Los personajes del Origen de los Guardianes pertenecen a Dreamworks Animation y al creador original de los libros William Joyce. Esta historia es sin fines de lucro y sólo como entretención.
N/A: Nombre a veces soy una cosa pero bárbara!
Capitulo nuevito antes de lo que esperaban. Ni yo me lo esperaba xD
Aún recordabas lo que le habías dicho a Sophie, que dejarías fuera a esa persona. Y por supuesto que en ese momento te creías capaz de hacerlo, hasta que la rubia te dijo su nombre.
Kendra.
—¿La conoces? —Te preguntó, seguramente al verte fruncir el ceño y… quizás expresando más de lo que pensabas con tu rostro. Así que lo volviste lo más neutral posible cuando volteaste a mirarla.
—No. —Mentiste a medias.
—Es la Madre Naturaleza.
—Ah.
Y luego Sophie no volvió a hablar.
—¿Y qué más averiguaste?
—Sólo eso.
—¿Es en serio? —Volviste a levantarse, cruzada de brazos y posicionándote frente a ella— Ellos confían en ti, ¿cómo no pudiste sacarles más?
—Ellos hablan más cuando tú no estás cerca. —Se excusó la chica, desviando la mirada y alejándose unos pasos de ti. Notaste que sus ojos de nuevo estaban llorosos, sin duda lo de Jamie la había dejado más sensible de lo que creías— Si tan sólo… si tan sólo tú…
—Bien, lo entiendo. —La cortaste. No era buen momento para que se pusiera a llorar— Te daré tu espacio… —dijiste tranquila, acto que provocó que la chica suspirara. Fue entonces que volviste acercarte a ella— Pero en serio Sophie, averigua todo lo que puedas.
La chica sólo asintió.
—Y con respecto a la Naturaleza… ¿no te dijeron nada más de ella?
Sophie negó con la cabeza.
—Nada. Toothiana sólo me dijo eso… no parecía muy contenta hablando de ella, así que cambió de tema pronto.
Eso sin duda era bastante sospechoso. ¿Por qué no contarle a la chica? Claramente confiaban en ella, a no ser que lo hicieran para tener precaución contigo o, quizás, porque no se llevaban realmente bien con Kendra.
—Uhm. ¿Y sabes si hay más portales?
—No lo sé. Yo estaba muy sorprendida… aunque al parecer no era mi primera vez viajando entre portales. —murmuró, y por primera vez en esa conversación vislumbraste una sonrisa en aquel rostro apenado.
—¿Cómo?
—Norte habló sobre cómo una vez, cuando era muy pequeña, atravesé uno de sus portales y llegué a la guarida de Conejo.
—O sea que ese viejo tiene portales.
—Pero ya no puede crearlos, es humano.
—Sí, humano… pero Naturaleza no. Y cuando los Guardianes eran los Guardianes tenían portales, eso significa que hay muchos más. —La señalaste, hasta que tu dedo índice tocó la frente de la rubia— Averigua eso, quienes tienen portales, sus aliados, todo.
—E-está bien.
—Y no te olvides de Kendra, cualquier cosa, por más tonta que sea, dímelo apenas lo sepas.
Asintió. Tú te alejaste de ella, pensativa.
Las cosas se habían complicado.
Una cosa era que los Guardianes tuvieran aliados humanos, pero otra muy distinta era que tuvieran entre sus filas a espíritus.
Desde que ascendiste al rango S y la verdad sobre el Coco te fue revelada, tuviste que luchar innumerables veces contra los otros espíritus que existían. Algunos lograban escapar, pero la gran mayoría terminaba por ser derrotados y convertidos en prisioneros de Pitch Black. Y a pesar de que la mayoría de las veces eran vencedoras, estar en una captura de espíritus traía demasiadas bajas al escuadrón de Sombras, lo cual no sucedía por los ataques de los espíritus, donde te había tocado luchar contra seres tan fascinantes como aterradores, sino que sucedía por la utilización de los Pemu.
Esas criaturas no sólo eran temidos por los humanos, sino que también por el mundo espiritual, razón por la cual Pitch ordenó a las Sombras utilizarlos para acorralarlos. Usar a esos monstruos sin duda servía, pero continuaban siendo un arma de doble filo, y muchas Sombras lo supieron al ver a sus compañeros ser devorados por esas bestias.
Si Kendra apareciera, sin duda necesitarías a más Sombras y a los Pemu para su derrota. Pero el único problema era que el Coco les había ordenado no atacarla.
La Madre Naturaleza era el único espíritu que entraba en una lista especial. No estaba con los aliados de Pitch, ni en la lista de atrapados y prisioneros, ni en la lista de búsqueda para pronta captura. No. La Madre Tierra tenía un trato preferencial que consistía en no molestara y ser servicial. Cualquier Sombra que osara en no hacer caso sería sentenciado al sueño eterno, donde las pesadillas lo atacarían sin cesar.
Tú sin duda no querías ese destino, pero claro estaba que si Kendra ayudaba a los Guardianes chocaría con esa orden.
Sin embargo, tampoco podías olvidar la actitud de Toothiana. Había tensión. O eso creías. Sin duda debías averiguarlo cuanto antes, esa información podría marcar la diferencia entre tu oportunidad de tener tu ansiada recompensa y… la posibilidad de ser condenada al sueño eterno.
Cuando los Guardianes se dispusieron a dormir, Toothiana había entrado a la habitación entregándoles la comida que había preparado Nicholas esa noche. La Guardiana había vuelto a calentarla, y se había quedado junto a ustedes, informándoles que esa noche dormirían las tres en el mismo cuarto. En las dos habitaciones restantes se repartirían entre el resto de sus compañeros.
—¿No hay ningún problema en dormir con ustedes? —Les había preguntado Toothiana, mientras ambas probaban la sopa. Sophie se encontraba en la cama, y tú estabas apoyada en el mueble.
—No, ¿pero prefieres dormir abajo o arriba? —dijo Sophie.
—Las alturas nunca han sido un problema para mí. —contestó sonriente la Guardiana, comenzando a subir la escalera de la litera— ¿Hay algún problema con que compartan cama?
—¿Compartir? —dijiste— ¿Sophie va a dormir conmigo?
—Oh, bueno… es que como creí que eran amigas pues…
—Sí, vamos a dormir juntas Hada. —La calmó Sophie, mirándote de reojo— Sólo bromea.
Ibas a decir algo, pero la mirada venenosa de la rubia te hizo cerrar la boca.
Sí, definitivamente tener a Sophie a tu lado servía para evitar cometer errores, pero dado a lo que habían conversado antes tenías que elegir que era lo mejor: tener a Sophie a tu lado, evitando así cagarla con tus palabras pero no obteniendo información, o seguir estando sola, cagandola, pero obteniendo información.
Y debido a lo alarmada que te había dejado saber que Kendra estaba entrometida, decidiste que lo mejor era la segunda opción.
—Iré a servirme un poco más. —Anunciaste, mirando a la chica cuando lo dijiste. Sophie asintió, por lo que al salir de la habitación esperabas que cumpliera con su trabajo.
Con el plato en tus manos, te dispusiste en un principio en ir a la cocina, pero alguien llamó por completo tu atención. Jamie todavía se encontraba en el comedor, apoyado en la mesa con su cara enterrada entre sus brazos.
Miraste a tu alrededor, los Guardianes debían estar en sus dormitorios. Fue entonces que recién pudiste evaluar el ambiente desde afuera. Ningún sonido del interior de las habitaciones se escuchaba, y recordando que tú tampoco podías oír el exterior (a no ser que con esfuerzo te mantuvieras pegada a la puerta) te sentiste en confianza. Aquella situación te daba un sinfín de oportunidades. Desde ahora no dejarías pasar ninguna, por lo que te acercaste al chico, sonriendo burlona.
—Y aquí tenemos al hermano del año. —dijiste, apoyando una de tus manos en la mesa.
Antes de contestarte, casi pudiste escucharlo gruñir.
—No molestes. —Te respondió, sin moverse de su posición.
—Oh, no me digas que estás llorando.
—Piérdete.
—¿Me echas sin más? ¿Así agradeces haber cuidado tan bien de tu hermanita?
Y entonces se levantó de la silla, mirándote con frialdad a los ojos.
—No te acerques más a ella. —dijo amenazante, con sus manos volviéndose puños y la rabia a punto de estallar. Pero tú no te dejaste amedrentar.
—¿Y qué si es ella la que me busca?
—No lo volveré a repetir: aléjate de ella.
—¿Para qué? ¿Para que esté sola solín solita? ¿Qué acaso te gusta verla sola? Eso es egoísta, Jamie Bennett. —dijiste fingiendo seriedad.
—Nunca dije eso.
—Pero por tu culpa ya no tiene amigos.
—Inténtalo de nuevo —dijo con una sonrisa, tomando una actitud más relajada, pero tú bien sabías que todo era teatro— Si crees engañarme, tienes…
—Siempre estabas solo en el colegio ¿tú crees que no le hacían lo mismo? Si su tonto hermano fuera otra persona, al menos ni siquiera la molestarían. Y ahora que por fin tiene una amiga, tú te empeñas en alejarla. —Chasqueaste la lengua, con desaprovación— Eres muy cruel Jamie Bennett.
Le habías borrado por completo la sonrisa, y aunque tratara de aparentar tranquilidad, tú sabías que por dentro estaba luchando para no expresar el dolor que tanto sentía.
—No te vas a meter en mi cabeza. —murmuró, pasando por tu lado. Por lo que aprovechaste de hacerle una zancadilla, sólo que no te esperabas que, en vez de tropezar con tu pie, te pateara.
Eso sí que había dolido.
Sujetaste tu pierna y aguantaste el grito que todavía estaba atorado en tu garganta.
«Hijo de puta»
—Tampoco creas que me conoces.
Y con odio lo miraste entrar al que sería su cuarto.
—Ahora eres valiente, pero en el colegio ni… te… atrevías. —murmuraste, aun sobándote— Mierda, como duele… ¡mierda! Puto malparido.
No te había pateado con tanta fuerza para romperte algún hueso, pero aquello no quitaba que te doliera. Probablemente se hincharía e incluso aparecieran moretones, pero lo que más te preocupaba era que quedaras sensible durante el tiempo que residieras en la guarida de Kendra, lejos de poder utilizar la arena oscura para sanarte y defenderte.
—Estúpido Jamie. —murmuraste, caminando hacia la cocina mientras tratabas de no presionar demasiado tu pierna mala.
Cuando abriste la puerta para entrar, te topaste con una instancia construida en su totalidad por madera. Había muchos muebles pegados en las murallas, y una larga mesa donde se veían pocillos, ollas, utensilios de servicio y un pequeño brasero. Aunque lo más llamativo era que el lugar estaba plagado de frascos de semillas junto con maceteros.
En un rincón estaba Jack, te miraba expectante, e incluso había dejado de devorar la manzana que tenía entre sus manos. Estaba sentado sobre un mueble, y a su lado tenía diversas cascaras frutas que ya había comido.
Recordaste la reciente pelea que tuviste con Jamie. No habías sido la mejor persona del mundo.
¿Te habría escuchado?
No, tampoco es que hubieran hablado tan fuerte. Pero la guardia no era tan grande, él hubiera podido…
—¿Qué? —dijo el Guardián.
Miraste su cara. No había reproche, pero tampoco se veía cómodo.
—Ehh… ¿sigues con hambre? —dijiste, tanteando el terreno. Y para tu gran sorpresa Jack te suspiró. Había cierto alivio en sus expresiones, e incluso notaste como todo su cuerpo se relajaba.
—En el invierno no hay mucha variedad… y no es como que necesitara tanto comer en esa época.
Fue tu turno de suspirar con alivio.
Sin duda, si hubiera escuchado no hubiera reaccionado así.
En silencio contemplaste como abría uno de los diversos frascos de semillas para sacar una de su interior. Enseguida la enterró en uno de los maceteros y, en sólo cinco segundos, comenzó a crecer un planta con una naranja. Apenas el Guardián separó la fruta de la planta, esta se marchitó hasta desaparecer.
Te había tomado por sorpresa. ¡Era una completa locura!
—Eso es… genial. —dijiste, fascinada. Kendra, a pesar de que la maldecías por haber complicado tu situación, sin duda debías admitir que tenía estilo al momento de utilizar sus poderes.
—La persona que construyó esto es muy hospitalaria.
—¿Quién es?
—Uhm, no la conoces. Toma —Lanzó la fruta hacia ti, tú la agarraste al vuelo— Es rica, aunque si como mucho y rápido me es repugnante.
Dejaste el plato de tu sopa en la mesa y miraste la naranja por todos los rincones.
—Es normal, por eso la gente le da a los bebés. —Decidiste decir, siguiendo con el nuevo tema que había propuesto el Guardián.
—¿A los bebés? —Frunció el ceño, confundido— ¿No que ellos no comen?
—Depende de los meses que tengan, pero si pueden chupar la naranja y ponen caras raras al sentir el sabor.
—Que son malvados —dijo, bastante serio.
—Son sólo bromitas inocentes.
Y es ahora cuando ibas directo a meter la pata, por lo que antes te que contestara decidiste cambiar de tema.
—Agradece que lo hacen con naranja y no con limón.
«Que cambio de tema más patético»
—¿En serio también les dan limón?
—¿Sabes si hay hielo?
Parpadeó confundido.
—¿Hielo? Pues… —Sus ojos se pasearon por toda la estancia— Creo que sí. ¿Para qué lo quieres?
Por un instante consideraste en lloriquear sobre su hombro, acusando la bestialidad de Jamie, pero aquella idea tenía un gran problema: Jack era amigo del idiota. Y si Jamie le contaba su versión de la historia tú, definitivamente, perderías cualquier oportunidad de confianza con él.
—Me tropecé. Fue muy tonto en realidad. —Te justificante rápidamente. Demasiado rápido. Pero Jack, a pesar de que te observó inquisitivo, no te dijo nada, sólo se dedicó a buscar entre los muebles.
—Aquí está. Ya decía yo, si hay fuego, hay agua. —Te dijo, sosteniendo un pocillo de piedra y acercándolo a ti. Pudiste ver que en el interior había nieve.
Te sentaste en un mueble, subiste tu pantalón hasta dejar descubierta tu pierna izquierda. Tomaste un paño y, sin importarte que estuviera sucio por el jugo de las frutas, lo utilizaste para envolver un puñado de nieve. Luego colocaste el paño sobre la hinchazón que comenzaba a notarse en tu pierna.
—¿Te duele mucho?
Más te había dolido el orgullo.
—No, fue sólo el golpe.
Y la sorpresa de quien te lo dio.
Continuaste en silencio haciendo presión sobre tu zona herida, sintiendo la mirada de Jack todavía sobre ti, pero al cabo de unos segundos terminó por apartarla. Fue entonces que lo miraste de reojo y te fijaste que su mano estaba en el pocillo, enterrada en la nieve. Una nostálgica sonrisa adornada su cara, y cuando la piel de sus dedos comenzó a enrojecer apartó la mano, moviendo sus dedos con fuerza.
No volvió a tocar la nieve.
Y tampoco se apartó de tu lado.
No entendías porqué te acompañaba, la última vez que hablaste con él la habías cagado en grande, tanto que Jack debería estarte detestando por ser una mentirosa. Pero no, el chico mágicamente había olvidado que mencionaste que todo estaba mejor gracias a Pitch, y de paso, que tus motivaciones para ir con ellos no fueron más que un engaño.
En ese sentido, Jack era una de las mayores debilidades de los Guardianes. De seguro Nicholas y Áster no estarían con la misma actitud que el chico. Podías decir lo mismo de Toothiana, y quizás hasta de Sanderson (aunque no lo conocías mucho). Los Guardianes debían vigilarlo más, a no ser que tuvieran a Jack para espiarte.
O que simplemente confiaran en el muchacho.
Cualquiera de las dos opciones, ninguna te intimidaba. Llegaste a la conclusión de que, si Jack seguía en ese mismo instante a tu lado, ningún error podría separarlo de ti. Y eso, en cierto sentido, te daba la confianza suficiente para volver a intentarlo con él. Jack era tu único boleto directo a la recompensa, no podías sólo quedarte en silencio esperando.
—Jack…
—Lo siento por lo de hace un rato.
Levantaste la mirada, incluso dejaste de hacer presión en tu pierna.
¿Qué?
—No fue mi intención hacerte sentir miedo, yo no soy así. Realmente lo siento.
Estabas atónita.
—Por… ¿Por qué te disculpas? —Te atreviste a decir. En serio no comprendías nada.
—Estaba enojado, pero no es correcto pagarlo contigo. —Se apresuró a explicar, rascándose la nuca y sin atreverse a mirarte— No con… con tu condición.
Tú continuaste mirándolo en silencio, sin saber que más hacer. El Guardián entonces fijó su mirada en ti, nervioso.
—¿Sigues enojada?
Al menos era una pregunta directa, podías responderla.
—¿Enojada? ¿Yo, enojada?
Pero incluso eso lo estabas haciendo mal. ¿Qué ocurría contigo? Desde que estabas con los Guardianes eras un asco como Sombra.
Jack malinterpretó tus palabras, se notaba muchísimo más nervioso.
—Lo entiendo, yo también estaría enojado si fuera tú —murmuró.
—No… Jack… —Debías concentrarte y mantener la calma. Lo volviste a intentar— No estoy enojada contigo. —Y esto último, trataste de decirlo lo más calmada posible, e incluso te atreviste a mirarlo a los ojos.
—¿En serio?
—Puedes ser un payaso algunas veces, pero no me harás enojar… no más que a tu compañero Áster.
Y entonces sonrió.
Tú también lo hiciste, más por alivio de haber apaciguado por fin las cosas.
—Entonces… ¿entonces tampoco me tienes miedo?
—¿Tenerte miedo a ti?
Y algo hizo clic en tu cabeza.
Jack pensaba que el episodio sucedido en la habitación con los crujidos se debió a él. Que su actitud te provocó miedo, ¡que le temías! Era bastante idiota, ¿cómo podía llegar a pensar que tú podías temerle?
Aunque en cierto sentido, el miedo que surgió de ti en ese momento si se debió a él.
En ese instante te habías sentido acorralada, creyendo que todo comenzaría a desmoronarse por un estúpido, ridículo, miserable y evitable autogol. Eso te dio miedo. Pero Jack no.
Y debías reconocer que era estúpidamente adorable que el Guardián llegara a esa conclusión. Sin duda era la mayor debilidad de los Guardianes. No pensaría lo peor de nadie jamás y entraba en confianza con rapidez. Y pese que todavía no te había revelado nada importante intuías que sólo hacía falta un ligero empujón.
Dejaste el paño con la nieve a un lado, y todavía sentada en el mueble moviste tu cuerpo para comenzar a acercarte poco a poco al Guardián. Jack sabía que te estabas aproximando, pero no logró comprender tus verdaderas intenciones hasta que posaste tus labios sobre los suyos.
Ni siquiera cerraste los ojos, estabas atenta a la reacción del chico. Se encontraba inmóvil, y ni siquiera movía sus labios. Fue entonces que decidiste mover los tuyos para profundizar el beso. Casi sin darte cuenta, cerraste los ojos junto al Guardián.
Jack comenzó a corresponderte poco a poco, imitando tus movimientos. Era torpe, parecía que nunca había dado un beso antes, pero la emoción en él era notable. Sus manos se habían puesto detrás de tu espalda, al principio con inseguridad, y luego con la suficiente confianza para acercarte más a él.
«Muy tierno y todo, pero continua siendo un hombre»
Y no desaprovechaste la oportunidad. Su cuerpo estaba pidiendo cercanía, así que se la diste pegándote más a él, pero en cuanto tus manos acariciaron su pecho, moviéndose lentamente hasta su cuello, él se apartó.
Respiraba agitado, y estaba muy sonrojado. Sin embargo, cuando volvió a mirarte sus mejillas se tiñeron aun más de rojo.
—Yo…. t-tengo algo que hacer… —dijo con rapidez, caminando hacia la salida.
Y fue entonces que notaste que alguien los observaba.
Sanderson estaba en la puerta, mirándolos con los ojos muy abiertos y la mandíbula caída. Jack pasó por su lado, pero el Guardián no apartó los ojos de la escena, aún perturbado.
—Fue… sólo un beso, nada más. —explicaste, pero al ver que no se movía comenzaste a sentir algo incomodo removerse en tu interior.
Vergüenza.
Lo cual era estúpido y hasta patético.
Ni cuando tus padres te habían pillado teniendo sexo te habías sentido así.
—Yo ya me voy —Miraste la nieve— Ehhh… no sé donde guardar esto. —Te bajaste del mueble, y con lentitud y sumo cuidado con tu pierna mala, te dirigiste a la salida— ¿Podrías guardarlo tú? —Le pregustaste cuando estuviste a su lado— Yo ahora tengo que irme.
Y saliste de la cocina, pero cuando por curiosidad decidiste mirar al Guardián, este se había dado la vuelta y continuaba mirándote con la misma expresión estupefacta.
Entraste con rapidez a tu habitación, y a pesar de que habías cerrado la puerta seguías sintiendo la mirada de Sanderson sobre ti.
—Ya llegaste. —dijo Toothiana, conversando desde arriba con Sophie— Estábamos… —Calló cuando te vio caminar directo a tu cama. Te acurrucaste bajo las mantas, sintiendo como la chica a tu lado se acercaba al rincón para darte más espacio.
—Creo que mañana continuaremos hablando. —murmuró Sophie.
—Sí.
Y entonces se quedaron en silencio, pero…
—Audrey. —dijo Sophie.
No le contestaste.
—¿Podrías apagar la luz?
«Genial»
Te levantaste y miraste la farola que iluminaba la habitación. Pero al mirar por los costados no viste nada para apagarla, ni siquiera había algún cable que te guiara.
—¿Cómo…?
—Aplaude dos veces cerca de la farola. —Te dijo Toothiana.
Lo hiciste, y todo quedó en completa oscuridad.
A tiendas te acercaste a la cama. Al llegar volviste a acurrucarte entre las mantas, pero cuando cerraste los ojos otra voz te interrumpió.
—¿Tu pierna está bien?
Miraste hacia arriba.
—Sí.
—¿Te pasó algo? —Esta vez fue la voz de Sophie.
—Nada.
Y nada se le escapaba a Toothiana. De seguro ella no caería tan rápido como Jack por un beso. Tenía un rostro bastante amigable y una mirada dulce, pero sin duda no debías fiarte de ella.
Eso pensabas mientras el silencio inundaba la habitación. Pero apenas cerraste los ojos te sentaste de golpe, asustando a Sophie en el proceso.
—¿Qué ocu…?
—No puedo dormir.
—¿Qué?
—Prende la luz.
—Tienes que ir donde la farola y aplaudir. —explicó Toothiana.
Te levantaste y fuiste hacia donde recordabas que estaba la farola. Aplaudiste dos veces y la luz volvió. Observaste como ambas chicas te miraban, había mucha duda en ellas.
—No puedo dormir. —repetiste.
—¿Por qué lo dices? —preguntó Sophie.
Miraste de reojo a Toothiana. Iba a bajarte puntos, pero en estos momentos debías mantenerte con vida y no arriesgarte.
—Soy una Sombra… —Miraste nerviosa a la Guardiana— O sea, no soy parte del escuadrón, pero continuo siendo una Sombra y… siempre tenemos pesadillas.
La mirada imperturbable de Toothiana mostró cierta sorpresa, pero en cuanto comprendió la situación se mostró bastante preocupada.
—¿Tienes mucho miedo en esos sueños?
—Es el Coco, se alimenta de eso, ¿tú qué crees?
No era tu intención sonar molesta, pero por tu mente pasaron cientos de ideas, cada una peor que la anterior. Haber revelado eso te había salvado de inventar cualquier excusa, pero también te dejaba expuesta a que te echaran del lugar. No podías perderlos de vista, con esos portales podrías arriesgarte a no volver a encontrarlos. Sin embargo, tampoco podías arriesgarte a parecer más sospechosa al andar dando vueltas por ahí, cuando en el fondo lo único que te importaba era mantenerte despierta.
Sea cual sea la opción que tomarás, ninguna parecía una buena alternativa. Y en ese momento tuviste que hacer un gran esfuerzo para mantener controlado tu miedo.
—¿Qué vas a hacer? —preguntó Sophie.
—No dormir.
—¿Te quedarás toda la noche despierta?
—Debo hacerlo, ¿qué otra opción tengo? No le caigo bien a esta cabaña.
—¿Segura que podrás hacerlo? —Intervino Toothiana, mirándote fijamente.
—Sí, no es la primera vez que tengo una noche en vela.
Y esperabas que la Guardiana no preguntara las razones.
Y por suerte no lo hizo.
—Afuera hay más cosas que podrías usar para entretenerte.
Tragaste salvia.
«No, no, no»
—¿El bosque?
—No, afuera de la habitación. ¿Cuántas horas puedes mantenerte despierta? —Y antes de que contestaras— Horas seguras en donde el sueño no te vencerá.
—Cinco horas.
—Muy bien. Dormiré cinco horas y luego te acompañaré.
—¿Y los demás…? —curioseó Sophie.
—Ellos deben descansar. Mañana será un largo viaje. —Volvió a mirarte— Despertaré en cinco horas, y mañana en la mañana cuando salgamos veremos si puedes dormir aunque sea una hora.
Asentiste, y luego saliste de la habitación.
Eso había sido fácil.
Demasiado fácil.
Toothiana si que era una caja llena de sorpresas.
Pero después pensarías en la Guardiana, tenías toda la noche para hacerlo. Ahora debías ir a la cocina e intentarías hacer lo mismo que hizo Jack. Podrías sacar muchas manzanas, las que sean suficientes para mantenerte despierta. Podrías haber entrenado, pero gracias a la maldita sabandija tu pierna no te lo permitiría.
Otra razón más para odiarlo.
Y hablando del Rey de Roma, al parecer no eras la única despierta.
En una de las sillas del comedor estaba Jamie. Te miraba fijamente mientras sujetaba una manzana en su mano.
«Lo sabía»
¡Nuevamente yo! ¡Rompiendo record en mi rapidez al actualizar! :D Hace mucho que no pasaba algo así jajaja
¿Y qué les pareció el capítulo? Me interesa mucho saber sus opiniones c: ¿qué les gustó? ¿Qué no les gustó? ¿Qué piensan que va a suceder?
