15. Violeta con Negro
° Roxas pov's °
Estoy pasando por uno de eso momentos en los que no sé cómo carajos permití que las cosas llegaran tan lejos. Estoy con mi mejor amiga y mi hermana en una tienda de ropa interior de señorita y puedo jurar por lo que sea que no sé a dónde mirar. Xion dijo que no tenía planeado venir aquí, pero Naminé insistió tras abogar que los vestidos más bonitos necesitan de sujetadores especiales que tienen no sé cuál broche en no sé qué parte.
—¿Push up? —preguntó Xion en un idioma que yo no entendía, ¿el qué? ¿eso es un botón? ¿ese es el broche del que hablan?
—Evidentemente sí —replicó mi gemela—. Si quieres uno con corte princesa necesitas Push up.
—Pero no quiero uno con corte princesa para esta noche —aclaró la pelinegra. Mantengo la cabeza baja, pero aun así sé que la chica del aparador me está viendo raro.
—¡Haberlo dicho antes! ¡Si ese es el caso entonces nos podemos ir de aquí! ¡Estamos perdiendo tiempo! —exclamó Naminé.
—¿Por qué? —insistió mi mejor amiga—. ¿No crees que los otros vestidos necesiten ropa interior especial? —lucia casi tan confundida como yo.
—No seas ridícula —agitó la mano con las uñas pintadas de rosa—. La mayoría de los vestidos de gala van sin ropa interior, como se nota que no sabes nada.
Mis ojos se abrieron. Vaya, yo tampoco sé nada
Xion se mostró incómoda al suspirar y agarrarse la nuca con desaliento. Ese gesto fácilmente pude haberlo hecho yo. Pero ahora comprendo por qué insistió en traer a mi hermana con nosotros. Si ella misma no sabe cómo funciona eso de verse elegante pues yo mucho menos, y al estilo de una chica ni se diga.
Pasamos a una tienda, en la que había ropa formal tanto de dama como de caballero. Respiré con alivio, aunque sea aquí puedo ir a ver las camisas o alejarme a revisar las corbatas. Ninguna me agrada, pero quedarme con ellas me pone incómodo, quizás si estuviese a solas con Xion estuviéramos pasando vergüenza juntos a nuestra manera, pero en vista de que mi gemela está a cargo de todo, Xion está pasando pena por su propia cuenta.
—¿Crees que me pueda poner una corbata como cinturón? —preguntó a la rubia—. ¿O como collar para perros? ¿o cintillo? Es muy versátil.
Naminé la miró como si le hubiesen puesto un plato de sopa de pescado en toda la nariz.
—¿Se supone que eso fue un chiste? ¿esperas que me ría? —soltó—. Baja esa corbata, parece que el mar le vomitó encima.
La tomó de la mano y arrastró hacia los probadores con ella, cargado dos vestidos ajustados de satén, uno era malva, el otro era violeta. La detuvo delante una de las puertas, le dio varias instrucciones y finalmente la empujó dentro de esta.
A los diez minutos Xion salió de allí usando el traje malva. Parecía una princesa vaquera del muy lejano oeste «Oye, este me agradada» le oí decir mientras tomaba pose de veterana en los duelos de pistolas «No encontrarás mejor sicario que yo en ninguna otra tierra, preciosa» agregó con un acento campesino. No pude contener mi risa, me acerqué sacando el móvil y tomé una fotografía.
—Pareces salida de una película Country —comenté divertido.
—Quieto ahí rubiecito, tengo una corbata y no temo usarla —dijo ella aún como cantando.
—Ajá, un duelo a muerte aquí y ahora, colega —la desafíe, imitando su postura—. Si me matas te puedes quedar con mis tierras.
La chica del servicio carraspeó con irritación, no le pagaban lo suficiente para soportar a adolescentes ruidosos en una tienda de etiqueta. Naminé, que era la más avergonzada (otra vez) de los tres, se disculpó con la empleada y regresó su mirada furibunda hacia Xion y hacia mí.
—Como alguno de los dos diga "Ajúa" me iré por donde vine —nos amenazó.
—Perdón —dijimos Xion y yo al unísono.
La morena pasó a probarse el siguiente vestido, tardó un poco más en ponérselo. Pero al verla salir del vestidor, en mi opinión lucía hermosa, mucho más que con el malva evidentemente.
—Ese te queda precioso —comenté alegre.
Naminé, sin dejar de evaluar detalladamente a la chica, me metió la mano en la cara como si hubiese una mosca impidiéndome ver claramente las cosas. La contemplaba con un criterio mayor que el mío, por su puesto.
—No permitas que eso te encandile, Roxas —advirtió—. No está mal, pero podría estar mejor. Si piensas que se ve linda con ese trapo puesto significa que el color que mejor le sienta es el violeta, ¿te gusta el violeta, Xion?
—Sí, creo, tanto como el negro o el turquesa.
Naminé llamó a la empleada y le pidió que por favor le mostrase todos los modelos en talla S de color violeta que hubiesen. Por desgracia no eran suficientes, y ninguno gustó a Xion ni tampoco fue aprobado por Naminé. Me la pasé en una esquina, de nuevo sin hablar con ninguna de las dos, en lo que estas decidían que no había un solo traje en la tienda que mereciera la pena comprar. Maldita sea, muero de aburrimiento. Mi hermana aprovechó naturalmente la ocasión para comprar algunas blusas y faldas bonitas mientras paseábamos por el centro comercial. Yo ni eso porque no traigo dinero encima. Y aunque mi mejor amiga revisaba los aretes de brillos como si fuesen algo nocivo y no parecía estaría pasando mejor que yo, al menos tenía algo con lo que entretenerse, esto es un reverendo fastidio.
Ya va una hora y todavía no puedo verle las piernas a ninguna de las dos, me siento bastante estafado. Cuando caímos en la quinta tienda de etiqueta, Xion, que tenía menos paciencia de la prevista, estaba dispuesta a ponerse una cortina como vestido con tal de que abandonásemos las compras. Apoyé la idea, aunque pensé que una cortina igual era muy larga y la también le cubriría las piernas.
Me gané una palmada en la gente por parte de, Xion y una mirada de odio de mi hermana, haberlo dicho en voz alta no fue buena idea.
—Shhh —ordenó Naminé con el índice y el pulgar unidos, en un gesto que demostraba inflexibilidad—. Dejen de quejarse, así son las compras, no habrás esperado encontrar el vestido en el primer local, ¿o sí?
Xion desvió sospechosamente la mirada hacia un lado «bueno...»
Mi hermana la empujó otra vez dentro de la cortina, no quería oírla.
—¿Y si luego de esto hacemos una pausa para comer o descansar? —propuse mirando el reloj en mi muñeca.
La rubia bajó sus nuevas gafas de sol unos centímetros por la nariz, con actitud pretenciosa.
—Si tú nos invitas acepto.
—No jodas, no tengo suficiente dinero encima para comprar para los tres y Xion come lo que come un deportista en entrenamiento —comenté riendo—. Pero si pasamos por el banco me lo puedo pensar.
—¡Tienen que ver este! —Xion salió a los segundos del vestidor desplazando con violencia la cortina—. Me siento la perra más cotizada y cara del prostíbulo.
Nada, nada, absolutamente nada, ¿ustedes saben lo que es nada? Bueno; nada. Señores les digo que nada cubría el pecho, el torso, ni el vientre de Xion, salvo unas cintas que le atravesaban en vertical los senos, lo suficiente para cubrirle lugares estratégicos. La falda, por suerte, sí era larga.
Yo no sabía exactamente en donde poner la mirada, pero tampoco podía dejar de verla o dar un veredicto en voz alta, el corte estaba interesantísimo.
Naminé se subió las gafas de sol hasta la cabeza y suspiró como si estuviese tratando con un hurón silvestre estúpido, y una gata tonta que no distingue la sardina del caviar.
—Xion esa cosa está al revés —diagnosticó sobrenaturalmente harta—. Ahora que estás informada, gira ciento sesenta grados a la derecha y entra ya mismo al probador, es un crimen que lleves así un Channel.
—Oh —dijo la pelinegra —. Sabía que algo estaba mal con las costuras...
—Las costuras están bien —chilló histérica mi gemela—. El problema eres tú, ahora regresa allí dentro y no salgas hasta que no lo tengas puesto como dios manda.
Xion se devolvió sobre sus pasos, arrastrándose como si llevase el mundo entero en la espalda. La compadecí, a ella y a todas las chicas del planeta, puede que de un modo u otro estén favorecidas por la sociedad, pero eso no quita que tengan malestares de los que ocuparse, aprendí muchas cosas hoy con ellas dos. Unas inútiles, otras incomodas, otras que preferiría no haber escuchado, pero todo lo tomaré como cultura general. Para saber que, bueno, ellas viven su propio infierno, diferente del infierno masculino.
Mía amiga salió portando el mismo vestido, pero de la forma correcta.
La tela sedosa violeta sí le sentaba después de todo. El escote era bastante más sobrio que el anterior escándalo (que en definitiva sí era una linda espalda). En la falda había una apertura desde la cadera que dejaba a la vista toda su pierna derecha.
—Por fin —dije yo—. Se ve bonita, ¿ya nos podemos ir?
—Por fin, me veo bonita, ¿ya nos podemos ir? —repitió Xion.
—Ahora los tacones —anunció pomposamente Naminé.
—Oh, no. Te estás apasionando con esto —solté agotado hacia mi hermana—. Vamos a tomarnos treinta minutos, no es una petición, es una advertencia. Xion paga eso para largarnos de aquí. Quiero, no, no quiere, necesito una empanada de queso y algo de beber, yo invito, muévanse.
(...)
—De nuevo —rugió Naminé.
Quise instintivamente levantarme y ayudar a Xion, pero la mano rígida y determinada de la rubia me regresó a la silla con un tirón desde el hombro.
—Está bien, tengo que dominar esto, si puedo dominar las ganas de matarme saltando de un quinto piso, entonces puedo dominar unos inútiles zapatos —dijo mi amiga, fingiendo ser dueña de si misma. Ya que tenemos el vestido, ahora se está probando los tacones "de clavo" que mi gemela sugirió. Al principio me estaba riendo del nombre, "clavo" ¿no suena gracioso? Como si se pudieran clavar en algún lado... bueno, la cosa es que después de que la morena se cayó por quinta vez dejó de darme gracia y empecé a preocuparme.
¿Se estará haciendo mucho daño?
—Pero te he visto usar tacón antes —se me ocurrió decir en voz alta—. ¿Por qué ahora fallas?
En ambas fue casi que un reflejo.
—Porque esos no son tacones de clavo, imbécil —dijeron fúricas.
—Se ponen sensibles —protesté—. De todo se ofenden.
—Métete esa opinión por dónde te quepa, rubio —soltó Xion, balanceándose como podía sobre sí misma—. Cuando tengas que realizar acrobacias sobre dos agujas, con tal de verte alto, hablamos.
—Ojalá te caigas, zorra ingrata.
Sí se cayó de frente.
—Mentira Xion, lo siento muchísimo, ¿te encuentras bien? ¿te hiciste daño? —pregunté intentando ir protectoramente hacia ella, no lo puedo evitar, me tiene nervioso, ¿es normal que se caiga tanto?
—Estate quieto, Roxas —la pesada mano de hierro de Naminé me devolvió al asiento—. Ya deja de lloriquear, ni que Xion fuese de cristal.
—¿Estás bien? —insistí.
—Me siento como un chimpancé haciendo trucos en una feria —confesó Xion desahuciada, sin levantarse del suelo.
—Sí, sí, pero como un chimpancé elegante —puntualizó la rubia—. ¡Arriba!
—Te lo suplico, dale un respiro...
—Oh vamos, esto no es nada —dijo ella dando un sorbo a su bebida—. Todavía no empezamos con el maquillaje y el resto de los inconvenientes.
—Sé que fui un embarazo planeado —comenzó Xion poniéndose en pie y logrando por primera vez un equilibro relativo—. Pero si al menos hubiese sido un niño... me pudiera llamar Xio o Shio, no tuviese que usar vestidos, ¿se imaginan? Fuera un lindo chico, las personas criticarían menos mi ropa oscura, mis gustos, mis perforaciones y mi corte de cabello, y aunque papá me hiciera menos caso, tampoco sería tan patéticamente manipulable por él, y quizás tendría más amigas, o incluso novia —suspiró. Naminé y yo intercambiamos miradas de momentánea compasión.
—¿No te gusta ser chica? —pregunté.
—Me encanta ser chica, lo amo —respondió, por fin manejando los tacones con mayor soltura—. Solo digo... que a veces, hay días, hay instantes, hay razones, por las que a veces lo odio. Como si fuera un error. Nunca me siento del todo preparada para asumirlo por completo. Me siento... ridícula en este papel.
—Tú no me agradas —dejó en claro mi hermana, ante todo—. Pero...
Se acercó a ella y le dio un fuerte abrazo.
Aurora
