7 Ultima sospechosa


[La Historia, imágenes y personajes NO me pertenecen, los tome para entretenimiento, SIN ánimo de LUCRO]


Hinata se apartó para que Naruto pudiera hablar a su ex mujer, esta, con la cabeza inclinada, las manos unidas sobre la suave curva de su vientre y su bello rostro iluminado por la luz de la luna, parecía una santa.

La voz corrosiva de Naruto rompió la armonía de ese hermoso cuadro.

—¿Cómo diablos has entrado? No me lo digas, siempre has tenido la habilidad de seducir a mis criados.

—Naruto no te enfades —murmuró Shion— Te negabas a verme, solo me quedaba este pequeño subterfugio para poder encontrarme contigo.

—Desde luego que se trata de un engaño.

Lanzó una negra mirada en dirección a Hinata quien balbuceó:

—Escuche al menos lo que tiene que decir.

—Ahora entiendo mejor lo que decía sobre mi naturaleza... caritativa —gruñó él.

Estaba siendo sincera, le hubiera gustado gritar a Hinata, pero prefirió guardar un prudente silencio.

—Vuelva al baile —conminó él secamente— antes de que acaben dándose cuenta de su ausencia.

Hinata les siguió con la mirada mientras ellos entraban en una habitación débilmente iluminada de la entrada. Pensó que formaban una hermosa pareja, él alto y viril y ella frágil y graciosa. Era indudable que Shion le convenía más a Naruto que la propia Hinata... Hinata que había actuado para forzarle a escuchar a su antigua esposa.

¡Como debía despreciarla! Pensó con la garganta cerrada. Aunque la palabra "actuación" no fuera del todo adecuada. Cuando él la tomó entre sus brazos, ella no fingió ni la pasión ni el deseo.

Dio media vuelta y volvió por el sendero. Por un momento se había sentido hermosa y deseable, mareada por una extraña exaltación. Ahora el encanto se había roto y ella retomaba su ingrato papel de solterona. Naruto nunca le perdonaría que se hubiera prestado a una intriga así.

Subió enfadada las escaleras de la entrada, la acogió el sonido de las risas, el murmullo de las voces y retazos de conversaciones, sin embargo para ella la fiesta había perdido todo el encanto. Los efectos del champán ya habían desaparecido y de nuevo tuvo la sensación de que su lugar no estaba entre esa gente elegante.

Los invitados estaban cenando en el comedor iluminado con múltiples candelabros, la gran sala de baile medio vacía evocaba un sueño que acababa.

De puntillas para no atraer la atención de los músicos que estaban descansando, se dirigió a la puerta doble y la abrió. En el descansillo oyó con mayor claridad las risas de los invitados. Estaba a punto de subir por la escalera de mármol cuando alguien la llamó.

—Mi querida niña ¿no cenas? ¿Dónde vas?

Como un hada con su vestido de gasa blanco bordado en oro, lady Kushina estaba subiendo los escalones recubiertos de una lujosa alfombra azul oscuro. Hinata se dio la vuelta de mala gana y haciendo un esfuerzo sobre- humano dirigió a su madrina una sonrisa forzada.

—Yo... Quería descansar un momento en mi habitación.

—En efecto, pareces cansada ¿Estabas con mi hijo en el jardín? Hinata miró a lady Kushina cuyos ojos brillaban maliciosos.

—Si milady. Hemos hablado un momento.

—¿Le gustó tu vestido?

—Si... creo que si, aunque no ha dicho nada.

—Habéis estado fuera mucho tiempo ¿De que habéis hablado?

Hinata tragó con esfuerzo y la condesa esbozó una sonrisa llena de comprensión.

—Da igual, dime solamente donde está.

Las palmas de las manos de Hinata se humedecieron.

—No... No lo sé.

—Tengo que encontrarle —insistió lady Kushina— Le he buscado por todas partes. Los he buscado por todas partes. Vamos a anunciar el compromiso y Sharingan se enfadará si Naruto no esta presente. Bastante mal se llevan ya los dos...

—Pero ¿por qué? ¿Por qué Naruto no soporta al duque? Lady Kushina suspiró

—Porque Sharingan se parece demasiado a su padre.

—¿Y? —quiso saber Hinata intrigada.

—Mi difunto esposo era un moralista, hizo todo lo que pudo para domar el carácter salvaje de su hijo. Quería modelar a Naruto a su imagen y semejanza. Nada le detenía, ni restricciones, ni prohibiciones. Intenté intervenir pero fue en vano. En fin creí que lo mejor era separarles de modo que dejaba a Naruto a menudo en el campo mientras nosotros vivíamos en Londres.

De Namikaze padre Hinata solo conservaba el vago recuerdo de un aristócrata altivo e irascible.

—Perdóneme —murmuró— pero ¿por qué se casa con el mismo tipo de hombre? Lady Kushina cogió las manos de su ahijada.

—¡Que inocente eres! —exclamó— Siento una gran ternura por Sharingan, pero muchas veces la vida se encarga de escoger en nuestro lugar.

Hinata bajó la cabeza preguntándose se su madrina habría adivinado lo que la atormentaba.

—Opino igual —dijo— Es usted muy juiciosa. La condesa le apretó la mano.

—Comparte más a menudo mi opinión y tendrás toda mi simpatía querida. Y ahora, mi intuición me dice que sabes muy bien donde se encuentra el sinvergüenza de mi hijo.

Hinata se mordió los labios mientras mantenía una dura lucha interior entre admitir que lo sabía o fingir que lo ignoraba. Su natural honestidad tuvo la última palabra.

—Supongo que lo descubrirá, esta con Shion que quería verle.

—¿Con Portia? ¿En esta casa?

—Si. Llegó hace unos minutos.

—¡Que atrevimiento! ¿Cómo se atreve a venir a mi casa para comprometer a mi hijo?

—Es culpa mía —gimió Hinata— Viendo su aspecto es evidente que necesita dinero. Me convenció de que la ayudara.

—Hinata, eres demasiado buena. Tu ingenuidad será tu perdición. No puedes ni imaginar el modo que esa zorra se ha aprovechado de la generosidad de Naruto. ¿Dónde están?

—Abajo.

—Gracias.

Con un ruido de tafetán y gasa, lady Kushina bajó la escalera, su furiosa expresión entristeció a Hinata más de lo estaba "espero que no me desprecie ella también" —se dijo.

Apoyado en la mesa de madera maciza de la biblioteca, Naruto contemplaba a la mujer que en un tiempo consideró como la esposa perfecta. Las pequeñas llamas de las velas bañaban los finos rasgos de Shion con un resplandor rojizo. Sentada en un sillón de cuero, se alisaba la falda rosa pálido como si quisiera exhibir mejor su abultado vientre.

Sin embargo la conmovedora visión de su embarazo no afectaba a Naruto. Shion siempre perseguía algo, y ahora iba a intentar, como de costumbre, aprovecharse de la situación.

Hija única de un conde, lady Shion Lovett combinaba la gracia y la belleza con una impecable educación. Naruto la había visto por primera vez en el hipódromo. Ese día ella estaba resplandeciente, semejaba una joven Venus...y también una niña consentida por unos padres demasiado cariñosos.

Naruto experimentó un verdadero flechazo por ella, sin embargo se había jurado a si mismo que solo cortejaría a mujeres viudas o casadas. Pero Shion le atrajo como un imán. El mismo día que se conocieron ella le rozó los labios con un beso. Había ido a una escuela para jóvenes de buena familia pero sabía muy bien como seducir a un hombre.

Besos, caricias, promesas...Aturdido por la pasión Shion confundió deseo y amor. Una noche, mientras los dos tortolitos intercambiaban apasionados besos, el padre de Shion les sorprendió. Naruto no tuvo más remedio que pedir la mano de la joven. Y la mano fue concedida.

Por supuesto ella se las había arreglado para que su padre llegara en el momento oportuno, pero Naruto eso lo supo más tarde, ya que a lo largo de su matrimonio fue de una desilusión a otra.

En ese momento ella le miraba con sus grandes ojos lavanda, con esa expresión suplicante que era experta en fingir.

—Naruto —dijo con la melodiosa voz que adoptaba siempre que quería conseguir algo— Naruto perdóname por haberte alejado de tus invitados. Si mi situación no fuera tan desesperada...

Dejó la frase en suspenso, su labio inferior comenzó a temblar actuando como una consumada actriz.

—¿Qué te sucede Shion? ¿Tienes deudas de juego? —le preguntó él con los brazos cruzados sobre el pecho—Yo ya no soy responsable de tus tonterías por si lo has olvidado. Pídele a tu padre que te ayude.

—Mi familia ha renegado de mí. Papá tiene vergüenza de tener una hija divorciada... Me evita. Y de todos modos su fortuna no es tan grande como la tuya.

—Te di una suma que te hubiera permitido vivir cómodamente hasta el fin de tu vida.

—Si, y te lo agradezco —suspiró ella con la expresión de una mártir a punto de ser lanzada a los leones— Pero no me queda nada. Taruho Mōryō huyó llevándose todo lo que tenía.

Él lo sabía por Hinata. En labios de Shion las cosas sonaban de otro modo. El tal Mōryō debía haber abandonado a su víctima por otra presa más rica.

—¿Por qué no le denuncias? Le arrestaran y le obligaran a devolverte el dinero.

—Se ha ido Naruto. Ha volado al continente, no le encontrarían nunca.

—Eso no es problema mío.

—¿Cómo puedes ser tan insensible? Te lo suplico, eres mi única esperanza. Dame cinco mil libras y nunca volverás a oír hablar de mí.

Se puso de pie y se acercó a él. Su mano se deslizó por el muslo de Naruto hacia su entrepierna.

—Querido, ayúdame. Te lo pagaré bien. Asqueado la apartó bruscamente.

—Detente. No me vas a engañar.

—¿Estas molesto por no haber podido hacerme un hijo en los cuatro años de nuestro matrimonio? No creas que sea una cuestión de virilidad Naruto —declaró ella con voz venenosa.

—Nunca quisiste un hijo mío —gritó él— Decías que un embarazo deformaría tu figura.

De forma extraña, el rostro de Hinata sustituyó al de Shion. Hinata si que querría a su hijo, habría peleado con uñas y dientes para conservar a Ino. Hinata tenía un instinto maternal del que carecía Shion por completo.

Pero ¿y ese beso? Se preguntó. ¿Estaba calculado para que él se entretuviera hasta la llegada de su ex -mujer? Le costaba creerlo. A pesar de su mal carácter, Hinata era una persona recta y leal, incluso aunque esa noche le hubiera desvelado una faceta insospechada de su personalidad.

—¿Y que tiene Hinata Hyūga que ver en esto? —ironizó shion como si le hubiera leído el pensamiento—¿Estas pensando en seducir a esa solterona desechada?

—No sé de que estas hablando.

—¿Qué hacíais en este banco cuando he llegado?

—La ponía en guardia sobre ciertas víboras como tu que llevan la traición en la sangre. Shion se rió.

—Guarda tu pequeño secreto, me da completamente igual. Pero no abuses de su confianza, me disgustaría mucho.

—Sin duda quieres tener tú ese privilegio.

La risa de Shion se desvaneció. Sacudió la cabeza.

—Hinata fue lo bastante gentil como para demostrarme un poco de amistad con mis dificultades.

¡Como si Shion conociera el significado de la palabra amistad! Naruto frunció el ceño. Su ex esposa había manipulado a Hinata, con mentiras y lágrimas de cocodrilo, supo ganarse sus simpatías. Tocó todos los resortes: el buen corazón de Hinata, su ingenuidad, su costumbre de defender las causas perdidas...

—Escucha —dijo abruptamente— Te propongo una cosa: una casa en el campo donde podrás criar a tu hijo tranquilamente. Y eso es todo.

Shion entrecerró los ojos.

—Pero yo no tengo ninguna gana de exiliarme. Necesito dinero.

—Olvida el dinero. Lo perderías en el juego. La casa en el campo o nada.

—Quiero vivir en Londres.

—Entonces lo harás bajo un puente.

Ella cogió un libro de la estantería y lo lanzó con furia a la cara de Naruto quien se agachó para evitar el golpe.

—¡Eres un miserable! —gritó ella— Un rufián. Le diré a Hinata como eres.

Llamaron a la puerta, y esta se abrió dando paso a lady Kushina. Al entrar en la biblioteca la madre de Naruto dirigió a su antigua nuera una mirada llena de furia.

—Tú ya no vives en esta casa. ¡Sal de aquí inmediatamente!

—Encantada. No te he echado de menos vieja, ni a ti ni a tu encantador hijito.

Se fue con la cabeza alta cerrando la puerta con violencia. Lady Kushina levantó la mirada al techo.

—Esta ramera se cree que es la reina. Hiciste bien en librarte de ella.

—No hablemos más de eso, volvamos al baile.

—Me he dado cuenta de que esta encinta.

—No soy el padre de la criatura, no te preocupes.

—Supongo que después de las veces que te ha negado un heredero debes estar furioso.

—¿Quién te ha dicho que ella me lo negó? —preguntó él fríamente.

—Lo he adivinado. No eran felices y se notaba. No dejes que ese matrimonio desafortunado te amargue querido.

—Es un poco tarde para que te preocupes por mi, madre.

—Y sin embargo es verdad. Deberías volver a casarte —insistió ella— No todas las mujeres son como Shion.

Él dejó escapar una risa amarga.

—¿Por qué quieres que me compre la vaca cuando tengo la leche gratis? Su madre frunció el ceño.

—Por Ino. Necesita una madre.

—Hinata se ocupa muy bien de ella.

Lady Kushina lanzó un pequeño grito y se llevó el abanico a los labios. Una luz brilló en sus pupilas.

—¡Dios mío! Es una excelente solución ¿Por qué no lo he pensado antes?

—¿Pensado que, madre?

Ella le cogió del brazo sonriendo.

—En Hinata querido. Sería una esposa ideal.


La carroza rodaba por un camino de campo. Dos cuervos daban vueltas lentamente bajo un cielo plomizo. Amenazaba tormenta pero por el momento la naturaleza estaba cubierta por sus adornos primaverales. Hinata se vio invadida por una oleada de nostalgia, echaba de menos Wessex.

Natsu estaba dormitando en el asiento, su bonete blanco estaba caído a un lado y su enorme pecho se movía arriba y abajo con el ritmo de sus ronquidos.

Hinata manoseaba pensativa su medallón. Algún día ella sería como su tía, una solterona amargada que conservaría con añoranza el recuerdo de un beso intercambiado una noche en un baile.

En el cielo los pájaros seguían dando vueltas. Se prometió a si misma que no pasaría el resto de su vida lamentándose por un amor perdido. Hacía ya tres días que Naruto no le hablaba, ni siquiera había tenido la cortesía de responder a sus mensajes, había preferido hacer el camino a caballo con tal de no estar en el mismo carruaje que Hinata.

Había insistido para que llevaran a Natsu en su visita a lady Hotaru, solo Dios sabía porque. Lo más probable es que fuera para no tener que dirigirse directamente a Hinata.

Después del famoso baile la evitaba cuidadosamente, se encerraba en la habitación de la torre y no aparecía ni siquiera para las comidas.

En el transcurso de uno de sus paseos con Ino, Hinata vio una puerta medio oculta bajo una cortina de hiedra, el jardinero le explicó que era la entrada secreta a las habitaciones del conde, entonces los celos le atravesaron el corazón...las amantes de Naruto podían deslizarse por allí con total discreción.

Intentó sonsacarle a lady Kushina alguna información sobre el encuentro de Naruto con Shion, su madrina no se había molestado en ocultar que no le gustaba su antigua nuera, pero fueran cuales fueran los pecados de Shion, no se merecía lo que le estaba sucediendo se decía Hinata.

Aunque solo fuera por el hijo que esperaba y que al igual que Ino pronto iba a pagar por las faltas de su madre.

Una ráfaga de viento sacudió la carroza, unas gotas de lluvia se estrellaron en los cristales, el cielo se había oscurecido, un rayo iluminó el cielo y fue seguido por el estruendo de un trueno. Luego, de golpe, cayó un diluvio. El vehículo se detuvo.

A pesar de la tromba de agua y del ruido que producía sobre el techo del carruaje, Natsu continuó roncando apaciblemente. Se abrió la puerta y entró Naruto empapado hasta los huesos. Antes de que pudiera cerrarla cayó sobre Natsu un chorro de agua que la despertó sobresaltada.

—Ah... ¿Hemos llegado por fin?

Naruto se quitó los guantes y se pasó los dedos por el pelo empapado.

—No, todavía queda una hora.

—¡Dios mío! Este viaje es interminable —se quejó Natsu— Y todo para encontrar a la madre de Ino. ¡Es vergonzoso!

Naruto se quitó el abrigo. Natsu ocupaba todo el asiento y no tuvo más remedio que sentarse al lado de Hinata.

—Perdone que haya interrumpido su siesta.

—¡No estaba durmiendo la siesta! Estoy haciendo un echarpe para Hinata —respondió Natsu ex- hibiendo dos agujas de madera que empezó a mover con ganas— Los inviernos son fríos y húmedos en Wessex, la pobre puede acabar con reuma como yo.

—¡El frío no me preocupa tía Natsu! —objetó Hinata— Tengo la sangre caliente.

Comprendió demasiado tarde que sus palabras podían ser malinterpretadas. Naruto no reaccionó, parecía haber relegado su ardiente beso al olvido. Hinata se alisó la falda de seda marrón con la mano enguantada.

Le encantaba su nuevo guardarropa. Medias de seda, encajes, corpiños escotados, faldas vaporosas...Cada vez que veía su reflejo en un espejo, se detenía para asegurarse que era realmente ella.

Desgraciadamente Naruto no parecía darse cuenta de su nuevo aspecto.

—Hay una posada a unos diez kilómetros de aquí —dijo— Si la tormenta continua nos cobijaremos ahí.

Un nuevo relámpago iluminó el cielo, Hinata se esforzó en concentrarse en su libro de poesía, era inútil seguir soñando con ese beso que de todos modos pertenecía al pasado, era una tontería emocionarse por un breve encuentro que evidentemente no había significado demasiado para Naruto, para él no era nada, bajo su punto de vista Hinata seguía siendo lo que era en realidad: una solterona llena de prejuicios.

El rítmico ruido de las agujas de hacer punto se hizo más lento y después cesó del todo, Natsu cayó de nuevo en una dulce somnolencia. Era una suerte, se dijo Hinata, pero antes de que empezara a hacer preguntas Naruto se adelantó.

—¿Qué esta leyendo?

—Eh... Los poemas de William Blake.

—¡Ah! A mi me parece que su poesía esta plagada de trivialidades.

—No estoy de acuerdo. Blake escribe unos versos admirables.

—¿Entonces porque me mira en vez de leer? ¿Por qué no quiere admitir la verdad? Esos poemas son empalagosos y aburridos.

—No es cierto.

Hinata se interrumpió.

—Naruto, no quiero que nos peleemos. Tengo algo importante que decirle.

—Si se refiere a la noche del baile será mejor que no lo haga.

—Está enfadado conmigo porque organicé el encuentro con Shion. Le pido perdón.

—Detesto las intrigas.

Le miró a los ojos.

—No soy una intrigante, defendí una causa justa. ¿Va a ayudar a Shion?

—Rechazó mi ofrecimiento, puede usted tener la conciencia tranquila, hizo todo lo que pudo.

—¿Lo rechazó? No lo entiendo. ¿Le ofreció una cantidad ridícula?

—No. Una casa en el campo, pero ella prefería dinero en efectivo. Cinco mil libras para poder pagar sus deudas de juego.

¡Cinco mil libras!

Hinata miró a Naruto asombrada.

—Se refiere a las deudas de Taruho Mōryō, el juego es un pasatiempo de hombres. Naruto levantó las cejas con cinismo.

—Es usted decididamente muy ingenua mi querida Hinata.

—En ese caso dígame toda la verdad para que pueda entenderlo.

—El juego ejerce en algunas personas, sean hombres o mujeres, un atractivo irresistible. La posibilidad de ganar es tan poderosa que están dispuestos a vender a su padre y a su madre e incluso dejar sin comer a sus hijos.

Hinata se quedó de piedra. ¡Que afición tan horrible! ¿Lady Shion era realmente victima de algo así?

—Usted también juega, y no parece andar mal de dinero —contestó.

—Yo sé controlarme. El dominio de si mismo es el mejor atributo de un jugador.

—A mí siempre me ha parecido un hombre de excesos.

—Mis vicios son más carnales que mentales—respondió él con una traviesa sonrisa. Me toma por tonta, constató ella con pesar.

—A propósito de Shion...

—Parece deslumbrada por mi ex mujer.

—Estoy preocupada por su hijo. Él elevó los hombros.

—Eso la honra, cuando nazca veré lo que puedo hacer.

Antes de que ella pudiera expresar su gratitud, él se inclinó hacia Natsu que roncaba, le cogió la petaca de medicina y se la llevó a la boca. Dio un trago y luego se secó los labios con el reverso de la mano con una mueca de asco

—¡Puaj! ¡Que asco!

—¡Deje eso! —susurró Hinata— Es su medicina.

—De eso nada, es coñac con melaza...puede que con una pizca de opio. Acercándose a Hinata murmuró

—Me temo que su tía es una borracha.

Esa idea ya se le había ocurrido a Hinata, pero siempre se negó a admitirlo.

—Y usted tiene la lengua de una víbora. Todo el mundo tiene defectos.

—Salvo usted Chipie. ¿Cómo la describió Duxbury ¡Ah si! Un modelo de perfección. Le causó una gran impresión.

De nuevo la estaba provocando.

—Nadie es perfecto Naruto, seguro que he cometido algunos errores.

—Puede ser.

Su mirada se detuvo en la boca de Hinata quien reprimió un estremecimiento. ¡Como le gustaría que la volviera a coger en sus brazos! Dios mío ¿de donde salían esos pensamientos? Ante todo tenía que proteger a Ino.

—Hábleme de lady Greeley —dijo.

Naruto miró por la ventana, había estirado sus largas piernas cuidando de no molestar a Natsu que continuaba roncando.

—La lluvia es preferible a este interrogatorio.

—No quiero molestarle, solo quiero saber, en el caso de que lady Greeley fuera la madre de Ino, lo que pudo hacer que la abandonara.

—No lo sé.

—¿Cuanto tiempo duró su relación?

—Una semana.

—¿Es el tipo de mujer que dejaría a su hijo en la puerta de una desconocida?

—Desde luego que si.

Su respuesta, carente de toda duda, irritó a Hinata.

—¿Entonces porque mantuvo una relación con alguien tan egoísta?

—¿Tengo que escribírselo? Me fijo más en los atractivos físicos que en los morales.

—De acuerdo pero ¿por qué una dama como lady Greeley se dirigiría a otra persona y no directamente a usted? ¿por qué abandonó a Ino en mi casa?

—Eso es un misterio.

—Sea quien sea la madre de la niña, me parece que su actitud es muy extraña.

—Todo es extraño en este asunto.

Miró el sello de oro que llevaba en su dedo.

—No sé cuando podría haber tenido ocasión de coger este sello. En esa época no lo llevaba.

—¿Dónde la tenía guardada?

—Estaba en la cómoda, metida en una caja. Me llevó un tiempo darme cuenta de que no estaba.

—Lady Greeley pudo haberse metido en su habitación cuando hizo una de sus visitas a la torre. Naruto se puso verde.

—¿Qué sabe de la habitación de la torre?

Con la boca seca, Hinsts simuló estar ojeando el libro.

—Solo lo que el ama de llaves me dijo. Que no se le podía molestar cuando estaba usted allí. Deduje que es ahí donde recibe a sus...

La frase murió en sus labios, Naruto la miraba impasible, ella esperaba una respuesta, una explicación, pero él guardó silencio. Al cabo de un momento volvió a mirar por la ventana.

—Ya no llueve. Si me excusa...

Dio un golpe en el techo y el carruaje se detuvo. Se puso el abrigo y los guantes, empujó la puerta y saltó al suelo. A través del cristal lleno de gotas de lluvia, Hinata le vio rodear el coche para desatar a su caballo.

Natsu volvió a abrir los ojos.

—¿Ya hemos llegado? —preguntó.

—No tía, todavía no.

—Estoy agotada —lloriqueó peleando con su pelota de lana— Daría cualquier cosa por estar en Wessex. Hinata oyó a su tía quejarse sin moverse. Poco después Natsu se volvió a dormir. Ahora ya podía reflexionar con tranquilidad.

El coche se movía con suavidad, el habitáculo parecía extrañamente vacío sin Naruto, disimuladamente deslizó la mano por el lugar donde él había estado sentado. El recuerdo de su único beso inflamó el cuerpo de Hinata. Nunca había experimentado tales sensaciones y tenía que admitir que lord Rasengan, notorio libertino, la fascinaba.


Bradick Hall parecía más una prisión que una residencia. La fachada de piedra gris con estrechas ventanas era siniestra. Solo el humo que se escapaba de la monumental chimenea indicaba que el lugar estaba habitado.

Hinata andaba sobre el camino de grava, el dobladillo de su vestido se metía en charcos de barro, Natsu se quedó esperando en el carruaje. Naruto miró a Hinata que avanzaba con el valor de un joven soldado.

Las curvas de su cuerpo bajo la capa de seda le excitaron. Pero, como le ocurría cada vez que la contemplaba, oyó la voz de su madre diciendo "Hinata sería una esposa perfecta".

Entonces le daban ganas de salir corriendo. La mera idea del jugo conyugal le ponía la piel de gallina. Se había jurado a si mismo no poner nunca más su futuro en la manos de una mujer ¿por qué contentarse con una si podía tenerlas todas?

Subí la escalera de granito detrás de Hinata. La puerta de entrada era inmensa, como la de un castillo. Naruto llamó.

—¿Lady Greeley esta casada? —preguntó Hinata.

—Viuda. Vive con su cuñado.

No le dio tiempo de decir nada más, la puerta se abrió sobre un Adonis con libra roja que le miró con sorpresa.

—¿Milord?

—Quisiéramos ver a milady —explicó Naruto

—Lady... G... Greeley? No pueden, está...

—No está en Londres de modo que tiene que estar aquí—le interrumpió Naruto con impaciencia.

Hotaru debía estar en compañía de algún hombre, pensó, y su mayordomo tenía órdenes de no molestarla.

—Soy lord Rasengan—continuó— Vaya a decirle que la espero en el salón.

Empujó al mayordomo y entró. Hinata le siguió. Se dirigieron a una sala mal iluminada, decorada con armaduras y tapices medievales. Los candelabros apagados incrementaban el aspecto lúgubre.

—¿Todavía esta ahí? Vaya a decirle a su señora que deseo hablar con ella de inmediato.

—Pero... No puedo... No está... aquí... Quizá lord Greeley quiera recibirle. Naruto apartó al criado.

—No importa. Sé donde encontrarla.

—Pero milord...

Ignorando las protestas del mayordomo, Naruto se precipitó hacia la escalera de roble. Pasó por el primer descansillo que tenía un casco y una cota de mallas y se dirigió al piso superior. Hinata subía tan deprisa como podía.

—Ese mayordomo se comporta de forma extraña —murmuró— Dudo que lady Greeley esté en casa.

—Estoy seguro de que está aquí.

Anduvo por el pasillo débilmente iluminado y se detuvo delante de la puerta del fondo. Llamó pero no obtuvo respuesta.

—Naruto no puede forzar esa puerta, si se está vistiendo...

Él encogió los hombros, se imaginaba más bien a Hotaru desnuda en los brazos de su último amante, escena que era mejor ahorrarle a Hinata.

—Tiene razón —dijo— Espéreme aquí.

—¿Para que la interrogue a su manera? Nunca.

—Por una vez demuestre un poco de sentido común. Todo indica que está con un hombre.

—Eso no puede ser peor que cuando le encontré en la cama con su encantadora rubia.

Naruto la miró, le invadió una extraña sensación como le ocurría cada vez que la veía así, vestida de seda. Sus cabellos enmarcaban su dulce rostro... tan familiar. Pero los ojos de Hinata, grises, brillantes, penetrantes, seguían siendo los de la Hinata de su infancia.

—Muy bien—suspiró—Vamos allá—Empujó la puerta. Las cortinas estaba echadas y el lugar estaba a oscuras. Un denso olor de musgo mezclado con tabaco impregnaba el aire.

—¿Hotaru? —llamó Naruto— Soy Rasengan, tengo algo que decirle. Reinaba el silencio más absoluto.

Naruto atravesó el vestidor en dirección al dormitorio. Abrió la puerta impidiendo que Hinata pasara como si quisiera protegerla. Percibió en la sombra la forma de la gran cama de columnas. Un lecho vacío.

—¿ Hotaru?

En un rincón de la habitación brillaba una luz naranja.

—¿Quién está ahí?

Crujió una silla, la luz se movió. De pronto se encendió una vela. El rostro sin afeitar del vizconde Greeley se dibujo en la penumbra. Era un hombre atlético, con el pelo castaño despeinado. Olía a whisky. Un cigarro reposaba en un cenicero de porcelana al lado de una botella.

Naruto nunca había sentido aprecio por Utakata Badrick, era un envidioso y un manipulador. Siendo el menor de una familia numerosa, siempre había deseado las posesiones de su hermano mayor incluida su viuda. Había heredado el título cinco años antes cuando su hermano murió en un accidente de caza. Se sospechó un homicidio pero se cerró la investigación por falta de pruebas.

—Greeley —preguntó Naruto— ¿Dónde esta Hotaru? Tengo que hacerle unas preguntas. Lord Greeley dio una calada a su cigarro y soltó el humo.

—Llega usted con un mes de retraso —dijo con voz pastosa— Hotaru esta muerta.


La Historia tiene la finalidad de Entretener.