-Eso es todo (Murmuro Persi (J) mirando a su hermano con cariño)

-Quien sigue? (Pregunto Atenea)

-Yo abuela .. (Pidió Luke T) las palomas demonio nos atacan .. Aún no hay un título normal .. (Observo el semidiós de ojos verdes)

Las palomas demonio nos atacan

Los siguientes días fueron una auténtica tortura, como Tántalo deseaba.

-En verdad que clase de tontos somos en el futuro? (Cuestiono Hera con irritación)

Sabiamente, nadie contestó su pregunta.

Lo único bueno fue ver a Ty instalándose en la cabaña de Poseidón mientras le entraba la risa floja cada quince segundos, esa fue toda una experiencia.

-¿Persi, mi hermana? (Decía como si le hubiera tocado la lotería)

-Lo es .. (Aseguro Tyson) Misma sangre .. Verdaderos hermanos .. (Dijo mirando a Thalia y Nico con suficiencia)

Thalia y Nico se miraron impactados, luego al unísono miraron a Tyson con una sonrisa siniestra.

-Que sucede? (Pregunto Artemis viendo extrañada la escena)

-Uff .. Ya van a comenzar .. (Gimió Persi (M))

-Tyson puedes tener la misma sangre pero eso no te hace más hermano de Persi que nosotros .. (Informo Nico)

-Persi nos ama igual, si no más que a ti .. (Dijo Thalia segura)

-Eso no .. (Intento protestar Persi (J))

-Si .. (Aseguro Nico) Ella nos adora ..

-Claro .. Por eso seguro nombro a uno de sus hijos después de uste .. (Se detuvo fingiendo sorpresa) O no .. No lo hizo .. (Se burlo)

Thalia y Nico miraron sorprendidos al semi-ciclope y luego acusadoramente a Persi (M).

-Ganaste esta batalla Ty .. (Hablo Thalia entre dientes)

-Pero no la guerra .. (Aseguro Nico)

-Están siendo tontos .. Continua Luki .. (Pidió a su hijo la azabache mayor)

Y no había nada que le quitara la sonrisa. Estaba levitando. En cuanto a mí, me sentí feliz por él grandullón y feliz de por fin tener a alguien más en la cabaña… Ahora sí se sintió como un hogar.

Y luego estaban los comentarios de los demás campistas. De repente, yo ya no era Persi Jackson, la heroína que el verano pasado había recuperado el rayo maestro de Zeus; ahora era "la pobre idiota que tenía un monstruo horrible por hermano"

Me daban rabia.

Una tarde en medio de un entrenamiento de combate, me cansé.

-¡Si tienen que decir algo sobre mi y mi hermano díganmelo en la cara! (Espete con ira, nadie hablo) Muy valientes hablando a mis espaldas no? Por qué no tienen la misma valentía en mi cara?

Nadie se atrevió.

Me burle. -Ustedes dan lástima .. (Finalice saliendo de la arena)

Annabeth pensaba que mi aceptación era un acto y se propuso hacer lo posible para que "me sintiera mejor". Me ofreció que nos presentáramos juntas a la carrera de carros y tratáramos de olvidar así nuestros problemas.

Acepte solo para que dejara de intentar psicoanalizarme .

-Persi. (Se quejó Annabeth)

-Eras irritante amor .. (Se defendió Parsi (J))

No me malinterpreten: las dos odiábamos a Tántalo y estábamos muy preocupadas por la situación del campamento, pero no sabíamos qué hacer. Hasta que se nos ocurriera un plan brillante para salvar el árbol de Thalia, nos pareció que no estaría mal participar en las carreras. Al fin y al cabo, fue la madre de Annabeth, Atenea, quien inventó el carro, y mi padre había creado los caballos. Las dos juntas nos haríamos las amas de aquel deporte.

Una mañana, mientras Annabeth y yo estudiábamos distintos diseños de carro junto al lago de las canoas, unas graciosas de la cabaña de Afrodita que pasaban por allí me preguntaron si no necesitaría un lápiz de ojo…

-Ah, perdón. De ojos, quiero decir.

-Katia, Perla y Gina .. Deberes de lavandería por 2 semanas. (Ordeno una voz conocida a sus espaldas)

-¡¿Silena ?! (Cuestionaron horrorizadas)

-Haber si con eso aprenden a no burlarse de los demás .. (Informo con tono serio)

Las niñas se marcharon avergonzadas.

-Lo siento, Persi. (Murmuro Sil mientras las chicas se alejaban) A veces me avergüenza saber que son mis hermanos. (Me dijo triste)

-No los escuches Persi. (Refunfuño Annabeth) No es tu culpa ser su hermana.

Le fruncí el ceño. -Te he dicho cientos de veces que eso no me molesta. (Replique) ¡Y deja de pensar que es un monstruo!

Annabeth alzó las cejas.

-Oye, ¡ahora no te enfades conmigo! Y técnicamente sí es un monstruo.

-Anni tengo ganas de golpearte. (Le Informo Piper con un gruñido)

-Yo quiero golpearme. (Estuvo de acuerdo la rubia)

Contuve la respiración.

-Sil no te preocupes, sus acciones no son tu culpa. (Le aseguré sonriéndole suavemente) Tú has sido una gran amiga. (Señale mirando a Annabeth con reproche)

La rubia me gruño.

Silena me sonrió. -Te veo luego. (Se despidió dándome un beso en la mejilla)

-Hasta luego Sil. (Masculle sonrojada)

-Persi. (Me llamo Annabeth con tono frío)

Me volví hacia ella a regañadientes.

Suspiro. -Lo siento, se que he sido mala y grosera con él, pero los cíclopes son muy mentirosos y traicioneros.

-¡Pero él no! Dime, ¿qué tienes tú contra los cíclopes?

Annabeth se sonrojó hasta las orejas. Tuve la sensación de que había algo que no me había contado; algo bastante malo.

-Dile. (Rogo Thalía)

-Es un libro Thals. (Se burló Annabeth)

-Silencio. (Gruño la ojiazul)

-Olvídalo (Me dijo) Veamos el eje de este carro…

-Lo estás tratándolo como si fueras un ser horrible (Hable tomando su barbilla para que me mire) Pero el me salvó la vida.

Annabeth soltó el lápiz y se puso de pie. La miré confundida.

-Entonces quizá deberías diseñar el carro con él.

Suspire decepcionada. -Tal vez sí. (Asentí)

-¡Perfecto! (Gruño)

Negué. -No, no lo es.

Se alejó furiosa y yo me sentí devastada.

Durante los dos días siguientes intenté alejar de mi mente todos los problemas.

Silena me dio mi primera lección oficial para montar un pegaso. Me explicó que sólo había un caballo alado inmortal llamado Pegaso, que vagaba aún en libertad por los cielos, pero que en el curso de los eones había ido engendrando un montón de hijos.

Ninguno era tan veloz ni tan heroico como él, mas todos llevaban su nombre glorioso.

Siendo la hija del dios del mar, nunca me había gustado andar por los aires.

Mi padre tenía una vieja rivalidad con Zeus, de modo que yo procuraba mantenerme alejada de los dominios del señor de los cielos. Ahora, cabalgar en un caballo alado me parecía diferente, no me ponía tan nerviosa, ni mucho menos, como viajar en avión. Quizá fue porque mi padre había creado los caballos con espuma marina, de manera que los pegasos venían a ser una especie de… territorio neutral.

-Exactamente hermanita. (Asintió Teseo)

Además, yo podía captar sus pensamientos y no me alarmaba cuando mi pegaso echaba a galopar sobre las copas de los árboles o cuando se lanzaba a perseguir por las nubes una bandada de gaviotas.

El problema era que Ty también quería montar un « poni gallina» , y los pegasos se asustaban en cuanto se les acercaba. Yo les decía telepáticamente que Ty no les haría daño, pero ellos no parecían creerme, y él se ponía a llorar.

-Awa, pobre tío (Se lamento Zoe.S abrazando al medio ciclope)

-Poni gallina malos. (Exagero Tyson para recibir mas atención de sus sobrinos)

Luego de las practicas me quedaba con Sil y dábamos largos paseos por la orilla del lago. Nuestra relación avanzaba a paso rápido. En nuestro último encuentro, mientras me hablaba de sus vacaciones en Paris, no pude evitar inclinarme y besarla en los labios, ella me sonrió brillantemente y se adelanto para otro beso. Luego de eso podría decir que nos familiarizamos mucho con los labios y técnicas de la otra.

-Wow ¿Qué? ¿Tú y Silena? (Jadeo Claris incrédula)

- ¿Cómo no lo notaste? (Cuestiono Katie) Sil solo hablaba de Persi y cada que lo hacia sonreía como boba. No entiendo como nadie en el campamento no lo noto. (Murmuro confundida)

-Ella me lo habría dicho (Negó Claris obstinadamente)

-No lo haría. ( Se opuso una voz melódica a sus espaldas) La odiabas demasiado.

Todos jadearon al voltearse y encontrarse con Silena Beauregard y Charles Beckendorf.

-Hasta que nos notaron. (Se burlo el hijo de Hefesto) Estamos aquí desde el comienzo del capitulo.

-No les mientas Charlie. Acabamos de llegar. (Les aseguro) Hola Persi, te extrañe. (Susurro mirando desde la semidiosa a la Diosa, ambas tenían los ojos llenos de lagrimas)

Como si la mención de su nombre las hubiera sacada del shock, ambas corrieron a abrazarla.

-¿Estás aquí? (Cuestiono Persi(M) con incredulidad tomando su rostro entre sus manos)

-Lo estoy. (Asintió dándole un beso en la frente) Te extrañe tanto. (Le confesó la castaña respirando el aroma de mar que su Persi siempre tenía) Lo siento.

-No, no. Fuiste y serás siempre una heroína, no tengo nada que perdonarte. Te extrañé tanto. (Le aseguro Persi (M) con seriedad a abrazándola)

-Hem hem. (Se aclaro la garganta Artemis bastante celosa)

Annabeth miraba la escena y se debatía entre estar emocionada o enojada, Persi era suya, pero por lo que ha aprendido Silena fue muy importante para su sesos de alga.

-Perdón, pero necesitaba ese abrazo. (Dijo la hija de Afrodita luego de abrazar a ambas Persi's) Por cierto soy Silena Beauregard, tengo 18 años y mi madre es Afrodita. (Silena tiene cabello castaño y ojos azules, su figura es como la de una modelo)

-Charles Beckendorf, tengo 18 años y soy hijo de Hefesto. (Beckendorf es alto y fornido, de piel oscura y ojos negros)

Luego de que los dos recién llegados, fueran puestos al día con el relato y se acomodaran con el resto de los semidioses Luke. T continuó.

Entonces la única persona del campamento que no tenía ningún problema con Ty era Beckendorf, de la cabaña de Hefesto. El dios herrero siempre había trabajado con cíclopes en su forja, así que Beckendorf se llevaba a Ty a laarmería para enseñarle a trabajar el metal. Decía que en un periqueteconseguiría que Ty forjase instrumentos mágicos como un maestro.

-Y lo logró. (Hablo Persi (J) recordando el reloj que su hermano le regalo)

Tyson asintió en acuerdo.

-Gracias de nuevo Beck. (Le agradeció el semi-ciclope)

-Ya eras bueno Tyson, solo te puli un poco. (Le aseguro el hijo de Hefesto)

Después del almuerzo me entrenaba en el ruedo de arena con los de la cabaña de Apolo. El manejo de la espada ha sido siempre mi fuerte. La gente decía que yo era mejor en ese terreno que ningún otro campista de los últimos cien años, salvo Luke quizá.

Siempre me comparaban con Luke.

A los chicos de Apolo les daba verdaderas palizas sin esforzarme demasiado.

-Ni me lo recuerdes. (Se quejó Will, frotando distraídamente sus costillas, las cuales siempre tenía que curar luego de entrenar con ella)

-Lo siento. (Murmuro Persi (J) sin sonar lo siento)

Debería haberme entrenado con las cabañas de Ares y Atenea, que tenían a los mejores combatientes, pero no me llevaba bien con Claris y sus hermanos y después de mi discusión con Annabeth, sentía que ella no querría verme.

-Tan equivocada Jackson. (Negó Annabeth sabiendo cuanto le hubiera gustado que ella la buscara)

-Quería darte espacio. (Le susurró Persi (J) al oído)

Annabeth sonrió y la besó suavemente.

Iba también a la clase de tiro con arco, aunque en esta especialidad era muy mala y la clase sin Quirón ya no era lo mismo.

-Artemis al menos me hizo decente. Al menos ahora doy en la diana. (Pensó la azabache mayor en voz alta)

Artemis suspiro aliviada, que vergüenza hubiese sido si su esposa era pésima arquera.

En artes y oficios, había empezado un busto de mármol de Poseidón, pero como cada vez se parecía más a Sylvester Stallone, acabé dejándolo.

Los semidioses miraron al Dios del mar y se echaron a reír, el Dios no se parecía nada al actor. Las Persi's se sonrojaron y nuevamente maldijeron al libro por revelar tanto.

También trepé por la pared de escalada en el nivel máximo, que incluía lava y terremoto a todo trapo. Por las tardes, participaba en la patrulla fronteriza. Aunque Tántalo había insistido en que no nos preocupáramos por la protección del campamento, algunos campistas las habíamos mantenido sin decir nada y establecimos turnos en nuestros tiempos libres.

Los Dioses anotaban mentalmente no permitir jamás que Tántalo pise el campamento.

Estaba sentada en la cima de la colina Mestiza, contemplando a las ninfas que iban y venían mientras le cantaban al pino agonizante. Los sátiros traían sus flautas de caña y tocaban melodías mágicas, durante un rato las agujas del pino parecían mejorar. Las flores de la colina tenían también un olor más dulce y la hierba reverdecía, pero cuando la música se detenía, la enfermedad se adueñaba otra vez de la atmósfera. La colina entera parecía infectada, como si el veneno que había llegado a las raíces del árbol estuviera matándolo todo.

Los semidioses a pesar de saber que todo aquello ya sucedió, no pudieron evitar sentir dolor por la situación que relataba el libro.

Cuanto más tiempo pasaba allí, más me enfurecía.

Aquello era obra de Luke. Me acordaba de su astuta sonrisa y de la cicatriz de garra de dragón que le cruzaba la cara. Había simulado ser mi amigo, me conquistó y logró que me interesara en él románticamente, pero en realidad había sido todo el tiempo el sirviente número uno de Cronos.

Luke hizo una mueca. Tantas cosas mal haría si los Dioses no arreglaban el futuro.

Abrí la palma de la mano; la cicatriz que Luke me había dejado el verano pasado estaba desapareciendo, pero aún se veía un poco: una herida con forma de asterisco en el punto donde el escorpión del abismo me había picado.

Pensé en lo que me había dicho Luke justo antes de intentar matarme:

« Adiós, Persi. Se avecina una nueva Edad de Oro, pero tú no formarás parte de ella» .

Luke se sentía cada vez peor y aún faltaba mucho por leer, tenía el presentimiento que de ahora en adelante todo sería mucho peor.

Por las noches tenía más sueños en los que aparecía Grover. A veces sólo me llegaba su voz a ráfagas, y una vez le oí decir: "Es aquí" Y otra: "Le gustan las ovejas"

-Nuestra conexión no eran tan fuerte. (Se justificó el sátiro cuando todos lo miraron raro)

-Claro. (Hablo Leo no muy seguro del significado de eso)

Pensé en contárselo a Annabeth, pero me habría sentido estúpida. Es decir… "¿Le gustan las ovejas?" . Pensaría que me había vuelto loca.

-Asumes demasiado. (Se quejó Hazel)

Annabeth asintió en acuerdo.

-Y nunca tienes razón. (Señalo la rubia hija de Atenea)

Las Persi's fruncieron el ceño.

La noche antes de la carrera, Ty y yo terminamos nuestro carro. Era increíble. Tyson había hecho las partes de metal en la forja de la armería y yo lijé las maderas y lo monté todo. Era azul y blanco, con un dibujo de olas a ambos lados y un tridente pintado en la parte delantera. Después de todo aquel trabajo, era justo que Ty se situara a mi lado en la carrera, aunque sabía que a los caballos no les gustaría y que su peso extra sería un lastre y nos restaría velocidad.

-Honestamente me daba igual ganar, armar el carro fue una experiencia de unión que ya hizo que el trabajo duro valiera la pena. (Informo la ojiverde menor)

Tyson asintió y le sonrió a su hermana.

Cuando íbamos a acostarnos, Tyson me vio ceñuda y preguntó:

-¿Estás enfadada?

-No, no estoy enfadada. (Asegure)

Se echó en su litera y permaneció callado en la oscuridad. Su cuerpo era mucho más grande que el colchón y cuando se cubría con la colcha, los pies le asomaban por debajo.

-Debemos hacerte una litera más grande. (Observe ya pensando en las medidas)

-Soy un monstruo. (Susurro con tono triste)

-No digas eso. (Le espete molesta)

-No me importa. Seré un buen monstruo. Y no tendrás que enfadarte. (Me aseguro seriamente)

Volé de mi cama y aterricé sobre la suya, me desplome sobre él y lo abracé lo mejor que pude.

-Ty eres tan especial, eres bueno, dulce y el mejor hermano que podría pedir. Por favor no digas que eres un monstruo. Porque no lo eres. (Dije reteniendo las lágrimas) Además solo estoy preocupada por el campamento y además tengo otro amigo, Grover, que quizá corra peligro. Siento que debería hacer algo, pero no sé qué.

Ty permaneció callado.

-¿Ty?

Oí un ruido sordo y grave. Tyson estaba roncando.

Tyson se sonrojo, mientras que los demás se reían divertidos.

Suspiré y reí levemente.

-Buenas noches, grandullón. (Murmure regresando a mi cama)

Poco después me quedé dormida.

En mi sueño, Grover llevaba un vestido de novia.

Leo y Jasón miraron al sátiro como si lo estuvieran imaginando con vestido de novia.

-No creo que se vería tan mal. ¿Qué opinas? (Cuestiono el hijo de Júpiter con falsa seriedad)

-Todo depende del vestido. (Sentencio el hijo de Hefesto despreocupadamente)

-Idiotas los dos. (Los regaño Piper)

No le quedaba muy bien; era demasiado largo y tenía el dobladillo salpicado de barro seco, el escote se le escurría por los hombros y un velo hecho jirones le cubría la cara.

Jasón y Leo hicieron una mueca. Los otros ocupantes de la sala pusieron los ojos en blanco ante sus payasadas.

Estaba de pie en una cueva húmeda, iluminada únicamente con antorchas.

Había un catre en un rincón y un telar anticuado en el otro, con un trozo de tela blanca a medio tejer en el bastidor. Me miraba fijamente, como si yo fuera el programa de televisión que había estado esperando.

-¡Gracias a los dioses! (Gimió) ¿Me oyes?

Mi yo dormida fue algo lenta en responder. Seguía mirando alrededor y registrándolo todo: el techo de estalactitas, aquel hedor a ovejas y cabras, los gruñidos, gemidos y balidos que parecían resonar tras una roca del tamaño de un frigorífico que bloqueaba la única salida, como si más allá hubiese una caverna mucho más grande.

-Concéntrate sesos de alga. (Amonesto Annabeth con el ceño fruncido)

-Es un libro Amor. (Le gritó Persi (M) divertida) No te escucha.

-Silencio. (Mascullo haciendo un puchero)

-¿Persi? (Dijo Grover) Por favor, no tengo fuerzas para proyectarme mejor. ¡Tienes que oírme!

-Te oigo (Asegure) Grover, ¿qué ocurre?

Una voz monstruosa bramó detrás de la roca:

-¡Ricura! ¿Ya has terminado?

-¿Ricura? (Cuestiono Connor contenido la risa)

-¿Grover algo para decirnos? (Pregunto Travis igualmente divertido)

Grover los ignoro.

Grover dio un paso atrás.

-¡Aún no, cariñito! (Gritó con voz de falsete) ¡Unos pocos días más!

Todos los hombres tenían las mandíbulas por el piso.

-¿Tú? (Cuestiono Perseo)

-Hice lo que tenía que hacer para sobrevivir. (Se defendió)

-¡Pero…! ¿No han pasado ya las dos semanas?

-N-no, cariñito. Sólo cinco días. O sea que faltan doce más.

Leo fingió sacar las cuentas.-¿Qué calendario estabas usando?

-Cállate Leo. (Gruño Grover, quien ya quería que este libro terminara)

El monstruo permaneció en silencio, quizá tratando de hacer el cálculo. Debía de ser peor que yo en aritmética, porque acabó respondiendo:

-¡Está bien, pero date prisa! Quiero VEEEEER lo que hay tras ese velo, ¡je, je, je!

-¿Tío Grover te casaste con un monstruo? (Cuestiono Teseo. P confundido)

El sátiro negó efusivamente. -Nunca.

-Pero.

-Espera por la lectura bebé. (Calmo Artemis que lo tenía en su regazo)

Teseo. P asintió.

Grover se volvió hacia mí.

-¡Tienes que ayudarme! ¡No queda tiempo! Estoy atrapado en esta cueva.

En una isla en medio del mar.

-¿Dónde?

-No lo sé exactamente. Fui a Florida y doblé a la izquierda.

-¿Qué? ¿Cómo pudiste…?

-¡Es una trampa! (Se quejo) Esa es la razón de que ningún sátiro haya regresado nunca de esta búsqueda. ¡Él es un pastor Persi! Y tiene eso en su poder. ¡Su magia natural es tan poderosa que huele exactamente como el gran Dios Pan! Los sátiros vienen aquí creyendo que han encontrado a Pan y acaban atrapados y devorados por Polifemo.

Poseidón gruño, por supuesto que es Polifemo.

-¿Poli… qué?

-¡El cíclope! (Aclaró exasperado) Casi logré escapar. Recorrí todo el camino hasta St. Augustine.

-Pero él te siguió (Dije recordando mi primer sueño) Y te atrapó en una boutique de vestidos de novia.

-Exacto. Mi primera conexión por empatía debió de funcionar, después de todo.

-¿Empatía? ¿Cómo te atreviste a hacer algo así sátiro? (Gruño Artemis) ¿Y si hubieras muerto?

Grover palideció. -Era mi única opción.

-Paz mi Luna, Grover es mi mejor amigo, estoy feliz que esa conexión me haya permitido ayudarlo. (Informo la ojiverde mayor suavemente)

-Lo siento, pero aún así no me gusto, un simple error y te habría costado la vida. (Se quejó la Diosa ojos de plata)

Persi (M) se inclinó y la besó ligeramente en los labios.

-Me gusta como ya te preocupas por mi.

-Que no se te suba a la cabeza Princesa. (Se burló alejándose del beso)

Persi rio entre dientes.

-Y mira, ese vestido de boda es lo único que me ha mantenido con vida. Él cree que huelo bien, pero yo le dije que era un perfume con fragancia de cabra. Por suerte, no ve demasiado; aún tiene el ojo medio cegado desde la última vez que se lo sacaron, pero pronto descubrirá lo que soy. Me ha dado sólo dos semanas para que termine la cola del vestido. ¡Y cada vez está más impaciente!

-¡Espera un momento! El cíclope cree que eres…

-¡Sí! (Gimió Grover) ¡Cree que soy una cíclope y quiere casarse conmigo!

En otras circunstancias habría estallado en carcajadas, pero el tono de Grover era serio y temblaba de miedo.

-¡Iré a rescatarte! (Le prometí) ¿Dónde estás?

-En el Mar de los Monstruos, por supuesto.

-¿Todos olvidan que es nueva en nuestro mundo? (Cuestiono Hestia confundida)

-Al parecer sí. Y luego el tono condescendiente que utilizan, como si fuera obvio. (Se quejó Persi (J))

-¿El mar de qué?

-¡Ya te lo he dicho! ¡No sé exactamente dónde! Y escucha Persi, de verdad que lo siento, pero esta conexión por empatía… Bueno, no tenía alternativa. Nuestras emociones ahora están conectadas. Y si yo muero…

Los semidioses jadearon sorprendidos.

-¡Grover! ¿Cómo pudiste poner en peligro a Persi de esa forma? (Regaño Thalia)

-Era la única forma de contactarla. (Respondió triste)

-No, no discutiremos esto. Luki sigue. (Mando Persi (M))

-No me lo digas: también moriré yo.

-Bueno, tal vez no, quizá sigas viviendo en un estado vegetativo durante años.

-¿Eso se supone que es algo positivo? (Cuestiono Nico con sarcasmo)

-Pero, eh… sería todo mucho mejor si me sacaras de aquí.

-¡Ricura! (Bramó el monstruo) ¡Es hora de cenar! ¡Y hay deliciosa carne de cordero!

-Tengo que irme (Lloriqueó) ¡Date prisa!

-¡Espera! Has dicho que él tiene "eso" ¿El qué?

La voz de Grover ya se estaba apagando.

-¡Dulces sueños! ¡No me dejes morir!

El sueño se desvaneció y me desperté con un sobresalto. Era plena madrugada. Tyson me miraba preocupado.

-¿Te encuentras bien? (Me preguntó)

Un escalofrío me recorrió la columna al oír su voz. Sonaba casi exactamente igual que la del monstruo que acababa de oír en mi sueño.

La mañana de la carrera hacía calor y mucha humedad. Una niebla baja se

deslizaba pegada al suelo como vapor de sauna. En los árboles se habían posado miles de pájaros: gruesas palomas blancas y grises aunque no emitían el arrullo típico de su especie, sino una especie de chirrido metálico que recordaba al sonar de un submarino.

-No es bueno. (Murmuro Frank)

-No. (Estuvo de acuerdo Hazel) La carrera va a apostar.

Frank asintió en acuerdo.

La pista de la carrera había sido trazada en un prado de hierba situado entre el campo de tiro y los bosques. La cabaña de Hefesto había utilizado los toros de bronce, domesticados por completo desde que les habían machacado la cabeza, para aplanar una pista oval en cuestión de minutos.

Había gradas de piedra para los espectadores: Tántalo, los sátiros, algunas ninfas y todos los campistas que no participaban.

El señor D no apareció. Nunca se levantaba antes de las diez de la mañana.

-Perezoso (Se burló Hermes, quien nunca tenía tiempo para dormir más que unas pocos horas)

-¡Muy bien! (Anunció Tántalo cuando los equipos empezaron acongregarse en la pista. Una náyade le había traído un gran plato de pasteles dehojaldre y mientras hablaba, su mano derecha perseguía un palo de nata ychocolate por la mesa de los jueces) Ya conocen las reglas: una pista decuatrocientos metros, dos vueltas para ganar y dos caballos por carro. Cadaequipo consta de un conductor y un guerrero. Las armas están permitidas y es deesperar que haya juego sucio. ¡Pero trata de no matar a nadie! (Tántalo nos

sonrió como si fuéramos unos chicos traviesos) Cualquier muerte tendrá un severo castigo. ¡Una semana sin malvaviscos con chocolate en la hoguera del campamento!

-¿Estás bromeando? (Espeto Apolo incrédulo)

-Aun no lo hago. (Se defendió Dionisio al recibir miradas de muerte)

-Y más te vale no hacerlo. (Amenazo Deméter para asombro de todos)

-¡Y ahora, a los carros!

Beckendorf, el líder del equipo de Hefesto, se dirigió a la pista. El suyo era un prototipo hecho de hierro y bronce, incluidos los caballos, que eran autómatas mágicos como los toros de Cólquide. No tenía la menor duda de que aquel carro albergaba toda clase de trampas mecánicas y más prestaciones que un Maserati con todos sus complementos.

Beckendorf sonrió satisfecho, mientras Leo lo miraba con admiración. Desde que oyó hablar de Beck en el campamento, deseaba poder haberlo conocido, ahora tenía una oportunidad. Trataría de acercarse antes de ir a dormir.

Del carro de Ares, color rojo sangre, tiraban dos horripilantes esqueletos de caballo. Claris subió con jabalinas, bolas con púas, abrojos metálicos, de esos que siempre caen con la punta hacia arriba, y un montón más de cacharros muy letales.

El carro de Apolo, elegante y en perfecto estado, era todo de oro y lo tiraban dos hermosos palominos de pelaje dorado, cola y crin blanca. Su guerrero estaba armado con un arco, aunque había prometido que no dispararía flechas normales a los conductores rivales.

-No lastimamos, nosotros curamos. (Informó Will en tono obvio)

El carro de Hermes era verde y tenía un aire anticuado, como si no hubiese salido del garaje en años. No parecía tener nada de especial, pero lo manejaban los hermanos Stoll y yo temblaba sólo de pensar en las jugarretas que debían de haber planeado.

Los Stoll chocaron cinco y sonrieron traviesamente.

Quedaban dos carros: uno conducido por Annabeth y otro por mí. Antes de empezar la carrera, me acerqué a ella y empecé a contarle mi sueño. Pareció animarse cuando mencioné a Grover, pero en cuanto le expliqué lo que me había dicho, volvió a mostrarse distante y suspicaz.

-Lo que quieres es distraerme (Decidió al fin)

Piper y Thalia se golpearon la frente.

-¡De ninguna manera!

-¡Ya, claro! Como si Grover tuviese que ir a tropezar precisamente con lo único que podría salvar al campamento.

-El vellocino. (Susurro Atenea para ella misma)

-¿Qué quieres decir?

Ella puso los ojos en blanco.

-Vuelve a tu carro, Persi.

-No me lo invente. Grover corre peligro, Annabeth. (Urgí preocupada)

Ella vaciló, intentando decidir si confiaba en mí o no.

-¿Realmente? (Inquirió Rachel molesta)

-Mi orgullo era mucho peor entonces. (Se defendió Annabeth)

Pese a nuestras peleas ocasionales, juntas habíamos superado muchas cosas. Y yo sabía que ella no quería que le pasara nada malo a Grover.

-Por supuesto que no. (Hablo la rubia como si fuera obvio) También es mi amigo.

El sátiro la miró agradecido.

-Persi, una conexión por empatía es muy difícil de establecer. Quiero decir que lo más probable es que estuvieras soñando.

-Puede ser, pero con ella fue sencillo, nuestra amistad es realmente fuerte. (Informo Grover)

-El Oráculo (Pedí) Podemos consultar al Oráculo.

Annabeth frunció el ceño.

El verano anterior, antes de emprender la búsqueda del rayo maestro, visité al extraño espíritu que vivía en la Casa Grande y me hizo una profecía que se cumplió de una manera imprevisible. Aquella experiencia me había dejado inquieta durante meses. Annabeth sabía que no me habría pasado por la cabeza volver a consultar al Oráculo si no estuviese hablando en serio.

Antes de que pudiera responder, sonó la caracola.

-¡Competidores! (Gritó Tántalo) ¡A sus puestos!

-Hablaremos después (Me dijo Annabeth) Cuando haya ganado la

carrera.

Piper suspiro irritada. "Claro que ella estaría así de competitiva"

Mientras iba hacia mi carro, advertí que había muchas más palomas en los árboles soltando aquel chirrido enloquecedor y haciendo que crujiera el bosque entero. Nadie parecía prestarles atención, pero a mí me ponían nerviosa; sus picos brillaban de un modo extraño y sus ojos relucían más de lo normal.

Silena se me acercó y me tomó la mano.

-Suerte. (Deseo sonriéndome hermosamente)

-Gracias. (Le dije, besando su mejilla)

Ty tenía problemas para controlar los caballos. Tuve que hablar con ellos un buen rato para calmarlos.

" ¡Es un monstruo, princesa!" se quejaban.

"Es hijo de Poseidón (los regañe) Igual que yo"

"¡No! (Insistían) ¡Monstruo! ¡Devorador de caballos! ¡No es de fiar!"

Suspire. "Les daré terrones de azúcar al final de la carrera" (Soborne)

" ¿Terrones de azúcar?"

" Terrones enormes. Y manzanas. ¿Ya había dicho lo de las manzanas?"

El dios de los mares sonrió ante la imagen que se le vino a la cabeza. Su hija con el ceño fruncido negociando con los caballos.

Así que se dejaron poner las riendas y los arreos.

Por si nunca haz visto un carro griego, debes saber que es un vehículo diseñado exclusivamente para la velocidad, no para la seguridad ni el confort.

-¿Porque querrías seguridad en una carrera? (Se burló Ares)

-Claro. ¿Por qué? (Se burló Orión) Es decir que importa si mueres ¿No? (Inquirió con sarcasmo)

Ares asintió en acuerdo, sin notar el sarcasmo del semi-gigante.

-Idiota. (Se quejó este)

Básicamente, viene a ser una canastilla de madera abierta por detrás y montada sobre un eje con dos ruedas. El auriga permanece de pie todo el tiempo, les aseguro que se nota cada bache. La canastilla es de una madera tan ligera, que si uno pierde el control en la curva que hay en cada extremo de la pista, lo más probable es que vuelque y acabe aplastada bajo el carro.

Es una carrera mucho más rápida que las de monopatín.

-Tus comparaciones son tan extrañas. (Hablo Katie riendo )

Persi (J) se encogió de hombros mientras le guiñaba el ojo divertida.

Tomé las riendas y llevé el carro hasta la línea de salida. A Ty le di una estaca de tres metros y le encomendé mantener lejos a los rivales que se acercaran demasiado, así como desviar cualquier cosa que pudieran arrojarnos.

-No golpear a los ponis con el palo (Dijo Ty recordando mi pedido)

-No (Confirme) Y tampoco a la gente, si puedes evitarlo. Vamos a correr jugando limpio. Tú limítate a evitarme distracciones para que pueda concentrarme en conducir.

Hestia, Hera y Sally sonrieron suavemente.

-¡Venceremos! (Dijo sonriendo abiertamente)

Le sonreí.

Siendo honesta no lo creía; Pero tenía que intentarlo. Quería demostrar a los demás… Que Ty no era tan mal tipo, que a mí no me avergonzaba que me viesen en público con él e incluso que no me habían afectado todos sus chistes y apodos.

Mientras los carros se alineaban, en el bosque se iban reuniendo más palomas de ojos relucientes. Chillaban tanto que los campistas de la tribuna empezaron a mirar nerviosamente los árboles, que temblaban bajo el peso de tantos pájaros.

-¿Por qué las ignoran? (Cuestiono Reyna)

-Tántalo. (Contestaron los campistas que estuvieron presentes en la carrera)

Tántalo no parecía preocupado, pero tuvo que levantar la voz para hacerse oír entre aquel bullicio.

-¿Por qué lo estaría? No puede morir. (Les recordó Atenea)

-¡Aurigas! (Gritó) ¡A sus marcas!

Hizo un movimiento con la mano y dio la señal de partida. Los carros cobraron vida con estruendo. Los cascos retumbaron sobre la tierra y la multitud estalló en gritos y vítores.

Casi de inmediato se oyó un estrépito muy feo. Miré atrás justo a tiempo de ver cómo volcaba el carro de Apolo; el de Hermes lo había embestido; tal vez sin querer, o tal vez no.

-Por supuesto que fue intencional. ¿Por quién nos tomas? (Se quejó Travis falsamente ofendido)

-Fue una vergüenza, ni siquiera avanzamos nada. (Lloriqueo el hijo de Apolo)

Los Stoll se rieron y chocaron 5.

Sus ocupantes habían saltado, pero los caballos, aterrorizados, siguieron arrastrando el carro de oro y cruzando la pista en diagonal. Travis y Connor Stoll, los del Hermes, se regocijaron de su buena suerte. Pero no por mucho tiempo, porque los caballos de Apolo chocaron con los suyos y su carro volcó también, dejando en medio del polvo un montón de madera astillada y cuatro caballos encabritados.

Will sonrió. -Pero por suerte existe el karma.

Travis y Connor hicieron una mueca.

Dos carros fuera de combate en los primeros metros. Aquel deporte me encantaba.

-Persi. (Se quejó Sally poniendo los ojos en blanco)

Volví a centrarme en la cabeza de la carrera. Íbamos a buen ritmo, por delante de Ares, pero el carro de Annabeth nos llevaba mucha ventaja, ya estaba dando la vuelta al primer poste, mientras su copiloto sonreía sarcástico y nos decía adiós con la mano.

Annabeth sonrió presumida, pero lo escondió, ya sabía como terminaba la carrera.

-¡Nos vemos!

El carro de Hefesto también empezaba a adelantarnos. Beckendorf apretó un botón y se abrió un panel en el lateral de su carro.

-¡Lo siento, Persi ! (Chilló)

-Y estabas sonriendo mientras lo decías. (Informo Persi (J) con una risa)

Beck rio complacido.

Tres bolas con cadenas salieron disparadas hacia nuestras ruedas. Nos habrían destrozado si Tyson no las hubiese desviado con un golpe rápido de su estaca. Además, le dio un buen empujón al carro de Hefesto y lo mandó dando tumbos de lado mientras nosotros nos alejábamos.

-¡Si tío! (Corearon sus sobrinos derribándolo al suelo y saltando sobre él)

-¡Buen trabajo, Ty! (Grité)

-¡Pájaros! (Exclamó él)

-¿Qué?

Avanzábamos tan deprisa que apenas oíamos ni veíamos nada, pero Ty señaló hacia el bosque y entonces vi lo que lo inquietaba. Las palomas habían alzado el vuelo y descendían a toda velocidad, como un enorme tornado, directamente hacia la pista.

"Nada serio (Me dije) No son más que palomas"

-¿Cómo puedes pensar que son solo palomas? Viste sus picos de metal. (La regaño Artemis)

-Nadie les había prestado atención, pensé que eran inofensivas. (Se defendió la azabache mayor)

Intenté concentrarme en la carrera.

Hicimos el primer giro con las ruedas chirriando y el carro a punto de volcar, pero ahora estábamos sólo a tres metros de Annabeth. Si conseguía acercarme un poco más, Tyson podría usar su estaca.

El copiloto de Annabeth ya no reía. Sacó una jabalina de la colección que llevaba y me apuntó al pecho. Iba a lanzármela cuando se produjo un gran griterío.

Miles de palomas se lanzaban en tromba contra los espectadores de las gradas y los demás carros. Beckendorf estaba completamente rodeado. Su guerrero intentaba ahuyentarlas a manotazos, pero no veía nada. El carro viró, se salió de la pista y corrió por los campos de fresas con sus caballos mecánicos echando humo.

En el carro de Ares, Claris dio órdenes a gritos a su guerrero, que cubrió de inmediato la canastilla con una malla de camuflaje. Los pájaros se arremolinaron alrededor, picoteando y arañando las manos del tipo, que trataba de mantener la malla en su sitio. Claris se limitó a apretar los dientes y siguió conduciendo. Sus esqueletos de caballo parecían inmunes a la distracción. Las palomas picoteaban inútilmente sus órbitas vacías y atravesaban volando su caja torácica, pero los corceles continuaban galopando como si nada.

Ares sonrió.

Los espectadores no tenían tanta suerte. Los pájaros acometían contra cualquier trozo de carne que hubiese a la vista y sembraban el pánico por todas partes. Ahora que estaban más cerca, resultaba evidente que no eran palomas normales; sus ojos pequeños y redondos brillaban de un modo maligno, sus picos eran de bronce y, a juzgar por los gritos de los campistas, afiladísimos.

-¡Pájaros del Estínfalo! (Gritó Annabeth. Redujo la velocidad y puso su carro junto al mío) ¡Si no logramos ahuyentarlos, picotearán a todo el mundo hasta los huesos!

-Ty (Llame) debemos dar la vuelta.

-¿Vamos en dirección equivocada? (Cuestiono confundido)

-Eso siempre (Dije con un gruñido, y dirigí el carro hacia las tribunas)

Annabeth corría a mi lado.

-¡Héroes, a las armas! (Gritó. Pero no creo que nadie la oyera entre los rechinantes graznidos y el caos general)

Mantuve las riendas en una mano y logré sacar a Contracorriente justo cuando una oleada de pájaros se abalanzaba sobre mi rostro, abriendo y

cerrando su pico metálico. Los acuchillé en el aire con violentos mandobles y se disolvieron en una explosión de polvo y plumas.

-Eres increíble. (Mascullo Jasón totalmente fascinado por la habilidad nata de su prima)

-Gracias Jasse. (Sonrió Persi (M) y le guiño un ojo)

Pero quedaban miles aún. Unode ellos me picoteó el trasero y poco me faltó para abandonar el carro de unsalto.

Todos estallaron en carcajadas ante eso.

Annabeth no tenía mejor suerte. Cuanto más cerca estábamos de las tribunas, más densa era la nube de pájaros que nos rodeaba.

Algunos espectadores trataban de contraatacar y los campistas de Atenea reclamaban sus escudos. Los arqueros de la cabaña de Apolo habían sacado sus arcos y flechas, y se disponían a usarlos para terminar con aquella amenaza, pero con tantos campistas rodeados de pájaros, era peligroso disparar.

-¡Son demasiados! (Le grité a Annabeth) ¿Cómo vamos a quitárnoslos de encima?

Ella atravesó una paloma con su cuchillo.

-¡Hércules utilizó el ruido! ¡Campanas de latón! Las ahuyentó con el sonido más horrible que pudo.

Hércules se cruzó de brazos arrogantemente.

Sus ojos se abrieron como platos.

-¡La colección de Quirón! (Urgí)

-¡Oigan! Mi colección nones un ruido espantoso. (Se quejó Quiron)

Tanto los Dioses como lo semidioses evitaron su mirada.

Ella asintió rápidamente, como si hubiese llegado a la misma conclusión.

-Lo hice. (Aseguro Annabeth)

-¿Crees que funcionará?

Ella le entregó las riendas a su guerrero y saltó a mi carro como si fuera la cosa más fácil del mundo.

-¡A la Casa Grande! ¡Es nuestra única posibilidad!

Claris acababa de cruzar la línea de meta sin la menor oposición, y sólo entonces pareció darse cuenta de lo grave que era la situación.

Claris se sonrojo.

Cuando nos vio alejarnos, gritó:

-¿Salen huyendo? ¡La lucha está aquí, cobardes! (Desenvainó su espada y se fue hacia las tribunas)

Puse los caballos al galope; el carro cruzó retumbando los campos de fresas y la pista de voleibol, y se detuvo con una sacudida frente a la Casa Grande.

Annabeth y yo corrimos hacia el interior y derribamos la puerta del apartamento de Quirón.

Su equipo de música seguía en la mesilla de noche, y también sus cedes favoritos. Agarré los más repulsivos, Annabeth cargó con el equipo y nos precipitamos de vuelta al carro.

Quiron se cruzó de brazos y agachó la cabeza.

En la pista se veían carros en llamas y campistas heridos corriendo en todas direcciones, mientras los pájaros les destrozaban la ropa y arrancaban el pelo. Entretanto, Tántalo perseguía pasteles de hojaldre por las tribunas, gritando de vez en cuando.

-¡Todo está bajo control! ¡No hay de qué preocuparse!

-Estoy torturando a Tántalo cuando termine esto. (Aseguro Hades)

Nos detuvimos en la línea de meta. Annabeth preparó el equipo de música, mientras yo rezaba para que las pilas funcionasen.

-¡Dioses Persi! (Rieron sus compañeros)

-Tengo TDHA. (Se defendió riendo Persi (J))

Apreté play y se puso en marcha el disco favorito de Quirón: Grandes éxitos de Dean Martin.

El centauro gimió lastimosamente. "Tanta falta de respeto a los clasicos"

El aire se llenó de pronto de violines y una pandilla de tipos gimiendo en italiano.

Las palomas demonio se volvieron completamente locas. Empezaron a volar en círculo y a chocar entre ellas como si quisieran aplastarse sus propios sesos.

Enseguida abandonaron la pista y se elevaron hacia el cielo, convertidas en una enorme nube oscura.

-¡Ahora! (Gritó Annabeth) ¡Arqueros!

Con un blanco bien definido, los arqueros de Apolo tenían una puntería impecable. La mayoría sabía disparar cinco o seis flechas al mismo tiempo.

-Eso no es nada. (Desestimo Zoe) Miren esto. (Se jactó)

Zoe tomó su arco y casi a la velocidad de la luz comenzó a dispararle a los platillos que su señora hacía aparecer. Derribo los 30 en 10 segundos.

Apolo y Will la miraban boquiabiertos.

En unos minutos, el suelo estaba cubierto de palomas con pico de bronce muertas, y las supervivientes ya no eran más que una lejana columna de humo en el horizonte.

El campamento estaba salvado, pero los daños eran muy serios; la mayoría de los carros había sido totalmente destruidos. Casi todo el mundo estaba herido y sangraba a causa de los múltiples picotazos, las chicas de la cabaña de Afrodita chillaban histéricas porque les habían arruinado sus peinados y rajado los vestidos. Silena les gruñía y las mandaba a limpiar el desorden dejado.

-¡Bravo! (Exclamó Tántalo, pero sin mirarnos a Annabeth y a mí) ¡Ya tenemos al primer ganador!

Caminó hasta la línea de meta y le entregó los laureles dorados a Claris, que lo miraba estupefacta.

Luego se volvió hacia mí con una sonrisa.

-Y ahora, vamos a castigar a las alborotadoras que han interrumpido la carrera.

-Eso es todo. (Finalizo Luke. T en tono molesto) Ese Tántalo es un

-Idioma Luki. (Lo interrumpió Persi (M) suavemente)

-Insufrible. (Termino optando por una palabra más suave)

Persi (M) le sonrió.

-No sé ustedes, pero estoy cansada. ¿Cenamos y luego a dormir? (Pidió)

Zeus estuvo de acuerdo, todos se trasladaron al palacio de Hestia.