Notas de Inicio:

Este capítulo en realidad sucede entre el 5 y 6... pero esta después porque #YOLO~

Es más corto porque de alguna forma solo tenía la intensión de contar la corta y trágica historia de Scott, y sí, me sorprendió bastante que al final Scott y Francis fueran "amigos", pero bueh~

Síganme para más historias trágicas XDD

Extra 2

Scott Kirkland siempre se había caracterizados por no ceder ante nada.

Sus padres lo habían querido criar como un abogado ejemplar, tan condenadamente cuadrado donde él era un triángulo, incluyendo los picos agudos.

Y le habían prestado tanta atención a él por ser el primogénito que sin darse cuenta había descuidado al hijo modelo que seguía después de Scott, estuvieron tan centrados en hacer de Scott el hijo que tanto querían que no se dieron cuenta que Arthur estaba ahí para llenar aquellas expectativas en silencio y por su cuenta.

Pero Scott sí que lo vio y se dedicó a tratar de destruirlo solo para darle una lección a sus padres. La intensión era que jamás tuvieran a aquel hijo perfecto, ni en él ni en nadie más.

Jamás se imaginó que fuera de esa forma.

Pero el karma era una jodida mala broma y se aseguró de que Scott se lamentara de sus deseos.

Se aseguró de que él terminase convirtiéndose en el hijo deseado. No porque él lo quisiera, sino porque fue el único hijo que le quedó a sus padres y tuvo que llenar el espacio de los dos.

.

.

—Escuche que papá pagara una fortuna en tu colegio, nerd…— Arthur lo observó por sobre sus lentes de lectura.

—Escuche que al paso que vas no lograras pasar el año… ¿Estás haciendo tiempo para que te alcance en la universidad y me puedas copiar la tarea? — Scott reflejó en su propia boca la sonrisa engreída que le dedicó Arthur, solo porque a él le quedaba mejor, porque su hermano sabía que esa sonrisa era su marca propia y que significaba el peor de los presagios.

—Me preguntó a la graduación de quién irán…— Arthur borró la sonrisa y soltó un bufido. Scott había ganado el asalto.

—No tengo tiempo para tus tonterías, tengo que estudiar para mi examen de ingreso— El mayor soltó una risa ligera y dejo a Arthur tranquilo.

Arthur aprobó el examen con honores, no hubo felicitaciones o regalos por ello. Scott se había embriagado esa noche y sus padres estaban demasiado ocupados reprendiéndolo como para prestar atención a algo más.

Y entonces, unas semanas después, paso.

A las 10 pm, Scott había pensado que el hijo modelo a final había cedido a pasar una noche de diversión fuera de casa.

A las 11 pm, se imaginó que Arthur al fin había escapado de casa. Él también lo habría hecho con unos padres tan desconsiderados como los que tenía.

A las 12 pm, pensó que ya era tiempo de hacer la observación a sus padres, una observación que jamás tuvo que señalar.

A la mañana siguiente, parecía haber despertado para vivir una vida distinta, una pesadilla.

La culpa no era más que otro de los tantos sentimientos de dolor e impotencia, de incertidumbre. Pero la culpa fue lo que se quedo cuando los demás sentimientos se gastaron con el tiempo, cuando la policía se canso de buscar y cerraron el caso, cuando sus propios padres envejecieron y perdieron las esperanzas.

Cuando lo llamaron paranoico porque él no se rindió.

Y en ese momento lo que seguía moviendo sus pasos y decisiones era la misma culpa de años atrás. Tanta culpa.

.

.

—Lo entiendo… pero es lo que debimos hacer desde el inicio— Mencionó Scott frente a su acompañante.

—Entiendo eso… pero para empezar jamás estuvimos seguros de que llegó a la estación, de que no se bajó en cualquiera de las paradas…— El pelirrojo gruño frustrado con las palabras de aquel francés.

—Era demasiado tarde para ir a dar un paseo y Arthur era demasiado bien portado para hacer algo que yo hubiese hecho sin dudar— El francés pareció meditarlo, Scott decidió esperar.

No es que confiara plenamente en aquel hombre, pero Francis Bonnefoy fue, contra todo pronóstico, uno de los más interesados en la búsqueda de Arthur, se había mantenido al tanto de cada pista encontrada. Había buscado por petición de Scott en lugares que ninguno de los dos podía dejar pasar. Se había pasado noches enteras revisando noticias, periódicos, hospitales y clínicas de casi todo el estado.

Francis había sido un amigo de Arthur, no el mejor pero si el más dedicado, y con el tiempo y la búsqueda, Scott le había tomado cierto aprecio y respeto, aun cuando los separaba una amplia brecha de edad.

—Scott… Sé que te lo he dicho los últimos años pero… creo que es tiempo de que lo dejes ir— El mayor suspiro con pesadez, de alguna forma estaba exhausto, física y emocionalmente. —También es hora de aceptar que esto no fue, ni será nunca tu culpa…— Scott se mordió el labio inferior, solo para no replicar, porque apreciaba a Francis y porque el francés tenía razón.

—Después de esto lo dejaré… Solo, es una idea, jamás buscamos tan a fondo en esa ruta del tren…— Scott no le había mencionado nada sobre Alfred y las visiones que el chico tenía, no era porque no confiase en Francis, era más que ni él mismo creía del todo en el americano.

—Eso mismo dijiste la última vez "Solo esto y lo dejaré" Y eso fue hace 3 años— El mayor volvió a quejarse con un gruñido fastidiado.

—Sabes que lo he dejado, mi vida no gira alrededor de ello— Argumentó de forma seca, no era falso, el pelirrojo tenía una vida, no era ni de cerca tan social como la del francés, pero era más por su empleo que por su búsqueda sin fin.

—También sé que dejas todo a un lado al más mínimo rastro, y también sé lo mucho que te afecta el no encontrar lo que buscabas— Opinó Francis con el tono cansino, siempre era la misma historia. —La última vez te fuiste a Budapest porque alguien dijo verlo en aquel país y casi pierdes el acenso por ello— Observó el francés con paciencia.

—Y era idéntico a él, solo que para estas fechas Arthur tendría casi 50 años… El chico de Budapest estaba en sus 20…— Francis suspiró con ironía. —Y como ves, gané ese empleo y aun lo conservo— Siguió una pausa en donde ambos meditaron las opciones, los pros y contras de la ide expuesta.

—A todo esto… Después de tantos años jamás te escuche hablar de un posible cuerpo hasta ahora— Scott desvió la mirada a la mesa, enfocándose en los patrones del mantel.

—La posibilidad siempre existió— Mencionó el mayor con el tono neutro, encogiéndose de hombros como un acto reflejo.

—¿Qué te hizo cambiar de opinión? — Preguntó el menor con genuino interés.

Scott pensó en la voz al teléfono, en Alfred dentro de su auto mojado por la lluvia, en sus palabras.

—¿Vas a ayudarme o no? — Preguntó en lugar de dar una respuesta.

—Solo serán los mapas… no participare esta vez, es un poco desgastante ver cómo te autodestruyes cuando algo sale mal— El pelirrojo le dio una sonrisa con cierta amargura, eso marcó el final de aquella conversación.

—Será la última vez entonces…— Mencionó con ironía, porque si no encontraba nada, entonces…

.

.

Más tarde en esa noche, Scott Kirkland pensó que Francis tenía razón, que era demasiado, era tiempo de dejarlo como estaba y continuar con su vida.

Que, aunque se había prometido remover cada lugar ya había pasado el tiempo suficiente como para darse por vencido.

Observó el teléfono que se había esforzado por conservar aquellos tormentosos años y fue entonces que la pantalla se ilumino, clamando un nombre ya bastante recurrente en su vida.

Se debatió en colgar, en apagar y destruir aquella única vía por la que de vez en cuando tenía una llamada o un mensaje, avisándole de algún avistamiento de Arthur, de algún lugar y por supuesto, de aquellas recurrente e insufribles bromas de mal gusto.

Se dijo que al deshacerse de aquel aparato todo terminaría.

Pero la culpa hizo de nuevo su aparición y él respondió el teléfono.

"Scott Kirkland, Diga"

Tuvo que alejarse el teléfono del oído por la efusión que la voz de Alfred transmitía.

"Volvió… él volvió a aparecer en el tren. Y ya lo sabe."

Scott se tomó un momento para enfocarse, para descubrir en la información de Alfred lo que aquello significaba.

"De acuerdo"

Murmuró con más sequedad de la que pretendía.

"¿Sabes? No actúa como si aquello fuera malo… Creo que más bien esta resignado, eso me llevo a pensar que realmente necesitamos encontrarlo. Quizás solo así se detenga… Quizás él pueda pasar al otro lado en paz después de eso ¿Crees que eso sea posible después de tanto tiempo?"

En algún momento se había dado cuenta de que la búsqueda incansable se debía más a su propio egoísmo, a su propia salvación. A su redención.

Pero ahí estaba Alfred, un chico de no más de 20 años recordándole el verdadero propósito de todo aquello.

No se trataba de él, o de la memoria de sus padres, o de Francis. Se trataba de Arthur.

"No lo sé Alfred… Honestamente no lo sé"

Respondió al teléfono, Alfred le dio un suspiro como toda respuesta y colgó cuando supo que no obtendría más respuestas del mayor.

Scott miró el reloj y comprobó que era demasiado tarde como para hablar a la estación y empezar los tramites del permiso de "remodelación".

Al otro día tenía que trabajar y al día siguiente a ese y al siguiente.

Suspiro frustrado y guardo el teléfono en el cajón del buro junto a su cama.

Iba a ser una noche larga. Una semana aún más larga.

—No te he abandonado…— Susurró al retrato que adornaba el mismo buro donde había guardado el celular.

Arthur lo observó desde la imagen, eternamente joven y perfecto. Tan dolorosamente vivo. Tan terriblemente ausente.

No, esa no iba a ser la última vez…

.

.

.

Continuará….

Aquí acaban mis actualizaciones de este mes con respecto a Hetalia, pero hey, no estén tristes, volveré en Noviembre por el Nanowrimo... (Sí, esta nota la escribí en Octubre)