Descargo: Shingeki no Kyojin y sus personajes le pertenecen a Hajime Isayama, yo solo los he tomado prestados para esta historia.

Tema del capítulo: Intercambio de ropa.


16 DE OCTUBRE:

FUEGO INGOBERNABLE


¿Por qué mi ropa desteñida

se agita como una bandera?

¿Soy un malvado alguna vez

o todas las veces soy bueno?

(Pablo Neruda, El libro de las Preguntas)

Tras los cálidos días pasados que octubre decidió obsequiarles, la segunda mitad del mes les sorprende con un cielo tormentoso que llora a raudales, y el cual los empapa hasta convertirlos en un par de charcos andantes.

Eren, muriendo de risa como solo él puede hacerlo mientras tú mascullas maldiciones que fluyen como torrente, acalla tu malhumor con un mojado abrazo que pinta de agua y lodo el piso; un abrazo que cala tus huesos y aligera tu pecho, haciendo brotar nuevamente el calor dentro de tu alma.

Ignorando con descaro tus reclamos, el chico avanza hacia la sala dejando un reguero de ropa empapada como si te marcase el camino, y mientras te afanas en recogerla para echarla a lavar, observas como aviva el fuego del hogar hasta convertirlo en crepitantes llamas que arrancan destellos de rojizo oro a sus humedecidos cabellos, volviendo sus pestañas hebras traslúcidas que parecen desdibujarse sobre sus pómulos, del mismo modo que lo hace su figura semidesnuda contra la chimenea, convirtiéndolo en todo sonrisa provocadora y ojos de verde ardiente; en fuego ingobernable.

Tentándote para que te acerques, Eren tiende una mano en tu dirección y sonríe, y aunque una parte tuya desea ceder, concederle aquel capricho, simplemente huyes hacia la cocina y oyes su risa seguirte como un eco.

Desde que aquella relación con fecha de caducidad dio inicio, esa lluviosa tarde de octubre ha sido la primera en que ambos abandonaron su autoimpuesto aislamiento para hacerse de provisiones y dar una vuelta por el pueblo, provocando que la curiosidad al verlos juntos resultase tan violenta como un caudal, arrasando con todo a su paso.

Por supuesto, tú tan solo ignoraste al resto por costumbre y aburrimiento; pero Eren, habituado a fingir aquella indiferencia pulida tras años de práctica ocultando su dolor, fue todo sonrisas afiladas ante los comentarios veladamente maliciosos, volviendo aquello un juego donde resultó ser el único ganador.

Al pensar en el pasado y aquel primer verano que compartieron como un secreto, un verano que dio paso a fines de semanas demasiado cortos y mil mentiras para poder verse de las que fingiste nunca enterarte, te preguntas cuanto de aquel desastre que ahora es la vida de ambos es en verdad tu culpa.

Eren mintió a su padre, a sus conocidos e incluso a él mismo, porque mientras fingían ser amigos, en el fondo tú siempre fuiste demasiado consciente de la delicada tela de araña que el mocoso comenzó a tejer a tu alrededor nada más conocerte. Porque con dieciséis años Eren te obsequió prímulas, y con dieciséis veranos permitió que aquella tonta ilusión del primer amor atolondrase su caótico cerebro volviéndolo desatado y arriesgado, porque él no sabía ser de otra forma, no podía amar de otra forma, y mientras se engañaba pensando que tú jamás sabrías de su secreto, tú le permitiste creer aquella mentira porque no querías perderlo.

Entonces, ¿cuánto es tu culpa?

Nada más acabar de desvestirte en el lavadero, el ligero peso de una toalla sobre tu cabeza te sorprende y un par de labios se posan sobre los tuyos en asalto, y aunque quieres protestar no puedes, porque sabes que con aquel chico jamás obtendrás un triunfo.

Octubre corre con tanta prisa que la angustia te invade, y a pesar de comprender que si Eren se va lejos es por petición tuya, duele, y tu parte más egoísta te insta a detenerlo, a pedirle que se quede y espere un poco más, porque los sueños pueden cambiar o mutarse por otros diferentes, o tan solo acallarse hasta olvidar que un día existieron.

Aun así te callas, porque comprendes que el chico huye o se muere; porque lo has visto apresado y sangrante a causa de aquel padre que no lo entiende, y sabes de primera mano lo terrible que es vivir en agonía muriendo cada maldito segundo, y no lo deseas para él.

Agarrando un par de prendas limpias y aun sin guardar, Eren pasa una camiseta por tu cabeza ignorando tus protestas, las cuales se intensifican cuando la tienes ya puesta y notas que no te pertenece, pues te queda enorme.

Por supuesto el mocoso ríe al verte con su ropa, pero no te permite quitártela a pesar de tus intentos. Divertido, trata de calmarte, poniéndose una de las tuyas para quedar en igualdad de condiciones; no obstante, el resultado es tan ridículo, que a pesar de no desearlo acabas riendo, convirtiendo aquella situación en un total absurdo.

Oyes la lluvia caer incansable mientras el viento estremece los cristales, y Eren ríe y al segundo siguiente te está besando, y odias la idea de que octubre avance sin pausa sabiendo que cada nuevo día estás más cerca de perderlo.

Rozas sus labios y tragas su risa, pero cuando sus ojos imposibles te observan, la emoción que anida en ellos es muy distinta y te recuerda a los primeros días de primavera, demasiado tímidos y frágiles, y todavía así llenos de la dulce esperanza de las cosas nuevas.

—Solo tendrías que pedírmelo —susurra antes de cerrar los ojos y esconder el rostro en tu cuello—. Pídeme que me quede y lo haré.

Y lo sabes, claro que lo sabes, y quizás eso es lo que más te duele; porque si cedes a tu egoísmo y se lo pides, si le dices que se quede a tu lado y olvide todo lo demás, Eren lo hará. Porque a pesar del verano que es su presencia, el invierno siempre ha reinado dentro de él en una espera anhelante; y aunque siempre ha sido fuego ardiente e ingobernable, el muchacho de alas rotas y corazón sangrante siempre ha sido más tuyo que propio.

Así que tan solo te callas y besas su cabello, sus esperanzas rotas y sus sueños futuros. Besas las lágrimas que no caen, porque Eren no llora, y eso te parece bien; después de todo, aquel chico etéreo siempre ha sido verde esperanza, verdes sueños, verde fuego, y como tal, no merece extinguirse.


Lo primero, como siempre, es agradecer a todos quienes hayan llegado hasta aquí. Espero que el capítulo de hoy fuese de su agrado y valiera la pena el tiempo invertido en él.

Por lo demás, me disculpo por la demora en publicar hoy, pero debido al enorme estrés que me ha provocado la universidad esta semana, estuve toda la tarde con una jaqueca mortal que me dejó sin ánimos de nada, mucho menos para ponerme en el pc a trabajar; pero aprovechando que ya me siento mejor, terminé de arreglar el capítulo para subirlo hoy y así no atrasarme, sobre todo porque con este ya hemos pasado la primera mitad del mes y solo quedan quince viñetas para acabar. ¡Que deprisa ha transcurrido octubre!

Y bueno, solo espero que la viñeta les gustase dentro de lo que se pudiera, y que nos les resultase tan triste. El tema de mañana es uno de mis favoritos, «animales», porque esta escritora ama a casi todos los bichitos de cuatro patas, así que confío en que igualmente les guste.

Una vez más muchas gracias a todos quienes leen, comentan, envían mp´s, votan y añaden a sus listas, marcadores, favoritos y alertas. Siempre son la llamita que mantiene encendida la hoguera.

Un abrazo enorme a la distancia y mis mejores deseos para ustedes. Hasta mañana.

Tessa.