Vestal

Summary: Ellas eran mujeres vírgenes, de exuberante belleza en representación de la hermosura femenina. Ellas eran las encargadas de mantener firme la viva llama del templo. Ellas alababan a la diosa del hogar Vesta. Ellas eran las encargadas de velar por la seguridad del pueblo Romano. Ellas eran puras, intangibles y completamente prohibidas para las manos de los hombres. Ellas eran vírgenes.

Eran llamadas: Las Vestales.

...

Los personajes que aparecen en este Fic son de la serie Miraculous Ladybug y son pertenecientes a Thomas Astruc y Jeremy Zag. La trama por el contrario es totalmente mía.

Inspiración tomada de la Antigua Roma.

Universo Alterno.


Capítulo V

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"Ne Quid nimis"

"Nada en exceso"

En cualquier situación debe haber equilibrio, mesura, un límite que no puede sobrepasarse.

...

1 Semana Después

Los días después de la visita del Emperador al Palacio de las Vestales fueron un verdadero suplicio. Con Adara al mando, casi nadie estaba a salvo de cualquier reproche, ya sean los lictores, los guardias o las mismas Vestales. Todo siempre tenía algo malo a los ojos de la nueva Vestal Máxima.

Todo apuntaba a que a Adara se le había subido el cargo de Virgo Máxima a la cabeza. Y no era para menos, sí siendo solo una Vestal común ya era lo bastante irritante de soportar, ahora no se podía hacer nada sin su consentimiento. Incluso había declarado un nuevo y estricto toque de queda para ir a la cama, exactamente a las ocho de la noche, con excepción de la hermana que debía proteger el fuego sagrado en el templo.

Marinette no había tenido otro encuentro con Adara desde entonces, al menos no como el último. Su espalda se había curado bien, y afortunadamente las heridas no fueron tan graves y la situación no pasó de un susto. Pero aún así, los últimos días, mientras cumplía con sus respectivas obligaciones, había tenido que recurrir a todo su autocontrol para no saltar y enfrentarse nuevamente hacia Adara sacando a relucir su conocido temperamento justiciero. No quería meter en problemas ni a ella ni a sus hermanas nuevamente, aunque francamente Adara andaba con el humor de una Gorgona, y se liaba con todos por nimiedades. La armonía que reinaba en el Palacio de las Vestales poco a poco se fue desvaneciendo hasta el punto en que todas sus hermanas y ella misma andaban tensas esperando el próximo regaño de la Virgo Máxima.

La hermosa chica de cabellos color medianoche suspiró tratando de concentrarse en las llamas que tenía enfrente. Sus ojos se ajustaron a las brasas que reposaban en la bandeja de metal y parpadearon varias veces tratando de encontrar alguna imagen reflejada en los hermosos colores entre rojizo y naranja.

Dejó caer sus hombros derrotada al fallar por tercera vez a la idea de ver imágenes a través del fuego, se dio por vencida suspirando tristemente y bajando la cabeza sin ver a la figura detrás de ella.

—¿Aún no consigues ver nada?

La voz de su superiora la hizo levantar la vista para ver a la mujer de rasgos maduros con una ceja alzada y los brazos cruzados en su pecho en una pose firme.

—Lo siento.

La mujer suspiró cansinamente tratando de tener paciencia y miró a la joven con comprensión.

—Debes prestar más atención, Marinette. Conecta tu espíritu con el de la llama y solo deja que fluya.

—En serio lo intento, Regina—dijo con exaspero—Pero lo único que logro es que mis ojos se cansen y que el calor azote mi rostro.

Regina cerró los ojos tratando de tranquilizarse y miró a su hermana de rango menor abatida.

—Ya lo intentarás otro día. Por hoy, solo trata de que el fuego no queme parte de tu vestimenta, cómo la última vez— comentó Regina a una avergonzada Marinette.

—Eso solo pasó una vez—se excusó.

—Y espero sea la última—sentenció.

Dicho esto la Vestal se retiró dejando a Marinette suspirando entre aliviada y abrumada.

Cuando Regina estaba a punto de dirigirse a sus alumnas, la interrumpió una de sus hermanas, dirigiéndose hacia ella con prisa para susurrarle algo al oído que hizo que pusiera una mueca de sorpresa y se dirigiera a Marinette.

—Marinette—la llamó su hermana—acércate, por favor.

La mencionada alzó la cabeza mirando a su Regina junto a Beatriz. Ante esto abrió los ojos con sorpresa, Beatriz era conocida por ser la más recta de todas, nunca interrumpía ni le gustaba que interrumpieran sus clases a no ser que sea un asunto realmente importante, y a juzgar por la escena plasmada ante sus ojos, podía deducir sin temor a equivocarse de qué el asunto era urgente, y por la mirada que le daban Beatriz y Regina, temía que no fuera algo bueno.

«Oh, por Hestía ¿Qué hice ahora?»

Sin vacilación, se levantó del mullido cojinete en el que había estado sentada y se dirigió con pasos firmes hacia donde estaban sus superioras. Regina le dio una mirada que pudo identificar.

—Marinette. Beatriz ha llegado hacia mi para que le otorgue el permiso de llevarte a una audiencia con Adara. Ella solicita tu presencia ahora mismo, y yo se lo he concedido. Por favor sigue a Beatriz para que te explique lo que debes saber.

—D-De acuerdo, con su permiso—contestó Marinette haciendo una reverencia y retirándose junto con Beatriz con un nudo en el estómago por los nervios. Estaba consiente y totalmente segura, de que no había hecho nada malo hasta ahora para recibir un castigo proveniente de Adara, sin embargo, esperaría a ver qué se le ofrecía a la Virgo Máxima para solicitar su presencia tan repentinamente.

Regina miró a Marinette retirarse junto a su hermana Beatriz y suspiró al saber que su distraída y peculiar estaba lista para pasar a la siguiente etapa, como lo habían hecho sus hermanas antes que ella.

—Muy bien todas, la clase de interpretación ha terminado, por favor, diríjanse al siguiente pabellón para su próxima clase, pueden retirarse—vociferó para todas sus alumnas, quienes se levantaron de sus respectivos cojines e hicieron una reverencia hacia su maestra para retirarse a sus próximas clases.

La caminata junta a Beatriz no fue incómoda, pero sí silenciosa. En un principio, no había querido preguntar el por qué la llevaban con Adara aunque moría por averiguarlo. Y sus ojos miraban el piso cómo si fuera lo más interesante del momento.

—Debes estar preparada para lo que se viene, Marinette—dijo Beatriz autoritaria—la razón por la que nos dirigimos hacia Adara, es por órdenes del Pontífice.

—¿El Pontífice?—inquirió Marinette curiosa.

Beatriz asintió.

—Cómo ya debes saber, Naenia y Aurelia fueron de las primeras en llegar aquí cómo servidoras de Hestía—recordó—luego sigues tú, por secuencia. Una de las preparaciones para lograr abandonar el ciclo de aprendiz y pasar a la siguiente etapa, es saber sobre la historia de la política y cultura de Roma. Ya te hemos enseñado lo básico en algunas charlas, pero debes estudiarlas a fondo. Sí quieres proteger a tu pueblo, debes conocerlo. Y saber sus principios.

—¿Entonces, Adara me enseñará política?—preguntó temerosa.

—No—negó—Ella sólo supervisará los avances de tus estudios, al ser la Virgo Máxima tiene acceso y completa autorización para ser quién te mantenga centrada en tus labores.

Marinette suspiró aliviada, pero igual estaba preocupada por un pequeño detalle.

—Y-Yo... no estoy muy segura de poder hacerlo, Beatriz ¿Es necesario cumplir con esto?

—Más que necesario, Marinette. Es parte de las obligaciones de ser una Vestal.

Oh, por supuesto. Había olvidado su título y lo que esto conllevaba por un instante.

—Entonces... ¿Quién me enseñará, si Adara sólo estará vigilándome?

—Tú lo harás—contestó normalmente.

—¿Cómo?

—El resultado de esto es que realices los estudios por tu cuenta, deberás leer cada libro de política que encuentres en la biblioteca real y estudiar con dedicación y esmero. En pocas palabras, ser autodidacta.

—¿Iré al Palacio del Emperador?—preguntó sorprendida.

—Sí, los estudios los realizarás todas las tardes en el Palacio del Emperador. La biblioteca estará a tu completa disposición y podrás disponer de solo unos momentos de descanso para recorrer cualquier parte del palacio. Luego deberás continuar con tus estudios. El único día en el que no te presentarás al palacio, será cuando te toque cuidar la llama en el templo.

Todo eso era mucho para procesar. ¿Tendría que asistir todos los días al Palacio para leer aburridos libros sobre política y cultura? Y por si fuera poco, tendría cómo compañía a la gorgona de Adara.

Esto estaba comenzando a resultarle abrumador. Ni siquiera podía hablar con Hestía a través de las llamas o ver imágenes cómo lo hacía Daila, ni podía tocar la lira cómo Aurelia. Las clases de arte se le daban fatal y la literatura apenas podía llevarle el ritmo. No era precisamente el mejor ejemplo de una Vestal inteligente y talentosa. Sus hermanas tenían cualidades que las hacían resaltar de diferentes formas. Ella no podía hacer nada sin que provocara algún incidente. Era un desastre andante.

Para ese punto, su respiración había comenzado a agitarse y podía apostar a que estaba tremendamente pálida. Sentía sus manos frías y un nudo en el estómago provocándole un severo dolor abdominal. Tenía pinta de desmayarse pronto.

—Marinette, tranquilízate—dijo Beatriz tocando su hombro suavemente, preocupada al ver el tono blanquecino en la piel de la joven—puedes hacer esto, no es nada del otro mundo. Tus hermanas cumplieron exitosamente su oficio, tú también lograrás hacerlo. Belisa hubiera estado tan orgullosa de ti al verte tan cerca de pasar al siguiente ciclo.

La joven regreso su mirada al suelo y por breves segundos pudo visualizar a su fallecida hermana dándole ánimos. Le había prometido a Belisa ser una de las mejores Vestales, se lo había jurado ante Hestía.

Acarició sus brazos desnudos y miró a Beatriz con decisión.

—Gracias, Beatriz. Yo... haré lo mejor posible.

—No necesitas decírmelo. Los resultados de tus estudios hablarán por si solos.

Marinette asintió y conteniendo la respiración se acercó al enorme portón donde la esperaba una completamente quieta Adara, con una expresión apacible en su rostro.

La quedó mirando por unos instantes haciendo que se sintiera incómoda y demasiado tensa en sus hombros, que decayeron al oírla resoplar, se arregló su espeso cabello castaño oscuro y se alistó para salir mirándola de reojo.

—Andando — ordenó haciéndole saber que debía seguirla.

Marinette se apresuró a llegar al lado de la nueva Virgo Máxima y caminó tal y como ella lo hacía: erguida, mirando hacia el frente y con la manos reposadas en su vientre bajo tratando de no tropezar ante la incómoda salida. Estaba nerviosa y a la vez ansiosa. Nunca había conocido por dentro el palacio del Emperador, esperaba llegar a la segunda etapa antes de poder visitarlo. Pero con estos cambios tan repentinos y ahora con Adara a cargo, todo era completamente renovado, y no sabía si para bien o para mal.

Anduvieron en silencio por un largo tiempo. Marinette iba con la mirada perdida en cualquier otra cosa que no fuera Adara y la Vestal mayor seguía su ritmo pausado y elegante. Parecía estar contando los pasos mentalmente y su rostro permanecía sereno.

—Este es un gran paso en la vida de una Vestal, Marinette — dijo Adara deteniéndose bruscamente frente al portón del palacio del Emperador. Estaban paradas justo enfrente de las enormes columnas del portón que ofrecían una maravillosa vista hacia las enormes puertas del palacio. — no quiero que lo arruines y hagas alguna escena frente al Emperador, ¿Entiendes?

Marinette separó sus labios anteriormente cerrados y dejó escapar una fugaz y corta respuesta.

—Sí, señora.

—Excelente — suspiró con alivio Adara quitando su mirada de Marinette — que Hestía escuche tu promesa. Ahora sígueme.

Ambas se encaminaron a las puertas, custodiadas por dos enormes guardias, uno en cada lado de las puertas, en posición firme y totalmente silenciosos, en cuanto las vieron ambos dieron una reverencia pronunciando las siguientes palabras.

—Servidoras de Hestía. Sean bienvenidas al Palacio de su majestad, Gabriel Agreste II, emperador de toda Roma.

Adara se las arregló para poner una sonrisa suave en su rostro y miró a ambos guardias con altivez alzando su brazo.

—Que Hestía prevalezca siempre con vosotros, respetables caballeros.

—Agradecemos sus generosas bendiciones, excelencia.

—Camina — indicó a Marinette momentos después luego de que los guardias abrieran las puertas entre reverencias y oraciones de respeto hacia la nueva Virgo Máxima.

Marinette estaba asombrada por lo grande que era ese lugar. Era mucho más grande que su hogar, el Palacio Vestae. Absolutamente inmenso y cada rincón hermosamente decorado y pulcramente acicalado. El carraspeó de Adara la sacó de su asombro al estar por fin en la sala del trono. Donde el Emperador yacía sentado completamente en silencio, como si estuviera meditando su llegada.

—Majestad — tanto Marinette como Adara hicieron una pronunciada reverencia hacia el Emperador. Este mismo se levantó de su posición para bajar los pocos escalones hasta llegar a ellas, su mirada parecía hielo intenso en su piel que logró hacerla tiritar.

Ahora que lograba verlo de cerca, pudo notar inmediatamente lo serio y respetable que se veía. Estaba segura de que su sola presencia podía ocasionar el silencio absoluto en todo el Foro, no hacía falta ser un genio para saber que no se debía hacer enojar al emperador a menos que quisieran terminar en la horca. Su mirada azul-grisácea parecía escanear todo con absoluta atención y logró ponerla nerviosa. Hizo cuentas en su mente comparando el grado de terror que le producían tanto él como Adara la Gorgona.

—Vestal Marinette, servidora de Hestía — pronunció elocuentemente el Emperador acercándose a la joven y su superiora — completará su entrenamiento para ser una Vestal Máxima en mi palacio. Cómo ya se lo han de haber informado, usted deberá presentarse cada tarde para cumplir con sus obligaciones y estudios, supervisados por la Virgo Máxima, Adara. Indudablemente, la biblioteca estará a su completa disposición, así como cualquier otro lugar que quisiera visitar en sus horas de descanso.

Adara tuvo que sacar a la joven de su ensoñación dándole un ligero toque en el hombro antes de que el Emperador creyera que era una descortés. Ahora más que nunca debía dar una buena imagen de ella frente a su majestad, ya que la última vez había sido una insensata en aquella cena que hicieron para conmemorar a su hermana fallecida. A veces seguía creyendo que eso no era más que una vil pesadilla, pero luego se daba cuenta de la triste realidad.

—Agradezco mucho que me permita asistir a su palacio para poder culminar mi ciclo, majestad — agradeció con voz trémula agachando su cabeza.

—Una gran servidora de Hestía es siempre bienvenida a mis dominios. Espero que consiga sentirse cómoda mientras realiza sus estudios. Si hay algo que necesite o se le ofrezca, se lo proporcionaremos de inmediato — indicó a dos de las mujeres que yacías a cada lado de su trono y ellas obedientemente se dirigieron hacia ambas figuras sagradas — por ahora mis sirvientas le indicarán el camino tanto a usted como a su superiora hacia la biblioteca, las dejaré a ambas en sus confiables manos.

Luego de hacer reverencias, las sirvientas del Emperador se dirigieron a las enormes puertas abriéndolas de inmediato para dejar pasar a las Vestales.

—Agradecemos su comprensión Emperador. Esperamos no causarle molestias con nuestra presencia — comenzó a decir Adara mirando al hombre expectante.

—Todo sea por ver a una gran aprendiz de Vesta convertirse en una reconocida y admirable Vestal. La guardiana y protectora de la llama que mantiene vivo a nuestro pueblo — expresó escuetamente con la misma seriedad y frialdad en su voz.

Luego de dar por terminado el asunto, Adara se encamino hacia la joven aprendiz y siguió a las sirvientas hacia la enorme biblioteca que poseía el palacio.

Mientras caminaban, Marinette observó en completo silencio el palacio del Emperador. Nunca había estado dentro de el, y su vista se maravillo por la cantidad de cosas que habían, ya sean armaduras de gladiadores, alfombras de pieles de animales, estatuas de concreto que parecían ser personas sosteniendo las columnas y algunos adornos de espadas y escudos colgando de las paredes.

Todo era absolutamente hermoso y las estatuillas que servían de ornamento estaban colocados en extremo orden haciéndolos lucir elegantes. Estaba fascinada de como en cada pasillo las paredes estaban cubiertas de hermosos mármoles de colores, incluso habían en algunas paredes hermosas obras de arte hechas con cal y jabón de cera. Que era lo que comúnmente se utilizaban para realizar pinturas en Roma, al igual que los techos estaban decorados con molduras de estuco.

Al pasar por las termas privadas que poseía el emperador, sus ojos brillaron al ver saltar un hermoso pez con hermosos colores entre naranja y dorado, las termas públicas no eran tan hermosas como las privadas, en el pueblo muchas personas las frecuentaban debido a que eran baños públicos con estancias reservadas para actividades gimnásticas y lúdicas. Pero obviamente el Emperador tenía la suya propia y sorprendentemente bien podía compararse con una de las del pueblo, era enorme y muy bien decorada, con algunas cabezas de piedra de león a modo de fuente y que servían para dar oxígeno a los peces y a los tritones que acompañaban las aguas.

En cuanto llegaron a la biblioteca, las criadas dejaron solas a las esclavas de la Diosa Hestía, ambas mujeres no dudaron en entrar a la enorme biblioteca que poseía el palacio, los estantes de madera pulida contenían varios rollos de papiros enrollados pulcramente en orden alfabético, y en la otra esquina estaban los libros que eran importados de otros países y que solo tenían acceso el Emperador y los de clase alta. Comúnmente las bibliotecas eran un lugar donde iban en busca de algún libro extremadamente difícil de conseguir, fueron creadas para el disfrute de cualquier ciudadano, pero en realidad eran frecuentadas por una restringida comunidad de doctos y literatos, deseosos de acceder a obras antiguas o raras, cotejar textos o usarlas como un mero espacio de sociabilidad. Por lo demás, los usuarios habituales de estas bibliotecas públicas poseían sus propias colecciones privadas.

Marinette sintió la mirada de Adara sobre ella, seguramente regañándola dentro de su cabeza y esperando a que hiciera alguna idiotez que le costaría otro regaño al llegar a casa. Por lo mismo, comenzó a buscar en los enormes estantes los libros que le servirían para aprender sobre la política del Imperio y algunas otras cosas relacionadas con eso. No sabía por donde comenzar, habían tantos libros y estantes de donde escoger y su cabeza le empezó a dar vueltas de solo pensar que estaría encerrada con la Gorgona por varias horas estudiando algo que ni siquiera sabía por donde comenzar a estudiar.

Tendría que revisar rollo por rollo y eso le tomaría varias horas, lo mejor sería comenzar ya.

Levantó el brazo tomando el primero que cruzó por sus ojos. Lo desenrolló con ayuda del umbiculum y leyó en voz baja el contenido de este, solo para sonrojarse y volver a colocarlo en su lugar automáticamente y tomar otro.

Esta sería por mucho, una larga y aburrida tarde.

...

El grito que profirió el soldado mientras corría con su espada en alto hacia su capitán, fue aplacado por el arma del mismo mientras que con una patada hizo volar el escudo del soldado tirándolo al suelo con otro choque de espadas.

El segundo soldado que quiso tomarlo desprevenido desde atrás corrió con la misma suerte que el anterior y terminó tumbando al tercero que pensó en atacar a su capitán.

Luego de que otra horda de soldados embistiera contra él, sus manos que sostenían con firmeza el escudo y la espada detuvo varios ataques sorpresa y uno que otro golpe que recibió a manos de sus soldados más fuertes, quienes querían tener el reconocimiento de su capitán luchando sin nada más que su escudo y sus manos. Adrien fácilmente esquivaba los golpes haciendo su cabeza hacia atrás e interceptando con su escudo de madera el nuevo golpe.

A sus oídos siguieron escuchándose los gritos de soldados tratando de derribarlo o mínimo hacerle algún rasguño, pero resultaba casi imposible poder acercársele sin que este te desarmara fácilmente y te tirara al suelo de una patada, todo mientras más soldados se le iban encima y el polvo flotara a su alrededor entrando a sus ojos y causándole un ligero ardor. Aún así, no flaqueó ni un momento en la batalla fingida que practicaba con sus soldados.

No le tomó más que un pequeño período de tiempo reclamarse así mismo el vencedor.

Detuvo con su escudo la estocada de una espada y soltando su propia arma derribó al hombre de gran tamaño cerrando su puño y encestándolo en la cara del soldado dando por terminada la práctica.

El mismo escudo fue colocado suavemente en el suelo mientras contemplaba las caras agotadas y adoloridas de los hombres que estaban a su cargo. No pudo evitar hacer una mueca de disgusto. Pues si bien debería sentirse satisfecho consigo mismo por haber ganado el duelo, también estaba consiente de que si ninguno de sus hombres pudo derrotarlo aún cuando había dado la orden de atacarlo todos al mismo tiempo, significaba que no estaban listos para luchar en una batalla de verdad en la conquista de más territorios. Aún tenían mucho que entrenar, si querían ser dignos de permanecer en el ejercito de la guardia real.

Estar anotado en el ejercito era considerado todo un honor, solo podían ingresar los más calificados y debían pasar una rigurosa prueba de la que dependía tu acceso o no al ejercito.

Debía preparar a sus hombres y hacerlos replantearse el por qué decidieron entrar para empezar. No quería tener al mando a un grupo de cobardes.

—Buena practica señores — vociferó — pero aún falta mucho para que puedan derrotarme — se jactó tomando el escudo y la espada del suelo y caminando tranquilamente para depositarlas en su lugar — me culpo a mi mismo de este resultado, ya que no los he entrenado con suficiente fuerza — admitió colocando una mano en su pecho como sintiéndose responsable — y por eso, en el próximo entrenamiento ejerceremos más fuerza y coraje — dictó haciendo chocar su puño contra su mano — demuestren el por qué están aquí y tengan en cuenta el honor que cada uno debería sentir de estar apuntado en la guardia real. Esto no es un juego soldados.

Sus hombres callaron ante el severo regaño de su capitán, pero aceptaban de buen amanera su disgusto y lo convertían en un motivo más para esforzarse y poner orgulloso a su capitán.

—Esto es todo por el día de hoy, todos pueden retirarse. Estaré esperándolos mañana desde temprano para comenzar el entrenamiento. Cuento con ustedes soldados.

—¡Sí, mi capitán!

Se dejo oír las voces de los soldados con firmeza y seriedad.

Adrien asintió y con su mano dio la señal de que podían retirarse. Conocía la rutina de la mayoría de sus soldados y sabía muy bien que muchos irían a los balnearios públicos para relajarse o regresarían con sus familiares para la hora del almuerzo.

Con una toalla de tela limpió su frente y parte del sudor que recorría su nuca y de la pequeña cantimplora que tenía amarrada a su cintura bebió un poco del agua que traía siempre para después de sus entrenamientos. El sol siempre era el único culpable de que terminara por arrebatarle toda la poca energía que perdía en parte por sus entrenamientos. Era agobiante, y bastante molesto hasta cierto punto.

Sin pararse a pensarlo, se echó el resto del agua que quedaba en la cantimplora para refrescar un poco su cabeza.

Los mechones dorados se vieron empapados por el líquido transparente sacando un suspiro de alivio de los labios masculinos mientras comenzaba a estirar sus cansados músculos.

—Supongo que también merezco un descanso después de todo — se convenció así mismo dirigiendose hacia su caballo y salir rumbo hacia el palacio de su padre. El fresco soplo de aire fresco junto con la calidez de los rayos solares solo le hicieron desear más sumergirse en las tranquilas aguas termales que poseía el palacio. Nada como un cálido baño en las aguas termales para relajar sus músculos adoloridos.

Al llegar al vestíbulo, decidió primero informarle a su padre sobre sus avances en los entrenamientos antes de poder relajarse y descansar del arduo trabajo derrotando a más de treinta soldados al mismo tiempo.

Cuadro su mano empujó suavemente la puerta se detuvo casi de inmediato y quedando paralizado por unos instantes con el miedo de encontrarse nuevamente con la escena de su padre y alguna de sus esclavas sexuales lo estremeció por completo.

Definitivamente no quería revivir aquella escena. Así que dio en su lugar unos toques a la puerta solicitando el permiso para entrar.

—Adelante.

Siguiendo la orden de su padre de entrar, ingresó con cuidado a la sala del trono y agradeció a los dioses por no haber tenido que ver otra escena desagradable de su padre siendo acariciado por esas mujeres que casi siempre lo acompañaban.

La toalla de tela estaba colgada en su nuca y el agotamiento físico le estaba pasando factura cuando se agachó para reverenciar a su padre.

—Hijo — saludó Gabriel cordialmente mientras veía el estado en el que se encontraba su hijo — ¿Qué tal el entrenamiento de hoy?

Adrien lo miró seriamente antes de contestar.

—No va nada mal, padre. Podrían practicar más los estilos de lucha cuerpo a cuerpo, pero mis hombres están al tanto de qué nuestro oficio es importante para mantener la seguridad del pueblo.

—Me alegra oír eso, hijo. Ahora más que nunca debemos prepararnos para las futuras conquistas de territorios. Nuestra ciudad siempre ha sido conocida cómo símbolo de grandeza y poder, no quiero que esa visión cambie, aún cuando tengas que heredar el trono.

—No lo hará, me encargaré de preparar a mis hombres para que sean el orgullo de nuestro pueblo.

—Confío ciegamente en ti, Adrien — sonrió levemente a su único hijo y dejó que su mano reposara en el hombro del muchacho — nunca es fácil cargar con una responsabilidad de la que dependen muchas personas, por eso es que siempre soy estricto contigo hijo, pero eso no significa que no me preocupe por ti — habló elocuentemente mirando como su hijo agachaba la mirada asimilando sus palabras.

—Estoy al tanto de su preocupación por mi, padre. Y también comprendo que tiene a todo un pueblo a su cargo, por eso espero no decepcionarlo de ninguna manera.

—Ya el tiempo lo dirá — suspiró — no me quedan muchos años de vida y el pueblo deberá pasar a tu cargo por derecho, recuerda siempre hijo, que el pueblo jamás te respetará si no das a conocer tu poder y tu lugar en este mundo, Adrien. Todos estos simples aldeanos son quienes darán su vida para protegerte algún día, y su vida siempre será menos valiosa que la tuya.

—Comprendo.

Gabriel alejó la mano del hombro de su hijo y asintió dando por zanjada la conversación.

—Parece que en esta ocasión el entrenamiento ha logrado hacerte perder mayor energía de la habitual — dijo dando su observación al mirar el semblante del chico.

—Fue duro. Cómo todos los días, pero estaba apunto de ir a descansar finalmente.

—En efecto, te ves cansado — notó pensativamente — te haría bien un baño en las termas.

—De hecho, estaba considerando ir — mencionó rápidamente.

—Pues no te quitaré más tiempo hijo. Ve a relajarte, has trabajado muy duro el día de hoy. Te mereces un descanso.

—Nos vemos luego, señor.

Una última reverencia y el muchacho desapareció por las puertas directamente a las aguas termales.

En el salón, Gabriel miró fijamente la puerta por donde había salido su hijo y sonrió ladinamente, sabía de sobra que su hijo iría a verlo como todos los días después de su entrenamiento para informarle de sus avances. En esta ocasión, tenía preparada una sorpresa para que su hijo se relajara por completo. Solo era cuestión de que la descubriera una vez que llegara.

...

Soltó un suspiro de alivio y cruzó los mosaicos que lo guiaban a las aguas termales privadas que su padre poseía en el Palacio. Eran pocas las veces en las que se dejaba un tiempo libre para descansar, pues consideraba realmente innecesario que el cuerpo se acostumbrara a estar relajado y no estuviera alerta para luchar cuando era necesario.

Cuando escuchó el ruido del agua correr y vio el vapor caliente flotando en la habitación, comenzó a retirarse la armadura lentamente dejando que el vapor azotara su piel y propagara un relajante calor en su cuerpo llevándolo al lívido.

Dejando su ropa doblada, prosiguió a meterse en las cristalinas aguas quedando recargada su espalda en el borde de piedra que se sentía frio contra su piel a pesar de todo el calor que su cuerpo sentía al estar en contacto con el agua.

Sus ojos comenzaron a cerrarse una vez que soltó un respiro de satisfacción. Con sus manos hizo un pequeño cuenco y lo restregó por su rostro. De la misma forma, echó algo de agua sobre su cabello para luego alborotarlo y pasar sus manos por sus hombros tensos y adoloridos.

A pesar de estar relajado su instinto lo había alertado con anterioridad sobre la presencia de una o más personas en aquella sala, su entrenamiento como capitán de la guardia real había mejorado con creces sus sentidos y le indicaban de manera automática si había peligro o no. Esta vez no estaba seguro de a qué tendría que enfrentarse, no veía a nadie más en aquella habitación excepto a él, pero había una presencia más con él que lo incomodaba y a la vez lo hacían sentir inseguro.

Después de darle un vistazo rápido a la habitación y verificar que no hubiera nadie, se recargó contra el borde de la piscina térmica y se volvió a sumergir hasta el cuello. Seguro que sólo había sido su imaginación o estaba tan agotado por el entrenamiento que estaba siendo paranoico.

Centró sus pensamientos únicamente en tratar de disfrutar de ese pequeño momento de descanso del que había tenido que privarse por varias semanas, todo con tal de que los hombres que tenía a su cargo fueran útiles y leales guerreros. Las ondas y el chapoteo del agua lo distrajeron por un instante y le impidieron reaccionar a tiempo cuando una figura delgada y curvilínea se acercó a la orilla y se sumergió justo a su lado, haciéndolo girar de inmediato, solo para ver con asombro a una de las esclavas sexuales de su padre, vestida con unos ropajes tan delgados y transparentes que con el calor y la humedad del agua hacían ver como que no tuviera nada puesto. Apartó la vista de inmediato del pecho de la joven esclava y ni siquiera tuvo la oportunidad de decir algo cuando dos esclavas más se unieron a él acorralándolo y haciéndolo sentir sumamente incómodo. Esto tenía que ser obra de su padre, el jamás se habría relacionado con esas mujeres que se encargaban de complacer a su padre cuando él lo quisiera.

Lo primero que se le ocurrió hacer fue mirar al agua, no había otro lugar a parte de ese en el que no tuviera que presenciar las partes íntimas del trío de mujeres que habían usurpado su tranquilidad.

—Disculpen señoritas, pero creo que a habido una confusión, no deberían estar aquí — atinó a decir — Estoy en posición de pedirles que se marchen, podrán ocupar este lugar si lo desean luego de que yo termine, por ahora deseo que me dejen solo.

—Vinimos por orden de su padre príncipe Adrien, nuestra misión es cumplirle y obedecerle en todo lo que nos pida — habló una mujer con voz melosa acercándose al joven y restregando sus pechos voluptuosos contra el torso de Adrien, quién no había tenido ninguna otra reacción con ese roce que no fuera de inconformidad. Estaba a punto de perder la paciencia, siempre había odiado que tomaran decisiones por él y su padre había rebasado el límite con esta decisión— puede hacer con nosotras lo que le plazca, joven Adrien.

Una de las otras jóvenes se acercó a su espalda y lo abrazó de manera posesiva logrando que su temperamento se viera afectado y frunciera el ceño mientras retiraba sus brazos de su cuello con repelús.

—Preferiría que todas ustedes regresen por donde vinieron, no tengo interés en relacionarme de ninguna forma con ustedes. Es una orden — decretó con la voz más firme que pudo poner, más las chicas se rieron suavemente sin tomar en serio su advertencia.

—Miradlo chicas, es tan tímido. A puesto a que esta nervioso — opinó una de las jóvenes mientras caminaba con sus dedos por los anchos hombros del joven.

—Debemos cumplir a la tarea de relajarlo, solo es cuestión de tiempo para que entre en confianza, se sentirá mejor dentro de poco — dijo la mujer de cabellos castaños nadando de manera lenta hacia él.

—Creo que no han entendido — dijo Adrien tratando de alejarse de ese trío. Esto estaba comenzando a resultarle bastante molesto —¡Quiero que todas se marchen inmediatamen...! — su grito había sido interrumpido por una de las jóvenes que había aprovechado su distracción para acercarse y tomarlo del cuello fuertemente, su agarre era tan fuerte que había dejado al joven descolocado y muy aturdido como para intentar zafarse a la primera oportunidad.

El sonido de unos pasos delicados habían llevado su atención a la entrada, donde esperaba encontrarse a algún guardia del palacio que pudiera expulsar a esas tres inmediatamente para seguir con su baño en paz. Sin embargo, los chispeantes ojos azules que lo miraban con sorpresa y horror, hicieron que su sangre se congelara y se quedara rígido separando con brusquedad la boca de la chica de la suya.

...

Finalmente después de lo que parecieron días encerrada en esa biblioteca, Adara dejó que tomara un descanso para recorrer el Palacio del Emperador. Era tan grande y todo era tan bonito y lujoso. Ni siquiera en sus mejores sueños había podido imaginar ver tantas cosas hermosas.

En la casa de las Vestales las paredes y las baldosas carecían de todo tipo de adornos y decoraciones, las paredes eran llanas y no habían muchos colores a parte del blanco y crema. Se supone que era un lugar sagrado donde residían las mujeres más puras consagradas a una diosa, no necesitaban de tanto lujo para subsistir, de hecho lo consideraban una ofensa hacia la diosa, ya que según las mayores, a Hestía no le interesaba mucho la apariencia del lugar ni los rangos, era una de las diosas más desinteresadas y respetadas. En una clase de historia, habían relatado que tanto fue su desinterés por su puesto en el Olimpo, que se lo cedió a Dionisio, dios del vino y la fertilidad, quién fortaleció su categoría de dios olímpico permitiendo que Hestía se dedicara por completo al cuidado del fuego sagrado del Olimpo.

Sus recuerdos de clases pasadas y momentos históricos que había imaginado la llevaron al pasillo que conectaba directamente con la habitación de aguas termales que había visto al entrar. Tenía ganas de conocer a plenitud aquella habitación y quizás podrías sumergir un de sus manos en las cálidas aguas, su tiempo de descanso era limitado, y aprovecharía al máximo su libertad para poder conocer algunas otras áreas del Palacio en cuanto terminara de conocer las termas.

Su mano pasó delicadamente por la lisa pared de concreto de la entrada y su visión dio directamente a la de un chico de conocidos cabellos rubios siendo restregado por el cuerpo de tres mujeres, e incluso una tenía su boca fundida con la del joven en un beso.

Jadeo horrorizada por tal visión y cubrió su boca con sus manos llamando la atención de los individuos, Adrien no tardó mucho en reconocerla, y ella tampoco a él, podía ver el horror en sus ojos y el cómo Adrien parecía confundido y despavorido.

Sin poder soportarlo más, Marinette optó por salir de allí sin miramientos y tratando de borrar esa horrenda imagen de su cabeza. Un sentimiento detestable se había hecho lugar en su pecho mientras todas las voces le recriminaban que tenía que habérselo esperado tarde o temprano. No quería creerlo de Adrien, puesto que lo había considerado como alguien decente y que a la vez la comprendía, nunca hubiese imaginado que todo eso no fuera más una cruel mentira. Eso le confirmaba una vez más el por qué los hombres eran considerados peligrosos para las Vestales.

Esta sin duda era otra piedra que el destino ponía en su camino para que tropezara y se diera cuenta de que sus pensamientos tan distintos sobre las normas de las Vestales no la llevarían a ninguna parte, los tiempos no habían cambiado y nunca lo harían. Y una pared siempre permanecería entre los hombres y las servidoras de Hestía para toda la eternidad, obligándolos a guardar distancia uno del otro.

...

Adrien a penas y tuvo tiempo de gritar el nombre de la chica antes de que se marchara corriendo de ese lugar, se quitó con fastidio del abrazo de la chica que lo había interceptado con un beso y un impulso de correr tras ella para ofrecer explicaciones a diestra y siniestra se le hizo muy tentador.

Pero lo que dificultaba su acción era el hecho de que seguía sin ropa, y que por mucho que le gustaría dar a conocer a Marinette su versión de las cosas, no podía hacerlo… ni siquiera tenía sentido explicar algo que nunca pasó y Marinette no le había pedido ningún tipo de explicación tampoco.

Todo era tan confuso en su cabeza y en el mejor de los casos aún le quedaba la opción de dejarse caer de espaldas y ahogarse para no tener que estar viviendo esta situación.

—¿Esa era una de las Vestales del templo de Hestía?

—No lo creo ¿Qué estaría haciendo de todos modos en el palacio del Emperador? — inquirió una pelirroja encogiéndose de hombros y descansando su brazo en el borde de piedra para mirar en dirección por la que había partido la Vestal.

—Oh, quizás fue solo una ninfómana que se hizo pasar por una Vestal para espiarnos.

—Qué ridículo argumento Lía, es obvio que era una Vestal real — la corrigió una de las chicas — ¿no viste sus ropas y su peinado? Además, mis bellos oídos oyeron decir al emperador que estaba aquí por una especie de entrenamiento.

—Eres una fisgona Helena.

—No es mi culpa que cruzara en el momento exacto en el que el Emperador lo dijera. Fue solo una coincidencia.

—Mejor cállate, se te da mejor — indicó rodando los ojos divertida mientras se dedicaba a alcanzar al joven de cabellos rubios que estaba parado mirando hacia el agua con sus mechones cubriendo parte de sus ojos —¿Le gustaría continuar con lo de antes, joven príncipe? — insinuó sentándose en la orilla para tocar su rostro, pero Adrien la pescó antes de que esta llegara a tocarlo y apretó su agarre con fuerza haciéndola soltar un quejido.

Los ojos verdes habían adquirido un tono más oscuro y peligroso que hizo que por instinto la joven se encogiera y retirara su brazo casi de inmediato.

—Quiero que cada una de ustedes se marche en este mismo momento de aquí, sí es que saben cumplir una simple orden. No me haré responsable de lo que pueda pasar si no se largan ahora mismo.

—P-Pero señor, su padre dijo qué...

—¿Acaso no fui lo suficientemente claro? — su tono de voz se volvió más lúgubre y peligroso mientras que las jóvenes nadaron hasta la orilla y salieron de las cálidas aguas con temor a agotar aún más la paciencia del príncipe.

Adrien por el contrario se quedó solo en la habitación con un claro resentimiento hacia su padre y aquellas tres mujeres que habían osado tocarlo sin su permiso y que habían causado un enorme malentendido con Marinette. Los dioses debían odiarlo, solo eso podía explicar el por qué tuvo que causarle tal impresión a una Vestal pura e inocente que pensó que jamás vería de nuevo.

Maldición.

Esto era por mucho, la situación más bochornosa y fastidiosa que había tenido la desdicha de lidiar en todos sus años de vida.


Hola, Hola mis bichitos UwU

Ha pasado tiempo desde la última vez que nos leímos .

Cómo siempre sabrán que es un verdadero placer y honor para mi, traérles un capitulo más de esta asombrosa historia inspirada en la Antigua Roma. He tardado un poquito más pero, no, no voy a abandonar esta historia. No importa si pasen semanas o meses, nunca dejaré de lado a esta joyita de Fic w.

En fin, como pudieron notar, a Adara sí que se le ha subido el cargo a la cabeza tanto así, que se creer la mismísima diosa Hestía al dar ordenes y cambiar todo a diestra y siniestra.

Y por si fuera poco, nuestro joven rubio a sido descubierto por Marinette en una situación muy comprometedora . ¿Pobre?

En el siguiente cap, veremos la aparición de un nuevo personaje que será de relevante importancia en la trama, y se nos viene de unaforma interesante ¿Pueden adivinar cuál es?

Estoy súper feliz de poder haberles traido este cap y pronto vendré con otro, esperemos que en poco tiempo ;)

Aguardaré ansiosa sus comentarios opinando al respecto.

Y ahora, los comentarios del cap aterior:

Karen Agreste: Lo de la muerte de Belisa, tal como dices, hay gato encerrado y se descubrirá toda la verdad a medida que pasen los caps .

sonrais777: Jeje, pracias por comentar cariño, y quién sabe quizás Ondine aparezca o quizás, ¿no?

Emely Nya: Sí, los castigos eran horribles. Aunque en parte el castigo de Mari en aquella sala lo inventé yo. Y rhodium es un perfume de la antigua Roma que según leí, olía a rosas.

arianne luna: Mil gracias por el apoyo, tesoro.

Rebeca.sz: Obrigado por comentar querido.

Brocki: Gracias por tomarte el tiempo de leer, en efecto Marinette y Adrien tienen una bonita interacción, pero sólo eso por ahora jeje veremos que surga algo más adelante junto con las muchas sorpresas que se vienen.

laurenlmprincess: Pronto sabremos lo de la muerte de Belisa, es un completo misterio... Y con respecto a Adara, ella tiene un secreto... uno muy oscuro, que causaría un gran revuelo entre las demás sí llega a saberse, y está relacionado con el por qué odia tanto a Marinette.

manu: Gracias amigo, también los eh echado mucho de menos y estoy emocionada por ver lo que nos traerá la cuarta temporada. Y para evitar conflictos sobre los ships canon y no canon, te diré que por ahora solo espero ver a la nueva Queen Bee, a nuevos portadores de miraculous, akumas y él como Marinette desarrolla su deber como guardiana.

¡Los quiero mucho a todos!

¡Bye, bye mis mariposillas!