Perspectiva

Hermione no sabía por cuantos días había dejado de ver a Draco luego de aquella interacción física en la madrugada cuando volvió de su "trabajo" con Snape. Solo recordaba que lo abrazo por mucho tiempo y que luego él se marchó sin decirle ninguna palabra.

El cambio a la mañana siguiente en ambos fue palpable, un saludo escueto y frio fue lo único que consiguió recibir como buenos días y ella avergonzada por haber sido tan efusiva solo respondió con una sonrisa tímida. Intentó verlo al día siguiente en alguna clase, pero sus miradas nunca se conectaron y algo le decía que él lo hacía con toda la intención.

Cuando llegaba a su habitación en la nueva torre que compartía, no estaba y cuando se levantaba podía sentir la ausencia de él en cada lugar del recinto.

Supuso que aquel acto tan inesperado le había causado repugnancia al rubio, porque aunque habían mantenido una tregua silente, la relación entre ellos no podía cambiar de la noche a la mañana. Existían demasiados prejuicios y ella lo sabía, pero por alguna extraña razón pensó que todo podía ir en subida luego de los cambios significativos entre ambos.

Claramente no fue así, porque ahora que veía el calendario en su mesa de noche, hacían más de dos semanas y medias que no había cruzado ninguna palabra con él.

Dos semanas en las que se reconcilió con Harry y Ron, luego de un extendido discurso de disculpas y palabras de asentimiento a toda la lista de quejas que ella les presento por haber sido unos idiotas con el asunto de las arañas y Pansy.

Dos semanas en las que logró controlar la magia sin varita para realizar encantamientos sencillos, como levitación, atracción y repulsión. Se había devorado todos los libros de control mental que consiguió en la sección prohibida, logrando entender que la oclumancia era simplemente eso, control.

Cuando Harry le había contado sobre sus practicas con Snape, ella pensó que exageraba, pero ahora que leía profundamente sobre el tema, entendía porque él nunca pudo ser realmente bueno sobre eso, Harry no tenía control, su impulsividad cohibía la capacidad de su mente en mantener el control. Ahora que lo entendía y que sabía que no podía pedir ayuda a Draco, solo le quedaba una solución. Pedir ayuda a Snape y el solo hecho de pensarlo le causaba nauseas, pero no descansaría.

Tenía que ser más practica que teoría porque la guerra no se abastece de enciclopedias andantes.

Así que la mañana siguiente, luego de una larga ducha con agua hirviendo y luego templada, salió de su sala común que parecía cada vez más privada por la continua ausencia del rubio y bajo a las mazmorras, era demasiado temprano aún para cualquier clase, así como también era demasiado temprano para ver a estudiantes por los pasillos. Aprovecho aquella oportunidad para llegar rápidamente al despacho del profesor y toco con ímpetu, pero discreción su puerta.

- ¿Profesor? – Preguntó en un susurro. No hubo respuesta, intento tocar nuevamente, sabía que era un madrugador si es que realmente dormía, ella tenía sus dudas. – Soy Granger. – Se identificó con fastidio al no sentir ningún indicio dentro de la oficina. – Necesito su ayuda. – Dijo ella después de tocar la puerta nuevamente, ante la continua ausencia del profesor giro sus pies, preparada para irse cuando escuchó la puerta abrirse y encontrarse con un ceño fruncido. ¿Hasta en las mañanas esta de malhumor?, pensó con los ojos en blanco al verlo parado bajo el umbral de la puerta con su cabello grasoso y sus ojos negros clavados en ella.

- ¿Qué quiere? – Espetó nada agradable.

- Quiero pedirle algo. – Dijo ella sin rodeos, sabía perfectamente lo impaciente que era Snape y también lo mucho que odiaba cuando alguien y especialmente ella daba rodeos. Él la miro escéptico, levantando una ceja para que siguiera hablando. – Necesito que me enseñe oclumancia – soltó sin preámbulos, la ceja de Snape se elevo aún más en su frente, pareciendo llegar hasta su coronilla. – Sé toda la teoría necesaria, pero con teoría no lograre la intromisión de algún mortifago peligroso o del mismo Voldemort. – Tuvo que aguantar el escalofrío que recorrió su columna vertebral al decir ese nombre, pero continuo. – Malfoy no quiere enseñarme, realmente ni siquiera le he visto fuera de horarios de clase y realmente necesito ser mejor. – Culminó ella con ansiedad, ver que la postura de Snape no se había inmutado le hacía sentir un sofoco en el centro del pecho, no sabría que hacer si él también se negaba.

- ¿Por qué quiere aprender con tanta impaciencia la oclumancia? – Preguntó. Ella irguió su cuerpo completamente y le miró con seriedad.

- Soy la mejor amiga de Harry Potter, es decir, un blanco claro para los mortífagos, si llegan a capturarme, lo que menos quiero es traicionar lo que protejo. – Dijo. Snape hizo una mueca que parecía ser una sonrisa y asintió con la misma seriedad que le caracterizaba, Hermione no sabía si es que durante toda su vida había tenido algo metido entre el culo para que jamás pudiera expresar algo en sus facciones más que hastió por el mundo que le rodeaba. – Además, teniendo en cuenta todo lo que sé ahora, ayudarme sería ayudarse a usted mismo también. – La sonrisa se intensificó en los labios de Snape, por primera vez una mueca genuina de sonrisa.

- ¿Me está chantajeando, señorita Granger? – Preguntó con cinismo.

- Puede tomarlo como desee, solo planteo los hechos. – Respondió cauta.

- No soy flexible ni paciente. – Avisó él. Ella levanto ambas cejas con falsa sorpresa.

- Lo sé. – Balbuceo claramente para los oídos de él. - ¿Cuánto cree que dure para que sea aceptablemente buena? – Preguntó antes de marcharse, sabía que el profesor ya tenía ganas de cerrarle la puerta en las narices.

- Lo veremos hoy después de todas sus clases. – Informó él y sin ningún tipo de despedida, cortesía o respeto, cerró la puerta en las narices de la castaña que ni siquiera se inmuto por lo abrupto del asunto, simplemente se giró en sus pies y sonrió ampliamente. El segundo ítem de su lista sería puesto en práctica hoy mismo y eso le hacía sentir emociones eufóricas en su interior. La magia sin varita había funcionado, ahora solo debía concentrarla en su mente, proyectando las defensas y solo mostrando lo que los demás esperaban ver y no lo que realmente había.

Era fundamental para ella no traicionar a Harry jamás, no mostrar todos los avances que habían tenido por años y también era primordial no entregar las cabezas de Malfoy y Snape si llegaban a capturarla, su fracaso no podía significar jamás el fracaso de todo el mundo mágico y de sus guerreros. Luego de saber sobre el trabajo de doble agente de ambos, entendía que había sido muy ignorante por mucho tiempo y que los libros de historia que había leído y memorizado no eran ni la ínfima parte de lo que realmente significaba una guerra.

El dolor no era explicado en esos libros que había leído, tampoco los sentimientos de las victimas y los captores, la superficialidad era tangible en los libros de historia donde lo impactante era la cantidad de 0 que seguía la lista de asesinados o la cantidad de dinero invertida, en ambos mundos era lo mismo, podía dar ejemplos de la segunda guerra mundial, donde decían el horror de haber perdido a más de 10 millones de personas en los campos de concentración, pero muy pocos ejemplares detallaban el dolor que sintieron las víctimas, los alemanes que no fuera nazis y aún así masacrados, los niños que nacieron en un mundo que los odiaba por el lugar donde nacían, muy pocos autores hablaban del dolor de la madre que perdió al hijo o de la hija que jamás encontró a sus padres pues fueron en trenes diferentes, no cuentan sobre la hermana que no le presentó a su hija lo genial que era su tía o sobre el tío que jamás pudo darle un primo a su sobrina.

No, definitivamente nadie hablaba de eso y ella apenas lo entendía ahora. Cuando miraba de soslayo a Neville en clases y notaba que perdía su mirada en las ventanas llenas de lluvia, abstraído del mundo que lo embargaba de dolor y culpa; un mundo que tenía que enfrentar a diario con el recuerdo de unos padres delirantes y desquiciados por las continuas torturas de una mujer demente que concibe el poder como la capacidad de infligir dolor en otro.

Lo notaba cuando veía los suspiros cargados de nostalgia que dejaba escapar Harry pensando que nadie le prestaba atención, como veía siempre la foto que le recordaba lo que nunca tuvo ni tendría; en Ron que miraba a Ginny con el temor de perderla, a la única hermana que tenía, a la pequeña de una familia numerosa que no dudaba en sus acciones y que nadie podría negar la valentía que brotaba de ella; en ella misma que temía por sus padres, por sus amigos, por el mundo que pendía de un hilo, lleno de prejuicios sobre personas como ella, personas que nunca eligieron tener la magia que circulaba por su sangre.

Ahora se daba cuenta y si hondaba más, podía también notar las cicatrices en los que llamaba enemigos, en los seres que portaban una capucha y máscara, y cuando pensaba en eso, en los sentimientos existentes del bando contrario, le dolía saber que entender a tu enemigo era mortífero.

Podía entender el odio de Voldemort y al hacerlo, después de mucho tiempo pensando que era un ser lleno solo de odio, la hacía sentir con más poder para intentar destruirlo, usar todas las herramientas que estaban a su alcance para no permitir que el dolor de un hombre que no supo como expresarlo en su momento, ahora quisiera empañar al mundo con el, intentando hacerle sentir a las personas que sus conceptos irracionales eran comprensibles, y es que no había nada más peligroso que un desgraciado que piensa que tiene la razón.

Sumida en sus pensamientos no se dio cuenta que chocaría con alguien hasta que sintió el hombro derecho casi dislocarse de su articulación.

- ¡Auch! – Exclamó con frenesí.

- Es culpa tuya que no ves por donde vas. – Escucho como respuesta. Con la mirada en su hombro, decidió enfrentar al idiota que había lastimado su cuerpo pequeño en comparación al de él.

- Un lo siento es suficiente, gracias. – Comentó irónica. Encontrando una mirada carbón encima de ella.

- Tú eres la que está muy temprano por los corredores de mi dominio, Granger. – Respondió con una sonrisa burlona, Hermione bufó con fastidio y comenzó a caminar tratando de pasar sobre él sin delicadeza. – Sé más educada y pide disculpas la próxima vez. – Gritó. – El problema de los gryffindors groseros. – Ella se detuvo de inmediato.

- Una persona normal, no anda corriendo por los pasillos a estás horas de la mañana, Zabini. – Espetó con desdén. Dándose una vuelta teatral salió de allí a toda prisa, sin darle tiempo al moreno de responder sus palabras.

oOo

- ¿Podemos hablar? – Escuchó ella a sus espaldas, estaba en el invernadero 3, esperando que todos los alumnos entraran de una vez. Hoy tendría clases con Slytherin y tenía el presentimiento que sería una clase tediosa.

- Claro. – Respondió sonriendo. Harry se sentó a su lado y aunque le parecía extraño el semblante del castaño, guardo silencio, esperando que decidiera hablar. Era extraño que fuera el primero en llegar y también era extraño que lo hiciera sin Ron. - ¿Qué pasa?

- No puedes contarlo a nadie, Hermione. – Dijo con seriedad. Ella asintió solemne. – Ayer al atardecer fui al despacho de Dumbledore, me ha dolido la cicatriz últimamente y quise decírselo, ¿adivina a quién vi saliendo de allí? – Preguntó en susurros. Hermione tragó grueso y pudo imaginar el nombre que diría a continuación. Negó en respuesta, elevando los hombros como si jamás se imaginaria algo así. – Malfoy. – Susurró aún más bajo, Hermione tuvo que acercarse bastante para confirmar sus sospechas. ¿Qué podía decir?

- ¿Te dijo algo? – Preguntó con tranquilidad, recordando el como mentir.

- No, me miro como siempre y yo también. Cuando le pregunté a Dumbledore por la presencia del hurón en su despacho simplemente me sonrió y me dijo que Draco le había preguntado algo especifico. ¿Qué piensas? - ¿Qué pensaba? Hermione miró los ojos de Harry con atención, ¿qué debía decirle? Claramente no podía ser la verdad, pero tampoco quería mentirle descaradamente, Harry era su mejor amigo.

- Creo que es mejor preguntar esto. – Dijo ella luego de unos segundos en silencio, sopesando cuales podían ser sus palabras. - ¿Qué piensas tú? – Preguntó en contraataque. Tanteando la capacidad mental de su mejor amigo. Él pareció analizar profundamente esa pregunta, carraspeo levemente y se acercó a ella, rozando casi sus narices en el acercamiento.

- Creo que es un mortífago. No pongas esa cara, sabes perfectamente que lo sospecho desde principios de año, pero también pienso que Dumbledore sabe algo que no quiere decirme. – Maldita intuición, pensó Hermione con pesar, al saber que no estaba nada alejado de la verdad. – Lo que me preocupa es que a veces Dumbledore es demasiado blandengue, sabes a lo que me refiero, él confía plenamente en que las personas pueden cambiar.

- Las personas pueden cambiar. – Reitero ella, interrumpiéndolo. Harry sonrió.

- Si, también sé que eres idéntica a él en ciertos aspectos, ese, por ejemplo, pero ¿de verdad crees que él podría hacerlo? – Preguntó Harry con seriedad, en el preciso momento que el rey de roma entraba al invernadero, seguido muy de cerca de Blaise y sus escoltas tras él. Ella le miró con atención y no volteó su mirada hasta que sintió la ceja levantada de Draco en su dirección.

- Todas las personas pueden cambiar Harry, a veces solo necesitan el empujón necesario para entender que están estancados y necesitan avanzar. – Susurró ella. Plantando su mirada nuevamente en Harry.

- ¿Crees que él también? – Preguntó Harry en un susurro nuevamente. Ella le miró atenta y la verdad es que no podía negar que su pregunta estaba cargada de toda lógica, él no había leído nada y ella no podía hacer otra cosa sino mentir.

- No lo sé, Harry. Lo que si sé es que hay que confiar en el profesor Dumbledore. – Dijo solemne, sintiendo un pinchazo de culpabilidad en el centro de su pecho. Harry paso su brazo por encima de su hombro y beso su mejilla.

- ¡Búsquense un hotel! – Gritó Zabini frente a ellos. Hermione rodo los ojos, segunda vez en un día que se encontraba con ese insufrible. Harry se levanto de su asiento y señalo a Zabini con su índice.

- Metete en tus asuntos, Zabini. – Espetó amenazante. El moreno carcajeo sonoramente.

- Es mi asunto, Potter. – Escupió. – No quiero verte follando con Granger en las mesas del invernadero. Si lo haces te lanzo una tentácula venenosa. – Hermione miró a Malfoy, no le había quitado la mirada de encima y su ceja levantada era un claro signo de interrogación.

- ¿Serás un pesado todo el día, Zabini? – Preguntó ella con cansancio. – Si quisiera follar con Harry, no lo haría en un invernadero, así como tampoco lo haría en los pasillos del colegio como lo haces tú. – Las palabras de Hermione salieron con tanta naturalidad que no se inmuto de haberlas dicho, Harry a su lado la miro con los ojos abiertos de par en par y hasta Blaise se quedo impactado por unos segundos.

- Hermione. – Le dijo Harry carraspeando, incomodo por lo "expresiva" que había sido. Ella le miró interrogante y no fue hasta que vio la sonrisa de medio lado de Malfoy que entendió la cara de pasmos de ambos hombres.

- Ehh. – Tartamudeo levemente, la mirada penetrante del hombre frente a ella hizo que drenara los nervios. – Eres un pesado. – Afirmó mirando a Blaise con énfasis.

- ¿Quieres que te preste una habitación de las mazmorras? – Preguntó irónico. – Pensé que le gustaba la comadreja no el no muerto de Potter. – Siguió diciendo mientras miraba a Draco.

- Tal vez hacen intercambios. – Las mejillas de la castaña se incendiaron al escuchar algo tan sexual sobre ella y sus amigos. Pero lo que realmente le molesto fue que aquel comentario saliera de los labios del rubio con quien parecía ya no compartir torre anual.

- Eso sería genial. – Respondió Blaise.

- No sería genial. – Espeto. – Y tranquilo, tengo mi propia torre para hacer lo que quiera si quisiera hacerlo. – Y solo Draco fue capaz de entender el énfasis en la palabra -propia- de Hermione, cuando ella lo miró de soslayo y con el ceño fruncido.

- ¿Tú eres Granger-sangre…- Las palabras se quedaron atascadas en la garganta de Zabini cuando observó la varita de Hermione apuntando el centro de su cabeza.

- ¡Escúpelo! – Exigió ella retadoramente. - ¡Escúpelo! – Repitió y sintió la mano de Harry en su hombro.

- Déjale Herm, es una serpiente más. – Ella lo fulminó con la mirada, pero no bajo su brazo hasta que Blaise se sentó en su sitio y guardo silencio, carraspeando sonoramente, como si jamás hubiera querido denigrar el nombre de la castaña con ningún apelativo. Draco no dejaba de mirar penetrantemente a Hermione desde su asiento, así como tampoco dejaba de prestarle atención a la manera en que agarraba la varita ahora, de una forma más agresiva, preparada para atacar sin temor.

- Granger, deja de alardear de esa forma, todos sabemos lo que eres, decirlo o no, no cambiará la realidad. – Escupió Draco y supo que había ido demasiado lejos cuando vio como la nariz de la castaña se dilataba para inhalar aire. Ella asintió lentamente y miró a Harry con suficiencia.

- No Harry, la gente no cambia. – Afirmó decidida. Sentándose y guardando su varita. Harry la miró dudoso y alzo su mirada hacía el rubio quién miraba con una intensidad extraña a su amiga. Harry guardo silencio, presionar a Hermione podría costarle caro.

No pasaron ni 3 minutos para que todos los alumnos llegaran paulatinamente, la mayoría de las serpientes miraba a Hermione de manera odiosa, pero había 3 miradas especialmente intensas dedicadas a ella. Una pelinegra ardida, un moreno amenazado y un rubio furioso. Lo realmente sorpresivo para Harry fue ver como la castaña ignoraba todas las miradas como nunca lo había hecho, era tal la actitud de la castaña que Harry se estaba cuestionando sus propias palabras, ¿las personas no cambiaban? Porque si así era, ¿por qué sentía que Hermione era otra?

Y es que ese era el problema, todo el mundo se estaba dando cuenta de los cambios de la castaña, excepto ella.

Los ignoraba porque esos cambios venían de adentro, de empatizar con el dolor ajeno, de entender realmente que la guerra no es un simple hechizo de levitación o desarmar al enemigo, la guerra significa inexistencia. Era dejar de vivir para muchos y dejar de sentir para otros. Ahora lo entendía y podía afirmar que lo había entendido la noche que sintió terror al pensar que ese rubio que ahora le había escupido en la cara que no era más que una sangresucia estaba en una misión que posiblemente podría extinguir su vida.

Desde esa noche entendió muchas cosas y una era, no dejar que nadie le pusiera un pie encima, ni siquiera de forma sutil o para salvarle el pellejo.

Cuando la clase termino, no espero a sus amigos; con una leve excusa de irse a la biblioteca para estudiar rodeo el castillo hasta llegar a la cabaña de Hagrid, se adentro más en el bosque y llego al lugar donde se venía encontrando siempre con dos temibles seres para la mayoría de las personas, pero que ahora se habían convertido en sus pequeñas querubines.

- ¡Bebés! – Llamó ella melosamente. No espero ni medio minuto cuando dos arañas, cada vez más grandes llegaron a sus pies, mirándola con sus ocelos llenos de amor.

- ¿Siempre vas a ser así de dulzona? – Preguntó Krul. Hermione asintió mientras acariciaba su prosoma y besaba su cabeza, ella, a pesar de aparentar su ánimo impasible ronroneo como un gato.

- Yo te amo así de dulzona. – Intervino Litz con timidez, quitando del medio a su hermana y tumbando a la castaña sobre sus pies y colocándose en su regazo. Exigiendo el cariño que no podía dársele a su hermana mientras a ella la ignoraban. Hermione carcajeo y comenzó a besarla y acariciarla con cariño. - ¿Y papi Draco? – Preguntó Litz. Hermione dejo de acariciarla por un momento y miro ceñuda a su hermana, quién era mucho más receptiva que su hermana menor.

- ¿Sigue siendo un idiota contigo? – Preguntó. Hermione sonrió.

- Realmente siempre lo ha sido. – Se burló Hermione. Litz hizo un sonido extraño y se colocó de pie.

- ¿Cómo se supone que vamos a ser una familia si papi y mami no son buenos entre sí? – Preguntó inocente. Hermione carcajeo al ver como Krul torcía los ojos.

- No sé como eres mi hermana. – Espetó. Litz bajo sus ojitos de forma dulce y miró hacía el castillo.

- Puede parecer que soy idiota, - comenzó ella. – Pero no lo soy, seguir fingiendo que no te importa papi Draco es mentirnos y tú sabes que no nos gustan las mentiras.

- Yo no estoy fingiendo, - se defendió la castaña ante las sorpresivas palabras de su araña. – pero no puedo estar corriendo tras él. Pensé seríamos compañeros, tendríamos cordialidad y hasta podríamos ser amigos, pero él se alejo por completo. Es la segunda vez que lo hace, no necesito una tercera. – Dijo decidida. Cuando él le dijo que se saliera de todo este asunto, asumió luego de analizarlo con calma que se debía a un instinto protector que no conocía del rubio, pero luego de haberle abrazado en la torre y que él desapareciera de su vida, entendió que simplemente era un idiota.

Ella había hecho lo que tenía que hacer, darle la oportunidad de vivir.

- ¿Y como piensa entonces decirte lo que tiene que hacer? – Preguntó confusa Litz.

- ¿Qué tiene que hacer? – Preguntó confundida la castaña. Litz iba a responder cuando un SHHH bastante impetuoso salió de Krul. Hermione las miro ceñuda a ambas e imposto la voz. – ¡Suelten! – Exigió.

- No podemos decirte. – Dijo Krul. – Lo prometimos.

- También prometimos no mentir, así que prometer sobre otra promesa, cancela la segunda promesa. – Ambas arañas se vieron a los ojos, confundidas por el laberinto que la castaña dijo y que, a pesar de serlo, tenía lógica.

- Le han encomendado una misión y no quiere hacerla. – Dijo Krul.

- ¡Piensa traicionarnos! – Gritó colérica. – Pensé que de verdad quería ir por el camino correcto, pensé que había entendido que no era razonable ser mortífago y que las decisiones de su padre no tenían porque ser las de él. ¡Que tonta! – Comenzó a despotricar contra ella misma. Caminando de un lado a otro.

- ¡HEY! – Gritó Krul exhausta. - ¡Cállate! – Gritó de nuevo. – Si no lo haces te lanzare veneno. – Hermione se paro y las miro con los brazos cruzados. – No quiere hacer una misión que el otro hombre le dio. – Hermione abrió los labios con asombro, ¿Draco quería negarse a una orden de Voldemort? Pensó con asombro.

- ¿Del otro? – Susurró. Ambas arañas asintieron. - ¿De Voldemort? – Hasta las arañas temblaron levemente al escuchar ese nombre cargado de energía negativa. - ¿Por qué? – Preguntó por fin.

- No lo dijo. – Dijo Krul. – Le preguntamos, pero dijo que, si nos decía, te diríamos y se fue.

- ¿Cuándo les dijo eso?

- Ayer. – Dijo Krul. Litz seguía en silencio, sintiéndose culpable por haber traicionado a papi Draco. Hermione al notarlo se acerco con cautela.

- Amor, - llamo su atención la castaña. – no te preocupes, voy a intentar ayudar a Malfoy, ¿vale? – Dijo de forma conciliadora.

- Tienes que hacerlo entrar en razón. Es demasiado cabezota. – Dijo Krul. Hermione sonrió, el burro hablando de orejas.

- Vale, cariño. – Se acercó a ambas y las acaricio con dulzura antes de levantarse e irse al castillo. Tenía que hablar urgentemente con el profesor Dumbledore.

oOo


Hola a todos. He vuelto, al menos con está historia. Iré viendo como van las cosas inspiracionales con las otras que tengo en espera. (2 más).

Nunca pensé en abandonar la historia, pero la vida es extraña. Estuvé mucho tiempo sin computador y ahora este año es que he logrado comprar uno, después de mudarme de país, uno bien lejano, por cierto. Terminé mi libro personal, comencé la secuela y adelante 5 capítulos más de este fanfic.
No pienso dejarle. Como también asegurarles que será largo y los acontecimientos irán ocurriendo paulatinamente debido a que la guerra cada vez está más cerca.

Espero puedan perdonar mi demora, ha sido muchísimo tiempo.
Viernes por la noche de aquí donde estoy, nueva actualización.

Os quiero.

Bienvenidos de nuevo.