Wizdad

Sumario: Harry Potter no tenía nada resuelto en su vida. Si James no causaba un problema, entonces Albus estaba de mal humor. Si Albus no parecía un grumpy, Lily tenía una rabieta. Cuando creía que podría tener un descanso, debía ir al Departamento de Aurores. La mayor parte del tiempo no tenía idea de qué estaba haciendo, o qué tan bien lo hacía. Agregar a Draco Malfoy y unos mellizos sólo lo haría más divertido.

Género: Romance/Family/Humor.

Claves: Drarry EWE. Fluff, familias Potter-Weasley y Malfoy-Greengrass. Shipps variados.

Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.


El nuevo reino de Lily

Harry no tenía idea de cómo terminaron en esa situación. Altair iba adelante, ralentizando su avance sólo cuando debía ayudar a Lily a pasar por debajo de un tronco o cruzar un terreno pedregoso. El bowtruckle, que se llamaba "Feroz", los guiaba; era muy extraño observar a la criatura diminuta con forma de rama pasearse delante de sus ojos con una altura mayor a dos magos adultos.

Utilizaron un hechizo para encogerse. Para ser más específicos, los niños estaban por meterse en problemas probando hechizos de un libro viejo que tomaron de la biblioteca de la escuela, cuando Harry decidió que sería más seguro para todos y mejor para su estabilidad mental si era él quien lo realizaba. Lo último que quería era que Lily quedase con la estatura de un meñique de por vida, o que Altair no pudiese recuperar el tamaño normal de alguna extremidad.

Aparentemente, se encontraban en una misión para salvar el mundo de las plantas. Mundo que, por cierto, se hallaba en el patio de los Malfoy e incluía a varios conjuntos de plantas bailarinas que formaban sus propias Cortes y reinados.

Harry hizo una nota mental para decirle a Draco que disminuyese la cantidad de historias que les contaba a sus hijos, y que si era posible, les diese una dosis de realidad para estar seguros de que sabían reconocer la fantasía de lo que sí existía. Por supuesto que eso fue antes de que Feroz, el bowtruckle, los apartase del trayecto de dos criaturas con apariencia de flores que utilizaban los tallos de dientes de león igual que espadas y el césped como campo de pelea.

Por lo visto, el mundo de las plantas en el jardín de los Malfoy era bastante real, y entraba en el top 5 de las cosas extrañas que Harry conoció desde que se enteró de que era un mago.

Los niños le aclararon los detalles con esa ligera exasperación y tono de obviedad que presentan cuando algún adulto parece no comprender su sencilla lógica. Altair oía a las plantas, bien, no era información nueva. Por lo visto, los "mundos de plantas" se creaban cerca de alguien con dicha habilidad, o en espacios de gran concentración mágica; de acuerdo, hasta ese punto, incluso podía admitir que el asunto tenía cierto sentido.

Luego venía una explicación sobre cómo la princesa flor de una de las Cuatro Cortes pensó que Lily era la princesa del "mundo humano" (es decir, la casa de los Malfoy) un día en que la vio usando una de sus coronas, así que Altair las presentó, y esta les contó que dos de las Cortes se la pasaban peleando en una esquina del jardín, razón por la que no crecían más de las bayas mágicas que Scorpius plantó con su madre.

El bowtruckle cumplía la función de mensajero, se suponía que los niños evadirían a las plantas que peleaban entre sí y servirían de intermediarios en el diálogo de las dos Cortes enojadas, para que parasen de dañarse a sí mismas y al jardín. Harry se limitaba a caminar detrás de ellos y preguntarse qué sucedería con sus cuerpos encogidos si una de las criaturitas decidía atravesarlos con las espadas de diente de león.

Esperaba que Draco no lo fuese a matar por esto. O Ginny. En su defensa podía decir que, al menos, los niños tenían un "adulto responsable y capacitado" siguiéndoles el rastro.

Claro que tampoco se veían como si les hiciese falta algún adulto, más allá de para encogerse por el hechizo que ninguno manejaba.

—…podemos plantar otros arbustos de esas bayas —decía Lily, sosteniéndose del brazo de Altair para saltar desde la parte de arriba de una ramita a la que se subió—, si son las bayas lo que quieren. Las pondremos un poco más lejos y así no van a tener que ver a la otra Corte, y si no se ven, no se van a pelear más.

—Tal vez cada Corte debería tener su propio arbusto de bayas, aparte del de Scorp —respondía Altair, después de mover una hoja para que los dos pudiesen pasar entre un par de flores—, ¿o qué crees que hagan en el invierno? ¿Dormir como osos? Podemos plantar un arbusto para cada Corte, son cuatro arbustos, los ponemos en las esquinas del jardín, y que cada uno se ocupe del suyo. Y si una Corte le hace algo al arbusto de otra, los castigamos con ese hechizo de hielo que tu madre te enseñó…

—Es un buen hechizo —Lily asentía, convencida de que tenían un excelente plan de acción.

Harry experimentaba una sensación similar a la que tenía cuando iba a Hogwarts y oía a Hermione hablar de los temas que eran obvios para ella, pero que Ron y él no entendían. Lily usaba otra de sus coronas y Altair aparentaba estar seguro de que su bowtruckle no dejaría que nada les sucediese, con la espada de diente de león que llevaba.

Por otro lado, estaba feliz de que se entendiesen bien. Desde que lo conocía, no había visto que Altair hablase tanto con alguien, además de su mellizo. Y a Lily le encantaba pasar tiempo con cualquiera que le dejase ponerse una corona, todavía más si le decía que salvarían al mundo y hasta podrían pelearse con unos "malvados".

La siguiente nota mental que hizo, entonces, fue preguntarle a Draco qué sucedía en su jardín.

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Mientras Harry vivía esta grandiosa y extraña aventura en miniatura, Draco probaba su nuevo laboratorio de pociones en casa, en compañía de un curioso Scorpius y un Albus atento a cualquier cosa que decía. Ese día, ninguno de los pequeños Potter parecía recordar a su hermano que estaba en Hogwarts.

Cuando los tres regresaron a su tamaño normal, Lily fue la primera en correr hacia el laboratorio para contarles su experiencia. Altair y Harry llegaron a la entrada en el momento en que ella resumía la historia.

—…la Corte de las bayas es la que vivía bajo el arbusto de bayas, cuando los de la Corte de los narcisos se pusieron envidiosos y decidieron que el arbusto de bayas iba a ser para ellos, por eso se pelearon. Entonces la princesa de la Corte de las rosas tuvo que llamarnos, porque no podía detenerlos sola, y los de la Corte de los dientes de león no podían hacer nada, desde que los narcisos se llevaron a sus reyes y…

La historia de Lily finalizaba con un "¡y me dieron esta corona!", mostrándoles una tiara de tallos entrelazados, con una ramita del arbusto de bayas, un narciso, una rosa y un diente de león encantados.

—¿Pero cómo lo arreglaron? —preguntó Albus, frunciendo el ceño.

—Vamos a plantar un arbusto para cada Corte —Altair se encogió de hombros—, ellos pueden hacer que crezcan más rápido, y van a tener unas pocas bayas para antes de que empiece el invierno y muchas más en primavera.

—Una muy inteligente decisión —halagó Draco, ofreciéndoles jugo de manzana a ambos niños, como si aquello no fuese lo más inusual de su día.

Lily balanceaba los pies, sobre uno de los taburetes del laboratorio, al beber su jugo, y Scorpius le enseñaba a su hermano una poción que podía servir para limpiar a Bolita sin que se mojase y tuviese que secarlo a mano con la mini toalla.

—¿Tú también hiciste una poción para Bolita, Al? —Harry optó por concentrarse en su hijo, que permanecía al lado de Draco, viéndolo revolver el contenido de un caldero.

—No —respondió Albus, sin fijarse en él—, el señor Malfoy me enseñó a hacer una poción de la risa —Entonces sí que giró el rostro y vio a Harry—. ¿Quieres probarla, papá?

Por suerte, Lily sí quería probarla, así que no tuvo que hacerlo él. Un rato más tarde, Draco les dijo a los niños que fuesen con el señor Horno por unas galletas. Oía la risa de Lily, afectada por la poción, y la conversación de los mellizos, a medida que se alejaban por el pasillo.

—Tranquilo —dijo Draco, apenas se quedaron solos—, la poción de la risa no tiene ningún efecto secundario y se quita sola. Lo único que hará será reír de todo por un rato.

Harry asintió, despacio. Enseguida soltó lo único que en verdad le preocupaba.

—¿Sabías que tenías un ecosistema miniatura de criaturas con forma de flores en tu patio? —Se pasó las manos por el cabello, desordenándolo aún más, y tiró de algunos mechones—. Y te estoy hablando en serio, no te rías, yo nos encogí, de verdad pasó, no eran ellos jugando- es decir, sí, sí jugaban, creo que en parte jugaban y en parte se lo tomaban muy en serio, pero-

—Sí, claro —Draco lució divertido por la manera en que Harry calló y empezó a boquear al oírlo. Barrió la mesa con un movimiento de varita y levitó ingredientes y artículos para pociones hacia sus respectivos armarios—, ¿por qué más pasaría Altair tanto tiempo en el jardín, si no le gusta ensuciarse? Además, ese bowtruckle suyo practica esgrima con un diente de león todas las noches en el comedor; yo sólo finjo que no lo veo cuando voy a buscar algo.

—¿Qué? —A Harry le costaba conectar sus ideas a su voz—. ¿Pero qué…?

—Realmente me pregunté si iría a parar a San Mungo —admitió él, tomando asiento de nuevo en uno de los taburetes, ya que su laboratorio volvía a estar limpio—, y luego si Altair lo haría. Pero es cosa de niños con magia, Harry, lo importante es saber dónde están en todo momento, por si acaso —Tocó su viejo bastón, recargado contra la parte inferior del mesón, y lo abandonó allí de nuevo.

—Yo nunca- —Harry arrugó el entrecejo—. Lo más raro que me sucedió antes de los once fue que mi cabello crecía cada vez que lo cortaban de regreso a su volumen anterior.

—Tú eres un mestizo —Draco se encogió de hombros—. Mestizos y nacidos de muggles sólo muestran señales de magia puntuales, a menos que tengan un potencial enorme y aprendan a controlarlo de pequeños. Pero la infancia de un sangrepura es más…—Gesticuló al no encontrar la palabra exacta y lo sopesó unos instantes—. Bueno, mi madre dice que cuando yo tenía siete años, unos selkies me prestaron una piel de foca para que entrase por un conducto subacuático con ellos.

—¿Y ella te dejó ir? —cuestionó Harry, incrédulo.

Draco volvió a encogerse de hombros.

—No hay muchas opciones, no puedes evitar que tus hijos se muevan por su propio patio y su magia atraiga algo. Con los años, lo de los selkies se ha convertido en una especie de sueño para mí, algo que parece demasiado absurdo e irreal para darle importancia…

—No creo que a Lily se le olvide esto, con la corona que le regalaron —argumentó Harry, aunque no tan tenso como creyó que estaría—. ¿Realmente son seguras esas cosas?

Draco convocó un libro con un accio y pasó algunas páginas, antes de darle la vuelta para enseñarle un dibujo de unas criaturas humanoides, verdes, con pétalos en lugar de cabello y tallos por extremidades. Varias incluso usaban más pétalos como ropa; esas eran las que Altair llamaba "plantas bailarinas", porque se ponían a dar vueltas como las del ballet.

—Son estas, ¿no? —Cuando Harry asintió, Draco cerró el libro y lo regresó a su lugar—. Son totalmente inofensivas para los chicos, no te preocupes. Las he visto varias veces desde lejos y he oído las descripciones de Altair, pero suelen evadir a los magos adultos; deberías considerarte afortunado de haberlas tenido cerca, Harry. Dicen que traen buena suerte.

Harry jamás había recibido buena suerte de alguno de los sucesos extraños que experimentaba.

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Astoria y Ginny ingresaron por la chimenea una después de la otra. Charlaban entre risitas. El equipo de Ginny tenía un juego importante en algún lugar de Galés y ella se llevaría a los niños; le prometió a Lily enseñarle un antiguo castillo de una dinastía mágica de la realeza, y a Albus lo mantendría feliz con comida.

Por lo visto, Astoria pospondría sus planes de ir de compras con los mellizos para el día siguiente, y esa tarde los acompañaría al juego de Quidditch. Scorpius saltó emocionado al enterarse de que iría con los Potter, y corrió hacia su cuarto a cambiarse. Altair se limitó a observar a su madre con la misma expresión pensativa que acababa de adoptar Draco.

—¿Eso que huelo son galletas del señor Horno? —indagó Astoria, olfateando el aire de forma teatral. Lily asintió y tiró de su mano para llevarla hacia la cocina.

Draco fue con ellas. Albus y Altair se dirigieron hacia el cuarto de Scorpius. Esto dejó a Harry en la sala, junto a Ginny.

—¿Tuvieron una buena mañana? —preguntó ella, con una sonrisita.

—¿Alguna vez recibiste una piel de foca de unos selkies, o unas flores bailarinas te metieron en sus disputas, cuando eras niña? —inquirió Harry, en cambio.

Ginny lo sopesó unos segundos.

—Bueno, no, no hubo pieles de focas ni flores bailarinas en mi niñez, Harry, ¿por qué?

Harry se dedicó a explicarle, en pocas palabras, lo que creía que había sucedido.

—Ah —Ginny se pasó una mano por el cabello, con aire distraído—, pues sí, tiene razón. En casa, cuando era niña, tuve un hermano menor.

—¿Qué?

—Un hermano menor —Ella se rio de su expresión confundida—. Era una especie de espíritu pequeño, como un niño…tenía el cabello rojo y mucha energía, y mis padres jamás lo veían. Una vez, Bill nos sentó a Ron y a mí en sus piernas y nos explicó que no nos haría nada, y que dejaríamos de verlo cuando fuésemos mayores —Arrugó el entrecejo al recordarlo—. Ahora que lo pienso, no lo volví a ver después de entrar a Hogwarts.

A Harry nunca dejarían de sorprenderlo los misterios del mundo mágico.

Por un momento, sólo escuchó la voz de Lily narrándole sus hazañas a Astoria, y las respuestas de la bruja, mientras intentaba recordar un evento de su infancia que mereciese entrar en la categoría de "sucesos mágicos extraordinarios".

Notó que Ginny estaba un poco inquieta a su lado, balanceándose o tocándose el cabello cada pocos segundos, así que esto desvió su atención. Cuando ella se percató de que la veía de reojo, dejó escapar una risita.

—Tengo algo que contarte —explicó. Le brillaban los ojos—, pero no estaba segura de cómo.

Por reflejo (que se podía traducir a haber visto algo similar tres veces cuando estaban juntos), Harry bajó la vista a su vientre. Ginny le atinó tal manotazo que lo apartó de ella.

—¡Eso no, Harry, por Merlín!

Él alzó las manos en señal de paz.

—No lo sé, a veces sales por un tiempo con alguien y todavía eres joven, Gin-

—Estoy saliendo con Astoria.

Por un rato, lo único que hicieron fue mirarse en silencio. Harry sabía que tenía que decir algo, pero su cerebro no enviaba la orden de responder, y Ginny adoptó esa mirada que advertía que, en el fondo, le dolería si tenía una reacción negativa.

—Eso es…es…—Harry boqueó por varios segundos y se obligó a soltar las palabras—. Es bueno, ¿no? Digo- es- Astoria es muy linda. Me refiero a que es- es maravillosa, claro, y si tú-

Luego el momento pasó y Ginny se permitió relajarse.

—Me gusta bastante —aclaró ella, en un susurro—, dijimos que estaba bien hablar de estas cosas cuando nos separamos, y yo en serio quería contarte…

Harry exhaló. En serio, nunca terminaría de entender las cosas que sucedían a su alrededor.

—Estoy feliz por ti, Gin.

Ginny experimentó uno de sus instantes de enternecimiento, abrazándolo mientras le hablaba entre risitas. Cuando Astoria regresaba de la cocina, conversando con Lily todavía, Draco tenía una expresión estupefacta que le avisó que no fue el único en recibir la noticia.

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—…pero, de verdad, ¿no se te hace extraño que salgan? ¿Ni un poco?

—Bueno, supongo que podría ser un poco confuso si están juntas largo tiempo y deciden decirle a los niños —Draco se sentó a su lado y le ofreció una muestra de diez tipos de papel tapiz de su elección—. Pero, no sé, creo que Ginevra es exactamente el tipo de Astoria, ¿sabes? Lo que me sorprendió en realidad fue que ella le correspondiese. Digo…ya sabes, quiero mucho a Astoria, es fantástica, sólo que he visto a las personas con las que Gin sale.

Sí, Harry también las vio. Astoria era como un algodón de azúcar en medio de un huracán de impulsividad.

—A lo mejor por eso le gustó a Ginny —opinó, en voz baja, con la vaga impresión de haber entendido el por qué. Apuntó a uno de los cuadros de papel tapiz de la muestra—. Me gusta este.

Draco giró el rostro y le dirigió tal mirada incrédula que Harry creyó que acababa de ponerse púrpura, o le había crecido otra cabeza.

—¿Qué? —Se rio.

—¿Puedes creer que puse ese en la muestra sólo para que lo eligieras?

—¿En serio?

Harry se permitió sentirse especial alrededor de medio segundo, antes de que Draco entrechocase sus hombros.

—Tienes el peor gusto del mundo, Potter, sabía que elegirías el único que no combinaba con absolutamente nada —Retiró ese papel de la muestra y volvió a ofrecérsela—. Ahora, prueba de nuevo.

Rodó los ojos.

—Me gustaba el otro.

—No voy a poner un papel tapiz rugoso y rojo escarlata en un salón de té —replicó Draco, con cierto tono de diversión debajo de su falsa exasperación—. ¿Quién tiene una habitación roja? Es un color estresante a la vista.

—¿Hogwarts —alegó Harry, arqueando las cejas—, en toda la Torre de Gryffindor?

—¿Y te parece que Hogwarts es un buen referencial de decoración, Harry? ¿Ya olvidaste lo que vestía Dumbledore? Quién sabe qué habrá cambiado en el castillo cuando se hizo director…

—Entonces aquel —Harry señaló otro, una muestra blanca en la esquina, con detalles florales, demasiado delicado y complicado para su gusto.

Draco lo observó durante un par de segundos, pensativo. Colocó la tabla de muestras en su regazo y eligió otra, una con cuadrados de madera.

—¿Con qué mesa?

Harry lloriqueó.

—Te recuerdo que tú quisiste acompañarme —mencionó Draco, dándole un débil empujoncito.

—Pensé que derrumbaríamos otra pared, no que estaría sentado aquí, viendo muestras de cosas que realmente no me gustan.

—¿En serio no te gusta ninguna? —Draco pareció extrañado y volvió a fijarse en las muestras, sosteniendo las de papel tapiz en una mano y las de madera en la otra—. Tienen clase, son finas, de la mejor calidad y…

—Y aburridas como una clase con Binns —añadió Harry.

Draco resopló.

—Está claro que la elegancia no es para cualquiera.

—Y que el aburrimiento es para ti.

Harry sonrió frente a la mirada desagradable que le dedicó. Se estiró desde su asiento y tomó el pergamino con la totalidad de las muestras ofrecidas por la tienda. Seleccionó una que llamó su atención.

—Mira esta, tiene verde y plateado, esas parecen ramitas y tiene estrellas. Se vería lindo…

—Ese es papel tapiz para la habitación de un niño, Potter —contestó Draco, observándolo con un grado mayor de incredulidad.

—¿Y cuál es la diferencia entre decorar un salón de té y un cuarto?

—Oh, Merlín, no es cierto que me preguntaste eso…

Draco se tomaba la renovación de la Mansión demasiado en serio. Tiraron paredes con varios reductos, cambiaron la distribución de algunos cuartos, los muebles eran reemplazados, e incluso llegó a pedirle ayuda a Kreacher; poco después de la guerra y frente a la negativa de Ginny de tener un elfo doméstico con ellos, Harry llevó a Kreacher de forma permanente con Andrómeda y Teddy. A ella le hacía falta ayuda con el bebé y al elfo le hacía feliz servir a un verdadero descendiente directo de los Black, como demostraba al estar tan atento a Draco durante la remodelación.

—Kreacher —Draco aguardó el plop para tenderle dos de los pergaminos de muestras que tenía consigo—, no quiero un candelabro, es tan…opulento, demasiado para un salón de té, es más del estilo de mi madre. ¿Sabes dónde venden esas pequeñas luces mágicas que se conectan al núcleo de la casa?

—Kreacher puede averiguar dónde conseguir las luces mágicas, amo Draco, Kreacher buscará las mejores luces, las que no sean opulentas, pero sean elegantes, como corresponde a un noble descendiente de la casa de los Black…

—Eso sería perfecto, Kreacher, y tráeme otras muestras de papel tapiz, sin rojos en cualquiera de sus tonos. Gracias.

El elfo se desvaneció con otro plop. Draco se pasó un momento examinando la muestra de maderas para la mesa de té con ojo crítico.

Harry lo observaba a él.

Se imaginaba a un Draco unos años más joven, revisando con el mismo ahínco las muestras para su propia casa. No entendía por qué le resultaba tan importante, pero uno no necesitaba comprender los motivos de alguien para preocuparse por lo mismo. Tal vez le ayudaría que tomase en cuenta lo que creía que le gustaba y sólo señalase las muestras que, según él, iban con Draco.

—¿Dónde vivías cuando estabas casado con Astoria?

Draco paró de revisar las muestras y lo observó de reojo, como si se cuestionase si había escuchado bien su pregunta.

—Estábamos cerca de la costa, ella se quedó- yo le dejé la casa, en realidad —corrigió, en tono suave—. Le dije que a los niños les gustaba y ella podía estar ahí si quería, pero se mudó después de un año.

—¿Y tú decoraste tu casa solo después? —Harry recargó la cabeza en lo alto del respaldar del mueble y lo vio con más interés del que sentía por las muestras.

En la decoración de la suya, participaron Hermione, Ron, Molly, Andrómeda e incluso Teddy. Pensándolo bien, Harry realmente no hizo nada, aparte de asignar los cuartos de los niños, poner barreras, y plantar flores en el jardín.

—Uhm, no del todo, Pansy me ayudó —Draco le dirigió otra mirada extrañada—. ¿A qué vienen esas preguntas, Harry?

Él se encogió de hombros.

—Intento entenderte.

—Eso no es muy difícil —Draco le tendió las muestras de madera de nuevo, y cuando Harry se enderezó, se recargó a medias sobre su hombro—. Mira, intentémoslo así: ¿cuál crees que me guste más a mí?

Harry lo observó por un instante. Su cabello rubio le cosquilleaba en la mejilla. Draco lo vio de reojo al notar que no elegía una.

Podría haberse inclinado un poco y…

Y…

—¿Harry?

Y…

Se fijó en las muestras. Había un tipo de madera con todos los detalles propios de una corteza, en un tono de plateado que atrapó su atención de inmediato. Lo apuntó.

Escuchó que Draco soltaba una risita.

—Tienes unos gustos tan extraños, Potter.

Sí, pensó. Vaya que los tengo.

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Cuando Harry entró a la sala de té a medio remodelar, se topó con un papel tapiz plateado y verde, y una mesa gris. Sonrió, pero decidió no hacer un comentario al respecto.