Los personajes de She-Ra and the Princesses of Power no me pertenecen
…
Mero encanto
…
Miraba por la ventana para evadir el mal presentimiento, sabía que era mala idea, no solo se exponía a la inseguridad del transporte público, sino que se ponía a disposición de una persona completamente desconocida. Pero decirle a Scorpia que la llevara implicaba un sinfín de preguntas y la posibilidad de una engorrosa situación en la que su amiga se viera tentada a contar algo comprometedor por ansiedad social.
Además, con aquella ropa y su mochila sostenida por imperdibles y parches mal cosidos, llamaría muy poco la atención. Mejor debía dejar de preocuparse, aún quedaba camino por recorrer.
Para salir de Fright Zone y llegar a Bright Moon necesitaba tomar dos transportes, uno que la llevara a la periferia de los Bosques Susurrantes y el siguiente que la dejara en el centro de la ciudad. Lo que nadie le iba a quitar, ni siquiera si la llegaban a asaltar, era lo mucho que disfrutaba la vista. El mar verde, casi azulado, que se extendía por todo el territorio que ocupaban los bosques. Era una reserva ecológica, donde había animales y secretos de todo tipo. Estaba cubierto por un halo azul que a veces era iluminado por las luciérnagas. Muchas veces quiso explorarlo, porque le atraía tanto como le aterraba la idea de perderse y no poder regresar.
Llegó sana y salva a la primera parada. Al subir al siguiente camión, el cambio volvió a sorprenderle como de costumbre, no solo porque era diferente la calidad del transporte, sino las personas que lo tomaban variaban demasiado. Ocupó uno de los pocos asientos individuales que había, los demás eran dobles, casi nunca le gustó sentarse en ellos.
Siguió mirando distraída por la ventana, evitando pensar en lo que estaba por suceder. Sintió a su celular vibrar. Era un mensaje de un número desconocido pero familiar.
"Traigo una chamarra roja con mangas blancas, pantalones grises y unas converse rojas. ¿Tú que traes puesto?"
Volvió a leer el mensaje extrañada y, mientras lo hacía, llegó otro mensaje.
"Por cierto, soy Adora. Perdón, no quería sonar como un viejo pervertido, si no quieres decirme que ropa usas, no pasa nada. Por cierto, ya llegué a la estación que me dijiste"
Catra le sonrió a su celular, sí que Adora era una chica bastante rara. Le contestó con un simple "Llego en unos 15 minutos" y siguió mirando por la ventana. Dejó atrás la zona boscosa, hicieron aparición las casas, después los edificios y así llegó a su siguiente destino. Bajó del autobús en compañía de varias personas. Esperó a que la gente se dispersara y en la parada únicamente quedó ella y otras dos personas, una de ellas iba vestida como Adora le había dicho y, en realidad, ella la conocía, más que conocerla, la recordaba como su temporal acosadora…
Respiró hondo, al parecer estaba con los audífonos puestos y movía uno de sus pies con ritmo. Se acercó a ella, con la mochila a su espalda. Se paró frente a ella y la chica dejó de mover su pie, se quitó un audífono de uno de sus oídos y alzó la vista. Un par de ojos azules la saludaron.
– ¿Tú?
La chica le sonrió en respuesta.
– Hola, Angry Cat.
Catra rodó los ojos.
– Ya sabes mi nombre.
– Es divertido –agrandó su sonrisa.
Retrocediendo un par de pasos, permitió a la chica levantarse.
– ¿Y bien? ¿A dónde iremos?
– Sígueme, está por aquí cerca –vio a la rubia asentir y volver a sonreír.
Catra empezó a caminar, ella sabía perfectamente a donde dirigirse, era una tienda que había encontrado en internet que tenía un catálogo extenso en todo lo que tenía que ver con arte, era evidente que estaría más surtida por tener la universidad con la facultad de artes plásticas a unos cuantos minutos.
Se adelantó a la chica y por unos instantes parecía que no lograba alcanzarla. Cuando ladeó su rostro, la vio caminando detrás de ella, con las manos en los bolsillos de su chamarra y cuando sus miradas se encontraron le volvió a sonreír. Catra desvió la mirada y dobló a la derecha en la siguiente calle.
Ahora tenía sentido el que ella le empezara a sonreír de la nada en la escuela, pero ¿acaso lo supo desde antes? Y si fue así, ¿Por qué no le dijo nada? Incluso cuando se quejaba de ella, ¡Con ella! Que irónico. Además, según Scorpia le había dicho que su nombre era Ágora, pero era creíble que su peliblanca amiga se confundiera en algo tan sencillo como un nombre.
De repente sintió la cercanía de otra persona, era la rubia que la había alcanzado y se había puesto en la banqueta del lado por el que pasaban los autos, dejándola a ella del lado de las paredes de algunas casas y negocios. Catra giró su cuerpo y Adora se detuvo con ella.
– Hemos llegado –agregó, señalando al interior.
Vio con sorpresa como la chica miraba asombrada todo aquello, era como si le hubieran abierto la puerta a un mundo nuevo. adentrándose antes que ella, empezó a tomar todo aquel artefacto que llamara su atención. La vio tomar brochas y sentir con los dedos las hebras, miró los cuadros y sus tamaños, tomó las cajas de pintura, y observó en el estante de lápices y colores.
– Te he visto en la Universidad de Bright Moon.
– Ah, ¿sí?
– Sí.
Adora alzó el rostro, pues estaba de cuclillas mirando los lápices. La miró y levantándose con sorprendente agilidad, quedó de frente a Catra.
– Vamos a la misma universidad, entonces.
– Sí.
– ¡Genial! –sonrió.
La morena entrecerró los ojos y bufó. Adora podía fingir demencia y Catra jugaría su estúpido juego, pero bien cabía la posibilidad de que tuviera una hermana gemela que se llamara Ágora.
– Voy a buscar todo esto –Catra sacó de su bolsillo la hoja con la lista de todo lo que necesitaba y la señaló–, no te pierdas
– No dudes de mis capacidades –agregó, dándose pequeños golpes en el pecho.
Ella se alejó sonriendo y negando con la cabeza. Miró su lista y empezó, tomó una pequeña cesta que ponían a disposición de los compradores para poder meter todo lo que necesitaban y así lo hizo. De uno en uno, procurando tachar lo que ya había encontrado, para desgracia suya, no halló un par de cosas, pero por el momento no le eran imprescindibles. Se acercó a las cajas para hacer su pago y sintió la presencia de alguien más detrás de ella, siendo que la otra caja estaba desocupada, volteó para mirar feo a quien la atosigaba.
Se encontró con el par de ojos azules de Adora, una sonrisa en su rostro y dos paquetes de cerámica fría. Alzó una ceja, cuestionándola, mientras escuchaba el pitido de la caja registradora.
– Oh, no son para mí –agregó con una sonrisa nerviosa–, pronto será el cumpleaños de un amigo y le gusta hacer muñequitos.
Asintió en silencio, mientras miraba la pantalla que marcaba la suma de todo lo que iba pasando por el lector de códigos. Cuando terminó, sacó el dinero de su mochila y pagó la suma. Metió las cosas más pequeñas en su mochila y lo más grande lo llevó en las manos. Volvió su cuerpo para ver a la chica pagar y guardar los paquetes uno en cada bolsillo de su chamarra.
– Listo –espetó agrandando su sonrisa–. Déjame ayudarte.
– No, no es nece… –fue en vano, Adora ya tenía en sus manos lo que ella cargaba hace poco, parecía llevarlo con facilidad en sus brazos–. Bueno, de todos modos, sólo iremos a la parada del autobús y de ahí te irás con tus amigos y yo a casa.
– Sobre eso… –la rubia desvió la mirada–. Mis amigos me cancelaron cuando les dije que te acompañaría a hacer tus compras.
– ¿Por qué? –vio a la chica encogerse de hombros–. Qué dudosas amistades las tuyas.
– No son malas personas –agregó mientras seguía a la otra chica que iba delante suyo.
– Lamento que salieras sólo por mí –continuó Catra, mientras ladeaba su rostro para asegurarse que la seguían. Sin embargo, la vio detenerse y ella giró su cuerpo. Volvió a cuestionarle sus acciones con un solo gesto.
– No digas eso –agregó con seriedad–. Además, quería invitarte a comer… claro, sólo si tú quieres.
La chica se le quedó mirando, alzó una ceja de forma inquisidora y cambio su expresión a una pensativa. Si bien, Weaver no iba a regresar temprano a casa, tampoco quería exponerse a regresar muy tarde a Fright Zone, sin embargo, apenas eran las 2, si comían rápido, podría regresar a casa como a las 5, pintar un rato y dormir. Hizo cálculos el dinero que aún tenía, si iba con ella, se quedaría sin ahorros para salir el siguiente fin de semana. Pero a quien engañaba, ¿con quién iba a salir? ¿Con Scorpia? Prefería quedarse en casa a pintar y terminar unos pendientes. A su amiga ya la veía diario.
– Está bien.
– ¡Genial! –la respuesta de Adora no tardó en salir–. Quiero llevarte a un lugar donde venden hamburguesas, ¿te gustan las hamburguesas?
– Supongo que sí –agregó desviando la mirada.
– Pues si aún no te convencen las hamburguesas, cuando pruebes estas, te encantarán –agregó, apurando el paso para quedar cerca de la otra chica–. Queda en la periferia de Bright Moon, no hacia los bosques, sino del otro lado. Es un lugar donde todo es medio artesanal.
– Espera… –la detuvo Catra–. ¿No será incómodo con todo esto? –agregó señalando su mochila y las cosas que Adora llevaba en las manos.
– Podemos dejarlas en el auto…
– ¿Auto? ¿Tienes auto?
– Bueno… es una camioneta, pero sí.
Catra entrecerró los ojos y pudo percibir el nerviosismo de la chica.
– ¿No me vas a secuestrar?
– ¿Qué? ¡Claro que no!
– Que bueno, de todos modos, nadie te daría un centavo por mí –rio–, ahora yo te sigo.
Adora sonrió como una niña a la que le acaban de dar el mejor dulce del mundo y se encaminó divertida hacia el lugar donde había dejado estacionada su camioneta. Pese a que la dejó muy cerca de la estación en donde se encontró con Catra, se tardaron menos que en llegar a la tienda. La menor supuso que se debía a que la rubia conocía mejor la ciudad que ella, después de todo vivía ahí.
Adora abrió la puerta trasera de su camioneta, dejó con cuidado las pertenencias de su compañera y quitándole la mochila de los hombros, la puso junto a las demás cosas. Cerró la puerta, para abrir la del copiloto. Espero a que la chica se subiera, para después ella dirigirse a la de conductor.
Al encender el vehículo, Catra sintió la diferencia entre el motor del auto de Scorpia con el de Adora, el de esta última no rugía y el movimiento era tan sutil que bien podía adormecerla. En seguida se encendió la radio y vio a la chica bajar el volumen y sonreírle a modo de disculpa.
– Me gusta escuchar música mientras manejo.
Girando el cuerpo para mirar por detrás mientras daba de reversa para salir, vio de cerca el rostro de Catra, que la miraba de vuelta. Al ver sus ojos, se sorprendió.
– Sí, sí, tengo heterocromía –bufó la chica, mientras le alentaba a que se apresurara.
Adora sólo rio y continuó su labor de salir del estacionamiento para dirigirse a su lugar favorito para comer.
En el camino fueron en silencio, no es como que Catra tuviera ganas de hablar y Adora parecía disfrutar de la música que sonaba a bajo volumen en el vehículo, sin embargo, aquel silencio no era incómodo, incluso parecía bienvenido. Y sí, volvía a reconocer que la chica tenía un buen gusto musical.
Al ver por la ventana, empezó a desconocer el paisaje, pero no se sentía intranquila. Es más, si Adora terminaba por ser una criminal que la iba a secuestrar o hacerle cualquier cosa, poco importaba… no tenía mucho en vida por lo cual luchar.
Se detuvieron frente a un establecimiento llamado Grayskull. Adora apagó el motor y salió del auto sólo para dar rápidamente la vuelta y abrirle la puerta a Catra. Le era extraño que una mujer tuviera tales modales y más con ella, que era casi una completa desconocida.
Se adentraron al lugar, un agradable aroma inundó su nariz. El diseño interior del lugar parecía sacado de un comic, veía a un hombre rubio y musculoso levantando una espada con una mano y en la otra con una hamburguesa. Las paredes estaban tapizadas con un papel de diseño de piedra, como si fuera un viejo castillo. Las mesas eran de madera y estaban pintadas de verde botella, mientras los asientos eran acolchonados y morados.
La chica que despachaba pareció reconocer a la rubia y la saludó desde lejos. Se acercaron a la mesa del mostrador y Adora le extendió un menú a su compañera.
– ¿Lo mismo de siempre? –preguntó la chica del mostrador.
– Por favor.
Catra miraba el menú con bastante interés, los nombres eran distintos y la descripción de los ingredientes bastante interesante.
– ¿Qué es lo de siempre? –preguntó.
– Esta –Adora señaló la "Hamburguesa Espada", doble carne, tocino, jamón, piña y salsa especial.
– Te alimentas bien.
– Una vez al mes no hace daño.
– Pero, Adora, vienes casi todas las semanas.
– Eso no era necesario de comentar –agregó, mirando a la chica que las atendía, la cual rio y le guiñó con coquetería un ojo a Adora.
Al ver aquella interacción, Catra se preguntó si a Adora le gustaba ir a aquel lugar por las hamburguesas o por la chica. Quitó ese pensamiento de su cabeza y regresó su atención al menú.
– En mi defensa diré que me ejercito todos los días –acercándose a Catra, continuó–. Deberías probarla, es muy buena, además parece que la que debería comer bien es otra.
– Sí como –agregó, levantando su vista directo a aquel par de ojos azules–, soy de complexión delgada –dirigiendo su vista a la chica del mostrador, agregó–. ¿Puedes darme lo de ella, pero sin doble carne?
– Claro –hizo anotaciones en una pantalla que tenía cerca de ella. Mientras un ticket salía por otra maquinita y la chica les ofrecía dos vasos.
– Este lugar es increíble –empezó Adora, tomando el ticket y los vasos, extendiéndole uno a Catra–, los puedes rellenar cuantas veces quieras.
La rubia llenó su vaso y se dirigió con la chica que atendía para poder pagar. Dirigiéndose a su compañera le dijo con una sonrisa.
–Siéntate donde quieras, ahorita te alcanzo.
Catra obedeció, tomando asiento en una de las esquinas cerca de la ventana. Miró al frente y vio a la rubia riendo con la otra chica. Seguramente esa era la razón por la que iba. Vio como hacía una pose de pistolas con sus manos y se alejó, dejando a la chica con un visible sonrojo. Adora sólo sonreía, no había señal de color en su rostro.
– Hey, Adora –empezó cuando vio que la rubia se sentaba frente a ella–, ¿realmente vienes aquí por la comida?
– Claro, ¿por qué otra cosa vendría a un restaurante? –agregó con seguridad.
No. Lo que pasaba era que Adora era demasiado densa. Catra sonrió
– Tienes razón.
– Este lugar lo conocí con Bow y Glimmer –la chica volvió a cuestionarle–, mis mejores amigos. Fuimos a visitar en Plumeria a otra amiga que tenemos y cuando íbamos de regreso nos dimos cuenta de que teníamos hambre y vimos este lugar. Fue un descubrimiento gastronómico para los tres, desde entonces venimos continuamente.
– Es un lugar extraño…
– ¡Lo sé! –agregó emocionada–, además te dan cupones y todo eso. Tremendo gancho para que sigas asistiendo.
La chica se acercó a ella con sus pedidos. Le extendió su hamburguesa a Catra y cuando le dio a Adora la suya, vio como la tomaba del hombro y con aquel tono de voz que hacen las mujeres para ligar, le dijo un simple, "lo que sea que necesites, me lo pides".
Adora, en su ignorancia, le contestó con un "Eres la mejor" y la chica se alejó de ellas con un sonrojó y mirando de reojo a Catra con una expresión poco agradable.
Qué miedo.
Al regresar su vista al frente, vio que Adora la miraba con los ojos abiertos y con las manos señaló su comida. Había entendido, quería ver su reacción cuando la probara. ¿Cuándo había sido la última vez que había comido una hamburguesa? En una de sus fallidas citas con Lonnie, en donde siempre discutían para terminar besándose con desesperación. Sintió cosquillas en el estómago al recordarlo. Alejó ese pensamiento de su cabeza y dándole un mordisco a su comida, sintió por un momento la gloria.
– ¿Sabes qué es lo más increíble? Que aún después de comerla 20 veces, la sensación es la misma.
Y lo comprobó al momento de que ella le dio un bocado a la suya.
– Hey, Adora, ¿qué estudias en la Universidad de Bright Moon?
– Administración de empresas –vio la cara de incredulidad de Catra– ¿Qué?
– No sé, pensé me dirías algo relacionado con la música o los deportes.
– No, mi madre quería que estudiara algo relacionado con tecnología –agitó su mano en el aire–, algo de robótica, nanotecnología o sistemas, pero mi otra madre le dijo que me dejara decidir lo que quisiera estudiar.
Catra pestañeo varias veces.
– ¿Dijiste madres?
– Sí, tengo dos madres –agregó sonriente–, bueno, en realidad me adoptaron, pero sí, son mis madres.
– Vaya… –Catra sintió simpatía por ella, pero en el fondo detestaba que su situación fuera totalmente distinta.
– Una de mis madres trabaja en todo eso de la tecnología, pero se ha especializado en la de los primeros, ya sabes, misterios antiguos –dio un sorbo a su refresco y continuó–. Mi otra madre trabaja con asociaciones civiles e instituciones, algo muy humanista. Quiere paz y equidad en el mundo. O al menos, empezando por Etheria.
– ¿Y por qué administración de empresas?
– A decir verdad, no lo sé –se rascó una mejilla y desvió la mirada–, pensé que encontraría algo que de verdad me apasionara, pero creo que con sentirme útil es suficiente. Si estudio algo así, sé que podré ayudarle a cualquiera.
En eso también eran distintas. Ella mandó por un tubo a Shadow Weaver y lo que tenía planeado para ella, aplicó sin que se enterara para la facultad de artes, entró y después del horrible regaño que recibió, le dijo que estaba bien pero que ni la buscara cuando se estuviera muriendo de hambre. Había calculado mal, Catra era demasiado orgullosa para si quiera buscarla.
– No suena a un gran plan, ¿cierto? –agregó la rubia ante el silencio de la otra.
– No, a decir verdad, no.
– No importa, no tengo otro plan en mente –se encogió de hombros– ¿Y tú?
– Yo estudio artes plásticas.
– ¿Por tus padres?
La menor no pudo evitar soltar una risa amarga. ¿Padres? Ella no tenía algo siquiera parecido.
– No, todo lo contrario –sonrió con cierta suficiencia.
– ¡Toda una rebelde!
– Supongo…
Guardaron silencio para terminar su comida, en parte porque Adora no estaba muy segura de qué más comentar y Catra empezaba a sentir que se le hacía tarde. Cuando acabaron, se levantaron y la rubia fue a despedirse de la chica del mostrador.
Catra sonrió con suficiencia cuando la chica volvió su vista a ella. Le parecía risible su mala suerte, ya que, pese a todo el tiempo que Adora conocía el lugar, no parecía manifestar interés romántico por ella. Y se sumaba el hecho de que su amiga ni siquiera era consciente de que la chica se la comía con la mirada.
Salieron del recinto y, nuevamente, Adora hizo demostración de unos marcados modales, pues le abrió la puerta del copiloto, la ayudó a subir y procedió a entrar por el lado del conductor. La rubia encendió el vehículo, una tenue melodía nació de las bocinas.
– Yo vivo por la periferia de los Bosques Susurrantes –agregó, dispuesta acelerar–. Puedo llevarte a tu casa si así lo quieres.
– No –negó sin siquiera pensarlo, temía, en primera, que su tutora la estuviera esperando y, en segunda, la inseguridad de la zona–. Con que me dejes en la base de autobuses que está cerca de los bosques, estoy bien.
De regreso, con la música a un volumen intermedio, Catra se dio permiso de contemplar a Adora. Sí, la había visto en la escuela, pero como solía suceder, cuando alguien se le quedaba mirando, ella desviaba la vista inmediatamente y, si podía, giraba su cuerpo. Vieja costumbre suya, no le gustaba que otras personas pensaran que podían acercarse a ella. Evidentemente, aquello no sirvió con Scorpia y a ratos lo agradecía.
Adora era completamente rubia, desde el cabello, las cejas, las pestañas y los tenues vellos que percibía gracias a los rayos del sol. Sus ojos de un azul pálido, de tez blanca que a veces era adornada por un tierno tono rosado. Su perfil era hermoso, sus facciones fuertes pero delicadas. Debía tener algún defecto, quizá perfectamente oculto entre aquellas capas de belleza, en el mero sentido estético.
No, no era que Catra estuviera cayendo en una especie de flechazo amoroso, sino que le gustaba contemplar –las personas, las cosas, la naturaleza–, para entender el funcionamiento de las cosas, destruirlas figuradamente y poder plasmarlas en su obra.
Bajó la vista hacia sus manos, aquellas manos que por bastante tiempo se quedaron plasmadas en su cabeza. En efecto, eran lindas. Quiso estirar la mano y poder tocarlas para asegurarse de que eran reales, pero permaneció estática en su lugar.
Al llegar cerca de la estación de autobuses, Adora se estacionó y apagó el motor. Al girar su rostro, miró a su compañera completamente ensimismada. Parecía estar mirándole las manos. Carraspeó para traerla de vuelta y rio nerviosa.
– Listo.
– Ah… –se sonrojó ligeramente–, gracias.
– Te acompaño hasta que pase tu camión.
– No te pre…
Y de nuevo, se tardó más ella en negar la propuesta que Adora en salir del vehículo, abrirle la puerta y, posteriormente, cargar con sus cosas. Rodando los ojos, pero sonriendo, continuó su camino con la rubia a su lado.
Al llegar a la estación, tomaron asiento en la parada. Catra miraba el suelo, observaba sus zapatillas deportivas desgastadas y las converse casi intactas de Adora.
– Oye –empezó, sin siquiera levantar el rostro–. Tú ya sabías de mí, ¿cierto?
Los pies de la chica dejaron de moverse y pudo notar el sobresalto ajeno. Volvió su vista a la rubia, ella abrazaba sus pertenencias con sus brazos, parecía no tener dificultad alguna en llevarlas. Vio a sus iris azules desviarse y su boca empezó a torcerse en un curioso mohín que le obligó a sonreír. Asintió despacio, se sabía descubierta.
– ¿Cómo?
– Mmm –volteando su rostro, para vera Catra, continuó–. ¿Recuerdas el día en que estuviste en la enfermería por un balonazo que te dieron?
– Sí –asintió con la cabeza, pero junto sus cejas en señal de confusión.
– Pues quien te golpeó fui yo –agregó cerrando los ojos y suspirando–, luego Scorpia gritó tu nombre y yo pensé: ¿Cuántas Catras puede haber en un mismo huso horario y con una misma lada telefónica? –Adora abrió los ojos y se encontró con la mirada sorprendida de la chica–. Supongo que soy rara…
– No, creo que es fascinante pero aterrador –miró hacia el camino, su camión estaba por llegar–, el que puedas deducir algo así con tan poco.
– No fue solo eso –volvió a reírse con cierto nerviosismo, se encogió en su lugar–. Quise ir a disculparme en la enfermería y presentarme, pero estabas dormida y te di el chocolate con nuez… cuando me dijiste en la tarde del chocolate, sabía que eras tú.
Catra la miró con desconcierto.
– Sí, lamento ambas cosas.
Y de repente, se escuchó la carcajada. Adora miró a Catra reírse a todo pulmón, sin importarle que estuvieran otras personas a su lado, el camión había llegado y la gente empezaba a subirse con lentitud, dejando a ambas chicas atrás.
– Sin duda, mi destino no es morir a causa tuya, aunque tuviste dos oportunidades para lograrlo –limpiándose una lagrima se escapaba por uno de sus ojos, se levantó y tomó sus cosas de las manos de Adora. Sin quererlo rozó sus dedos con los de la chica, fue el único tacto de aquella tarde, un accidente.
La rubia permaneció sentada, mirando desde abajo a la chica que estaba por partir. Le sonrió con soltura y se rio de su extraña suerte.
– Hey, Adora, gracias por lo de hoy –fue lo único que dijo la chica, antes de darse la vuelta para unirse a la fila de pasajeros.
La nombrada se quedó inerte, mirando a la chica que estaba avanzando lentamente para subir al transporte. Así lo hizo y se sentó en una de las ventanas que daba directo a ella. Se levantó de prisa y tocó a su ventana para decirle unas palabras. Catra recorrió el cristal y escuchó.
– ¿Puedo hablarte en la escuela, Catra?
Catra sonrió, sintió desde su lugar el motor del autobús encenderse, dispuesto a avanzar.
– Claro que sí, torpe –se llevó una mano a la boca para reírse.
El camión avanzó lento y Adora le gritó mientras agitaba sus manos en el aire.
– ¡Me avisas cuando llegues a casa!
Catra asomó su cabeza y asintió, volvió a meterse y cerró la ventana.
…
…
Contó con la misma suerte de la mañana, sin ningún asalto, llegó sana y salva, y con todas sus pertenencias a casa. Shadow Weaver había llegado, estaba en la sala leyendo algunos archivos y cuando la escuchó entrar, sólo alzo el rostro para verla y después seguir con su lectura.
Catra subió con todas sus pertenencias, empezó a organizarlas. Se sentía extrañamente tranquila. De repente sintió que alguien la observaba desde la puerta abierta de su habitación.
– Catra, te tardaste más de lo normal en regresar.
Sin detenerse en sus labores, respondió.
– Comí afuera.
– Tengo buenas noticias –agregó y cuando la chica volteó a verla, le sonrió de manera enigmática– conseguí un mejor trabajo en Bright Moon, seré maestra en la misma universidad en la que estudias.
Y en un instante, su tranquilidad se había desvanecido.
…
…
N/A: ¡Otra entrega de este fic!
Espero les haya gustado. ¿Cómo creen que vaya a ser de ahora en adelante su relación entre Catra y Adora? owo
No tengo mucho que agregar al respecto, últimamente ando seca de palabras. Pero quiero agradecerles a quienes leen la historia, la ponen en seguir y favoritos, pero sobre todo a aquellos que comentan ;-; ver sus comentarios llena mi corazoncito.
Agradecimientos a un invitado anónimo :3
mariapaol4, todos sabemos que Adora puede uwu
ZM-G: Me llena de vida que sea de tus favoritas T-T así si dan ganas de seguir escribiendo jajajaja, la verdad es que como lectora también entiendo ese sufrimiento de no tener actualizaciones, procuraré no hacerlo u.u
Mblaqplus02: Un placer alegrar la semana uwu, sobre el drama no puedo decirte mucho porque sería spoiler :v
Notdila: Bienvenid , espero te siga gustando la historia. Ya sé, Adora es una muchacha listilla pero despistada. Lo de Scorpia no lo había pensado, he de confesar que una vez estaba haciendo un dibujo donde salía Scorpia y de repente me di cuenta de que estaba mal porque no le puse las tenazas XD ¡Deshonor mío! En fin, muchas gracias por leer y comentar.
Y sin más. ¡Hasta la próxima!
