POV NARRADOR
En la isla dragón, todos dormían después de un largo y duro día de trabajo comandado por la ojiazul, la madrugada estaba en apogeo y un Furia Nocturna llegaba a otra isla, iluminada por la misma luna y enormes antorchas, lentamente, las luces de las casas se apagaban una a una, el pueblo se estaba durmiendo.
-Vamos amigo, sobre las nubes- murmuró Hipo escondiéndose en el cielo, no era época de invasión así que los centinelas tendrían la baja guardia –entremos por detrás- le pidió dirigiéndose la casa de Astrid, golpeó un par de ventanas y al fin encontró uno de ellas que estaba abierta, lentamente y en silencio entraron -Ventajas del Furia Nocturna, ser pequeño para un dragón ¿no amigo?- Chimuelo le dio una sonrisa sacando la lengua.
Hipo bajó de Chimuelo, tomó una bolsa de tela y comenzó a guardar ropa de Astrid, todo lo que pudiera llevar, abrió sus cajones tratando de rescatar todo lo posible y encontrar los dos cofres, sabía que no podría cargar todo su contenido, pero le llevaría a Astrid todo lo que pudiera.
Cuando abrió el cajón superior de la cómoda al lado de su cama, encontró enmarcado un dibujo de Astrid de niña, Hipo sonrío de lado víctima de un ataque de nostalgia, se sentó un momento en la cama y repasó con su pulgar aquella imagen, fue un regalo de él para ella el ultimo cumpleaños que paso a su lado.
-¿Qué estoy haciendo?- murmuró para él llevando su mano a su frente y negando. Estaba mintiéndole por todo lo alto a la mujer que amaba, pero ¿Por cuánto tiempo podría seguir con esto?, si le decía quién era, la perdería de nuevo... y después de recuperarla, ya no soportaría estar sin ella.
Chimuelo se le acercó y recargó su cabeza en sus piernas, Hipo sonrió de lado y comenzó a acariciar su cabeza –la vida era más simple hace una semana ¿eh?... bien amigo, tenemos que seguir- le dijo poniéndose de pie -ahora los cofres- el de la joyería lo encontró rápido, en la habitación de los difuntos padres de la rubia, tomó solo algunas cosas y las guardo –Astrid dijo que el del oro estaba escondido, ¿pero en dónde?... "pueblo viejo... muchas casas nuevas"- recordó para sí, no podía estar en la parte superior porque había sido reconstruida una y otra vez... en cambio la base suele quedar de pie... el suelo.
Comenzó a pisar sobre la madera con su prótesis en piso de abajo buscando un sector que sonara diferente... -beneficios de una pierna de metal, supongo- murmuró atento a cada golpe, cuando llegó a la zona de las escaleras al fin estaba ese sonido vacío que tanto estaba buscando –ahí estas- murmuró, se agachó y comenzó a quitar la madera, el cofre apareció rápidamente.
Chimuelo giró la cabeza junto a la sorpresa del castaño, Astrid no mentía, ese cofre duplicaba el oro de todo Berk en sí mismo, tomó algunas monedas, se llevó apenas la mitad, no quería sobrecargar a Chimuelo, y si Astrid era la única con vida en conocer la ubicación de ese cofre en Berk, estaría seguro.
Cargó las bolsas en la silla de Chimuelo, el dibujo en su mochila y se dispuso a salir.
-Tenemos una parada más amigo- le informó mirando a su antigua casa, Estoico sabia del valor de aquella hacha, e Hipo no estaba dispuesto a irse de Berk sin ella.
Chimuelo entró por escotilla del techo de la habitación de Hipo, Estoico se había encargado de dejar su cuarto intacto. Se dio un segundo para repasar su propia habitación, había pasado una década desde que pisó por última vez su propia habitación, abrió uno de los cajones y se encontró con sus viejas camisas verdes, ¿enserio era tan delgado?... sonrió para sí mismo recordándose de niño.
-Vamos amigo- le murmuró suspirando y dejando sus cosas en su lugar.
Estoico dormía hacía un par de horas, siempre con una vela alumbrando una esquina de su habitación en donde reposaban los dibujos de un pequeño Hipo y su hermosa y difunta mujer, un pequeño golpe en su cabaña lo hizo despertar. Tomó la vela que estaba encendida y bajo a la primera planta alerta y curioso.
-No te muevas- ordenó una voz profunda y segura saliendo de la obscuridad que la cocina podía brindarle, Hipo se detuvo y cruzó –o él dispara- lo amenazó señalando con la cabeza al Furia Nocturna que se movía lentamente enseñando los dientes a la espalda de Estoico.
-Me he enfrentado a peores situaciones- lo retó arrogante Estoico pero sin moverse al sentir al Furia Nocturna asecharlo
-Te creo, pero no estoy aquí para eso-
-¿Entonces a que has venido?- cuestionó viendo al Maestro Dragón caminar paso a paso hacia él
-Primero a saludarte... buenas noches jefe- le dijo sarcástico
-Déjate de estupideces- contestó Estoico apretando sus puños y buscando la espada que solía tener en la entrada
-¿Siempre has sido tan divertido?...- se burló Hipo ante la notable incomodidad del jefe -bien número dos, vine a darte esto- aventó a los pies de Estoico una bolsa llena de monedas de oro –es el doble de lo que solicitas por los chicos...-
-¿Para que los querrías tú?- le cuestionó curioso por el reciente interés del Maestro por los exiliados
-Necesito que alguien limpie mis establos- respondió despreocupado –a menos que a ti te interese un nuevo empleo- Estoico entrecerró los ojos ante la ofensa, Hip levantó su rostro, la máscara ocultaba sus propias expresiones, pero sus ojos reflejaban el absoluto odio y repudio que sentía por aquel hombre en esos momentos.
-¿Qué hay de Astrid?- la sangre de Hipo se heló solo al escuchar su nombre salir de su boca
-Acepté su trato- contestó de inmediato –ella es mía-
-Los chicos son tuyos... ahora lárgate de Berk, no vuelvas a poner un pie aquí en lo que te resta de vida- le ordenó señalando la puerta
-Espera un segundo... no te dije a la tercera cosa a la que vine... Oh ya... ¿Chimuelo?-
El dragón saltó sobre el enorme vikingo dejándolo a su merced mientras su boca se inundaba de un color purpura listo para explotar en cualquier momento, Hipo hincó a su lado y susurró al oído de Estoico –Venía a decirte que eres un maldito cobarde, una vergüenza de jefe y un fraude de hombre, pudiste entregarme a la Valkiria sin una sola cicatriz y ni siquiera así estaría interesado en una alianza contigo, pudiste entregarla con mil cicatrices y aun así valdría mil veces más que tu... tu esposa e hijo muerto deben revolcarse en el Valhala por lo que eres hoy- Estoico solo tenía los ojos abiertos, estaba inmóvil, ni siquiera tenía una expresión, esas palabras destruyeron su alma
Hipo se levantó victorioso y fue hacía donde estaba el hacha y la tomó –ah... y me llevo esto-
Hipó subió a Chimuelo y son piedad el dragón disparó al frente destruyendo la hermosa puerta tallada de la su antigua casa y salió volando desapareciendo en la seguridad de la noche inmediatamente.
Todos en Berk salieron ante el estruendo, el jefe se puso de pie, pero no decía una sola palabra, el Maestro Dragón pagaría por esa humillación, con su vida.
POV HIPO
¿Qué si tenía remordimiento por lo que le dije? Ni un poco, al contrario, creo que me quedé corto en palabras.
-Creo que debemos dormir un rato amigo- le dije a Chimuelo, habíamos volado el día entero, aterrizamos en una isla lejana y solitaria, deje una pequeña fogata calentándonos, acomode mi bolsa de dormir y cerré los ojos al fin, con un cierto sabor dulce por mi campaña de hoy, amé a mi padre hasta el día en que descubrí que aquel hombre, ya no lo era, ahora solo era un desconocido que había dañado a quien amaba.
POV ASTRID
-¿Heather?-
-Esta dormida- me murmuró riendo al otro lado de la cama yo solo puse los ojos en blanco -¿Qué pasa rubia?-
-No se, no puedo dormir- admití sentándome en la cama
-¿Qué te perturba?- yo levanté una ceja y sonreí irónica
-La lista es larga...- admití
-Supongo que podemos reducirlo a un solo nombre- yo me limité a poner los ojos en blanco, sabia a donde iba esa charla y no quería tenerla
-¿Entrenamiento nocturno?- la reté
-La respuesta es siempre si- me dijo levantándose de la cama.
La Isla Dragón, si es hermosa por el día, por las noches se lleva las palmas, tiene esa aura especial que nisiquiera puedes describir con palabras.
Tomamos un par de hachas de la herrería, supongo que al Maestro Dragón no le va a molestar y nos dirigimos al bosque.
-El sol no tarda en salir- me dijo Heather mirando al horizonte
-Mira- señalé al cielo cuando un enorme dragón apareció en el cielo
-Chimuelo creció- me murmuró, yo sonreí de lado
-Woo- dijimos las dos al mismo tiempo cuando en el momento justo en que el sol toco el mar el dragón se desintegró en pequeños dragones diminutos.
-Awwww- escuché en un puchero a Heather cuando uno de esos dragones aterrizo cerca de nosotros –Astriiid mira esto...- me dijo tratando de acercarse a él –lo quiero adoptar-
-Si bueno, no creo que al resto de sus amigos les haga mucha gracia que te quedes con un pedazo de dragón-
-Jajaja- fingió una risa –ahora entiendo por qué Axe vive en este lugar-
-Una cosa menos que nos queda de comprender de él- me burlé sentándome en una roca –ahora solo nos quedan novecientas noventa y nueve-
-¿Tantas preguntas tienes sobre él?- me interrogó lanzando primero su hacha ¿Por qué me sonrojo?
-¿Tu no?- le pregunté lanzando ahora yo
-No novecientas noventa y nueve-
Tenemos que terminar de aplanar la zona central, hay que ir a despertar a los chicos- le pedí tratando de cambiar de tema lo más pronto posible.
POV HIPO
El sol ya se había asomado cuando desperté, me quedaban unas dos horas de viaje hacia la isla y estaría en casa, almorcé un par de pescados, me asegure que Chimuelo también lo hiciera y me dirigí a mi destino.
Cuando llegué pude ver, a los chicos trabajando... esperen ¿trabajando? ... volé cauteloso sobre el centro de la Isla, quizá estaba en un archipiélago alternativo, hasta que escuché a Astrid gritándoles... bueno, ahora todo tiene sentido.
-Pero miren que trajo el Furia Nocturna- se burló Astrid cuando aterricé
-Ja ja ja...- fingí reír bajando de Chimuelo, momentos después me acerqué a ella –tengo algo para ti- le susurré al oído y tomé su mano para guiarla hacia la armería con Chimuelo detrás de nosotros. Para ser honesto, me olvide de que los otros estaban ahí. Supongo que mi pequeño olvido me va a costar muchos momentos vergonzosos.
Cuando llegamos le cedí el paso para que entrara y cerré la puerta detrás de nosotros.
-¿Bien?- me preguntó desconcertada, yo sonreí de lado y me acerqué a Chimuelo desatando una de las bolsas grandes
-Creo que esto es suyo señorita- le dije entregándosela, ella se acercó y la abrió... solo por esa expresión de sorpresa todo el viaje valió la pena
-Mi ropa... ¿qué demonios?- me reprochó en un ataque entre shock, sorpresa y claramente incredulidad, caminé al otro lado de Chimuelo y le entregué la otra bolsa
-Ah y creo que esto también-
-El oro...- murmuró cuando la abrió -Axe... ¿cómo?..-
-Hice una visita a Berk- le confesé señalando la primer bolsa –y me las ingenie para encontrarlo-continué ahora señalando al oro –no pude traer todo, pero estará seguro... oh espera una última cosa- me volví a Chimuelo y tomé el arma perfectamente escondida en su silla
-¡Mi hachaaaa! - dijo corriendo por ella y la abrazo con un niño a un juguete querido – ¿cómo?... ¿por qué?... Thor esto es...-balbuceaba tratando de recuperar el aliento, yo no pude evitar sonreír encantado por la emoción, se detuvo un momento, me miró y me ¿abrazó? -¿cómo podre agradecerte esto?- murmuró aun conteniendo su emoción
-Con esto ya lo hiciste- le respondí mientras nerviosamente ponía las manos en su cintura
Un segundo después, Astrid se separó de mí y me dio un puñetazo en el brazo...
-¡Ouch!... ¿por qué?- me quejé sobándome el brazo
-Eso es por haber ido a Berk solo y sin avisar- sin darme tiempo a respuesta, sujetó mi camisa, me acercó a ella y me plantó un beso en la mejilla, muy cerca del rabillo del labio -y esto... por todo lo demás- murmuró sin separarse para después sonreír victoriosa y caminar hacia atrás. ¿Tengo sonrisa de idiota?, puedo jurar que la tengo en este momento.
La tarde había pasado, los chicos me enseñaron sus planos para la base nueva, eran disparatados todos querían algo diferente, y dudo que podamos llegar a un consenso que los satisfaga a todos.
Astrid acordó en contra de mi voluntad ocupar todo el oro en su construcción y avisados fueron sobre su nueva libertad, aun así, salir por el momento no era lo mejor. Sigo cuestionándome si darles un dragón es la mejor elección, les servirán para protegerse, pero ¿Quién nos protegerá a nosotros de los gemelos en un dragón?
Terminamos de cenar y me dispuse a dar un baño antes de dormir, y como el único baño siempre estaba lleno, decidí ducharme en la laguna cerca de la cabaña. Quité mi armadura, el resto de mi ropa y me dispuse a entrar.
Después de darme el lujo de tardarme lo que quise, dejar al agua relajarme y nadar un poco, me dispuse a salir, y justo cuando iba a secarme cuando dos siluetas pasaron corriendo persiguiéndose y se detuvieron en seco al verme... pues desnudo.
El de la silueta grande y casco pequeño solo se apenó, pero el de la silueta baja y cuerpo fornido se me quedo mirando completamente pasmado... cualquiera puede pensar que eso era incomodo... pero estaba más aterrado que otra cosa.
-Patán espera- traté de tranquilizarlo, pero este solamente salió corriendo. Ta da da, estoy muerto.
