CAPÍTULO VII:Felices ¿Los cuatro?


Disclaimer: Todos los personajes reconocibles pertenecen a J. K. Rowling. "Esta historia forma parte del proyecto New Writters de Cristy 1994"

Agradecimientos especiales a Cygnus Dorado por la portada de la historia y a todas las chicas que me dejaron su review en el capítulo anterior y que han seguido la historia a pesar del tiempo que he tardado en actualizar. Este capítulo es para todas ustedes, disfrútenlo.


Harry y Pansy

Harry estaba muy nervioso, la semana anterior habían ido al curso para saber cómo hablarían con Teddy sobre el cambio que darían sus vidas; Andromeda había insistido en que lo hicieran lo antes posible, así que ambos habían acordado ir a comer con el niño y decirle en el momento.

Se habían encontrado con Pansy en un restaurante con juegos para los niños, y mientras Teddy jugaba en los toboganes y las albercas de pelota, Harry y Pansy ordenaban la comida.

—Dos hamburguesas para niños con patatas extras —pidió Harry a la mesera—. ¿Y tú, Pansy?

La chica examinó la carta por milésima vez sin encontrar nada que le atrajese.

—Pide por mí, por favor.

Harry la miró extrañado y volvió su atención hacia la chica que les tomaba la orden.

—Una hamburguesa con tres quesos, papas fritas y una ensalada.

—¿Algo para beber?

—Jugo para todos.

La mujer se retiró y Harry empezó a mover nerviosamente los dedos.

—Ya basta —pidió Pansy—, me estás poniendo nerviosa.

—Como si no lo estuvieras ya —replicó airado.

La comida no tardó mucho y Harry fue a hablarle a Teddy. Comieron sin mencionar el tema, lo que le dio la oportunidad a Pansy de observar la dinámica de los chicos mientras disfrutaba de la hamburguesa que había pedido Harry; el chico y su ahijado comían mientras jugaban con los muñequitos que les habían entregado con la comida. Pensó en Andromeda diciéndole que Harry se estaba reconciliando con su infancia a través de Teddy, y cuando su mirada se topó con los ojos verdes de él comprendió que a pesar de todo por lo que había pasado ese hombre, seguía siendo un niño por dentro.

Al terminar, Teddy volvió a los juegos y ambos se quedaron en silencio.

—¿Estás lista? —preguntó Harry.

Pansy suspiró y asintió, Harry llamó a la mesera y pidió helados gigantes para postre; mientras Teddy disfrutaba de su postre, Harry jugueteaba con la cuchara y Pansy miraba su helado como si tuviera algo extraño.

—Teddy —se animó finalmente Harry.

El niño quitó la atención de su helado y levantó la cabeza.

—¿Sí?

—Pansy y yo tenemos algo que decirte.

Sus ojos se iluminaron y asintió expectante.

—¿Recuerdas a tu tío Ron y a tu tía Astoria?

—Sí —respondió con tristeza.

—Ya sabes que ambos murieron hace unos meses, y que dejaron huérfanos a sus hijos.

—Will y Athenea.

—Sí, y Eleonor y Christine.

—Ajá.

—Bueno, como sabes, yo soy el padrino de Will. Recuerdas que hablamos de eso ¿verdad?

—Sí, dijiste que eras padrino de ambos y que a los dos nos querías por igual.

—Exactamente, tienes muchas cosas en común con William, ambos tuvieron padres maravillosos que desafortunadamente murieron y ambos cuentan con otras personas que no los dejarán solos por que los aman.

Teddy se mostró confundido y Pansy exasperada interrumpió al moreno.

—Déjate de rodeos, Harry. Teddy —se volvió hacia el niño—, William y Eleonor se mudarán a vivir con nosotros.

—¿Nosotros? —preguntó triste el niño—. ¿Harry va a dejarme?

—No —respondió el aludido de inmediato—, todos nos iremos a vivir juntos, Pansy, tu abuela, William, Eleonor, tú y yo.

—Oh ¿Tú y Pansy son novios?

Pansy palideció un poco y Harry se removió incómodo.

—No, solo somos amigos, y empezamos a serlo porque entre los dos cuidaremos de ustedes.

—¿No te cae bien Pansy?

—No es eso, Teddy, Pansy me cae muy bien, pero no creo que hubiésemos tenido la oportunidad de conocernos de no haber sido por esto.

—¿Eso es todo? —preguntó decepcionado Teddy.

—No queríamos que te tomara por sorpresa, Teddy —intervino la chica—, y no sabíamos cómo reaccionarías.

—Bueno, no es que no me agrade William, pero no me emociona la idea de que viva conmigo. La casa es muy pequeña —argumentó como si eso lo explicara todo.

Harry y Pansy rieron ante su argumento.

—No te preocupes, Pansy tiene una gran casa y nos mudaremos con ella.

Teddy agrandó sus ojos por la emoción.

—¿Nos mudaremos?

—Sí, nos mudaremos.

Después de un grito de emoción que hizo voltear a todos los comensales, decidieron que era hora de terminar con el postre y dejar a Teddy parlotear sobre lo mucho que le emocionaba esa idea.

Salieron del restaurante y fueron a caminar a un parque cercano, Teddy se entretuvo corriendo de un lado a otro y dio a los dos adultos la oportunidad de hablar a solas.

—Entonces ¿Se mudan la próxima semana? —comenzó Pansy.

—Si no te molesta, sí, quisiera familiarizarme con el entorno antes de que nos entreguen a los niños.

Ella asintió y Harry guardó las manos en sus bolsillos.

—Procuraremos hacerlo desde el viernes, Andromeda no quiere perderse el desfile de tu primera línea de ropa.

—Pensé que no irían —comentó ocultando la emoción que le producía esa noticia.

—¿Bromeas? Andromeda jamás se la perdería, de verdad te tiene aprecio, y admira tu trabajo.

—¿Y tú? —preguntó impulsivamente.

—Me honra que me hayas invitado a ver el fruto de hacer lo que te apasiona, no rechazaría ese honor.

Terminaron su paseo por el parque en un silencio cómodo.


Draco y Hermione

—¡Más lento, más lento! —urgió la chica sujetándose con fuerza a la manilla de la puerta.

Draco desaceleró un poco y dio la vuelta perfectamente.

—Aun no entiendo cómo hiciste para conducir hasta el Ministerio la semana pasada.

—Contraté a un chófer —confesó el rubio frenando violentamente.

—Ya lo sabía —anunció con eficiencia—, era imposible creer que habías manejado hasta el Ministerio tomando en cuenta que el otro día casi nos matas contra un árbol.

El slytherin volvió a arrancar a tal velocidad que Hermione fue arrojada hacia atrás.

—¡Frena, frena! —gritó aterrada al ver los árboles frente a ellos—. ¡Frena, maldita serpiente!

Draco río y desaceleró suavemente pasando junto a los árboles sin daño alguno.

—¡¿Sabes qué?! —exclamó furiosa la castaña—. ¡Renuncio! —abrió la portezuela y bajó del auto—. ¡Consigue a alguien más que te enseñe a conducir!

—Hermione —bajó del auto al verla alejarse—, era solo una broma, no tienes por qué ponerte así.

La gryffindor lo ignoró y siguió caminando hasta llegar a la puerta de la mansión, Narcissa Malfoy los estaba esperando y cuando Draco llegó a la puerta recibió una mirada reprobatoria de su madre. Se sentaron a tomar el té en una de las salas de la casa, y pudo disfrutar de unos minutos de silencio antes de que ambas mujeres empezaran a decirle lo irresponsable e irrespetuoso que era, se carcajeó un buen rato y después se enfrentó a los rostros enfadados de Hermione y su madre.

—Jamás pensé que te pondrías en mi contra de esa forma, madre.

Narcissa lo ignoró y se enfrascó en una charla con Hermione.

—¿Cuándo les entregarán a los niños? —preguntó más tarde.

—Dentro de unas semanas.

—Oh, espero que me inventen a visitarlos, siempre le tuve estima a Astoria —comentó nostálgica—, una gran chica, y muy valiente por lo que demostró.

—¿Por lo que demostró? —preguntó Hermione.

—El valor que tuvo de estar con la persona que amaba sin importar cumplir lo que se esperaba de ella.

—Al igual que Andromeda —coincidió Hermione.

Una mirada de tristeza se instaló en el rostro de Narcissa, en cuanto Hermione se dio cuenta de ello enrojeció visiblemente.

—Yo… lo lamento, no debí de mencionarla —se disculpó.

—No pasa nada, Hermione. ¿Has visto a Andy últimamente?

—Sí —respondió sinceramente—, ella y Harry están haciendo un gran trabajo con Teddy.

—Oh, supongo que su nieto es lo más valioso para ella.

—¿Por qué no haces las paces con ella, madre? —intervino Draco.

Narcissa jugueteó con la taza entre sus manos y desvió la mirada.

—No lo sé, puede que suene tonto, pero han pasado tantos años y aun así siento un poco de envidia por lo que hizo.

—¿Por fugarse? —preguntó escéptico el rubio.

—Por encontrar al amor de su vida y quedarse con él.

—¿Fue feliz en su matrimonio, Narcissa? —preguntó Hermione.

La mujer se mostró sorprendida por la pregunta y Draco casi se atraganta con el té.

—Yo…

—Lamento si fue una pregunta indecorosa —interrumpió la gryffindor apenada—, no tiendo a pensar mucho las preguntas.

—No pasa nada, Hermione, es solo que nunca nadie me lo preguntó.

Draco se inclinó de manera imperceptible hacia adelante, ansioso por escuchar la respuesta.

—En un principio no, entre Lucius y yo casi no había química ambos queríamos cumplir con nuestro deber y nada más, y a eso hay que añadirle que Lord Voldemort estaba en su mejor época y mi esposo era uno de sus más fieles seguidores, yo creía en la pureza de la sangre —aclaró—, pero mi hermana se había fugado con un hijo de muggles que la hacía sumamente feliz y yo no quería que sufriera. Era muy correcto y distante, tal y como se esperaba que fuera, pero las cosas cambiaron cuando quedé embarazada y nació Draco —su mirada se suavizó y su voz se tiñó de añoranza—, se volvió más cariñoso, traía consigo obsequios para mí y para el bebé e incluso se interesó en la crianza de nuestro hijo, algo que definitivamente yo no esperaba.

«Después de que el bebé de los Potter hizo que Voldemort muriera, pensé que todo sería mejor, pero la caída solo acrecentó el mal carácter de Lucius; años después me arrepentí de haber permitido que se involucrara en la crianza de mi hijo, envenenó su mente desde muy temprano, y le hizo creer tantas cosas falsas.

Hermione la observaba con los ojos brillantes que tenía casa vez que aprendí algo nuevo y muy interesante.

—Después de que Draco entró a Hogwarts se me hizo difícil a quedarme sola con él, había días en los que no lo reconocía, y ya habíamos empezado a dormir en habitaciones separadas; ya no se esperaba que yo tuviera más hijos, así que compartir una cama no tenía sentido. Muchas veces me encontré pensando en Andromeda y en las veces que la había visto en el callejón Diagon, su esposo era… muy diferente, no solo porque estaba orgulloso de su ascendencia muggles, sino por la forma en la que trataba a mi hermana, siempre iban cogidos de la mano, o con él abrazándola por la cintura, yo solía ir sola, y cuando iba con Lucius manteníamos la distancia que nos caracterizaba como sangre pura. Después del regreso del Señor Oscuro todo lo que yo creía que había construido en esos años se derrumbó, sabía que era cuestión de tiempo para que nos llamase y volviéramos a los viejos tiempos; para cuando me di cuenta mi esposo estaba en la cárcel y mi hijo tenía sobre su espalda una misión imposible, hice todo lo que pude para mantener a mi familia a flote, pero entenderás que es difícil actuar desde las sombras —su voz ya demostraba tristeza, y ambos chicos se encontraban embebidos en la narración de Narcissa—. Me gustaría decir que después de la guerra reconstruimos nuestro matrimonio y que cuando murió ya estábamos en paz, pero no fue así; lo único que hicimos fue levantar una pared de cordialidad que nos hizo sentí ligeramente mejor, no pudimos lograr más.

El silencio se instaló mientras los presentes analizaban las palabras que acababa de decir Narcissa.

—Madre —habló finalmente Draco—. ¿Por qué no me lo dijiste? Antes de conocer a los Weasley siempre creí que todos los matrimonios eran así, era lo que quería ofrecerle a Astoria —confesó.

—Estabas demasiado influenciado por tu padre, honestamente, hijo ¿Me hubieras creído?

El chico meditó su respuesta y una mueca de decepción se dibujó en su rostro.

—No, no lo hubiera hecho.

Narcissa asintió satisfecha y tomó un sorbo de té.

—¿Algunas vez se enamoró? —volvió a preguntar la castaña.

—No, desde niña supe cuál sería mi misión en la vida, y mi única aspiración era cumplirla, supongo que eso no me permitió enamorarme.

—Vaya, el mundo de los sangre pura es muy… diferente —declaró finalmente.

—Sí —coincidió Narcissa—, yo pude ver el mundo de los muggles a través de los encuentros ocasionales con Andromeda, Ted era muy cariñoso con ella, solían ir los tres a comprar cosas y muchas veces espié su reacción después de que nos encontrábamos y yo no la saludaba; su esposo siempre la consolaba con palabras y caricias, llegué a desear que Lucius también se olvidara de las tradiciones puristas y fuera más cariñoso.

Draco la seguía mirando sorprendido, y Hermione lucía emocionada.

—Gracias por responder mis preguntas, Narcissa, soy conscientes de que a veces son un poco imprudentes.

La rubia sonrió y volvieron a charlas de temas triviales. Un par de horas más tarde, cuando Draco y Hermione decidieron que era hora de marcharse, la castaña y Narcissa se quedaron solas mientras Draco iba por el auto.

—Sé que no es de mi incumbencia —comenzó Hermione—, pero creo que quizá debería de tratar de reconciliarse con Andromeda, me consta que necesita a su hermana.

Los ojos de Narcissa se llenaron de lágrimas.

—Está volcada en Teddy, y le hace falta alguien con quien salir y charlar de los progresos de su nieto o simplemente del clima.

En ese momento el lindo auto de Draco se estacionó frente a la puerta y Hermione se despidió dejando a Narcissa pensando en lo que le habían dicho.

Para el día del primer desfile de modas de Pansy, Draco ya era capaz de conducir sin matar a Hermione de un infarto, así que ambos llegaron acompañados de Narcissa al salón donde sería el evento sin mayores contratiempos aparte del tráfico de Londres. Los gorilas de la entrada los dejaron pasar en cuando mostraron sus pases de entrada.

—Parece que la cosa va en serio —dijo Draco al ver que le negaban la entrada a un par de personas que juraban que su nombre estaba en la lista.

—¡Claro que va en serio! —defendió Hermione—. Este es uno de los desfiles más importantes en la industria de la moda, aquí elijen a los siguientes diseñadores famosos.

—¿O sea que no solo veremos la ropa que diseñó Pansy?

—No, veremos la de todos los alumnos considerados potenciales por los profesores de la universidad.

Draco rodó los ojos preparándose para lo que estaba seguro, serían horas aburridas viendo desfilar a gente con ropa; sus lugares estaban entre las sillas más cercanas a la pasarela y pudieron ver del otro lado a Harry, Teddy y Andromeda.

—¿Qué hacen ellos aquí? —preguntó Draco saludando con la mano.

—Lo mismo que nosotros, Draco, Pansy los invitó.

—Esto no parece muy prometedor.

—De hecho, Luna y Theo nos sugirieron que hiciéramos actividades los cuatro juntos para no matarnos cuando los niños estén conviviendo.

—Me parece una sabia recomendación —intervino Narcissa—, si de por sí entre ustedes las cosas se complican —añadió mirando con añoranza a Andromeda.

Hermione sacó su celular y se dedicó a escribir un mensaje mientras Draco miraba a todas las personas a su alrededor, poco después vieron a Pansy acercarse a Harry y sus acompañantes, se abrazaron y la pelinegra despareció tras la pasarela.

El desfile empezó, y mientras Narcissa miraba embelesada a las chicas que pasaban mostrando hermosos diseños, Draco se contentó con examinar críticamente el entorno.

—Oh cielos —escuchó murmurar a Narcissa—, ese vestido es precioso.

—Espero que traigas lista una chequera, Draco —bromeó Hermione.

—¿Una qué?

—Chequera, sirve para pagar grandes cantidades de dinero sin necesidad de traerlo encima.

—¿Y para qué querría una?

La castaña torció los ojos.

—Para pagar los diseños que seguramente querrás regalarle a tu madre,

—¿Se pueden comprar? —preguntó intrigada la aludida.

—Sí, son un poco más caros ya que podría decirse que son ediciones exclusivas, pero si te gusta puedes hablar con el diseñador para que te lo venda o haga uno igual.

—Ya va a empezar la colección de Pansy —anunció el rubio.

Conforme pasaban las modelos luciendo la ropa, Hermione se fijó en la aprobación que crecía entre los críticos y cazadores de talento sentados frente a ella, las prendas eran sin duda alguna preciosas y destacaban entre las anteriores por su diseño innovador.

—Creo que voy a comprar toda la colección —comentó Narcissa observando boquiabierta un vestido de noche plateado.

La última de las modelos, al terminar su recorrido regresó con Pansy a la pasarela para que pudiera disfrutar de los aplausos del público, la pelinegra lucía asombrada y satisfecha por el éxito de su obra y sus amigos se pusieron de pie para ovacionarla; Teddy incluso se acercó corriendo y le entregó una ramo de lindos tulipanes que hicieron saltar lágrimas de emoción.

El desfile terminó después de un par de diseñadores más y todos empezaron a salir hablando de las prendas que se habían mostrado, Draco dejó a Hermione con su madre mientras iba a felicitar a Pansy; le hubiera gustado llevarla a cenar para festejar su logro, pero sabía que Harry y Andromeda se estaban mudando con ella y seguramente necesitarían terminar de acomodarse. Cuando llegó a las oficinas tras las cortinas, Harry, Teddy y Andromeda ya estaban con ella.

—Fue hermoso, Pansy —comentó Adromeda—, estor encantada con tu trabajo.

—Muchas gracias, Andy, me alegra que les gustara.

—¡Y aquí está la mejor diseñadora del desfile! —se anunció Draco al tiempo que la abrazaba.

—Oh, Draco —correspondió el abrazo—, me alegra mucho que vinieran. ¿Les gustó el desfile? —preguntó mientras comenzaban a alejarse para hablar con más privacidad.

—Claro que sí, creo que tendrás que pasar por mi bóveda de Gringotts para pagar todo lo que seguramente, mamá va a comprar.

—Que bueno que le haya gustado.

—¿Qué harás para festejar?

—Ir a casa y terminar la mudanza, Andromeda va a cocinar y tal vez veamos películas.

—¿Andromeda?

—Aún no la conoces ¿cierto?

—No.

—Déjame presentártela. Andy, acércate por favor.

La mujer dejó de hablar con Harry y se acercó.

—¿Qué pasó, Pansy?

—¿Conoces a mi amigo Draco Malfoy?

—Oh, el hijo de Narcissa ¿Cierto?

—Mucho gusta, señora Tonks.

Una sombre de tristeza cruzó por el rostro de la mujer.

—Llámame Andromeda, por favor.

—Lo siento, soy Draco.

—Lo sé, Pansy habla mucho de ti; yo… tengo que dejarlos, te veo luego, Draco.

Ella se alejó y Draco se quedó con usa sensación de incomodidad.

—No creo que eso haya sido una buena idea, Pansy.

—Lo fue —respondió un poco petulante—, Andy necesita a su familia, solo que se puso nerviosa.

—Bueno, suerte con los críticos, me tengo que ir.

Se despidieron con un beso en la mejilla y se encontró con su madre y Hermione en el vestíbulo, se aparecieron en la casa de la castaña para tomar un té.

—¿Cuándo se mudarán juntos? —preguntó Narcissa.

—La próxima semana —dijo Hermione con un suspiro—, queremos conocer la vida cotidiana del otro antes de tener a las niñas, no creo que sea un buen ejemplo gritarle a Draco porque deja quemar la comida.

El aludido la miró ofendido.

—Yo no dejo quemar la comida, para que te enteres, Granger, no tango ninguna manía de la que pudieras quejarte al compartir casa conmigo.

—Era broma, pero aun así el plan es conocernos un poco más.

—Y ¿A qué te dedicas actualmente?

—Por el momento tengo un año sabático, he estado dedicándome a una investigación para afianzar más los lazos con Francia, así que me tomé un tiempo para estructurar un proyecto que los garantice.

—Vaya, eso es impresionante —comentó Narcissa asombrada—, si necesitas algo no dudes en pedírmelo, Francia es mi país favorito y conozco un poco sobre el tema.

—Oh, se lo agradezco mucho.

—Te recuerdo, Granger, que la próxima semana es nuestro último curso.

—Sí, lo sé, Draco, yo le pedí a tu secretaria que lo agendara.


Harry y Pansy.

El viernes había ido por ella a la escuela a fin de poder empezar pronto la mudanza, ya que les había dado oportunidad de decorar sus habitaciones como quisieran, tenían un poco de trabajo por delante para tomar decisiones y comprar las cosas necesarias.

—¿De qué color querrás tu habitación, Teddy? —preguntó cuando terminaron de examinar las habitaciones y cada quien eligió la suya.

Todas estaban en el tercer piso, y a excepción de la Pansy todas estaban vacías.

—¿Qué pasará con tu departamento? —preguntó Harry.

—Lo voy a dejar así, después de todo ya lo compré y no quiero venderlo. Ya instalé un estudio en el siguiente piso, hay también una oficina para ti y un cuarto para que los niños hagan su tarea.

—Muchas gracias, Pansy, agradeceré dejar de trabajar en la cama.

La slytherin sonrió satisfecha y los dejó a cada quien en su habitación para decidir cómo querían decorarlas, justo cuando Harry estaba terminando de visualizar los muebles que iba a querer, la puerta se abrió y entró Teddy a todas luces nervioso.

—¿Qué pasa, Teddy?

—Yo… no sé qué casa quiero que represente mi habitación —confesó apesadumbrado—, mi papá era Gryffindor al igual que tú, pero mi mamá fue Hufflepuf y mi abuela Slytherin, no quisiera decepcionar a nadie.

—Escucha, campeón, no quiero que dejes que una casa lo sea todo en tu vida, no decepcionarás a nadie sea cual sea la casa que escojas, pero no bases tampoco todas tus decisiones en esa casa. A veces tenemos un poco de todas las casas y no hay porque cerrarnos a una sola.

—De acuerdo.

El niño salió con su cabello azul eléctrico y Harry bajó para reunirse con Pansy, ella estaba en la cocina tomando jugo mientras revisaba algunas revistas a su alrededor

—¿Ya decidiste? —preguntó sin levantar la vista.

—Sí, está decidido.

—Bien, vamos y me dices tu idea para ver si es buena.

Después de explicarle lo que le gustaría y de que ella hiciera algunos cambios, pudieron terminar con las habitaciones de Teddy y Andromeda para luego salir de compras. La tarde pasó rápido y al día siguiente ya estaban instalados, de forma que para el día del desfile de Pansy solo faltaban un par de detalles para adecuar su nuevo hogar.

Tal y cómo le había dicho a Draco, Andromeda cocinó mientras ellos metían los muebles recién comprados, los limpiaban y acomodaban en la habitación de cada quien; Teddy corría de un lado a otro probando los colchones y familiarizándose con el resto de la casa.

—No vayas a romper o desordenar nada ¿Entendido? —pidió Harry cuando se lo encontró en las escaleras por tercera vez.

—Sí —salió corriendo nuevamente.

Terminaron un poco noche, pero después de cenar pudieron dormir cada uno en su habitación por primera vez.

Cuando Pansy se levantó al día siguiente, encontró a Harry en la cocina preparando el desayuno.

—Buenos días —saludó alegre el chico mientras removía algo en una sartén.

—Buen día —respondió somnolienta—. ¿Preparás tú el desayuno?

—Solo los fines de semana, entre semana salgo corriendo al trabajo.

—¿Crees que debería contratar a alguien que se encargue de la limpieza y la cocina? —preguntó después de tomar un vaso de agua.

—Quizá eso deberías de preguntárselo a Andy, en Grimmauld Place ella se encargaba de eso. No sé si lo querrá seguir haciendo.

Pansy asintió y se apoyó en la isla de la cocina mientras lo veía moverse de un lado a otro.

—¿Qué planes tienes para hoy? —preguntó pasado un rato.

—Por lo general los fines de semana me quedo en casa y enseño a Teddy a volar.

—Y Andy ¿Qué hace?

—Honestamente —respondió mientras mezclaba algo—, no tengo idea, supongo que lee o cocina, por lo general no sale de casa.

—¿Por qué?

—Está completamente dedicada a Teddy, supongo que es su forma de enfrentar la pérdida de su familia; no es que yo sea alguien para juzgar, todos enfrentamos nuestras cicatrices de una manera distinta.

—En eso tienes razón, quizá debería hablar con ella para ver si hay algo que pueda hacer por ella.

—Gracias, y dime ¿Qué haces tú los fines de semana?

—Por lo general salgo con Draco o me quedo en mi departamento trabajando en la tarea y los diseños.

—Pero hoy estás libre ¿Cierto?

—Sí, hoy estoy libre, después del desfile quiero pensar que ya pasó lo más difícil.

—Muy bien, así quizá puedas hablar con Andromeda.

Después de un desayuno tranquilo Harry y Teddy salieron con sus escobas para volar, Andromeda se sentó frente a una ventana aparentando tranquilidad para observar los progresos de su nieto.

—¿Nerviosa? —preguntó Pansy cuando se sentó a su lado.

—Un poco, Harry es un buen maestro pero eso no garantiza que Teddy no tenga caídas.

—El próximo año irá a Hogwarts ¿Qué harás entonces?

—Lo mismo que hice cuando Nymphandora entró a la escuela, esperar las vacaciones y mientras tanto pensar y escribirle cartas.

—¿No has pensado en dedicarte a algo para ti?

—No, Ted me animó a intentarlo pero no encontré nada que me atrajera lo suficiente, aquello que me llena es hacer cosas por los que amo, y confío en que los hijos de Ron y Astoria le den un giro nuevo a mi vida.

Ambas observaron los complicados movimientos que Harry intentaba enseñarle a su ahijado y los intentos de este por imitarlos, Pansy decidió picar un poco de fruta para cuando entraran, y mientras escuchaba a Andromeda platicar sobre los cambios en su vida se dio cuenta de que así se debía de sentir vivir en familia y de que no podía esperar para tener a los niños de Astoria en su vida.


Draco y Hermione.

Volvió a maldecir mientras intentaba ahogar el sonido con la almohada, no entendía cómo podía pasar tanto tiempo tocando ese condenado instrumento, y volvió a maldecir entre dientes ante la decisión del rubio de "llevar una vida normal" en la que no hechizaran las habitaciones; finalmente se levantó y salió con varita en mano para tener una charla con el rubio. Draco la sintió llegar y siguió tocando la quinta sinfonía de Bethoveen, era de sus melodías preferidas y acostumbraba a tocarla cada noche sin importar qué.

—¿Es en serio, Malfoy? —preguntó con las manos en la cintura—. ¿No podías empezar a tocar un par de horas más temprano?

—No, Granger, acostumbro a tocar antes de irme a dormir.

—¡Pues duerme más temprano! No me dejas descansar, y obviamente tampoco vas a dejar dormir a las niñas cuando estén aquí.

Draco interrumpió sus notas y la miró con el ceño fruncido.

—No pretenderás que cambie mi rutina diaria solo por eso.

—Claro que lo pretendo —se cruzó de brazos—, yo tuve que cambiarme incluso de casa, así que no creo que sea muy difícil para ti tocar el piano más temprano.

—Está bien, tú ganas. Puedes dormir en paz.

Se levantó del banquillo y ambos se separaron para ir a dormir.

—Es que no lo entiendes, Harry —confesó la castaña mientras tomaban un café.

—No es tan difícil, Hermione, solo son pequeños cambios.

—Es muy complicado cuando tienes que vivir con Malfoy, toca el piano cada noche en la madrugada y las habitaciones están encantadas para que solo podamos hacer hechizos de defensa así que no puedo insonorizarla.

—Bueno, si es solo el piano… —empezó a decir conciliador.

—¡Pero no es solo el piano! —estalló—. Son también las gabardinas, chaquetas y chamarras sobre los sillones, los platos sucios en todas partes y la cafetera siempre encendida.

—¿Y has hablado con él sobre eso?

—¡Claro que sí! ¡Pero es tan…!

—Hermione de verdad no creo que sea tan malo, en solo que tienes que terminar de adaptarte.

—¡No es adaptación, Harry, es que él me vuelve loca! ¡Un día de estos….!

—Hermione, cálmate, solo…

—¡Solo nada, Harry!

Azotó la taza que había estado usando y salió enfurecida, Draco era verdaderamente desesperante y ella se sentía más sola en esa mansión de lo que se había sentido en su casa; el chico nunca llegaba a una hora fija y trabajaba incluso en la casa, era demasiado desordenado y despreocupado, no entendía cómo podría llegar a educar a las niñas con él a su lado.

Terminó apareciéndose en la casa de Luna y Theo, William y Athenea estaban corriendo en el jardín y Luna estaba en el porche sentada con las gemelas mientras las entretenía con su varita.

—¡Hermione! —saludó en cuanto la vio llegar, se puso de pie y corrió a abrazarla—. Ven, tengo un té para que alejes a esos torsoplos que traes.

La chica la siguió sin replicar y aceptó el té demasiado dulce que le ofreció, lo tomó mientras observaba a los niños jugando y a las gemelas comunicándose en su propio idioma.

—Creo que les va a doler separase —comentó un poco más tranquila.

—Oh, no te preocupes ellos sabrán adaptarse al cambio, por algo son niños; aunque definitivamente debe de ser más difícil que ustedes se adapten.

—Ni lo menciones, no creo poder vivir con Malfoy, y menos criar a los niños con él.

—No puedes esperar que todos se adapten de la misma forma, y nosotros no esperamos que ustedes cambien por completo sus vidas, conserven su esencia para que cuidar a los niños no sea una carga.

Las palabras de su amiga fueron como un bálsamo que la tranquilizó.

Fueron al último curso sobre "¿Cómo sobrevivir a un matrimonio concertado?" la semana siguiente, desde que entraron supieron que sería un curso interesante debido a la cantidad de parejas con la cara en blanco que estaban ahí; a las seis en punto subió al escenario una mujer alta y delgada que le recordó a Hermione a la maestra Trelawney por la forma de hablar.

—No lo puedo creer —comentó Draco a su lado—. Es Madame Keysholt.

—¿Quién?

—Esa mujer es la encargada de introducir a los niños sangrepura en las tradiciones de su familia, es casa venerada por lo que queda de los sagrados veintiocho.

—Pues parece que ha sabido hacer fortuna —comentó Hermione revisando el folleto de publicidad que les habían repartido.

—Sí, es un poco caro, pero estoy seguro de que sabe lo que hace —respondió seguro.

Después de un par de horas escuchando sobre la importancia de tolerarse mutuamente y tratar de hacer cosas que alegraran al otro, se acercaron a la mujer para que les firmara la asistencia al curso.

—Oh, el señor Malfoy y la señorita Granger, tengo su certificado de asistencia por aquí —dijo rebuscando entre sus papeles.

—Me da mucho gusto verla, Madame —comentó Draco emocionado.

—A mí también me alegra ver que recuerda mis lecciones, joven Malfoy.

Les extendió un papel elegantemente redactado y Hermione lo guardó con cuidado.

—Usted fue uno de mis mejores alumnos, un Malfoy digno.

Draco se llenó de orgullo y satisfacción ante el cumplido y su acompañante rodó los ojos.

—Oh, no se preocupe, señorita Granger —dijo la mujer al ver su reacción—, nunca creí en la pureza de la sangre pero sí en la buena educación. El día que decida pasar a formar parte de la familia Malfoy estaré encantada de instruirla en las tradiciones con un cincuenta por ciento de descuento.

Ambos abrieron los ojos aterrados e incrédulos.

—Me temo que se ha confundido, Madame —intentó aclarar Draco—, nosotros solo…

—Sé por lo que están aquí, el Ministerio me informó; pero le recuerdo, señor Malfoy, que yo soy la persona favorita de la mayoría de las familias sangrepura para concertar sus uniones matrimoniales, sé cuándo dos personas deben estar juntas.

—Y sin embargo da cursos para que sobrevivan a esos matrimonios —rebatió con escepticismo Hermione.

—Estas parejas, señorita, son aquellas cuyos padres creyeron que ellos tomarían las mejores decisiones respecto al futuro de sus hijos, lo único que yo puedo hacer por ellos es evitar que se maten.

Salieron de ahí con las palabras de Madame Keysholt resonando en su cabeza.


¡Hola! Ya sé que no tengo perdón por dejar la historia abandonada durante tanto tiempo, pero con esto de la pandemia, los exámenes de admisión fueron en tiempos muy extraños. Afortunadamente quedé en mis dos opciones y por el momento solo falta que me acostumbre a la vida de la universidad, lo cual no me deja mucho tiempo libre. Quiero agradecer a todas esas personitas que me desearon suerte y me levantaron el ánimo con sus comentarios, me ayudaron mucho de verdad; por el momento aquí les dejó este capítulo, es un poco largo así que espero que compense la espera. Es el último capítulo antes de que empiece la vida en familia como tal, el próximo ya está completamente planeado, así que espero poder subirlo en este mes.

Por otro lado, ¿les parece bien si actualizo una vez al mes? Así me da tiempo de escribir los capítulos sin desatender la historia, o no sé si preferirían que hiciera actualizaciones triples o dobles cada cierto tiempo, háganme saber su opinión en un review por favor.

¡Besos! Y recuerden cuidarse mucho.