Un cowboy por navidad

Esta historia es una adaptación.

La historia original de Tess Curtis.

Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer.

Capítulo 8

— ¿Dónde viven tus padres? —le preguntó Bella para romper el hielo, acababan de cenar y, como costumbre, estaban sentados frente a la chimenea. Edward había estado cada vez más taciturno conforme había avanzado la tarde.

—Cerca de McAllister.

— ¿Donde el lago Ennis?

—Ajá.

— ¿Sois muchos en casa?

—Mis padres y tres hermanos más.

— ¿Y tú eres?

—El segundo, treinta y cinco años.

—Te conservas muy bien.

— ¡Vaya, gracias!

—Siento decirte que no creo que este año celebres la Navidad con ellos. Sigue nevando —dijo echando un vistazo al exterior. Edward guardó silencio durante unos segundos.

—No pensaba pasar la Navidad con ellos. Le dije a mi familia que me vendría a la cabaña hasta que pasaran las fiestas.

—Ya recuerdo tu alergia a las fiestas.

—Exactamente.

—No te culpo. El año pasado me pasé el resto de las fiestas, cuando pude llegar a Helena desde Portland, en mi apartamento comiendo galletas de jengibre y dulces navideños.

—Mi plan este año era emborracharme hasta perder el sentido y con suerte despertar en Año Nuevo —confesó él.

— ¡Vaya! No sé cuál de las dos cosas es peor. Pero no te culpo.

Bella alcanzó con la mano uno de los cojines del sofá y se lo puso bajo la cabeza, estirándose sobre la alfombra. Observó el techo de la primera planta de la casa, hecho de madera con algunas filigranas. La casa era fantástica, probablemente le había costado un riñón a Edward.

—Bonito techo —volvió a hablar ella.

Edward subió la cabeza y lo miró. Lo cierto era que no se había fijado demasiado en aquello.

Imitó a Bella y, poniéndose un cojín del sofá bajo la cabeza, se estiro boca arriba a su lado.

—Es algo en lo que no me había fijado hasta ahora. Sí que es bonito.

—Tienes buen gusto comprando casas, Ed —dijo abreviándole el nombre, apenas sin darse cuenta.

Edward se giró de lado y la miró. Le había gustado cómo lo había dicho.

—Hubo un tiempo en el que gestionaba varias oficinas de bienes raíces. Se debe notar en mi buen gusto para las casas.

—Pensaba que siempre habías sido cowboy —comentó ella, girándose a su vez, para quedar frente a frente con él.

—Fui cowboy, dejé de serlo y he vuelto a serlo.

— ¿Y qué te gusta más?

—Me ha gustado cada cosa que he hecho en cada momento. Pero ahora mismo, me llena más volver a trabajar con las manos.

—Seguro que estabas impresionante en traje —dijo ella lanzándole una profunda mirada.

— ¿Ya se te ha vuelto a escapar un pensamiento? —preguntó él riendo.

A Edward le gustaba la mirada que veía en los ojos de Bella, hacía años que nadie lo miraba así, y le volvía completamente loco. Todos los que lo conocían en la zona, sabían la historia de los últimos años de su vida y todos lo miraban con pena y compasión, incluidas las mujeres. Algo que no jugaba a favor de tan siquiera volver a tener una cita con nadie después de su divorcio.

Quería que lo tratasen como a cualquier otro, no necesitaba la pena y la compasión, porque lo retrotraían a un pasado que quería de verdad superar del todo. Los ojos cafés de Bella le ofrecían aquella mirada que él había casi olvidado que existía. Y eso era algo que le gustaba.

—No, he dicho justo lo que quería decir.

Edward alargó la mano para recolocarle detrás de la oreja un mechón de pelo que se le había escapado del moño. Aprovechó para acariciarle la mejilla a su regreso y le tomó la mano para estirarla hacia él y besarle los dedos. Luego la posó sobre la alfombra sin que ninguno de los dos se soltase del otro, ya que ambos jugaban con sus dedos y los entrelazaron.

— ¿Acaso quieres saber si ligaba mucho en aquella época?

— ¿Gracias a tu traje sastre?

—Ajá.

—Solo si quieres presumir de ello delante de una chica —le dijo ella, sonriendo. Una sonrisa que le fue devuelta por Edward.

—Es bastante posible que mi traje sastre y yo hubiéramos ligado si no hubiese estado casado en aquella época.

—Un hombre fiel. Interesante.

A Bella le costaba mantener los ojos abiertos y poco a poco durante la relajada charla que mantuvieron se había ido quedando dormida. Edward fue consciente de ello, pero, en vez de enviarla a la cama, prefirió que ella cayera en un profundo sueño sobre la alfombra, cogida de él. Le gustaba el contacto de su pequeña y suave mano en la suya. Hacía mucho tiempo que no se sentía así con nadie y fue consciente más que nunca de que Bella le gustaba de verdad a pesar del poco tiempo que hacía que se conocían. Quiso verla dormir y cómo el café de sus ojos quedó oculto bajo sus párpados para descansar al lado del cálido fuego de la chimenea en un relajado sueño.

Bella abrió los ojos lentamente y vio la cara de Edward frente a ella. Solo que él estaba profundamente dormido y relajado. Su gesto era sereno y respiraba pausadamente. Ambos continuaban cogidos de la mano, algo que hizo que Bella sonriera. Se fijó en él y se dijo a sí misma que era un hombre muy atractivo y que había tenido mucha suerte al encontrar su casa en un momento tan crítico para ella. Aún parecía de madrugada y el fuego no se había consumido del todo, así que se acurrucó más cerca de él y se quedó profundamente dormida de nuevo.


¡Especial de navidad!

Espero lo disfruten y me cuenten que les parece :)

Nos vemos.