Taichi acababa de llegar de un viaje fuera del país apenas unas horas antes. Estaba agotado de las horas de vuelo pero su hermana le había dicho que se pasaba por casa a cenar y no había podido decirle que no. No iba a ser él quien dijera que no a una cena de su madre, ni mucho menos en esas condiciones. Podría hasta quedarse a dormir allí sin pensárselo demasiado.
Llamó a la puerta, escuchando los pasos acercarse rápidamente, encontrándose con la cara de su hermana sonriente segundos antes de que se le tirase encima para poder abrazarlos con ganas.
- ¡Ten cuidado que me tiras! – le dijo, soltando la maleta para poder cogerla bien.
Notó un peso extra en su pierna, dándose cuenta de que Agumon se les había unido. Sonrió, devolviéndole con ganas el abrazo a su hermana y luego a su compañero, cogiéndolo en brazos y entrando por fin en casa con él como pudo arrastrando la maleta.
- ¿Qué tal el viaje? – su madre se acercó también a saludarlo.
- Largo… Estoy muerto, ¿puedo quedarme hoy en casa a dormir?
- Claro que sí – le dijo con la mejor de sus sonrisas-. Tu padre tiene que estar al llegar del trabajo. Así que ponte cómodo que en nada tenemos la cena.
No necesitó que su madre se lo dijera más veces, posando al digimon antes de acercarse a ella y saludarla con un beso en la mejilla antes de ir a tirarse en el sofá. Estaba bastante seguro de que podría quedarse dormido, pero estaba contento de estar de vuelta en casa. De haber vuelto a su apartamento se habría metido en la cama tal cual, pero la opción de comida hecha por su madre era algo que lo había comprado con mucha facilidad.
- Le dije a Sora que viniera a cenar con nosotros – dijo Hikari, tomando asiento a su lado-. Dijo que se pasaría en cuanto pudiera que la estaba secuestrada con Ryo y sus padres por lo de la boda.
- Bueno, si tarda mucho recuérdame que me quede con su parte de la cena – comentó entretenido antes de revolverle el pelo a su hermana.
Fue a abrir la boca para preguntarle qué tal todo, pero de repente una palabra resonó en su cabeza de manera más sonora.
- ¿Boda? – repitió en voz alta.
- Claro, los habían invitado a tomar el té para celebrar la noticia.
- ¿Noticia? ¿Qué noticia? A ver… Que vengo de un vuelo largo, ¿De qué narices me has hablando?
- ¿Cómo que de qué te estoy hablando? – puso los ojos en blanco-. De la de Sora y Ryo, si se lo pidió la semana pasada… - la cara de confusión de su hermano empezó a provocar que ella arqueara las cejas-. ¿No lo sabías? – hizo una pausa, volviendo a estudiar su gesto-. ¡No lo sabías!
- ¿El qué no sabía tu hermano? – dijo Yuuko asomándose.
- ¡No le digas a Sora que te lo he dicho yo! Seguro que te lo quería decir ella en persona…
Hacía un rato que había dejado de escuchar a su hermano quedándose helado con la noticia. No le extrañaba para nada la noticia de que Ryo le hubiera pedido a Sora que se casara con él, ya sabía que tenía esa idea en la cabeza desde hacía tiempo, que era solo cuestión de terminar la especialidad y poder tener un puesto más o menos fijo. Pero… Lo que no esperaba era que ella fuera a decirle que sí. Frunció el ceño automáticamente, molesto.
- ¿Cómo le había dicho que sí? ¿Estaba loca? No se lo podía creer.
Acababa de quedarse complemente en shock. De todo lo que hubiera espera escuchar al llegar a casa, aquello era lo último. ¿Se había vuelto loca Sora? ¿De verdad le había dicho que sí? ¿Ahora que estaba teniendo la oportunidad de poder aprovechar y centrarse en sí misma? ¿Estaba tonta? ¿Había estado entrenando mientras que él no había estado pendiente?
- Oye, deja de poner caras raras. Ni se te ocurra decirle que te he dicho algo – le dijo su hermana-. Cuando ella te lo cuente pones cara de sorpresa y fin el problema – se cruzó de brazos-. ¿Me estás escuchando?
- ¿Cuándo se lo pidió?
- Pues… No lo sé. Creo que el jueves o así, no estoy segura.
Arrugó más el ceño. Había hablado con ella después de eso y no le había dicho nada. Sabía más que de sobra que Sora le había escondido la información no porque le hiciera ilusión decírselo ella directamente. No, no iban por ahí los tiros. La cosa no podía ser más diferente.
- Voy a ponerme algo de ropa más cómoda – dijo poniéndose en pie.
- Tienes algo de tu ropa todavía en el armario, creo que tienes alguno de tus… - su madre se quedó con la palabra en la boca cuando escuchó como cerraba la puerta de la que un día había sido su habitación-. ¿Qué narices le pasa a tu hermano? – le preguntó confusa a Hikari.
- Pues… No lo sé.
