de lo que esperaba. El ruido de los disparos atrajo la atención del resto del grupo que se encontraba afuera, al menos no tendría que ir a buscarlos.

La pelea fue rápida, durando menos de veinte segundos. Seis contra uno, seis armados con pistolas y el otro acorazado hasta los dientes lo que no significaba que fuera invulnerable porque llegó a recibir una bala en la pantorrilla que por suerte no golpeó el hueso. Después de congelar la sangre para evitar seguir perdiéndola se concentró en reunir un par de pistolas, no sabía como cambiar la munición por lo que agarró las que creyó que estaban cargadas dejando una en su bolsillo y la otra en su mano.

Hecho eso fue a recibir el resto de las puertas del pasillo esperando poder rescatar a alguien. Había notado que el ruido de afuera no entraba a las habitaciones y que tampoco salía de estas por lo que podía asumir con total seguridad que si alguien estaba adentro no se habría percatado de la masacre de afuera. Las tres que revisó estaban desoladas siendo la última la que rindió frutos, de lo cual no sabía si sentirse aliviado o encolerizado.

Se encontró con la vista de un hombre completamente vestido con un vara de plástico en la mano derecha mientras que la izquierda sostenía una correa que estaba conectada a un collar que apretaba con fuerza el cuello de un niño, un poco mayor que él, estaba caminando como un perro en el piso. La piel del chico parecía estar bastante abusada.

- ¿quién eres? ¿qué haces acá?- preguntó con hostilidad el hombre. Solo tuvo un momento para notar la sangre desparramada sobre el pequeño vistiendo de soldado cuando sus pensamientos cesaron en seco al recibir dos disparos al pecho. El chico comenzó a llorar y gritar al instante, el miedo de una inminente muerte aferrándose con una salvaje fuerza.

- sígueme si es que quieres escapar- dijo con su aguda voz. El chico lo miró fijo a los ojos, buscando señales de que le estaban mintiendo acostumbrado que nada de lo que le decían en este lugar era verdad. No sabía si creerle, después de todo ¿por qué alguien vendría a por él si es que sus padres no vinieron por él?

- no- respondió tiritando. Percy frunció el ceño ¿No? ¿Por qué no? Un par de ideas surgieron en su cabeza. Reconoció que estaba aterrado y que probablemente no escucharía nada de lo que le iba decir después de todo ni él mismo escucharía a nadie en ese mismo instante y mientras siguiera dentro de dónde sea que estuvieran.

- entonces quédate ahí hasta que me encargue del resto de ellos- dijo con un tono de finalidad. Dicho eso se dio media vuelta y marchó hasta el final del pasillo, ya no habían más puertas que revisar. El pasillo solo doblaba a la izquierda una vez que terminaba. Al revisar que nadie estaba viniendo en su dirección, por el momento, optó por mirar por el enorme ventanal que tenía en frente.

Lo primero que notó era que estaba en una isla y que, tal vez, a un par de kilómetros se encontraba lo que asumía que era el continente. Lo segundo que notó era la propiedad en la que se encontraba. En otra ocasión se habría golpeado sobre cómo no logró notarlo en el momento en que salió al pasillo. El piso, las paredes, el techo y la ventana parecían obras de arte prestigiosas. El patio era extenso, de muchos colores y radiante. Se encontraba en una mansión. Inmediatamente dejó de lado esa información encontrándola casi en su totalidad irrelevante. Lo único útil que logró ver era que estaba en una isla y que la propiedad era inmensa.

El ruido del impacto de metal contra metal más el ligero dolor que sintió en la cabeza lo puso de inmediato en un estado de combate. A su izquierda habían un par de guardias abriendo fuego en su dirección, ignorantes o muy estúpidos para darse cuenta de que sus corrientes armas eran ineficaces contra su armadura. Con el escudo en alto corrió directo hacia ellos. Sabía que su puntería era mala y había encontrado una solución muy simple para dicho problema, mientras más cerca se encontraba del objetivo más difícil le era fallar.


Su pulmones se encontraban en llamas, su cuello ardía mientras que su garganta era abusada sin piedad, una de sus costillas se movía con cada brusco movimiento trayendo consigo inmenso dolor y la inhabilidad para gritar solo volvía todo peor. Lo que era más horrible es que él la obligaba a mirarlo directo a los ojos mientras que su horrible se deformaba en una horrenda expresión de satisfacción. Su traidora mente de vez en cuando, en los momentos en que creía que se desmayaría por falta de oxígeno, susurraba seductoras palabras para terminar con su sufrimiento. "Muérdeselo y arráncaselo para que muera en total agonía y después salta por la ventana, una muerte rápida para ti y una lenta para él".

Dichos pensamientos eran rápidamente callados por el enorme terror que se había alojado en la parte trasera de su mente. No quería morir, le tenía un miedo indescriptible agravado por el reciente castigo que terminó por quebrar una de sus costillas junto con varios moretones por el resto de su cuerpo además de que ahora la estaba tratando con una mayor brutalidad previo al incidente.

Su mente se encontraba en una tortuosa encrucijada en la que por un lado podía acabar con la vida de ambos mientras que la otra opción era sufrir indefinidamente evitando así morir. Lamentablemente también era lo suficientemente inteligente como para saber que esta tortura no iba a durar para siempre, en algún momento se cansarían de ella y terminarían con su vida, tal vez extirparían sus valiosos órganos para luego lanzarla al mar donde se descompondría hasta que fuera irreconocible. También tenía este otro terror en que fallaría en su intento de matarlo empeorando su tortura o que su suicidio terminaría siendo un intento de suicidio.

Él ceso de penetrarla salvajemente debido a que se distrajo con el ruido de la puerta abriéndose. Por supuesto que se enojó de que alguien había interrumpido su repugnante diversión y que una vez que volviera a enfocarse en ella la tendría peor. Odiaba con todo su ser a la persona que lo interrumpió y si tan solo él quitara su pene de su boca podría tener permiso para mirar para otro lado. Antes de que pudiera seguir con esa línea de pensamiento el estruendoso ruido de un balazo interrumpió en seco sus vindicativos pensamientos. El hombre que la había atormentado por quién sabe cuanto cayó hacia al lado golpeando con fuerza el suelo, estaba muerto.

Agradeció que por fin podía respirar con relativa normalidad, libre del rancio sabor de su pene o de sus semillas. Escupió desesperadamente los contenidos de su boca hasta que se congeló en mitad de la acción. Solo sus ojos se desviaron a la figura que le había disparado en la cabeza al hombre. Lo primero que notó es que estaba disfrazado de un caballero o algo por el estilo, lo segundo que notó es que estaba manchado en sangre teniendo un par de heridas a lo largo de su piel y, finalmente, lo más sorprendente era que no debía tener más de siete años.

- sígueme, yo te protegeré- su aguda y suave voz llegó a sus oídos. Efectivamente estaba frente a un niño armado con un arma de fuego vistiendo de un guerrero medieval, una imagen que jamás ni en su más locos sueño podría haberse imaginado. Dejando de lado la ridiculez de la situación notó que él estaba absolutamente serio con su declaración, sus duros ojos desviándose a inspeccionar la entrada, o al menos eso asumía.

- te mantendré a salvo- agregó sin darse vuelta. No estaba segura si es que se había vuelto loca o era la absoluta desesperación desgarrándola en su interior lo que la hizo creer de que él decía la verdad. Por un momento volvió a sentirse segura y se echó a llorar como nunca antes. Jamás creyó que alguien la mitad de grande que ella la haría sentirse protegida. Se paró y partió detrás de él.

Habiendo tenido su respuesta se dirigió hacia la entrada en donde habían dos mellizos, un niño y una niña, haciendo de vigías mirando cada uno en su dirección.

- ¿no hay nadie?- preguntó el guerrero.

- no- respondieron al unísono. Satisfecho con la respuesta salió con el escudo en alto mientras que con la pistola les señaló que lo siguieran. Los tres obedecieron. Avanzaron con rapidez. El más pequeño de todos caminaba con seguridad mientras que el resto de sus sentidos buscaban activamente señales de hostilidad. Sabía que todavía podían quedar enemigos en esas habitaciones especiales en las que el sonido no escapaba a pesar de que vio a varias personas corriendo hacia unas lanchas y helicópteros para escapar. No iba a correr detrás de ellos, los mataría con gusto si es que decidían quedarse en la isla, la razón siendo que prefería rescatar y asegurar a los otros como él antes de iniciar cualquier masacre.

Merodearon por unos cuantos minutos hasta que finalmente Percy decidió que ya no había nadie más que rescatar en la mansión, al menos al interior de la propiedad. Habían otros cuatro como él que simplemente se rehusaron a salir de su habitación, el pavor que sentían liberándose con cada movimiento o respiro que tomaban. Se dirigieron a la entrada de la horripilante pesadilla.

Los mellizos se encontraban bastante relajados mientras que la adolescente estaba siempre apunto de saltar frente al menor de los estímulos. El semidios por su parte se encontraba en un estado de serenidad que no habría creído antes de poder alcanzar. El huracán en su interior parecía haberse calmado. Miró hacia atrás, su mirada posándose brevemente en los tres rostros. Sonrió ligeramente, su extenuación colándose en sus labios y ojos, cualquiera que lo viera pensaría que en cualquier instante caería al piso rendido. Sin decir nada abrió la puerta solo tuvo un instante para reaccionar.

Levantando el escudo se abalanzó hacia adelante atrayendo la atención de los bien armados guardias, todos ellos con rifles y un dedo bastante suelto en el gatillo. El estruendo del tiroteo interrumpió la "paz" trayendo consigo una aparente zona de guerra. No pudo mirar hacia atrás, no podía, hacerlo lo distraería y eso significaría una gran debilidad. Una extra en realidad porque sus heridas estaban teniendo su peso y la tortura previa lo había drenado bastante como para poder arreglarlo con unas tres botellas de agua.

Apuntó su pistola para tratar de eliminar a uno que estaba cerca y se estaba cubriendo detrás de una pequeña muralla de cemento solo para darse cuenta de que no tenía balas. La tiró y sacó una que tenía en el bolsillo haciéndolo de tal manera que se disparó en el pie mientras la sacaba, menos mal su coraza absorbió el impacto.

Se acercó a enfrentarlo disparando cada vez que creía que podía darle. Para su mala suerte estos tipos a diferencia del resto ya tenían asumido que estaban enfrentándose a un monstruo o un demonio en la carne de un niño y que sus clientes fueron lo bastante imbéciles para raptarlo para usarlo en sus depravadas actividades. Debido a esto no se congelaban o se quedaban al descubierto estúpidamente creyendo que sus balas podían penetrar la armadura por lo que este oponente en particular apenas vio al semidios acercándose se agachó y se retiró lo más rápido posible sin hacerse ninguna idea de que podía ganarle a una distancia tan corta. Sabían que habían partes descubiertas y que su piel no era impenetrable por lo que solo quedaba disparar una lluvia de balas hasta que una de ellas colara y le causara suficiente daño para matarlo, era la única razón de por qué siquiera seguían intentando.

Corrió detrás del mercenario y cuando entró en su rango de visión abrió fuego, lamentablemente para él estaba muy lejos y su puntería apestaba por lo que falló todos los disparos hasta que su arma dejó de disparar. Botándola de inmediato cambió a su espada y trató de pillarlo. Para su mala suerte él todavía era un niño y se encontraba contra adultos entrenados por lo que le era imposible alcanzarlos. Cada vez que cambiaba de objetivo para tratar de alcanzar al más cercano estos se daban vuelta y corrían lo más lejos que pudieran mientras sus aliados continuaban su ataque sobre él limitando sus movimientos.

Un agudo e intenso dolor se disparó en el costado derecho de su cuello. Por instinto desactivó su espada y se llevó la al cuello mientras se arrodillaba y levantaba el escudo para protegerse de tal abrumador ataque. A los pocos segundos llegó a la conclusión de que una bala le rozó el cuello lo que era mejor comparado con la posibilidad de un impacto directo. De todas maneras ahora se encontraba perdiendo más sangre y debilitándose con cada segundo que pasaba, sus heridas acumuladas, algunas serias y otras leves, devorando sus fuerzas con una hambruna bestial.

Aplicando primeros auxilios congeló la herida retrasando lo inevitable si es que no terminaba la pelea allí mismo. Trató explorar sus opciones, pero le resultó imposible con los veloces y desesperados latidos de su corazón sumando los gritos de terror de los otros niños al interior de la mansión más el ruido de los rifles. De pronto un sonido llamó su atención, parecía ser divino porque hasta ese momento no creía que iba a poder salir vivo de allí.

Rotó sobre sí mismo en dirección del ruido y por fin lo vio. No sabía por qué no lo había registrado antes, en retrospectiva se daría cuenta de que estaba deshidratado, camino al shock por el desangrado, exhausto por falta energía sin contar la falta de sangre, que había sido drogado previamente, torturado por horas y que el huracán de emociones que lo había acompañado nublaba su juicio. Pero eso ahora no importaba, lo que sí era que tenía en frente suyo una pileta que podría ser potencialmente su salvación.

Sin pensarlo más corrió, lo más rápido que podía en su dirección el agua sería su salvación, no le quedaba otra. Cuando estaba llegando un balazo en la parte trasera de la rodilla lo mandó de cara contra la pared de la pileta, si no fuera por el casco habría perdido la consciencia allí en ese mismo instante. Eso no significaba que quedó en un buen estado, ignorando la evidente nueva herida, porque, en primer lugar, quedó desorientado y, en segundo lugar, su cuello lo estaba matando. Tratando de ignorar todo lo que estaba sucediendo para poder concentrar todas sus fuerzas, que eran una miseria, para subirse al muro, que era bastante pequeño, y tirarse al suave y acogedor abrazo del agua.

En el momento en que su cuerpo se hundió el mundo pareció caer en un silencio y oscuridad total. No podía sentir nada, había paz. No había un volcán en su interior, solo tranquilidad. No habían sadísticos y traicioneros pensamientos, calma era lo único que quedaba. El universo desapareció y solo él quedó.

El agua comenzó a teñirse rápidamente de un intenso color rojo. No era mucho, un niño de su tamaño no superaba los dos litros de sangre. Eso no quitaba la horripilante imagen que marcaba sobre todo cuando el cuerpo estaba inmóvil, sin señales de tratar de siquiera respirar.

Los mercenarios quedaron en una situación incómoda. Acercarse a ver el estado del monstruo pondría en un gran riesgo a quién sea que se acercara sin contar que perderían cualquier tipo de cobertura por si todavía tenía una pistola con él y si no mandaban a alguien no podrían confirmar el estado en que se encontraba, además se había visto bastante empeñado en llegar a la pileta por lo que sospechaban que tal vez él creía que le iba a dar una ventaja considerable sobre ellos. Al final el líder de la unidad decidió mandar a dos de los suyos a revisar.

Cautelosamente los dos hombres se fueron acercando por direcciones opuestas, no querían facilitarle el trabajo de liquidarlos. Unos cuantos pasos extras y entraron en contacto visual con su objetivo. Se veía inmóvil y considerando que tenía la cara sumergida en el agua se relajaron visiblemente sin siquiera darse cuenta, en sus mentes la amenaza ya había sido liquidada.

Su hubiesen puesto más atención habrían notado como las heridas comenzaban a regenerarse o las balas desincrustándose de sus agujeros o tal vez los ligeros espasmos en los dedos. El agua lentamente haciendo su trabajo, prestando su ayuda a uno de sus legítimos soberanos el príncipe de los océanos. La recuperación habría tardado más si no fuera por el hecho de que el sistema de agua de la pileta, junto con algunos otros artilugios de la mansión, estaba directamente conectada al lago en que residía la isla en la que se encontraban. De esta manera el semidios se levantó en una condición casi pristina.

Los mercenarios reaccionaron de inmediato, sus reflejos forjados en batallas a muerte llevándolos a la acción como si nunca la hubieran dejado. Apenas logró disparar un par de balas cuando una lanza de hielo lo atravesó acabando con su vida en ese instante. El otro no alcanzó a correr lo suficientemente lejos como para escapar la segunda lanza que voló por los aires hasta atravesar su pecho.

Cuando el segundo cadáver golpeó el piso el resto de los mercenarios se dieron cuenta de que la situación se estaba tornando rápidamente imposible de superar para ellos. Con el escudo levantado y otra lanza en mano atacó hacia sus enemigos que se encontraban a lo lejos detrás de unas pequeñas murallas de piedra. Para la sorpresa de todos el hielo voló hasta donde estaban los hombres armados lo cual era una distancia mínima de 50 mts. Al ver que no le dio a nadie cambió la estrategia al salir de la su santuario y partir corriendo detrás de ellos.

Los otros reaccionaron al instante optando por abrir más la distancia entre ellos y el demonio que los acechaba. Lamentablemente esa movida los quito de su asegurada protección y el chico aprovechó liquidar a otro que no estaba mirando a su objetivo terminando impalado por la espalda. Al notar la muerte de su compañero los llevó a darse cuenta que ahora estaba prácticamente desarmado y volvieron a liberar una tormenta de balas sobre ellos. El chico estiró su mano en su dirección mientras seguía avanzando sin siquiera mostrar señales de detenerse.

- ¡estoy sin munición!- gritó uno de ellos por la radio. Ese hecho no habría sido muy importante si es que no fuera por lo que siguió. La lanza de hielo incrustada en el cadáver voló de vuelta a las manos de su maestro logrando haciéndoles ver que él no iba a estar a su merced por el resto de la pelea y si le sumaban el hecho de que se estaban quedando sin munición causó que por primera vez en la pelea sintieran terror. Sus pechos se contrajeron, sus respiraciones se aceleraron, el sudor corría libremente por sus cuerpos y en sus mentes había una pequeña voz que les decía que este era su final.

- ¡retirada!- ordenó su líder sin pensarlo más. Todos se dieron vuelta y corrieron por sus vidas al punto de extracción acordado previo a la misión. Percy trató de perseguirlos por unos cuantos segundos hasta que se dio cuenta de que ellos ya se habían rendido. En el momento en que se detuvo se dio cuenta de algo muy importante. Había sobrevivido, había ganado y ahora nadie más lo amenazaría o los otros chicos dentro de la mansión. El cansancio mental lo invadió con fuerza. Dejó de lado la lanza de hielo, se volteó y caminó hacia la mansión. Tenía un par de cosas que hacer antes de irse a su casa.

Su hogar, como ansiaba volver a ella. Unas cuantas lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas. No podía aguantarse las ganas para volver a su hogar donde Jacob y Samuel lo recibirían con los brazos abiertos, donde sabía que estaba a salvo, donde no tendría que luchar por su vida, donde podía relajarse y tomarse un buen merecido descanso.

- pronto- murmuró con una débil y tiritante voz advirtiendo la llegada de un posible llanto- pronto.


POR FIN! HE TERMINADO. FUCK YESSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS.

Ahora les quiero comentar un par de cosas que probablemente necesitan saber. Después de que subí mi último capítulo, no sé de cuál historia para ser sinceros, me dio un bajón. Por suerte no fue severo. Lo que sí fue es que me quitó la energía para continuar trabajando de manera programada y diaria con mis historias como llevaba haciéndolo antes de ese evento. El bajón sucedió por diferentes motivos de los cuales puedo mencionar: problemas en la universidad (tenía que hacer un trabajo en grupo y la gracia es que teníamos que formarlo nosotros, eso llevó a que cuando preguntara quién quería formar un grupo, si es que a alguien le faltaba un miembro o si alguien me aceptaba en el suyo, la respuesta fue un completo silencio seguido por ignorarme por completo. Comportamiento de mierda si me preguntan), problemas familiares y existenciales. También la mierda de la pandemia terminó por alcanzarme emocionalmente, ya no podía ignorarlo ¿o tal vez finalmente me afectó y me di cuenta allí? No importa, contribuyó al bajón y eso es lo que importa. Los exámenes y pruebas importantes me alcanzaron cuando me encontraba recuperándome de ese bajón por lo que tampoco me pude concentrar en las historias.

Cambio de tema, el capítulo. Esta parte la tenía pensada por un buen tiempo. El tema no fue un impedimento en su escritura en parte porque es brutal y eso se me da fácil, al menos eso creo yo. La razón de por qué escogí que a Percy lo violaran en vez de cualquier otra cosa fue porque en realidad no habían muchas opciones para él. O sea, si terminas caminando regularmente por una ciudad transitada siendo un niño y solo la gente lo va a notar y lamentablemente no todos tienen buenas intenciones. Niños desapareciendo no es raro, en realidad si lo es solo que no tanto como un desearía. Es por ello el tema de este capítulo. Los otros temas serían probablemente un intento de asesinato, que habría sido frustrado con rapidez, o le habrían quitado los órganos en un instante antes de deshacerse de él, tal vez habría logrado escapar, pero ya no exploramos esa avenida.

Entonces, comenzaré a trabajar con más regularidad en mis historias y ojalá actualizarlas con más frecuencia. Todavía me encuentro en período de exámenes, uno este jueves y otro el viernes que si bien no estoy peligrando tampoco puedo relajarme JAJA... I want to die.

Ahora lo que sí más me interesa comentarles es que espero que se encuentren bien y que su día, o noche, mejore aunque sea un poco.

Comenten sus dudas, las que sean en realidad, lo que les gustó y no, las faltas de ortografía que indudablemente hay, lo que sea en realidad. Espero poder comunicarme pronto con ustedes.

Me despido y que les deseo bien.

Hasta la próxima, si es que la hay (definitivamente lo habrá).