FIC

Historias de Albert y Candy

Necesito Dinero

Por Mayra Exitosa

Capítulo VII

Te Necesito

Las caricias fueron mudas, ambos solo llegaron a primera base, de ahí no pasaban, no deseaban separarse y para sentirse bien, quedarse a solas había sido genial, pero no podrían desentenderse de los problemas, para Candy temer que todo fuera un corto tiempo, eran sus primeros besos, y sus primeras sensaciones, pero con él parecían no tener nada de malo en quererse y corresponderse, sin embargo se guardaba sus reservas, pues al final aun no recordaba en su totalidad y estaba claro que no deseaba que cuidara a sus sobrinos, pero si a unos futuros hijos, había algo de extraño en ello y eso la dejaba curiosa.

- Porque no quieres que cuide de tus sobrinos y si, de nuestros hijos.

- Te dije que me gustaría formar una familia contigo, que no me dejes solo y que siempre estés a mi lado. ¿te gustaria?

- Por supuesto que me gustaría mucho, es tan bonito, sabes cuando nos besamos se siente cálido por todo el cuerpo, siento una sensación de estar en plena confianza, por eso sé que debemos esperar, aun soy tu enfermera.

- No, eres mi novia y cuando recuerde estarás conmigo, no me dejaras ni yo te dejare, porque ambos nos necesitamos, no solo yo te necesito, sino que tú también a mí. Sé que me has cuidado, pero no como tu paciente, sino como tu compañero ¿Cierto?

- Si lo quieres así, así seremos novios, estaré encantada de tener un novio tan guapo. Ella se reía y se avergonzaba al mismo tiempo, él preguntaba si le agradaba,

- ¿Te gusto? Ella asentía, al hacerlo él volvía a tomar sus labios sentado en la camita del camper, la estrechaba a su cuerpo acariciándola todita, muy lentamente, haciendo jadear y reaccionar en ambos sensaciones que sabía que eran entre ellos, ella se sentía amada por primera vez, se quedaba ahí en el limbo y él a regañadientes se separaba procurando dejar que descansara para que él pudiera meditar en lo que haría ahora que no podía dejarla separada de él ni sola.

Había recordado, tenía que llamar a su administrador y reportarse de una buena vez, pero no deseaba escapar sus brazos, nunca había imaginado que, con ella su lívido reaccionara tan de manera impresionante y que lo más importante, debía respetarla, pues ella lo consideraba su paciente, cuando él ya la veía en su vida, a su lado y en su cama, pero sobre todo sentirla tan cerca lo tenía fascinado, se mostraba delicada y definitivamente no era una chica cualquiera, lo había protegido de esos tipos, ella si los recordaba, si la encontraban podían lastimarla, lo mejor era que se quedaran juntos.

- Tenemos que irnos, hay que comprar algunos víveres y… tengo que conseguir dinero.

- Albert ya tenía un trabajo visto, pero si sigues sin recordar y ambos no damos parte a la policía temeré que vuelvan a atacarte. Y no quiero dejarte solo, no me gustaría que te volvieran a hacer daño.

- No te preocupes, estaremos juntos, sé que me dirás si ellos son los que se acercan, ¿Por qué si los recuerdas? Mientras yo no, fingía no recordar a los guardaespaldas de Harold, sabía que mentirle no era correcto, pero así lograría que ella no lo dejara y que no se alejara por ningún motivo.

- Por supuesto que sí, no te preocupes, ya pronto recordaras además… si en esos momentos ya no deseas que seamos novios, lo entenderé, debo decirte que no, pero…

- Me tendrías que llevar al hospital porque abre perdido el corazón si me rechazas, Candy.

- ¡Albert! Al menos te siento un poco más relajado, tal vez no recuerdes tu vida anterior, pero siento que has cambiado un poco. Te siento más seguro que al principio cuando estabas herido,

- Debe ser porque tus besos son… deliciosos. Ella se apenaba, tomaba un rubor en su rostro, que a él le parecía agradable, pues su novia era una damita muy bella, no la dejaría ir de su lado, la protegería de quien fuera necesario, ella era buena y bonita, pero sobre todo, desconocía quien era él y eso en cierto modo le agradaba mucho.

Manejaba hasta un edificio, ella lo tomaba de la mano, ahí se iba a un teléfono y realizaba unas llamadas, dándole un poco de espacio para que no lo escuchara, George se encontraba muy preocupado, pero cuando le hablaba, lo tranquilizaba, le explicaba a detalle todo lo sucedido y aseguraba que tenía novia y ella lo había protegido, solo que si llegaran a conocerla como suya, estaría en mayor peligro, podían lastimarla también, así que se quedaría en una de sus propiedades, en el camper se iría a Lakewood junto a su novia. Lo mejor es que George le confirmaba que ya habían llegado los sobrinos y varios miembros más de su familia, realmente preocupados por su desaparición, que viajar a Lakewood era mucho mejor, para que no se encontrara con nadie de los hombres de Harold, además iría a verlo allá para recabar las firmas de la denuncia y llevaría a los policías para su declaración personal junto a su novia como testigo, lo recomendable era que ella no se separara de su lado por ningún motivo.

- George, no quiero que corra riesgos por nada del mundo

- ¿Es tu mujer?

- Si, por eso quería darme tiempo, para estar relajado, a su lado, solo que… nos atacaron y estaba con ella, si no fuera por eso, esos hombres me habrían disparado. No quería que se dieran cuenta que estaba acompañado. Esa era una mentira que le decía a George asegurando que desde que salió de la mansión tenía planes de pasar un tiempo con su amada, pero deseaba evitar los sermones de George al saber que se había alejado de su seguridad y de quienes podían protegerlo.

- Así que le debemos tu vida, cuídala y vete a la cabaña ahí nadie los molestara, llamaré para que te lleven alimentos y ropas antes de que lleguen, no te preocupes por nada, me encargare de Harold.

Candy por su parte lo observaba finalizar la llamada, si no había recordado ¿cómo es que podía hablar con alguien? Al llegar a su lado, ella lo interrogaba curiosa,

- Albert ¿recordaste algún número telefónico?

- No es eso, es que quiero hacer la denuncia a la policía, pero sin que corramos riesgos, iremos a otro lugar ahí estaremos solos y allí pondremos nuestra denuncia formal, con las declaraciones de ambos.

- Eso es increíble, que bueno que se puede hacer eso. ¿Y el doctor Martín?

- Le diremos que regresaremos después, que queremos… estar un poco a solas, el cree que somos pareja.

- Cierto. Espero que cuando recuerdes no sea un problema, insisto que si no quieres que sigamos juntos no habrá ningún problema.

- Que seas mi novia y que estés conmigo, no es problema, te aseguro que recordare todo teniendo tu amor.

- ¿Lo crees? Me gusta eso, entonces ya no eres mi paciente, y yo soy tu pareja porque te gusto y tu me gustas, pero si recuerdas que no debemos estar juntos, solo… terminamos nuestro noviazgo.

- Para terminar nuestro noviazgo, es porque te convertirás en mi familia, ¿seremos familia? ¿Cierto? Se puede decir que formaremos una.

El viaje a Lakewood era hermoso, pasarse por los campos y llegar a lugares que iba recordando era genial, el se estaba recuperando y se lo mencionaba, le decía que el tenía su casa por ahí, que salir de la ciudad era siempre bueno y que en su casa, tendrían todo, nada le faltaría a los dos, serían una pareja muy feliz, ella le contaba cosas que le gustaba, donde había trabajado, como eran sus amigas, y como ella las había recomendado y ahora tenían trabajo, el comentaba que ahora ella trabajaba con su novio, que ella era su testigo y que cuando llegara la policía, podían dar su declaración formal, además que eran novios, eso tal vez no lo declararía, pero solo entre ellos si lo sabían.

La casa era de madera y pequeña, estacionarse en un costado entre varios árboles, y entrar a la caballa bien cuidada, con alimentos en buen estado que él había dejado encargados. Le aseguraba que le trabajaría y ella le confirmaba que ella también lo haría, para ayudarlo y que desde ese instante ya como pareja formaban un buen equipo, Candy estaba muy contenta jamás se había sentido tan bien, amada y correspondida.

- Solo tengo una habitación, supongo que siendo pareja la podríamos compartir.

- ¿De verdad eso quieres?

- Solo si también lo deseas.

- Pues no he tenido novio, y me gusta tenerlo, no sé cómo se vive un noviazgo, pero puedo aprenderlo a tu lado.

- Eso me gustaría mucho.

La cena la hacían los dos, las risas entre ellos, era relajante, caminar por el bosque, mostrarle el río y decirle que el ahí se daría un baño, que si deseaba lo acompañara, que el la cuidaría.

- ¿No estará el agua muy fría?

- Si, pero me tienes a mí, te cuidare y daré calor.

Ambos se desvestían y entraban al agua, efectivamente estaba fresca, pero era muy bueno darse un baño, el agua lucía transparente, venía de las montañas cercanas, ella nadaba con ropa interior, el también lo hacía, luego le daba una toalla y la abrazaba para secarse, así se iban a la cabaña a cambiarse. Dentro encendía la chimenea, ahí él se quitaba su prenda mojada quedándose solo con la toalla en la cintura, ella quería ir al camper por su ropa, pero él ya no la dejaba, la comenzaba besando y la jalaba al sillón frente al calor, la cubría con sus fuertes brazos y la seducía, sin darle tiempo a reaccionar, lentamente la pareja ardía frente a las llamas de esa chimenea y de ese fuego interno que ambos despedían.

Continuará…


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Mayra Exitosa