Dejó los lineamientos de siempre.
Aclaraciones:
Narración.
— Diálogo —
"Pensamientos".
Advertencias:
Posible OoC en los personajes.
OC.
No aptos para fans SasuSaku, NejiTen o NaruHina.
Género: Romance | Drama.
Clasificación: T | M.
Disclaimer: El manga y sus personajes no me pertenecen a mí, sino a ®Masashi Kishimoto.
Nota de Autor:
Capítulo re-editado.
Si hay algún comentario o disconformidad, por favor no duden en dejar su opinión abajo en la cajita de comentarios, sus observaciones serán siempre apreciadas. Recuerden dirigirse a los escritores siempre con respeto, yo les responderé en la medida de lo posible. Muchas gracias por leerme, hasta la próxima.
CAPÌTULO 8.
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«Sé que no debo sentir miedo, pero ahora mismo, todo me asusta».
Anónimo.
Veintidós semanas, su vientre había crecido un poco más junto a su tristeza y decepción.
Hacía poco más de un mes que "discutió" con Ino y Naruto. Un mes en el que ya no se hablaban, que apenas se veían. De no haber sido porque se los encontraba de casualidad en la calle o el hospital no sabría nada de ellos, era triste, porque eran las dos personas con las que siempre esperó contar.
Dolía que la ignoraran, entendía sus motivos, aunque no los compartía. Tal vez algún día, cuando reaccionaran y reflexionaran entenderían, tal vez algún día, ella podría decirles la verdad. Sí, algún día…
Suspiró, le daba gracias a Yuri por no permitirle sostener esa tristeza por mucho tiempo, por hacerle compañía cuando lo necesitaba. Admiraba su percepción, era como si pudiera leerle la mente y saber cuándo la espiral de amargura empezaba a girar, entonces aparecía ¡y bam!, se las arreglaba para mantenerla fuera de sus pensamientos caóticos y deprimentes. Desafortunadamente tuvo que dejarla, Tsunade-sama la había llamado con urgencia por un grupo de shinobis que llegaron de gravedad.
Sakura frunció el ceño, intentó recordar algún momento en el que la viera trabajar y, para su sorpresa, no recordaba ninguno… Alguna vez le escuchó a su maestra decirle que Yuri era un trabajo externo, una medic-nin con un chakra muy especial. Entonces recordó que ella aparecía cuando habían heridos de gravedad, casi al borde de la muerte, jamás la vio ejecutar un jutsu médico, sin embargo, era indispensable en el personal.
Agitó la cabeza, ¿por qué rayos pensaba en eso?
Oh, sí, porque trataba de olvidar la desolación y la culpa por ocultarles la verdad a sus amigos. Porque la soledad le pegaba duro y a ciegas mientras trataba de mantener su cordura y autoestima, para poder mantener unidos los pedazos que aún le quedaban.
Se sentía sola, mucho, muy sola. Los echaba de menos, pero pensar en decirles era impensable para ella. No sólo porque no se sentía capaz, sino porque conociéndolos harían justicia por su propia mano. Dos contra uno sería una desventaja, solo que ella no sabía si para ellos o para él… Algo tenía claro, Sasuke se había fortalecido mucho. Ninguna técnica de dispersión había funcionado contra su Sharingan, ninguna, a pesar que lo intentó hasta el desmayo.
Suspiró, apoyó la barbilla sobre su mano derecha mientras garabateaba algunas palabras en los papeles de su tableta.
Con el semblante decaído y el ánimo por el suelo la encontró Shikamaru, al parecer también formaba parte del segundo grupo que acababa de llegar. Tenía la ropa sucia con unas cuantas gotas de sangre que seguramente no pertenecían a él, además de unos cuantos golpes.
—Hola, Sakura — saludó el shinobi con su acostumbrada desgana, se sobresaltó sin querer.
— Shikamaru… — murmuró dando un paso hacia atrás, poniendo toda la distancia que podía sin ser obvia.
Nara entrecerró los ojos, el tono débil encajaba a la perfección con el aspecto frágil de la kunoichi. Mantenía la mirada en el suelo, una reacción típica a una emoción fuerte o un miedo excesivo, pero ¿por qué? Después de Ino, Sakura era la kunoichi más segura que conocía, en nada se parecía a la chica sobresaltada y nerviosa que tenía enfrente.
A Sakura se le erizaron los vellos de los brazos, no era conveniente estar mucho tiempo con Shikamaru, era un hombre demasiado listo y si se sobresaltaba de nuevo sin razón se daría cuenta. Además, podía sentir la mirada de Ino taladrándole la nuca. Lo último que quería era causar más problemas.
— No creo que sea buena idea que estés hablando conmigo — dijo en voz baja.
El shinobi entorno la mirada, Sakura hablaba normal, pero algo de culpa se escondía en su tono y parecía que le costaba hacer contacto visual con él.
— ¿Solo porque Ino está molesta contigo?
La medic-nin asintió sin mirarlo.
— No quiero causar más problemas.
— ¿Más?
Sakura abrió los ojos y lo miró por primera vez dándose cuenta del desliz que acababa de cometer. Shikamaru llegó a la conclusión que a ella le pasaba algo, algo serio. Justo cuando planeaba indagar un poco más escucharon una conmoción al otro lado del pasillo, seguida del sonido de un cuerpo impactando contra el suelo.
Ambos se movieron en esa dirección.
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Había estado mareada toda la mañana, las náuseas no le habían dado tregua y el malestar general no se iba del todo, sólo tenía pequeños alivios seguidos de pequeñas punzadas en su vientre.
Trató de no prestarles más atención de la debida, se suponía eran molestias normales al principio del embarazo, no había tenido sangrado así que no se preocupó. Le pasó varias veces a lo largo de la semana y se disipó rápidamente. Pero está vez era más fuerte y prolongado, trato de buscar una habitación vacía para aplicar un tratamiento rápido. No pudo, el dolor la atenazó como hierro caliente sobre la piel doblándola hacia adelante, se sostuvo de una silla, pero terminó perdiendo el equilibrio.
Lo último que vio fue la varilla de metal de la silla antes de voltearla y tirarla al piso junto a ella.
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La conmoción estalló alrededor de ellos mientras se abría pasó hasta la kunoichi albina tirada en el piso, Sakura se agachó a su lado para comprobar sus signos vitales.
— Yuri-San — murmuró a la mujer inconsciente.
— Sakura — advirtió la voz de Ino, sabía lo que le diría, pero no estaba dispuesta a ceder.
— Ve por Tsunade-sama — ordenó con ese tono que no permitía réplica, pero Ino no sería ella si no pensara en hacerlo, por eso le dio la mirada más dura que sólo tenía reservada para aquellos que desobedecían sus órdenes —. Ve por ella, ¡ahora!
A Yamanaka no le quedó más remedio que obedecer, a regañadientes y soltando improperios, pero se fue corriendo por los pasillos mientras ella ordenaba que llevarán una camilla de inmediato.
Esperaba que su sensei llegara a tiempo…
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Su maestra llegó como una ráfaga de viento en un anticipo de tormenta, Sakura había aplicado el protocolo que se usaba para todas las pacientes con amenaza de aborto. Medicamento para la disminución del dolor y el sangrado, además fluidos, solicito un par de bolsas de sangre solo por si el sangrado se intensificaba.
Luego se apartó permitiéndole a su maestra trabajar, pero no fue muy lejos. Se quedó ahí y escuchó algo que la sorprendió.
— Shizune llama a Kakashi, él debe estar aquí.
Ella abrió los ojos sorprendida, enseguida los signos vitales de Yuri cayeron de forma peligrosa y Tsunade les pidió que abandonaran la sala.
Sakura se quedó afuera sin saber que hacer o a donde ir, con el corazón en un hilo. Su pecho se agitaba con un sentimiento horrible, una angustia fuera de lugar la atenazó e instintivamente llevó las manos hacia su vientre.
Pensar en que algo así pudo pasarle a ella también… Las lágrimas le quemaron los ojos y negó con la cabeza, no, ella está bien, el bebé también.
Sakura miró al cielo para evitar llorar, limpió la típica lágrima rebelde que no la dejaba en paz y se sentó en una de las sillas en la sala de espera. Creía conveniente quedarse ahí y esperar, después de todo Yuri era la única que se había que dado cuando todos los demás la abandonaron.
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Media hora más tarde Kakashi Hatake se presentó con su uniforme Jōnin algo sucio y arrugado, tenía una herida fresca en la mano, probablemente por algún entrenamiento o un nuevo reto con Gai-sensei. No era extraño para nadie la rivalidad que existía entre maestro del equipo de Neji y el ex ANBU, tampoco la cantidad de retos absurdos que se disputaban.
Es una regla shinobi, nunca muestres tus sentimientos, mantén la mente enfocada en tu misión contra todo, sin importar cuanto dolor lleves dentro no soltarás una sola lágrima.
Su semblante pacífico no engañaba a Sakura, su ojo vagaba por la sala y su mano izquierda jugaba inquieta con el borde de sus vendas. Estaba preocupado, lo suficiente para quedarse aislado en la otra esquina del pasillo aguantando las ganas de entrar a la sala, ninguna enfermera le permitiría pasar. Su ex sensei podía ser cualquier cosa, pero no faltaría al reglamento hospitalario y menos si eso significaba un riesgo para la mujer que, claramente, le importaba.
La kunoichi se mantuvo alejada, en primer lugar, porque la confirmación de la relación entre Yuri y Kakashi la había tomado por sorpresa y, en segunda, porque no sabría que hacer ni que decir. ¿Qué le dices a alguien que teme por la vida de su mujer y su bebé?
Retorció el dobladillo de su camisa, sentía una terrible pena por su sensei y a la vez se sentía extremadamente culpable por no poder brindarle alguna palabra de consuelo o aliento. Pero sinceramente creía que nada de lo que pudiera decirle aliviaría su angustia, nada perdía con intentar.
Cuando estaba a punto de tomar impulso su maestra salió, su expresión era una máscara deslizándose por su rostro, apenas contenida por su carácter y entereza. Entonces supo que eran malas noticias… Terminó desplomándose de nuevo en la silla, registró la interacción entre ellos y, a medida que la conversación avanzaba la expresión de Kakashi pasó de neutra a resignada.
Luego de que la quinta terminara lo condujo por el pasillo que llevaba a las unidades de cuidados intensivos, Sakura supuso que el impacto y la pérdida de sangre habían sido considerables para tener que colocarla en ese lugar. Solo los pacientes que se debaten entre la vida y la muerte entran en esas habitaciones.
Sintió una horrible opresión en el pecho y se vio a sí misma reteniendo las lágrimas.
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Estuvo dando vueltas por un par de horas después de terminar su turno, seguía conmocionada y no se sentía con ánimos de regresar a la mansión. Su desánimo sería obvio y no quería que le hicieran preguntas, todavía le costaba creer lo que había sucedido y cuan miserable se había sentido. No era su pérdida, pero Kakashi formaba una parte importante de su vida y de su formación como kunoichi, ¿cómo no sentir su pérdida cuando le tenía tanto cariño?
Si ella se sentía así de mal, ¿cómo se sentía su sensei? ¿Yuri?
Sakura frotó inconscientemente su vientre, el bebé apenas se movió y su pecho se agitó con un horrible sentimiento que no supo describir si era pena, dolor o compasión o todas juntas. Ella había estado en ese camino, se había puesto en ese camino y se libró por muy poco.
Resultaba irónico que, a pesar de haberse puesto en una senda donde continuar con ese embarazo se tornaba riesgoso, seguía ahí… Con un embarazo por el que todavía no definía lo que sentía.
Cerró los ojos y pensó en el dolor que ambos debían estar sintiendo, era obvio que querían a ese bebé y ahora… Lo habían perdido. Llevó una mano a su corazón y otra a su vientre, tuvo otro movimiento. La invadió una extraña sensación que le provocó una pequeña sonrisa, podía ser alivio, tal vez alegría de saber que estaba vivo. Eso no restaba la culpa que sentía, por su situación, por los problemas que ocasionaba inconscientemente a Neji, por ocultarle a sus amigos la verdad y, ahora, por llevar un bebé en el vientre cuando estaba claro que su sensei había perdido el suyo.
Sakura sentía un hueco horrible en el estómago desde que salió del hospital que aumentó al llegar al parque, su corazón dolía demasiado. Parte por su empatía, parte por sus hormonas. Sus ojos habían escocido varias veces en el camino, razón por la que se dedicó a vagar, trataba de despejar todos esos sentimientos que la acosaban y la hacían sentir inmensamente triste. Pero, una vez sentada en esa banca, alejada de las miradas curiosas, dio rienda suelta a esas lágrimas que no lograba retener. Se había vuelto una maldita llorona, todo lo que se esforzó por eliminar volvía sin el menor esfuerzo…Que triste, ¿no?
— Haruno — llamó Neji, espantándola.
No podía evitarlo, asustarse se había vuelto parte habitual de su vida y ahora le aterraba incluso el sonido del viento, le parecía tétrico. Sin embargo, levantó la mirada hacia él y tragó saliva, parpadeó un par de veces para limpiar sus ojos y, entonces notó que, a pesar de que su tono de voz era neutro, en su iris había una pizca de preocupación que los volvía traslúcidos.
— ¿Ha sucedido algo? — ella negó y luego agachó la cabeza, Neji frunció ligeramente el ceño —-. Entonces, ¿por qué lloras?
Con gran cuidado, Neji se acercó a su lado y tomó asiento, siempre guardando un mínimo de distancia, la banca era pequeña, pero la hacía sentir segura que supiera cuales eran sus límites respecto al contacto físico. Sakura se sintió agradecida y conmovida, después de todo solo le había ocasionado problemas y, aun así, él procuraba que no se sintiera amenazada por su presencia. Un sentimiento cálido nació en el centro de su pecho y se extendió hasta su corazón.
La misma calidez que sintió en la habitación aquel día que decidió seguir sus impulsos e ir a visitarlo.
— Hoy… — Sakura pausó, tragó saliva y desvió la mirada. La enfocó en otro sitio para poder hablar sin desmoronarse más —. Hoy sucedió algo que realmente me duele mucho — balanceó un poco sus pies desviando la tensión que le provocaba tenerlo tan cerca.
Neji guardó silencio, observándola, preguntándose ¿qué pudo ser aquello que la pusiera tan triste?
Para él era claro que ella luchaba por permanecer tranquila, por lo menos por aparentarlo, pero en sus ojos se leía toda la verdad. Sakura era como un libro abierto, cualquiera podría leerla si permanecía el tiempo suficiente a su lado. Y Neji había estado un tiempo más que prolongado.
— ¿Qué sucedió? — preguntó.
El shinobi estaba seguro que cualquier cosa que afectara su ánimo provenía de su trabajo, ya que cuando fue por ella al hospital las enfermeras de turno le habían dicho que salió antes que terminara su turno. El corazón le había latido rápido, tanto que solo podía compararlo con la adrenalina que experimentaba en cada misión rango S; aunque la angustia que le siguió fue del todo repentina. Ahora se sentía aliviado de no tener que armar un equipo de búsqueda, de no tener que explicarle a la Hokage lo que sucedía realmente con su alumna y de no tener que recurrir a las plegarias para que nada malo le sucediera ni a ella ni a su bebé.
Era como si el alma le hubiese vuelto al cuerpo.
— Yuri-san perdió al bebé de Kakashi-sensei — murmuró con pena, con un pesar que parecía que fuera suyo. Tal vez lo era.
Neji frunció el ceño un poco desconcertado por la noticia. Kakashi no era el tipo de hombre que se comprometía, de hecho, jamás tenía relaciones largas. Todas le duraban una noche, si acaso. Enterarse que el soltero eterno iba a ser padre era sorprendente. Claro, él no lo conocía lo suficiente como para saber sus deseos, solo llegaba a conclusiones por consenso popular. Sin embargo, eso parecía afectarle mucho a Sakura, entonces notó que las pequeñas manos se aferraban a su abultado vientre.
Ella había pasado por eso.
— ¿Cómo te enteraste? — Sakura parpadeó.
— Estaba ahí cuando sucedió, yo la atendí — musitó en un hilo de voz —. Fue…
No podía describirlo, digerir la noticia ya generaba un impacto en ella y en su estado, debía ser alguna especie de shock.
— Sakura…
— Tengo miedo, Neji — dijo rápidamente volteando hacia él, mirándolo por primera vez a los ojos.
El iris jade oscilaba como una hoja contra un fuerte viento, su rostro se deformaba en una angustia tan grande que no podría describirla en palabras. Sintió un nudo en el estómago, su corazón latió fuerte. En ese momento se dio cuenta que no le gustaba ver esa expresión en el rostro de la kunoichi.
Con un extremo cuidado colocó sus manos sobre las de ella, era un contacto ligero, Sakura podía apartarlas en el momento que quisiera si se sentía incómoda. No lo hizo, aunque sí se sobresaltó un poco. La pobre luchaba contra el impulso de retirarlas, su instinto la instaba a hacerlo, pero se recordaba que Neji no pretendía dañarla, no lo haría jamás. Así que las mantuvo aferradas a su vientre, acostumbrándose a su calor, a su tacto.
— Nada va a sucederte, te lo aseguro.
— Pero…
— Te lo prometo, no permitiré que nada les suceda, ¿de acuerdo?
No estaba acostumbrado a hacer promesas, de hecho, nunca antes había hecho una, pero resultaba un poco difícil resistirse al impulso al ver la angustia que la situación generaba en Sakura. Lo último que quería es que tuviera otro miedo que enfrentar, otra pesadilla que añadir. Por su cuenta corría mantener la tranquilidad y bienestar de la kunoichi, se había vuelto una necesidad para él aminorar las cargas de ella.
— Gracias, Neji.
Sakura sonrió, se sentía protegida. Estaba agradecida, agradecida de no estar sola, agradecida de tenerlo a él.
Jamás podría pagarle lo que hacía por ella, ya encontraría la manera. Cuando fuera capaz de lidiar con su problema y decir la verdad, por ahora, se sujetaría a esa pequeña esperanza que le brindaba.
— Es hora de irnos, está bajando la temperatura, puedes resfriarte — advirtió Neji poniéndose de pie, ella solo asintió y tomó sin dudar la mano que le ofrecía.
Salieron del parque sin percatarse que un par de ojos rojos los seguían, totalmente fijo en sus manos entrelazadas.
