La mañana transcurría tranquila y en armonía dentro del colegio.
Kakashi y Obito no podían estar más agradecidos de que así fuera, ya que en cualquier momento podrían llegar los dueños de la institución y querían que todo estuviera perfectamente bien para cuando eso pasara.
Resultó bastante positivo el hecho de que fueran pareja a la hora de tomar las riendas del plantel, pues la carga de trabajo era prácticamente igual para los dos y pasaban la mayor parte del tiempo juntos… en la dirección.
En poco más de dos semanas habían descubierto muchas maneras diferentes de desestresarse ahí adentro, claro que siempre se aseguraban de que la puerta estuviera perfectamente cerrada.
A ninguno de los dos les hubiera gustado ser atrapados en pleno acto.
— ¿Crees que todo esté en orden? No quiero que se moleste o nos llame la atención.
— Te preocupas demasiado, Obito. En todo caso, sino le agrada nuestro trabajo pues que se haga cargo él —contestó completamente relajado el Hatake.
— No digas eso, por lo menos yo estoy encantado con mi puesto. Y tú deberías estar igual, no en cualquier escuela ibas a ascender tan rápido a director.
— Tienes razón, pero bueno ya, no te mortifiques tanto que Jiraiya tampoco es precisamente un ejemplo a seguir. ¿Que no te acuerdas que cuando éramos estudiantes, varias veces lo encontraron embriagándose o tirándose alguna prostituta aquí en la oficina?
— Ni me lo recuerdes, que era prácticamente el pan de cada día en ese entonces…
La platica tan amena se vio interrumpida por unos pequeños golpes en la puerta, seguro tratándose de la esperada visita.
Kakashi se acomodó mejor en su lugar y Obito se dirigió a esta para abrir.
Al mal paso darle prisa.
Las clases con Asuma-sensei eran más relajadas que con Rin, eso ni dudarlo.
El Sarutobi les permitía trabajar en equipos la mayor parte del tiempo, equipos que ellos formaban libremente, por ejemplo:
Shikamaru, Chouji, Kiba y Shino
Hinata, Ino, Sai
Karin, Suigetsu, Sasuke y Naruto.
Estos últimos permanecían juntos a petición de la pelirroja, decía querer trabajar con su hermano, su novio y el mejor amigo de este (al que ya veía más como un cuñado, aunque esto obviamente no se lo diría a Naruto, por ahora).
— Podemos buscar en los libros de la biblioteca, tal vez ahí encontremos información más concreta —sugirió Sasuke.
— Vamos al terminar la clase entonces, teme.
— Si claro, vayan ustedes dos. Karin y yo avanzaremos con lo que ya tenemos…
— No querrás quedarte solo con mi hermanita para estar de mano larga ¿verdad? —cuestionó Naruto afilando la mirada.
— Para nada, Narutin. Yo sería incapaz —el peliblanco negaba con sus manos un poco nervioso. El rubio podía ser bastante intimidante en ocasiones.
— Mas bien preocúpate por ti, hermanito. No vaya a ser que te arrinconen por ahí, entre los estantes de la biblioteca…
— Adelante, Jiraiya-sama
La breve charla tuvo que ser pausada debido a que escucharon hablar a su profesor en dirección a unas personas que ingresaban al aula. Personas que Naruto y Karin reconocieron al momento, eran nada más y nada menos que su padre y su abuelo acompañados de Kakashi y Obito.
Estaban visitando los salones.
— ¡ERO SENNIN! —exclamó emocionado el rubio.
— ¡Chamaco imprudente! ¡no me hables así en frente de todos!
El resto de los estudiantes se echaron a reír mientras el hombre de edad avanzada se aproximó hasta Naruto y le jaló de la oreja.
— ¡Ay, ay, ay! Esperaba viejo pervertido, ya, ya. No lo vuelvo a hacer-ttebayo.
Sasuke miraba la escena sin decir nada, él estaba al tanto de quien era aquel hombre. No solo porque existía una fotografía de él y una placa con su nombre en uno de los muros de la escuela, sino porque a estas alturas Naruto le había contado sobre su abuelo y lo mucho que extrañaba verlo.
Y se notaba, porque después del tremendo jalón de orejas se fundieron en un abrazo al que después se unió Karin.
La pequeña y emotiva reunión duró solo unos minutos, pues Kakashi como buen director les recordó que estaban a mitad de clases y estas debían continuar. Sí, el peliplateado se había metido bastante en su papel de máxima autoridad.
— Te veo el fin de semana, mocoso.
— ¿Puedo llevar a Sasuke a la casa? —preguntó a Naruto como si nada.
Y no tendría por qué, al menos para la mayoría de su salón, su no-relación con el Uchiha era algo todavía desconocido, pero para sus amigos más cercanos fue motivo de algarabía.
— Dobe, no creo que…
— Así que tú eres Sasuke… —su voz fue interrumpida por la del señor peliblanco. Lo observó con ojo crítico de arriba hacia abajo y viceversa— Ya veo —agregó, luego dirigió la mirada hacia su nietecito y le apretó un poco el hombro.
— ¿Qué pasa viejo? —inquirió el rubio ante el apretón repentino.
— Nada, nada. Solo relájate, ya te acostumbrarás —dijo con picardía y a la vez sintiendo pena por el— Y sí, si tu papá no tiene problema llévalo a casa.
La platica culminó ahí, Naruto se sentía animado con la respuesta. Lo que no sabía es que tal vez sería mala idea llevar a su pretendiente a su hogar, estando su abuelo ahí.
Después de estar visitando salón por salón, ya solo les faltaba uno. Se trataba de la clase de ultimo grado que estaba a cargo de Itachi.
Obviamente el recibimiento que las visitas tuvieron ahí fue completamente diferente. Deidara no era precisamente cercano a su abuelo, de hecho, cada que podían se decían sus verdades en la cara.
— ¿Qué haces aquí, viejo loco?
— Deidara, no seas grosero —le regañó Minato, tratando de evitar un momento de tensión y ofensas.
— Yo también te extrañaba, nietecito querido —aseguró sarcástico el abuelo.
Y así empezaron una serie de comentarios cargados de ironía e insultos entre ese par. Minato solo se encogió de hombros y prefirió dirigirse al docente a cargo, no para hablar de trabajo, sino para solicitarle el permiso para Sasuke.
— Naruto quiere nos acompañe este fin de semana en casa, espero que no tengas problema Itachi.
— No claro que no. Si Sasuke quiere ir, adelante sensei.
— Te lo agradezco. Si quieres puedes pasarte también, sirve que te despejas —indicó sonriente el ex director.
Itachi solo asintió tratando de ocultar un poco la preocupación que sentía, no porque fueran a encontrarle fallas a su método de enseñanza o algo así, sino porque todavía no hablaba con él acerca de sus sentimientos por el mayor de sus hijos, ni de la relación que ahora mantenían.
Quizás esta era una señal del destino y una buena oportunidad para hacerlo.
Por la tarde.
Sasuke preguntó a la bibliotecaria exactamente en qué sección podrían encontrar los libros que necesitaban.
Naruto había optado por hacerlo a su manera, es decir, revisar y desacomodar todo hasta encontrar lo que buscaban. Se subió a un banco para poder alcanzar los libros que se encontraban más arriba, moviéndose sobre el sin tener cuidado alguno.
Al momento de bajar, su pie se dobló haciéndole perder el equilibrio.
Un grito inusual alertó a Sasuke que inmediatamente corrió en la dirección de la que provino y se encontró con Naruto en el suelo quejándose por el dolor.
— ¿Qué te paso? —preguntaba al mismo tiempo que lo ayudaba a levantarse.
— Se m- ¡AH! ¡DUELE! —se quejó al tratar de enderezarse por completo, probablemente se lastimó la cadera y el tobillo al caer.
— Si serás tonto. Vamos, te llevare a la enfermería.
Sin darle tiempo a reaccionar u oponerse, el azabache lo cargó entre sus brazos cual princesa de Disney y caminó.
El rubio pesaba, sí, pero en ese momento era más importante que recibiera atención y calmar su dolor.
En los fuertes brazos del Uchiha, Naruto se sentía morir, sin dudar estaba ruborizado por la cercanía, por todo. Solo ocultó su rostro en el pecho de este, ahí pudo respirar ese aroma tan exquisito que Sasuke destilaba.
En tanto, los alumnos en los pasillos se quedaban boquiabiertos ante lo que veían.
Frituras, refrescos, golosinas, helado, bolsas de bombones…
Ciertamente Jiraiya no escatimó en gastos al pasar por el supermercado. Él quería pasar un buen fin de semana con sus nietecitos y tenía un plan en mente para que así fuera.
¿Y por qué no?
También obtener toda la información posible acerca de su situación amorosa.
— No llevas nada nutritivo, papá —Minato lo ayudaba a acomodar las bolsas en el auto antes de partir de vuelta a casa.
— Por supuesto que sí. Llevo carne, queso, salchichas, algunos condimentos… —la verdad no tenía idea de qué más había agregado al carrito de las compras— Todo lo necesario para una carne asada el sábado.
— Claro, todo muy nutritivo —Ironizó su hijo al cerrar la cajuela.
El mayor le regaló una amplia sonrisa a modo de respuesta.
No debía olvidar que su padre estaba algo chiflado, pero ama a sus tres retoños muy a modo. Solo esperaba que no inventara ninguna locura para el fin de semana.
— Al parecer solo es el susto por la caída, el dolor desaparecerá en unos días ya que no hay lesiones que tratar. Aun así, te daré unos analgésicos para controlar el dolor que experimentes.
La doctora Shizune buscaba los medicamentos en el estante detrás de ella mientras Sasuke ayudaba al rubio a bajar de la camilla.
No tenían nada de qué preocuparse, afortunadamente la caída fue de poca altura y no habría consecuencias mayores. Tal vez si alguien no fuera tan atrabancado esto no hubiera sucedido, pero lo hecho, hecho está.
— De igual manera te daré un gel antiinflamatorio, puedes aplicártelo tu mismo o pedirle a Sasuke que te ayude —añadió la mujer sin reparar en el rostro de los alumnos. El comentario fue algo… sugerente e incómodo para ambos— Resulta gracioso…
— ¿El qué? —preguntaron dirigiendo toda su atención hacia ella.
— La ultima vez que estuvieron aquí fue porque los dos traían el labio partido a raíz de su pelea. Me da gusto verlos tan unidos ahora, apoyándose como grandes amigos —Shizune sonrió orgullosa, lo que había dicho era completamente sincero.
Después de eso, el par solo asintió.
Más embarazoso no podía ser, porque bueno… ellos habían cruzado los límites de la camaradería hacia un tiempo, no solo en acciones sino en sentimientos.
La doctora los observó detenidamente cuando abandonaban la enfermería, podría jurar que Naruto que estaba ruborizado cuando Sasuke lo traía entre sus brazos, además de la mirada de extrema preocupación del otro…
Sonrió pícaramente.
— ¿Puede creer esto, Tsunade-sama? —masculló al cerrar la puerta.
Luego de una pequeña disputa entre ellos, el Uchiha consiguió convencer a Naruto de permitirle ayudarlo a untarse aquel mentado gel.
Así pues, una vez que el chico de ojos azules se encargó de esparcirlo en su tobillo lastimado, llegó el momento de que el azabache le ayudara. No lo pensó mucho, simplemente se dejó caer cobre su cama esperando que pasara lo más rápido posible.
Cinco segundos después, estaba sentado de nuevo en la orilla del colchón, provocando una fuerte punzada de dolor en su cadera que disimuló lo más que pudo.
Sasuke le dedicó una mirada reprobatoria.
— Acomódate —ordenó.
— Pero Sa-Sasuke…
— Demonios, dobe ¿Quieres clamarte? No voy a abusar de ti, solo tengo que ponerte esto —explicó mostrándole el pequeño tuvo de gel— Acuéstate, por favor.
Derrotado, volvió a acomodarse sobre la cama y boca abajo. Era tal su vergüenza que optó por girar la cabeza hacia el lado opuesto al que se encontraba su adorado teme.
— Necesito que apartes un poco tu pantalón y levantes tu playera o ¿quieres que lo haga…
— No, no —objetó rotundamente— yo lo hago.
Obedeciendo a la petición de su compañero, se despojó un poco sus prendas y nuevamente se acomodó en la posición anterior.
En la punta de sus dedos, Sasuke vertió un poco del contenido del tubo y lo esparció a la altura de la cadera y parte de la espalda de Naruto, sus movimientos eran lentos y delicados. No quería lastimarlo.
Su concentración en la acción que estaba ejecutando no le impidió reparar en la piel tan suave que recorrían sus dedos. El Namikaze poseía un cuerpo delgado, pero bien formado y suponía que sus glúteos eran firmes, o eso le parecía al ver como se le ajustaban perfectamente los pantalones en esa área en específico.
En tanto, Naruto cerró sus ojos dejándose envolver por el alivio que le provocaba tanto el remedio como las manos que, ahora, acariciaban su piel.
«Déjame acariciarte… por favor.
…relájate y déjame encargarme de esto».
El recuerdo golpeó su memoria, la noche de fin de año en su casa y cómo terminó por casi tener sexo con el chico que debía estar poniéndole el gel y no besando su espalda.
— Sasuke… —susurró al tiempo que un pequeño jadeo escapaba de sus labios.
De pronto sintió como este lo giró con delicadeza para evitar hacerle daño y dejarlo boca arriba.
— Lo siento, no pude evitarlo. Me vuelves loco, dobe —explicó en tono blando y con la mirada nublada en deseo.
En un movimiento rápido, el Uchiha se encontraba sobre el para después reclamar sus labios arrebatadamente, ansiaba volver a saborearlos, morderlos y tener a Naruto así, a su disposición.
Tan excitado como lo estaba él.
De un momento a otro el rubio se aferró a su espalda, mientras el azabache lamia su cuello y lo succionaba de cuando en cuando.
Con sumo cuidado, Sasuke deslizó sus manos para estrujar el trasero de su dobe, necesitaba sentir más de él justo ahora…
Y luego la maldita puerta.
— ¡HEY!
La voz de Suigetsu los obligó a separarse y recobrar la compostura.
— ¡CHIFLANDO Y APLAUDIENDO! ¡CHIFLANDO Y APLAUDIENDO!
Gritaba la pelirroja al ver la escena y golpeteaba con sus manos— si querían privacidad mínimo hubieran esperado a que termináramos el trabajo ¿no? —Karin colocó sus brazos en jarras imitando la pose de mamá regañona
— Naruto se cayó, tuve que llevarlo a la enfermería. Lo siento — Sasuke trató de excusarse ya de pie mientras acomodaba su playera —No es lo que piensan, yo solo estaba tratando de ponerle…
— No pues sí, eso queda claro Sasukecito. Estabas tratando de ponérsela, pero te interrumpimos ¿a que sí? —el peliblanco no perdería la oportunidad de burlarse de su amigo.
— Suigetsu…
— ¿Qué pasa bro? —preguntó ingenuo.
— Corre.
No tuvo que decirlo dos veces.
En un parpadeo Suigetsu emprendió su huida de la habitación siendo perseguido por un furioso Uchiha, seguramente lo asesinaría o quizás se conforme con torturarlo hasta que pida piedad.
Karin negaba moviendo la cabeza de un lado a otro, aun en la puerta de aquel cuarto.
— El se lo buscó —argumentó Naruto ya sereno sobre la cama.
— Sabes bien a qué me refiero, hermanito —el chico le desvió la mirada captando el mensaje — ¿No se supone que no eran novios?
— No lo somos.
— ¿Entonces?
— No es tu asunto, Karin —dando por acabada la conversación se dirigió hacia el baño.
La pelirroja se encogió de hombros y decidió que era mejor ir hacia su dormitorio. No vería a su novio hasta el otro día si es que seguía con vida y, por lo visto, tampoco avanzarían con el trabajo de equipo por hoy.
3 de la mañana.
Sasuke no podía dormir, por eso se encontraba mirando hacia el rubio a unos metros de él.
Se levantó hasta llegar a la orilla del lecho de este y le acarició el cabello con ternura.
«Suficiente de jueguitos, quiero algo serio contigo. Voy a pedírtelo, tengo que hacerlo porque no quiero que malinterpretes esto, dobe» decía el Uchiha en su interior.
Acababa de tomar una decisión importante, aun cuando prometió no presionarlo, era necesario ser claro y directo con Naruto. Quería que fuera su novio de una vez por todas.
— Deja dormir, Romeo… —nuevamente Suigetsu hablaba entre dormido solo para importunarlo.
No le respondió, resopló molesto y optó por simplemente lanzarle un zapato que fue a parar hasta darle de lleno en la cabeza.
En los días siguientes, el dolor iba desapareciendo para Naruto.
Luego de haber sido atrapado en una situación comprometedora por su hermana y su "cuñado", decidió que era mejor arreglárselas solo para el asunto del gel.
Ni de broma dejaría que Sasuke lo hiciera de nuevo, las cosas siempre terminarían mal.
Siendo viernes al fin, solo recogió algunas cosas y las guardó en una pequeña mochila. Después de todo solo iba a pasar el fin de semana a su casa…
Entonces ¿Por qué se sentía tan nervioso?
— Espabila, hermano —el rubio pelilargo le propinó un zape— Papá esta esperándonos abajo para ir a casa con el loco del abuelo, hm.
— Ya voy, ya voy-ttebayo. Solo estoy terminado de acomodar —decía al tiempo que guardaba algo de ropa en el pequeño closet
— Así que… ya volverás a dormir aquí —indagó Deidara como no queriendo la cosa.
— Así es, todo está aclarado entre Gaara y yo. Me tomó más tiempo porque Sasuke insistió en que me quedara un poco más porque le gusta verme… —dejó de hablar de golpe al advertir la imprudencia que estaba por cometer y más a quien estaba por decírselo— le gusta ver series hasta muy entrada la madrugada —mintió.
— Uy, si claro. Y yo soy Batman —se paró a un lado del menor y colocó su mano sobre su hombro— A Sasuke le gusta verte dormir, hm.
— ¿T-tu cómo sabes? —Naruto se sintió abochornado a niveles exagerados.
— Muy sencillo, se lo dijo a Itachi mi amor y él me lo dijo a mí.
— No te creo
— Nah, es una completa mentira, pero tampoco puedo decirte cómo lo sé.
Deidara escapó de ahí para evitar más preguntas, si decía una palabra más, seguramente su cuñadito adorado le cortaría la lengua y se la daría de comer a los perritos callejeros.
A naruto no le quedó mas que colocarse la mochila al hombro y marcharse, justo antes de cerrar la puerta se dio cuenta de que la habitación estaba vacía, es decir…
Faltaban algunas de las pertenencias de sus compañeros, las camas estaban perfectamente tendidas como cuando se van con sus familias (rara vez) en fin de semana…
¿Dónde rayos estaban Gaara y Sai?
