Los personajes de esta historia pertenecen tanto a S. Mayer y L.J Smith, solo la historia es creación mía y queda estrictamente la copia parcial o total de ella sin mi autorización y consentimiento.
Capítulo 8
Fue toda una sorpresa encontrarme con la belleza abrumadora de Rosalie Hale. La inalcanzable chica que la mayoría de los hombres en Mystic Falls deseaban, pero ella solo tenía ojos para el imbécil de Royce. Nunca entendí la relación de ellos, tampoco me interesaba. Para mí, la despampanante Rosalie solo era la hermanita de mi amigo Jasper, con quien pasaba la mayor parte del tiempo, hasta ese día… El día del incidente, después ellos se mudaron de Mystic y con el tiempo perdí el contacto con Jasper.
El mundo es demasiado pequeño, quién diría que encontraría a Ross en Forks y que justamente ella conoce a mi piccola. Mi curiosidad estaba a flor de piel, necesito respuestas y rápido.
—¿Dónde está? —pregunté pero no hubo respuesta, solo su mirada altiva, muy característica de ella.
—Rosalie, dime dónde está. ¡Me lo debes! —exclamé. Su rostro palideció un poco, sabía exactamente a que me refería. Jugaba sucio, pero necesitaba encontrar a Isabella. Tomando el control sobre sus emociones, como solo ella sabía hacer respondió.
—Sé dónde está, pero este no es el lugar para hablar Damon. Si quieres respuestas, te veo en una hora en la cafetería Forastero que está en Seattle. —Dio media vuelta, entrelazó su mano con la del hombre fortachón que nos seguía desde que salimos del hospital. Él se había quedado en segundo plano, pero nos observaba intrigado. Juntos caminaron hacia un auto aparcado en los estacionamientos del personal del hospital. Los observé subirse a un descapotable rojo y arrancar a toda velocidad.
Si aún creía conocer a Rosalie Hale, estaba tomando precauciones por alguna razón, no sabía si por ella o debido a Isabella. Quedé muy intrigado, deseaba saber qué tipo de relación o parentesco tenían ambas mujeres. Lo divertido de la situación es que si yo necesitaba respuestas, al parecer la rubia despampanante también. Así que por ningún motivo perdería la oportunidad de obtenerlas y dar con el paradero de mi piccola.
Rápido subí a mi auto con rumbo a la dichosa cafetería.
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—Creo que me debes muchas explicaciones, Rosalie —habló después de un tiempo de andar por la carretera. Emmett estaba de copiloto, tenía la mirada fija en mí, demasiado serio para mi gusto. Podía sentir tenso el ambiente. Sabía que debía dar las explicaciones, pero aún no estaba lista y tampoco tenía muy claro qué decir y qué ocultar, por el momento. Todo con respecto a Damon era complicado, sumado a eso todo lo ocurrido con Bella; pero si de algo estaba segura, es que de alguna manera Damon tenía más que interés en Bella. Estaba muy desesperado por encontrarla. Sí, él seguía siendo el mismo, no pararía hasta dar de alguna u otra manera con ella, sin importar consecuencias. Lo que no calzaba, es que según Bella el hombre con el que estuvo no tenía el más mínimo interés por ella. Entonces la pequeña Swan mintió, o quizás pasó algo después, o simplemente yo estaba equivocada sobre Damon.
—Aún espero tus explicaciones, Rosalie. —Estábamos por llegar a casa de Ángela, así que me estacioné para hablar con mi osito.
—Em, esto es algo complicado, no sé ni qué decir… —Me interrumpió antes de terminar.
—Comienza diciendo quién es, ¿de dónde conoces a ese hombre? —increpó. Realmente por ahí no quería comenzar.
Moví mis labios pero no salió ni una palabra, lo que alteró a mi hombre. Vi como negaba con la cabeza y luego llevaba sus manos hacia el cabello tironeando. Hasta que no lo soportó más y exclamó fuerte.
—¡Por Dios, Rosalie! ¡Tienes un amante!
—¡QUÉ! —grité. Semejante cosa jamás pasaría. Emmett Cullen para mí lo era todo, nunca en la vida cambiaría a mi hombre por nada.
—Cariño, ¿cómo puedes pensar eso? —Mi voz salió un poco quebrada, luego del estupor inicial, me dolió que pensara que lo traicionara.
Emmett observaba mi rostro, sin perder detalle de mis gestos, mirando directamente sus ojos y levantando mis manos para tocar su rostro. Hablé en un susurro.
—Osito, tú eres todo. Nunca en mi vida habrá otro hombre que no seas tú. —Le miré a los ojos, juntando nuestras frentes.
—¿Entonces? Dime qué pasa —solicitó. Luego de cerrar sus ojos y suspirar. Su expresión se relajó.
—Bien, pero necesito que confíes en mí —manifesté. Em tomó mis manos y las llevó a sus labios, depositando un beso en cada una de mis palmas, después asintió, así que comencé a hablar.
—Aun no entiendo todo, pero creo que aquel hombre es con quien se fugó Bella cuando pasó lo de Edward.
Al declarar esto, Emmett quedó muy sorprendido, como no dijo nada continué.
—Bella, no me explicó mucho sobre eso. Fue muy superficial sobre la situación, quizás ni ella misma se entendía. Solo aseguró que no pasó nada sexual con el hombre, pero sí que llamaba su atención. No me dijo su nombre, solo describió cómo era, pero estoy casi segura de que fue Damon. —Después de contar todo aquello, Em trataba de atar cabos, pasaron varios minutos antes de que hablara.
—Entonces… ¿crees que este hombre que buscaba a Bella es el mismo sujeto con el cual se fugó hace unos meses? —Al hacer aquel cuestionamiento soltó mis manos y negó con la cabeza.
—Ross, solo porque alguien busque a Bella no quiere decir que sea este sujeto. Además no tienes su nombre y solo crees que tiene algún parecido físico al que describió Bella, no prueba nada. —A veces mi hombre era un hueso duro de roer. Resoplé frustrada.
—Cariño, sé que es Damon. Si necesitas una confirmación en una hora la tendrás. —Garanticé encogiéndome de hombros. Para mí era como sumar dos más dos. Conocía a Damon.
—Bebé, hay muchos que están buscando a la pequeña Bella… —Lo silencié colocando un dedo en su boca.
—Emmett, Bella me describió físicamente al hombre, solo no me dijo su nombre y estoy más que segura que Damon Salvatore estuvo con ella. —Vi como la mención del nombre completo lo molestó y sutilmente quitó mi dedo de su boca.
—Nuevamente llegamos al punto de por qué tú lo conoces —espetó molesto, liberando mis manos.
Suspiré frustrada. No quería hablar más de la cuenta sobre mi pasado con Damon.
—Cariño, conozco a Damon porque fue mi vecino cuando vivía en Mystic Falls. Además fue el mejor amigo de mi hermano. Sé que todo se ve extraño, pero si no confías en mí interroga a Jasper. Jamás tuve nada romántico con él, solo fue el amigo molesto y odioso de mi hermano. —Exhalé ya que estaba un poco alterada, más tranquila continué.
—Cuando nos mudamos se perdió el contacto y nunca más nos topamos hasta hoy. —Emmett nuevamente tomó mis manos.
—Te creo, pero no entiendo por qué nunca lo nombraron o por qué tanto rodeo para decir quién es él. —Suspiré antes de hablar.
—Porque no fue alguien importante en mi vida y realmente no lo recordaba. Em, no es que de rodeos con esto, es solo que estoy tratando de entender a Bella, lo que dijo es muy distinto a lo que Damon demostró en el hospital. Se cómo es él, lo conocí antes y dudo que cambiara con el tiempo —aseguré.
Quería finalizar con este asunto, comenzaba a acabar con mi paciencia.
—¿Por ese motivo lo citaste a la cafetería antes de decir algo sobre Bella? —inquirió Em. Asentí. No había mucho más que decir.
—Bueno, debemos darnos prisa y dejar todo listo con Ángela antes de ir donde este tipo. Sinceramente, cariño, tengo un mal presentimiento —finalizó mi osito, cosa que internamente agradecí.
No quise confirmar que también tenía un mal presentimiento por lo que sin decir nada más seguimos el camino a casa de Ángela.
Lo único que necesitábamos hacer era llegar a la casa y tomar unas cuantas cajas con cosas de Bella, quien había enviado un mensaje diciendo que ya estaba todo listo. Había hablado con su amiga contando lo que pasó. Angela tendría todo listo para que a las doce pasara a buscar las cajas y las enviara mediante alguna agencia. Lo que no sabía Bella era que Emmett y yo llevaríamos directamente las cosas hasta ella.
Cuando estacioné el auto frente a la casa de Ángela la divisé en el porche, estaba dejando una caja, ella notó nuestra presencia y se acercó a saludar.
—Hola, Rosalie y Emmett. Espero estén bien —dijo una vez cerca de nosotros.
—Hola, Ángela. Esperamos no molestar —contestó mi osito.
—Por supuesto que no molestan chicos. Bella telefoneó temprano. Estoy al tanto de todo —garantizó la chica. No sabía cómo definir su estado de ánimo, siempre la encontré un poco difícil de leer. Una diferencia enorme con Isabella, ella era como un libro abierto, sus expresiones decían todo.
—Supongo que esas son las cajas de Isabella —señalé el montón de cajas cerca del pórtico. Angela siguió la dirección de mi dedo y asintió.
—Bueno, cariño creo que tú puedes guardar las cajas en el auto, mientras Ángela me invita una gaseosa. —Sonreí a la chica. Necesitaba hablar con ella a solas. Ante mis palabras Emm besó mis labios y luego se dirigió hacia el pórtico. Ángela por su parte realizó un gesto con su cabeza indicando que la siguiera dentro.
Ya dentro caminamos hacia la cocina sin decir nada. Observé como de un pequeño mueble sacaba dos vasos dejándolos sobre la mesa americana, a continuación abrió el frigorífico extrayendo una jarra con jugo, seguramente de fresas por su color rojizo. Una vez servido cada vaso de jugo, extendió su mano para que yo lo tomara. Agradecí el gesto con una inclinación de cabeza.
—¿Qué necesitas saber, Rosalie? —preguntó antes de beber de su vaso. Sonreí. Chica lista. Entendió que necesitaba hablar con ella a solas.
—¿Qué tanto te explicó Bella de todo esto? —cuestioné. No era de las mujeres que se andaban con rodeos, mientras más rápido entendiera el enredo, más rápido tendría la solución.
—Sé todo lo que pasó con Edward. Su escapada y tu ayuda para establecerse en Mystic Falls. —Fue mi turno para beber un poco del jugo, tal como pensé, de fresa.
—¿Bella te dijo el nombre del chico con el que estuvo el fin de semana? —indagué. Necesitaba asegurarme antes de decirle ciertas cosas a Damon. Vi como ella sopesó la pregunta. Estaba decidiendo si decir la verdad o mentir. Ante esto fui directa.
—Quiero que tengas claro que no juzgo a Isabella, la entiendo y por eso la ayudé cuando nadie más de mi familia lo hizo. Todos estaban pendiente y preocupados de Edward pero nadie se preocupó por cómo ella se sentía con todo eso. —Ángela dejó sobre la mesa su vaso y me observó directamente, supuse era la manera para decidir.
—No miento, Ángela, puedo ser todo lo que quieras, pero no mentirosa. Sé que en preparatoria no muchos se acercaban a nuestro círculo y que nosotros nunca dimos oportunidad a ello, pero eso fue básicamente por protección, todos hablaban a nuestras espaldas; tengo súper claro que cosas se decían de cada uno de mi familia y que eso aumentó cuando Bella comenzó a salir con Edward. —Suspiré. Esperaba que sintiera la sinceridad de mis palabras y finalmente me dijera el nombre—. Pero eso fue hace años, éramos todos unos críos y si Bella confía en mí… tú también puedes. —Al decir esto, ella finalmente cuestionó.
—¿Por qué te interesa el nombre del chico? Puedes preguntarlo directamente a Bella.
—Sé que puedo, pero quizás se altere si le digo que este hombre estuvo hoy buscándola en el hospital de Forks, ¿no crees? —Al explicar ese detalle Angela realmente se sorprendió.
—Si no sabes su nombre, ¿por qué estás tan segura de que hoy viste a ese hombre? Hay mucha gente que está buscando a Bella —inquirió entrecerrando sus ojos—. Digamos que Isabella fue muy detallista con la apariencia del chico, pero no dijo el nombre. Te aseguro, no soy de las mujeres que se fijan en todos los hombres. Solo tengo ojos para Emmett, pero este tipo tenía todo lo que Bella me contó y créeme cuando digo que destaca mucho en cualquier lugar aunque él no lo quiera. —La amiga de Swan solo me observaba. Suspiré frustrada, necesitaba que me dijera el nombre solo para corroborar que no estaba equivocada con respecto a Damon.
—Mira, sé que todo el mundo hoy busca a Isabella Swan, pero este tipo estaba desesperado por saber dónde está, si lo hubieses visto en el hospital entenderías.
—Bella solo me dijo su nombre. Damon, más de eso no sé, lo describió en apariencia y en resumidas palabras era del tipo de chico que tus instintos te dicen que corras en dirección opuesta a la de él. Es del tipo de hombre oscuro y rebelde tal como su nombre. —Sonreí. Mis instintos no fallaban, tampoco los de la pequeña Swan. Salvatore era todo un tipo oscuro.
—Gracias, con eso me basta Ángela. —Terminé de beber mi jugo de un trago y dejé el vaso sobre la mesa.
—Entonces, ¿hablaste con el hombre que buscaba a Bella? ¿Era el mismo tipo? —interrogó preocupada Angela. Era mejor omitir ciertas cosas, necesitaba hablar con Damon antes de tomar una decisión.
Una diferencia con la amiga de Bella es que tenía años de práctica omitiendo preguntas que no quería contestar. Muy pocos notaban esto. Pero a ella, si bien a veces costaba definirla y saber exactamente lo que pensaba. Ángela no sabía mentir.
—No, pensé que era él, pero el que buscaba a Bella se presentó como John, así que tranquila Ángela. —Sonreí y toqué su hombro.
—Quizás… —comenzó pero no continuó. Eso llamó mi atención.
—¿Quizás qué? —pregunté instándola a continuar. Ella suspiró. Aquello no tenía buena pinta.
—Edward estuvo ayer en la tarde acá, no sé a qué hora llegó. Acababa de llegar de mi trabajo cuando lo pillé husmeando los alrededores de la casa. Él se percató de mi presencia así que trató de minimizar las cosas diciendo que me buscaba porque necesitaba hablar urgente conmigo, pero estoy segura de que estaba buscando a Bella.
—¿Qué era lo tan urgente que necesitaba hablar contigo? —cuestioné. Estaba segura de que Edward no tenía la más mínima idea del paradero de Isabella, pero que la buscara con Ángela me preocupaba. Podía tener una pista que asoció con que Ángela protegía de alguna manera a Bella. Conociéndolo, finalmente con el tiempo daría con Isabella o con las personas que la ayudaron, la pregunta era ¿cuánto demoraría en descubrirlo?
—Quería saber si Bella estuvo este último tiempo viviendo conmigo. Explicó su versión de lo sucedido y aseguró que la ama, pensó que con eso delataría a Isabella. —Esto último lo dijo molesta.
—Supongo que no dijiste nada con respecto a Bella. —Creía en Ángela, pero Edward sabía ser persuasivo cuando debía y utilizaba sus encantos. Esperaba que Ángela no cayera en su juego.
—¡Claro que no dije nada! —expresó molesta por la insinuación, frunciendo el ceño continuó relatando—. Fue una suerte que en la tarde vendiera el auto de Bella, porque me aseguró que el detective contratado vio su auto en el mañana estacionado acá. Su declaración me tomó de sorpresa, pero expliqué que quizás Bella pasó a visitarme sin dar conmigo debido a que estaba en mi trabajo y que al no encontrarme en casa ella se fue. —No estaba completamente segura de que Edward creyera su versión, no era buena mentirosa.
—¿Preguntó si la viste en tu trabajo? —indagué más que nada para ver qué tan convincente podría ser.
—Claro, Edward no es tonto, afirmé no verla desde hace unos días. Cuando la llamo su móvil está desconectado y que estoy muy preocupada por Bella —explicó.
—Con eso no lo convencerías, lo más probable es que busque nuevamente su auto y si lo vendiste lo conectará contigo —aseveré, pero ella se mostró muy segura.
—Lo sé, por eso el auto se vendió mediante un tercero, la asistente de Bella fue la que concretó la venta, en realidad Bella le regaló su auto a la asistente, pero en papeles aparece como venta. Bella realizó todos los trámites antes de irse, pero le dijo a su asistente que recién ayer el auto sería legalmente suyo y que podía pasar a buscarlo acá porque pasaría a hablar conmigo antes de irse a Nueva York. —Aquello me sorprendió, sonreí, al parecer no fueron tan obvias.
—Punto para Bella, Edward creerá que está en Nueva York si da con el auto y habla con la asistente —concluí.
—Claro, ella nunca me vio, estaba dentro de la casa observando y dejé la carta pegada al auto como Bella me pidió. En caso de que alguien pregunte nadie nos conectará. Edward pensará que pasó a despedirse pero no me encontró y que vendió el auto porque necesitaba el dinero para ir a Nueva York. —Eso me sacó una carcajada, estaba imaginando a mi cuñado buscando a Bella en Nueva York, le tomaría meses antes de entender que ella nunca fue allá.
—Eso mantendrá a Edward y a su investigador ocupados por un tiempo —aseguré feliz. Sentí pisadas acercándose y sobre mi hombro divisé a mi hombre.
—Chicas, ya está listo, las cajas están en el auto aseguradas —anunció sonriendo y mirándome—. Ross, recuerda que tenemos un compromiso en media hora, si quieres llegar a tiempo ya es hora de partir. —Asentí.
—Ángela, gracias por todo, estaremos en contacto. Las cosas las enviaremos hoy en la tarde —declaré en caso de que Bella llamara para no arruinar la sorpresa. Luego nos despedimos y partimos rumbo a la cafetería donde sabía me esperaba un buen cuestionario.
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Tomó un tiempo encontrar la dichosa cafetería. Estaba en el centro de Seattle algo escondida, a simple vista no se divisaba el nombre del lugar. Además lo mío no eran las cafeterías. Mi mundo eran más bien los bares de cualquier ciudad y estos últimos meses recorrí muchos buscando una pista de piccola.
Entre al lugar, se veía bastante tranquilo y con pocas personas, pero a simple vista ni rastros de Rosalie Hale, eso me asustó un poco. Esperaba que no se hubiese arrepentido de venir, ella era la única pista que tenía sobre Isabella. Antes de que pudiese sentarme en una mesa, que estaba cerca de la entrada donde sería mucho más fácil detectar a Rosalie cuando llegara, me habló una mesera.
—Buenas tardes, señor. Bienvenido al Forastero, ¿busca a alguien? —Su pregunta llamó mi atención pero solo atiné a mirarla.
—¿Disculpa? —contesté desconcertado.
—Pregunté si busca a alguien —repitió la camarera, ante su interés solo la observé intrigado. La chica aun esperaba mi respuesta paciente, por lo que finalmente asentí—. ¿Usted es el señor Salvatore? —cuestionó curiosa. Nuevamente asentí—. Por favor, sígame. Lo están esperando. —Al decir esto comenzó a caminar hacia la parte trasera. Para no perderla de vista la seguí en silencio. Al llegar al final del pasillo dobló a la derecha y luego subió por unas escaleras, después abrió una puerta y me indico que entrara. Una vez dentro sentí como despacio cerraba la puerta.
Observe el lugar, parecía más una oficina que un apartado VIP de la cafetería. Estaba a punto de salir cuando escuché una voz ronca.
—Puedes tomar asiento, prometo no hacerte daño... aún —sentenció algo más despacio.
Giré para ver quién era. Levanté una ceja al ver al hombre que estuvo en segundo plano en la mañana cuando hablé con la divina Ross. Seguramente es el guardaespaldas especial de la despampanante rubia.
Caminé despreocupado, el fortachón me observaba sopesando mi actitud, había un pequeño escritorio por lo que sentándome relajado en dicho lugar sonreí socarronamente para luego subir mis pies y cruzarlos a la espera de ver a Rosalie. No pasó mucho tiempo cuando por una puerta que estaba justo detrás del macho alfa que me observaba con odio apareció curvas Hale.
—Sigues siendo el mismo Salvatore —comentó medio frustrada medio divertida la mujer.
—Y tú sigues siendo la despampanante Hale —acoté moviendo sugestivamente mis cejas.
Ignorando mi comentario ella se sentó frente a mí con el glamour que la caracterizaba y me observó de manera altiva. Por unos minutos nos observamos, la rubia sabía perfectamente como cabrearme y estaba comenzando su juego. Por desgracia para ella, no estaba dispuesto a alterarme, no sería yo quien hablara primero. Tampoco me iría del lugar sin saber sobre mi piccola.
Sabía perfectamente que Rosalie estaba intentando que saliera del lugar sin nada a lo que aferrarme sobre Isabella. Al parecer la mujer de hielo Hale le tiene aprecio a mi piccola y por esto estaba probando hasta qué punto estaba dispuesto a ceder. La disputa de miradas terminó con la voz cabreada del hombre.
—Ross, puedes terminar con esto, el viaje al pueblo nos tomará algunas horas y quiero llegar antes de la cena.
Ella desvió su mirada de la mía para centrarse en el grandote, guiñándole un ojo le sonrió de la manera más dulce que jamás hubiese visto en ella.
—Bien cariño, terminare esto rápido —indicó para luego observarme.
—¿Por qué buscas a Isabella? —preguntó.
—¿Qué eres de Bella? —interpelé.
—¿Qué piensas hacer si la encuentras? —Volvió a cuestionar.
—¿Cuándo la viste por última vez? —interrogue.
Nos quedamos en silencio, retándonos, para ver quién cedía primero.
—Bueno, cariño, vámonos —habló mientras comenzaba a dejar el asiento. Frustrado masajeé mi frente. Estaba claro que ella quería ser la ganadora y quería respuestas para emitir su juicio y probar su punto. Esto era una de las razones por la que nunca miré de ninguna otra manera a la hermana de Jasper, la mujer era tan frustrante, manipuladora y calculadora cuando deseaba algo. Aún no llevaba ni la mitad del puto día y ya estaba cabreado.
—Bien, rubia, ¡tú ganas! —exclamé exasperado. Ella me observó con una sonrisa de suficiencia—. ¿Qué quieres? —demandé entrecerrando mis ojos.
—Que contestes todas mis preguntas y se sincero, sin mentiras, Damon. Te conozco lo suficiente para saber que es verdad y que no —dijo cruzándose de brazos y levantando su perfecta y delineada ceja.
—¿Qué gano yo con todo tu cuestionario? —pregunté, también cruzando mis brazos y levantando mi ceja. Sabía que era un comportamiento pendejo, pero si ella quería jugar a cabrear, también podía imitarla.
—Saber lo que quieres saber de la pequeña Swan. ¿No es por eso por lo que estás acá? —consultó observando de forma aburrida su reloj. Antes de que pudiese contestar el grandulón habló.
—Esta es tu oportunidad, nadie, además de nosotros, sabe dónde está Bella. Tómalo o déjalo.
Por la forma en que lo dijo, estaba seguro de que esa no era una mentira. Estaba a punto de someterme a un interrogatorio y ser sentenciado, pero todo era por un bien, todo era por ver a mi piccola.
—Tú ganas, Ross, juro solemnemente decir toda la verdad —hablé, mientras con mi dedo meñique hacia una cruz sobre mi corazón. Eso pareció gustarle a la curvilínea ya que nuevamente tomó asiento frente a mí.
—Entonces… ¿Cuál es la razón por la que el picaflor Salvatore busca a una mujer como Isabella? —cuestionó observando directamente a los ojos, estaba jodido.
Traté de lucir lo más tranquilo posible aunque ya estaba sudando frío, cualquier respuesta a su pregunta no sería, a modo de ver de la rubia, suficiente para decirme su paradero. No podía mentir, Ross reconocía cuándo no decía la verdad, solo por el hecho de que pasaba gran parte del tiempo con su hermano cuando éramos unos críos, era un dolor en el culo. Tampoco podía decir alguna estupidez ya que se cabrearía conmigo y se iría sin decir nada.
Lo malditamente malo, era que, ni yo mismo sabía a ciencia cierta por qué jodida razón estaba tan desesperado por encontrarme nuevamente con Isabella. Suspiré frustrado.
—Aunque no me creas no es solo por sexo, como tú piensas. —Lentamente su ceja fue subiendo y sus labios se curvaron en una pequeña sonrisa de triunfo.
—Si creo eso o no, la verdad, no es algo que importe —indicó encogiéndose de hombros—. Solo quiero la verdad sincera, Damon —sentenció.
—Si quieres la verdad es por curiosidad. Bella es difícil de descifrar y todo lo opuesto a lo que ella demuestra. Sonreí al recordar parte de las minis vacaciones con ella.
—Te ha pegado fuerte —declaró. Yo solo desvié su mirada.
—En conclusión, quieres llevarla por el mal camino acotó de manera divertida.
—Mostrarle a Isabella de que es capaz y como disfrutar de la libertad no es llevar por el mal camino —objeté, bajando mis pies del escritorio y llevando mi rostro cerca del suyo—. Si mal no recuerdo, tú lo disfrutaste —susurré cerca de su oído. Ella por su parte comenzó a reír, lo que hizo que me frustrara. Cuando estuvo más calmada volvió a hablar.
—Ambos sabemos que digas lo que digas, esa realmente no es toda la verdad. Es solo una pequeña parte de lo que sientes y que estás dispuesto a disimular, solo por el hecho de que no quieres aceptar lo que realmente es. —Gruñí bajo y me crucé de brazos, desviando la mirada. Ella me estaba exasperando como nunca había podido.
Estaba muy, muy cabreado, no quería continuar siendo el estúpido entretenimiento de la rubia.
—Puedes terminar con tu estúpido juego de una maldita vez. —Finalmente había explotado, ella lo había logrado en tiempo record—. Ya aclaraste tu punto, no estoy para esta mierda psicoanalítica, mucho menos sin un trago. Solo dime de una vez dónde está Isabella Swan. Una sonrisa de suficiencia se plantó en su rostro.
—Supongo que sabes todo lo que pasó ella con su estúpido ex —expuso ignorando mi anterior arrebato.
—Algo me contó. ¿Puedes dejar de dar rodeos y contar el drama luego? —pregunté cansado.
—Resumiendo el drama, Isabella termino con mi cuñado, mandó a toda la familia a la mierda, renunció a su trabajo y la ayudé a escapar de este pueblito hace unos pocos días. Solo yo sé dónde está Bella —finalizó triunfante.
Eso solo quería decir que estaba a merced de la rubia despampanante. Luego de sopesar sus palabras caí en cuenta de que dijo mi cuñado.
—Así que, eran familia… —consulté como quien no quiere la cosa.
—Para saciar tu curiosidad, Damon… Nunca me llevé bien con ella en todo ese tiempo que estuvo con Edward. Sinceramente la evitaba todo lo posible, no por las razones que tú puedes llegar a imaginar… Es solo que Bella, fue un constante recordatorio de lo que antes fui. La niña buena dependiente de su pareja. —El semblante de Ross se entristeció y después de algunos minutos de silencio suspiró para continuar.
—Sé perfectamente cómo se siente que te traicionen todos los que son importantes para ti. La familia se puso del lado de Edward a nadie le importó que fuese él quien traicionara la relación, solo aceptaron su estupidez.
—Es el juego de la vida Ross, siempre te traiciona quien menos esperas —indiqué encogiéndome de hombros—, pero tienes dos opciones, te lamentas el resto de tu existencia o te repones, haces frente a la situación y sigues adelante. Me alegro de que Isabella tomara la opción de ser fuerte y continuar al igual que lo hiciste tú —puntualicé mirándola a los ojos y sonreí a la rubia.
—Eso fue porque alguien llegó y me gritó en la cara lo estúpida que estaba siendo. Estoy completamente segura de que Bella pasó algo similar... Gracias, Damon. —Eso me tomó por sorpresa, la rubia despampanante no era alguien quien demostrara un lado cursi.
—Por favor, no me digas que derramarás lágrimas de cocodrilo, me gustas más como la fría déspota. —Ella dio su mejor mirada fría y lentamente levantó su delineada ceja.
—Además tu situación fue hace varios años, cosa que ya no viene al caso agradecer por lo bien que me porté contigo. —Sonrió socarronamente—. Pero si me quieres agradecer…. —añadí, acercándome lentamente, reduciendo la distancia entre nuestros rostros—. La mejor forma es que me digas dónde encontrar a Isabella —susurré finalmente cerca de su oído. Ella luego de unos segundos alejó su rostro y me miró seductoramente.
—tus trucos seductores nunca funcionaron conmigo, Damon —indicó cruzando sus brazos sobres sus generosos pechos, la observé y luego levanté mi ceja en una clara indicación de que no creía nada sus palabras.
—Pero solo porque te debo un pequeño favor desde aquel entonces... pero... conste que esta es la única ayuda que recibirás de mí y que además quedamos saldados... —Suspiró.
—Ella está en Mystic. —Al escuchar esas palabras comencé a carcajearme. La vida era un estúpido juego del destino, si no fuera porque estaba tan desesperado por poder encontrar a mi piccola desde hace tres días que ya estaría en el maldito pueblito de Mystic Falls y quizás por alguna estúpida y maldita casualidad hubiese encontrado a Isabella, porque imaginaba perfectamente dónde estaría en este momento. Luego de que cesara mi arranque de risas miré a la rubia que tenía cara de pocos amigos.
—No entiendo qué puede ser tan gracioso —indicó molesta.
—Mi querida, rubia, con o sin tu ayuda hubiese dado con Bella. A final de cuentas tengo que ir de forma ineludible al pueblito. —Sonreí y me encogí de hombros. Ella resopló de una forma nada digna de una dama.
—No te creo, eso es imposible.
—Desde hace tres días que ya debería estar allí, para ser más exactos debo ir por trabajo y adivina mi querida despampanante rubia... —Ross frunció su ceño claramente molesto por mis palabras pero no siguió mi juego, por lo que continué—. Rick me impuso remodelar cierto hospital en el que trabaja cierta conocida y tía tuya. —Al decir esto si obtuve un arrebato de ira por parte de Rosalie quien se levantó de su silla golpeando con los puños la mesa.
—¡ESO ES IMPOSIBLE! —gritó. Por mi parte estaba más que satisfecho por su salida de compostura y gratamente feliz del giro de acontecimientos, finalmente el juego que ella inició y que estaba más que segura de ganarse llegó a su fin conmigo como triunfador, sin duda alguna.
Relajándome en mi asiento subí nuevamente los pies sobre la mesa en un claro reflejo de mi victoria.
—Estoy seguro de que enviaste a Isabella con esa amiga que tienes en el hospital de Mystic para que la presente con cierta directora llamada Josette, quien por casualidad es tu querida tía. —Sonreí socarrón. Rosalie estaba indignada y a minutos de convertirse en una arpía, esperaba un arrebato pero nunca llegó, al igual que mi carcajada de hace unos minutos atrás, ella estaba riendo como nunca, incluso salieron lágrimas de sus ojos.
Una vez más calmada y quitando con sus delicadas y finas manos las lágrimas me observó con una suficiencia sin igual.
—Esto solo indica que es un estúpido juego del destino y ya no podrás arrancar de el Salvatore. La pequeña Swan te acaba de hacer jaque mate. —Un escalofrío recorrió mi espalda luego de sus palabras y de mi boca no salió absolutamente nada.
—Creo que ya es suficiente, bebé. Ya tienes tu respuesta. Y tú, Salvatore, ten claro que te estaré vigilando una vez que llegues a Mystic Falls. Isabella es como mi hermanita y no permitiré que otro vuelva a jugar con ella. Nosotros llegaremos en la tarde de hoy al pueblo y nos estableceremos por un tiempo ahí, así que te estaré esperando —diciendo esto, el grandote que estuvo todo el tiempo en segundo plano observando la discusión que teníamos con Rosalie, entrelazó sus manos con las de ella y caminó tirando de la rubia, quien no comentó nada, pero su cara satisfecha dejaba claro que disfrutaba de mi estupor.
Caminaron en silencio hacia la puerta por la que había entrado y sin despedirse me dejaron con mis pensamientos en los que no sabía a ciencia exacta si había ganado o perdido ante el juego del destino.
