Saori, giró un par de veces frente al espejo, sonriendo ligeramente y dándose el visto bueno. Acomodó por última vez su cabello y salió de la habitación. Encontró en la puerta a Shion, que ya la esperaba para acompañarla hasta el salón, le dedicó una amable sonrisa y el Gran Papa le ofreció su brazo; Saori, lo aceptó. Ambos emprendieron el camino hacia la escalera principal.
Se encontraban en la mansión Solo. Julian, les había invitado a ella y Hades a pasar fin de año con él, ninguno se había negado. Hades llegaba esa misma noche y ella, tenía desde Navidad en la mansión. Esa noche además de celebrar el fin de año, anunciaría su compromiso con Julian.
Mientras bajaba las escaleras del brazo de Shion, Saori, tuvo que recordar el mes previo a ese día. No se había visto con Julian hasta el día de navidad, pero las llamadas habían sido frecuentes casi diarias en cuanto él tenía algún tiempo libre. Se había sentido sumamente halagada por ese detalle y había descubierto que Julian era un hombre además de guapo, bastante interesante, no supo cómo, pero en poco tiempo había conseguido su confianza y su afecto.
No se sentía atrapada por las flechas de Eros ni Anteros, lo sabía porque desde la Era del Mito, ella conocía bastante el cosmos de esos dos, era algo que había tenido que aprender para mantener su castidad y no le pasara lo que a su hermano Apolo. Sin embargo, una tarde, mientras paseaba por el jardín de la mansión en compañía de Julian, había sentido un calor interior que se intensificó cuando en acto por demás natural, se habían besado.
Atenea, reconocía que el contacto le había agradado y sorprendido en partes iguales, pues desde la Era del Mito, evitaba cualquier tipo de contacto íntimo dado a su promesa de castidad, pero al estar cerca de Julian, todo eso había cambiado sin siquiera saber cómo o por qué. Ella había intuido que la forma en la que reconocería el amor, sería a través de Ágape, jamás imaginó el amor romántico y menos sin la influencia de alguno de los Erotes.
Había pensado que, tal vez, no los había detectado, sin embargo, al hablar con Poseidón directamente, este le había confirmado que no habían sido los hijos de Afrodita los responsables de la unión entre ella y su recipiente. Dejó de pensar en eso en cuanto terminaron de bajar las escaleras y fue recibida por la mano de Julian. Se sonrieron mutuamente y Shion hizo una leve reverencia antes de retirarse discretamente.
—Te ves hermosa —halagó Julian besando su mano cálidamente.
—Gracias, también estás muy guapo —devolvió Saori.
—Gracias, ahora, ¿me acompañas a dar un paseo?
—Vamos.
Ambos salieron al jardín, que a pesar del clima, lucía radiante, la noche comenzaba a caer y todavía no llegaba el resto de los invitados —Hades, Perséfone, Pandora y los jueces y algunos otros espectros—, así que tenían un tiempo para charlar antes de dedicarse de lleno a sus invitados y su celebración.
—¿Todavía te preocupa lo que nos une? —preguntó Julian un poco preocupado.
Saori, le dedicó una suave sonrisa y negó.
—No, creo que sí estamos juntos es por algo, como Atenea, no niego que es algo que me toma por sorpresa, se supone que no iba a pasar, pero sí las Moiras lo han decidido.
—Bueno, es agradable que lo veas así, Poseidón estuvo intranquilo luego de su charla y me comentó algo interesante.
—¿Qué? —preguntó Saori curiosa. Deteniéndose para prestarle toda su atención.
—Hubo intervención, no sabe de qué tipo, ni cómo es posible, pero está seguro.
—Era el único modo, supongo —comentó Saori comprensiva.
—¿No te molesta?
—No —hizo énfasis con su cabeza—, mi santo de Piscis me dijo una vez, que sí había elegido nacer como humana era porque estaba dispuesta a comprender mejor a las personas que protejo y para ello, conocer sus emociones era importante. El amor es una de ellas y como dije, sí las Moiras lo han decidido, sabemos que no podemos ir en contra.
—Tan elocuente como siempre —elogió—. Hades, está llegando, mejor vayamos a recibirlo.
Ambos se levantaron y avanzaron hacia la entrada principal de la mansión, donde recibieron al dios del Inframundo a su consorte y a la élite del Masei, para su sorpresa, con ellos llegaron Hypnos y Thanatos. Saludaron a los regentes del Inframundo y la velada dio comienzo.
No era una reunión muy ostentosa, algunos santos, espectros y los siete shoguns, conformaban la comitiva te tertulianos que se congregaron en la sala de la mansión Solo para despedir el año viejo y dar la bienvenida al nuevo.
—Por favor, Camus —rogó de nuevo Mu ante el gesto indiferente de Acuario.
—Pídeselo a alguien —frunció el ceño en gesto de molestia.
—Eres el único que está libre —respondió Mu haciendo un puchero.
Camus, repasó la sala con la vista y pudo confirmar que lo que le decía su compañero era cierto. Observó a Dohko que charlaba con una santo de plata al igual que Aioria; Kanon, paseaba con la nereida; el resto se encontraba ausente y él no tenía nada que hacer. Suspiró. Supuso que no era mala idea ayudar un poco a Mu. Miró a Radamanthys, esperaba no arrepentirse.
—Está bien —cedió al fin.
Mu sonrió sin poder ocultar su felicidad; Camus, no pudo evitar una leve sonrisa, igual. Tenía que aceptar que estar en compañía de un espectro no era lo que más le emocionaba, pero sí servía para ayudar a un compañero, entonces podía hacerlo. Solo rogaba porque quien acompañara a la dama Pandora fuera cualquiera que no sea Radamanthys.
Ambos santos se encaminaron hacia donde se encontraba Hades y su ejército y luego de saludar respetuosamente al regente del Inframundo, Mu, pidió permiso para pasear con Pandora. Permiso que le fue concedido. Camus vio como Radamanthys hacía ademán de levantarse, pero —para alivio de ambos santos—, fue detenido por Perséfone, quien dio la orden a Violate de acompañar a Pandora.
La pareja salió al jardín, siendo seguidos de cerca por el santo de Acuario y la espectro de Behemoth. Que, a diferencia de Mu y Pandora que sostenían una ameba charla, se mantenían en silencio, sin embargo, como acuerdo tácito dejaron que la pareja se perdiera en algún lugar del jardín, quedando ellos al margen.
—Creí que debías cuidar de Pandora —comentó Camus tocando con sus dedos una rosa que se congeló a su tacto.
—Siendo santos, no me agradan, pero estoy segura que el caballero de Aries no lastimaría a la dama Pandora, so pena de recibir el peor castigo ofrecido en Inframundo.
—Creo que Mu, no la dañaría aun sin temor de represalia alguna —comentó convencido.
Behemoth, asintió simplemente y continuaron en silencio. Camus, se entretuvo jugando con las flores, a las cuales congelaba por aburrimiento. Hasta que la mano de Violate, lo detuvo mirándolo molesta. Él, simplemente arqueó una ceja ante su gesto.
—Ya hace suficiente frío como para que tu cosmos enfríe más.
—Oh, lo siento. No sabía que no podías tolerar un poco de frío.
Sonrió burlón. Violate lo miró con ira contenida. Sí no fuera por qué sabía que Aiacos la castigaría por su impulso, ya hubiera golpeado al santo que tenía delante. Hizo un intento por serenarse, porque tampoco podía irse, sería igual o peor para ella sí su superior se enteraba que dejó a la dama Pandora sola.
—En el Inframundo no hace —respondió desviando la vista.
—Entiendo.
Camus, se quitó el abrigo que llevaba por costumbre y que no necesitaba y se lo pasó a la espectro. Sabía que tal vez su gesto sería mal recibido pero no le importó.
—Estaremos un buen rato aquí —dijo señalando a la pareja que no estaba conversando precisamente—. Sí crees que hace frío, lo mejor es que te abrigues —explicó con calma.
Tal como sospechó, Behemoth, lo miró mal, pero no rechazó el gesto, tampoco se lo agradeció, pero fue algo que el caballero de Acuario pudo obviar; la mujer a su lado era una simple guerrera, esperar de ella la educación que tenían su diosa o la dama Pandora, sería excesivo.
El silencio reinó entre ambos, el resto del tiempo que tuvieron que pasar afuera y Camus, casi sintió alivio cuando Mu y Pandora se acercaron a ellos para volver al salón, era la hora de la cena y no podían desairar a Julian.
—Se ve que te divertiste —comentó Mu ante el seño fruncido de su compañero.
—No tienes idea de cuánto —ironizó Camus. Mu sonrió.
—Excelente noticia, porque quiero que me acompañes el próximo fin de semana, Pandora y yo iremos a cenar—dijo emocionado—. No te preocupes, yo pagaré.
Concluyó al ver que Camus abría la boca y se alejó sin darle oportunidad de negarse —cosa que obviamente iba hacer.
—Cuando Milo se fue a Asgard, pensé que iba a tener un poco de paz al fin —se quejó.
—Lo siento —se disculpó Mu—, pero eres el único disponible, prometo que lo compensaré.
—Más te vale —resopló.
La cena transcurrió en amena charla entre todos, parecía que poco a poco las viejas riñas quedaban atrás y para complacencia de los dioses, comenzaban a llevarse mejor.
Al finalizar y antes de pasar de nuevo al salón, Saori y Julian se pusieron de pie y llamaron la atención de los presentes. Todos guardaron silencio y observaron a la pareja con una sonrisa. Julian, entrelazó sus manos con las de Saori y se aclaró la garganta.
—Sé que no soy tan extraordinario como los aquí presentes y que lo único que me hace digno de estar entre ustedes es el ser el recipiente de Poseidón, pero quiero hacerlos partícipes de mi felicidad y anunciarles que Saori y yo hemos decidido formalizar nuestra relación.
Los aplausos no se hicieron esperar y resonaron por el comedor. Hades, se levantó con copa en mano y se dirigió a la pareja con una ligera sonrisa.
—Quiero ser el primero en felicitarlos, la verdad es que me sorprende enormemente la noticia y, aunque me gustaría saber qué hará Poseidón en el futuro, creo que me la pensaré dos veces antes de iniciar una nueva guerra. Atenea, ¡ya era hora!
Los presentes volvieron a aplaudir y todos se dirigieron al salón para recibir el nuevo año entre risas, felicitaciones y alegres conversaciones.
