Los personajes no me pertenecen son de Nobuhiro Watsuki, yo solo los tomo prestados para soñar un rato.

Por: kaoru-sakura

luchando x el mismo amor

Capítulo 8. Decisiones.

Misao necesitaba aire fresco. Salir de ahí con urgencia, pero al parecer sus pies se desconectaron de su cerebro porque se negaban a moverse. Las voces a su alrededor ya eran ecos solamente. Todo lo que Hiko había dicho con respecto a Kaoru, a Daizuke y sobre todo Shishio, quien era responsable de las muertes de los padres de Kaoru. Si ahora era objetivo de ese demente, no la dejaría tranquila. ¿Por qué? ¿Por qué quería a Kaoru? Tenía que pensar la manera de ayudarla. Daizuke, se instaló en su mente. Estaba segura de que se salió igual que ella, por proteger a Kaoru. También pagaría por ello. Era un secreto a voces que él amaba a Kaoru. Por supuesto que nadie en el consejo aprobaría ese amor, por ser el descendiente del segundo al mando. Casarse con ella era la única manera de protegerla del clan. El consejo debía de estar tomando una decisión con respecto a Kaoru, en ese momento. Tenía que aclarar la mente y pensar.

—¿Misao-chan? —los ojos negros de Hiko la miraban con preocupación.

Levantó la vista percatandose de que solo Aoshi y él estaban con ella. Se perdió en sus pensamientos sin darse cuenta de lo que pasó a su alrededor.

—El Oniwabanshu propuso una casa en el bosque, cerca de Kyoto. Te permitirán estar con ella mientras mejora, después tendrás que regresar. El equipo siete irá con ustedes, es un trabajo en conjunto tratándose de Shishio. Llevamos mucho tiempo tras su pista y mientras Kaoru-chan sea el objetivo hay más probabilidades de atraparlo.

Misao sonrió con ironía —Están dispuestos a "usarla" cómo peón —la angustia se reflejaba en sus ojos verdes.

—No debes de preocuparte, mientras mi equipo esté con ustedes, se encargarán de que nada les pase. Ella estará segura aún si el Oni deja de brindarle protección.

Misao le agradeció con una media sonrisa. Era bueno saber que podía contar con ellos.

—Esta misma noche partirán. Deberías ir a descansar un poco.

—Arigato Seijuro-san.

—Iré a despedirme de Kenshin… —se volvió hacía a Aoshi, puso la mano en su hombro—. Deben tener cuidado, —el peso de la promesa que hizo, acababa de ponerla en sus hombros.

—Hai.

Se dió la vuelta para dirigirse a la planta de arriba. Abrió la puerta sin tocar. Encontró a Kenshin a un lado de la cama observando a la joven que seguía inconsciente.

—Será un gran problema si ella no recuerda nada —comentó mientras cerraba la puerta acercándose a la cama, ocupó el lado contrario, quedando frente a Kenshin—. Es una excelente Kunoichi, es la mejor que he visto con la katana.

Captó la atención de su hijo que volvió sus ojos violeta a él.

—¿Ya la habías visto?

—Hai, varias veces llegué a ver sus entrenamientos en mis visitas. Mismo Okina la reconoce. Es una posibilidad de que se vuelva parte de la organización en caso de que la destierren del clan.

—¿Por qué harían eso? Hasta donde sé son un clan que protege a los suyos.

—Ese mismo es el motivo.

—¿Nani?

El pelinegro suspiro observando el bello rostro de la joven, sí que había crecido y madurado en esos años, convirtiéndose en una hermosa mujer. Ahora entendía porque su hijo quedó maravillado.

—No sabemos si sus padres le dirían algo antes de morir, pero ellos no eran sus padres —el pelirrojo se abstuvo de hacer algún comentario para que continuara—. En realidad ellos eran sus tíos. La madre de Kaoru era una desertora del clan, una mujer que se negaba a ser una kunoichi. Se fugó con un hombre al que conoció en una de sus misiones. Al poco tiempo el hombre la abandonó dejándola embarazada. Ella pidió ayuda a su familia, sin embargo le fue negada por ser desertora y llevar deshonra a su familia… cayó en depresión y mandó una carta a su hermana, la única que a escondidas la apoyaba. Le avisaba del nacimiento de su hija y dónde le pedía se hiciera cargo de ella. Cuando llegó encontró muerta a su hermana y a una bebé llorando. La llevó consigo de regreso, pero ella estaba consciente de que nadie querría a la hija de una desertora. Incluído su marido, al que le costó trabajo convencer. En el clan era bien sabida la benevolencia de Okina así que se acercó a él para pedir ayuda, le contó todo y le aconsejo que la hiciera pasar por suya para que no sufriera rechazó. Pero alguien del consejo escuchó todo, a pesar de las advertencias de Okina, la persona se aseguró de que Kaoru creciera rechazada por cuánto se dejó manipular. Ahora que sus padres ya no viven, el miembro del consejo desea poner en la mesa de debate el destierro de Kaoru, pues ella sigue siendo a pesar de todo, hija de una desertora…

—¿Por qué querrían hacer algo así? ¿Kaoru ha demostrado ser una digna Kunoichi no?

—Debes entender que son personas de mente cerrada y las viejas costumbres están muy arraigadas; después de todo es un clan muy antiguo. No importa si es digna o no de ser parte del clan Oniwabanshu, su madre llevó deshonra y eso es una grave falta. Ella deberá cargar con el peso de las consecuencias.

Kenshin apretó los puños y los visos ámbar se hicieron presentes en el violeta—. A mi no me importa quien sea o de dónde venga, la voy a proteger de quien sea necesario.

Hiko levantó una ceja sorprendido, ahí estaba la confirmación de lo que Saito le dijo. Suspiró resignado. De todas las mujeres que podía haber elegido… demasiado complicado para explicarlo. Aún no. Volvió a observar a la joven, tantos secretos le esperaban aún. Debía confirmar con una prueba de sangre, pero a medida que crecía, su parecido era increíble. Ya no tenía duda. Ya se había hecho cargo de la mitad de ese asunto.

—Debes estar consciente de que no la conoces, no sabes nada de ella, excepto lo que acabo de decirte. —No necesitaba más para que él entendiera las muchas posibilidades que existían—. Espero un reporte diario. No sabemos aún que esté planeando Shishio.

—Hai otōo-san —ambos sonrieron. El mayor salió de la habitación dejando a un pensativo pelirrojo.

Seijuro Hiko salió de la casa derecho a su auto. Dirigiéndose a la organización. El chico Ishikawa Daizuke despertó. Mando a Megumi escoltada por Sanosuke para que lo evaluará en lo que terminaba de dar instrucciones. Ahora lo único que necesitaba era que Shinomori Shigeru volviera de su viaje. Su jefe y amigo. Al fin empezaba a ver la luz al final del túnel, aunque Shishio siguiera con vida. No le permitiría hacer más daño. Después de saludar a varios subordinados en el camino encontró a Sanosuke recargado en la pared blanca que marcaba el comienzo del área médica.

—¿Megumi-chan sigue adentro? —le pregunto al castaño mientras se dirigían a la habitación tres.

—Hai, la doctora dijo que podías entrar en cuanto llegarás.

—Saa, quiero que entres conmigo.

Entraron a la habitación. La doctora aún seguía haciendo preguntas al paciente.

—¿Cómo se encuentra? —Hiko se acercó a la cama para observar al chico y el castaño se quedó recargado en la pared, aún así podía verlo bien desde su lugar. Su piel era muy blanca, rayando lo pálido, y aún así se veía demacrado con las marcas oscuras bajo sus ojos.

—No hay daño en ningún órgano de importancia, parece que la recuperación es favorable. Sólo necesitará hacer rehabilitación cuando sus brazos hayan sanado. —Bajo la vista a la bitácora en que seguía haciendo anotaciones.

—¿Cuándo crees que lo puedas dar de alta?

—Acaba de despertar así que debe estar en observación esta noche, mañana si todo sigue bien.

—Perfecto, Arigato.

—Estaré en el consultorio —con una pequeña reverencia se marchó.

—¿Sabes dónde te encuentras cierto?

—Mi mente está perfectamente Hiko-sama. —Los ojos grises lo miraron con amabilidad.

El pelinegro sonrió con satisfacción. Era buena señal que no estuviera en depresión.

—Lamento lo de tus brazos —observo ambos brazos vendados desde los hombros hasta los dedos.

—La espada no es la única forma de pelea que conozco —al menos podía moverlos bien, le dolían y sentía un hormigueo, pero tolerable.

—No se podía esperar menos de un Ishikawa, tu otōo-san debe estar orgulloso de ti.

—No creo que este sea el momento en que esté más orgulloso de mi. —Volteo de reojo a ver al castaño que en silencio observaba la situación.

—Necesito saber qué fue lo que pasó.

—Disculpe pero no creo que sea incumbencia de la organización, es un tema que concierne al Oni solamente… —sus ojos grises se endurecieron.

—Te equivocas, Shishio está involucrado es tema que concierne a ambos.

—¿Cómo es que… Kaoru dónde está? —No dejo de pensar en ella mientras permaneció inconsciente. Sus sueños giraron siempre en torno a ella.

—Me gustaría decirte que está perfectamente, demo… aún no despierta hay una gran probabilidad de que haya perdido la memoria. —La culpa se posó en el rostro del joven—. Está viva y es gracias a ti, así que no debes culparte por nada.

Daizuke era consciente de la intención noble de Hiko, pero eso no mitigaba el dolor que sentía en su corazón. Si acaso Kaoru se había olvidado de él… la sola idea destrozaba su corazón.

—No pude salvar a sus padres. Shishio se encargó de matarlos delante de ella. —Los mechones rubio pálido que caían sobre su rostro ocultaron sus ojos cuando bajó la cabeza.

—Aunque también se encargó de decirle que ellos no eran sus padres biológicos, —la voz amable se convirtió en una fría. —No sé qué más cosas le diría… estaba deshecha cuando llegué junto a ella.

—¿Lo sabías? —la curiosidad asomó en sus negros ojos.

—Tenía una ligera sospecha, tampoco es que se pareciera a sus padres. Además de que en el clan hay quienes la trataban diferente...

—Comprendo… ¿Estaban de misión o por qué estaban ahí?

—Vi cuando Kaoru recibió una carta. Después de leerla actuó de forma extraña, pidió permiso para salir del clan sola, así que la seguí. Llegó hasta Tokio, al parecer la carta traía coordenadas porque llegó directo a esa casa abandonada en el bosque no muy lejos de la ciudad. Ahora sé que en la carta la extorsionaban con sus padres, pues accedió a ir sola sin decirle nada a nadie…

—¿Quién te hizo eso?

—Seta Soujiro, solo sabíamos que fue reclutado de niño por Shishio, regularmente solo funge como escolta, pero es muy bueno en el combate… es un milagro que esté vivo.

—No es un milagro, tú eres un excelente espadachín… —la voz de Hiko se fue apagando. No hacía falta volver a mencionar el hecho.

El castaño por su parte se sorprendió aunque no dió indicio de eso. Que Hiko hiciera halagos a otra persona estaba fuera de toda normalidad. Ese sujeto debía de ser muy bueno. Sonrió, en otras circunstancias ya lo habría retado a un duelo. Amistoso claro.

—Debo advertirte que no es el único. Algo grande debe estar planeando. Conocí a otros dos peleadores muy buenos y no creo que sean los únicos.

—Está reclutando gente, si ya habíamos escuchado rumores, peleadores del bajo mundo. Ex-asesinos o criminales. Todo aquel que esté dispuesto a matar y morir a cambio de una excelente paga.

—Entonces es momento de unir fuerzas más que nunca y detenerlo. El clan se encargará de ubicarlos y erradicar sus fuerzas.

—Sabes que es muy bueno escondiéndose, ni ustedes han podido dar con su guarida. Han encontrado y desmantelado varias bases de operaciones, pero nunca con su círculo personal de guerreros.

—Pero sabemos a quiénes se limita, es cuestión de estar más alerta y redoblar al personal.

—Nuestra mejor oportunidad sería Kaoru-chan.

—Ie, eso no está a discusión —su semblante se ensombreció ante la insinuación.

—No es algo que me agrade, pero tampoco está en mis manos hacer nada con eso. El consejo tomó la decisión de hacerlo.

Una sonrisa sarcástica se formó en los labios del joven rubio. Más apretando la quijada se contuvo de hacer comentarios.

—Lo que nos queda es hacerlo bien y formar parte del equipo que estará a su lado, ¿no te parece?

Los ojos grises le dirigieron una mirada de aprobación—. Siempre un paso adelante.

—Eso procuro. Así que espero que te lleves bien con el equipo que elegí para tal misión. Sagara Sanosuke te llevará en cuanto te den de alta al lugar que ya acordó el Oni en Kyoto. A los otros dos los conocerás cuando llegues… De mi parte es todo, mañana se pondrá en contacto contigo Okina.

—Arigato. A usted y a Hajime-san, sino fuera por él ya sería historia.

—Es bueno poder ayudar. Ahora descansa onegai, todo estará en manos de ustedes. Sanosuke ven.

Ambos hombres salieron de la habitación. Sano asimilaba lo que acababa de escuchar. Eso significaba que estaban más cerca de Shishio que nunca. Pero también era más peligroso.

—Como acabo de decir, mañana partirán ustedes dos, necesito que cuides de Daizuke-chan, es un hombre inteligente y fuerte, muy noble demo… también suele ser impulsivo tratándose de Kaoru-chan. No le despegues la vista de encima quieres. Y también te encargo mucho a Kenshin. Avísale a Aoshi de esto... Cuídense.

—Vamos viejo, no te pongas sentimental.

—No puedo evitarlo, han crecido mucho. Yo cada vez me hago más viejo.

El castaño negó con la cabeza y se rió—. No dejes que los años se te vengan encima, aún eres jóven… —antes de que a Hiko se le ocurriera ponerse más dramático emprendió la huída—. Etto... será mejor que vaya con Megumi, la llevaré a casa. Regreso a primera hora por él.

—Hai —una sonrisa de nostalgia se instaló en sus labios. ¿Dónde habían quedado esos niños que corrían a su lado llenos de ilusión mientras les enseñaba a luchar? Fueron su fuerza cuando perdió a su querida esposa. Se fue a su despacho. Necesitaba comunicarse con Saito.

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Misao aprovechó para bañarse rápidamente. Esta vez lavandose el cabello y el cuerpo como era debido. Sanosuke y Megumi habían comprado algo de ropa para ellas, un gesto que apreciaba mucho. Aunque la yukata no mostraba nada, la idea de andar sin ropa interior no le hacía gracia. Salió de la regadera y envolvió su largo cabello en una toalla. Seco su cuerpo con otra. Se puso unos boxers y un top. Todo era de tela elástica incluyendo la ropa deportiva, la talla realmente no importaba así que estaría cómoda. Todo en color negro. No sé habían molestado en llevar algo que no fuera negro. Pero así estaba bien. Se quitó la toalla del cabello, empezó a tejer la trenza, no tenía tiempo para que su cabello se secara. Extendió las toallas y salió del baño.

Entro al cuarto del pelirrojo ya que la puerta estaba abierta. Kaoru aún dormía. Al menos la fiebre ya no había vuelto y eso le alegraba. Vio que él ya tenía lista su pequeña maleta.

—Misao-chan terminaste, saa… ahora que puedes quedarte aquí, voy a darme un baño rápido.

—Kenshin-san… Etto… —el pelirrojo estaba apunto de salir de la habitación, cuando el débil llamado de la ojiverde lo detuvo, se giró hacía ella—. Quería agradecerte por lo que haces por Kaoru-oneechan, sino fuera por ti y tus cuidados.

—Ie ie, Misao-chan. No hay nada que agradecer. —Le sonrió amablemente y salió.

Ella se volvió a la cama, observando a Kaoru. Aún estaba pálida, se veía más delgada que la última vez que la vio, ¿hacía cuánto? Veinte días o un mes… No estaba segura. Ojalá pudiera evitarle tanto dolor. Se dió cuenta de que Kenshin dejó ropa para Kaoru en la cama. Aprovecharía para cambiarla. Se dispuso a cerrar la puerta, entregándose de lleno a la tarea. La doctora inyectó a Kaoru de nuevo antes de irse. De ser necesario aplicarían la tercera dosis. En caso de que no recordara nada tendrían que tomar otras medidas. Por más que la movió no despertó para nada. Dudaba que en el camino de tres horas aproximadamente, fuera a despertar. El medicamento podía producir somnolencia. Sin embargo lo agradecía, no tenía las palabras para poder consolar a su destrozado corazón.

Kenshin regresó a la habitación anunciando que era la hora de marchar, tomando una almohada y una frazada. Bajo las escaleras dónde estaba el ojiazul.

—Esta todo listo Kenshin, ya tengo las coordenadas ingresadas en el gps así que no habrá problemas.

—Solo iré por Kaoru.

Misao bajo detrás del pelirrojo deteniendose en el marco de la puerta. Miró a todos lados en busca de la persona que faltaba.

—Sano nos alcanzará mañana con tu amigo —le explico al verla buscando.

—Con Daizuke… —realmente no entendía por qué el consejo lo dejaría ir también, debían estar tramando algo.

—Me tomé la libertad de guardar tus cosas junto con lo que compro Sano, así que si estás lista, puedes subir.

—Arigato Aoshi-sama —desvió la mirada hacia la camioneta negra. Era lujosa pero sin llamar la atención. Kenshin termino de acomodar a Kaoru en el último asiento dejándola acostada y tapada con la frazada. Misao se subió y se acomodo en el asiento que seguía. Se abrazo las piernas girando su cabeza hacia su amiga. Ella vigilaría su sueño.

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—Tengo muchísima hambre —se quejó la doctora.

—¿Quieres ir a cenar a algún lado? —Le preguntó poniendo el motor en marcha.

—No, prefiero que compremos algo y cenemos en mi departamento. Quiero quitarme los tacones.

—¿Me estás invitando a cenar? —la miró de reojo, ya estaba entre el tráfico del atardecer. Las nubes se veían algo lejanas en el horizonte aún, pero prometían otra noche de tormenta.

—Yo solo pongo el lugar, tu invitas la cena.

—Está bien, solo por qué no tengo ánimo de cenar solo.

Paso por unas hamburguesas y refrescos. El aire empezaba a soplar con fuerza cuando cerraron la puerta del departamento.

—Justo a tiempo ne, el aire traerá rápidamente las nubes —ella se quitó los tacones y el saco ligero que dejó colgado en la entrada. El solo se quitó los tenis.

—Hai, me tocará mojarme de nuevo.

—Deberías comer rápido entonces. —Aunque la idea de que se fuera tan rápido no le agradaba. Necesitaba hablar con él si o si, antes de que se fuera. Solo Kami sabía cuándo terminaría su nueva misión. Quedarse con la incertidumbre de lo que el castaño sentía por ella… sus propios sentimientos… esa no era una opción.

—Oi, creo que tengo el tiempo suficiente como para disfrutar mi comida. —haciendose el ofendido se sentó en el sillón y comenzó a sacar las cosas de la bolsa de papel.

Megumi reparó en que no se quitó la chaqueta. Seguramente estaba pensando en solo comer para irse.

—¿Los demás ya se fueron? —se sentó frente al castaño, agarrando su hamburguesa la mordió con ganas.

—Kenshin me mandó mensaje hace rato, ya salieron.

—Esta deliciosa —agarro una papa frita con queso y se la comió—. Tengo un poco de nieve de fresa, por si te interesa el postre.

Ante sus palabras Sano le dirigió una mirada entre divertida e incrédula. ¿Acaso había un mensaje oculto en sus palabras? Debía estar loco. Lo suficientemente cansado como para que su mente le estuviera jugando una mala pasada—. Claro, porque no. —El término rápidamente su comida. A ella aún le faltaba un poco. Mientras siguió comiendo de las papas que aún había suficientes—. ¿Qué pasará con la chica si no recuerda al despertar?

—La verdad es la primera vez que veo los efectos de esta droga, sin embargo no creo que sean permanentes. Aún así mañana te daré unos sedantes. Si vivió momentos traumáticos bajo el efecto de está, puede que su despertar no sea de lo más tranquilo.

—Solo espero llegar antes de que eso ocurra… ¿Y al chico rubio que le pasó?

—Los músculos y nervios fueron severamente dañados, difícilmente podrían sanar.

—Es una pena, parecía ser un excelente espadachín.

—Pues tendrá que aprender a vivir con ello… Sano yo…

Sanosuke fijó sus orbes chocolate en ella. Las palabras luchaban por salir de sus labios carmín. Al parecer tenía una lucha interna.

—Necesito mi postre. —Se puso de pie y fue a la cocina, reviso en el congelador de dónde saco un bote de nieve de fresa. Cuando regresó la pelinegra estaba con las manos en la rodilla y la cabeza gacha. El tenía una cuchara en la boca—. Está muy rica, ya acabaste, ¿quieres?

—¿Por qué?...

—¿Nani? — la voz de ella fue tan baja, que pensó por un momento haber escuchado mal.

—¿Por qué me interrumpes cuando quiero decirte algo tan importante? —levanto la cabeza y en su expresión estaba marcado el enojo.

—No quiero que digas algo de lo que te puedas arrepentir.

—En todo caso será decisión mía.

El alzó una ceja incrédulo. Detuvo la cuchara a mitad de camino. —Está bien, dozō —regreso la cuchara al bote. Se cruzó de brazos y la miró fijamente. Ante la atención la joven doctora se ruborizó ligeramente.

—Yo… necesito saber que sientes, respecto a mí.

Sanosuke respiro profundamente mientras la observaba. Finalmente llegaba la hora en que ella volvía su mirada hacia él. Notando su presencia. Sonrió al verla nerviosa—. Es complicado responder tu pregunta, cuando mi amigo está de por medio.

—Kenshin no está… no estuvo ni estará nunca de por medio. —Al pronunciar esas palabras se dió cuenta que no dolió como antes dolía. Fijo sus ojos en los chocolate. Necesitaba que viera a través de ellos. Que viera lo que ella estaba sintiendo en ese momento—. Creo que más bien fue admiración, vuelta capricho… es fácil tomarle cariño a Kenshin, es un hombre tan dulce, atento y caballeroso. Siempre preocupado por los demás…

Sano no podía contradecir las palabras de ella. Sin dudas su amigo era todo eso y más. No podía culparla por querer eso. Mientras que él era más bien rudo y más despreocupado por la vida. Buscando siempre pelea y tomando cada que tenía oportunidad. Con mujeres en busca de aplacar sus sentimientos por ella. Sin duda algo que no le funcionó y dejo de buscar mujeres. Poniendo más empeño en sus entrenamientos. Arriesgándose de más en las misiones.

—Tú por otro lado eres… —se puso de pie abrazándose a sí misma, rodeo el sillón quedando de frente a él—. Salvaje, eres descuidado hasta con tu persona. Te gusta la pelea, las mujeres, el alcohol…

Una risa salió de la garganta del castaño interrumpiendola—. Oi no necesito que hagas una lista de mis defectos.

—No me dejaste terminar… A tu manera te preocupas por los que quieres, eres sutilmente atento, no te gusta que los demás se den cuenta de lo tierno que puedes llegar a ser. Tanto así que no te importó que te insultaran por mi culpa… —bajo la cabeza ocultando su semblante. Él ya no pudo seguir en su lugar, se puso de pie parándose frente a ella, pero a una distancia prudente. De acercarse más no podría detenerse.

—Esa no es tu culpa. Ella se estaba aprovechando de algo que tú aún no puedes ver.

—Ie, te equivocas, me eh dado cuenta de que me ves diferente a las demás.

—Sigues sin darte cuenta —los ojos verdes de ella lo miraban confundidos —Es que no hay ninguna otra, nunca la ha habido ni habrá —el sonrojo se extendió por las mejillas de ella. Se veía tan hermosa—. Siempre has sido tú.

—Demo… todas esas chicas con las que sales —no pudo evitar sentir celos, y la tristeza se reflejó en su voz.

—Hace mucho tiempo que no hay mujeres, cuando me di cuenta que nunca podría sacarte de mente ni de aquí —se llevo la mano al pecho. Ella se mordió el labio incapaz de creerle aún—. Mis sentimientos son tan fuertes que me da miedo perderme, caer en la locura por ti. Aún así yo respeto si no me correspondes, entiendo que yo no soy lo suficiente…

—No seas baka —lo detuvo acercándose más a él. Haciendo inexistente la distancia que los separaba. Porque dejó la decisión en sus manos, demostrándole que no la presionaria en nada. Pero ella no necesitaba eso. Quería descubrir en sus labios lo que realmente sentía por él—. Tú eres perfecto así como eres…

Ella tuvo que dar el primer paso, ya que él no lo haría por muchas razones. Unió sus labios en un beso tímido, probando el sabor de la fresa en ellos. Paso delicadamente la lengua por el labio inferior. Aún así no obtuvo respuesta. Confundida se apartó lo suficiente para ver su rostro. Tenía los ojos cerrados y la mandíbula tensa.

—¿Estás segura de que quieres esto? —Abrió los ojos chocando con los verdes. Ella notó la intensidad de sus sentimientos. Cómo podía ser tan tonta y ciega para no haberlo visto antes. Su corazón empezó a latir con mucha más fuerza. La atracción se hizo inevitable. Al no poder articular palabras asintió sin cortar el contacto visual.

Ya no necesito más. La besó con toda la pasión que tenía guardada. Con todo el amor que reprimió durante tanto tiempo. Puso una de sus manos detrás de su nuca para profundizar el beso. Un beso que empezó lento y suave pronto se convirtió en demandante. Ella subió las manos alrededor de su cuello. Pegando aún más sus cuerpos. Sus lenguas batallando en una guerra por el control. Explorando en un reconocimiento en el otro. El mordió delicadamente el labio inferior. Disfrutando en demacia el contacto. Se apartó. Estaban agitados y sonrojados.

Jamás la habían besado de esa manera. Dejándola sin alimento y deseosa de más. Su corazón parecía apunto de salir de su pecho. Seguramente sus piernas no la sostendrían por más tiempo.

—Espero que ya no tengas dudas de mis sentimientos —la voz le salió ronca. La miraba como si fuera lo más valioso para él.

—No lo sé, puede que necesite muchos más… solo para asegurarme —una sonrisa pícara se posó en sus labios carmín.

—Lo que me pidas te daré demo... ahora debo... irme. —De quedarse más tiempo sería mucha la tentación. Como si ella leyera su batalla interna, intervino.

—Quedate, onegai. Ya está lloviendo, además… mañana podemos regresar juntos a la organización.

—No quiero que te sientas comprometida a nada solo por saber de mis sentimientos.

Le acarició la mejilla—. Es acaso que no te quedó claro lo que yo siento. Tal vez es muy pronto para que me creas demo... lo estoy confirmando con ésto. Quiero todo lo que me quieras ofrecer.

El brillo en el ojichocolate no se hizo esperar. Era mucho mejor de lo que imaginó. Ahora que por fin le brindaba la oportunidad no la dejaría escapar. Se encargaría de demostrarle que él era su otra mitad, pues junto a ella se sentía completo. Ya nada le faltaba.

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Hiko espero a que del otro lado respondiera, tenía toda la tarde intentando en vano comunicarse. Colgó con un poco de fuerza el teléfono sobre su escritorio. Suspiró varias veces tranquilizandose. Esta vez marcó un número diferente, al segundo tono contestó la voz paciente y profunda de su mano derecha.

—¿Has podido comunicarte con Tokio? —preguntó directamente.

—Hace dos días me dijo que se demorarían más de lo previsto, no estaba segura cuánto.

—Shinomori no contesta.

—¿Por eso estás tan ansioso?

—Saber que Shishio está tras Kaoru no es para estar relajado. Mandé a los chicos con ellos. Se hizo un trato con el Oni, pero tengo un mal presentimiento…

—Oi, ¿no confías en tus chicos?

Aún sin verlo, Hiko sabía que se estaba burlando de él.

—Sabes, también estará la futura sucesora del clan Oniwabanshu, es ponerle el paquete completo en bandeja de plata. Y que Shinomori no esté al tanto…

—Vamos, nunca te había visto dudar de tus propias decisiones. Además es lo mejor que puedes hacer por ahora.

—Necesito que te hagas cargo mañana. Están más cerca de lo que pensábamos.

—Lo sé.

—Si sabes algo de Tokio o Shinomori, avísame.

—Hai —colgó sin decir más. Su fría mirada ámbar quedó clavada en el sujeto que dejó inconsciente. Un puñado de basuras que no servían de calentamiento. ¿Qué pretendía Shishio con mandar gente tan inepta? Paso sobre los cuerpos esparcidos saliendo del callejón. Prendió un cigarrillo. Dejó que su mente viajara a su amada esposa.

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Notas de autora:

Llegando con el nuevo capítulo, espero que sea de su agrado. Ya vamos descubriendo ciertas cosas, aunque no del todo…

Si ya se dieron cuenta Daizuke Ishukawa es un personaje de mi creación, no sale en Rurouni Kenshin y eso es porque ningún personaje me cuadraba para el papel que necesito represente, así que no lo odien por favor. También el nombre de Shigeru Shinomori no debe sonarles y eso es porque también es mío, ( que lindo se siente decir eso) ya que en el manga no dan el nombre de los padres de Aoshi. La esposa de Saito Hajime si la mencionan aunque nunca sale Tokio Hajime. Creo que son todas las aclaraciones que necesito hacer por el momento.

Cómo siempre agradezco de todo corazón a todas aquellas personas que se toman el tiempo de leer mis locuras. Me encantaría saber qué piensan.

Y aquí los dejo con esta enorme lista, si acaso me equivoqué en algo, ustedes disculparan...

Glosario

Demo: pero

Oi: ¡Eh!

Nani: Qué

Nee: Oye, tú

Mago: nieta

Jiisan: abuelo

Urusai: cállate (de forma despectiva)

Kuso: mierda

Chikuso: es una expresión de disgusto

Saa: así, bien

Daijōbu desu ka: ¿Te encuentras bien?

Genki desu: estoy bien

Sumimasen: lo siento

Gomennasai / Gomen: Disculpa

Arigato gozaimasu: muchas gracias

Baka: estúpido, idiota

Lie: es una negación más firme y cortante.

Ie: no

Hai: si

Chotto matte: espera un poco

Matte: espera

Ohayō gozaimasu: buenos días

Onegai: por favor

Onegai shimasu: te lo ruego

Arigato gozaimasu: muchas gracias

Arigato: gracias

Dozō: adelante

Konishiwa: mucho gusto, hola

Etto: esto

Matta nee: hasta luego