Bueno ¿por donde empiezo?

Disculpenme, de verdad que estos meses para mi han sido muy dificiles y me ha costado un poco adaptarme a tantos cambios. Sepan que no he dejado de pensar en mis historias en todo este momento pero es que simplemente no tenia tiempo ni inspiracion y hacerles algo a medias no funciona conmigo. Se merecen una buena historia y estoy dispuesta a darselas. No saben como he extrañado sus notificaciones en mi email y las pocas que me han llegado las he leido con mucha emocion, estoy ansiosa por reincorporarme en este que es mi mundo favorito.

Bueno no las entretengo mas, las quiero y gracias por la paciencia.

Capítulo 8

HG

No es que aceptara ayudarlo por la promesa de dejarla en paz finalmente, es que simplemente no podía negarle nada, aunque él no lo supiera.

Ahora tenía una nueva y más difícil misión.

Unir sus fuerzas a el. Verlo más seguido. Fingir que no dolía cada roce de sus manos. Ahogar suspiros en su garganta. Morderse los labios cada vez que un comentario amable quería salir a flote. Soñar más seguido con él. Llorar a sus espaldas.

Ya casi se cumpliría un año desde que él volvió en el tiempo. Desde que su inocente aventura inició.

Todavía recuerda esa noche en que él se sentó a su lado. Le parece gracioso como en ese entonces no reconocía la fuerte atracción física que sentía hacia él, el dolor de la guerra, la incertidumbre y el constante encuentro con la muerte, le dieron el empujón que necesitaba; porque a pesar de pertenecer a la casa de los valientes, se negaba a ver lo que estaba frente a sus ojos.

Él vivía en ella. Sin darse cuenta, la hizo un Horrocruxe esa noche, cuando se aferró a lo único vivo en esa habitación.

Malfoy estaba cumpliendo con su palabra. Dolorosamente mantenía sus distancias con ella, haciéndole bromas de vez en cuando para aligerar el ambiente, tal vez él estaba notando la tristeza detrás de sus ojos, las ansias contenidas en sus labios, la falta de aire cuando entraba a su habitación.

Los aurores trabajaban duro durante el día y ellos mantenían su papel delante de todos. Hermione agradecía cuando Tonks se les unía en las noches, pero esta se iba a acostar mucho antes y Malfoy no podía. Estaba sufriendo de insomnio, se lo dijo un par de veces. También le decía que no se preocupara, que durmiera mientras él se tomaba un trago o se seguía extirpando los sesos.

Ella quería ayudarlo ¿Pero como ayudar a una persona perdida cuando tú también lo estás?

En más de una ocasión flaqueó. Cada vez que lo veía mirando a la nada, sabía que pensaba en esos recuerdos, pero cumplía su promesa, más nunca mencionó nada.

Hermione, en el fondo, queria que insistiera solo una vez más, porque vaya que le dolía.

Dolía mucho, tenerlo tan cerca y a la vez tan lejos. Pero debian aguantar.

Valia la pena la espera ¿No?

DM

La investigación estaba resultando más difícil de lo que creyó. Su madre supo tapar sus huellas a la perfección. Pero no se iba a rendir, no ahora que sabían que no debía estar en Bulgaria. Los Malfoy eran originarios de Francia, y si el Giratiempos perteneció a su padre y su familia, es ahí donde debía estar.

Habían pasado diez días. Diez días en los que Granger no dormía para estar a su lado, cumpliendo su promesa de ayudarlo. Cubriéndolo por el día frente a aurores mucho más inteligentes y experimentados que ellos dos. Manchándose las manos por una mujer que nunca le dio un trato educado. Manchándose las manos por una persona que la maltrató toda su vida escolar, que la denigró y humilló en cada oportunidad que se le presentó.

A medida que los días pasaban él se dio cuenta, no por nada era uno de los mas inteligentes de su casa. No era tan aplicado como Theo ni tan inteligente como Granger, pero cualquiera con una inteligencia promedio y dos ojos podía ver lo obvio.

La manera en que ella se encogía cada vez que rozaban sus manos. La forma en que aspiraba hondo su perfume cuando entraba a la habitación. La forma en cómo lo veía a veces sin darse cuenta.

No le hacía falta ver esos recuerdos. Ya no.

Ahora entendía todo y estaba seguro de ello.

Ellos estuvieron juntos durante ese tiempo y por su forma de actuar, supo que se había enamorado.

Pero no se enamoró de él. Se enamoró de un hombre que, según los recuerdos de Potter, tenía dos años más de experiencia y a juzgar por el futuro de oscuridad donde Voldemort reinaba, ya podía imaginarse la clase de trauma que tuvo que aguantar durante todo ese tiempo.

Si ya de por si se sentia enfermo y sucio cuando recordaba las pocas atrocidades que presenció, no podía imaginarse lo que tuvo que presenciar y hacer en ese futuro.

Y ella... no lo queria a él. Él era quien se interponia en su historia de ¿amor? Ella queria al otro Draco y verlo dia a dia, le debia recordar aquello que perdio.

Así que, ahora que por fin lo entendía y misteriosamente lo aceptaba, se sentía más miserable. Ella no era una mala persona y de definitivamente de Sangresucia no tenía nada. Era inteligente, buena, impoluta, caritativa y hermosa.

Ahora se encontraba con el gran dilema de que quería hacer algo por ella ¿Pero que iba a hacer? Ciertamente no vivió ese mes a su lado donde nacieron cualquier clase de sentimientos y no podía simplemente decirle que le mostrara ya que además de que le prometió no volver hacerlo, no estaba seguro de querer ver.

Era absurdo sentir celos de él mismo. Pero es lo que era.

Él no era él.

No podía amarla de la forma en que su otro yo quizás lo hizo.

Algunas noches le insistía en que fuera a descansar, ella insistía en acompañarlo y eso solo aumentaba su miseria. Solo aumentaba sus ganas de ayudarla ¿Pero como ayudar a alguien que está perdido cuando tú también lo estás?

Habían noches mucho peores. El sueño la vencía y se dormía en su cama, otras eran muchisimo peores porque se quedaba dormida en su sillón y él tenía que luchar con las constantes ganas de levantarla y llevarla a su cama.

Y lo peor era, sin duda, que sin falta, se quedaba horas y horas observándola. Y cada vez le gustaba más lo que veía.

Cuando tenía suerte, la veía fruncir el ceño y revolverse en su sitio, seguramente soñando con que él ya no estaba a su lado.

Y cuando la suerte no estaba de su lado, ella sonreía y suspiraba. Soñando que él estaba ahí para ella.

Draco solo podía maldecirse, por no ser lo que ella quería, lo que ella necesitaba, lo que ella merecía.

Así que tuvo que conformarse con observarla. Observarla soñar cada noche con las dos versiones de él mismo.

Con su otro yo sonreía. Con él no.


-¡Malfoy! - Hermione intentaba despertarlo sin hacer mucho contacto físico con él.

Esa noche se quedó dormido en su habitación. Estaba recostado en una posición nada cómoda sobre su sillón y tuvo que hacer un gran esfuerzo para no acariciar su cabello.

Dormido no había ninguna diferencia. Era él. No había tenido la oportunidad de verlo dormir desde la ultima noche que pasaron juntos antes de la Batalla de Hogwarts, sin contar las que paso en coma en San Mungo.

El rubio no parecía querer despertar. Seguramente pasó toda la noche despierto de nuevo. Pensó Hermione. Estaba tan relajado que no quería removerlo aunque tenía que hacerlo.

Se permitió dos minutos más, lo observo con toda la tranquilidad del mundo, sus párpados cerrados, sus labios entreabiertos, su cabello que ahora siempre estaba revuelto, su nariz elevada al techo, igual a la de ella, la paz con la que respiraba, esas manos que conocían cada parte de su cuerpo.

-Draco... - volvió a susurrar, esta vez más cerca de su rostro. Inhalo su perfume y contuvo nuevamente las ganas de acariciar su rostro y despertarlo como a ella le gustaría.

Pero no parecía querer despertar.

Se rindió al tercer intento y lo dejó dormir un poco más. Iria sola a Francia.

Tomó un pergamino y escribió una rápida nota. Su mente traviesa la hizo imaginarse que así pudieron haber sido sus días. Despertar y encontrarlo ahí con ella, teniendo que despertarlo para ir a algún compromiso y al no obtener respuesta dejarle una nota y darle un suave beso en los labios.

Claro que eso último no podía hacerlo.

Dejó la nota y salió en silencio de la habitación, antes de que su mente se pusiera más creativa.

Una vez fuera busco a Tonks en su habitación.

-¿Que tal anoche? ¿Lograron algo? - preguntó la chica al ver a Hermione entrar a su habitación algo alterada.

-Nada concreto, aún.

-¿Y por qué estás así?

Hermione soltó un largo suspiro y cerró sus ojos.

-Se quedó dormido, en mi sillón. Verlo ahí está mañana me descoloco un poco. Pero estoy bien, en serio. Lo estoy aprendiendo a manejar.

Tonks asintió dándole ánimos, aunque ambas sabían que era mentira.

-Tengo que ir a Francia, voy a visitar a una pariente de Draco, eh.. Malfoy. - se corrigió a sí misma. Tonks no dijo nada, ya estaba acostumbrada.

-¿No crees que es mejor llevarlo contigo? Digo... son puristas de la sangre y ya sabes cómo se ponen.

-No me importa, voy en calidad de agente. Tendrá que tragarse sus ideologías. Solo... avísale. Le dejé una nota pero no muy explícita, no vaya a ser que otro la lea.

-¿A quien vas a visitar?

-Se llama Colette. Solo sé eso. Bueno, ya me voy, Harry me envío un traslador y no tarda en activarse. Deséame suerte.

-Suerte y cuídate.

Justo en ese momento, se activó el traslador que la llevaría a la Mansion Malfoy II, en Francia.

A penas puso un pie en la Mansión, supo que no obtendría nada de lo que fue a buscar. La estirada mujer que la recibió, no fue grosera pero tampoco amable. Aseguró no saber nada de Narcissa desde hace muchos años y que tampoco se llevaban muy bien. No encontró la manera de preguntarle indirectamente sobre el Giratiempos y tampoco le dio tiempo. La visita no duró más de treinta minutos.

Estaba frustrada. La única pista que habían conseguido en quince días y fue tan infructuosa como inútil. El traslador no se activaría sino en treinta minutos más, así que decidió recorrer un poco los alrededores de la mansión.

Era increíblemente extensa, el traslador la había aparecido en la puerta principal así que no tenía ni idea de cómo se salía de ese lugar. Caminó unos veinte metros, pasó a través de unos siete jardines diferentes. Observó toda clase de animales majestuosos, desde pavos reales albinos hasta algunos unicornios. Hermione hizo una nota mental de averiguar si eso era legal y comunicárselo a Kingsley para que hablara con el Ministro Francés.

Faltaban sólo diez minutos para que el traslador se activara cuando vio un hermoso túnel de hiedra, aceleró el paso para llegar a él y ver a donde se dirigía. Imaginaba que algún otro jardín. Algo que no podía negarle a esta gente es que sabía como cuidar y mantener la belleza de la naturaleza. Y no se equivocó. Un hermoso jardín de rosas se extendía a lo largo, el cielo parecía encantado para que llovieran pequeñas gotas de rocio sobre estas.

Hermione estaba embelesada. Pensó que tal vez estaba soñando, hasta que sin previo aviso una mujer emergió de uno de los rosales a su lado, con la varita alzada hacia ella. Se quedo sin aliento al percatarse de quien se trataba.

-Narcissa.

-Señorita Granger ¿Cuánto tiempo nos queda? - preguntó mirando el vaso que Hermione aferraba en sus manos.

Hermione sopesó la idea de levantar también su varita, sin embargo sabía que la mujer frente a ella era civilizada y que si quería una conversación decente, debía actuar como tal.

-No más de cinco minutos. - respondió ella.

-¿Draco ya lo sabe?

-Sabe que no estás secuestrada. - la mujer al oír esto bajo su varita.

-¿Y aún no me delatas?

-No lo he hecho ¿no?

Estuvieron en silencio por dos minutos, estudiándose mutuamente. Ella parecía estar bien, no veía heridas en su cuerpo y sus ropas estaban en buen estado. Definitivamente no lucia como alguien secuestrado.

-¿Se enamoraron cierto? - preguntó sin más. A Hermione esa pregunta la tomó completamente desprevenida.

-¿Disculpa?

Narcissa no dijo nada más. Esa respuesta le bastó para confirmar sus sospechas.

-Escucha, no tenemos tiempo. Tienes que volver antes de que todos se den cuenta, estoy ayudando a Draco pero no podré hacer nada si...

-No te preocupes. Volveré esta misma noche. Ya obtuve lo que vine a buscar. - dijo con firmeza sin dejar de mirar a Hermione.

Genuino horror se formó en el rostro de la castaña. Estuvo a punto de preguntarle si lo había encontrado cuando de la nada, se materializaron tres figuras negras tras Narcissa.

Todo paso demasiado rápido.

Tres varitas apuntaron a la castaña y ella rapidamente esquivo y desvio la avalancha de hechizos que conjuraron en su contra a excepcion de un hechizo que le dio de lleno en la pierna, sintió como miles de finos cortes se abrían paso a lo largo de su piel. Como si se cortara con una hoja de papel mil millones de veces en el mismo sitio. Ahogó un gemido y alzó su varita, protegiéndose de otra maldición que volaba directo hacia ella. Sintió un rayo de luz venir a sus espaldas y supo que no sería capaz de detenerlo, solo le quedaba aferrarse a ese vaso y esperar que se activara antes de tiempo.

Y así sucedió, solo que antes de que el traslador se activara y el rayo impactará en su espalda, Narcissa se atravesó en el medio, recibiendo la maldición de lleno y cayendo desplomada en la grama verde.

Quiso acercarse para tomar su mano, pero de un momento a otro se encontraba en la sala de su casa.

-¡Granger! - escuchó la voz de él y se permitió cerrar los ojos.

Tal vez lo viera otra vez en sus sueños.