CAPITULO VIII
MOVIÉNDOSE A TRAVÉS DEL TERRENO
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Deslizó un dedo por el cuello de su camisa, por alguna extraña razón se sentía incómodo llevando esa ropa, de hecho, durante su estancia en la academia como estudiante, nunca le gustó usar la corbata; quizá por eso ahora estaba seguro de que no debió haberle hecho caso al director y ponerse ese traje; después de todo ¿qué más daba?, no tenía por qué fingir algo que no era. Además, seguía cansado, anoche había vuelto a tener la misma pesadilla; él se encontraba atacando y defendiéndose en medio de una batalla en un lugar desconocido; peleando con alguien cuyo rostro no podía ver; usando un arma que no era su Bloody Rose, sino una katana; moviéndose en un terreno iluminado por la luna, sin poder reconocer a nadie y sólo estando seguro que eran cazadores y vampiros por el brillo carmesí en los ojos de estos últimos. Peleaba y a la vez buscaba a alguien, al menos esa era la sensación. De pronto, de la nada un golpe en su pecho, el sonido de un grito a lo lejos y luego su ropa tiñéndose de rojo rápidamente. Después de esto, no había nada más, se despertaba de golpe agitado y sudoroso. Con ésta ya eran tres noches soñando lo mismo y no sabía la razón.
Suspiró dejando a un lado sus pensamientos y miró a su alrededor; en verdad este lugar no le agradaba, a pesar del tiempo transcurrido desde la última vez que fue habitado, aún conservaba muy sutilmente las esencias de otros vampiros, entre ellos la de Kuran y Shizuka, y eso ya de por si era desagradable.
De pronto, algo atrajo su atención y posó sus ojos en un delicado florero de cristal que albergaba unos hermosos y exóticos lirios rojos; quizá cortesía de algún vampiro o familia noble de vampiros, pensó.
− Tsk... - volvió a acomodarse la corbata y desvió su mirada de aquellas flores; verlas, extrañamente lo molestaba.
¿Por qué rayos tardara tanto?
− Kiryuu... ya estás aquí. – El cazador reaccionó de golpe ante la voz y se giró. A su espalda, en el umbral de uno de los pasillos, se encontraba Aidou, quien le sonreía despreocupadamente. El vampiro también llevaba puesto un elegante traje y una capa larga de color negro. - Llegaste temprano.
− No es como si nos hubieran dado una hora exacta – el cazador respondió lacónicamente.
− Si, tienes razón. Veo que tienes problemas.
− ¿Eh?
− Con tu...- dijo el vampiro señalando con su dedo su propia corbata. Zero lo miró con el ceño fruncido, sin decir nada - Bueno, es porque no estás acostumbrado, quizá si lo hubieses intentado mientras tenías que hacerlo con el uniforme escolar, ahora no estarías tan incómodo. Aunque la verdad es que dudo que alguien tan simple como tu pueda usarla.
− Hmmp - Zero iba agregar un comentario mordaz, pero de pronto recordó que no le había agradecido al vampiro su anterior ayuda - ¿Aidou-senpai? – el otro lo miró seriamente - No había tenido la oportunidad de darte las gracias por tu ayuda.
− ¿Qué? – el otro se sorprendió - Oh... Por eso... No tienes que...
− Claro que sí, te arriesgaste demasiado sin ninguna necesidad.
− No te preocupes, está bien – Aidou sonrió y siendo consciente del calor en sus mejillas, se giró hacia otro lado.
Zero lo miró y sonrió con un gesto de exasperación. Justo cuando iba a replicarle, pudo oír las voces de Naomi y el director que se acercaban por el pasillo del piso superior hacia las escaleras. Zero se giró y aguardó expectante.
− ... es sólo una suposición, pero veremos cómo se conducen. No te preocupes.
− Entonces lo dejo en tus manos.
− Si. Con respecto a lo otro, es cuestión de esperar; continúa como lo habíamos planeado.
− Tenlo por seguro, no creo que haya ningún inconveniente.
− Gracias Kaien, yo también lo deseo así...
La sangre pura se detuvo en lo alto de las escaleras y los miró. Zero sintió un hueco en el estómago. Ella lucía realmente hermosa; llevaba el pelo completamente recogido en un peinado poco elaborado pero elegante y con ese vestido largo plateado de corte imperio, lucía como una reina.
− Lamento haberlos hecho esperar – se disculpó con expresión amable mientras descendía lentamente por las escaleras junto al director. Cuando estuvo frente a ellos miró a Zero detenidamente y sonrió.
− ¿Sucede algo? - preguntó el cazador con un tono un tanto brusco, quizá para ocultar su incomodidad.
− Es sólo que me había acostumbrado a verte vestido... menos formal - dijo ella mientras pasaba a su lado en dirección a la puerta.
Zero se ruborizó y apretó los puños para calmarse. Por suerte el director no había hecho ningún comentario al respecto, sin embargo le giñó un ojo, por lo que el cazador se sintió nuevamente incómodo y mejor se giró él también hacia la puerta. Aidou sostenía la capa de la sangre pura y le ayudaba a colocársela, luego caballerosamente abrió la puerta para ella. El cazador tomó su capa del respaldo de una silla y se dispuso a seguirlos.
Los cuatro salieron de la mansión, cruzaron el puente y avanzaron hasta llegar a la entrada principal del colegio.
− Naomi, ten cuidado – dijo repentinamente el director cuando ella se disponía a cruzar la verja.
− Gracias por tus advertencias, pero no creo que se atrevan a hacer algo.
− Eh...Si, tienes razón, discúlpame, creo que me preocupo de más. – El director sonrió de manera amable, pero Zero sabía perfectamente que tenía razón.
− Bien, Kiryuu, Aidou; es hora de irnos.
− Naomi-sama – dijo el noble - el auto ya está esperando, yo conduciré.
− Te lo agradezco.
Tal como lo dijo Aidou, frente a la escalinata aguardaba estacionado un elegante auto negro con vidrios polarizados, propiedad de la familia Aidou. Ella abordó a través de la puerta que Zero mantenía abierta y una vez dentro miró hacia el cielo; el azul marino se extendía rápidamente para dar paso a la oscuridad y la sensación del ambiente amenazaba con una noche demasiado fría.
Mientras el auto descendía el extenso camino que había desde la academia hasta la ciudad, Naomi miraba por el cristal de su lado. El paisaje nevado se extendía frente a sus ojos; las orillas de la carretera se encontraban cubiertas por una gruesa capa de nieve y los arboles sin hojas y los pinos estaban adornados por copos de nieve. A lo lejos, la ligera capa de niebla que comenzaba a cubrir la ciudad, provocaba que las luces resplandecieran difuminadas y le daba a las calles principales, por su iluminación, la apariencia de ríos dorados. Por su parte Zero, cruzado de brazos, también observaba de su lado, aunque su vista sólo daba hacia el bosque. Aidou en cambio, los miraba a ambos de vez en cuando por el espejo retrovisor, un tanto incomodo por el silencio que se había instalado.
Siempre creí que Kaname-sama y Yuuki-sama hacían una linda pareja... ahora también lo creo de Kiryuu y Naomi-sama... pero a diferencia de aquellos, parece ser que estos dos no piensan igual.
Aidou lanzó un suspiro y continuó manejando varios minutos hasta la ciudad y al llegar ahí avanzó por una de las calles principales. Por todos lados se extendían construcciones altas, pero la gran mayoría eran de al menos tres o cuatro pisos de alto; algunas con torres en punta, otras con techos en caída. Salvo algunos, casi todos eran negocios y la mayoría estaban en servicio: restaurantes, bares, tiendas de abastecimiento, boutiques, cafeterías, un cine, etc.; y la gente caminaba por las aceras envueltas en sus gruesos abrigos. Totalmente una apariencia de ciudad rustica.
Zero observaba todo ese barullo hasta que inconscientemente miró a Naomi y pudo percatarse que había sido completamente atraída por el ambiente. El cazador sonrió sutilmente al ver como los labios de la mujer se habían separado ligeramente mientras sus ojos observaban todo. Por un momento se quedó cautivado por ella que no se percató que Aidou lo observaba a él por el retrovisor sonriendo.
Cruzaron por una alameda donde se veían, fuentes, bancas y algunos monumentos y en uno de los extremos, un internado para señoritas que rezaba el nombre Dahlia y más adelante una enorme catedral de estilo gótico cuyo atrio, al igual que la alameda, estaba iluminado por un gran número de elegantes lámparas de parque de luces tenues.
Después de conducir un rato por las, un tanto ruidosas calles principales, comenzaron a adentrarse por calles menos transitadas; adoquinadas y adornadas en sus orillas por jardineras de piedra; flanqueadas a ambos lados por callejones angostos, algunos con escaleras de piedra; y también por construcciones de todo tipo con tejados y fachadas similares de piedra o ladrillo que sólo delataban la vida que albergaban en ellas, por las luces doradas que proyectaban a través de sus cristales. Algunas de esas construcciones incluso eran pequeños negocios que también estaban en servicio.
Era una panorámica un tanto contrastante con la dejada atrás hacia unos minutos, pero así era ese lugar. Los residentes humanos se mudaban continuamente y quienes permanecían eran vampiros o cazadores. Por eso, a parte del gran número de construcciones abandonadas, las calles tenían ese toque antiguo y un tanto siniestro, que en las noches aumentaba gracias a los faroles con luces tintineantes y en estos días fríos, también gracias a la neblina. Pero eso también tenía su encanto, ya que la apariencia de la ciudad era, sin proponérselo, fuente de atracción para turistas y para las agencias del medio del espectáculo y modelaje; sin dejar a un lado que también residían en la ciudad uno que otro empresario, investigador, escritor, artista y modelo importante.
Zero era consciente que ni los cazadores y aún mucho menos los vampiros, tenían la misma expectativa de vida que un humano normal, lo que equivalía a que su entorno tampoco cambiara demasiado rápido. Lo mismo sucedía con algunas otras ciudades cercanas y aunque había otras donde el número de humanos era mayor, por lo que eran más ruidosas, luminosas y los avances tecnológicos eran más visibles, en este lugar, los que dominaban las finanzas eran vampiros y cazadores; y si, algunos humanos, pero eran el mínimo; y además conocían la existencia de los primeros y entre todos se encargaban de proteger ese secreto.
El cazador suspiró, si, aún con ello siempre había muchos humanos que proteger, ya fueran residentes del lugar o no. Aunque era cierto que mientras la noche avanzaba su número en las calles disminuía, de vez en cuando se podía ver la figura de parejas tomadas de la mano, caminado despreocupada y lentamente por esas calles, o la figura de alguno que otro humano camino a casa después de un día de trabajo. Por eso también siempre había en las calles cazadores haciendo su ronda, precisamente para proteger a esos humanos ajenos e inocentes a los peligros que se exponían.
− Ya casi llegamos - Anunció Aidou, sacándolos a cada uno de sus pensamientos.
Seguido de esto, se desvió por una calle adoquinada completamente desierta; iluminada por faroles y flanqueada por un enorme muro de piedra. Zero pensó que, si los humanos eran capaces de sentir el peligro, esa era la respuesta de porque no parecía que las construcciones cercanas se hallaran habitadas.
Así mismo, su instinto de cazador le hizo inmediatamente localizar a los vigilantes vestidos de negro que se hallaban distribuidos y apostados en varios puntos en lo alto del muro. Al acercarse a la entrada principal, dos guardias abrieron la enorme reja dándole paso al auto que comenzó a avanzar por el sendero. Zero miró alrededor, las instalaciones del senado aún se encontraban alejadas; aunque se podían distinguir a través de los árboles que rodeaban el sendero. Él nunca había estado en ese lugar, tampoco era como que le interesara, pero pudo darse cuenta que, a diferencia de la asociación, el senado se cuidaba más de guardarse de miradas indiscretas, ya que no sólo estaba el muro, sino también los extensos jardines con altos árboles que lo rodeaban.
Aidou condujo el auto por el sendero iluminado por farolas, hasta llegar a un amplio patio frontal, en el cual rodeo una enorme fuente rectangular con las figuras de ángeles y se estacionó frente a la entrada principal.
Zero descendió del auto y se dirigió hacia la puerta de Naomi, la abrió y le tendió la mano. La sangrepura se puso la capucha cubriendo así su rostro y descendió. Cuando los tres se hubieron apeado del vehículo. Un joven vampiro se acercó y solicitó le permitieran hacerse cargo del auto.
Naomi comenzó a subir la escalinata seguida de sus acompañantes. En lo alto, para recibirla, se encontraban media docena de vampiros mayores, que vestían de manera elegante y sonreían amablemente, pero pese a ello, Zero pudo percibir atisbos de avidez en sus miradas y tampoco pasó por alto el hecho de que todos ellos lo miraron a él con cierto grado de cautela, interés y alguno que otro con desagrado, pero intentaron disimularlo.
− Mi señora, es un honor que haya aceptado nuestra invitación y nos honre con su visita – dijo uno de ellos haciendo una pronunciada reverencia, pero mirando de reojo la mano de Naomi que se mostraba entre los pliegues de la capa, esperando quizá que ella le permitiera tocarla. Zero sintió asco ante tanto cinismo, pero afortunadamente ella no reaccionó ante eso.
− Les agradezco la invitación y el salir a recibirme, me complacería que me condujeran ante el consejo.
− Será un placer mi señora, pero... espero pueda disculparnos, su acompañante...
− ¿Qué sucede con él?
− Es solo que él es un cazador, usted comprenderá que... - El vampiro tenía las manos entrelazadas y se mostraba apenado.
− Si, lo sé, es un cazador y un simple vampiro de clase inferior, pero es mi guardián – Zero miró a Naomi sorprendido y a la vez molesto, ella hablaba con indiferencia hacia él - Yo solicité a la asociación uno y él me fue asignado. Creo haber informado de eso.
− Si claro, lo sabemos; pero mi señora, si usted necesitaba un guardián nosotros le hubiésemos proporcionado a alguien realmente competente.
− Quizá... pero no he tenido problemas con este chico, así que no veo inconveniente en que se encargue de mi seguridad; además, dada la situación actual me conviene, ya que él puede manejar armas anti vampiros y eso me da mayor confianza y tranquilidad. Por eso mismo, si se rehúsan a que ingrese a las instalaciones, entonces tendremos que retirarnos.
Los miembros del consejo la miraron sorprendidos y rápidamente hicieron una pronunciada reverencia.
− No... no hay problema, todos son bienvenidos, adelante por favor.
Al cruzar las puertas se encontraron con un amplio vestíbulo de estructura y decoración antigua; flanqueado a ambos lados por pilares en los cuales se hallaban fijados varios candelabros, cuyas llamas de sus velas tintineaban sutilmente lanzando una luz naranja que se expandía por el lugar, dándole un aire un tanto lúgubre pese a mantenerlo bien iluminado. Al frente había unas escaleras a través de las cuales se extendía una alfombra roja; y en lo alto se observaban las puertas de lo que debería ser la sala del consejo.
Zero obviamente hubiese preferido quedarse fuera de ese lugar, pero su deber como guardián de la sangrepura se lo impedía, así que los siguió.
A parte del ambiente; también el hecho de estar rodeado de vampiros lo incomodaba y lo hacía ponerse en guardia. Mientras cruzaban el vestíbulo, podía sentir sobre ellos las miradas de docenas de vampiros que parecían haberse olvidado de lo que hacían, ya que se habían quedado detenidos en las escaleras, los pasillos superiores, o estando por entrar a través de alguna de las otras puertas.
Todos al mirarlos, parecían preguntarse quién era la encapuchada y quizá más obviamente también, qué hacia un cazador en sus instalaciones.
− Es por aquí mi señora, los demás miembros ya aguardan dentro de la sala. – dijo uno de ellos deteniéndose al pie de la escalinata y haciendo nuevamente una reverencia para que ella avanzara primero. Mientras que, en lo alto, las puertas se abrían indicando que la esperaban.
− Bien – sin retirase la capucha, Naomi se giró hacia Zero y Hanabusa.
− Esperaremos aquí, cerca de las puertas de la sala – dijo Zero sin mirarla, cruzando los brazos y recargándose en una de las columnas que había al pie de la escalinata. En los labios de Naomi se dibujó una sonrisa sutil y sin más comenzó a ascender, encaminándose hacia la sala mientras que Zero la observaba de reojo.
− Ella va a estar bien.
El cazador reaccionó sorprendido al escuchar la voz de su compañero, se había olvidado de él y ahora el vampiro lo miraba sonriendo. Sin ser consciente del porqué, en vez de molestarse, se sintió aliviado por sus palabras. Miró de nuevo a las puertas ahora cerradas y luego volvió a observar al vampiro quien ahora veía a su alrededor y parecía ligeramente nervioso.
Bien, ahora lo único que queda es esperar.
Bajó el rostro y agudizó sus sentidos para mantenerse alerta, pero pronto y por primera vez, pudo sentir claramente las miradas posadas exclusivamente sobre él y escuchar los ligeros cuchicheos de los vampiros del vestíbulo.
− ¿Un cazador? ¿Cómo es que...?
− Sí, es él ¿Qué hace aquí?...
− Lo vi llegar con aquella encapuchada.
− ¿Quién es ella?
− Una sangrepura, no cabe duda, quizá la princesa Kuran, hasta donde se él estuvo relacionado con ella hace...
− Fue el perro de los Kuran, pero creía que lo habían...
− No huele nada mal.
− ¿Estás loca?, es un ex humano.
− Es un chico muy apuesto y además sé de buena fuente que es un cazador poderoso...
− Es él, el único que se ha enfrentado a Kuran-sama.
− Enfrentarse a un sangrepura, es un insolente, no sé cómo es que Kuran-sama no lo eliminó.
− Shh... puede oírnos
− No es más que un ex humano...
Zero mantenía la vista clavada en el piso con el ceño fruncido, ya conocía a los vampiros y sus maneras, pero ser el centro de atención de tantos de ellos, no era precisamente su idea de una noche en el consejo acompañando a la sangrepura que todos querían conocer, por mucho ella tendría que ocupar esa atención.
Aidou por su parte, había estado al pendiente de estos comentarios, incluso antes que el cazador, de ahí su nerviosismo; los vampiros los realizaban en voz baja, pero con total descaro a sabiendas que, por su condición, su sentido del oído era bastante agudo y podrían ser escuchados. Miró discretamente al cazador; no sabía que hacer; a simple vista parecía estar tranquilo pero su mirada reflejaba su molestia y temió que no pudiera contenerse.
− ¿Kiryuu? – el cazador lo miró de reojo - no prestes atención por favor, todos son vampiros jóvenes, realmente no saben el motivo por el cual estás aquí. Muchos casi nunca vienen y a otros los obligan sus padres, pero no se involucran realmente en los asuntos del consejo o simplemente no les interesa, los más viejos ahora están adentro, así que no prestes atención a estos vampiros, pese a sus comentarios, ellos en realidad te temen...
− Estoy bien... - lo interrumpió el cazador, con una leve sonrisa - tu eres el que se ve algo tenso, senpai.
− Eh... ¿yo?...
− Si
− Tsk... eso me saco por preocuparme por ti – siendo consciente de que se estaba ruborizando, giró el rostro en dirección opuesta al cazador.
Zero miró a Aidou, el vampiro tenía razón, pero no podía dejarle ver lo que sentía. Claro que era realmente molesto estar ahí, rodeado de vampiros que lo miraban con curiosidad, desprecio o avidez y no poder sacar su arma. Por eso optó mejor por cerrar los ojos. Aunque aún pudiera sentir en su piel esas miradas, al menos podría aislarse un poco de ellos hasta que se aburrieran de él y continuarán con sus cosas.
Sin embargo, mientras trascurría el tiempo, la sensación de ser observado no disminuía. La sangrepura no salía y él ya comenzaba a irritarse, así que intentó pensar en algo aunque eso le hiciera bajar un poco la guardia.
"... la princesa Kuran, hasta donde sé él estuvo relacionado con ella..."
Yuuki... ¿Cómo estas ahora?, ¿realmente eres feliz? Me gustaría verte, hace ya más de dos meses... Cuando te marchaste por primera vez de la academia con él, estaba molesto y creí que realmente nunca te volvería a ver, pero que serias feliz... ahora con toda esta situación... Yuuki, yo en verdad no quiero verte llorar ni estar triste, pero que puedo hacer si tu...
− ¡Pero mira lo que tenemos aquí, un hermoso cordero ha venido a meterse a la cueva de los lobos!
Zero, interrumpido bruscamente en sus pensamientos, abrió los ojos y miró a quien hablaba. Estaba parado muy cerca de ellos, y por estar pensado en Yuuki no se había dado cuenta. Era un vampiro noble; de apariencia joven, casi de la misma estatura de Aidou, atractivo; con el pelo rubio ondulado y ojos de un verde intenso. Sus gestos y ademanes eran presuntuosos, quizá un hijo mimando de alguna familia noble, intuyó Zero.
− ¿Qué deseas Shin?- intervino Aidou, con un gesto de desagrado. Al parecer se conocían.
− Con un traidor como tú, nada – dijo el vampiro sin mirarlo, pues su vista estaba puesta en Zero.
− ¿Qué has dicho?, ¿Traidor? – Aidou apretó los puños.
Aquel vampiro sonrió y se dignó a mirarlo, aunque de forma despectiva.
− Sí, es sabido por todos que vives en la academia Cross, y hasta donde sé, es la sede de los cazadores... ¿Cómo se le puede llamar a eso?... como sea... no me interesas tú, sino tu acompañante.
Zero continúo observándole inexpresivamente y sin decir nada. Aquel chico se le acercó demasiado pero el intentó mantenerse tranquilo, recordándose que no había ido allí a pelear y que su función era otra.
Sin embargo, el vampiro, de manera descarada, lo escrutó detenidamente y él tuvo que hacer un gran esfuerzo para no sujetarlo del cuello y estrellarlo contra el piso o meterle un tiro en la cabeza.
− ¡Vaya que su presencia es la de todo un cazador! - dijo de pronto aquel chico en voz alta, girándose hacia los presentes que lo miraban divertidos por tal osadía de acercarse de esa forma, a quien en ese momento podría ser el ser más temible para ellos – Y si, su mirada en verdad que da miedo, pese a que tiene unos ojos hermosos. Justo como los rumores lo describen, Kiryuu Zero, el vampiro cazador de vampiros, apuesto, arrogante, frio, poderoso y con una presencia que cualquier vampiro bien podría envidiar – Luego girándose hacia el cazador sonrió despectivamente - Pero aun así yo digo que no es más que un ex humano; el nivel más bajo de nuestra especie, digo, si es que cuenta como nivel, claro.
Se oyeron risas.
− Ya basta... déjalo en paz o... - Aidou molesto, se les acercó.
− ¿O qué?... - dijo aquel vampiro retándolo con la mirada a que se atreviera a hacer algo - ¿Acaso te has rebajado tanto Hanabusa, como para ser el perro de un nivel E?, ¿tan bajo ha caído la familia Aidou?
− ¡Tu...
Aidou extendió su mano a la derecha e hizo aparecer dagas de hielo entre sus dedos.
− Aidou-senpai, espera, no estamos aquí para eso.
− Pero él se atrevió a... - Zero lo miró severamente y Aidou se detuvo.
− Aja ja ja ja... ¡vaya que si eres su perro!
− ¿Él, mi perro?... - Para sorpresa de aquel vampiro, Zero le respondió con voz grave - hmmp... te equivocas, es un amigo, pero ¿sabes? no me importaría que tu si fueras mi perro, serias una mascota muy linda - Zero se acercó al rostro del vampiro mirándolo con una expresión y sonrisa malévola.
− Tsk- el vampiro apretó con fuerza sus dientes y se alejó inmediatamente de él. - Ahora veras.
Molesto e indignado por el atrevimiento del cazador; desplegó su energía bruscamente, que parte de ésta rozó la mejilla del cazador ocasionándole un marcado corte en ella. Ante la presencia del hilo de sangre que se extendió por su mejilla, varios vampiros jóvenes cambiaron el tono original de sus ojos al carmesí y se prepararon para lanzarse sobre el cazador.
[...]
Al cruzar las puertas, Naomi se retiró la capucha dejando al descubierto su rostro.
− Buenas noches.
En la sala había una larga mesa de madera, alrededor de la cual se encontraban sentados varios vampiros vestidos elegantemente; quienes al verla entrar se pusieron inmediatamente de pie e hicieron una pronunciada reverencia, respondiendo al saludo.
Una de las sillas de los extremos de la mesa estaba vacía y Naomi supuso que le estaba destinada, así que se dirigió a ella. Inmediatamente uno de los sirvientes que también se encontraba en la sala, se apresto a acomodarle la silla.
Al tomar asiento, un vampiro mayor que se encontraba parado en la otra cabecera, habló.
− Mi señora, bienvenida. Como presidente del consejo, quiero externar en nombre de todos, nuestro sincero agradecimiento por haber aceptado nuestra invitación, es realmente un honor poder conocerla. También lamento profundamente la invitación tan descortés que le hicimos, pero no tenemos el placer de conocer su nombre, espero pueda disculparnos por ello.
− Soy yo quien agradece su invitación para presentarme ante el consejo, y con respecto a lo otro, no hay porque disculparse, casi nadie conoce mi nombre.
− Se lo agradezco mi señora – El vampiro llevó una mano al pecho e hizo nuevamente una ligera reverencia.
− Bien, entonces quizá lo principal sea comenzar por presentarme formalmente. Mi nombre es Cross Naomi y como deben saber ya, soy una sangre pura.
− ¿Ha dicho Cross? – cuestionó una de los miembros del consejo, sin poder contenerse.
− Si ¿sucede algo con ello? – Naomi le dedicó una sonrisa amable.
− No, no, nada en absoluto.
− Comprendo... lo dice por el director de la academia Cross ¿no es así?... pero ese es mi nombre y no guardo ninguna relación con Cross Kaien, salvo la de cooperación. Bien ¿Por qué no dejamos ese tema de lado y vamos directo a nuestro asunto?
Todos los vampiros ocuparon sus lugares al igual que ella.
− Cross-sama – volvió a tomar la palabra el presidente del consejo - Nuestra invitación, aparte de poder conocerla, está destinada a ofrecerle nuestro completo apoyo.
− ¿Ah sí?, ¿En qué aspecto?
− Bueno, sabemos de su recién enfrentamiento con Kuran-sama, quizá sea aventurado decir esto, pero creemos que usted no piensa igual que él, o al menos no apoya sus actos. Usted debe conocer la situación bajo la que nos encontramos. Él ha decidido eliminar a todos los sangrepura y lo está logrando; eso está ocasionado desestabilidad en nuestra sociedad. El temor y la incertidumbre se han apoderado de ella. Lo peor es que al parecer los sangrepura que quedan se han aliado para detener a su majestad y usted debe saber lo que eso implicará. Ni vampiros ni humanos podrán salir bien librados de todo. Usted e Isaya Shoutou son los únicos que se mantienen al margen, pero él ha rechazado nuestra ayuda, al parecer prefiere ser protegido por su amigo Cross Kaien y no enfrentarse a Kuran-sama.
− Comprendo. Por eso recurren a mi ¿no es así?... Para parar todo esto.
− Si, nosotros no podremos detener a todos los sangrepura. Todas nuestras investigaciones y acciones hasta ahora han estado destinadas a localizar y detener a Kuran-sama, detener a más sangrepura sería impensable, nuestro poder como vampiros nobles puede hacer frente a uno de ellos, pero no a todos. Y con la situación por la que atraviesan los cazadores, será una tarea imposible. Por ello queremos saber qué es lo que piensa de todo esto y cuál será su proceder.
− Conozco perfectamente la situación y su trascendencia. Hace unas semanas yo misma fui atacada por vampiros.
− ¿Vampiros?... perdónenos, creí que al menos teníamos el control sobre los nivel E...
− No fueron vampiros nivel E, sino vampiros de clase noble.
− ¿Cómo?
− No importa, como sea, soy consciente de lo que me habla; y sí, es una decisión que ya había tomado. Estoy dispuesta a hacer todo lo posible para detener a Kaname y a los otros sangrepura antes de que se desate una guerra.
El presidente miró a los demás vampiros de la sala. En sus rostros se reflejó cierto alivio. Naomi intuyó que quizá ellos creían que se negaría a enfrentarse a otros sangrepura.
− Mi señora, realmente le estamos profundamente agradecidos.
− Aun así, yo no podré parar todo esto sola. Como usted lo ha dicho, la sociedad de vampiros se ha desestabilizado. El hecho de que vampiros nobles estén atacando sin ninguna restricción, es muestra de ello. Así que cooperare para detener a los sangrepura y a su majestad, pero ustedes tendrán que ocuparse de controlar al resto de los vampiros, pues como lo han dicho también, la situación de los cazadores por ahora no es la más favorecedora.
− Lo haremos mi señora, mantendremos el orden y estamos dispuestos a brindarle todo nuestro apoyo y lealtad.
− Bien, si ese es el caso, supongo que podremos trabajar en equipo.
− Será un placer y un honor.
− Por lo pronto – habló otro de los miembros - Si nos lo permite, hay una mansión que usted podría ocupar y...
− Estoy bien en donde resido ahora.
− Pero es la sede de los cazadores. – El vampiro la miró sorprendido - Usted no puede permanecer allá. Ellos son nuestros...
− ¿Enemigos?... yo no lo veo así, como lo dijo el presidente, para detener a los sangrepura ustedes solos no podrían, lo mismo aplica para ellos.
− ¿Pero entonces usted...
− Si... también soy aliada de los cazadores. - Naomi lo dijo sin ningún reparo y al ver sus expresiones no pudo evitar sonreír - ¡Que expresión han puesto!... ¿Acaso deberé suponer que por eso me retiraran su apoyo?
Ningún vampiro dijo nada.
− Hmmp jajaja...- Ella rio divertidamente y apoyó su barbilla sobre el dorso de su muñeca y les habló de forma arrogante - Quizá deba aclarar algo, conozco en qué forma se conduce nuestra sociedad actualmente, sé que como sangrepura también tengo obligaciones y normas que seguir, pero en este momento son ustedes quienes necesitan de mí. Si no están dispuestos a tolerar que yo haya decidido aliarme con los cazadores, supongo que no hay nada más que hablar.
Dicho esto, Naomi hizo ademan de ponerse de pie.
− No, espere mi señora –. Para evitar que se marchara, el presidente intervino rápidamente - No se trata de eso, es sólo que... usted puede convertirse en nuestra próxima reina y preferiríamos que...
− Hmmp... ya he escuchado eso antes y lo repito, no tengo ningún interés en ser reina. Además, no comprendo, hasta donde sé el anterior consejo cooperaba con la asociación. En coordinación creaban las listas con los nombres de los vampiros que debían ser eliminados y los cazadores se hacían cargo; de esa manera mantenían el orden.
− Sí, pero fueron tiempos oscuros para el senado. Nosotros preferiríamos no volver a mezclarnos con los cazadores y no quisiéramos que usted fuese traicionada, al fin y al cabo, son nuestros enemigos naturales.
− Ya veo, aunque es un poco gracioso lo que me dicen, dado que hasta donde tengo entendido, Kaname terminó por eliminar a todos los miembros del antiguo consejo precisamente por traición y corrupción, ya que las listas se modificaban al gusto e intereses del presidente del senado, Ichijou Sato; y el presidente de los cazadores de ese entonces también cooperaba con ello. Sin embargo, el actual presidente de la asociación es un poco rudo, pero no alguien corrupto, y el joven que ahora funge como mi guardián, es el próximo candidato y tampoco lo es; será un buen presidente de la asociación.
− ¡Pero mi señora, ese niño odia a los vampiros!
− También es uno, quizá eso contribuya a mejorar nuestras relaciones.
− Fue trasformado en contra de su voluntad, lo más probable es que cuando sea presidente, la asociación... Lo ideal sería que la asociación termine por desaparecer y seamos nosotros quienes nos ocupemos de controlar a los nuestros.
− Presidente no creo que... - se detuvo y giró levemente su rostro hacia las puertas. Por un instante tuvo una sensación de temor. Pero al instante lo descartó. Debía ser su imaginación por está hablando de él.
− ¿Sucede algo mi señora?
− No, nada; como les decía...
Naomi iba a continuar la conversación, pero entonces su corazón le dio un vuelco y se puso en pie girándose hacia las puertas al percibir claramente el aroma de la sangre.
− Zero.
