Señorita Constructora

Esta historia es una adaptación.

La historia original es Miss Fix-It de Emma Hart

Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer

Capítulo 16

Asintió hacia mí, apoyando su brazo a lo largo del respaldo del sofá. —Dispara.

—¿Solo era Ellie siendo Ellie, o te sientes solo?

Abrió la boca, luego se detuvo. Cerrándola de nuevo, sus cejas se juntaron en un ceño que hizo profundos surcos en su frente. —No lo sé. Solía hacerlo, justo después de que Katie murió. Ahora, creo que estoy tan acostumbrado a estar solo, que incluso si me sintiera solo, no sería capaz de notar la diferencia.

Bajé la mirada, jugando con un hilo suelto en mi camisa. —¿Es difícil? Como... ¿Alguna vez pensaste que un día te despertarías y que todo se encontraba en tu cabeza? ¿Que está realmente viva?

—Es difícil, pero se ha ido. No hay cambio. Sabía que iba a morir, e hice las paces con eso antes. —Golpeó sus dedos contra el cojín—. Pero, no, nunca me pregunto si no fue real. Demasiado ha cambiado para que no sea real.

Lentamente, asentí. —Es raro. Solía soñar eso cuando era una niña. Que mi madre no había muerto, y un día llegaría a casa de la escuela y estaría horneando galletas. Creo que una vez me convencí de que era espía y que por eso no estaba cerca.

Sonrió. —El dolor es extraño. Cuando Katie murió, no lloré. Me sentía entumecido, pero no pude mostrar ningún dolor. Todos pensaron que era raro, y te juro que si no hubiera estado tan enferma, me habrían interrogado sobre su asesinato.

Eso me hizo reír. —Entonces, eres un psicópata. Bueno saberlo.

—No le digas a nadie. Creo que estoy empezando a hacer amigos y no quiero asustar a todos.

—Tu secreto está a salvo conmigo. No te preocupes.

—Gracias a Dios. Sin embargo, aún tengo que matarte. —Sonrió—. Tú… Esta es probablemente una pregunta realmente tonta, pero, ¿echas de menos a tu madre? ¿La extrañas mucho?

—La extraño todos los días —respondí en voz baja—. Ya no hace daño extrañarla, solo un poco, ¿sabes? Es más como si se hubiera convertido en parte de mí y es tan natural como la delicia que siento cuando encuentro un Twizzler extra en el paquete.

—Un Twizzler.

—Ah, aún no has sido presentado a mi obsesión. Todos los que vienen a mi casa deben traerme Twizzlers. Te sorprendería lo estable que es la corriente de dulces.

—Es bueno saberlo. —Hizo una pausa—. Y gracias. Por responder la pregunta. Me da esperanza que cuando los gemelos entiendan, tal vez algún día puedan arreglárselas.

—¿La extrañas?

Exhaló un largo suspiro. —No lo sé, sinceramente. Es un poco como la soledad. Creo que si lo hago, extraño lo que ella haría. Como el cabello de Ellie, o cortarles las uñas, o coser las rodillas de los jeans de Eli. ¿Eso suena mal?

—Creo que tiene sentido. —Flexioné mi rodilla y la abracé a mi pecho—. Extrañas el hecho de que ellos no tienen una madre. Echas de menos lo que representaba en lugar de ella como persona.

Se pasó la mano por la cara lentamente. —Dios, eso suena mal.

—No lo creo. —Aparté la mirada antes de verlo a los ojos—. Eso es lo que mi papá también echó de menos, creo. Nuestras vidas cambiaron tan repentinamente, y él tuvo que aprender a hacer todas estas cosas que nunca había hecho. No creo que haya enhebrado una aguja en su vida hasta después de la muerte de mamá. Con el tiempo, llegó a un punto en el que echaba de menos lo que ella era más que quién era. Tuvo que aprender a ser padre una vez más.

—Aprender a ser padre una vez más —repitió Edward—. Eso es exactamente lo que es. Nunca me imaginé trenzando cabello o poniendo acondicionador en el cabello de Barbie porque la arrastraron a través de un arbusto hacia atrás. Solo hay muchas… cosas. Y eso es todo lo que es. Cosas. Y no puedo enhebrar una aguja por mi vida. Solo compro jeans nuevos.

—Realmente no es difícil. Especialmente si haces un parche en las rodillas.

—¿Qué parte de "no puedo enhebrar una aguja" te confunde?

Lo miré fijamente. —Te estoy dando consejos. Tómalos.

—Todavía no puedo enhebrar una aguja. Realmente no importa si los parches funcionan o no. No podré ponerlos.

—Honestamente, lo haces sonar como si enhebrar una aguja fuera como manejar un ejército.

—Dirijo un ejército todos los días. El problema es que los creé.

—No son un ejército. —Rodé los ojos—. Y te enseñaré a enhebrar una aguja.

—¿No puedes enhebrarla por mí?

—Si escucho la palabra "enhebrar" una vez más, literalmente voy a golpearme en la cara.

Edward se inclinó hacia delante. —Enhebrar.

Me di un puñetazo en la cara, luego hice una mueca.

»Eso dolió, ¿no? —Sonrió.

—Un poco —respondí, frotándome el costado de la nariz—. Gracias por herirme.

—No te hice una maldita cosa.

—Dijiste la palabra y me obligaste a pegarme.

Se encogió de hombros. —Tú eres quien dijo que te golpearías en la cara. Simplemente realizaba un experimento sobre tu capacidad para cumplir tus promesas.

—Estupendo. Fue un experimento social de confianza. —Me restregué la nariz otra vez—. Eso realmente dolió.

Rio, luego se inclinó hacia delante. Dos dedos rozaron mi mandíbula, y giró mi rostro hacia un lado. —No hay nada allí. No sé por qué te pegaste tan fuerte.

—Porque soy una idiota. Establecimos esto antes. —Volví la cabeza hacia atrás.

—Una idiota adorable.

—Sigue siendo un idiota.

—El mejor tipo de idiota —me corrigió, una pequeña sonrisa burlándose en sus labios—. Mi tipo favorito de idiota.

Lo miré de reojo. —No puedo decidir si aún me estás haciendo un cumplido.

—No lo tomes tan en serio —respondió—. También tengo a Ellie en el campo de "idiota adorable".

Me incliné hacia delante y le di un golpe en el hombro. —Justo cuando empezabas a gustarme.

—¿Comenzando a gustarte? —Me agarró la mano, envolviendo sus dedos alrededor de mi muñeca. Las yemas de sus dedos presionaron por dentro, y frotó su pulgar a lo largo de la piel sensible, enviando un hormigueo por mi brazo que me hizo estremecer. Con las cejas levantadas, continuó—: Creo que te gusto mucho más de lo que dejas ver.

Luego, como la adorable idiota que era, dije—: Pruébalo.

Parpadeó y tiró de mí hacia él. Al principio no me moví, pero sonrió como un lobo y tiró más fuerte. Mi resistencia era inútil, y sabía exactamente lo que hacía. Debería haberlo detenido, pero en este punto, no podía.

Sabía lo que hacía, y estaba tan jodida, porque quería que lo hiciera.

Edward me jaló hacia él, sonriendo todo el tiempo. Se me revolvió el estómago mientras literalmente me arrastraba encima, así me sentaba a horcajadas sobre él. Mis rodillas se clavaron en los cojines a cada lado de sus caderas, y deslizó sus manos por mis muslos, agarrando mis caderas, y jalándome directamente contra él.

Mi entrepierna se acurrucaba contra la suya, y tragué saliva. Esta era probablemente la posición más íntima en la que alguna vez habíamos estado. Mi corazón latía tan rápido que me dolía el pecho. No sabía qué hacer con las manos o dónde mirar, nada.

—Te sonrojas de nuevo —murmuró, sus ojos encontraron los míos—. Eres tan malditamente linda cuando te sonrojas.

—Primero adorable, ahora linda. Estás repartiendo cumplidos hoy. ¿Alguna otra cosa que quieras llamarme? —Mis manos finalmente se posaron en su estómago.

—Mucho —dijo con la misma voz baja.

Esperé a que me diera más detalles y cuando no lo hizo, le dije—: ¿Y bien?

Inclinó la cabeza hacia un lado. —No.

—¡Vamos! —Golpeé su pecho—. No puedes decir eso y luego dejar de hablar. Me volverá loca.

Sonrió. —Bienvenida a mi mundo.

Ignorando eso. —Una. Dame una palabra de lo que crees que soy.

—Bueno, como dijiste, idiota está bien establecido…

—He terminado. —Me aparté de él

Riendo, me empujó hacia él. —Tú preguntaste.

—Sí. Me estoy arrepintiendo ahora —dije secamente—. ¿Vas a hablar en serio o no? Esto me molesta. Venga. Dame una palabra que piensas que me describe.

—Vale, muy bien. Bien. —Pensó por un momento, se encontró con mis ojos, luego se acercó y me puso el cabello detrás de la oreja en un momento notablemente tierno.

»Creo que eres extraordinaria.

Guau.

Esa era una palabra pesada. Y no era para nada lo que esperaba que dijera.

Me humedecí los labios con mi lengua. —¿Extraordinaria?

—Sí. —Asintió una vez, su mirada nunca vacilaba en la mía.

—¿Por qué?

—Me haces sentir vivo.

Respiré hondo. ¿Qué se suponía que tenía que decir? Lo que quería preguntar era cómo, ¿cómo hice eso? No hice nada especial. Solo fui yo. ¿Cómo lo hice sentir vivo?

»Me haces reír —dijo en voz baja, como si pudiera leer mi mente—. A veces, parece que no soy más que un papá. Pero, contigo… Cuando estás cerca... Me haces sentir como si fuera yo otra vez. La persona, no solo el padre. Casi... feliz.

Lo hago sentir vivo.

Como él mismo.

Feliz.

Eso era una locura. No existía forma de que tuviera ese efecto en alguien.

Solo era yo. Solo Bella. Loca e idiota.

No todas las cosas que él decía.

—Para —dije en voz baja, deslizando mis manos sobre su pecho—. Esa no soy yo, ese eres tú. Estás viviendo de nuevo.

Ahuecó mi mandíbula, sus dedos se curvaron sobre mi piel.

Nuestras miradas chocaron, y no hubo control del rápido tiro de mi corazón cuando mis ojos oscuros se encontraron con la perfección turquesa de los suyos.

—Tal vez así es —respondió, inclinando la cabeza en reconocimiento de mis palabras—. Pero sería negligente si no admitiera que tienes mucho que ver con eso.

Tragué saliva. Mi pulgar acarició el suave material de su camiseta, provocando un escalofrío en él. La reacción fue tan inesperada que mi aliento se detuvo, porque la comprensión cayó al mismo tiempo.

¿Cuántas veces me estremecí con su toque?

Lo afectaba de la misma manera que me afecta.

Deslicé mis manos por su pecho, y sin dudarlo, tomé los lados de su cuello y lo besé.

Sabía que no debería hacerlo, pero no me importaba. Había algo profundo y... discordante... sobre saber que hice una diferencia en su vida. Algo que me golpeó duro, que ya no me importaba.

Eso me hace querer romper todas las reglas, incluso si solo dura este momento.

Mis labios se cruzaron con los de él mientras los pensamientos pasaban por mi mente. No quería parar, no podía parar. En ese momento, lo quería más de lo que nunca podría querer a una persona.

Quería sentirlo, respirarlo, sofocarme con su toque.

No me importaba nada más que besarlo.

Y el sentimiento extraño se apoderó de mí. Agarró cada célula de mi cuerpo, empujándose por mis venas hasta que lo sentí desde la parte superior de mi cabeza hasta la punta de los dedos de mis pies.

Consumida.

Me consumía su sabor, consumida por la forma en que me sentía cuando nos besábamos. Besarlo me hizo sentir que todas mis terminaciones nerviosas eran fuegos artificiales, y cada beso era un fusible ardiendo hasta que, finalmente, explotó, cegándome con la intensidad.

Edward me giró sobre mi espalda. Su duro cuerpo cubrió el mío, y le di la bienvenida a su peso mientras se acomodaba sobre mí. Nuestros labios se encontraron de nuevo, y suspiré cuando su lengua encontró la mía.

Mis dedos peinaron a través de su suave cabello. Su mano se deslizó por mi cuerpo y bajó por mi muslo, levantando mi pierna mientras sus dedos sondeaban mi muslo. Un escalofrío me recorrió cuando se movió y su polla endurecida presionó mi clítoris a través de mis pantalones cortos. La presión era intensa, haciéndome jadear en su boca, y sus labios se crisparon en una sombra de sonrisa.

Duró solo un segundo.

La diversión fue reemplazada rápidamente por una necesidad en carne viva que me hizo cosquillas en las venas. El beso se movió de lo más profundo a lo desesperado, más rápido de lo que lo podía seguir, y antes de darme cuenta, mis manos habían soltado su cabello y tiraban del material de su camisa.

Arriba, arriba, arriba. La tiré por su cuerpo hasta que estuvo recogida bajo sus axilas. Finalmente captó el mensaje, sentándose. La deslizó hacia abajo, agarró el dobladillo y deslizó la camisa por su cabeza.

Mi mirada recorrió de arriba abajo su torso, sobre los pectorales duros de su pecho hacia las sombras que se alineaban en el paquete de músculos en su estómago.

Sujetándose con un pie en el piso, pellizcó el cuello de mi camisa, tirando con una media sonrisa en su rostro. Las yemas de sus dedos se metieron debajo de él, rozando mis clavículas, antes de sentarse completamente derecho, agarró mis brazos, y me levantó también

No perdió tiempo en deslizar la camisa sobre mis hombros y de mis brazos. La tiró al otro lado del patio, luego agarró mi camiseta sin mangas y la levantó. Alcé los brazos para poder pasarla por encima de mi cabeza.

Mordí el interior de mi mejilla mientras su mirada recorría el sujetador blanco de encaje que cubría mis pechos. Levanté la vista y, así de simple, nuestros ojos se encontraron.

Me besó de nuevo.

Más hambriento. Más fuerte.

Juntos, nos hundimos en los suaves cojines del sofá. Su piel caliente se frotó contra la mía, y ahuequé su cuello, acaricié su cabello, exploré los músculos sobre sus hombros.

Quería tocar cada centímetro de él, mapear las depresiones y curvas de su cuerpo y grabarlos en mi memoria. Deleitándome al tocarlo y sentir la sensación de mis dedos sobre su piel.

El vello que salpicaba la mitad inferior de su estómago y se perdía debajo de su cintura.

El suave golpe de los músculos de su hombro cuando conectaban su cuello y sus hombros.

La aspereza de su barba contra mi barbilla.

La suavidad de su cabello entre mis dedos.

La presión de su pene entre mis piernas...

—¿Papi? —La llamada vino de algún lugar dentro de la casa, sacándonos a los dos del encanto.

—Aquí. Ya voy. —Edward se puso de pie rápidamente y, después de ajustarse los pantalones, rápidamente entró a la casa.

Puse mis manos sobre mi cara. Mis mejillas ardieron al rojo vivo, y se me cayó el estómago al darme cuenta de que me encontraba medio desnuda, y una vez más, un niño nos había interrumpido.

Sentada, agarré mis camisas y me puse de pie, cubriendo mi pecho con ellas mientras me abría paso. Unos pasos sonaron desde el piso de arriba, y me moví a la sala principal para volver a ponerme la ropa. No tenía idea de dónde se hallaban mis llaves o mi teléfono, porque mi mente daba vueltas.

Girando con las implicaciones de lo que casi hicimos. De lo que quería hacer, de lo que nunca hubiera detenido.

Todo mi cuerpo vibró con las secuelas de nuestra sesión de besos. No había suficiente para arrepentirse. Creo que ya pasé eso. Creo que había aceptado que siempre, mientras trabajara aquí, tendría que luchar con la atracción irresistible que sentía por él, a pesar de que era todo lo que no quería.

Todo lo que pensé que nunca quise, eso era.

Pasé los dedos por mi cabello revuelto y suspiré pesadamente. ¿Qué hacía? ¿No tenía autocontrol?

No, espera. Sabía la respuesta a eso. No tuve ninguno. Ninguno en absoluto.

Agarré mi camiseta sin mangas y la puse en la forma correcta antes de enrollarla y empujarla sobre mi cabeza.

Estaba a punto de poner un brazo en el agujero correcto cuando me detuve, viendo a un Edward todavía sin camisa en la entrada.

Arqueó una ceja hacia mí. — ¿Yendo a algún lugar?

Me aclaré la garganta. —Um, bueno...

Lentamente, caminó hacia mí. Paso, paso, paso... Cerrando la distancia entre nosotros hasta que estuvo a un respiro. —¿Vas a algún lado? —repitió.

Me moví hacia atrás. Mirando por encima del hombro para asegurarme de no tropezar con nada, al parecer no pude juzgar la distancia entre la pared y yo y volví a estrellarme contra ella.

—Oh, mierda —murmuré, aplanando mis manos. Solo podía imaginar lo que parecía con mi camiseta blanca colgando de mi cuello.

Una idiota.

Una idiota era la respuesta.

»Sí —respondí, hundiéndome contra la pared—. ¿No ves que estoy ocupada atrapándome contra la pared como una idiota?

Edward se adelantó. Sus dedos se enroscaron alrededor de mi camisa, y la enrolló sobre mi cabeza, luego la arrojó detrás de él al sofá.

Había un destello depredador en sus ojos, uno que me hizo estremecer de anticipación. Todo mi cuerpo se estremeció con eso. Ardía donde las yemas de sus dedos rozaron mis clavículas.

—No hemos terminado —murmuró, acercándose cada vez más a mí, acortando por completo la distancia entre nosotros—. Están dormidos y, en este momento… —Se interrumpió, sin decir nada.

—En este momento, ¿qué? —le pregunté.

Vacilando contuvo el aliento, haciendo que su pecho se levantara, pero sus ojos turquesas nunca dejaron los míos. —En este momento, eres mía.

—¿Para… para qué? —tartamudeé. Mi corazón tronó contra mi pecho, porque sabía exactamente para qué.

Edward se apretó contra mí, ahuecando mi rostro, sus grandes manos ignorando el abrasador calor de mis mejillas por completo mientras tomaba control de mi rostro. —Te quiero a ti, Bella. Te quiero tanto que estoy al borde en este momento. Y sé que sientes lo mismo, puedo sentirlo.

—¿Y qué quieres que haga al respecto?

—Ceder. —Respiró, conteniéndose contra mí—. Ceder a lo que sabes que quieres. A mí.

—Tal vez sea así, pero…

Labios.

Mío.

»No puedo —susurré.

—Puedes —susurró de inmediato—. Una vez, Bella. Sólo una vez. Se mía ahora mismo. Esta noche. Deja de pelear.

Tenía razón. Lo quería. Quería esto.

Envolví mis dedos alrededor de su cuello y lo atraje hacia mí. No significaba que sería suya, pero esta noche, tal vez podría ser mío.

Con la espalda contra la pared, me sostuvo sólido, plano, estable. Me fundí contra la superficie. Se inclinó hacia mí, con las manos bajando, y presionó su boca contra la mía.

—Confía en mí —fue todo lo que susurró.

Confiar en él era todo lo que podía hacer.

Sus manos se deslizaron por mi cuerpo. Exploró mi cuerpo desde mi cabeza hasta la cintura de mis pantalones cortos. Tiró de ellos hacia abajo y los dejó juntarse a mis pies. Apartando sus labios, su mirada expectante se encontró con la mía, y me mordí el interior de mi labio cuando salí de ellos y los lancé hacia un lado con mi dedo del pie.

Recorrió mi cuerpo con su mirada de arriba abajo varias veces. Me retorcí contra la pared bajo su escrutinio, hasta que volví a mirarlo y al bulto en sus pantalones.

Ahuecó mi cara y me besó, presionando sus caderas contra mí. El beso fue profundo y hambriento, y mientras el deseo latía a través de mis venas, alcancé entre nosotros y desabroché el botón de sus jeans.

Tenía razón.

Lo quería.

Y no existía nada que pudiera hacer al respecto.

Empujé sus jeans sobre su trasero. Rio contra mis labios cuando los jeans cayeron a sus pies. Salió de ellos y los pateó de la misma manera que yo hice con mis pantalones cortos.

Con los dos en ropa interior, este era el punto sin retorno.

Joder.

Ahuequé su polla dura. Mis dedos rozaron sus bolas, y movió sus caderas en mi mano. Básicamente apartó mi mano de él y arrastró las yemas de sus dedos por el interior de mi muslo.

Me estremecí.

Sus dedos se acercaron más y más a mi dolorido clítoris. Apreté, presionando mis muslos, pero con un movimiento rápido, deslizó sus dedos entre mis piernas y rozó la yema de su pulgar sobre mi tanga de encaje.

Otro escalofrío me recorrió.

Tomé una respiración profunda mientras jugaba con el material.

—Abre tus piernas —murmuró, deslizando mis bragas a un lado.

Obedecí. Arrastré los pies un par de centímetros, aunque lo que realmente quería hacer era cerrar las piernas.

Bajó la mirada, rozando el dorso de la piel sobre mi clítoris con sus dedos. Luego, lentamente, con cuidado, pasó un dedo por mi coño.

Jadeé, estremeciéndome ante el contacto.

»Estás muy mojada. —Bajó la cabeza, besando mi cuello, su dedo empujando dentro de mí—. Y me ibas a dejar. —Otro dedo se unió al primero dentro de mí. Lentamente, movió su mano, sus dedos bombeando dentro y fuera de mi humedad.

Arqueé mi espalda, con los ojos cerrados.

Agarró mi barbilla, tirando de mi cabeza hacia abajo.

»Abre los ojos. Quiero que me mires cuando te vengas.

No podía hablar. Pero, hice lo que dijo. Abrí los ojos y me encontré con su mirada mientras trabajaba con sus dedos dentro de mí.

Sacó sus dedos, moviéndose ahora a mi clítoris. Me dolía mucho, y no importaba que mirarlo fijamente a los ojos mientras giraba sobre sus dedos sobre mi clítoris era lo más extraño que creo haber hecho alguna vez, quería venirme.

Necesitaba venirme.

Me sentía excitada más allá de lo inimaginable.

Nunca había deseado algo, alguien, tanto como deseaba esto. Edward.

Apreté y apreté mientras frotaba mi clítoris. Mis piernas temblaban, y envolvió un brazo alrededor de mi cintura como si supiera que estaban listas para rendirse. Me presioné cada vez más contra la pared, como si pudiera hundirme en ella.

Pequeños gemidos escaparon de mí, mezclándose con sus fuertes y pesadas respiraciones. Era el único sonido, y me tomó todo lo que tenía permanecer tan callada como estaba.

»Vente —susurró, labios cercanos a los míos—. Vente y te follaré.

Aguanté durante treinta segundos antes de ceder.

El orgasmo me inundó con una dulzura que no sabía que era posible. Cada parte de mi cuerpo fue tocada por él, desde los pelos de la nuca hasta los músculos doloridos de mis muslos. Se sentía tan jodidamente bien, estaba agotada y entusiasmada por eso.

Me abrazó por un momento, luego me besó y me soltó. »Dame un minuto. Quítate el resto de la ropa mientras no estoy.

Hice una doble toma. —¿A dónde vas?

Hizo un gesto hacia su pene. —Por un condón.

—Oh. Yo, umm… —¿Qué hacía? Nunca tuve sexo sin un condón—. Tú no... quiero decir…

Escúpelo, Bella.

Torpemente, levanté mi brazo y señalé la pequeña cicatriz donde se encontraba mi implante anticonceptivo.

»Estoy bien —dije finalmente—. Y... quiero decir, confío en ti.

Alzó las cejas. —¿No quieres que use un condón?

—Si quieres. No te estoy deteniendo. Sólo digo. Estoy bien.

—Luces tan incómoda. —Volvió a mí, ahuecando mi rostro. Me besó profundamente, luego enganchó dos dedos a los lados de mi tanga y la empujó por mis piernas.

Cuando salí de ellas, me desabroché el sujetador y me lo quité también.

Lo pateó hacia un lado y me besó. Más profundo... más duro… más desesperado que antes. Con una mano en la parte posterior de mi cuello, se movió. Dejó caer ambas manos. Agarró mis piernas…

Me levantó, envolviendo mis piernas alrededor de su cintura. Su polla ahora libre rozó mi coño mojado, y rodeé su cuello con mis brazos mientras agarraba mi trasero, usando la pared como palanca.

Se inclinó y se posicionó para entrar en mí. En un impulso lento y fácil, hizo exactamente eso.

Medio gimiendo, medio jadeando.

Dios, se sentía tan bien dentro de mí.

Ambas manos ahora en mi culo y agarrándolo tan apretado que lindaba con doloroso, se movió, dentro y fuera, y muy pronto, me ajusté a él, fue fácil.

Me besó.

Se movió más rápido.

Realmente me folló. Como si lo hubiera dicho en serio, como si lo necesitara, como si estuviera desesperado por hacerlo. Fuera lo que fuera que sentía, lo canalizó en sus movimientos y me folló más y más fuerte, su agarre en mi trasero manteniéndome en el lugar.

Mi espalda se arqueó, y gemí, mis uñas se arrastraron por sus hombros. Si trataba de aferrarme a él o alejarlo, no lo sabía. Me sentía caliente por todas partes, mi corazón tronaba, y todo lo que quería era sentir la liberación que sabía que se estaba acumulando.

Desesperación.

A eso es a lo que sabía su beso.

Así es como él me folló.

Y me encantó.

No podía obtener suficiente. Quería más. Más del agarre del culo, de la mordida del labio, de la profunda satisfacción que sentí cuando se enterró completamente dentro de mí y presionó mi clítoris al mismo tiempo.

Más de sus gruñidos profundos, guturales de placer cuando lo apreté.

Más del orgasmo duro que me hizo enterrar mi cara en su hombro, mis uñas clavándose profundamente en su piel. Del placer que sacudió mi cuerpo, de la cabeza a los pies, disparando los latidos de mi corazón mientras me venía duro sobre él.

Empujó más rápido, luego, en lo profundo de mí, se detuvo, gimiendo en mi hombro. Lo juro, sentí cómo se vino.

No debería haberme excitado, pero lo hizo.

Me sostuvo allí contra la pared hasta que ambos recuperamos el aliento. Inclinándose hacia atrás, se apartó de mí y bajó mis piernas suavemente al suelo. Mis dedos de los pies tocaron tentativamente, y aunque temblaba, asentí para decirle que estaba bien.

Edward enroscó una mano alrededor de mi cuello y me besó. En desacuerdo con la forma en que me folló, era suave y dulce, y parecía decir tantas cosas que no podía entender.

—Oh, no —le susurré cuando se alejó.

—¿Qué? —La alarma matizó su tono, y se encontró con mis ojos.

Suspiré. —Ahora, va a ser incómodo cuando me vaya. Y me tengo que ir, o todos y mi madre discutirán el hecho de que no lo hice.

Parpadeó y luego se echó a reír. —¿Es así?

—Así es y tengo una cantidad saludable de goteo por mi pierna en este momento.

Inclinó su cabeza, labios crispados. —Déjame conseguirte una toalla para eso.

—Eso sería genial, gracias —dije inexpresivamente. Y apreté mis piernas.

Dios, eso no sucede en el porno, ¿verdad?

No me importaba que la pornografía le diera a los hombres ideas poco realistas sobre un par de tetas; me había dado una expectativa poco realista de lo limpio que era el sexo en la pared.

El cual no fue limpio en absoluto.

—Aquí. —Edward me entregó una toalla negra, y la metí entre mis piernas de la manera menos femenina posible. Se rio de mí otra vez—. Ahora, para el segundo problema… Ya que te gusta correr, ¿te ayudaría si utilizo el baño y estoy allí el tiempo suficiente para que te vistas y te vayas? No hay despedidas torpes, no hay nada que tengas que evitar.

Huh.

Esa no era una mala idea.

Asentí. —Vamos con eso. Me salvará de hacer algo estúpido como agradecerte por el orgasmo en mi camino de salida.

Apretó los labios, sacudiendo los hombros. —Bien. Bueno, voy a usar el baño.

Asentí de nuevo, mirando a mí alrededor buscando mi ropa. Sujetador... camisa... pantalones cortos...

»Oh, y, ¿Bella? De nada por los orgasmos.

Hice una mueca. Ah, bueno. Sabía que yo me sentía incómoda de todos modos.

El sonido de su risa acompañó su salida, y rápidamente limpié mis piernas y entre mis muslos. Dios, el sexo era asqueroso. Realmente necesitaban enseñar eso en educación sexual.

Recogí mi ropa, empujando mi sujetador y mi camiseta rápidamente. Mi camisa a cuadros era un desastre arrugado en el respaldo del sofá, pero lo que sea. Lo único que no pude encontrar fueron mis bragas.

¿Dónde demonios las puse?

Otra mirada rápida, y tuve que encogerme y ponerme mis pantalones cortos sin ellas. Edward solo podía fingir por un tiempo que estaba en el baño.

Agarré el resto de mis cosas y me detuve en la puerta de entrada.

¿Grito "adiós"? ¿Que lo vería mañana a las diez?

Mierda.

Abrí la puerta y corrí antes de que realmente hiciera una tonta de mi misma.


Hola chicas!

Espero disfruten el capítulo y gracias por sus reviews!


Tengo blog! Se llama: Maly's infinity place, y pueden encontrar el link directo en mi perfil de Twitter (thoughtswen) si desean verlo. Voy a subir reseñas, recomendaciones y mucho más.

Y...¡Subí reseña al blog! ¿Conocen la Saga Indebted? Pues si no vayan a darle una miradita a la reseña y a lo mejor les da por leerla ;)

Nos vemos.

Bye Sweeting!