AN: ¡Gracias por leer esta historia y gracias a los que habéis dejado un comentario! Estoy feliz de que esteis disfrutando con Indra y su largo viaje, espero poder estar a la altura de vuestras expectativas. ¡Disfrutad el capítulo!


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Capítulo 7- La flor del ocaso.

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La carta de su padre había funcionado como un bálsamo para sus heridas. El dolor seguía allí, y si era sincera consigo misma dudaba de que algún día fuera a desaparecer, pero por el momento le había dado algo a lo que aferrarse, una luz en la penumbra.

Iba a tener un hermano.

En el momento en que la noticia había terminado de asentarse en su cerebro, había hecho las maletas, completamente dispuesta a partir enseguida hacia el South Blue. Obviamente, por varias razones, eso no había sido posible.

Viajar hasta Baterilla iba a llevarle meses. Tenía que hacer todo el camino que había recorrido hacia atrás y luego pasar el reverse mountain para poder llegar al otro Blue. Pero eso la dejaba con poco margen de tiempo para prepararse, y aun peor, ¿cómo iba a encontrar barcos dispuestos a hacer ese trayecto? Había sido afortunada la primera vez, pero no iba a reclinarse en esa suerte, mucho menos ahora que el tiempo no estaba de su lado.

Sin mucha sorpresa, Rayleigh fue quien le ofreció una solución.

"Podrías viajar desde el Calm Belt. Harías el viaje en la mitad de tiempo" comentó mientras miraba por encima de su cabeza los mapas que tenía extendidos sobre la mesa.

Curiosamente, Rayleigh había tomado la noticia del nuevo hijo con sorprendente tranquilidad. En realidad, la única realmente sorprendida había sido Mesalina. La joven casi se había ahogado con sus gachas cuando Indra había dejado caer la noticia mientras desayunaban. Después, había insistido en acompañarla en su viaje, pero Indra había tenido que rechazarla. Por mucho que deseara la compañía de Mesalina, sentía que esto era algo que debía hacer ella sola.

"¿Desde el Calm Belt? Creí que era imposible navegar por ahí"

Rayleigh le lanzó una sonrisa "es posible, si conoces a las personas adecuadas. Verás, tenemos una vieja conocida de una isla del calm belt. Si habló con ella y le explico la situación, es posible que pueda ayudarte a cruzar hasta el South Blue."

La isla, cómo le explicó Rayleigh, se llamaba Amazon Lily, y la entrada a los hombres estaba estrictamente prohibida. La mujer con la que tenían que hablar se llamaba Gloriosa, y según lo que le contó Shakky, había sido la anterior emperatriz de la isla antes de su exilio. Gloriosa no podía entrar ella misma a la isla, pero tenía suficientes contactos dentro como para permitirle el paso a Indra. Asi pues, el primero de diciembre, con un detallado plan de viaje y los suficientes suministros para aguantar por su cuenta durante unas semanas, Indra abandonó el archipielago Sabaody en un barco mercante de minerales.

El navío solía hacer tratos con las kuja, las nativas de la isla. A cambio de joyas, telas y otros productos femeninos obtenían una variación exótica de pescados que se vendían muy caros en el mercado. El único problema, como le explicó el capitán del barco, era que el trato siempre tenía que hacerlo la cocinera, quien era la única mujer a bordo.

"Una vez lo hicimos de la otra forma, nos terminaron dando los peores peces de la cosecha ¡nunca más! Digo yo, ¿que nos importa? Lo importante es que hagamos un buen trato, eso es lo primero. Si solo les van las chicas, pues hallá ellas, ¿quien soy yo para juzgar?" le dijo mientras se acomodaba la boina y le daba una calada a su pipa.

No entablaron contacto con nadie hasta tres días después de zarpar. Como acercarse al calm belt era imposible para los barcos, la única forma de intercambiar mercancía era quedando en un punto neutral. Así pues, no fue hasta la tarde del viernes que vieron aparecer el barco de las kuja.

Indra se había preguntado más de una vez cómo era posible para ellas navegar por esas aguas sin corrientes y con todos los monstruos marinos que allí habitaban, su pregunta fue contestada nada más vio llegar el navío. Era una embarcación grande, de aspecto elegante y distinguido, con diseños que le recordaban a los edificios orientales que había visto en pinturas y cuadros de su antigua vida. El barco era tirado por dos serpientes gigantes de aspecto feroz y mirada inteligente que los observaban como si fueran su próxima comida.

Mientras el resto de la tripulación corría a meterse dentro, Indra se quedó fuera con la cocinera, observando interesada el intercambio entre los dos bandos. Las Kuja, como se fijo, eran mujeres de todas las edades, pesos y alturas. Todas ellas iban vestidas con escasa ropa, pero esto no parecía incomodarlas ni darles pudor, de hecho, parecían muy orgullosas de si mismas. Hasta la última de ellas se sostenía con el porte de un guerrero. Indra encontró esto altamente atractivo, trayéndole recuerdos de su casa, de kino, dónde todas las mujeres eran de acero pese a no llevar armadura.

"¿eres Indra?"

La que le habló fue una de las mujeres que había abordado el barco mercante. Era alta y de piel morena, de pelo y ojos negros y un tatuaje morado que le recorría todo el brazo derecho hasta llegarle al cuello.

La había apartado ligeramente del grupo, hablándole en un tono bajo y seco.

"Me informaron de tu situación. He pedido permiso para tenerte conmigo hasta nuestra nueva expedición, sin embargo, agradecería que no mencionaras en ningún caso el nombre de nuestro contacto en común mientras estas en la isla."

Indra estuvo de acuerdo. No sabía la historia completa sobre el exilio de la antigua emperatriz, pero debía de ser un tema delicado si tomaba el tono de la mujer como prueba de ello.

Una hora después, tras haberse despedido de los tripulantes del barco mercante, se subió al navío de las kuja y emprendió camino hacia Amazon lily.


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La isla de las mujeres era un lugar peculiar. La ausencia de hombres y el escaso numero de niños resultaba extraño para cualquiera que no estuviera acostumbrado a esa realidad. Indra se convirtió rápidamente en una novedad dentro de la isla, primero porque era una niña y segundo porque era extranjera; aparentemente estas dos cosas no solían venir mucho de la mano por esos lados. Los rumores de su llegada fueron tan ruidosos hasta el punto que la propia emperatriz exigió verla. Según le explicó Filica, la kuja con la que se hospedaba, la población solo se incrementaba cuando se hacían expediciones largas. Algunas mujeres partían de la isla y regresaban con sus barrigas hinchadas, y los retoños siempre resultaban ser niñas. Ningún hombre había pisado las tierras de Amazon Lily desde hacía cientos de años y, según la actual ley, tampoco lo haría a largo plazo.

Era tanta la ignorancia que estas mujeres poseían sobre los hombres que muchas de ellas ni sabían que aspecto tenían ni que los hacía diferentes a ellas. Solo unas pocas poseían ese conocimiento y no lo divulgaban abiertamente, prefiriendo mantenerlo en secreto y dejar que la imaginación de las demás floreciera salvaje.

Indra no pudo decir que no se divirtió escuchando sus descripciones. Casi lo perdió cuando escuchó a una de las más jóvenes decir que los hombres tenían cuatro brazos y necesitaban beber un extraño elixir llamado ron o si no perdían la vida. Indra no pudo decir que no iban mal encaminadas.

Pero aparte de escuchar las disparatadas habladurías de las mujeres, no había mucho que hacer. Indra se ofreció varias veces para ayudar en las diferentes tareas mundanas, pero desde que la propia emperatriz la había declarado una 'invitada' suya, nadie se había atrevido a ofrecerle trabajo e Indra se encontró pasando la mayor parte de los días repitiendo las pautas de ejercicios que Ryleigh le había enseñado hasta el cansancio.

Eso fue hasta que por fortuna una de las guerreras la vio y la invitó a ver su entrenamiento. No la dejaron participar, ya que no era una kuja y las practicas de la isla estaban reservadas exclusivamente a los nativos, pero al menos de esa forma no se aburriría tanto, incluso podría ser una experiencia didáctica si sabía aprovecharla.

El entrenamiento de las Kuja no era cuestión de risa . Leona, una de las instructoras, le explicó que la formación de toda guerrera kuja pasaba por tres etapas. La primera era la fortaleza del cuerpo, una vez superada esa etapa pasaban a la mente, en este aprendían a usar la fuerza interior, y la tercera etapa estaba destinada al conjunto de las dos primeras.

La fuerza interior, como ellas la llamaban, no era otra cosa que Haki, y aunque Indra había escuchado la teoría, jamás había visto su utilización hasta ese momento cuando una de las instructoras lanzó una flecha que atravesó una roca.

Indra entendió un poco mejor porqué Rayleigh había sido tan reacio a enseñarle Haki. Si bien era un poder asombroso tan bien era peligroso, y si no se tenía cuidado podía terminar en resultados terribles. Indra decidió entonces fortalecer su cuerpo tanto como pudiera. Si el entrenamiento de las kuja le enseñó algo fue lo mucho que todavía le quedaba por delante.

Su entusiasmo fue aun mayor cuando conoció a tres niñas de su edad que, al igual que ella, disfrutaban mirando a las guerreras. Hancock, la mayor, era apenas dos años menor que Indra y ya tenía muy claro que quería entrar a formar parte de las Piratas Kuja.

"Solo las guerreras más cualificadas son elegidas para entrar en la tripulación" le explicó sentadas en el coliseo observando los combates de practica "ahora con la llegada de la gran era de los piratas el listón está más alto que nunca ¡no puedo esperar para comenzar con mi entrenamiento!"

"todavía te quedan tres años para comenzar nee-sama" le recordó Sandersonia mientras peinaba el cabello de su hermana Marigold.

Hancock hizo un mohín "¡desearía ser mayor! Tienes suerte Indra, tu puedes hacer lo que quieras e ir a dónde sea, a nosotras ni siquiera nos dejan caminar fuera de la ciudad si no vamos acompañadas."

Indra se rió suavemente.

Las semanas en la isla pasaron lentamente y para finales de diciembre Indra comenzó a sentirse impaciente. No podía dejar de pensar en su hermano aun no nacido y en el peligro que podía correr si el gobierno llegaba a descubrir su existencia. Su cabeza se llenó de malos pensamientos que comenzaron a afectar su estado de animo. No fue hasta la segunda semana de Enero que recobró su energía habitual: Había llegado el momento de una nueva expedición.

Despidiéndose de todas las mujeres, de sus amigas y agradeciendo profundamente a la emperatriz por la estadía, se embarcó en su siguiente viaje.


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La ruta que tomaban las Kuja no era exactamente por la que Indra quería ir, así que llegó a una especie de acuerdo con la capitana a cargo para que la dejaran en una de las islas más cercanas. Lo más importante, les dijo, era que tenía que llegar hasta el South blue. Ya resolvería todo lo demás una vez allí.

Las kuja en un principio se mostraron escépticas sobre sus palabras. No parecían creer que fuera posible que una niña tan pequeña pudiera valerse por su cuenta. Pero gracias a Filica, con quien Indra se había unido mucho en ese ultimo mes, consiguió convencerlas. A los pocos días el barco de las kuja se acercó hasta la isla poblada más cercana, llamada El Reino de Bliss.

Como no querían correr el riesgo de ser vistas por los lugareños, le dieron un bote pequeño y le desearon un buen viaje. Indra prometió volver a visitarlas algún día, cuando descubriera como pasar por el Calm belt sin morir en el intento.

El Reino de Bliss era, por decirlo de alguna forma, una gran ciudad. Los edificios era de piedra y tenía cierto aspecto medieval, con banderas y escudos en todas las casas, y grandes estandartes en las paredes de las murallas. La gente iba vestida con capas de colores y las mujeres adornaban sus cabellos con velos transparentes recubiertos de joyas y cuentas de oro.

No le llevó mucho tiempo encontrar el puerto. Habían unos cuantos barcos anclados y otros tantos que parecían estar en proceso de reparación. Después de buscar y preguntar a todo el que pudo, dio con un barco de pasajeros que hacia el viaje hasta Cartemina, la isla más próxima a su destino. Tuvo que pagar 15.000 berries por el pasaje, pero el desayuno y la cena iban incluidos por lo que no le resultó un precio desorbitado.

Y así, después de unos días de moderado turismo, partieron del Reino de Bliss.

El viaje duraba dos días. Indra se entretuvo la mayor parte del tiempo jugando a las cartas y al parchís con una amable pareja de ancianos con los que compartía habitación. Al final del trayecto la pareja le había cogido tanto cariño que le dieron la dirección de su casa por si alguna vez necesitaba un sitio donde quedarse. Agradeciéndoles su buena voluntad y deseándoles buena salud, se despidió de ellos y siguió su camino.

Ya en Cartemina, una isla con muchas montañas y valles y un clima tropical, Indra buscó un barco que pudiera llevarla hasta Baterilla. Solo dos navíos iban en esa dirección, uno era un pequeño barco familiar, el segundo era un buque de la marina.

Primero lo intentó con el pequeño, pero desgraciadamente no les quedaban plazas. Indra se sintió un tanto desanimada. Por una parte no quería viajar con las personas que representaban un peligro para su nueva familia, pero por otra parte no tenía mucha alternativa. Quedarse allí plantada no era una opción.

Con resolución se acercó a un grupo de marines que hablaban en voz baja en un pequeño circulo. Uno de ellos la vio venir y al instante todas las cabezas se giraron en su dirección.

"Buenas tardes señores marines, me preguntaba si podrían dejarme ir con ustedes hasta Baterilla. Necesito llegar hasta allí cuanto antes. Todos los demás barcos están llenos. Si no es mucha molestia, claro"

Los marines se miraron unos a otros con aspecto de desconcierto. Luego, uno de ellos, el más alto, se agachó ante ella y la observó atentamente detrás de unas gafas redondas de cristales negros.

"Molestia no es, jovencita, pero ¿puedo preguntar por qué?"

Indra no se molestó en mentir.

"Voy a visitar a mi hermano pequeño" dijo.

El marine levantó una ceja pero no hizo ningún comentario al respecto. Se levantó con gracia y le indicó con la cabeza que lo siguiera. Indra observó el viaje hasta la cubierta con curiosidad. A diferencia de los piratas, los marines tenían un modo de hacer las cosas más ordenado. Las jerarquías estaban muy claras; No se veían cosas como grumetes luchando con palos de fregonas ni se escuchaban risas estruendosas. Todo era muy...frío.

El marine la llevó hasta la figura imponente de un hombre. Era tal vez unos centímetros más alto que su padre, de hombros anchos y pecho amplio. Debía de estar en sus cincuenta, pues su pelo negro comenzaba a estar manchado por vetas grises. También, notó Indra, tenía una cicatriz sobre el ojo izquierdo.

"Garp-san, aquí esta joven quiere venir con nosotros a Baterilla"

Indra tuvo que dársela a los dioses. Sus jugarretas habían alcanzado un nuevo nivel de imprudencia.

Monkey D Garp la miró desde debajo de sus espesas cejas. Indra había oído tantas cosas de él que no pudo evitar sentirse feliz de finalmente conocer a la persona a la cual su padre tenía en tan alta estima. Solo el recuerdo de Roger rememorando sus tantas batallas con ferviente pasión trajo una cariñosa sonrisa a su rostro.

"Así que quieres ir a Baterrila" comenzó él sin sonar particularmente interesado.

"Si"

Indra vio con aprensión su silencio. Todavía le quedaba dinero, y no le importaba trabajar lo que fuera necesario para pagar su peso. Con esas dos cosas en mente abrió la boca, pero el marine se encogió de hombros antes de que pusiera decir algo y con voz aburrida le dijo que uno más o uno menos no hacía ninguna diferencia. Indra parpadeó un tanto sorprendida por la facilidad con la que la había aceptado en su barco sin siquiera saber quien era y se inclinó agradecida.

"Muchas gracias, ayudaré con lo que pueda y no seré un estorbo, lo prometo"

El hombre la despidió con un gesto mientras se giraba a hablar con uno de sus subordinados. Indra rápidamente se movió del camino y se pegó a la barandilla, observando como un grupo trasportaba cajas llenas de balas de cañones hacia las bodegas. Viendo que su presencia allí no era necesaria se marchó para hacer un recorrido por el barco. De alguna forma terminó en las cocinas, dónde los cocineros al verla la confundieron con un nuevo recluta y le dieron un delantal y un cuchillo. Y así, Indra terminó su día pelando cientos de patatas.

Nada nuevo en realidad.


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Tras tres días y dos noches de viaje, llegaron a Baterilla. Indra había terminado asistiendo permanentemente en la cocina, durmiendo en el mismo camarote que el resto de grumetes. A parte de ella no habían niños o adolescentes de su edad, por lo que Indra terminó haciendo amistad con un gigante amigable llamado Saul. Era la primera vez que se encontraba con una raza diferente a la humana y no pudo evitar el interés genuino que despertó en ella. El resto de la tripulación la habían mirado extrañados cuando se había sentado cómodamente en la rodilla del gigante, conversando tan amenamente con él como si se tratara de un viejo conocido.

Otro de los marines con los que tan bien había congeniado había sido Kuzan, el hombre alto que la había guiado hasta Garp. Él y Saul eran ya amigos y entre los dos le habían narrado varias historias divertidas de sus tiempos como reclutas. Era un poco difícil imaginarse a esos hombres como jóvenes imprudentes que huían de los castigos de sus superiores. Tuvo la imagen de Hope y Knuckle y se rió en silencio de la similitud. Quizás, los Marines y los Piratas no eran tan diferentes después de todo.

"Indra-chan, deberías unirte a los marines, nos vendrían bien más mujeres" le dijo Kuzan mientras se despedía de ellos en el puerto.

"Tu solo piensas en mujeres, Kuzan" Saul puso los ojos en blanco mientras agitaba su gran mano deseándole un buen viaje.

"¿cómo no voy a pensar en mujeres si tu eres lo único que veo? Extraño un par de grandes te-ahg! ¡oye Saul! ¿A qué ha venido sido eso?"

"hay niños presentes"

"tu eres un niño"

"tengo más de 100 años mocoso"

"pues yo tengo..."

Indra sonrió ante sus payasadas y se dio la vuelta mientras escuchaba de lejos los sonidos de su infantil discusión.

Los marines se iban a quedar dos semanas en la isla. Aunque ninguno habló al respecto de su cometido, era obvio para Indra que estaban allí bajo ordenes de encontrar al supuesto hijo del rey pirata. Rayleigh ya le había avisado de antemano que existía la posibilidad de que se encontrara con los marines. Le aconsejo que evitara las sospechas y se comportara con la mayor normalidad posible, lo cual no era tan fácil como sonaba. Si los marines encontraban a su hermano no dudaría en hacer todo lo posible para salvarlo, sin importar el coste que tuviera que pagar por ello.

Lo que no entendía era la presencia de Garp. Indra no sabía por qué estaba él allí cuando era uno de los pocos que sabían a ciencia cierta de la existencia del niño.

Padre confió en él, debo hacer lo mismo se dijo a sí misma reprendiéndose mentalmente por su recelo. No iba a dudar de las palabras de su padre, no cuando eran lo único que en ese momento la mantenían a flote.

Baterilla era una isla tropical, llena de palmeras y cañas. Faro Blanco, el pueblo costero donde desembarcaron, era un pequeño asentamiento conocido especialmente por su producción de jarabe de flor. Indra no tuvo que buscar mucho para dar con la mujer llamaba Rouge. Bastó con preguntar a unos lugareños que enseguida le indicaron el camino.

Rouge vivía en lo alto de una pequeña colina, cerca del faro. Su casa era de dos plantas, siendo la parte de abajo una pequeña floristería. Parada delante de la vivienda y con cierto nerviosismo, Indra golpeó la aldaba contra la madera, escuchando el eco que resonó a través del silencio.

Pasaron unos minutos en los que no pasó nada, entonces, la puerta se abrió.

Una mujer joven la recibió en la entrada. Llevaba el pelo largo rubio fresa largo recogido en una trenza adornada por varias flores. Su rostro era afilado y de rasgos suaves, con pequeñas pecas esparcidas por sus mejillas. Sus ojos, marrones con pequeñas vetas rojas, la atravesaron como dagas. Lo único que evitó que retrocediera fue la vista del pequeño y casi imperceptible bulto en su vientre.

"Buenas tardes, mi nombre es Indra" Se presentó echando hacia atrás la capucha de su capa "Es un placer conocerla al fin, Rouge-san"

La mujer solo le bastó un segundo para reconocerla. Una expresión de sorpresa apareció en su rostro e instintivamente una mano se posó sobre su estomago. Indra siguió el movimiento y una leve sonrisa apareció en su rostro. Allí estaba su hermano, sano y a salvo. El alivió la embargó y un suspiró escapó sus labios.

"Es un placer conocerte también, Indra" le sonrió ella y después se hizo a un lado "por favor, pasa"

La guió por la tienda hasta una puerta trasera que conducía a un pequeño salón. Con un gesto la invito a sentarse en uno de los sillones. Indra aceptó agradecida y ocupó el lugar frente a ella.

"Es una casa preciosa" dijo observando lo colorida y acogedora que era.

"Gracias" Rouge respondió.

Se observaron en silencio. Indra comenzaba a entender por qué esa mujer había atraído la atención de su padre. No podía negar que tenía una presencia misteriosa. Y si había algo que su padre no pudo resistir jamás fueron los misterios.

"disculpame por no ofrecerte nada que beber, es difícil moverse en estas condiciones" le dijo de pronto.

"No tiene que disculparse, es mejor que límite el ejercicio físico lo más que pueda. Sobre todo en los últimos meses de gestación"

Rouge sonrió divertida "¿te lo dijo él?"

"me envió una carta"

"que considerado de su parte" Rouge ladeó la cabeza con una mirada contempladora "Te pidió que nos cuidaras, ¿no es así?"

Indra se encogió de hombros "sus palabras exactas fueron 'hacerles un poco de compañía'. Hubiera venido aquí incluso si no me lo hubiera pedido" añadió "no todos los días me convierto en hermana mayor"

Rouge soltó un suspiro exasperado pero algo en su expresión se suavizó.

"Supongo que de tal palo tal astilla. Decirte que es peligroso no te hará retroceder ¿verdad?" Rouge no necesitó oír la respuesta para dejar caer los hombros y mirar por la ventana con una media sonrisa. Pasaron unos minutos antes de que volviera a hablar "A veces creo que si esperó aquí lo suficiente lo veré subir por el camino, con un ramo lleno de rosas y una botella de ron en la otra, riéndose de algo extraño y sin sentido. Vivir en un mundo sin él...se siente muy vacío"

Indra bajó la mirada. Rouge de repente se giró hacia ella con expresión arrepentida.

"lo lamento, no sé que está mal conmigo. Diciendo estas cosas delante de su hija...no sé que debo parecer"

Indra lo sabía.

"parece que ha perdido a alguien que ama"

Rouge apretó los labios y sus ojos se llenaron de lagrimas. Su mano acarició su vientre cuidadosamente y un pequeño sollozo escapó desde el fondo de su garganta.

Indra se encontró a su lado de inmediato. Colocó un mano encima de la suya y le envió una sonrisa que esperó fuera tranquilizadora.

"todo va a estar bien" prometió sin saber para quien eran esas palabras.

La mujer le dio un ligero apretón a su mano, agradeciéndole silenciosamente su apoyo.

"todo va a estar bien" repitió.


Fue a mediados de Enero cuando quedó claro que la marina no iba a tomar ningún riesgo en permitir la linea de sangre del rey de los piratas.

Se instaló un puesto de control cerca del puerto y todas las mujeres embarazadas fueron llevadas allí para pasar por un control riguroso.

La constitución física de Rouge hacia posible fingir un embarazo de pocas semanas, permitiéndole seguir con su vida en una vigilante paz. Sin embargo, por mucho que su cuerpo no lo aparentara, la realidad era que Rouge estaba de ocho meses, acercándose cada vez más al noveno.

Indra intentaba no mostrar preocupación, asegurándose de que el ambiente fuera lo menos estresante posible para la madre y el niño, pero en silencio sentía la inquietud creciendo dentro de ella, tomando fuerzas con cada día que pasaba.

Entonces Febrero llegó. Y todas los niños que nacieron durante ese mes desaparecieron.

Indra observó desde la lejanía a un padre furioso y a una madre desconsolada arremetiendo contra un par de marines que con miradas frías los despacharon cómo si fueran insignificantes. Apretó los puños con tanta fuerza que pequeñas gotas de sangre mancharon el suelo de adoquines blancos. Su garganta se cerró y las lagrimas picaron sus ojos. ¿Cómo se atrevían a fingir que aquello era correcto? ¿cómo podían seguir ciegamente esas ordenes y no encontrar nada malo en ello? ¿qué clase de humanos-?

-No, se corrigió ella mientras se daba la vuelta para regresar con Rouge, no humanos.


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"¿cartas?" Repitió Rouge interesada mientras descansaba en el diván de su habitación.

Su barriga había crecido durante durante los últimos cinco meses que Indra había estado allí, sobresaliendo visiblemente en su vestido de verano blanco, imposible de ocultar a los ojos de nadie.

"Si" Dijo ella entregándole una taza de manzanilla "para Ace"

"Ann" corrigió Rouge divertida.

"dos a uno, Rouge-san" comentó Indra tomando asiento en una mecedora de mimbre.

Rouge soltó un bufido exasperado y se llevó la taza a los labios sonriendo complacida al instante. Su tez había sido inusualmente pálida durante esos últimos días y las fuerzas comenzaban a fallarle poco a poco.

Ninguna había abordado la situación al respecto, pero una certeza mutua se había asentado al respecto: Rouge no sobreviviría a ese embarazo.

Solo su fuerza de voluntad mantenía a su hermano a salvo dentro de ella, lejos de las manos de los marines y del gobierno. Era la única salida para el bebe y ellas lo sabían.

A costa de la vida de la madre el niño nacería. Era un precio elevado el que se tenía que pagar por permitir la existencia de un niño inocente. Indra ni siquiera se permitió el lujo de entristecerse. Tenía que permanecer fuerte, para Rouge-san, para su hermano, para que aquel sacrificio no fuera en vano. No era el momento de lamentar, era el momento de hacer algo con ese tiempo precioso que se les había dado.

"estaba pensando" comenzó ,acariciando los pliegues de la falda de su vestido "Si escribes cartas para él puedo llevarlas y mantenerlas a salvo conmigo. Y cuando Ace sea mayor, cuando sea el momento, se las entregaría. Sé que tenemos que mantenerlo todo con el mayor secretismo posible, pero aun así, si fuera posible, si pudiera pedir algo, me gustaría que él tuviera una pequeña parte tuya consigo, aunque solo sean unas palabras, solo unas pocas-"

"Indra" la interrumpió Rouge con una sonrisa llena de cariño "es una idea maravillosa."

Indra bajo la mirada y asintió. Una pequeña lagrima se escapó de su ojo derecho y con rapidez la ocultó. No fue el momento. Todavía no.


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Junio asomó la cabeza, y con la presencia de los marines disminuida llegó el momento de la partida de Indra.

Habían hablado al respecto. Después de la tercera vez que los marines habían preguntado sobre la identidad de Indra mientras esta acompañaba a Rouge a sus controles, les había quedado claro que no faltaría mucho tiempo para que alguien comenzara a indagar en el asunto. Incluso si fuera la más mínima sospecha para ellas sería peligroso.

No fue una decisión fácil. Irse significaba decir adiós para siempre, e Indra no estaba preparada para ello. No tan pronto. No cuando las heridas de la ausencia de su padre aun perduraban en su corazón.

"debes hacerlo" le dijeron la amable pareja de ancianos que vivían en el faro. Eran los únicos que sabían la identidad del padre del niño y los únicos a los cuales no parecía importarles en lo más mínimo.

"Sabemos que quieres estar aquí con Rouge-chan, pero si tu presencia termina causando problemas para ella, entonces debes considerar que tal vez lo mejor sea que no estés aquí" las palabras duras de la afable mujer se clavaron como dagas en su piel haciéndola retroceder.

"Nosotros cuidaremos de ella hasta que nazca el niño" le aseguró él, poniéndole una mano en el hombro. Estaba destinado a ser un gesto reconfortante, pero Indra no pudo evitar el estremecimiento que la recorrió.

"Indra-chan" la anciana la miró con ojos tristes pero severos. Sus manos acunaron sus mejillas mientras la obligaba a mirarlos "debes irte, por Rouge... por tu hermano"

Indra no pudo luchar contra el peso de esas palabras.

Decirle a Rouge que debía marchar fue fácil. Hacerlo, no tanto.

El ultimo día juntas lo pasaron en el acantilado, viendo las olas romper contra las rocas. Rouge le contó que ese había sido el sitio donde ella y Roger habían tenido su primera cita. Su padre había preparado un pequeño picnic y había recogió con la ayuda de los niños de la zona un ramo gigante de flores silvestres.

"fue realmente tierno, verlo aparecer con todas esas flores solo porque le mencione cuando nos conocimos que me gustaban" rememoró con una suave risa.

Indra sonrió "La palabra simple no existía en su vocabulario, me temo"

Cayeron en un cómodo silencio.

"Indra" la llamó de pronto, y hubo un sentimiento de finalidad que hizo que su corazón se encogiera "realmente lo siento, por todo, pero aun así...gracias"

Indra mantuvo la mirada fija en el horizonte. La brisa le revolvió el cabello y trajo consigo el olor del mar.


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Indra abandonó Baterilla el 14 de junio.

Parada en lo alto del faro, como una vela resplandeciente a la luz del ocaso, Rouge la despidió.