Capítulo 7
Itachi
No podía creer que Sakura fuera la maestra de Mila. Entré al apartamento y Óbito estaba preparando la cena.
—¿Qué estás haciendo, amigo? —le pregunté.
—Estoy haciendo pollo parmesano. Temari vendrá a cenar.
—Gracias por el aviso, hermano.
—Lo siento. Tuve reuniones todo el día, y fue algo de último minuto. ¿Fuiste y recogiste a Sakura? —preguntó.
—Sí. Se llevaron su auto al garaje de Kisame. Estará listo mañana. Oye, ¿sabías que es la maestra de la escuela de Mila?
—Sabía que era maestra, pero no tenía ni idea que era la de Mila. Eso es genial. ¿No crees? —preguntó.
—Supongo. La llevaré a ella y a Mila a la escuela a la mañana. Tenten tiene que estar en el bar temprano para una reunión. Sakura irá conmigo y Mila al carnaval mañana. ¿Por qué tú y Temari no vienen con nosotros?
Óbito me dirigió una mirada penetrante; su ceja levantada.
—¿Le pediste que fuera contigo al carnaval?
—No. Mila la invitó.
—¿Y dijo que sí? —preguntó Óbito sorprendido.
—Si lo hizo. No iba a rechazar a Mila.
—Genial, Itachi. Sin embargo, Temari y yo ya tenemos planes para mañana por la noche, lo siento.
—Wow, realmente vas en serio con esta chica.
—Realmente me gusta, hombre. Es todo lo que siempre deseé.
Me acerqué y puse mi mano en el hombro de Óbito.
—Eso es muy bueno. Estoy muy feliz que hayas encontrado a alguien. Iré a casa de Tenten para darles algo de privacidad a ti y a Temari.
—Gracias, hombre. —Sonrió.
Salí y subí al departamento de Tenten. Mila estaba jugando videojuegos, y Tenten cocinando la cena. Podía asegurar que algo le pasaba a Tenten, y parecía que había estado llorando.
—¿Qué está mal, Tenten? —le pregunté.
—Nada está mal. Son las cebollas —dijo.
—Papá llamó —dijo Mila desde el sofá.
—¿Es eso cierto? —le pregunté a Tenten.
Asintió con la cabeza sin decir una palabra.
—¡¿Qué quería el bastardo?! —escupí.
Tenten se volvió y me miró.
—No delante de Mila, Itachi.
Miré a Mila que estaba perdida en el mundo de los videojuegos.
—Entonces vamos a la otra habitación. Quiero saber qué quiere ese idiota —susurré.
Entramos en la habitación de Tenten.
—Todo lo que dijo fue que vendría a la ciudad en un par de semanas y que quería ver a Mila. Le dije que no podía verla hasta que pagara la manutención de su hija, pero me dijo que era mejor que se la dejara ver o me llevaría a la corte y me demandaría para quedarse con la custodia total.
—Sobre mi cadáver —dije con ira.
—Cálmate, Itachi. Tengo un par de semanas para pensar en un plan. Técnicamente, no puedo impedírselo. Es su padre.
Negué con la cabeza mientras salía de la habitación. Caminando hacia el sofá, tomé asiento junto a Mila.
—¿Están bien mamá y tú? —preguntó ella.
—Sí. Estamos bien. —Sonreí mientras besaba la parte superior de su cabeza.
Después de la cena, volví a mi apartamento. Al abrir la puerta, entré y no vi a Óbito ni a Temari. No tuve que verlos. Podía oírlos antes de llegar al pasillo. Puse los ojos en blanco y salí del departamento. No necesitaba sentarme y escucharlos teniendo sexo. Me quedé en el pasillo y pensé en ir al bar de Bernie, pero decidí que no tenía ánimos para eso, especialmente porque llevaría a Sakura y Mila a la escuela mañana por la mañana. Me puse de pie y miré a la puerta de Sakura. No podía dejar de pensar en ella y en la forma en que se aferró a mí en la motocicleta. Como si su vida dependiera de ello. Confió en mí aunque estaba muerta de miedo por subirse. Sonreí por un momento y pensé en llamar a su puerta. Luego decidí que no era una buena idea, así que volví a mi apartamento, saqué la guitarra del soporte y me senté en el sofá, tocando acordes tan fuertes como pude para que Óbito supiera que estaba en casa.
Golpeé con mi mano el pitido del despertador. Estaba malditamente cansado por haber estado despierto toda la noche mientras Óbito y Temari actuaban como si nunca antes hubieran tenido relaciones sexuales. Salí tambaleándome de la cama y me puse un par de jeans y mi camiseta negra. Pasé el cepillo por mi cabello y fui al baño a cepillarme los dientes. Temari estaba en la cocina, sirviéndose café.
—Buenos días. Debes ser Itachi —dijo Temari mientras me tendía la mano.
—Sí, y debes ser Temari. —Estreché su mano.
Miré a mí alrededor y no vi a Óbito.
—¿Dónde está Óbito? —pregunté mientras servía mi café en mi taza para llevar.
—Salió para conseguir algunos bagels. Regresará pronto.
Miré el reloj eran las seis y cuarenta.
—Tengo que irme. Fue un placer conocerte, Temari —dije mientras salía por la puerta y subía las escaleras para encontrar a Mila. Justo cuando llegué al primer escalón, ella salía de su apartamento.
—Buenos días, tío Itachi. —Sonrió.
—Buenos días, pequeñita. —Le di unas palmaditas en la parte superior de la cabeza—. ¿Tienes todo lo que necesitas?
—Sí, tío Itachi. —Suspiró.
Mientras bajamos las escaleras Sakura salía de su departamento.
—¡El momento justo! —Sonrió mientras levantaba su taza de café.
—¡Esto es genial! ¡Puedo llevar a mi maestra a la escuela! —chilló Mila.
Sakura se veía bien. Oh demonios, se veía hermosa. Cada vez que la miraba, sentía que la había visto antes. Su largo cabello rosa era liso y llevaba una falda larga de color crema con top rosa claro y tacones altos. Maldición, desearía que mis maestras se hubieran visto así cuando era pequeño. Iba a darles a esos chicos sus primeras erecciones. Cuando sonrió, sus ojos verdes esmeraldas se iluminaron.
—Buenos días a ustedes dos —dijo Sakura.
—Buenos días —le respondí.
—Buenos días, señorita Haruno —dijo Mila mientras tomaba la mano de Sakura y la conducía al Jeep.
Mila se subió a la parte trasera mientras Sakura se sentaba en el asiento del pasajero.
—Un Jeep Wrangler te queda bien. Me gusta más que la motocicleta que utilizas.
—Gracias, pero me gusta mi motocicleta, así que acostúmbrate. —Le guiñé un ojo.
—Sigue soñando. —Sonrió.
Cuando llegué al estacionamiento de la escuela, Mila salió y se inclinó para besarme en la mejilla.
—Adiós, tío Itachi. —Se despidió con la mano.
—Adiós, pequeñita. Que tengas un buen día.
Sakura bajó del auto y se colgó el bolso sobre su hombro.
—Gracias por traerme, Itachi. Que tengas un buen día —dijo mientras comenzaba a alejarse.
—¡Oye, Sakura! —grité. Se detuvo, se dio la vuelta y me miró—. Puedo recogerte al final del día y llevarte al taller para recoger tu automóvil.
—Suena bien. Te veré más tarde. —Sonrió.
Me sorprendí observándola mientras entraba a la escuela. Por primera vez en más de un año, una mujer me hizo sonreír. Óbito tenía razón. Sakura era una chica agradable, una muy agradable, y no podía dejar de pensar en ella. Me encontré pensando en ella de maneras en las que no lo había hecho desde...
