Pelirrojas

James estaba que lanzaba corazones y brillitos. Desde el concierto habían empezado a ser amigos él y Lily y durante el año, debido a sus labores de Premio Anual se habían ido llevando mejor. Aún así, James había preferido no mencionarle nada más sobre querer estar con ella. Tenía miedo de ser rechazado y perder su amistad.

Pero entonces Lily lo había sorprendido, diciéndole ese día en la fiesta, que aceptaba salir con él. Luego él la había besado y ella había respondido y desde entonces, oficialmente, eran novios.

Sorprendió a todos no yendo a presumirlo por todo el castillo. Pero Lily le explicó a Sirius que le había dicho que si ponía un cartel en el Gran Comedor como quería, lo cortaba ahí mismo y no le daría otra oportunidad. Sirius se había reído mucho.

Sólo les había contado a sus amigos, que no tardaron en celebrarlo e inmediatamente molestarlo por haber conseguido otra pelirroja, como le gustan.

—No me gustan las pelirrojas me gusta Lily, siempre me ha gustado.

—Bueno, en tercero saliste con Trotley, la Hufflepuff sólo porque era pelirroja, ¿no?

James se encogió de hombros y sonrió culpable.

—Sí, y con Landon, Parker y Appleton, —agregó Remus—por la misma razón.

—Era un maldito idiota.

—Lo eras. Sí.

—Era mi intento de superar a Lily, porque jamás pensé que sí me fuera a hacer caso, la verdad.

—Ni yo.

—¡Oye!

—Pero si tú lo dijiste.

—Que poca fe me tenías.

—Me basaba en hechos y nada más.

Claro que ellos sabían que para James no había nada más. Era un idiota romántico.

Y si hubieran podido escuchar las conversaciones que tenían las chicas, habrían sabido que Lily también lo era, y que, además, estaba enamorada.