Desde aquella primera discusión, Hiro y la Princesa comenzaron a acercarse.

Las paredes que ella había construido alguna vez, la desconfianza y el rencor, parecían haber menguado. Tal vez, no con todos los humanos, pero con Hiro sí.

Luego de tantos años en la soledad, oscuridad y la venganza, podía hablar con alguien más.

Pues hablar con Hiro no era como dar órdenes a sus tropas, o compartir con Nawabari y Orochi sobre lo que harían en las próximas oleadas; hablar con Hiro, era tranquilizador, era entretenido.

El poder sostener una conversación casual sin estar a la defensiva, era relajante. Porque a pesar de ser reacia a relacionarse o saber algo de los seres humanos quiénes mataban a sus tropas como cucarachas, no podía evitar sentir interés por escucharlo hablar.

Que le contara sobre cualquier cosa, y de paso, se tomara la molestia de explicarle. Incluso le entretenía que cuando explicaba algo, hacía movimientos con sus manos, recordándole a un niño emocionado.

¿Aunque eso era, no? Un niño.

—... Creo que... A veces extraño pilotar a Strelitzia — comentó Hiro, tendido en el suelo a un lado de ella, mirando el techo con una pequeña sonrisa.

Ella parpadeó, saliendo de sus pensamientos, mirándolo con curiosidad —. ¿Por qué?

Él sonrió, un poco nervioso —. Bueno, técnicamente es a lo que todo Parásito aspira o sueña. Fue uno de mis sueños cuando era niño — evocó los recuerdos de antaño, sacándole una sonrisa al recordar su tiempo con sus mejores amigos y su promesa con Mitsuru —... Porque poder pilotar un Franxx... Es como volar... Es libertad.

La última palabra la dejó callada, pensativa. Porque, ella, técnicamente le quitó eso: Su libertad.

—... Extrañas tu libertad junto a tus amigos y mi copia... Lo siento.

Hiro la miró ligeramente sorprendido por su disculpa, y lo que él sintió en su tono de voz.

Yo te quité tu libertad, a tus amigos, lo que tenías con ella... Te lo quité — el dolor que estaba sintiendo en su pecho le molestaba. Pero no era físico, por lo que arrancarlo no podía, y, no era fácil hacerlo —. Perdón.

— Bueno, en un principio estaba molesto, triste y asustado. Incluso... Si el tenerme aquí era por una buena causa...

No me justifiques Hiro... Porque la verdad era... Que también te tenía aquí por capricho — lo miró —. Jamás he sido alguien buena o de buenas intenciones... No soy mucho mejor que esa Zero Two o que aquel hombre.

001 admitir las cosas, no era propio de ella. Es más, en el pasado, siquiera hubiera dado explicaciones a alguien por sus actos. Pero, sentía la inexplicable necesidad de ser sincera con él.

Y le frustraba no entender el origen o el porqué. Se sentía confundida, y angustiada.

¿Por qué?

Podría, devolverte con tus amigos y...

— No.

Su semblante estoico, se tornó en uno sorprendido. Incrédulo.

¿...Qué?

Hiro se había sentado y la había tomado de los hombros cuando dijo «No». Siendo ahora que sus ojos estuvieran cubiertos por su flequillo.

No permitiéndole ver sus ojos, ni siquiera su expresión al mirar al suelo.

Se sentía intrigada.

¿Por qué no? ¿No era que los echabas de menos? Te estoy dando la oportunidad de volver con ellos, y también, con ella.

—... Me dijiste que cuidarías de mí a partir de ahora.

Pero yo te secuestré, Hiro... Eso no está bien. Lo correcto sería devolverte.

— No quiero... Yo no quiero regresar — se recargó en ella —... Deseo ser egoísta y, quedarme aquí — y con voz más baja, preguntó —: ¿O acaso, ya no me quieres aquí?

No sabía qué era el amor como tal. Y tampoco lo entendía; solamente sabía que, ella no quería dejarlo ir.

Con un suspiro derrotado, pasó sus brazos por sus hombros en una especie de abrazo, y sonrió tenuemente.

Yo tampoco quiero que te vayas. Quédate... Por favor.

Su lazo era el más extraño de todos. Pero también, era extrañamente entrañable.

Y para ellos, estaba bien así.